Diario Vasco
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Buscando a Joe Strummer por Granada
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Ivan Castillo Otero | 06-03-2017 | 13:16| 0

Tenía pendiente una visita a Granada y, en vísperas del día grande de los andaluces, allí nos plantamos. Tras recorrer a pie muchos de los lugares imprescindibles de la ciudad y saborear parte de su gastronomía, emprendimos el camino que conducía desde el centro a la placeta Joe Strummer. En el trabajo se habían encargado de recordarme su existencia y un seguidor de The Clash como yo tenía que acudir a este lugar de peregrinación. Previamente, me había informado de dónde estaba y de cómo era.

A muchos les pilla por sorpresa que este músico británico tuviera relación con el sur de la península ibérica. Nacido en Ankara (Turquía), de madre escocesa y padre oriundo de Lucknow (India), Joe Strummer era un enamorado de Andalucía, especialmente de Granada, y de la lengua castellana. Es más, una de las canciones más conocidas de los Clash, como es “Should I Stay or Should I Go”, tiene los coros en español. El documental Quiero una ferretería en Andalucía da buena cuenta de sus andanzas en el sur de España durante los años ochenta y noventa.

En el año 2011, varios colectivos granadinos empezaron a pedir una placeta para Joe Strummer y en 2013 se inauguró. Lucinda Garland, viuda del artista y su mujer entre 1993 y 2002, y sus hijas, Lola y Jazz, acudieron al acto. Incluso se improvisó una pequeña actuación con canciones del cuarteto de Londres.

Comenzaba a caer el sol sobre Granada y, tras reponer fuerzas en una tetería de la calle Calderería Nueva, llegamos al lugar. El chasco fue monumental: la placa que hace casi cuatro años destapó Lola Strummer estaba arrancada y el mural de El Niño de las Pinturas era una sombra de lo que un día fue. Al parecer, el grafiti se había deteriorado y, después de una reparación fallida, alguien terminó de estropearlo pintando por encima.

Reconozco que me fui consternado por el poco cuidado de algo tan especial. Algunos en Granada han olvidado pronto a Joe Strummer. Una pena. Avísenme si ponen todo en orden: cualquier excusa es buena para volver a la capital nazarí.

Fotografía de Juan Jesús García.

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Los préstamos
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Ivan Castillo Otero | 08-02-2017 | 16:20| 0

Tuve la suerte de criarme en un entorno en el que siempre sonaba, en gran medida, música que merecía la pena. De Queen a Tom Jones pasando por Louis Armstrong. Con el paso del tiempo, uno va afinando el oído y descubriendo nuevos ritmos. Una tarde, cuando debía tener no más de once o doce años, llegó mi hermana Shandra a casa con varios discos. Le había dicho a mi cuñado Bini que me prestara algunos de sus redondos, ya que él siempre tuvo un gusto más cercano al punk o el rock, y ahí llegaba ella con mi pedido.

De la media docena de álbumes que me dejó, recuerdo dos que me volaron la cabeza. El Azken Guda Dantza de Kortatu fue uno de ellos. Era todo adrenalina y combate. Me fascinó el ritmo que tenía desde “After Boltxebike” a “Kolpez Kolpe” y durante semanas no paré de reproducir “Oker nago”, “Denboraren menpe”, “Etxerat” o “Nicaragua sandinista”. Recientemente lo fui escuchando cuando salí de trabajar para reafirmar lo bien que ha envejecido este directo, que está grabado en Pamplona a finales del año 1988 y que significó el adiós definitivo de esta banda de Irun. No han vuelto y en una entrevista publicada este mismo mes era el propio Fermin Muguruza el que aseguraba que no era favorable a un revival de Kortatu.

Para el final dejé un disco muy modesto en lo que a la maquetación se refiere. Era blanco y negro y no llamaba la atención camuflado entre el colorido de los demás. En la portada salían unos tíos con traje de los que no había tenido noticias. Era el primer álbum de The Specials, que se llama igual que el grupo. Formados en 1977 en Coventry, Reino Unido, aún siguen en activo. Me atrapó por completo desde la inicial “A Message to You Rudy”. Hacían algo que aún no había experimentado y me gustaba cantidad.

