Diario Vasco
img
Regalar bien
img
Ivan Castillo Otero | hace 2 horas| 0

En la Azoka de Durango, que ha finalizado esta semana, algunos músicos vendían su música en formato USB. Los tiempos cambian y cada uno se adapta como puede y quiere. Otros, en cambio, presentaban sus novedades con un trabajado diseño en lo que al concepto y diseño de la caja del disco se refiere. Da la sensación de que existen dos opciones: o eliminar el envoltorio del redondo y ofrecer solo las canciones en formato digital o esmerarse más en el embalaje para ofrecer al consumidor algo más que un puñado de composiciones. Yo soy de los que prefieren esta segunda alternativa.

Ahora que llega la Navidad, la música suele ser una opción muy socorrida. Muchos artistas incluso esperan a estas fechas para publicar sus trabajos por un tema comercial. En mi opinión, estas fiestas, como también lo pueden ser los cumpleaños, son un buen momento para regalar un buen producto. En ese sentido, me gusta mucho el nuevo disco en directo que ha puesto a la venta El Drogas, excantante y bajista de los navarros Barricada. Se llama Un día nada más y consta de 28 cortes.

Cuando los de la Txantrea aún estaban sobre los escenarios, El Drogas retomó el viejo proyecto de Txarrena y este ha desembocado en su carrera en solitario. Para grabar este concierto, se rodeó el pasado 2 de julio en la Ciudadela de Pamplona de un elenco envidiable de músicos y cantantes. No es el típico álbum en directo, puesto que se percibe en las interpretaciones que los invitados han trabajado en sus colaboraciones y que estas no han sido repartidas al azar.

Un día nada más comienza con “Así” y ya en el segundo tema empieza el desfile de amigos enlazando “Con tu presencia” (con Rulo, ex de La Fuga), “En punto muerto” (con Iván Ferreiro), “Sueños rotos” (con el violinista Ara Malikian) y “Collar abandonado” (con Quique González). El Drogas recupera también varios temas de Barricada para este directo: “La hora del carnaval” (con Álvaro y Ovidi Tormo de los Zigarros), “No sé qué hacer contigo” (con Leiva), “Oveja negra” (con Carlos Tarque), “Que no me silbes” (con Luz Casal), “Todos mirando” (con Vito de Sinkope), “Víctima” (con LaChulaPotra y Brick Paco), “En la silla eléctrica” (con Carlos Escobedo), “Tentando a la suerte” (con Yosi, que se anima a tocar la armónica), “Barrio Conflictivo” (con Kutxi Romero), “Bahía de Pasaia” (con Gorka Urbizu, mitad en castellano y mitad en euskera), “No hay tregua” (también con Gorka Urbizu) y “En blanco y negro” (con todos los invitados, incluidos algunos integrantes de Motxila 21).

De todas las colaboraciones, mención especial para “Frío”, con Rosendo, Fito Cabrales y Carlos Tarque en las voces, y “Nada sin ti”, donde el excantante de Platero y tú pone todo su arte al servicio de esta composición del protagonista de la noche. El disco viene en un bonito formato donde todo está organizado con mimo y esmero. Si a la persona que tienen que regalar le gusta el rock nacional, no creo que fallen con Un día nada más.

Ver Post >
Buen viaje, señor Leonard Cohen
img
Ivan Castillo Otero | 11-11-2016 | 08:44| 0

Es posible que esta historia la contase ya en alguna ocasión. No sé si fue aquí o en otro lugar. Soy un poco abuelo cebolletas. Espero que puedan perdonarme. Allá voy.

Era un día como hoy, de esos en los que me toca viajar. El trayecto, entre Donostia y Bilbao, apenas me iba a llevar una hora. Como tantas otras veces mientras viví en el “botxo”, cogí el Pesa al lado del Hotel Amara Plaza. El conductor que me tocó era el padre de mi amigo Endika. Antes era transportista y su función era llevar el tabaco todos los días desde Logroño, donde está la Tabacalera más cercana a Gipuzkoa tras el cierre de la de San Sebastián, a diferentes puntos de la provincia. Cansado, lo había cambiado por esto. Gozaba de una mejor jornada y el trabajo le era menos arduo y más entretenido.

