Diario Vasco
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Autor: IvanCastillo
Nos ha gustado el primer Mad Cool Festival
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Ivan Castillo Otero | 21-06-2016 | 4:51| 0

Sí, nos ha gustado la primera edición del Mad Cool Festival. Se ha celebrado los días 16, 17 y 18 de junio en la Caja Mágica de Madrid y no solo ha sido de mi agrado, ya que los que venían conmigo han quedado muy satisfechos. Del mismo modo, solo hay que darse una vuelta por las redes sociales para comprobar que el personal, por lo general, está muy contento con lo que ha vivido en esas tres jornadas de música en vivo. Al contrario que en otras citas, preferí acudir como público sin acreditación para poder hacer una valoración desde dentro. En total, si juntamos los asistentes de los tres días, estuvimos allí más de 100.000 personas.

La primera jornada, la del jueves, estuvo marcada por la actuación de The Who. Pagaría la entrada completa solo por verlos de nuevo. Empezaron con “I Can’t Explain”, “Substitute” y “Who Are You?”. Yo ya estaba para entonces flotando de la emoción. Sonaron como un tiro; sin fallos y sin chorradas. “My Generation” llegó pronto y en las más lentas, mediado el directo, demostraron todo el potencial de los dos miembros originales del conjunto británico y de la banda de la que se han rodeado. “Pinball Wizard”, “See Me, Feel Me”, “Baba O’Riley” y “Won’t Get Fooled Again” pusieron punto y final a los diecisiete cortes que compusieron el repertorio para el festival madrileño. A mí se me hizo corto y tres o cuatro temas más (me faltó “The Seeker”) me hubieran hecho aún más feliz. Eso sí, firmo los 71 años de Pete Townshend o los 72 de Roger Daltrey. Qué vitalidad se gastan. Me falló el público, que en algunos sectores estaba a otra cosa. Del jueves destacó también Garbage, que se acordaron de la comunidad LGTB tras el atentado de Orlando y dijeron sentirse muy afortunados por tocar después de The Who. Prescindimos de Vetusta Morla, por la hora y por haberlos visto una decena de veces, y tuvimos que prescindir de The Strypes con todo el dolor de mi corazón por el caos que había para acceder al escenario en el que actuaban.

El viernes fue, para mi gusto, la jornada más floja a nivel musical. The Prodigy eran los cabeza de cartel y, pese a tener un buen directo y ser los mejores en lo suyo, siempre me voy con la sensación de que son unos funcionarios que llegan, fichan, hacen lo mismo de siempre y se van. Abusaron, tal y como los recordaba de la anterior vez que los vi, del “fucking” todo. Me pareció interesante la propuesta de Jane’s Addiction y Bastille, por su parte, estuvieron correctos pero sin mucha más historia. Los había visto años atrás y tenía un recuerdo más salvaje de su directo. El público pareció disfrutar con Band Of Horses y yo, por mi parte, me quedé con ganas de ver a Stereophonics.

El sábado llegamos con el sonido de los primeros acordes de Neil Young. Muy emocionante. El artista de San Diego (California) está en plena forma a sus 70 años y cada estrofa de sus composiciones era un gusto para los sentidos. Al igual que en The Who, parte del público parecía estar a otra cosa. Dice poco de la cultura musical de algunos de los que acuden en rebaño a los festivales. Recuerdo que un profesor comentó en un posgrado que cursé en la Universidad Complutense de Madrid que tras entrevistar a Octavio Paz para El País se bajó del taxi que había tomado para volver a la redacción porque la conversación del conductor no le parecía digna tras lo que acababa de vivir. Después de The Who y Neil Young me pasó algo parecido con el resto de grupos.

En lo que a la organización del festival se refiere, sé que el jueves hubo muchos problemas que yo esquivé casi al completo (quitado el follón que me impidió ver a The Strypes), pero también sé que tanto el viernes como el sábado transcurrieron según lo previsto. El sistema para cargar la pulsera (en taquillas o con una aplicación para móviles) y pagar con ella me pareció una acierto (algo que no todos los asistentes comparten). Las instalaciones son brutales (como anécdota, las chicas se sorprendían de que hubiera papel en el baño) y el césped artificial era un lujo. Se agradece poder sentarse y no llegar sucio a casa. La oferta gastronómica era amplia y variada, algo que los festivales están cuidando en el último lustro (antes tenías que conformarte con tres días a base de un mal bocadillo de lomo y queso). Logré ponerme la pulsera rápido y sin colas y se llegaba bien al recinto (a 800 metros de bus y metro). Para irse a casa tras los conciertos, existía la opción de coger un bus de la organización (de pago), los tradicionales buses nocturnos y taxis. A destacar este último punto, ya que la parada estaba organizada con solvencia por la Policía Municipal.

