Diario Vasco
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Autor: alairelibre
MIKE CONLEY, EL SALTADOR TOTAL
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Juan Carlos Hernández | 14-09-2017 | 8:04| 0

 

Hop, Step, Jump. Tres anglicismos que usamos para referirnos a las tres fases aéreas del triple salto. Aprovechando la analogía, hoy rindo homenaje a uno de sus máximos exponentes: MIKE CONLEY.

 

HOP…

 

1984: Mike Conley sails through the air in a triple jump event during the United States Olympic Trials. Mandatory Credit: Tony Duffy /Allsport

 

Los viejos aficionados al Atletismo sabemos que MIKE CONLEY es uno de los mejores saltadores en largo de todos los tiempos, y, quizá, el que mejor ha sabido compaginar el triple salto –su prueba principal– con el salto de longitud. No descubro nada nuevo. Puede que a los más jóvenes el nombre de Mike Conley les lleve al baloncesto, pero el Mike Conley de la NBA tiene un “Jr.” de coletilla tras el apellido porque antes que él la estrella deportiva de la familia fue su padre, el Mike Conley a secas, aunque ahora también le hayan añadido la coletilla de “Sr.”. En este blog de Atletismo voy a hablar, obviamente, de Mike Conley el saltador, el saltador total.

 

Mike Conley Sr con Mike Conley Jr

 

Mike Conley Sr. con Mike Conley Jr.

 

Michael “Mike” Alex Conley nació en Chicago, Illinois, el 5 de octubre de 1962. Como muchos deportistas con talento, en la escuela superior compaginó varios deportes, en su caso el Atletismo y el baloncesto. Más adelante, en la Universidad de Arkansas, se decantó por el Atletismo. Unas fotos del joven Conley:

 

Mike Conley High school baloncesto

 

Mike Conley High school baloncesto

 

Mike Conley High school Atletismo

 

Por edad le tocó coincidir con rivales como Willie Banks, Khristo Markov, Al Joyner o Charlie Simpkins en el triple salto; o Carl Lewis, Larry Myricks, Robert Emmiyan o Mike Powell en longitud. Me dejo nombres, menuda generación. Aun así su palmarés es tan espeso que es casi inabarcable. Hablamos de un atleta que estuvo 14 temporadas en el top 10 mundial del triple y 10 en el de salto de longitud.

 

Al aire libre su marca personal en triple salto es 17.87 (+1.7) en 1987 (tercer salto del vídeo de arriba), con otras dos marcas legales por encima de 17.80 y seis por encima de 17.70. Cabe reseñar que ganó los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 con un salto ventoso de 18.17 (+2.1), un suspiro de viento excesivo que le impidió ser el primer atleta de la historia en saltar legalmente más de 18 metros (antes que Conley, el 16 de julio de 1988, Willie Banks saltó 18.06 (+4.9) y 18.20 (+5.2), primeros saltos no legales por encima de los 18 metros). Al final de este artículo volveré a hablar de este salto de Barcelona. En el salto de longitud su mejor registro fue de 8.46 (+1.6) en 1996, con un salto ventoso de 8.63 (+3.9) en 1986 con el que estuvo a punto de ganar a Carl Lewis (que saltó 8.67 ventoso en el sexto intento) y otros dos ventosos más allá de 8.50 en 1985 y 1987.

 

En pista cubierta su mejor salto de longitud fue de 8.31 en 1986. Y en triple salto llegó uno de los momentos importantes de la trayectoria de Mike Conley: en el campeonato nacional de 1987 batió el récord mundial de Simpkins (17.50) con un salto de 17.76 metros. Treinta años después sigue siendo la plusmarca nacional estadounidense y 5º atleta indoor de todos los tiempos. He subido el vídeo a YouTube:

 

 

Tampoco era cojo corriendo, con marcas personales de 10″36 (1985) en el 100 y 20″21 (1986) en el 200. Pruebas a las que no creo que prestase demasiada atención.

 

Para seguir desgranando su palmarés y su versatilidad se me ocurre añadir que fue campeón universitario de los Estados Unidos de salto de longitud y de triple salto, tanto en pista cubierta como al aire libre, en 1984 y 1985.

 

Y en los campeonatos nacionales absolutos fue tres veces campeón de salto de longitud: 1985 (indoor y outdoor) y 1986 (indoor); y diez veces de triple salto: indoor en 1985, 86, 87 y 92, y outdoor en 1987, 88, 89, 93, 94 y 95. Y cuento solo las victorias, aunque en Estados Unidos se puede quedar segundo en el campeonato nacional saltando 17.71, como le pasó a Conley en 1985 el día que Willie Banks batió el récord mundial con 17.97 metros (lo tenía Joao Carlos de Oliveira con 17.89 metros desde 1975). O saltando 8.63 ventoso en longitud, como ya he descrito antes.

 

En Estados Unidos, además de los campeonatos universitarios y el campeonato nacional, conviene echar un vistazo a las pruebas de selección olímpicas, los Trials, porque suelen verse resultados asombrosos.

