Diario Vasco
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Autor: IvanCastillo
Por los caídos
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Ivan Castillo Otero | 06-01-2017 | 11:03| 0

“Ni un paso atrás. Ni para tomar impulso”. Esta célebre frase que se ha hecho popular con el paso de los años se la atribuyen a Fidel Castro, uno de los personajes conocidos que ha fallecido a lo largo de 2016. No ha llegado a quedar del todo claro si es suya o no, pero sí que ha calado en el imaginario colectivo. De ser cierto que la pronunciara en su momento el expresidente de Cuba, en este ocasión le llevaría la contraria. Sí, voy a revisar a algunos de los caídos durante el año que ya hemos cerrado con la intención de tomar impulso de cara a este 2017. Esperemos que sea menos luctuoso. Suban el volumen:

-David Bowie  (1o de enero). ¿Hace falta decir algo más? Pues eso. “Starman” y “Heroes“.

-Glenn Frey (18 de enero). Miembro fundador de los Eagles. “Hotel California” y “Take It Easy“.

-Signe Anderson (28 de enero). Primera cantante de Jefferson Airplane. “Somebody To Love” y “White Rabbit“.

-Manolo Tena (4 de abril). Figura del pop rock-español. Formó parte de Cucharada y Alarma!!! y, después, siguió su carrera en solitario. “Frío” y “Sangre española“.

-Prince (21 de abril). Todos en pié. “Purple Rain” y “Little Red Corvette“.

-Leonard Cohen (10 de noviembre). Reverencia. “Hallelujah” y “The Partisan“.

-Rick Parfitt (24 de diciembre). Guitarrista y fundador de Status Quo. “Whatever You Want” y “Rockin’ All Over The World“.

-George Michael (25 de diciembre). El último hachazo de 2016 a la música. Desde Wham! a su carrera en solitario. “Careless Whisper” y “Last Christmas“.

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Regalar bien
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Ivan Castillo Otero | 08-12-2016 | 12:59| 0

En la Azoka de Durango, que ha finalizado esta semana, algunos músicos vendían su música en formato USB. Los tiempos cambian y cada uno se adapta como puede y quiere. Otros, en cambio, presentaban sus novedades con un trabajado diseño en lo que al concepto y diseño de la caja del disco se refiere. Da la sensación de que existen dos opciones: o eliminar el envoltorio del redondo y ofrecer solo las canciones en formato digital o esmerarse más en el embalaje para ofrecer al consumidor algo más que un puñado de composiciones. Yo soy de los que prefieren esta segunda alternativa.

Ahora que llega la Navidad, la música suele ser una opción muy socorrida. Muchos artistas incluso esperan a estas fechas para publicar sus trabajos por un tema comercial. En mi opinión, estas fiestas, como también lo pueden ser los cumpleaños, son un buen momento para regalar un buen producto. En ese sentido, me gusta mucho el nuevo disco en directo que ha puesto a la venta El Drogas, excantante y bajista de los navarros Barricada. Se llama Un día nada más y consta de 28 cortes.

Cuando los de la Txantrea aún estaban sobre los escenarios, El Drogas retomó el viejo proyecto de Txarrena y este ha desembocado en su carrera en solitario. Para grabar este concierto, se rodeó el pasado 2 de julio en la Ciudadela de Pamplona de un elenco envidiable de músicos y cantantes. No es el típico álbum en directo, puesto que se percibe en las interpretaciones que los invitados han trabajado en sus colaboraciones y que estas no han sido repartidas al azar.

Un día nada más comienza con “Así” y ya en el segundo tema empieza el desfile de amigos enlazando “Con tu presencia” (con Rulo, ex de La Fuga), “En punto muerto” (con Iván Ferreiro), “Sueños rotos” (con el violinista Ara Malikian) y “Collar abandonado” (con Quique González). El Drogas recupera también varios temas de Barricada para este directo: “La hora del carnaval” (con Álvaro y Ovidi Tormo de los Zigarros), “No sé qué hacer contigo” (con Leiva), “Oveja negra” (con Carlos Tarque), “Que no me silbes” (con Luz Casal), “Todos mirando” (con Vito de Sinkope), “Víctima” (con LaChulaPotra y Brick Paco), “En la silla eléctrica” (con Carlos Escobedo), “Tentando a la suerte” (con Yosi, que se anima a tocar la armónica), “Barrio Conflictivo” (con Kutxi Romero), “Bahía de Pasaia” (con Gorka Urbizu, mitad en castellano y mitad en euskera), “No hay tregua” (también con Gorka Urbizu) y “En blanco y negro” (con todos los invitados, incluidos algunos integrantes de Motxila 21).

