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Categoría: NBA
Un ciudadano NBA paseando por Donostia

Un ciudadano NBA paseando por Donostia

El primer fin de semana de este presente mes tuvimos la oportunidad de conocer muy de cerca a un jugador de la NBA.

Anderson Varejao estuvo en la Fan Zone NBA que se instaló en Sagües desde el viernes 2 al domingo 4 de junio, que la lluvia intentó estropear pero no lo consiguió.

El pívot brasileño ha jugado durante 12 temporadas en Cleveland y esta pasada lo ha hecho en los Worriors. Antes de ir a la NBA jugó 2 años en Barcelona donde ganó 2 Ligas ACB, 1 Copa y 1 Euroliga. Su carrera profesional comenzó en el Franca B.C. Brasileño donde estuvo 4 cursos baloncestísticos y logró ganar 2 Ligas, 1 Copa Panamericana de Clubes y fue nombrado MVP de la Liga Brasileña en el año 2001.

Varejao o “Wild Thing” también ha logrado 2 Oros con su selección en los Campeonatos FIBA de las Américas, además de otra Plata y de un Oro en los Juegos Panoamericanos defendiendo los colores de la “canarinha”.

Más allá de los méritos personales del bueno de Anderson, quiero destacar el poder de convocatoria de la NBA, al realizar este tipo de actividades lúdicas, gratuitas y al alcance de cualquier persona aficionada al baloncesto en general y a la NBA en particular. No todos los días tenemos la oportunidad de conocer a un jugador de la mejor liga del mundo.

De esto podrían aprender los equipos de baloncesto de Europa. De hacer este tipo de actividades en la calle para hacer llegar a toda la gente el amor y pasión del baloncesto. La ACB y la Euroleague han crecido en los últimos años, pero creo que tanto la liga doméstica como la europea deberían acercarse más a estos eventos.

Guzmán Villardón

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EL NIÑO QUE SOÑABA CON CONOCER A CURRY.

Me llamo Ibai, tengo nueve años. Sueño con ser jugador de baloncesto y me gustaría entrevistar a Stephen Curry”.

Así comenzaba la emotiva carta que le escribió un niño de tercero de primaria a su profesor en un trabajo de Lengua. Dicho ejercicio, tan sólo era un trabajo donde tenían que practicar la escritura y aprender cómo es la estructura de una entrevista.

Lo que me hizo reflexionar de esta sencilla entrevista era que un niño de tan sólo 9 años pensara en Stephen Curry para su entrevista virtual y no fuera otro candidato, como pudiera ser los clásicos Ronaldo y Messi.

Cierto es que dicho niño juega a entrenar a baloncesto con su padre y el padre entrena con su hijo mientras juega él.

Está claro que Curry es una estrella dentro del mundo del deporte, comparable a las otras dos reseñadas en las líneas anteriores, pero desde este pequeño lugar del mundo donde nos encontramos, querer entrevistar a Curry en vez de a otros deportistas más cercanos, denota una dimensión más global del deporte y me arriesgaría a decir, incluso de la vida.

A continuación os trascribo la entrevista:

Ibai: ¿Qué ha comido para ser jugador de baloncesto?

Curry: Se ríe.

I: ¿Cuántos días entrena en una semana?

C: Todos.

I: Eres uno de los máximos anotadores de triples de la NBA, ¿cómo te sientes?

C: Feliz

I: ¿Entonces eres el mejor jugador de la liga?

C: No lo sé, eso no tengo que decirlo yo. Pero intento ser uno de los mejores.

I: Cuando eras pequeño, ¿quién era tu ídolo?

C: Michael Jordan.

I: Dime uno de tus jugadores favoritos de la NBA.

C: Pau Gasol.

I: Gracias por la entrevista.

C: De nada.

Me maravilla que un niño decida entrevistar, aunque sea virtualmente, a un jugador de baloncesto con tanta megaestrella a su alrededor. Cierto es que Curry trasciende fronteras y que de igual manera es tan galáctico como otros, o más.

Lo que está claro es que el amor de este niño por el baloncesto es un pilar importante que sin duda le hará crecer fijándose en el MVP de la NBA.

Ibai; no sé si tu sueño de ser jugador de baloncesto se hará realidad, no sé si un día entrevistarás a Curry; lo que sí es cierto es que a día de hoy, nosotros ya nos hemos fijado en esta pequeña y sencilla historia de nuestros días, y tú eres el protagonista.

Guzmán Villardón.

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Gregg Popovich: De la CIA a las canchas.

Su figura define a la perfección la palabra de entrenador. Es el jefe, pero también es el maestro, el confidente, el amigo, el padre, es todo lo que necesita ser un entrenador. Siempre encuentra la manera de llegar a los demás, a ese punto recóndito de su mente, donde es capaz de escucharte. Eso le convierte en uno de los mejores entrenadores y en el más especial. Con más de 1.000 victorias en su poder, 3º en lograrlo antes y 2º en porcentaje de victorias, atesora 3 galardones a entrenador del año.

La imagen que proyecta al exterior, su disciplina y su pasado militar, hacen que el apodo de sargento le venga como anillo al dedo. De carácter hosco y  semblante serio, es difícil verle sonreír. Frío en la distancia y cálido en la cercanía, su forma de ser le convierte en coleccionista de anécdotas. Sin pelos en la lengua, dice lo que piensa.

