Diario Vasco
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Categoría: Otros temas musicales
Mad Cool: pasados unos días

La madrugada del pasado sábado abandonaba junto a mis acompañantes el recinto del Mad Cool, que se celebró en la Caja Mágica de Madrid los días 6, 7 y 8 de julio. Era la segunda edición y las comparaciones con la anterior, a la que también asistí, son inevitables. Además, este 2017 quedará marcado por el triste fallecimiento de un acróbata, llamado Pedro Aunión, durante la realización del número de su grupo de danza antes de la actuación del cabeza de cartel del viernes. Creo que estoy en disposición de hacer una valoración global de lo vivido.

El festival

El verano pasado salimos muy contentos del Mad Cool y con ganas de ver quién tocaba en 2017 para comprar nuestros abonos. El lugar estaba muy bien pensado, los conciertos fueron de muy alto nivel (The Who, Neil Young, etc.), los aseos estaban limpios, se compraba la cena de manera ágil y rápida, la oferta gastronómica era variada, pagar con la pulsera a través de la aplicación del evento estaba genial y la cola de los taxis a la salida era anecdótica.

Este año los recitales han estado bien, había dónde elegir para comer y la limpieza de los baños seguía siendo notable, pero en el resto de aspectos han empeorado. La razón puede estar en la venta de las 45.000 entradas de cada día, ya que el número de asistentes de 2016 fue el siguiente: 35.473 el sábado, 32.896 el viernes y 34.278 el jueves. El servicio de restauración lo alejaron de los escenarios importantes, puesto que sacaron los conciertos que el año pasado estaban en zonas interiores de los pabellones de la Caja Mágica a la zona que las casetas ocupaban en 2016. Esto suponía una pérdida de tiempo a la hora de la cena (franja horaria con actuaciones importantes), a lo que había que sumar largas esperas en todos los puestos de comida. Por otro lado, retirado el sistema de pago a través de la pulsera y de la aplicación móvil, algo novedoso que me gustó en el primer Mad Cool, se abonaban las consumiciones en efectivo o tarjeta.

La  cola de los taxis fue otro punto en el que han pinchado tras el buen funcionamiento del año pasado. Por poner un ejemplo, el viernes estuvimos en la cola desde las dos y media de la madrugada hasta las cuatro. Supongo que esto no es algo que gestione de manera exclusiva la organización, pero siendo la tónica de los tres días uno piensa que algo se podía haber coordinado entre el Mad Cool y las autoridades competentes.

En definitiva, es una pena que después de la grata experiencia del primer año surjan este tipo de inconvenientes. ¿No compensa vender algunos abonos menos para poder dar un mejor servicio? ¿Son necesarios cinco escenarios? Por cierto: uno de ellos estaba situado en la nueva ubicación de las casetas de la comida, convirtiendo los conciertos de la hora de la cena en mera música de fondo. No fui el único al que le pareció un poco humillante para las bandas.

Los conciertos

Foo Fighters sobresalía en el cartel por encima de los demás en la jornada inaugural. Foals o Quique González lograron congregar a muchos fieles y los vizcaínos WAS eran un digno final de fiesta, pero todas las miradas apuntaban a los estadounidenses. La banda liderada por el carismático Dave Grohl, exbatería de Nirvana, ofreció un espectáculo irregular. He leído grandes críticas y me atrevo a decir que muchas de estas estaban escritas por la tarde. El concierto fue notable, pero compaginaron tramos brillantes (en los que sonaron “All My Life”, “Times Like These”, “Run” o la final “Best Of You”) con otros en los que era sencillo desconectar. Tenía muchas expectativas y llegaba entusiasmado a su directo, pero me temo que no cumplieron al 100% lo que esperaba de ellos.