En general, muy mal tienen que hacer el cartel de 2017 para que no queramos volver.

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Ivan Castillo Otero | 10-05-2016 | 12:46| 0

Dicen en algunas publicaciones que si los AC/DC hubieran suspendido la actual gira por los problemas de salud de su cantante, hubieran tenido que pagar millones en concepto de indemnización. Han decidido seguir adelante y han nombrado al que es el cuarto vocalista de la historia de los australianos. Tras Dave Evans (1973-1974), Bon Scott (1974-1980) y Brian Johnson (1980-2016), Axl Rose, conocido por ser el frontman de Guns N’ Roses, lleva la voz de la banda desde hace bien poco. Todo se precipitó después de que los médicos avisaran a Johnson de que si seguía con su actividad musical se iba a quedar sordo. Era evidente que tenían que tomar una decisión, pero es que esta en concreto ha enfrentado a la comunidad rockera mundial.

Por un lado están los que creen que es una oportunidad única que Axl Rose gire con AC/DC y, por el otro, un gran sector asegura que ha llegado el momento de ofrecer un digno final a una de los conjuntos más importantes de todos los tiempos. Yo les confieso que si hace un año me dicen que Axl Rose iba a cantar con AC/DC y que, además, lo iba a hacer sentado en una silla de ruedas porque tiene el pie roto, me hubiese jugado mis ahorros a que era una broma. He visto vídeos del primer concierto de esta nueva etapa celebrado en Lisboa y he sentido algo de pena. Da la sensación de que se agarran a un clavo ardiendo (en forma de nuevo y reconocido vocalista) y de que no admiten que tal vez ha llegado el momento de irse.

No sueño con que se retire ningún grupo, pero hay que saber decir adiós sin arrastrar por los suelos una trayectoria labrada a lo largo de varias décadas. Insisto en que tal vez estamos ante un parche temporal para cumplir con los compromisos adquiridos antes del revés auditivo de Brian Johnson, algo que puedo comprender. Solo espero que no se conviertan en Queen, que siguen girando bajo ese nombre pese a que Freddie Mercury falleció en 1991 y con algunos miembros originales, como el bajista (John Deacon), renegando de lo que están haciendo Brian May (guitarrista) y Roger Taylor (batería). Recientemente, Malcolm Young tuvo que abandonar AC/DC por problemas de salud  y actualmente solo queda su hermano, Angus, como integrante de la formación primitiva. Puede que sea una señal, ¿no?

 

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Entre el pasado y el presente: Noel Gallagher en Madrid
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Ivan Castillo Otero | 21-04-2016 | 1:09| 0

El pasado 8 de abril, viernes, nos plantamos en La Riviera de Madrid para ver en directo a Noel Gallagher’s High Flying Birds. El recinto lo conocíamos de anteriores ocasiones. No suena mal, es grande, amplio y, además, tiene diferentes estancias situadas a distintas alturas para poder disfrutar del espectáculo. A Noel Gallagher no lo había visto nunca en vivo, pero a su hermanó, Liam, sí que lo disfruté en el Bilbao BBK Live 2011 al frente de Beady Eye. El de la capital vizcaína fue un concierto con altibajos. El pequeño de los Gallagher estuvo muy bien de actitud, muy comunicativo y entregado al público (algo que es noticia). Por otro lado, aunque musicalmente sonaron correctos, no supieron transmitir gran energía.

Carla, en cambio, tuvo la oportunidad de verlos juntos con Oasis durante su gira de 2002 (lo dejaron en 2009) a su paso por Vigo. Tocaron en el auditorio de Castrelos y supuso un gasto de 120.000 euros, dinero que se logró gracias a la aportación pública y privada. Las entradas costaban entre 12 y 15 euros (¡quién pillara ahora esos precios!). La banda británica estaba haciendo una pequeña gira por España presentando Heathen Chemistry e iban casi a suceso por concierto: en Barcelona (casi un mes antes, el 19 de junio) todo fue normal; en Mallorca (21 de julio) tocaron poco y Liam solo acertó a decir al público “fucking españoles”; y, finalmente, en Salamanca (23 de julio, un día antes del concierto en Vigo) no actuaron por una faringitis del frontman de Manchester. Eso sí, diversas fuentes aseguraron que la noche anterior estaban de fiesta por la ciudad charra. Tanto los vigueses como los visitantes tuvieron suerte, ya que los ingleses se portaron en su visita a Galicia (24 de julio). En total, tocaron dieciocho canciones, comenzando con “Hello”, “The Hindu Times”, “Columbia” o “Morning Glory” y dejando para el final “Don’t Look Back In Anger” o “My Generation” de los Who. Según cuentan las crónicas de hace ya casi catorce años, no tocaron “Wonderwall”.