Al igual que el buen vino, el de Indiana y los Spurs, mejoran con el tiempo. Los éxitos de Pop, son los éxitos de los del Álamo y viceversa. Una convivencia perfecta, que dura ya más de 20 años.

La clave está en buscar el bien común. Cuidar los unos de los otros. Para tener un buen equipo, no es necesario tener a los mejores jugadores, basta con tener a aquellos que sean los mejores dejándose entrenar, que quieran aprender. Esos son ganadores. Una filosofía que ha cuajado a la perfección en una franquicia que se le conoce por ganar, más cerca del modelo universitario que del profesional. Con 5 títulos bajo el brazo desde la llegada de Pop, esta es la 20º campaña que disputarán los playoffs de manera consecutiva.

 

Pero, ¿Cómo empieza la relación Popovich-Spurs?

 

De padre serbio y madre de descendencia croata, el pequeño Greeg se crió en Merrillville (Indiana). Buen estudiante desde el principio, no tuvo problemas para graduarse en Merrillville High Scholl en 1966. Después daría el salto a la Universidad de la mano de las Fuerzas Aéreas (Air Force Academy), donde jugó 4 años al baloncesto. En aquel entonces ya se podía ver a un Popovich combativo. Sin ser un gran jugador, acabó siendo capitán y máximo anotador del equipo en su último año. Pero además, era inteligente e inquieto, una mezcla perfecta que le convirtieron en una rata de biblioteca. Sus raíces hicieron el resto, graduándose con una Licenciatura en Estudios Soviéticos.

Estamos en 1970 y a Pop le esperaban 5 años de servicio militar, donde viajaría por toda Europa Oriental y la vieja Unión Soviética, formando parte del equipo de las Fuerzas Armadas. Pero el conocimiento adquirido sobre la Unión Soviética, así como sus origines, no pasaron desapercibidos para la CIA. El de Merrillville, que tuvo entrenamiento sobre inteligencia, llegó a trasportar armas entre la frontera de Irán y Siria. Aunque su trabajo nada tuvo que ver con el de James Bond, según el propio Pop, al que no le gusta hablar demasiado del tema.

En sus 5 años de servicio, le dio tiempo de aprender muchas cosas, entre las que el vino ocupa un lugar preferente. Fue en el valle de Napa, donde dio sus primeros pasos en la materia. Junto a un amigo y en unas bodegas baratas y no muy frecuentadas, despertó el interés del entrenador. Después le siguieron varios cursos de enología y a día de hoy se le puede considerar un experto en vinos. Con más de 3000 botellas en la bodega de su casa, es uno de los propietarios de A to Z Winerkorks. Sin duda, un buen vino, puede ser una de las mejores formas para romper el hielo con él.

Pero sería en 1973, cuando tomaría una decisión que a la postre marcaría su futuro. Dejó de correr por las canchas para convertirse en asistente del gurú defensivo Hank Egan. Un sabelotodo, como él mismo ha reconocido, devoraba libros de todo tipo. Con el baloncesto como tema fetiche, quería encontrar el modo de hacer llegar a los demás su forma de ver el baloncesto. Su obsesión por la pelota naranja, le llevó a sacarse un Máster en Educación Física y Ciencias del Deporte, mientras trabajaba como asistente en Air Force Academy.
Tras 6 años al lado de Egan, había llegado el momento de que Popovich volara solo. La nave que debía pilotar sería la de Pomona-Pitzer, un programa que unía a 2 escuelas. Popo, como le llamaban en la Universidad, se instaló en un dormitorio de estudiantes junto a su mujer y sus dos hijos. Aunque la misión del entrenador no sería fácil. Sin apenas recursos, ni becas que poder ofrecer, debía confeccionar un equipo competitivo. Pero Pomona-Pitzer había escogido al hombre perfecto. Su experiencia en las Fuerzas Aéreas había perfeccionado, aun más, ese don de saber rodearse bien, de escoger a las personas adecuadas. A pesar de que los inicios no fueron fáciles, acabando la primera temporada con un balance 2-22, la confianza sobre el entrenador se mantuvo intacta. No era un proyecto que precisara resultados inmediatos, debía ser un trabajo a largo plazo. Esa confianza, unida al esfuerzo y buen hacer de Popo, le llevarían a ganar el título intercolegial de Southern California tras 68 años de frustraciones. Había conseguido hacer de un proyecto perdedor, uno campeón. El trabajo había sido impecable.

Pero para el actual entrenador de los Spurs, nunca es suficiente, quería más. Ese ansia de mejorar, le hizo tomarse un año sabático en Pomona-Pitzer y unirse como asistente a Larry Brown en Kansas State. Una experiencia enriquecedora, que sin duda iba a marcar su futuro. Tras un año al lado de Brown, el de Indiana volvía a  Pomona-Pitzer tal y como había prometido. Aunque esta vez, su estancia no se prolongaría por mucho tiempo. Larry Brown fue otra vez el culpable.

 

1ºEtapa en los Spurs

 

Tras asistirle en Kansas State, Larry Brown no dudó en llamar a Popovich para que este volviera a ser su mano derecha en el banquillo. Eso sí, esta vez, el escenario sería bien distinto. Ni más ni menos que la NBA.