 

Mike Conley participó en longitud y triple en cuatro Trials, de 1984 a 1996. De esos ocho concursos “solo” logró ser olímpico tres veces en triple salto y ninguna en longitud, pero, ojo al dato: ¡¡¡en 1988 no fue a los Juegos de Seúl al quedar 4º en triple con 17.62 (+3.3) a un centímetro de Robert Cannon, 17.63 (+4.3), y 5º en longitud con 8.23 (0.0)!!! Y en 1996 también quedó 4º en longitud con un salto de 8.27 (+0.2), justo detrás de Carl Lewis con 8.30 metros. Así de crueles pueden llegar a ser los Trials estadounidenses.

 

Si abrimos el espectro de sus resultados a nivel mundial podemos apreciar su maravilloso palmarés: campeón olímpico de triple salto en 1992 (salto del que me ocuparé más adelante como ya he comentado) más una plata en 1984 y un cuarto puesto en 1996. Campeón del mundo en 1993, más una plata y un bronce en 1987 y 1991 cuando los mundiales se disputaban cada cuatro años, más un bronce en longitud en 1983. Y campeón del mundo indoor de triple salto en 1987 y 1989, con un bronce en longitud en 1989. Un cuadro resumen (en francés entendible)

 

Mike Conley palmarés

 

…STEP…

 

No sé qué grado de reconocimiento público alcanzó Mike Conley en los Estados Unidos, un país volcado en sus grandes ligas y que solo presta atención al Atletismo cada cuatro años con motivo de los Juegos Olímpicos. Como atleta probablemente poco. Pero Mike Conley sí era un deportista conocido… por su participación en los concursos de mates Foot Locker Slam Fest, torneo “baloncestístico” que ganó los años 1988, 1989 y 1992, y del que fue finalista algunos años más.

 

El Foot Locker Slam Fest era una competición de mates en la que participaban deportistas profesionales que no fueran jugadores de baloncesto, principalmente jugadores de fútbol americano, jugadores de béisbol y atletas. 50000 dólares para el ganador y 25000 para el segundo. Y aquí es donde gracias a su pasado en las canchas de baloncesto Mike Conley se hizo un hueco en la retina de los telespectadores estadounidenses y se reveló como uno de los mejores “matadores” del mundo, a la altura de los profesionales. He subido esta recopilación a YouTube. Disfrutadla:

 

 

Ahora pongo el foco en el último mate del vídeo, porque mientras nadie me lo desmienta se trata del mate con la batida más lejana a la canasta de todos los tiempos. A tener en cuenta que Mike Conley solo mide 1.85. Desde aquí saltó Mike Conley, unos quince centímetros antes de la línea de tiros libres:

 

Mike Conley mate desde línea de personal

 

Toma aérea de la batida:

 

Mike Conley mate desde línea de tiros libres

 

Aquí podéis ver otros mates desde la línea de tiros libres para apreciar la diferencia. En aquellos años 80/90 la referencia más obvia en el mundo del baloncesto y de los mates era Michael Jordan. Como anécdota y como muestra de admiración y respeto de Mike Conley hacia el fenómeno del baloncesto, sus dos hijos mayores se llaman Michael Conley y Jordan Conley. El mayor es, como he dicho al principio, una de las actuales estrellas de la NBA. Aquí les vemos viendo a su padre en 1996

 

Michael Conley y Jordan Conley

 

El pequeño Michael tenía muy claro desde dónde debía saltar su padre

 

Michael Conley hijo

 

En el mate final de aquel año intentó repetir, sin éxito, el más difícil todavía, y saltó desde aquí:

 

Mike Conley mate fallado

 

No llegó, por un pelo pero no llegó

 

Mike Conley mate fallado

 

…JUMP

 

Mike Conley 18.17 Barcelona 92

 

Para terminar mi homenaje a Mike Conley retomo su último salto en la final de Barcelona 92, el del 18.17 (+2.1). Conley iba en cabeza del concurso desde la segunda ronda con un intento de 17.63 (+0.5), récord olímpico en ese momento, al que tan solo se acercó Charlie Simpkins en su último intento con 17.60 (+0.7). Merece la pena ver el vídeo del 18.17 para disfrutar del salto y comprobar la mezcla de alegría por la victoria más importante de su vida y la rabia por haber perdido un brillante trozo de historia deportiva por esa décima de segundo de viento a favor que invalidaba el salto a efectos de récord

 

 

Esa brizna de viento a favor resulta especialmente dolorosa al comprobar que de los 40 saltos válidos que hubo aquella tarde, solo fue ventoso el 18.17 de Conley. De los otros 39 saltos, nada menos que doce fueron con viento nulo o en contra (hasta -1.0), quince entre +0.1 y +1.0, nueve entre +1.1 y +1.4, dos saltos tuvieron +1.8 y uno +1.9. Repito, el único que se salió de la legalidad fue el +2.1 del 18.17 de Mike Conley.

 

En Barcelona 92 las mediciones y cronometrajes corrieron a cargo de la marca Seiko. Las mediciones del viento ya se hacían electrónicamente y el +2.1 se supo a los pocos segundos del aterrizaje de Conley, antes, incluso, que la medida del salto. Con esto quiero decir por adelantado que no pongo en cuestión la veracidad del dato ni la validez de la medición, pero sí quiero mostrar algunas observaciones que me sugieren que pudo haber algún error, y que si alguna racha de viento se coló en el anemómetro dudo que empujara la espalda de Mike Conley.