Con las nuevas tecnologías y los modernos sistemas para consumir música (que, por cierto, yo también utilizo), se está perdiendo esa costumbre de pasarse los discos de mayores a pequeños para ir introduciendo a las nuevas generaciones en los diferentes ritmos menos comerciales. Es una pena. Para mí estos préstamos significaban descubrir un mundo nuevo.

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Por los caídos
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Ivan Castillo Otero | 06-01-2017 | 10:04| 0

“Ni un paso atrás. Ni para tomar impulso”. Esta célebre frase que se ha hecho popular con el paso de los años se la atribuyen a Fidel Castro, uno de los personajes conocidos que ha fallecido a lo largo de 2016. No ha llegado a quedar del todo claro si es suya o no, pero sí que ha calado en el imaginario colectivo. De ser cierto que la pronunciara en su momento el expresidente de Cuba, en este ocasión le llevaría la contraria. Sí, voy a revisar a algunos de los caídos durante el año que ya hemos cerrado con la intención de tomar impulso de cara a este 2017. Esperemos que sea menos luctuoso. Suban el volumen:

-David Bowie  (1o de enero). ¿Hace falta decir algo más? Pues eso. “Starman” y “Heroes“.

-Glenn Frey (18 de enero). Miembro fundador de los Eagles. “Hotel California” y “Take It Easy“.

-Signe Anderson (28 de enero). Primera cantante de Jefferson Airplane. “Somebody To Love” y “White Rabbit“.

-Manolo Tena (4 de abril). Figura del pop rock-español. Formó parte de Cucharada y Alarma!!! y, después, siguió su carrera en solitario. “Frío” y “Sangre española“.

-Prince (21 de abril). Todos en pié. “Purple Rain” y “Little Red Corvette“.

-Leonard Cohen (10 de noviembre). Reverencia. “Hallelujah” y “The Partisan“.

-Rick Parfitt (24 de diciembre). Guitarrista y fundador de Status Quo. “Whatever You Want” y “Rockin’ All Over The World“.

-George Michael (25 de diciembre). El último hachazo de 2016 a la música. Desde Wham! a su carrera en solitario. “Careless Whisper” y “Last Christmas“.

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Regalar bien
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Ivan Castillo Otero | 08-12-2016 | 12:03| 0

En la Azoka de Durango, que ha finalizado esta semana, algunos músicos vendían su música en formato USB. Los tiempos cambian y cada uno se adapta como puede y quiere. Otros, en cambio, presentaban sus novedades con un trabajado diseño en lo que al concepto y diseño de la caja del disco se refiere. Da la sensación de que existen dos opciones: o eliminar el envoltorio del redondo y ofrecer solo las canciones en formato digital o esmerarse más en el embalaje para ofrecer al consumidor algo más que un puñado de composiciones. Yo soy de los que prefieren esta segunda alternativa.

Ahora que llega la Navidad, la música suele ser una opción muy socorrida. Muchos artistas incluso esperan a estas fechas para publicar sus trabajos por un tema comercial. En mi opinión, estas fiestas, como también lo pueden ser los cumpleaños, son un buen momento para regalar un buen producto. En ese sentido, me gusta mucho el nuevo disco en directo que ha puesto a la venta El Drogas, excantante y bajista de los navarros Barricada. Se llama Un día nada más y consta de 28 cortes.

Cuando los de la Txantrea aún estaban sobre los escenarios, El Drogas retomó el viejo proyecto de Txarrena y este ha desembocado en su carrera en solitario. Para grabar este concierto, se rodeó el pasado 2 de julio en la Ciudadela de Pamplona de un elenco envidiable de músicos y cantantes. No es el típico álbum en directo, puesto que se percibe en las interpretaciones que los invitados han trabajado en sus colaboraciones y que estas no han sido repartidas al azar.