Pero la impaciencia del propietario en aquel entonces, Red McCombs, cansado de la poca rentabilidad de la franquicia y de que los títulos no llegaran, decidió que la aventura durara tan solo 4 años. Su decisión no fue otra que cortar el “problema” de raíz y despedir a todo el cuerpo técnico.

A Popovich le había llegado el momento de despedirse de la que había sido su primera experiencia en la NBA. Pero no sería un adiós, más bien un hasta luego. Tras 2 años como asistente de Don Nelson en los Warriors, 1992-94, el de Indiana volvía a los Spurs, esta vez como General Manager.

 

2ºEtapa en los Spurs

 

Era 1994 y los Spurs cambiaban de manos. Peter Holt se hacía con el control de los de San Antonio y quería a Popovich con él. El tiempo se ha encargado de demostrar que no se equivocaba. Nada más aterrizar, Pop demostró que con él no valen las tonterías y una de las primeras cosas que hizo, fue traspasar a Dennis Rodman. Pero sería en 1996 cuando empezó a gestarse todo. Tras un mal arranque de temporada, el de East Chicago tomó la decisión de cesar al entonces entrenador Bob Hill y ponerse a él mismo como entrenador principal. Una decisión arriesgada que no caló en el aficionado y que vino acompañada de abucheos. Pero si algo le sobra a Pop, es carácter. Aunque aquella desastrosa campaña, tuvo su lado bueno. El haber quedado tan abajo en la clasificación, les daba la oportunidad de escoger a Tim Duncan en primera posición del draft de 1997 y marcar un punto de inflexión. Con la llegada del número 1 del draft, que se sumaba a la estrella David Robinson,  formaron las “torres gemelas”.
Un juego interior temible, que pronto empezaría a dar sus frutos. Aquella temporada, pasaron de no entrar en playoffs a llegar a Semifinales de Conferencia tras conseguir un balance de 56 victorias y 26 derrotas. Para entonces ya se podía ver el trabajo de Pop. Con un estilo marcado por los hombres que había tenido cerca, Popovich combinaba el movimiento sistemático de Bob Spear, junto a una excelente defensa heredada de Egan y Brown. Construyendo desde la defensa, con Avery Johnson como su extensión dentro del rectángulo de juego y las torres gemelas sembrando el pánico en la pintura, los de negro y plata se hacían con el anillo en 1999. Tres temporadas le bastaron a Popovich para demostrar de lo que era capaz. Pero aquello tan solo era la punta del iceberg. Los del Álamo no iban a ser algo efímero, habían llegado para quedarse.

En 2003, ya con Manu Ginobilli (pick 57º) y Tony Parker (pick 28º) en el equipo, los texanos lo volvían a hacer. Se proclamaron campeones de la NBA por segunda vez en la historia de la franquicia y con Gregg Popovich ganando el premio a entrenador del año. Pero a la vez que alzaban el trofeo de campeón, había llegado la hora de decir adiós a su estrella David Robinson. Un adiós que sembraba dudas sobre el futuro de la franquicia. Era época de transición y Pop tenía mucho trabajo por delante. Tim Duncan necesitaba unos buenos escuderos y unas elecciones 28º y 57º del draft no invitaban precisamente al optimismo. Pero Popovich daba su primera lección de como se debe llevar a cabo una transición. Como a él más le gusta, en silencio, sin hacer ruido. Había pasado de las “torres gemelas” al “big three” en un abrir y cerrar de ojos. El francés y el argentino serían los encargados de acompañar a Duncan en su camino hacía el título.

Un anillo que volvería a San Antonio en 2005 y 2007, consagrando a los Spurs como una de las mejores franquicias. 3 títulos en 5 años. Simplemente brutal. Sin ausentarse de los playoffs, sin bajar de la barrera de las 50 victorias (salvo en la 98/99 debido al lockout), los Spurs siempre han estado ahí.

Hubo que esperar algo más de tiempo para ver a los del Álamo alzar su 5º título, aunque tampoco demasiado. En 2014 se hacían con el que podía ser el último anillo del “big trhee”. Pero nunca se puede decir nunca con Pop. Con su tercer título a entrenador del año, (2003,2012 y 2014) y mientras los rumores de la retirada de Duncan y Ginobili sobrevolaban el AT&T Center, el entrenador ya tenía en marcha una nueva transición. Otra vez gestada sin que nadie se diera cuenta. Sacrificando lo personal por lo colectivo. Pop se había desprendido de uno de sus jugadores favoritos, George Hill, a cambio del que acabaría siendo el MVP de las finales del 2014, Kawhi Leonard. La transición ya había empezado y nadie se había dado cuenta.

En 2015, se le ponía la guinda al pastel con la incorporación de LaMarcus Aldridge en la Agencia Libre. Esta vez se pasaba del “big three” al binomio Kawhi-Aldrige, pero sin perder al trío de oro. El resultado no podía ser otro que el que estamos viendo. Unos Spurs que juegan a lo de siempre, pero lo hacen como nunca. Rompiendo todo tipo de registros, han batido el récord de victorias de la franquicia en una Regular Season.