El viernes, Green Day ofreció el directo más completo de los tres días de festival. Los chicos capitaneados por Billie Joe Armstrong hicieron gala de una gran profesionalidad en las más de dos horas de concierto. Conectaron desde el primer acorde con un público al que invitaron al escenario para cantar algunas estrofas de sus canciones. En “Bang Bang” cargaron con dureza contra Donald Trump (al que Armstrong imitó con una máscara) y en “Knowledge” contaron con la colaboración de los Rancid. Todos los cortes, desde “Welcome To Paradise” a “Revolution Radio” pasando por “King For a Day”, sonaron de lujo. Uno de los momentos más emocionantes del show fue cuando interpretaron “Jesus Of Suburbia”, que se ha convertido en un clásico de algo más de nueve minutos, donde Mike Dirnt estuvo pletórico al bajo. Por su parte, los antes citados Rancid ofrecieron un directo contundente y sin rodeos antes de unos Alt-J muy aclamados pero con poca pegada.

Wilco era uno de los grupos que más me apetecía en la jornada final del Mad Cool. Sonaron correctos, pero faltos de ritmo en algunos tramos del concierto. En cambio, Manic Street Preachers dieron un concierto muy bueno, entretenido y que fue de menos a más. Destacaron mis acompañantes el buen trabajo de Fuel Fandango, que contó con un ejército de seguidores frente a su escenario. El cabeza de cartel era Kings of Leon, que me decepcionaron cuando los vi hace algunos años. El directo estuvo en la línea de lo que me esperaba. Su sonido fue correcto y actuaron con exquisita profesionalidad, pero son algo repetitivos y solo chispazos como “Sex on Fire” hicieron salir del letargo a gran parte del respetable.

La muerte de Pedro Aunión

Han corrido ríos de tinta sobre el terrible accidente que le costó la vida al acróbata Pedro Aunión. El viernes, antes de la actuación de Green Day, cayó desde una altura de cuarenta metros cuando realizaba un número frente al escenario principal en honor a Prince. El festival continuó por recomendación de la Policía Nacional, según ha informado la organización. Mis acompañantes y yo no nos enteramos hasta que el concierto de la banda estadounidense estaba mediado y toda la información nos llegaba a través de las redes sociales. Nunca he organizado un evento al que acudían 45.000 personas y creo que es sencillo dar lecciones de cómo tenían que haber actuado sin tener responsabilidades en el asunto.

En el momento pensé que había que suspender la jornada y luego entendí algunas de las razones policiales para no hacerlo (avalanchas, problemas de orden público, disturbios, etc.). A día de hoy, asumo que podía ser precipitado que Green Day no ofreciera su directo cuando estaban ya listos para salir al escenario, pero creo firmemente que las más de dos horas de concierto que ofrecieron suponían un margen suficiente para publicar un comunicado y no mantener un silencio total. Del mismo modo, creo que tanto el público como las bandas habrían entendido que se suspendiera todo lo que quedaba de programación aquella fatídica noche. Es más, Slowdive decidieron por su cuenta no actuar.

Espero que termine de aclararse qué sucedió y que la investigación dé sus frutos. Lamento profundamente la muerte de Pedro Aunión. Fue, sin duda, la nota triste de lo que tenían que ser tres días de fiesta. Descanse en paz.

Actualización: comunicado de la familia Aunión y Mad Cool Festival (14 de julio)

“Pedro Aunión era un gran artista, que siempre luchó para mostrar y compartir su talento con el público. Fue innovador, valiente y creativo. Creador de sus propios espectáculos que se caracterizaban por tener una personalidad propia, encontró en Mad Cool la plataforma perfecta para difundir su talento y su calidad artística.

Transcurridos unos días desde la realización del festival y como consecuencia del terrible accidente de nuestro compañero y familiar Pedro, queremos aclarar determinados aspectos relativos acerca de cómo se desarrollaron los hechos.