 

En los vídeos podemos comprobar que junto al pasillo había dos cintas que mostraban la presencia y dirección del viento, una al principio de la carrerilla y otra poco antes de la tabla de batida. Cuando Conley inicia su carrera vemos la primera en la toma lateral y apreciamos un ligerísimo viento a favor

 

Mike Conley 18.17 cinta viento

 

En la repetición frontal del vídeo podemos hacer el seguimiento de la cinta durante toda la carrera. No se aprecia movimiento alguno. Justo antes de la batida aparece en escena la otra cinta, a la izquierda de la pantalla. ¿Qué se ve? Apenas nada, una ligera brisa lateral

 

Mike Conley 18.17 cintas viento

 

Comparemos la imagen con otra equivalente de Charlie Simpkins en su 17.60 (+0.7) (También puedes ver el vídeo aquí)

 

Charlie Simpkins 17.60 Barcelona 92

 

¿Y qué vemos en este fotograma? Pues yo veo que, aparentemente, soplaba más viento a favor de Simpkins que de Conley.

 

O también podemos comparar con un fotograma del 17.63 (+0.5) del mismo Conley en la segunda ronda

 

Mike Conley 17.63 cinta viento

 

No me gusta pensar que un error tecnológico, humano o de cualquier otro tipo privó a un atleta excepcional como Mike Conley de escribir la que hubiera sido una de las grandes páginas de oro de los Juegos de Barcelona, pero veo las imágenes, veo esas cintas ahí, casi clavadas durante toda su carrera y su salto y no puedo evitar pensar que algo falló.

 

Por supuesto esto es una opinión y un juego, sé que hablo por hablar. Así que aquí termina mi homenaje a Mike Conley, un auténtico gigante del salto al que realmente admiro. Espero que os haya gustado.

 

Mike Conley 18.17 Barcelona 92

Ver Post >
CARL LEWIS Y LOS 30 PIES, CARL LEWIS Y EL OCHO NOVENTA (AMPLIACIÓN)
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Juan Carlos Hernández | 03-09-2017 | 7:59| 0

Carl Lewis 30 pies

 

Cuenta la leyenda que un lejano día de 1982 Carl Lewis saltó 30 pies (9.14 metros). La leyenda asegura que no dejó ninguna marca en la plastilina pero que un meticuloso juez de batidas apreció que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea y lo consideró nulo. La leyenda afirma que mientras Carl Lewis debatía con el juez borraron la huella en la arena, la huella que pudo haber cambiado para siempre el salto de longitud y la carrera deportiva de Carl Lewis. Porque si algún fantasma persiguió a Carl Lewis durante los lustros que duró su reinado fue la sombra de Bob Beamon y su “Ocho Noventa”…

 

 

¿Y qué hay de verdad en la leyenda del salto de 30 pies? Aún digo más: ¿cuántas veces saltó Carl Lewis más que Bob Beamon sin que la medición lo reflejara? Sí, me estoy refiriendo a esos nulos gigantescos no medidos de los que hablé hace poco en el post “Iván Pedroso más allá de los 9 metros”, y también me estoy refiriendo a ese “atletismo ficción” en el que los saltos podrían medirse desde donde salta el atleta y no desde una línea fija, un tema que ya traté en el post “Batir o no batir”.

 

Así que antes de adentrarnos en las leyendas y en la ficción repasemos la historia. Abróchense los cinturones, que la cosa va de vuelos.

 

 

El 18 de octubre de 1968, en la primera ronda de la final del salto de longitud de los Juegos Olímpicos de México, el atleta estadounidense Bob Beamon hizo papilla el récord mundial de la especialidad con un vuelo de 8.90 metros. La plusmarca recién vapuleada pertenecía, con 8.35 m., al también estadounidense Ralph Boston y al soviético Igor Ter Ovanesian. Ambos estaban en la final de México y ambos fueron testigos directos de la proeza de Beamon. Boston fue quien tradujo el registro al sistema métrico anglosajón: “¡¡Has saltado más de 29 pies!!”. Ter Ovanesian entendió lo que acababa de suceder: “Comparado con este salto los demás somos niños”. El británico Lynn Davies, campeón olímpico en Tokio’1964, también presente en la final, también lo tuvo claro: “Has destrozado esta prueba”.

 

Esos 55 centímetros de mejora súbita en el salto de longitud eran casi dos pies en el mundo anglosajón. El récord mundial pasó en un suspiro de 27 pies 4 ¾ pulgadas a los 29 pies 2 ½ pulgadas, por lo que Bob Beamon fue el primer atleta que superó los 28 pies (8.53) y los 29 pies (8.84). El mundo asistió atónito a lo que hoy se sigue considerando el mayor o uno de los mayores logros deportivos de la historia.

 

 

Uno de los miles o millones de niños que dibujaron dos rayas en el suelo separadas 8.90 metros o 29 pies 2 ½ pulgadas se llamaba Carl Lewis. Como cualquier niño o adulto que lo hiciera o lo haga hoy en día quedó maravillado con la distancia. Lo que nadie podía prever era lo ligada que llegó a estar la hazaña de Beamon a la gigantesca trayectoria atlética de Carl Lewis.