A pesar de su edad, 67 años, a Gregg Popovich todavía le queda cuerda para rato. A partir del 2017 no solo se encargará de dirigir a la franquicia de Peter Holt, sino que también se encargará de llevar las riendas del combinado nacional de su país.

Solo él, sabe la parte de la historia que le queda por escribir.

 

Egoitz Arizmendi

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La otra cara de Stephen Curry

“LOCK IN”. Ese es el mensaje que publica Stephen Curry antes de cada partido en las redes sociales. Esa es la forma que tiene el MVP de hacernos saber que ya está en el vestuario, listo para brindarnos otra gran actuación.

Pero esta vez iba a ser diferente. Desgraciadamente. Antes del partido que enfrentaba a los Warriors y a los Knicks, el de Ohio publicaba su habitual tweet. Sin embargo, esta vez incluiría el hashtag #33forever.

 



 

Un hashtag que hace referencia a una joven de 17 años que falleció este pasado domingo en un trágico accidente de tráfico.

Tras este triste incidente, el centro donde estudiaba, Lakewood High School, decidió ponerse en contacto con el base para que este tuviera un gesto con la recientemente fallecida Mackenzie Fores.

 

 

 

Tras leer este mensaje, Curry no dudó en coger su móvil y dedicarle el tweet a una gran fan como Lil Mac.

Un pequeño gesto, que todavía hace más grande la leyenda de Stephen Curry.

 

Egoitz Arizmendi

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Isaiah Thomas: El tamaño no importa

Nacido en Tacoma,  una ciudad portuaria a 51 Km de Seattle, su vida siempre estuvo ligada al baloncesto. La culpa la tendrían aquellos Pistons que a finales de los 80 irrumpían como único equipo capaz de acabar con la hegemonía de Lakers y Celtics. Con un estilo de juego diferente al resto, mucho más duro y agresivo, a veces incluso rayando lo ilegal, se ganaron el sobrenombre de “Bad boys”. Pero había un jugador que destacaba sobre el resto, un asesino con cara de niño, al que apodaban “Zeke”. Allí por donde pasaba, no dejaba indiferente a nadie. Lo amabas o lo odiabas, así era Isiah Thomas.

Corría el año 89, cuando un aficionado de Los Ángeles Lakers, a punto de estrenar paternidad, decidió hacer una apuesta con un amigo. Si los de la MoTown eran capaces de eliminar a los Lakers en playoffs, el hijo que esperaba se llamaría Isiah Thomas.

Aunque los Pistons acabarían barriendo de la pista a los Lakers, no hizo falta esperar tanto para saber el nombre de aquel niño. A pesar de nacer en febrero y sin saber lo que el futuro depararía a aquellas dos franquicias, el padre ya había decidido que su hijo llevaría el nombre de aquel genial base. Pero como esto suele ser cosa de dos, faltaba la opinión de la madre. De creencias religiosas,  solo pondría una condición: que en vez de Isiah, se llamara Isaiah, un nombre con significado bíblico.

Su Tacoma natal fue testigo de sus primeros años de vida. Matriculado en Curtis Senior High school, el pequeño Isaiah nunca destacó por ser un buen estudiante. Se pasaba el día haciendo lo que más le gustaba, jugar al baloncesto. Un balón y una canasta le bastaban a aquel niño para ser feliz. No importaba que el sol se hubiera escondido, siempre era pronto para irse a casa. Una de esas noches, en las que Isaiah había decidido que todavía era pronto para coger el camino de vuelta, coincidió con la visita de Jason Terry a su padre. Serían las 9 o las 10, cuando de pronto, el entonces base de los Atlanta Hawks , escuchó algo en la parte trasera de la casa y se asomó para ver lo que sucedía. Cuando salió al patio, se encontró a Isaiah lanzando a canasta. Lo que para el sería una sorpresa, para el pequeño de los Thomas era algo cotidiano.

Pero en ocasiones el destino es caprichoso y nos pone obstáculos en el camino, siendo nuestra fuerza de voluntad la que determina si somos capaces de superarlos o no.

A Thomas le había tocado lidiar con su estatura, un fantasma que le iba a perseguir toda la vida. Por más que corriera, siempre lo tendría detrás. Podía dejar que ese fantasma lo atrapara y que sus sueños se esfumaran. O por el contrario, podía enfrentarse a él y vencerlo. Luchador de forma de ser, escogió la segunda opción. Su corta estatura no le impediría jugar al baloncesto, solo le haría diferente. Debía trabajar más que el resto si quería prosperar. Pero a base de mucho esfuerzo y una ética de trabajo poco común para la edad, los resultados empezaron a llegar. Sus hazañas pronto empezarían a recorrer todo el noroeste del Pacífico. Se contaban historias similares a las de David y Goliat. Se hablaba de una especie de “Mighty Mouse” (superatón), capaz de derrotar a cualquiera que se le pusiera por delante, sin vacilación alguna, sin importar peso ni altura. La gente, ansiosa de conocer la veracidad de esas historias, se agolpaba para ver al pequeño Isaiah jugar.

Jamal Crawford, nativo de Seattle y héroe para muchos niños, también había oído hablar sobre “Mighty Mouse” y quería conocerlo. El 11 de los Clippers, que precisamente luce ese dorsal por Isiah Thomas, quedó prendado de aquel muchacho al que invitó a la Liga de Verano que él suele organizar. El de los Clippers, que a la postre acabaría siendo gran amigo de Isaiah, alucinaba con él. Un estudiante de secundaria dominándoles en la cancha. Aquel chico simplemente era increíble.