Al llegar a la capital vizcaína, pasé a despedirme de él. No me había dado cuenta, pero en mi mismo autobús viajaba un profesor que me daba clase en el campus de Leioa (Bizkaia) de la Universidad del País Vasco. Sí, por aquel entonces era un despreocupado universitario. Mientras el padre de Endika me enseñaba un vinilo de Leonard Cohen (Montreal, 21 de septiembre de 1934) que había comprado en una feria de segunda mano, se acercó este profesor que antes he citado. “Cuando era joven, me ponía los discos de este para llorar”, dijo al vernos escudriñando el álbum. En su mirada había aprobación; le gustaba que los chavales escucháramos los temas de este artista. Yo tenía buena relación con él y los tres nos quedamos a charlar brevemente. “Me ponía sus discos cada vez que me dejaba una chica”, contó. En lo labios de un cincuentón, que encima me daba clase, sonaba tierno a la par que sincero.

Leonard Cohen ha muerto hoy a los 82 años de edad. La noticia me ha pillado llegado a Chamartín, a media hora de subirme a un tren que va de Madrid a San Sebastián, y he sentido una profunda tristeza. Sentado en el convoy, me he acordado de lo relatado en estas líneas. Es curioso que se haya ido semanas después de que anunciaran el Nobel de Literatura para Bob Dylan. Si alguien lo merecía más en el mundo de la canción, ese era este canadiense residente en Los Ángeles.

Pero bueno, qué más dará eso ahora, ¿verdad? Se ha ido y punto. Si hago un ejercicio de imaginación, en mi mente lo veo marchar andando, en un día gris, frío y lluvioso. Lleva su característico borsalino calado y arrastra la guitarra en una raída funda negra.

“El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males”, dijo un día Leonard Cohen. Todo mi amor para usted, aunque no vaya a ser suficiente para sanarlo. Y que tenga buen viaje en esta mañana de viernes en la que nos ha tocado viajar a los dos.

PD: Aquel profesor es Luis Castells y, casualidades de la vida, hoy lo entrevistan en la página 24 de El País.

Ver Post >
Rock de avión
img
Ivan Castillo Otero | 06-10-2016 | 11:18| 0

Lo del avión de los Iron Maiden es, cuando menos, curioso. Resulta que la banda heavy viaja desde este año en un aeroplano propio que pilota el mismísimo Bruce Dickinson, cantante. Él no era un novato en estas funciones, pero para llevar semejante nave (en la que cargan las doce toneladas de material que transportan de ciudad a ciudad) ha tenido que sacarse una licencia especial. El aparato se llama Ed Force One, que es un juego de palabras que combina el nombre de su mascota (Ed) y el del avión del presidente de los Estados Unidos (Air Force One).

En total, tiene veinte asientos de business y 54 de turista y lo utilizan, además de para llevar el material, para el transporte de la banda, los técnicos o los familiares. Los británicos puntualizaron cuando allá por febrero presentaban el avión que cuando acabasen de girar por Oceanía, Asia, América o África, se plantearían volver a los tradicionales camiones y furgonetas por las distancias más cortas existentes dentro del continente europeo. Dickinson, además de ser cantante, productor musical y piloto, conduce una empresa de mantenimiento llamada Cardiff Aviación.

Esta aventura no ha estado exenta de sustos. El Ed Force One  sufrió en el mes de marzo un accidente en la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, de Santiago de Chile. La biela del vehículo que estaba remolcando el avión se cortó y lo dejó sin dirección, con tan mala suerte de que estaba en movimiento y colisionó con un vehículo que se encontraba en la pista.