En este punto, volvamos al presente, volvamos a ese 8 de abril de 2016 en La Riviera de Madrid. Noel Gallagher y sus chicos ofrecieron un concierto redondo, con pocas florituras y sin ninguna fisura. Suenan muy compactos, con un sonido fruto del trabajo de horas de ensayo. En su directo no hay lugar para el error ni para la impuntualidad, ya que salieron al escenario a las nueve en punto de la noche, pillando desprevenidos a los más rezagados. El público era una ensalada generacional en la que destacaban los muchachos y muchachas nacidos en los setenta y ochenta. Abrieron con “Everybody’s On The Run”, que, escudriñando el concierto en su totalidad, fue uno de los momentos de mayor contundencia sonora del show. “Lock All The Doors”, “In The Heart Of The Moment”, “The Death Of You And Me”, “The Mexican” o “AKA… What a Life!” sirvieron para dar un repaso a los álbumes que ha publicado en solitario.

Los nostálgicos estaban de suerte, puesto que Liam Gallagher tiene reservado un hueco hermoso en el repertorio para Oasis. Toca, entre otras, “Talk Tonight”, “Champagne Supernova”, “Listen Up”, “The Masterplan”, “Don’t Look Back In Anger” o “Wonderwall”. Algunas las interpreta tal y como están grabadas en los discos de estudio y en otras se ha permitido introducir una trompeta, un trombón y un saxofón. Tal vez “Wonderwall” merece una mención separada, puesto que hizo una versión con un ritmo algo distinto del de la original en la que el público se perdió ligeramente al cantarla.

No hay nada escrito sobre tocar canciones de anteriores etapas musicales en los directos de nuevos proyectos, pero reconozco que me llamó un poco la atención que diera tanto protagonismo a las composiciones de Oasis. Antes de saber el set list, aguardaba la actuación con la idea preconcebida de que iba a haber una mayor ruptura entre su pasado y el presente. Sí que esperaba que en la segunda mitad del recital rescatara clásicos de Oasis, pero este momento llegó mucho antes, exactamente en el quinto corte.

En definitiva, Noel Gallagher ofreció un muy buen concierto. Las canciones que ha hecho en solitario, además de ser buenas, funcionan en directo. El grupo de músicos del que se ha rodeado responde con buena nota y, como he dicho anteriormente, el sonido que sacan es francamente bueno. Parece que quedaron atrás las épocas con Liam en las que lo mismo suspendían sus actuaciones o se marchaban antes de tiempo por un enfado. Eso sí, se hartó de recordar al respetable el buen resultado de su Manchester City en Champions League ante el PSG en el partido disputado en la capital francesa y el descalabro del Real Madrid ante el Wolfsburgo en tierras alemanas. Él no lo sabía, pero días después, en el sorteo de semifinales merengues y citizens quedarían encuadrados en la misma eliminatoria. Resumiendo, quedó constancia en su visita a Madrid que, pese a madurar un poco, no ha perdido ni la actitud ni la chulería de antaño.

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Bienvenido, mister donostiarra
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Ivan Castillo Otero | 31-03-2016 | 9:21| 0

Han pasado ya varias semanas desde aquel viernes. Nos quedamos en casa y vimos un documental sobre el despilfarro en algunas localidades españolas. Algunas de las cosas que relataba aquella pieza audiovisual eran graciosas por su punto estrafalario, pero según corría la cinta nuestras risas tornaron en indignación. Qué bien que nos vino como sociedad el 15M; antes, las tropelías que se hacían con dinero público se vendían como chiquilladas y ahora todo se fiscaliza (y lo que nos queda).

Dicho esto, no nos desviemos de aquella noche de viernes. Hubo un caso que me llamo mucho la atención. Era una localidad de unos 5.000 o 10.000 habitantes en la que tenían tres museos (del viento, del aceite y uno que se me escapa) cerrados por falta de presupuesto para su mantenimiento y un pabellón para, por ejemplo, albergar conciertos en los que entraba más gente de la que residía allí. Lo habían construido para llevar a Julio Iglesias al pueblo.