Pero la pasión por los libros, nada tenía que ver con la que mostraba por el baloncesto. Más bien todo lo contrario. Odiaba estudiar, parecía que le hiciera daño. Disperso, cualquier excusa era buena para dejar los libros a un lado. Las llamadas a casa de los Thomas por parte del profesorado del colegio, eran casi tan frecuentes como ver a Isaiah sobre cualquier cancha de basket. Era habitual que después del recreo, en vez de volver al aula, se quedara en el patio para poder jugar a baloncesto con niños mayores que él. Pero todo eso acabaría pasando factura al pequeño de los Thomas. A los 16 años, tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida. Tras repetir el 11º grado en el Curtis Senior High School, decidió cambiar de centro y marcharse a Kent (Connecticut). A 3.000 Km de su familia y con el baloncesto como único refugio, Isaiah debía graduarse para poder dar el salto a la Universidad. Los Huskies, equipo de la Universidad de Washington, le estaban esperando. No fue una decisión fácil, pero necesitaba de aquel sacrificio para poder tener éxito más adelante.Durante su estancia en Kent, Isaiah aprovechó para visitar a su nuevo amigo Jamal Crawford, entonces en los New York Knicks. A menos de una hora de distancia, era habitual ver a Thomas montado en un tren rumbo a la “Gran Manzana”. Allí aprovechaba para ver los partidos y entrenamientos de su amigo. No se perdía ni el más mínimo detalle, siempre quería aprender algo nuevo. Observaba la forma de andar de aquellos jugadores, como se relacionaban entre ellos, los hábitos que tenían y muchísimas cosas más. Pero cuando no estaba pensando en baloncesto, su cabeza estaba en Tacoma. Todas las noches, cuando la soledad se apoderaba de él, descolgaba el teléfono y llamaba a los suyos. Tantas eran las ganas que tenía de volver a su ciudad natal, que  una vez  llegó a inventarse una boda familiar para poder escaparse. Pero todo aquel sacrificio obtuvo su premio en forma de billete a la Universidad de Washington.

Nada más aterrizar en los Huskies, ya le comparaban con Nate Robinson, quien había dejado una huella difícil de borrar. Ambos de corta estatura, llevaban el dorsal número 2 a la espalda, aunque Robinson era mucho más atlético. Pero esas comparaciones no supusieron ningún tipo de presión sobre Isaiah, que ayudado de su entrenador Lorenzo Romar, supo dar lo mejor de si mismo. Romar, no solo le ayudó en lo deportivo, sino que también le supo involucrar en todo tipo de actividades universitarias. Ese equilibrio y esa estabilidad, sirvieron para que “Mighty Mouse” se convirtiera en máximo anotador del equipo nada más llegar. Con 16 puntos, 2.5 asistencias y 3 rebotes por partido, llevó a los Huskies hasta la NCAA Tournament, donde caerían en 2º ronda.

Su segunda temporada, le acabaría consolidando como el líder del equipo. Mejoró sus números, llegando a promediar 17 puntos, 3.2 asistencias y 4 rebotes que sirvieron para llegar nuevamente hasta la NCAA Tournament, donde esta vez cayeron en la Sweet Sixteen.

El tercer año sería el más duro. Su compañero y amigo Quincy Pondexter daba el salto a la NBA dejando “huérfano” a Isaiah. Pero entonces volvía a aparecer la figura de su entrenador. Cuando más lo necesitaba, cuando más solo se sentía, él supo darle lo que necesitaba. Esa temporada volvieron a llegar hasta la NCAA Tournament, donde el resultado cosechado fue el mismo que la temporada anterior.

Tras la tercera temporada al frente de los Huskies y desoyendo a su círculo más íntimo, Isaiah decidió renunciar a su último año universitario y presentarse al draft.

Pero las predicciones no jugaban a su favor. A pesar de sus buenos números, no había conseguido ningún título colectivo. Además, por si eso fuera poco, los viejos fantasmas de su corta estatura volvían a aparecer.

Para el día de la lotería, Isaiah y su novia Kayla Wallace, prepararon una fiesta en su apartamento. Alquilaron mesas y sillas, además de comprar todo tipo de comida y bebidas. Aquello debía ser una celebración. Mientras los familiares y amigos de Isaiah seguían el draft por televisión, el base de los Celtics se marchaba a un gimnasio para lanzar a canasta y así descargar algo de tensión. Con el móvil siempre a su lado, esperando una llamada que le cambiara la vida, fue cayendo en el desanimo al mismo tiempo que iban saliendo otros nombres delante del suyo. Pero entonces sonó el teléfono. Era la llamada que había estado esperando desde pequeño. Su sueño se había hecho realidad. Su representante le comunicaba que los Kings le escogerían en la última posición.