Lo cierto es que siempre ha existido una unión entre el mundo de la música y los aviones. Eso sí, tal vez no tan estrecha como la de los Maiden y el Ed Force One. Por ejemplo, la banda estadounidense Lynyrd Skynyrd, los del “Sweet Home Alabama”, sufrieron un terrible (y mortal) accidente aéreo en enero de 1977. Una anécdota más alegre es la que protagonizó Joaquín Rodríguez, exbajista del mítico grupo Los Nikis, madridista confeso… y piloto de avión. En el año 2014, le tocó llevar al FC Barcelona desde Ámsterdam a la ciudad condal tras un partido de Champions League, pero los dejó tirados en el Schipol, aeródromo de la capital de Holanda, por una avería. Terminó haciendo amistad con los futbolistas culés.

El rock y los aviones; qué cosa.

Ver Post >
Antes y ahora
img
Ivan Castillo Otero | 15-09-2016 | 10:45| 0

Siempre he dicho que fuimos unos acomodados. Teníamos un grupo de música punk-rock y algún familiar vino a recogernos tras algún concierto cuando no había transporte público para volver. Sí, transporte público, han oído bien. Éramos bastante niños y no teníamos coche. Cuando nos llamaban de Oñati, Markina-Xemein o Arrasate, teníamos que liar a algún amigo que sí lo tuviera para que nos llevara a cambio de la cena y una propina. Lo primero sí que lo aceptaban, pero lo segundo no. Así son los amigos. Algunos pensarán que así es más difícil forjar un carácter aguerrido, sufrido y combativo como el que tenían en los ochenta. Puede ser; yo qué sé.

Ensayábamos los sábados por la mañana porque nuestros estudios nos lo impedían hacer entre semana. Íbamos a la Musika Eskola de Atocha y nos encerrábamos cuatro horas, de diez a dos, en una de sus salas. Al principio pagábamos por cada sesión, pero luego disfrutamos gratis del servicio por haber colaborado con el centro en una obra de teatro. Pasamos tres días en el Victoria Eugenia preparándolo todo con el resto del elenco. Teníamos que tocar un chachachá y un rock and roll en un momento de la representación que en el que se formaba una especie de verbena. Nos salió de lujo.

En definitiva, éramos unos chavales que tocaban macarradas por diversión y sin ninguna intención de triunfar. Oye, que si hubiéramos podido vivir de la música habría estado genial, pero no teníamos tanto talento. Nos preocupábamos de sonar lo mejor posible y de pasarlo bien. Duramos un lustro o algo más, no lo recuerdo bien, y siempre tuvimos los pies en el suelo.

Recientemente, tuve que redactar cuatro críticas de discos de bandas modestas. Uno era de unos cuarentones que se habían quedado algo anclados en los años noventa. Las otras tres referencias eran de gente más joven y estaban bastante bien en lo que a lo musical se refiere, pero no quiero poner el acento en ese aspecto. Lo que me llamó la atención es el tiempo y la energía que gastan en sacarse unas fotos súper profesionales y en buscar adjetivos repipis para definir su sonido. Pudiera parecer que están más preocupados en parecer estrellas que en serlo.

En mi periplo por los escenarios, defendí que los conjuntos tenían que cuidar su imagen teniendo unas fotos apañadas para cualquier asunto que lo requiriese o actualizaran convenientemente las redes sociales. Eso sí, aunque no lo diga, creo que debe primar el hecho en sí de hacer música y, sobre todo, que se disfrute con ello. No ha pasado tanto tiempo de aquellos viajes en bus con los instrumentos en el maletero a, por ejemplo, Asturias en el Alsa, pero tengo la sensación de que las cosas han cambiado mucho. Cada vez se tiene más en cuenta salir divinos en el Instagram o las descripciones pedantes de las canciones propias y menos el lado más genuino de tener un grupo y vivir la experiencia. ¿Me estaré haciendo mayor?

Ver Post >
Durante las vacaciones
img
Ivan Castillo Otero | 08-08-2016 | 18:31| 0

Agosto. Calor. La normal es que el termómetro esté por encima de los 35 grados en Madrid. Y no, aquí no hay playa. Si usted es una persona con suerte, es probable que ahora esté de vacaciones. Yo, por mi parte, propongo cinco canciones para este periodo de paz y tranquilidad siguiendo la línea de la anterior publicación (“Antes de las vacaciones”). Hagan lo que hagan, no se dejen la música en casa. Ahí van composiciones que no les sobresaltarán en su retiro:

-Bob Marley – “Is This Love“: Hace años que pude ver en directo a los Wailers, los escuderos de Bob Marley. Qué suerte la mía. Ellos, la banda, pusieron la música a este corte del año 1978. Formó parte del álbum Kaya. El 11 de mayo de 1981 nos dejó este jamaicano. Un referente a muchos niveles.