De todas las colaboraciones, mención especial para “Frío”, con Rosendo, Fito Cabrales y Carlos Tarque en las voces, y “Nada sin ti”, donde el excantante de Platero y tú pone todo su arte al servicio de esta composición del protagonista de la noche. El disco viene en un bonito formato donde todo está organizado con mimo y esmero. Si a la persona que tienen que regalar le gusta el rock nacional, no creo que fallen con Un día nada más.

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Buen viaje, señor Leonard Cohen
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Ivan Castillo Otero | 11-11-2016 | 9:06| 0

Es posible que esta historia la contase ya en alguna ocasión. No sé si fue aquí o en otro lugar. Soy un poco abuelo cebolletas. Espero que puedan perdonarme. Allá voy.

Era un día como hoy, de esos en los que me toca viajar. El trayecto, entre Donostia y Bilbao, apenas me iba a llevar una hora. Como tantas otras veces mientras viví en el “botxo”, cogí el Pesa al lado del Hotel Amara Plaza. El conductor que me tocó era el padre de mi amigo Endika. Antes era transportista y su función era llevar el tabaco todos los días desde Logroño, donde está la Tabacalera más cercana a Gipuzkoa tras el cierre de la de San Sebastián, a diferentes puntos de la provincia. Cansado, lo había cambiado por esto. Gozaba de una mejor jornada y el trabajo le era menos arduo y más entretenido.

Al llegar a la capital vizcaína, pasé a despedirme de él. No me había dado cuenta, pero en mi mismo autobús viajaba un profesor que me daba clase en el campus de Leioa (Bizkaia) de la Universidad del País Vasco. Sí, por aquel entonces era un despreocupado universitario. Mientras el padre de Endika me enseñaba un vinilo de Leonard Cohen (Montreal, 21 de septiembre de 1934) que había comprado en una feria de segunda mano, se acercó este profesor que antes he citado. “Cuando era joven, me ponía los discos de este para llorar”, dijo al vernos escudriñando el álbum. En su mirada había aprobación; le gustaba que los chavales escucháramos los temas de este artista. Yo tenía buena relación con él y los tres nos quedamos a charlar brevemente. “Me ponía sus discos cada vez que me dejaba una chica”, contó. En lo labios de un cincuentón, que encima me daba clase, sonaba tierno a la par que sincero.

Leonard Cohen ha muerto hoy a los 82 años de edad. La noticia me ha pillado llegado a Chamartín, a media hora de subirme a un tren que va de Madrid a San Sebastián, y he sentido una profunda tristeza. Sentado en el convoy, me he acordado de lo relatado en estas líneas. Es curioso que se haya ido semanas después de que anunciaran el Nobel de Literatura para Bob Dylan. Si alguien lo merecía más en el mundo de la canción, ese era este canadiense residente en Los Ángeles.

Pero bueno, qué más dará eso ahora, ¿verdad? Se ha ido y punto. Si hago un ejercicio de imaginación, en mi mente lo veo marchar andando, en un día gris, frío y lluvioso. Lleva su característico borsalino calado y arrastra la guitarra en una raída funda negra.

“El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males”, dijo un día Leonard Cohen. Todo mi amor para usted, aunque no vaya a ser suficiente para sanarlo. Y que tenga buen viaje en esta mañana de viernes en la que nos ha tocado viajar a los dos.

PD: Aquel profesor es Luis Castells y, casualidades de la vida, hoy lo entrevistan en la página 24 de El País.

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Rock de avión
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Ivan Castillo Otero | 06-10-2016 | 12:18| 0

Lo del avión de los Iron Maiden es, cuando menos, curioso. Resulta que la banda heavy viaja desde este año en un aeroplano propio que pilota el mismísimo Bruce Dickinson, cantante. Él no era un novato en estas funciones, pero para llevar semejante nave (en la que cargan las doce toneladas de material que transportan de ciudad a ciudad) ha tenido que sacarse una licencia especial. El aparato se llama Ed Force One, que es un juego de palabras que combina el nombre de su mascota (Ed) y el del avión del presidente de los Estados Unidos (Air Force One).