El espectáculo, creado por el mismo Pedro, había sido realizado con gran éxito en múltiples ocasiones y, en cualquier caso, los servicios de emergencia actuaron en cuestión de segundos, con gran profesionalidad y eficiencia, nada más producirse el accidente. Una ambulancia se encontraba ubicada junto a la zona del número de danza aérea, de forma preventiva, pudiendo actuar, lógicamente, de manera inmediata. Además, una ambulancia del SAMUR ya presente se activó también al operativo. Este accidente puso en marcha un dispositivo de seguridad y emergencias formado por los distintos cuerpos de seguridad, locales y del Estado, además de una unidad de asistencia psicológica.

La organización manifiesta que si bien es cierto que se suspendió el último ensayo general del miércoles por razones climatológicas, anteriormente la dirección del festival sufragó y grabó tres días de ensayos previos a la puesta en escena del número en el festival fuera del propio recinto y, posteriormente, se hizo también un ensayo general el martes ya dentro del recinto, y que la escueta redacción del primer comunicado, y el tiempo en el que es publicado, responden a una orden directa de la Policía judicial acerca de no facilitar ninguna información que pudiera entorpecer una investigación en curso.

Una responsable de la Organización, con funciones de producción artística, acompañó a los familiares de Pedro, quienes en ese momento estaban presentes. El resto de responsables de la Organización se distribuyeron para atender a la Policía judicial y a las autoridades de emergencia en todo lo que se le requiere, así como a la gestión del propio accidente. Uno de los directores se pone en contacto, esa misma noche, con una de las hermanas para mostrarle su respeto, apoyo y cariño y se puso a su total disposición con cualquier necesidad que tuviera la familia.

A la mañana siguiente, sábado, la línea de comunicación se mantiene igual de estrecha y cordial y este mismo directivo es, además, por la tarde, quién acude al tanatorio en nombre de la Organización. Y sin embargo, a pesar de esto, y ante un drama de tal magnitud, todo lo que se haga, nunca es suficiente.

Siguiendo la propia experiencia de la Organización y los criterios de los expertos de los distintos cuerpos de seguridad del Estado, ambos organismos asumieron de común acuerdo no suspender los conciertos ya que existía más riesgo en el desalojo del público asistente que en lo contrario. Ante el desconocimiento de gran parte del público de lo sucedido, un desalojo precipitado podría haber causado situaciones no deseadas de inseguridad para el público asistente.

La familia y Mad Cool Festival, desde el principio, han respetado que las causas del accidente deben de ser valoradas, exclusivamente, por las autoridades judiciales y es por eso, que nunca se han realizado, ni se realizarán, declaraciones sobre las mismas.

Una vez más, la familia y Mad Cool festival, queremos agradecer el rigor profesional y la alta capacidad de los responsables de los cuerpos de seguridad del Estado, locales y sanitarios.

Los familiares de Pedro Aunión solicitan a los medios de prensa y comunicación en general que respeten sus momentos de duelo y, en todo caso, la privacidad y memoria de Pedro Aunión, ya que no era un personaje público, sino un artista desarrollando su trabajo, cuyo fallecimiento y causas del accidenten están siendo investigados judicialmente y, por tanto, legalmente bajo secreto hasta el acto de juicio público, si es que este llegara a celebrarse, y cualquier violación de dicho secreto será oportunamente denunciado, ya que solo contribuiría a incrementar innecesariamente el dolor de amigos y familia.

Tanto Mad Cool como la familia del artista están en continuo diálogo y contacto para, en primer lugar, sobrellevar esta desgracia y, posteriormente, facilitar la aclaración de lo sucedido como es el expreso deseo de ambas partes. Una vez concluido este fin, ambas partes trabajarán juntos para que la memoria de Pedro perdure en el tiempo, generando un espacio de creación artística dentro del evento que llevará su nombre. Este espacio “Pedro Aunión” contribuirá a paliar la falta de lugares y oportunidades que experimentan otros artistas para mostrar su talento, y de esa manera no tener que emigrar buscando oportunidades. Trataremos conjuntamente que los deseos y sueños de Pedro queden reflejados en este espacio creativo y así honrar su memoria.