-The Madness – “It Must Be Love“: Ahora que estamos viviendo los Juegos Olímpicos de Río 2016 está bien que recordemos el “Our House” estelar de los Madness en la clausura de Londres 2012. Actualmente viven su segunda época, que comenzó en 1992, tras la primera, que fue de 1976 a 1986. Aunque fueron los británicos los que la popularizaron, “It Must Be Love” es de Labi Siffre.

-The Clash – “Rock the Casbah“: Fue uno de los singles del Combat Rock de los Clash, que vio la luz en el año 1982. Es la prueba de la genial evolución que vivieron. No hay que quedarse con una época pudiendo disfrutarlas todas. El tema está dedicado al Ayatollah Jomeini, que prohibió el rock en Irán.

-Los Rodríguez – “Sin documentos“: Los primeros seis años de los noventa transcurrieron en este barco para Ariel Rot y Andrés Calamaro. El primero había vuelto a Argentina para limpiarse cuerpo y alma y volvió a España para reventar escenarios tras haberlo hecho antes con Tequila. Calamaro, por su parte, se marcó un vine, vi y vencí en toda regla. Aquí sigue tocando y creando. La canción “Sin documentos” es del año 1993 y daba nombre al disco en el que iba incluido.

-Gabinete Caligari – “La canción del pollino“. Jaime Urrutia encabezaba a esta banda que se extinguió en el año 1999. Con esta canción quiero recordarles que, aunque estemos en agosto, el fútbol ya está ahí. Se lo juro.

Ver Post >
Antes de las vacaciones
img
Ivan Castillo Otero | 13-07-2016 | 10:20| 0

Las carreras para coger un asiento en el metro se han terminado hasta septiembre. Reconozco que siento alivio, porque es una situación que me causa estrés. Parece que la gente no puede permitirse treinta o cuarenta minutos de pie en el suburbano de Madrid. El verano que se vive en la capital (un calor sofocante mezclado con la contaminación habitual y con el único incentivo de darse un chapuzón en la piscina, un plan de segunda comparado con los de la costa) es la razón por la que muchos aprovechan la primera quincena de julio para huir. Otros deberán esperar a agosto o septiembre para salir de este agujero y, por otro lado, están los que no tendrán vacaciones estivales. Mi pésame y total apoyo para estos últimos.

Me gustaría dirigirme a los que aún tienen que esperar aún algunas semanas para escapar del asfalto madrileño (o de otros lugares, claro). Para ellos, he seleccionado cinco canciones que les pongan las pilas lo suficiente para ir tirando hasta entonces. Se necesita ritmo y energía para pasar este trámite. Al lío:

-The Yardbirds - For Your Love“: No son pocos los que desconocen que Eric Clapton tocó la guitarra en esta banda británica durante dieciocho meses. Con esta canción, The Yardbirds tomaban un rumbo más pop que a Clapton no le convencía y dejó el grupo. Un mito de la música daba sus primeros pasos en el mundillo y lo hacía con mucha personalidad. Corría el año 1965.

-The Turtles – “Happy Together“: Puede que sea la canción más representativa de esta banda (junto con “Elenore”) nacida en 1965 y oriundos de Los Ángeles. Grabada en enero de 1967, en primavera sustituyó a “Penny Lane” de los Beatles como número uno en la lista Billboard. No es poco.

-The Association – “Along Comes Mary“: Oriundos de California, dieron sus primeros pasos en el año 1965. Además de “Along Comes Mary” (1966), tienen canciones que lograron llegar a los primeros puestos de las listas musicales como “Windy” (1967). Ofrecían una apuesta interesante y en disco suenan correctos. Yo los recomiendo en directo (a poder ser en el Monterrey Pop Festival de 1967). Llevan años intentando esquivar la muerte artística con miles de cambios de formación. Hay una intro en el vídeo de unos 58 segundos. Después de esta es donde empieza el tema.