Un día nada más comienza con “Así” y ya en el segundo tema empieza el desfile de amigos enlazando “Con tu presencia” (con Rulo, ex de La Fuga), “En punto muerto” (con Iván Ferreiro), “Sueños rotos” (con el violinista Ara Malikian) y “Collar abandonado” (con Quique González). El Drogas recupera también varios temas de Barricada para este directo: “La hora del carnaval” (con Álvaro y Ovidi Tormo de los Zigarros), “No sé qué hacer contigo” (con Leiva), “Oveja negra” (con Carlos Tarque), “Que no me silbes” (con Luz Casal), “Todos mirando” (con Vito de Sinkope), “Víctima” (con LaChulaPotra y Brick Paco), “En la silla eléctrica” (con Carlos Escobedo), “Tentando a la suerte” (con Yosi, que se anima a tocar la armónica), “Barrio Conflictivo” (con Kutxi Romero), “Bahía de Pasaia” (con Gorka Urbizu, mitad en castellano y mitad en euskera), “No hay tregua” (también con Gorka Urbizu) y “En blanco y negro” (con todos los invitados, incluidos algunos integrantes de Motxila 21).

De todas las colaboraciones, mención especial para “Frío”, con Rosendo, Fito Cabrales y Carlos Tarque en las voces, y “Nada sin ti”, donde el excantante de Platero y tú pone todo su arte al servicio de esta composición del protagonista de la noche. El disco viene en un bonito formato donde todo está organizado con mimo y esmero. Si a la persona que tienen que regalar le gusta el rock nacional, no creo que fallen con Un día nada más.

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Buen viaje, señor Leonard Cohen
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Ivan Castillo Otero | 11-11-2016 | 08:44| 0

Es posible que esta historia la contase ya en alguna ocasión. No sé si fue aquí o en otro lugar. Soy un poco abuelo cebolletas. Espero que puedan perdonarme. Allá voy.

Era un día como hoy, de esos en los que me toca viajar. El trayecto, entre Donostia y Bilbao, apenas me iba a llevar una hora. Como tantas otras veces mientras viví en el “botxo”, cogí el Pesa al lado del Hotel Amara Plaza. El conductor que me tocó era el padre de mi amigo Endika. Antes era transportista y su función era llevar el tabaco todos los días desde Logroño, donde está la Tabacalera más cercana a Gipuzkoa tras el cierre de la de San Sebastián, a diferentes puntos de la provincia. Cansado, lo había cambiado por esto. Gozaba de una mejor jornada y el trabajo le era menos arduo y más entretenido.

Al llegar a la capital vizcaína, pasé a despedirme de él. No me había dado cuenta, pero en mi mismo autobús viajaba un profesor que me daba clase en el campus de Leioa (Bizkaia) de la Universidad del País Vasco. Sí, por aquel entonces era un despreocupado universitario. Mientras el padre de Endika me enseñaba un vinilo de Leonard Cohen (Montreal, 21 de septiembre de 1934) que había comprado en una feria de segunda mano, se acercó este profesor que antes he citado. “Cuando era joven, me ponía los discos de este para llorar”, dijo al vernos escudriñando el álbum. En su mirada había aprobación; le gustaba que los chavales escucháramos los temas de este artista. Yo tenía buena relación con él y los tres nos quedamos a charlar brevemente. “Me ponía sus discos cada vez que me dejaba una chica”, contó. En lo labios de un cincuentón, que encima me daba clase, sonaba tierno a la par que sincero.

Leonard Cohen ha muerto hoy a los 82 años de edad. La noticia me ha pillado llegado a Chamartín, a media hora de subirme a un tren que va de Madrid a San Sebastián, y he sentido una profunda tristeza. Sentado en el convoy, me he acordado de lo relatado en estas líneas. Es curioso que se haya ido semanas después de que anunciaran el Nobel de Literatura para Bob Dylan. Si alguien lo merecía más en el mundo de la canción, ese era este canadiense residente en Los Ángeles.

Pero bueno, qué más dará eso ahora, ¿verdad? Se ha ido y punto. Si hago un ejercicio de imaginación, en mi mente lo veo marchar andando, en un día gris, frío y lluvioso. Lleva su característico borsalino calado y arrastra la guitarra en una raída funda negra.