Para su familia, y para todas las personas que conforman Mad Cool, lo más importante es la ausencia de Pedro, que siempre será injusta, inmerecida y dolorosa para sus amigos y familiares, sea cual sea la causa de la misma”.

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Sorrentino: el musical

Paolo Sorrentino nació en Nápoles. Perdió a sus padres a causa de una fuga de gas cuando tenía 17 años. A los 25, abandonó los estudios de economía y comercio que cursaba en aquel momento y se dedicó a tiempo completo al cine. Sus obras no destacan por su ritmo trepidante, pero sí por una cuidada estética o por la construcción de los personajes.

De entre sus creaciones, he tenido el placer de disfrutar de Il divo, La gran belleza, La juventud o la serie de televisión The Young Pope (emitida por HBO). En todas ellas, siempre me han llamado la atención esos chispazos musicales que incluye y la forma en la que los introduce. En la primera película, centrada en la figura del controvertido político italiano Giulio Andreotti, me resulta muy estimulante cómo juega al comienzo con “Toop Toop” de Cassius.

Siguiendo con La gran belleza, una vez más encontramos un comienzo arrollador. Une el “A far l’amore comincia tu” de Raffaella Carra con “Mueve la colita” de Balli di gruppo mientras deja en evidencia las miserias de la sociedad italiana en una fiesta de lo más decadente y chusca.

Ritmos más melódicos y agradables son los que dan el pistoletazo de salida a La juventud. The Retrosettes, dúo de Manchester reconvertido en banda que ha puesto a la venta hace algunos meses el álbum 1, 2, Yes, Go!, interpretan con elegancia “You Got The Love”. Sucumbí a la tentación y reconozco haberle dado varias vueltas al redondo completo. Se escucha fácil y con ganas. Incluyen algunos guiños a otros grupos interpretando sus composiciones con un toque muy personal.

La serie The Young Pope, por su parte, comienza con una atrevida introducción en la que “(All Along The) Watchtower”, versión revisada de Jimi Hendrix interpretada por Devlin, se mimetiza a la perfección. Avanzada la temporada, el baile final de uno de los capítulos con Nada interpretando “Senza un perché” es uno de los grandes momentos musicales. HBO ya ha confirmado que habrá una segunda temporada después del éxito de la primera.

Las incursiones musicales del director napolitano sirven para potenciar el sabor de sus largometrajes. Sabe qué debe sonar y cuándo es el momento adecuado. Espero con ganas para ver con qué se presenta en sus próximas obras.

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Los despedí desde Berlín

El 23 de julio de 2011 llovía en Berlín. Pese a ser pleno verano, la capital alemana presentaba una jornada desapacible en lo meteorológico y, al mismo tiempo, excitante en lo cultural y turístico para un servidor. Me hospedaba junto con otros tres amigos en un hostal joven de la calle Helsingforser, relativamente cerca de la East Side Gallery y en las proximidades de la estación de Warschauer Straße.

Tras un día pasado por agua, buscamos cobijo en nuestra momentánea morada y, en una sala común con televisión y una nevera llena de cervezas Berliner, nos enteramos de la muerte de Amy Winehouse. Aquel verano tenía que actuar en el Bilbao BBK Live, pero ya había suspendido su presencia por motivos de salud. No pintaba nada bien aquella cancelación. La víspera, el día 22, tuvimos noticia en el mismo lugar del trágico atentado en Oslo y en la isla de Utøya (Noruega), que se saldó con 77 muertos y 96 heridos.

En marzo de este año regresé en distintas circunstancias a Berlín. Es una ciudad a la que hay que regresar, en la que hay que renovar lo que se vio y conocer nuevos lugares que se quedaron sin explorar. Dos factores se repitieron: llovió (a ratos con ganas) y falleció otro mito de la música, aunque esta vez pertenecía a otra generación. Charles Edward Anderson Berry, más conocido como Chuck Berry, se fue el 18 de marzo de 2017. Parecía inmortal. Fue uno de los padres del rock and roll y en su legado encontramos cortes como “Johnny B. Goode” o “Maybellene”. Sobre la cama, en un hotel cercano a la Potsdamer Platz, hice sonar su música en mi teléfono móvil a modo de homenaje.