-The Romantics  - “What I Like About You“: Estaba una Navidad viendo un partido de la NBA en el salón de mis padres. Jugaban los Lakers en el Staples Center y de pronto sonó esta canción por la megafonía del pabellón. Recordé que hacía años que no escuchaba “What I Like About You” (1980), éxito de estos románticos de Detroit. Muy pegadiza.

-The Box Tops – “The Letter“: Wayne Carson compuso esta canción que estos muchachos de Memphis lanzaron e hicieron llegar al número uno de las listas de Estados Unidos, Canadá o Australia. Corría el año 1967 cuando vio la luz y se hizo muy popular durante la Guerra de Vietnam. Joe Cocker hizo una exitosa versión en 1970.

Ver Post >
Nos ha gustado el primer Mad Cool Festival
img
Ivan Castillo Otero | 21-06-2016 | 15:51| 0

Sí, nos ha gustado la primera edición del Mad Cool Festival. Se ha celebrado los días 16, 17 y 18 de junio en la Caja Mágica de Madrid y no solo ha sido de mi agrado, ya que los que venían conmigo han quedado muy satisfechos. Del mismo modo, solo hay que darse una vuelta por las redes sociales para comprobar que el personal, por lo general, está muy contento con lo que ha vivido en esas tres jornadas de música en vivo. Al contrario que en otras citas, preferí acudir como público sin acreditación para poder hacer una valoración desde dentro. En total, si juntamos los asistentes de los tres días, estuvimos allí más de 100.000 personas.

La primera jornada, la del jueves, estuvo marcada por la actuación de The Who. Pagaría la entrada completa solo por verlos de nuevo. Empezaron con “I Can’t Explain”, “Substitute” y “Who Are You?”. Yo ya estaba para entonces flotando de la emoción. Sonaron como un tiro; sin fallos y sin chorradas. “My Generation” llegó pronto y en las más lentas, mediado el directo, demostraron todo el potencial de los dos miembros originales del conjunto británico y de la banda de la que se han rodeado. “Pinball Wizard”, “See Me, Feel Me”, “Baba O’Riley” y “Won’t Get Fooled Again” pusieron punto y final a los diecisiete cortes que compusieron el repertorio para el festival madrileño. A mí se me hizo corto y tres o cuatro temas más (me faltó “The Seeker”) me hubieran hecho aún más feliz. Eso sí, firmo los 71 años de Pete Townshend o los 72 de Roger Daltrey. Qué vitalidad se gastan. Me falló el público, que en algunos sectores estaba a otra cosa. Del jueves destacó también Garbage, que se acordaron de la comunidad LGTB tras el atentado de Orlando y dijeron sentirse muy afortunados por tocar después de The Who. Prescindimos de Vetusta Morla, por la hora y por haberlos visto una decena de veces, y tuvimos que prescindir de The Strypes con todo el dolor de mi corazón por el caos que había para acceder al escenario en el que actuaban.

El viernes fue, para mi gusto, la jornada más floja a nivel musical. The Prodigy eran los cabeza de cartel y, pese a tener un buen directo y ser los mejores en lo suyo, siempre me voy con la sensación de que son unos funcionarios que llegan, fichan, hacen lo mismo de siempre y se van. Abusaron, tal y como los recordaba de la anterior vez que los vi, del “fucking” todo. Me pareció interesante la propuesta de Jane’s Addiction y Bastille, por su parte, estuvieron correctos pero sin mucha más historia. Los había visto años atrás y tenía un recuerdo más salvaje de su directo. El público pareció disfrutar con Band Of Horses y yo, por mi parte, me quedé con ganas de ver a Stereophonics.