Terminó el programa y dedicamos un rato a la reflexión en voz alta. Recordé que hacía unos días, en una comida en casa de mis padres, disertamos sobre la opción de que el Tambor de Oro se lo dieran a Bruce Springsteen. Todos parecían encantados y yo, en cambio, me mostré receloso. No veía la necesidad de dar esa proyección internacional al galardón habiendo tantos ciudadanos e instituciones de casa que lo merecen más. Agradezco que una estrella de la música como el estadounidense venga tanto a una pequeña capital como Donostia, pero darle el Tambor de Oro suena a Bienvenido, mister Marshall. El equivalente al pabellón enorme que construyó aquel pequeño pueblo para llevar a Julio Iglesias (y lo sabes).

Recordé a mis familiares varios posibles candidatos que aún no lo tenían. A bote pronto se me ocurrieron el Zinemaldi, la Real Sociedad, la Quincena Musical, el Jazzaldi o Mikel Erentxun. Todos admitieron que algo de lógica había en mis argumentos. A veces creo que se nos va de las manos el querer aparentar que somos Nueva York. No hablo de Donosti en exclusiva; me refiero a cualquier municipio o ciudad. Hay que ser ambiciosos, por supuesto, pero sin perder la cabeza.

Si miramos en concreto el caso de la capital guipuzcoana, creo que no podemos quejarnos. Tenemos equipos de fútbol y baloncesto en la élite, grandes giras paran en nuestra ciudad, contamos con uno de los festivales de cine más importantes del mundo o disfrutamos de otro de jazz por el que ha llegado a pasar el mismísimo Bob Dylan. Huyamos de las bilbainadas.

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Ciudadano normal (de abajo) viendo el descanso de la Super Bowl
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Ivan Castillo Otero | 09-02-2016 | 2:04| 0

El ciudadano normal, que pertenece a esa clase “de abajo” que está ahora tan de moda, es probable que el sábado por la noche viera la gala de los Goya. El ciudadano un poco más entregado (hay que inventar esa clase) puede que se quedara la madrugada del domingo al lunes frente al televisor para disfrutar de la Super Bowl, que llegaba en este 2016 a su cincuenta edición.

Del partido no tengo ni idea. Es más, de fútbol americano no tengo ni idea. Intenté tragarme el partido entero un año y no aguanté más de veinte minutos. Lo siento, no entiendo el juego. Por ese motivo, lo que suelo hacer es esperar al día siguiente, mirar la prensa para enterarme de quién fue el vencedor (como si me interesara) y busco el vídeo del espectáculo del descanso. En 2014 lo protagonizó Bruno Mars y me pareció poca cosa. Luego lo petó. Menudo ojo el mío.

Este año, los protagonistas fueron Coldplay, que contaron con la inestimable colaboración del antes citado Bruno Mars (con Mark Ronson), Beyoncé y la Orquesta Juvenil de Los Ángeles (dirigida por Gustavo Dudamel). Dicen que las comparaciones son odiosas, pero es que en el duelo entre la gala de los Goya y el descanso de la Super Bowl es insultante la diferencia a todos los niveles. Sí, estoy omitiendo detalles como el del desnivel de presupuestos y similares, pero no me negarán que la entrega de los premios del cine español tiene bastante margen de mejora si nos atenemos a lo que se vio este fin de semana.

Si no han visto el descanso de la Super Bowl, les recomiendo que lo hagan. Fue un show sin fallos, tremendamente entretenido, marchoso y para todos los públicos. Comenzaron Coldplay con la introducción de “Yellow” y unas versiones reducidas de “Viva la vida”, “Paradise” y “Adventure Of A Lifetime”. A continuación, Bruno Mars entró desde un extremo del estadio con “Uptown Funk” para que desde el lado opuesto del recinto le respondiera Beyoncé con “Formation”. Los dos, ya con Chris Martin (cantante de Coldplay), entonaron el final de la antes mencionada “Uptown Funk”. Para poner la guinda al show, se proyectaron imágenes de anteriores actuaciones del intermedio de la Super Bowl mientras sonaban los acordes de “Clocks”, “Midnight” o algún detalle de, por ejemplo, “Beautiful Day” de U2. Una interpretación coral “Up&Up” echó el cierre.

Muchos opinan que actores secundarios como Beyoncé se comieron a Coldplay y, sobre todo, a Chris Martin. Yo qué sé, me da bastante igual (como el resultado del partido). Lo que sí sé es que es un cuarto de hora escaso que se pasa volando. Puro espectáculo.

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