Pero el haber quedado en segundo ronda, no le aseguraba un contrato garantizado, por lo que su sueño todavía podía tornarse en pesadilla. No había luchado tanto para quedarse a las puertas, así que hizo un último esfuerzo y se dejó el alma en cada entrenamiento. Los Kings incluso llegaron a ponerse en contacto con los Huskies, para ver como podían calmar a aquel entusiasmado chico. Pero Isaiah hacía lo mismo que había hecho siempre. Su objetivo cada vez que salta a un parquet, no es otro que la gente se pregunte porque no juega más minutos.

Su aterrizaje en la NBA tuvo lugar en pleno lockout. Llegaba a unos talentosos como indisciplinados Kings, donde se encontraría con jugadores como Cousins o Tyreke Evans. Aquel polvorín no tardaría mucho en saltar por los aires. La mala relación de Paul Westpahl con uno de los referentes del equipo, Cousins, harían del “head coach” la primera victima. Tras Westpahl, llegó  Keith Smart, que desde el principio confió en el talento de Thomas. El base no le defraudaría y como todo esfuerzo trae una recompensa,  la suya vino en modo de premios. En marzo y abril del 2012, fue galardonado con el premio a Rookie del mes de la NBA, además de acabar la temporada seleccionado en el segundo quinteto de los rookies.

Pese a lo nefasto de aquel año en lo que a lo colectivo se refiere, Isaiah había dejado destellos de su calidad. Había demostrado que su altura, 1.75cm, no eran impedimento para triunfar en la NBA.

Jugaría dos años más en la capital de California, donde iría aumentando su importancia, así como sus minutos y sus números, llegando a promediar 20 puntos en su última campaña.

Esto le serviría para firmar su primer gran contrato. Tras un Sing and Trade, acabaría en Arizona vistiendo la camiseta de los Phoenix Suns, con un contrato de 28 millones de dólares por 4 temporadas, además de un proyecto deportivo prometedor. Iba a formar parte de uno de los backourt más temibles de la liga junto a Goran Dragic y Eric Bledose.

Pero su estancia en Phoenix no se alargaría mucho. No hizo falta demasiado tiempo para darse cuenta de que aquello no funcionaba. Todos querían la pelota y todos se sentían capaces de hacerlo bien, pero alguien acababa molesto cada noche. Lo que podía haber sido uno de los backourt más potentes de la liga, acabó siendo un fracaso.

La incompatibilidad de estos tres jugadores acarreó movimientos en el equipo justo antes  del “trade deadline”. A la salida de Goran Dragic a los Heat, le seguiría la de Isaiah Thomas a los Celtics. Debía cambiar la cálida Arizona por la gélida Boston. Aquello fue como una jarra de agua fría, que enseguida trajo a la memoria de Isaiah, su estancia en Connecticut. Pero horas después de conocerse el traspaso, el nuevo jugador de los Celtics, recibió un mensaje de texto que cambiaría su perspectiva. En ese mensaje que le envió “Zeke”,  le animaba a llevar a los Celtics a playoffs.

El impacto del nuevo base fue mayúsculo desde el primer momento que puso un pie sobre el TD Garden. Partiendo desde el banquillo, sus puntos fueron vitales para llevar a los de Bostón a la postemporada. Pese a no llevarse el premio, para muchos fue el mejor sexto hombre de la pasada temporada.

Pero lo mejor estaba por llegar. En su primera temporada desde el inicio en Boston, Isaiah ha alcanzado un nivel extraordinario, promediando 21.6 puntos, 6.8asistencias y 2.9 rebotes por partido, lo que le ha valido para acudir al primer All-Star fuera de los Estados Unidos.

Con tan solo 1,75 cm, Isaiah Thomas ha demostrado al mundo que EL TAMAÑO NO IMPORTA.

 

Egoitz Arizmendi

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FESTUS EZELI: EL GUERRERO AFRICANO

Nadie dijo que fuera a ser fácil. En la vida hay que escoger constantemente, siendo la decisión que tomamos en cada momento, la que marca nuestro destino. Todos los actos tienen consecuencias y hasta el más mínimo detalle puede alterar el rumbo de nuestras vidas. A veces tenemos que hacer sacrificios para cumplir nuestros sueños, solo hay que saber cuantificar lo que renunciamos por lo que anhelamos.

En este caso, nuestro protagonista, Ifeanyi Festus Ezeli-Ndulue, tuvo que abandonar su Nigeria natal y renunciar a su familia para perseguir un sueño. Pero lo que muchos no saben, es que el pívot de los Golden State Warriors, no soñaba con jugar al baloncesto, sino que su mayor deseo era ser médico.

A pesar de nacer en un país donde la mayoría de la población vive en la miseria, fruto de la mala distribución de la riqueza y con una marcada diferencia entre el norte y el sur, Ezeli tuvo la suerte de esquivar la pobreza y de tener una buena educación.

Hijo de un hombre de negocios y una abogada, nació hace 26 años en Benin City, una ciudad al sur de Nigeria. Ya desde pequeño sus padres le inculcaron la educación como medio de transporte a cualquier parte. Así, centrado en lo académico, Festus Ezeli se graduó en la escuela secundaría con tan solo 14 años. Más avanzado y maduro que el resto, hicieron que el hoy jugador de baloncesto, pasara a compartir clase con adolescentes de entre 17 y 18 años, pasando de cuarto a séptimo de secundaría.

El presente de Festus era brillante y el futuro prometedor.