 

Carl Lewis fue (casi) todo lo que se puede ser en el salto de longitud. Fue cuatro veces campeón olímpico (1984, 88, 92, 96), dos veces campeón del mundo cuando los mundiales se disputaban cada cuatro años (1983, 87), más la plata de 1991 que ganó con un ventoso 8.91 (+2.9) en el primer concurso que perdía tras los diez años y siete meses que permaneció invicto en la prueba, concurso en el que Bob Beamon también perdió el récord mundial a manos de Mike Powell y sus 8.95 metros. También fue tres veces plusmarquista mundial indoor: 8.49 en 1981, 8.56 en 1982 y 8.79 en 1984; de hecho lo sigue siendo actualmente con esos 8.79 de 1984. También sigue teniendo todavía la mejor marca mundial para menores de 20 años con 8.62 m. (1981) y la mejor marca mundial de mayores de 35 años con 8.50 m. (1996) igualado con Larry Myricks. Estadísticamente se puede añadir que veinte años después de su último concurso sigue siendo, con diferencia, el atleta con más saltos legales por encima de 8.80, de 8.70, de 8.60 o de 8.50. Teniendo en cuenta que durante buena parte de su carrera el salto de longitud no fue su prioridad… ¡¡¡NO ESTÁ MAL!!! Podéis repasar algunos números en el post “Carl Lewis volador”.

 

 

Pero con todas estas medallas olímpicas, mundialistas, récords mundiales indoor, plusmarcas y estadísticas abrumadoras… ¿qué le faltó a Carl Lewis en el salto de longitud? Pues ya lo he dicho al principio y creo que lo sabemos todos: Carl Lewis no consiguió nunca el récord mundial al aire libre. No pudo con los 8.90 de Bob Beamon ni con los 8.95 de Mike Powell.

 

Y ya retomo la cuestión inicial: ¿no pudo o sí pudo?

 

Una opinión bastante generalizada, quizá unánime, con la que yo estoy de acuerdo, es que si Carl Lewis no consiguió el récord mundial fue por haber compaginado el salto de longitud con otras pruebas. Aparte de combinar entrenamientos multidisciplinares al más alto nivel, echando un vistazo a los calendarios de las grandes competiciones vemos, por ejemplo, que en los Mundiales de Helsinki’1983 la final de la longitud le coincidió con dos carreras de 4×100, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84 y en los de Seúl’88 con dos carreras de 200; lo mismo que el día que saltó 8.79 m., la que fue su mejor marca desde 1983 hasta 1991. Y más o menos lo mismo en Trials de selección y en campeonatos de los Estados Unidos.

 

El gran heredero Iván Pedroso lo resume muy bien en esta entrevista:

 

 

Y tras estos rodeos llego al día del salto de los 30 pies, el día en que si la leyenda fuera cierta, Carl Lewis, que ya era desde 1981 “el nuevo Jesse Owens”, pudo haber sido “el nuevo Bob Beamon”, algo que nunca sabremos cómo habría afectado a sus siguientes años como atleta.

 

El 24 de julio de 1982, en el National Sports Festival disputado en Indianápolis, Carl Lewis simultaneó dos pruebas: el salto de longitud y el relevo 4×100. Tras dos saltos nulos que las crónicas de la época ya estimaban cercanos a los nueve metros (otras fuentes dicen que tras el primer nulo pero yo me sumo a la versión de los dos nulos), fue a correr su posta del relevo junto a Michael Miller, Calvin Smith y Stanley Floyd. Volvió al pasillo de saltos. Otro nulo, esta vez chapucero. De ahí fue requerido para la ceremonia de entrega de medallas del 4×100.

 

El día anterior un periodista le había preguntado si era posible verle saltar 30 pies. La respuesta fue prudente: “Eso es impredecible, todavía no he saltado 29”. Presente en el concurso, el saltador Jason Grimes se acercó a Dwight Stones, leyenda del salto de altura con dos bronces olímpicos y ex plusmarquista mundial, locutor para la ABC Olympics y le dijo: “¿Quieres ver un salto de 30 pies? Vente a ver esto ya”.

 

Y en el cuarto intento Carl Lewis voló. Y voló. Él y todos los presentes supieron que había sucedido algo grande. Pero para disgusto de todos, el juez levantó la bandera roja. Carl Lewis estaba convencido de haber llegado muy lejos, sin duda más allá de los 8.90, quizá 30 pies, y también estaba convencido de que el salto NO había sido nulo. Los testigos, incluidos Dwight Stones y Jason Grimes, afirman que no había ninguna marca en la plastilina. Lewis, enfadado, pidió que se la mostraran, pero ya daba igual, ante la negativa del juez, que insistió en que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea, borraron la huella de caída en la arena.

 

El palmarés de Carl Lewis acabó siendo tan grande y repleto de medallas que esto quedó en una anécdota de sus inicios. Solo conozco una entrevista de 1991 en la que le preguntaran por aquello, aunque sí lo he visto reflejado en algún artículo de 1982. Sin embargo, en su autobiografía “Carl Lewis en pista” (1992) lo deja caer al hablar de los Pan Americanos de 1987 que se disputaron en la misma pista de Indianápolis:

 

 

El salto circula por Internet hace tiempo en un documental. Lo he recortado y subido a YouTube. Se puede ver el salto y el cabreo/disgusto de Lewis.