“El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males”, dijo un día Leonard Cohen. Todo mi amor para usted, aunque no vaya a ser suficiente para sanarlo. Y que tenga buen viaje en esta mañana de viernes en la que nos ha tocado viajar a los dos.

PD: Aquel profesor es Luis Castells y, casualidades de la vida, hoy lo entrevistan en la página 24 de El País.

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Rock de avión
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Ivan Castillo Otero | 06-10-2016 | 11:18| 0

Lo del avión de los Iron Maiden es, cuando menos, curioso. Resulta que la banda heavy viaja desde este año en un aeroplano propio que pilota el mismísimo Bruce Dickinson, cantante. Él no era un novato en estas funciones, pero para llevar semejante nave (en la que cargan las doce toneladas de material que transportan de ciudad a ciudad) ha tenido que sacarse una licencia especial. El aparato se llama Ed Force One, que es un juego de palabras que combina el nombre de su mascota (Ed) y el del avión del presidente de los Estados Unidos (Air Force One).

En total, tiene veinte asientos de business y 54 de turista y lo utilizan, además de para llevar el material, para el transporte de la banda, los técnicos o los familiares. Los británicos puntualizaron cuando allá por febrero presentaban el avión que cuando acabasen de girar por Oceanía, Asia, América o África, se plantearían volver a los tradicionales camiones y furgonetas por las distancias más cortas existentes dentro del continente europeo. Dickinson, además de ser cantante, productor musical y piloto, conduce una empresa de mantenimiento llamada Cardiff Aviación.

Esta aventura no ha estado exenta de sustos. El Ed Force One  sufrió en el mes de marzo un accidente en la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, de Santiago de Chile. La biela del vehículo que estaba remolcando el avión se cortó y lo dejó sin dirección, con tan mala suerte de que estaba en movimiento y colisionó con un vehículo que se encontraba en la pista.

Lo cierto es que siempre ha existido una unión entre el mundo de la música y los aviones. Eso sí, tal vez no tan estrecha como la de los Maiden y el Ed Force One. Por ejemplo, la banda estadounidense Lynyrd Skynyrd, los del “Sweet Home Alabama”, sufrieron un terrible (y mortal) accidente aéreo en enero de 1977. Una anécdota más alegre es la que protagonizó Joaquín Rodríguez, exbajista del mítico grupo Los Nikis, madridista confeso… y piloto de avión. En el año 2014, le tocó llevar al FC Barcelona desde Ámsterdam a la ciudad condal tras un partido de Champions League, pero los dejó tirados en el Schipol, aeródromo de la capital de Holanda, por una avería. Terminó haciendo amistad con los futbolistas culés.

El rock y los aviones; qué cosa.

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Antes y ahora
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Ivan Castillo Otero | 15-09-2016 | 10:45| 0

Siempre he dicho que fuimos unos acomodados. Teníamos un grupo de música punk-rock y algún familiar vino a recogernos tras algún concierto cuando no había transporte público para volver. Sí, transporte público, han oído bien. Éramos bastante niños y no teníamos coche. Cuando nos llamaban de Oñati, Markina-Xemein o Arrasate, teníamos que liar a algún amigo que sí lo tuviera para que nos llevara a cambio de la cena y una propina. Lo primero sí que lo aceptaban, pero lo segundo no. Así son los amigos. Algunos pensarán que así es más difícil forjar un carácter aguerrido, sufrido y combativo como el que tenían en los ochenta. Puede ser; yo qué sé.

Ensayábamos los sábados por la mañana porque nuestros estudios nos lo impedían hacer entre semana. Íbamos a la Musika Eskola de Atocha y nos encerrábamos cuatro horas, de diez a dos, en una de sus salas. Al principio pagábamos por cada sesión, pero luego disfrutamos gratis del servicio por haber colaborado con el centro en una obra de teatro. Pasamos tres días en el Victoria Eugenia preparándolo todo con el resto del elenco. Teníamos que tocar un chachachá y un rock and roll en un momento de la representación que en el que se formaba una especie de verbena. Nos salió de lujo.