En 2004 y con tan solo 14 años, le llegaría el momento de tomar una de las decisiones más importantes de su vida. Pero el joven Ifeanyi, no dudó. Sabía que tenía que hacer sacrificios si quería alcanzar su meta, e hizo las maletas para cruzar el charco en busca de una mejor educación. Allí le estaría esperando su tío, pediatra en Yuba City (California) y que no veía desde los 3 años. Pero aquel joven que tenía delante su tío Ndulue, no era el pequeño Festus que él recordaba. Aquel niño de 3 años había crecido hasta convertirse en un adolescente de 14 años y 2,03 metros. La naturaleza había sido generosa con él, no solo le regaló una mente brillante, sino que también le dotó de un físico extraordinario. Fue entonces, cuando Ndulue vio en el baloncesto, la llave que podría abrir las puertas del sueño de su sobrino. Una llave con forma de beca completa que permitiría financiar los estudios del joven prodigio. Aunque para aquel joven de 14 años, que nunca antes había entrado en contacto con una pelota naranja, era algo impensable. Veía más fácil viajar a la luna que labrarse un futuro como profesional del mundo de la canasta.

 

LOS INICIOS EN EL BALONCESTO

 

Tras acabar secundaría en su país con tan solo 14 años y con la intención de progresar en lo académico, Ezeli asistía a cursos de diferente índole que le acercarían a los métodos estadounidenses de estudio. Pero para entonces Festus ya había empezado a pensar en el baloncesto. Aunque por primera vez, el haberse graduado antes de tiempo, jugaría en su contra, ya que le impediría formar parte del equipo del instituto. No obstante y gracias a su tío,  en 2005, el jugador africano tendría su primera toma de contacto con el baloncesto, jugando en un equipo de bajo nivel de la AUU (organizaciones que ayudan a estudiantes de secundaria para jugar en torneos organizados de verano). Pero el inicio no fue nada alentador, más bien frustrante. Era un adolescente de 15 años recibiendo clases de niños de 6 años. Incapaz de anotar una bandeja, era el centro de las iras de sus compañeros. Brillante dentro de las aulas y gris en las canchas.

Pese a estar a punto de abandonar, todo cambió en 2006, cuando el africano lo volvió a intentar.

Se unió a su segundo equipo de AUU a la vez que se matriculó en el Yuba Community Collage. A pesar de que los primeros entrenamientos servirían para dejar en evidencia la falta de conocimiento del juego, su entrenador, Doug Comelio, vio en él un diamante en bruto al que solo faltaba pulir. Esa confianza en hacer de Festus un buen jugador de baloncesto, le llevaría a convencer a su familia, de que lo mejor para el chico en aquel momento, sería reducir los cursos a los que asistía. De lo contrario, se vería perjudicado a la hora de dar el salto a la universidad, ya que los primeros dos años no podría jugar.

 

BUSCANDO A “BIGFOOT”

 

Si en la vida todo esfuerzo tiene recompensa, no iba a ser diferente en el caso de Ezeli. Una invitación para el  Campus Reebok All American iba a cambiar la suya. Llegaría bajo una enorme expectación, ya que a diferencia del resto de participantes, muy pocos ojos le habían visto jugar. Sin estadísticas, sin un instituto donde hubiera jugado, todo lo que se sabía de aquel chico, eran rumores. Podrían ser ciertos o no, pero no se podía dejar escapar la ocasión de ver a un 2,11 con una combinación de tamaño, fuerza y atletismo tan extraordinariamente superior.

 

SALTO A LA UNIVERSIDAD

 

Su actuación en aquel campus no pasó desapercibida y tuvo ofertas de muchos centros. Entre otras, destacaban la universidad de Boston, Connecticut, Vanderbilt y Harvard.

Pese a que los padres del pívot preferían esta última, finalmente se decantó por Vanderbilt. Con una buena reputación académica y un buen programa deportivo, la universidad de Tennessee supo convencer al nigeriano a través de sus clases de medicina. Otra de las claves fue Kevin Stallings, entrenador jefe de los Commodores (equipo de la universidad), que se entrevistó con él. El “head coach” supo entender lo que necesitaba aquel jugador inseguro por su falta de conocimiento y prometió ayudarle ofreciéndole un año de redshirt (se entrena con el equipo pero no se compite, permitiendo así mantener intactos los 4 años de elegibilidad en la universidad). De esta manera habría tiempo para aprender lejos de miradas que le juzgaran antes de tiempo.

Ya en la Universidad, Festus tuvo que tomar otra decisión de las que marcan el rumbo de tu vida. Matriculado en medicina, le era imposible compatibilizar los estudios con el baloncesto, ya que ambas requerían muchas horas de esfuerzo. Tendría que renunciar a una de las dos. Era hora de poner en una balanza su viejo sueño de ser médico y el nuevo de ser jugador de baloncesto.

Nunca sabremos que le depararía aquel otro camino al que renunció, el mismo que había estado buscando toda su vida y que cuando lo encontró, optó por coger otro.

Pero una cosa era renunciar a la medicina y otra bien distinta renunciar a los estudios, los mismos que le llevaron a cruzar el charco y convertirse en el hombre que es hoy. Con el baloncesto como prioridad, cambió la medicina por la economía, una carrera que le permitiría centrarse más en su nueva pasión.