El sábado llegamos con el sonido de los primeros acordes de Neil Young. Muy emocionante. El artista de San Diego (California) está en plena forma a sus 70 años y cada estrofa de sus composiciones era un gusto para los sentidos. Al igual que en The Who, parte del público parecía estar a otra cosa. Dice poco de la cultura musical de algunos de los que acuden en rebaño a los festivales. Recuerdo que un profesor comentó en un posgrado que cursé en la Universidad Complutense de Madrid que tras entrevistar a Octavio Paz para El País se bajó del taxi que había tomado para volver a la redacción porque la conversación del conductor no le parecía digna tras lo que acababa de vivir. Después de The Who y Neil Young me pasó algo parecido con el resto de grupos.

En lo que a la organización del festival se refiere, sé que el jueves hubo muchos problemas que yo esquivé casi al completo (quitado el follón que me impidió ver a The Strypes), pero también sé que tanto el viernes como el sábado transcurrieron según lo previsto. El sistema para cargar la pulsera (en taquillas o con una aplicación para móviles) y pagar con ella me pareció una acierto (algo que no todos los asistentes comparten). Las instalaciones son brutales (como anécdota, las chicas se sorprendían de que hubiera papel en el baño) y el césped artificial era un lujo. Se agradece poder sentarse y no llegar sucio a casa. La oferta gastronómica era amplia y variada, algo que los festivales están cuidando en el último lustro (antes tenías que conformarte con tres días a base de un mal bocadillo de lomo y queso). Logré ponerme la pulsera rápido y sin colas y se llegaba bien al recinto (a 800 metros de bus y metro). Para irse a casa tras los conciertos, existía la opción de coger un bus de la organización (de pago), los tradicionales buses nocturnos y taxis. A destacar este último punto, ya que la parada estaba organizada con solvencia por la Policía Municipal.

En general, muy mal tienen que hacer el cartel de 2017 para que no queramos volver.

Ver Post >
Irse
img
Ivan Castillo Otero | 10-05-2016 | 11:54| 0

Dicen en algunas publicaciones que si los AC/DC hubieran suspendido la actual gira por los problemas de salud de su cantante, hubieran tenido que pagar millones en concepto de indemnización. Han decidido seguir adelante y han nombrado al que es el cuarto vocalista de la historia de los australianos. Tras Dave Evans (1973-1974), Bon Scott (1974-1980) y Brian Johnson (1980-2016), Axl Rose, conocido por ser el frontman de Guns N’ Roses, lleva la voz de la banda desde hace bien poco. Todo se precipitó después de que los médicos avisaran a Johnson de que si seguía con su actividad musical se iba a quedar sordo. Era evidente que tenían que tomar una decisión, pero es que esta en concreto ha enfrentado a la comunidad rockera mundial.

Por un lado están los que creen que es una oportunidad única que Axl Rose gire con AC/DC y, por el otro, un gran sector asegura que ha llegado el momento de ofrecer un digno final a una de los conjuntos más importantes de todos los tiempos. Yo les confieso que si hace un año me dicen que Axl Rose iba a cantar con AC/DC y que, además, lo iba a hacer sentado en una silla de ruedas porque tiene el pie roto, me hubiese jugado mis ahorros a que era una broma. He visto vídeos del primer concierto de esta nueva etapa celebrado en Lisboa y he sentido algo de pena. Da la sensación de que se agarran a un clavo ardiendo (en forma de nuevo y reconocido vocalista) y de que no admiten que tal vez ha llegado el momento de irse.

No sueño con que se retire ningún grupo, pero hay que saber decir adiós sin arrastrar por los suelos una trayectoria labrada a lo largo de varias décadas. Insisto en que tal vez estamos ante un parche temporal para cumplir con los compromisos adquiridos antes del revés auditivo de Brian Johnson, algo que puedo comprender. Solo espero que no se conviertan en Queen, que siguen girando bajo ese nombre pese a que Freddie Mercury falleció en 1991 y con algunos miembros originales, como el bajista (John Deacon), renegando de lo que están haciendo Brian May (guitarrista) y Roger Taylor (batería). Recientemente, Malcolm Young tuvo que abandonar AC/DC por problemas de salud  y actualmente solo queda su hermano, Angus, como integrante de la formación primitiva. Puede que sea una señal, ¿no?