En definitiva, éramos unos chavales que tocaban macarradas por diversión y sin ninguna intención de triunfar. Oye, que si hubiéramos podido vivir de la música habría estado genial, pero no teníamos tanto talento. Nos preocupábamos de sonar lo mejor posible y de pasarlo bien. Duramos un lustro o algo más, no lo recuerdo bien, y siempre tuvimos los pies en el suelo.

Recientemente, tuve que redactar cuatro críticas de discos de bandas modestas. Uno era de unos cuarentones que se habían quedado algo anclados en los años noventa. Las otras tres referencias eran de gente más joven y estaban bastante bien en lo que a lo musical se refiere, pero no quiero poner el acento en ese aspecto. Lo que me llamó la atención es el tiempo y la energía que gastan en sacarse unas fotos súper profesionales y en buscar adjetivos repipis para definir su sonido. Pudiera parecer que están más preocupados en parecer estrellas que en serlo.

En mi periplo por los escenarios, defendí que los conjuntos tenían que cuidar su imagen teniendo unas fotos apañadas para cualquier asunto que lo requiriese o actualizaran convenientemente las redes sociales. Eso sí, aunque no lo diga, creo que debe primar el hecho en sí de hacer música y, sobre todo, que se disfrute con ello. No ha pasado tanto tiempo de aquellos viajes en bus con los instrumentos en el maletero a, por ejemplo, Asturias en el Alsa, pero tengo la sensación de que las cosas han cambiado mucho. Cada vez se tiene más en cuenta salir divinos en el Instagram o las descripciones pedantes de las canciones propias y menos el lado más genuino de tener un grupo y vivir la experiencia. ¿Me estaré haciendo mayor?

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Durante las vacaciones
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Ivan Castillo Otero | 08-08-2016 | 18:31| 0

Agosto. Calor. La normal es que el termómetro esté por encima de los 35 grados en Madrid. Y no, aquí no hay playa. Si usted es una persona con suerte, es probable que ahora esté de vacaciones. Yo, por mi parte, propongo cinco canciones para este periodo de paz y tranquilidad siguiendo la línea de la anterior publicación (“Antes de las vacaciones”). Hagan lo que hagan, no se dejen la música en casa. Ahí van composiciones que no les sobresaltarán en su retiro:

-Bob Marley – “Is This Love“: Hace años que pude ver en directo a los Wailers, los escuderos de Bob Marley. Qué suerte la mía. Ellos, la banda, pusieron la música a este corte del año 1978. Formó parte del álbum Kaya. El 11 de mayo de 1981 nos dejó este jamaicano. Un referente a muchos niveles.

-The Madness – “It Must Be Love“: Ahora que estamos viviendo los Juegos Olímpicos de Río 2016 está bien que recordemos el “Our House” estelar de los Madness en la clausura de Londres 2012. Actualmente viven su segunda época, que comenzó en 1992, tras la primera, que fue de 1976 a 1986. Aunque fueron los británicos los que la popularizaron, “It Must Be Love” es de Labi Siffre.

-The Clash – “Rock the Casbah“: Fue uno de los singles del Combat Rock de los Clash, que vio la luz en el año 1982. Es la prueba de la genial evolución que vivieron. No hay que quedarse con una época pudiendo disfrutarlas todas. El tema está dedicado al Ayatollah Jomeini, que prohibió el rock en Irán.

-Los Rodríguez – “Sin documentos“: Los primeros seis años de los noventa transcurrieron en este barco para Ariel Rot y Andrés Calamaro. El primero había vuelto a Argentina para limpiarse cuerpo y alma y volvió a España para reventar escenarios tras haberlo hecho antes con Tequila. Calamaro, por su parte, se marcó un vine, vi y vencí en toda regla. Aquí sigue tocando y creando. La canción “Sin documentos” es del año 1993 y daba nombre al disco en el que iba incluido.