No creo es el más allá y sí creo firmemente que fue una coincidencia. Macabra, sí, pero coincidencia. Volveré a Berlín y no pasará nada. Ya verán. A la tercera va la vencida.

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Buscando a Joe Strummer por Granada

Tenía pendiente una visita a Granada y, en vísperas del día grande de los andaluces, allí nos plantamos. Tras recorrer a pie muchos de los lugares imprescindibles de la ciudad y saborear parte de su gastronomía, emprendimos el camino que conducía desde el centro a la placeta Joe Strummer. En el trabajo se habían encargado de recordarme su existencia y un seguidor de The Clash como yo tenía que acudir a este lugar de peregrinación. Previamente, me había informado de dónde estaba y de cómo era.

A muchos les pilla por sorpresa que este músico británico tuviera relación con el sur de la península ibérica. Nacido en Ankara (Turquía), de madre escocesa y padre oriundo de Lucknow (India), Joe Strummer era un enamorado de Andalucía, especialmente de Granada, y de la lengua castellana. Es más, una de las canciones más conocidas de los Clash, como es “Should I Stay or Should I Go”, tiene los coros en español. El documental Quiero una ferretería en Andalucía da buena cuenta de sus andanzas en el sur de España durante los años ochenta y noventa.

En el año 2011, varios colectivos granadinos empezaron a pedir una placeta para Joe Strummer y en 2013 se inauguró. Lucinda Garland, viuda del artista y su mujer entre 1993 y 2002, y sus hijas, Lola y Jazz, acudieron al acto. Incluso se improvisó una pequeña actuación con canciones del cuarteto de Londres.

Comenzaba a caer el sol sobre Granada y, tras reponer fuerzas en una tetería de la calle Calderería Nueva, llegamos al lugar. El chasco fue monumental: la placa que hace casi cuatro años destapó Lola Strummer estaba arrancada y el mural de El Niño de las Pinturas era una sombra de lo que un día fue. Al parecer, el grafiti se había deteriorado y, después de una reparación fallida, alguien terminó de estropearlo pintando por encima.

Reconozco que me fui consternado por el poco cuidado de algo tan especial. Algunos en Granada han olvidado pronto a Joe Strummer. Una pena. Avísenme si ponen todo en orden: cualquier excusa es buena para volver a la capital nazarí.

Fotografía de Juan Jesús García.

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Rock de avión

Lo del avión de los Iron Maiden es, cuando menos, curioso. Resulta que la banda heavy viaja desde este año en un aeroplano propio que pilota el mismísimo Bruce Dickinson, cantante. Él no era un novato en estas funciones, pero para llevar semejante nave (en la que cargan las doce toneladas de material que transportan de ciudad a ciudad) ha tenido que sacarse una licencia especial. El aparato se llama Ed Force One, que es un juego de palabras que combina el nombre de su mascota (Ed) y el del avión del presidente de los Estados Unidos (Air Force One).

En total, tiene veinte asientos de business y 54 de turista y lo utilizan, además de para llevar el material, para el transporte de la banda, los técnicos o los familiares. Los británicos puntualizaron cuando allá por febrero presentaban el avión que cuando acabasen de girar por Oceanía, Asia, América o África, se plantearían volver a los tradicionales camiones y furgonetas por las distancias más cortas existentes dentro del continente europeo. Dickinson, además de ser cantante, productor musical y piloto, conduce una empresa de mantenimiento llamada Cardiff Aviación.

Esta aventura no ha estado exenta de sustos. El Ed Force One  sufrió en el mes de marzo un accidente en la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, de Santiago de Chile. La biela del vehículo que estaba remolcando el avión se cortó y lo dejó sin dirección, con tan mala suerte de que estaba en movimiento y colisionó con un vehículo que se encontraba en la pista.