 

 

La batida no se aprecia y el aterrizaje es difuso. Es un acto de fe en los testimonios creer que el aterrizaje se produjo tan lejos, y en la cuestión de la batida nula el juez tuvo la primera y la última palabra, lógicamente.

 

Los fotogramas de la batida nos muestran una pisada ajustadísima, pero la calidad de la imagen está muy lejos de aclarar la controversia

 

Carl Lewis 30 pies batida

 

Nunca se sabrá si el exceso de celo por parte de un juez nos privó de la mayor proeza Lewisiana en lo que a récords se refiere, pero en su descarga aporto este fotograma del segundo intento de aquel día en el que no podrá decirse que no prestaba atención:

 

 

Y este ha sido el relato de la parte histórica de la leyenda del salto de los 30 pies, si se me permite la expresión. Sin embargo, pasaron tan solo unos minutos para que Carl Lewis escribiera su siguiente gran renglón deportivo.

 

En 1981 Carl Lewis se convirtió en el segundo atleta, tras Bob Beamon, en superar la barrera de los 8.60 metros, con el salto de 8.62 m. que he citado como plusmarca de atleta menor de veinte años (más datos en el post “Carl Lewis en el anuncio del coche”). Esa era su marca personal, la marca con la que se presentó en el National Sports Festival el 24 de julio de 1982.

 

Y a pesar de todo lo expuesto hasta ahora, la prensa del 25/26 de julio no habló del hipotético nulo de los 30 pies, la prensa de ese día habló del quinto intento del concurso: un 8.76 (+1.0) con el que Carl Lewis volvió a dar un mordisco de 14 centímetros en la pelea por acercarse al “Ocho Noventa” de Bob Beamon. Ese salto sí fue noticia mundial, incluida la prensa española:

 

 

 

Ha quedado dicho que antes del nulo de los 30 pies hizo otros dos nulos que rondaron los nueve metros. No conozco ninguna imagen que quite o dé validez al dato. Lo que sí ha llegado recientemente a mis manos es el vídeo del 8.76 (+1.0). Aquí lo tenéis, atentos que tiene sorpresa:

 

 

¿Alguien ha visto lo mismo que yo? Intentando evitar un quinto salto nulo casi no pisó la tabla de batida, por lo que el salto “real” de Carl Lewis fue OBJETIVAMENTE más largo que el 8.90 de Beamon; fue un salto de 8.92, quizás 8.94 metros. Os dejo tres fotogramas para que no haya dudas. Pinchad en la imagen si queréis ampliarla:

 

 

Así que yo no sé si el cuarto intento de aquel día fue considerado justa o injustamente como nulo, ni si fue de 9.14 metros o menos. Pero sí sé que el quinto intento, medido REGLAMENTARIAMENTE en 8.76 m., fue un salto más largo que el de Bob Beamon. Por supuesto, sé que no estoy hablando de Atletismo sino de “atletismo ficción”, eso sí, basado en este caso en hechos reales y objetivos.

 

Tras ver este vídeo tengo muy claro que el “Ocho Noventa” de Bob Beamon siguió “vivo de milagro” después de aquel concurso del 24 de julio de 1982. Carl Lewis tenía 21 años recién cumplidos y yo estoy seguro de que jamás imaginó que el récord de Beamon se le atragantaría tanto.

 

El caso es que a partir de 1982 Carl Lewis y su entorno tuvieron que tomar algunas decisiones importantes, y la primera fue que si querían afrontar el reto de los CUATRO OROS OLÍMPICOS en 1984 tenían que empezar a trabajar en ello desde entonces. Las pruebas de fuego de 1983 fueron los campeonatos de Estados Unidos, donde ganó el 100, el 200 y la longitud, y el mundial de Helsinki, donde ganó el 100, la longitud y el relevo 4×100.

 

Volviendo a la longitud, en esos campeonatos de los Estados Unidos Lewis consiguió, con 8.79 (+1.9), la que fue su mejor marca hasta los mundiales de Tokio’91.

 

 

Dos días antes había participado en un 100, en un 200 y había saltado 8.73 (+3.2) en la calificación de la longitud. La víspera había corrido y ganado la semifinal y la final de los 100 metros, y ese día, 19 de junio, solo pensaba hacer un salto porque había corrido un 200 por la mañana y le quedaba la final tres horas más tarde. A la vista del 8.79 m. Lewis se salió del guion y probó un segundo salto: 8.71 (+0.6). Y lo dejó ahí, otro concurso en el que, quién sabe, quizá desperdició alguna bala para acercarse o superar a Beamon. Como apunte, en la final de 200 hizo 19”75 (+1.5) dejándose ir los últimos quince metros, a tres centésimas del récord mundial de Pietro Mennea. 19”75, registro al que se acercó varias veces pero que nunca mejoró.

 

 

1984, año olímpico. En febrero saltó, como también se ha dicho ya, 8.79 m. en pista cubierta (“objetivamente más valioso que el 8.90 de Beamon” dijeron las crónicas durante años), igualando su registro al aire libre y plusmarca mundial indoor todavía hoy, en 2017. Lo hizo en el sexto intento, al que llegó en segunda posición tras Larry Myricks.