En total, tiene veinte asientos de business y 54 de turista y lo utilizan, además de para llevar el material, para el transporte de la banda, los técnicos o los familiares. Los británicos puntualizaron cuando allá por febrero presentaban el avión que cuando acabasen de girar por Oceanía, Asia, América o África, se plantearían volver a los tradicionales camiones y furgonetas por las distancias más cortas existentes dentro del continente europeo. Dickinson, además de ser cantante, productor musical y piloto, conduce una empresa de mantenimiento llamada Cardiff Aviación.

Esta aventura no ha estado exenta de sustos. El Ed Force One  sufrió en el mes de marzo un accidente en la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, de Santiago de Chile. La biela del vehículo que estaba remolcando el avión se cortó y lo dejó sin dirección, con tan mala suerte de que estaba en movimiento y colisionó con un vehículo que se encontraba en la pista.

Lo cierto es que siempre ha existido una unión entre el mundo de la música y los aviones. Eso sí, tal vez no tan estrecha como la de los Maiden y el Ed Force One. Por ejemplo, la banda estadounidense Lynyrd Skynyrd, los del “Sweet Home Alabama”, sufrieron un terrible (y mortal) accidente aéreo en enero de 1977. Una anécdota más alegre es la que protagonizó Joaquín Rodríguez, exbajista del mítico grupo Los Nikis, madridista confeso… y piloto de avión. En el año 2014, le tocó llevar al FC Barcelona desde Ámsterdam a la ciudad condal tras un partido de Champions League, pero los dejó tirados en el Schipol, aeródromo de la capital de Holanda, por una avería. Terminó haciendo amistad con los futbolistas culés.

El rock y los aviones; qué cosa.

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Antes y ahora
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Ivan Castillo Otero | 15-09-2016 | 11:45| 0

Siempre he dicho que fuimos unos acomodados. Teníamos un grupo de música punk-rock y algún familiar vino a recogernos tras algún concierto cuando no había transporte público para volver. Sí, transporte público, han oído bien. Éramos bastante niños y no teníamos coche. Cuando nos llamaban de Oñati, Markina-Xemein o Arrasate, teníamos que liar a algún amigo que sí lo tuviera para que nos llevara a cambio de la cena y una propina. Lo primero sí que lo aceptaban, pero lo segundo no. Así son los amigos. Algunos pensarán que así es más difícil forjar un carácter aguerrido, sufrido y combativo como el que tenían en los ochenta. Puede ser; yo qué sé.

Ensayábamos los sábados por la mañana porque nuestros estudios nos lo impedían hacer entre semana. Íbamos a la Musika Eskola de Atocha y nos encerrábamos cuatro horas, de diez a dos, en una de sus salas. Al principio pagábamos por cada sesión, pero luego disfrutamos gratis del servicio por haber colaborado con el centro en una obra de teatro. Pasamos tres días en el Victoria Eugenia preparándolo todo con el resto del elenco. Teníamos que tocar un chachachá y un rock and roll en un momento de la representación que en el que se formaba una especie de verbena. Nos salió de lujo.

En definitiva, éramos unos chavales que tocaban macarradas por diversión y sin ninguna intención de triunfar. Oye, que si hubiéramos podido vivir de la música habría estado genial, pero no teníamos tanto talento. Nos preocupábamos de sonar lo mejor posible y de pasarlo bien. Duramos un lustro o algo más, no lo recuerdo bien, y siempre tuvimos los pies en el suelo.

Recientemente, tuve que redactar cuatro críticas de discos de bandas modestas. Uno era de unos cuarentones que se habían quedado algo anclados en los años noventa. Las otras tres referencias eran de gente más joven y estaban bastante bien en lo que a lo musical se refiere, pero no quiero poner el acento en ese aspecto. Lo que me llamó la atención es el tiempo y la energía que gastan en sacarse unas fotos súper profesionales y en buscar adjetivos repipis para definir su sonido. Pudiera parecer que están más preocupados en parecer estrellas que en serlo.

En mi periplo por los escenarios, defendí que los conjuntos tenían que cuidar su imagen teniendo unas fotos apañadas para cualquier asunto que lo requiriese o actualizaran convenientemente las redes sociales. Eso sí, aunque no lo diga, creo que debe primar el hecho en sí de hacer música y, sobre todo, que se disfrute con ello. No ha pasado tanto tiempo de aquellos viajes en bus con los instrumentos en el maletero a, por ejemplo, Asturias en el Alsa, pero tengo la sensación de que las cosas han cambiado mucho. Cada vez se tiene más en cuenta salir divinos en el Instagram o las descripciones pedantes de las canciones propias y menos el lado más genuino de tener un grupo y vivir la experiencia. ¿Me estaré haciendo mayor?

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