 

Ver Post >
Entre el pasado y el presente: Noel Gallagher en Madrid
img
Ivan Castillo Otero | 21-04-2016 | 13:13| 0

El pasado 8 de abril, viernes, nos plantamos en La Riviera de Madrid para ver en directo a Noel Gallagher’s High Flying Birds. El recinto lo conocíamos de anteriores ocasiones. No suena mal, es grande, amplio y, además, tiene diferentes estancias situadas a distintas alturas para poder disfrutar del espectáculo. A Noel Gallagher no lo había visto nunca en vivo, pero a su hermanó, Liam, sí que lo disfruté en el Bilbao BBK Live 2011 al frente de Beady Eye. El de la capital vizcaína fue un concierto con altibajos. El pequeño de los Gallagher estuvo muy bien de actitud, muy comunicativo y entregado al público (algo que es noticia). Por otro lado, aunque musicalmente sonaron correctos, no supieron transmitir gran energía.

Carla, en cambio, tuvo la oportunidad de verlos juntos con Oasis durante su gira de 2002 (lo dejaron en 2009) a su paso por Vigo. Tocaron en el auditorio de Castrelos y supuso un gasto de 120.000 euros, dinero que se logró gracias a la aportación pública y privada. Las entradas costaban entre 12 y 15 euros (¡quién pillara ahora esos precios!). La banda británica estaba haciendo una pequeña gira por España presentando Heathen Chemistry e iban casi a suceso por concierto: en Barcelona (casi un mes antes, el 19 de junio) todo fue normal; en Mallorca (21 de julio) tocaron poco y Liam solo acertó a decir al público “fucking españoles”; y, finalmente, en Salamanca (23 de julio, un día antes del concierto en Vigo) no actuaron por una faringitis del frontman de Manchester. Eso sí, diversas fuentes aseguraron que la noche anterior estaban de fiesta por la ciudad charra. Tanto los vigueses como los visitantes tuvieron suerte, ya que los ingleses se portaron en su visita a Galicia (24 de julio). En total, tocaron dieciocho canciones, comenzando con “Hello”, “The Hindu Times”, “Columbia” o “Morning Glory” y dejando para el final “Don’t Look Back In Anger” o “My Generation” de los Who. Según cuentan las crónicas de hace ya casi catorce años, no tocaron “Wonderwall”.

En este punto, volvamos al presente, volvamos a ese 8 de abril de 2016 en La Riviera de Madrid. Noel Gallagher y sus chicos ofrecieron un concierto redondo, con pocas florituras y sin ninguna fisura. Suenan muy compactos, con un sonido fruto del trabajo de horas de ensayo. En su directo no hay lugar para el error ni para la impuntualidad, ya que salieron al escenario a las nueve en punto de la noche, pillando desprevenidos a los más rezagados. El público era una ensalada generacional en la que destacaban los muchachos y muchachas nacidos en los setenta y ochenta. Abrieron con “Everybody’s On The Run”, que, escudriñando el concierto en su totalidad, fue uno de los momentos de mayor contundencia sonora del show. “Lock All The Doors”, “In The Heart Of The Moment”, “The Death Of You And Me”, “The Mexican” o “AKA… What a Life!” sirvieron para dar un repaso a los álbumes que ha publicado en solitario.

Los nostálgicos estaban de suerte, puesto que Liam Gallagher tiene reservado un hueco hermoso en el repertorio para Oasis. Toca, entre otras, “Talk Tonight”, “Champagne Supernova”, “Listen Up”, “The Masterplan”, “Don’t Look Back In Anger” o “Wonderwall”. Algunas las interpreta tal y como están grabadas en los discos de estudio y en otras se ha permitido introducir una trompeta, un trombón y un saxofón. Tal vez “Wonderwall” merece una mención separada, puesto que hizo una versión con un ritmo algo distinto del de la original en la que el público se perdió ligeramente al cantarla.