 

 

El 13 de mayo, en Los Ángeles, saltó 8.71 (-0.3) en un concurso con cuatro nulos. Según las crónicas uno de ellos debió rondar los 9 metros. Os dejo el dato y la opinión de Lewis sobre los nulos (“Puedes saltar 50 pies, pero si te pasas de la línea no cuenta”)

 

 

 

En los Trials olímpicos, tras saltar 8.71 (+0.1) a la primera y un segundo intento fallido (5.73) guardó fuerzas para dos carreras de 200 del día siguiente.

 

 

Carl Lewis salvó con éxito el enorme desafío de igualar en Los Ángeles’84 las mismas cuatro medallas de oro que Jesse Owens había ganado en Berlín’36: 100 y 200 metros, salto de longitud y relevos 4×100. Durante la final de la longitud fue silbado por parte del público que no vio con buenos ojos que tras un primer intento ganador de 8.54 (-1.6) y un nulo, dejara de competir para reservar fuerzas para el 200 y el 4×100.

 

Tras la paliza olímpica no creo que Lewis tuviera en mente los récords mundiales (quizá el de 100), pero al hilo de la opinión de Iván Pedroso que he compartido antes, resulta destacable que durante la gira post olímpica Lewis participó en tres carreras de 100, dos de 4×100, una de 200, otra de 300 y solamente un concurso de longitud (8.65 m., +0.2).

 

 

Con los cuatro oros en el bolsillo Carl Lewis ya se había ganado para siempre su lugar entre los dioses del Olimpo, pero él mismo era consciente de que a su palmarés le faltaba un doble reto: el récord mundial de los 100 metros (Calvin Smith, 9”93) y el “Ocho Noventa” de Beamon en la longitud. Triple reto si contamos el de 200 (Pietro Mennea, 19”72).

 

Y 1985, sin grandes campeonatos, era el año perfecto para agrandar, si eso era posible, el mito Lewis.

 

Tras una pista cubierta aceptable, en su segunda carrera al aire libre ya se supo que en 1985 Lewis no iba a defraudar: el 28 de abril corrió un 100 ventoso en 9”90 (+2.5), el récord mundial parecía estar cerca. Y en salto de longitud el día elegido fue el 18 de mayo. Quizá por primera vez en su carrera se llegó a publicitar en la televisión nacional estadounidense el intento de Carl Lewis por superar el récord mundial de Bob Beamon

 

 

Pero nada salió bien. En un día ventoso Lewis llegó a saltar 8.77 (+3.9) en el cuarto intento. Y en el quinto se lesionó.

 

 

 

Lo que parecía una pequeña lesión debió ser algo más porque tras un mes sin competir se presentó a la prueba de los 100 metros del campeonato de los Estados Unidos… ¡y no pasó la primera ronda!

 

Tras otro mes en el dique seco, alguien debió pagarle muy bien para que corriera el 100 del mitin de Zúrich el 21 de agosto. Otro fiasco. Cuarto con la misma marca que el quinto (10”31, -0.6) y primera derrota ante el hombre que iba a marcar los siguientes tres años del Atletismo y de la propia trayectoria de Carl Lewis: Ben Johnson.

 

Como en este artículo pretendo centrarme en el salto de longitud diré que, aunque fue remontando, incluso en un estado de forma tan flojo Lewis fue capaz de saltar 8.62 (+0.0) en el único concurso serio de la temporada de 1985. Y se dejó un buen trozo en la batida, el salto “real” quizá fue de 8.75/8.79 metros

 

 

Así que sí, 1985 fue el “año de los récords”, pero no por los que consiguió Carl Lewis, que no logró ninguno, sino por los de 1500 (dos veces), milla, 2000, 5000, maratón, salto de altura (dos veces), salto con pértiga, triple salto y lanzamiento de peso. Y hablo solo de la categoría masculina. Tras cuatro años consecutivos siendo la gran estrella del Atletismo, el balance de 1985 fue muy pobre.

 

Y si 1985 fue un mal año en términos generales, 1986 fue mucho peor. Planteado de transición, Carl Lewis solo brilló vagamente en su campeonato nacional, donde ganó el 100 con 9”91 (+4.5), y la longitud, con un salto de 8.67 (+3.3) con el que superó en el sexto intento a Mike Conley que había saltado 8.63 (+3.9). El resto del año, además de mediocre, destacó por ver cómo se agigantaban sus rivales: Ben Johnson hizo 9”95 en el 100 y Robert Emmiyan fue el mejor del año en longitud con un salto de 8.61 (-0.3).

 

Quizá espoleado por su ambición, quizá espoleado por la mejora de sus rivales, en 1987 Carl Lewis volvió a mostrar sus mejores armas. Tras una pista cubierta dedicada a las carreras cortas, en su primer concurso al aire libre hizo lo que nadie había hecho antes ni nadie ha vuelto a repetir después: 6 saltos (tres ventosos, eso sí) por encima de los 8.60 metros: 8.64 (+2.4), 8.66 (+2.3), 8.63 (+0.8), 8.77 (+3.4), 8.66 (+0.8), 8.66 (-0.5). [El 21 de julio de 1992 Mike Powell hizo un concurso aún mejor pero con todos los saltos ventosos y en altitud: 8.65 (+3.7), 8.75 (+3.4), 8.80 (+3.0), 8.85 (+3.8), 8.99 (+4.4), 8.84 (+4.0)].