-Gabinete Caligari – “La canción del pollino“. Jaime Urrutia encabezaba a esta banda que se extinguió en el año 1999. Con esta canción quiero recordarles que, aunque estemos en agosto, el fútbol ya está ahí. Se lo juro.

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Antes de las vacaciones
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Ivan Castillo Otero | 13-07-2016 | 10:20| 0

Las carreras para coger un asiento en el metro se han terminado hasta septiembre. Reconozco que siento alivio, porque es una situación que me causa estrés. Parece que la gente no puede permitirse treinta o cuarenta minutos de pie en el suburbano de Madrid. El verano que se vive en la capital (un calor sofocante mezclado con la contaminación habitual y con el único incentivo de darse un chapuzón en la piscina, un plan de segunda comparado con los de la costa) es la razón por la que muchos aprovechan la primera quincena de julio para huir. Otros deberán esperar a agosto o septiembre para salir de este agujero y, por otro lado, están los que no tendrán vacaciones estivales. Mi pésame y total apoyo para estos últimos.

Me gustaría dirigirme a los que aún tienen que esperar aún algunas semanas para escapar del asfalto madrileño (o de otros lugares, claro). Para ellos, he seleccionado cinco canciones que les pongan las pilas lo suficiente para ir tirando hasta entonces. Se necesita ritmo y energía para pasar este trámite. Al lío:

-The Yardbirds - For Your Love“: No son pocos los que desconocen que Eric Clapton tocó la guitarra en esta banda británica durante dieciocho meses. Con esta canción, The Yardbirds tomaban un rumbo más pop que a Clapton no le convencía y dejó el grupo. Un mito de la música daba sus primeros pasos en el mundillo y lo hacía con mucha personalidad. Corría el año 1965.

-The Turtles – “Happy Together“: Puede que sea la canción más representativa de esta banda (junto con “Elenore”) nacida en 1965 y oriundos de Los Ángeles. Grabada en enero de 1967, en primavera sustituyó a “Penny Lane” de los Beatles como número uno en la lista Billboard. No es poco.

-The Association – “Along Comes Mary“: Oriundos de California, dieron sus primeros pasos en el año 1965. Además de “Along Comes Mary” (1966), tienen canciones que lograron llegar a los primeros puestos de las listas musicales como “Windy” (1967). Ofrecían una apuesta interesante y en disco suenan correctos. Yo los recomiendo en directo (a poder ser en el Monterrey Pop Festival de 1967). Llevan años intentando esquivar la muerte artística con miles de cambios de formación. Hay una intro en el vídeo de unos 58 segundos. Después de esta es donde empieza el tema.

-The Romantics  - “What I Like About You“: Estaba una Navidad viendo un partido de la NBA en el salón de mis padres. Jugaban los Lakers en el Staples Center y de pronto sonó esta canción por la megafonía del pabellón. Recordé que hacía años que no escuchaba “What I Like About You” (1980), éxito de estos románticos de Detroit. Muy pegadiza.

-The Box Tops – “The Letter“: Wayne Carson compuso esta canción que estos muchachos de Memphis lanzaron e hicieron llegar al número uno de las listas de Estados Unidos, Canadá o Australia. Corría el año 1967 cuando vio la luz y se hizo muy popular durante la Guerra de Vietnam. Joe Cocker hizo una exitosa versión en 1970.

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Nos ha gustado el primer Mad Cool Festival
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Ivan Castillo Otero | 21-06-2016 | 15:51| 0

Sí, nos ha gustado la primera edición del Mad Cool Festival. Se ha celebrado los días 16, 17 y 18 de junio en la Caja Mágica de Madrid y no solo ha sido de mi agrado, ya que los que venían conmigo han quedado muy satisfechos. Del mismo modo, solo hay que darse una vuelta por las redes sociales para comprobar que el personal, por lo general, está muy contento con lo que ha vivido en esas tres jornadas de música en vivo. Al contrario que en otras citas, preferí acudir como público sin acreditación para poder hacer una valoración desde dentro. En total, si juntamos los asistentes de los tres días, estuvimos allí más de 100.000 personas.