No hay nada escrito sobre tocar canciones de anteriores etapas musicales en los directos de nuevos proyectos, pero reconozco que me llamó un poco la atención que diera tanto protagonismo a las composiciones de Oasis. Antes de saber el set list, aguardaba la actuación con la idea preconcebida de que iba a haber una mayor ruptura entre su pasado y el presente. Sí que esperaba que en la segunda mitad del recital rescatara clásicos de Oasis, pero este momento llegó mucho antes, exactamente en el quinto corte.

En definitiva, Noel Gallagher ofreció un muy buen concierto. Las canciones que ha hecho en solitario, además de ser buenas, funcionan en directo. El grupo de músicos del que se ha rodeado responde con buena nota y, como he dicho anteriormente, el sonido que sacan es francamente bueno. Parece que quedaron atrás las épocas con Liam en las que lo mismo suspendían sus actuaciones o se marchaban antes de tiempo por un enfado. Eso sí, se hartó de recordar al respetable el buen resultado de su Manchester City en Champions League ante el PSG en el partido disputado en la capital francesa y el descalabro del Real Madrid ante el Wolfsburgo en tierras alemanas. Él no lo sabía, pero días después, en el sorteo de semifinales merengues y citizens quedarían encuadrados en la misma eliminatoria. Resumiendo, quedó constancia en su visita a Madrid que, pese a madurar un poco, no ha perdido ni la actitud ni la chulería de antaño.

Ver Post >
Bienvenido, mister donostiarra
img
Ivan Castillo Otero | 31-03-2016 | 20:21| 0

Han pasado ya varias semanas desde aquel viernes. Nos quedamos en casa y vimos un documental sobre el despilfarro en algunas localidades españolas. Algunas de las cosas que relataba aquella pieza audiovisual eran graciosas por su punto estrafalario, pero según corría la cinta nuestras risas tornaron en indignación. Qué bien que nos vino como sociedad el 15M; antes, las tropelías que se hacían con dinero público se vendían como chiquilladas y ahora todo se fiscaliza (y lo que nos queda).

Dicho esto, no nos desviemos de aquella noche de viernes. Hubo un caso que me llamo mucho la atención. Era una localidad de unos 5.000 o 10.000 habitantes en la que tenían tres museos (del viento, del aceite y uno que se me escapa) cerrados por falta de presupuesto para su mantenimiento y un pabellón para, por ejemplo, albergar conciertos en los que entraba más gente de la que residía allí. Lo habían construido para llevar a Julio Iglesias al pueblo.

Terminó el programa y dedicamos un rato a la reflexión en voz alta. Recordé que hacía unos días, en una comida en casa de mis padres, disertamos sobre la opción de que el Tambor de Oro se lo dieran a Bruce Springsteen. Todos parecían encantados y yo, en cambio, me mostré receloso. No veía la necesidad de dar esa proyección internacional al galardón habiendo tantos ciudadanos e instituciones de casa que lo merecen más. Agradezco que una estrella de la música como el estadounidense venga tanto a una pequeña capital como Donostia, pero darle el Tambor de Oro suena a Bienvenido, mister Marshall. El equivalente al pabellón enorme que construyó aquel pequeño pueblo para llevar a Julio Iglesias (y lo sabes).

Recordé a mis familiares varios posibles candidatos que aún no lo tenían. A bote pronto se me ocurrieron el Zinemaldi, la Real Sociedad, la Quincena Musical, el Jazzaldi o Mikel Erentxun. Todos admitieron que algo de lógica había en mis argumentos. A veces creo que se nos va de las manos el querer aparentar que somos Nueva York. No hablo de Donosti en exclusiva; me refiero a cualquier municipio o ciudad. Hay que ser ambiciosos, por supuesto, pero sin perder la cabeza.

Si miramos en concreto el caso de la capital guipuzcoana, creo que no podemos quejarnos. Tenemos equipos de fútbol y baloncesto en la élite, grandes giras paran en nuestra ciudad, contamos con uno de los festivales de cine más importantes del mundo o disfrutamos de otro de jazz por el que ha llegado a pasar el mismísimo Bob Dylan. Huyamos de las bilbainadas.

Ver Post >

Otros Blogs de Autor