 

 

En este artículo estoy intentando centrarme en los asaltos reales de Carl Lewis al “Ocho Noventa” de Bob Beamon, y aunque este concurso es único estadísticamente hablando, Lewis se quedó bastante lejos. Aún así he querido destacarlo por su componente de “resurrección” y porque en el quinto intento, 8.66 (+0.8), Lewis no pisó la tabla, es decir que fue un salto “real” de 8.85/8.86, que pudo haber sido su mejor marca de siempre y su primer salto oficial de más de 29 pies (8.84 m.)

 

 

Y sin embargo un mes más tarde, el 22 de mayo, no fue Lewis sino Robert Emmiyan el segundo atleta que superaba los 29 pies: 8.86 (+1.9) en la altitud de Tsakhkadzor. Sobre este salto no sé qué pensar, hay quienes lo ponen en cuestión y lo consideran una herramienta más de la guerra fría que aún dividía el mundo en 1987. En cualquier caso el dato está ahí, en los listados y estadísticas, y Lewis también tuvo que lidiar con un rival con una marca oficial de 8.86 m., mejor que sus 8.79 de 1983.

 

 

El 16 de agosto, en la pista talismán de Indianápolis, con motivo de los Juegos Panamericanos, Lewis disputó otro concurso de altas expectativas.

 

Un día de vientos fuertes y cambiantes le hicieron rendir a un altísimo nivel,  con dos intentos de 8.75 m., uno de ellos válido (+1.7) y otro ventoso por un pelo (+2.1): 6.89 (-2.6), 8.75 (+2.1), 8.53 (+1.0), 8.75 (+1.7), 8.68 (+3.7), 8.68 (+4.1)

 

 

Y tengo que poner el foco en ese salto válido de 8.75 (+1.7) del cuarto intento porque estamos, sin ningún género de dudas, ante uno de los saltos “reales” más largos de Carl Lewis, si no el más largo de toda su vida. Atención a los detalles.

 

Para empezar, y por culpa de ese viento que variaba de -3 a +4, Lewis se dejó sin medir los 20 centímetros de la tabla, centímetro arriba, centímetro abajo. La toma no es todo lo precisa que yo quisiera pero está bastante claro que no tocó la tabla:

 

Lewis Panamericanos 1987 batida

 

Creo que queda patente que desde el punto de batida a la marca en la arena hubo aproximadamente 895 centímetros, pero hay un segundo detalle que hace que este salto sea aún más relevante. En un error nada frecuente en Carl Lewis, en vez de dejar la huella en la arena con los talones o con los glúteos, se le quedó atrás la mano derecha, lo que le hizo perder no menos de diez o quince centímetros:

 

Lewis Panamericanos 1987 mano Lewis Panamericanos 1987 huella

 

Es decir, estamos ante un salto medido en 8.75 (+1.7), con un desajuste en la batida de unos 20 centímetros, lo que pudo haber supuesto una medición de 8.95 aproximadamente, más un error absurdo en el aterrizaje que le hizo perder otros 10/15 centímetros, por lo que el vuelo real alcanzó los 9.05/9.10 metros.

 

En vez de mantenerse aislado y concentrado en la longitud, tras este salto Lewis se fue a correr la última posta del relevo 4×100. Y ganado el 4×100 volvió al pasillo de saltos para rematar el concurso con dos intentos ventosos de 8.68 metros. Así las gastaba Carl Lewis.

 

Llegó el mundial de Roma’87 y más de lo mismo. En el 100 mejoró su marca personal (9”93, récord mundial igualado tras la anulación posterior de las marcas de Ben Johnson) y en el salto de longitud hizo un concurso magnífico pero lejos de Beamon: 8.67 (+0.4), 8.65 (+0.6), 8.67 (-0.1), 8.43 (+1.6), nulo, 8.60 (+0.2). La presencia de Emmiyan, segundo con 8.53 m., tampoco le dejaba margen de error.

 

 

Traigo este concurso a este trabajo porque circula por Internet el dato erróneo de que en el primer intento (8.67) Lewis se dejó 17 centímetros en la batida, lo que supondría un salto “real” de 8.84 (29 pies). Y demuestro que es erróneo con la imagen de las cinco batidas válidas de Lewis en Roma’87.

 

 

En la gira post mundialista de 1987 ya no volvió a saltar.

 

1988, de nuevo año olímpico y, como todos sabemos, con la carrera más famosa de todos los tiempos en el horizonte. Sin duda esa carrera de 100 metros condicionó toda su preparación, pero yo sigo con la longitud.

 

En el salto de longitud de las pruebas de selección olímpicas, una vez más en Indianápolis, y de nuevo coincidiendo ese día con dos carreras de 200 metros, sucedieron algunas cosas interesantes. Las dos primeras rondas se disputaron bajo un tremendo aguacero. Lewis dominaba con 8.59 (+3.2) cuando se aplazó el concurso. Pasada la tormenta Larry Myricks hizo el mejor salto de su vida, 8.74 (+1.4), que puso a Lewis contra las cuerdas, pero la respuesta fue inmediata y contundente: 8.76 (+0.8).