La primera jornada, la del jueves, estuvo marcada por la actuación de The Who. Pagaría la entrada completa solo por verlos de nuevo. Empezaron con “I Can’t Explain”, “Substitute” y “Who Are You?”. Yo ya estaba para entonces flotando de la emoción. Sonaron como un tiro; sin fallos y sin chorradas. “My Generation” llegó pronto y en las más lentas, mediado el directo, demostraron todo el potencial de los dos miembros originales del conjunto británico y de la banda de la que se han rodeado. “Pinball Wizard”, “See Me, Feel Me”, “Baba O’Riley” y “Won’t Get Fooled Again” pusieron punto y final a los diecisiete cortes que compusieron el repertorio para el festival madrileño. A mí se me hizo corto y tres o cuatro temas más (me faltó “The Seeker”) me hubieran hecho aún más feliz. Eso sí, firmo los 71 años de Pete Townshend o los 72 de Roger Daltrey. Qué vitalidad se gastan. Me falló el público, que en algunos sectores estaba a otra cosa. Del jueves destacó también Garbage, que se acordaron de la comunidad LGTB tras el atentado de Orlando y dijeron sentirse muy afortunados por tocar después de The Who. Prescindimos de Vetusta Morla, por la hora y por haberlos visto una decena de veces, y tuvimos que prescindir de The Strypes con todo el dolor de mi corazón por el caos que había para acceder al escenario en el que actuaban.

El viernes fue, para mi gusto, la jornada más floja a nivel musical. The Prodigy eran los cabeza de cartel y, pese a tener un buen directo y ser los mejores en lo suyo, siempre me voy con la sensación de que son unos funcionarios que llegan, fichan, hacen lo mismo de siempre y se van. Abusaron, tal y como los recordaba de la anterior vez que los vi, del “fucking” todo. Me pareció interesante la propuesta de Jane’s Addiction y Bastille, por su parte, estuvieron correctos pero sin mucha más historia. Los había visto años atrás y tenía un recuerdo más salvaje de su directo. El público pareció disfrutar con Band Of Horses y yo, por mi parte, me quedé con ganas de ver a Stereophonics.

El sábado llegamos con el sonido de los primeros acordes de Neil Young. Muy emocionante. El artista de San Diego (California) está en plena forma a sus 70 años y cada estrofa de sus composiciones era un gusto para los sentidos. Al igual que en The Who, parte del público parecía estar a otra cosa. Dice poco de la cultura musical de algunos de los que acuden en rebaño a los festivales. Recuerdo que un profesor comentó en un posgrado que cursé en la Universidad Complutense de Madrid que tras entrevistar a Octavio Paz para El País se bajó del taxi que había tomado para volver a la redacción porque la conversación del conductor no le parecía digna tras lo que acababa de vivir. Después de The Who y Neil Young me pasó algo parecido con el resto de grupos.

En lo que a la organización del festival se refiere, sé que el jueves hubo muchos problemas que yo esquivé casi al completo (quitado el follón que me impidió ver a The Strypes), pero también sé que tanto el viernes como el sábado transcurrieron según lo previsto. El sistema para cargar la pulsera (en taquillas o con una aplicación para móviles) y pagar con ella me pareció una acierto (algo que no todos los asistentes comparten). Las instalaciones son brutales (como anécdota, las chicas se sorprendían de que hubiera papel en el baño) y el césped artificial era un lujo. Se agradece poder sentarse y no llegar sucio a casa. La oferta gastronómica era amplia y variada, algo que los festivales están cuidando en el último lustro (antes tenías que conformarte con tres días a base de un mal bocadillo de lomo y queso). Logré ponerme la pulsera rápido y sin colas y se llegaba bien al recinto (a 800 metros de bus y metro). Para irse a casa tras los conciertos, existía la opción de coger un bus de la organización (de pago), los tradicionales buses nocturnos y taxis. A destacar este último punto, ya que la parada estaba organizada con solvencia por la Policía Municipal.

En general, muy mal tienen que hacer el cartel de 2017 para que no queramos volver.

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