Con un año de redshirt por delante, Stallings sabía que tenía mucho trabajo con aquel joven de 2,11 metros. No solo tendría la ardua tarea de enseñarle a jugar realmente al baloncesto, sino que también tendría que trabajar el plano mental. Su inseguridad era la causante de aquel miedo escénico que afloraba cada vez que saltaba a una cancha. Pero Stallings prometió enseñarle a jugar y así lo hizo. Ezeli se empleó a fondo, todo esfuerzo era pequeño para aquél atleta que quería ser uno más del grupo. Las gotas de sudor emanaban de su cuerpo mientras entrenaba aspectos que ningún otro practicaba. Sin embargo, todo aquel esfuerzo no sería en vano. Con el center australiano A.J. Ogilvy como estrella del equipo, el papel de Festus en su primer año de competición sería el de darle descanso. Un papel secundario que le venía como anillo al dedo a aquel tímido jugador. Con un físico imponente, los tapones, bloqueos, rebotes y mates eran sus principales funciones. El tiempo iba dando la razón a todos aquellos que vieron en Ezeli un diamante por pulir. Día a día, en cada entrenamiento, observaban como la estrella del equipo, Ogilvy, encontraba más oposición para encarar el aro cuando él estaba delante. Sin una lectura del juego perfecta, suplía sus carencias con un enorme despliegue físico. Pero fue cuando el australiano dio el salto a la NBA, cuando pudimos ver al mejor Festus Ezeli. Dejó la oscuridad en la que se sentía tan cómodo, para exponerse a la luz que tanto temía, convirtiéndose en el pívot titular de los Commodors. Sus números superaron todas las expectativas posibles, alcanzando los 13 puntos y 6,3 rebotes por partido, además de echar por tierra el record de 74 tapones en un año que ostentaba Hill Perdue Piazzndonede en la universidad. Ezeli ya había llegado y los rádares de la NBA ya estaban sobre él. Pese a no mejorar sus estadísticas el último año, debido en parte a una lesión, ayudó al equipo a hacerse con su primer título del torneo de la SEC desde 1952, lo que le valió para ser llamado al draft del 2012.

 

SALTO A LA NBA

 

Llegaba la hora del draft y otro momento importante en la vida de Ezeli. De lo que se decidiera en aquella sala, dependería su futuro. Solo que esta vez no sería él quien tomara la decisión, sería alguna franquicia la que la tomara por él. En este caso, tras haber sido elegido en la última posición de la primera ronda por los Golden State Warriors, el destino quiso que Ezeli volviera a donde empezó todo, California.

Su debut sería el 31 de Octubre del 2012 frente a los Suns y ese año acabaría jugando 78 partidos, 41 de ellos de titular. Las continuas lesiones del australiano Andrew Bogut, le sirvieron al nigeriano para acumular minutos en su año rookie. Pero lo peor estaba por llegar. Sería en su segundo año como profesional, cuando una lesión se cruzó en su camino. Le mantendrían toda la temporada 13/14 en el dique seco y su futuro sería incierto. Su sueño, recién iniciado, podía convertirse en efímero, el caminó que escogió en su día podía no tener salida. Pero Festus no se rendiría tan fácilmente. Quizás fuera un paso atrás en su corta carrera, pero aprovecharía este pequeño paréntesis para aprender más sobre el juego, devorando videos, su único objetivo era volver todavía más fuerte de lo que se fue. Después de un año fuera de las canchas, parecía que se empezaba a atisbar algo de luz al final del túnel y que con la llegada del verano, podría  formar parte del roster de la Summer League del 2014. Pero otra vez su maltrecha rodilla se cruzaría en su camino y su vuelta se tendría que posponer. Ya con la liga empezada y con unos Warriors imparables, los de la bahía optarían por asignarle a su equipo filial en la D-League, los Santa Cruz, con la intención de que recuperara sensaciones y ponerse en forma. El pívot se lo tomaría en serio y a su vuelta al primer equipo, a pesar de contar con menos minutos, acabaría mejorando los números del año pasado y  siendo importante en la rotación de Steve Kerr.

Ya con el anillo de campeón en el dedo y  la lesión olvidada, al bueno de Festus le llegó la oportunidad de volver a casa, a su África natal. Sería gracias al All Star África, el primer partido de la NBA en esa tierra. Tras marcharse con 14 años y  un diploma bajo el brazo, ahora volvería con 25 y  un balón naranja entre las manos. Pero ya nada era como antes. Los niños de Benin City que antes jugaban a ser Kanú, Messi o Cristiano, ahora quieren ser como Festus Ezeli.

Después de un verano lleno de emociones y de celebraciones, tocaba volver al trabajo. Con fecha de caducidad al final de esta temporada (se convertirá en agente libre restringido), quiere demostrar a la franquicia de Oakland que tiene un sitio en este equipo. Todavía con mucho por aprender pero con una evolución constante, el potencial que muestra es enorme. Este año sigue mejorando sus registros con 7,5 puntos y 5,9 rebotes en casi 18 minutos de juego.

No sabemos cuales serán los nuevos caminos que escoja Ezeli, pero nos ha enseñado una cosa muy importante:

 

ESPERAR LO INESPERADO.

 

Egoitz Arizmendi Vázquez

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