Lo cierto es que siempre ha existido una unión entre el mundo de la música y los aviones. Eso sí, tal vez no tan estrecha como la de los Maiden y el Ed Force One. Por ejemplo, la banda estadounidense Lynyrd Skynyrd, los del “Sweet Home Alabama”, sufrieron un terrible (y mortal) accidente aéreo en enero de 1977. Una anécdota más alegre es la que protagonizó Joaquín Rodríguez, exbajista del mítico grupo Los Nikis, madridista confeso… y piloto de avión. En el año 2014, le tocó llevar al FC Barcelona desde Ámsterdam a la ciudad condal tras un partido de Champions League, pero los dejó tirados en el Schipol, aeródromo de la capital de Holanda, por una avería. Terminó haciendo amistad con los futbolistas culés.

El rock y los aviones; qué cosa.

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Antes y ahora

Siempre he dicho que fuimos unos acomodados. Teníamos un grupo de música punk-rock y algún familiar vino a recogernos tras algún concierto cuando no había transporte público para volver. Sí, transporte público, han oído bien. Éramos bastante niños y no teníamos coche. Cuando nos llamaban de Oñati, Markina-Xemein o Arrasate, teníamos que liar a algún amigo que sí lo tuviera para que nos llevara a cambio de la cena y una propina. Lo primero sí que lo aceptaban, pero lo segundo no. Así son los amigos. Algunos pensarán que así es más difícil forjar un carácter aguerrido, sufrido y combativo como el que tenían en los ochenta. Puede ser; yo qué sé.

Ensayábamos los sábados por la mañana porque nuestros estudios nos lo impedían hacer entre semana. Íbamos a la Musika Eskola de Atocha y nos encerrábamos cuatro horas, de diez a dos, en una de sus salas. Al principio pagábamos por cada sesión, pero luego disfrutamos gratis del servicio por haber colaborado con el centro en una obra de teatro. Pasamos tres días en el Victoria Eugenia preparándolo todo con el resto del elenco. Teníamos que tocar un chachachá y un rock and roll en un momento de la representación que en el que se formaba una especie de verbena. Nos salió de lujo.

En definitiva, éramos unos chavales que tocaban macarradas por diversión y sin ninguna intención de triunfar. Oye, que si hubiéramos podido vivir de la música habría estado genial, pero no teníamos tanto talento. Nos preocupábamos de sonar lo mejor posible y de pasarlo bien. Duramos un lustro o algo más, no lo recuerdo bien, y siempre tuvimos los pies en el suelo.

Recientemente, tuve que redactar cuatro críticas de discos de bandas modestas. Uno era de unos cuarentones que se habían quedado algo anclados en los años noventa. Las otras tres referencias eran de gente más joven y estaban bastante bien en lo que a lo musical se refiere, pero no quiero poner el acento en ese aspecto. Lo que me llamó la atención es el tiempo y la energía que gastan en sacarse unas fotos súper profesionales y en buscar adjetivos repipis para definir su sonido. Pudiera parecer que están más preocupados en parecer estrellas que en serlo.

En mi periplo por los escenarios, defendí que los conjuntos tenían que cuidar su imagen teniendo unas fotos apañadas para cualquier asunto que lo requiriese o actualizaran convenientemente las redes sociales. Eso sí, aunque no lo diga, creo que debe primar el hecho en sí de hacer música y, sobre todo, que se disfrute con ello. No ha pasado tanto tiempo de aquellos viajes en bus con los instrumentos en el maletero a, por ejemplo, Asturias en el Alsa, pero tengo la sensación de que las cosas han cambiado mucho. Cada vez se tiene más en cuenta salir divinos en el Instagram o las descripciones pedantes de las canciones propias y menos el lado más genuino de tener un grupo y vivir la experiencia. ¿Me estaré haciendo mayor?

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