 

 

Y hablo de este concurso para destacar de nuevo la capacidad competitiva de Lewis cuando le achuchaban y porque según el libro “The History of the United States Olympic Trials – Track & Field” el siguiente salto de Carl Lewis fue un nulo de nueve metros. No tengo imágenes del salto, solo el dato del libro

 

 

Bob Beamon era la sombra de Carl Lewis y Carl Lewis era la sombra de Bob Beamon

 

 

En los Juegos Olímpicos de Seúl’88, tras el follón de los 100 metros lisos (corrió en 9″92, récord mundial tras la anulación de los resultados de Ben Johnson) llegó la longitud. La final, como otras veces, se disputó el mismo día que dos carreras de 200 metros pero esta vez no se reservó como cuatro años atrás y realizó los seis intentos. Y en aquella final hubo un salto muy interesante, probablemente otra “bala perdida”: Lewis ganó el oro con un salto de 8.72 (-0.2) en el cuarto intento… sin casi pisar la tabla. Es decir, con este salto –ojo, con viento en contra– Lewis pudo haber igualado tanto el récord mundial como el récord olímpico (vigente en 2016) de Bob Beamon. No conozco una imagen directa de la batida pero se ve bastante bien en las capturas de los vídeos

 

Lewis Seúl 88 batida 8.72

 

 

1989 y 1990 fueron años flojos, de transición. Nada destacable para este repaso.

 

Y en 1991 todos lo que estáis leyendo esto sabéis que se disputó el mundial de Tokio y todos sabemos que allí sucedieron muchas cosas, algunas de ellas ya han sido comentadas.

 

Carl Lewis comenzó ese mundial ganando los 100 metros con un nuevo récord del mundo (9”86), lo que puso a flor de piel la idea de que, por fin, el récord de Bob Beamon podía ser superado. Lo que no había logrado el Lewis veinteañero parecía estar más cerca que nunca de un Carl Lewis que ya había cumplido los treinta años

 

 

Y llegó la final de la longitud y pasaron cosas inesperadas e inesperables. Lewis perdió por primera vez en casi once años y Bob Beamon perdió el récord mundial porque en el quinto intento Mike Powell llegó a 8.95 (+0.3), mejorando su marca personal en 29 centímetros y en 41 su mejor salto legal de la tarde.

 

 

Pero sobre el concurso de Carl Lewis de aquel histórico 30 de agosto de 1991 hay varias cosas que decir:

 

En primer lugar se puede destacar que fue, con diferencia, el mejor concurso de todos los tiempos con una serie brutal: 8.68 (0.0), nulo, 8.83 (+2.3), 8.91 (+2.9), 8,87 (-0.2), 8.84 (+1.7). Una media de 8.826 metros para los cinco saltos válidos. Y por comentar, el nulo del segundo intento también fue de 8.80 aproximadamente.

 

En el 8.68 m. de la primera ronda se dejó 12 centímetros en la tabla. El salto “real” fue de 8.80 metros.

 

 

El 8.91 (+2.9) del cuarto intento fue el primer salto medido más largo que el de Bob Beamon.

 

 

La batida fue perfecta

 

 

Y tras el 8.95 de Mike Powell, Lewis dispuso de dos intentos en los que vendió realmente caro su pellejo con los dos saltos legales más largos de toda su vida, ambos por encima de los 29 pies. Ambos saltos, que no impidieron su derrota, tienen detalles reseñables:

 

El 8.87 m., finalmente el mejor salto legal de su vida, lo hizo con un viento en contra de -0.2 (¡¡!!). Y el aterrizaje fue una “culada en bomba” en la que con los talones alcanzó una distancia gigantesca. Todo anecdótico, por supuesto

 

 

Y en el último llegó a 8.84 (+1.7) mientras Mike Powell rezaba a todos sus dioses para que no se repitiera ese sexto salto milagroso con el que Lewis había conseguido tantas victorias; la última diez semanas atrás, en los campeonatos de los Estados Unidos, donde Lewis ganó por un solo centímetro a Powell (8.64 contra 8.63) en su último intento.

 

En Tokio Carl Lewis se jugaba mucho antes de ese último salto y si algo tendría claro antes de lanzarse por el pasillo es que el salto tenía que ser obligatoriamente válido. Y lo fue. No existe, que yo sepa, la toma directa de la batida, debe de estar durmiendo en algún archivo japonés; pero hace poco he conseguido un fotograma suficientemente bueno y me he llevado una gran sorpresa: Carl Lewis se dejó al menos media tabla, su salto “real” fue de 8.94-8.96 metros. Fijaos:

 

 

Sé que estoy hilando fino con trazo grueso pero yo diría que fue una batida casi idéntica a la del 8.68 del primer intento. Estos son los mejores fotogramas que he encontrado

 

 

Parece mentira pero Lewis estuvo mucho más cerca de lo que imaginaba de darle la vuelta al concurso.

 

Carl Lewis ha declarado alguna vez que si hubiera batido el récord de salto de longitud ese día en Tokio se habría retirado; quizá no del Atletismo pero sí del salto de longitud y de los dolores de espalda que le provocaba. Pero no fue así y eso nos llevó a los aficionados a disfrutar de sus saltos (y carreras) algunos años más. Grandes victorias le aguardaban aún pero ciertamente no volvió a alcanzar los niveles de marcas de los once años anteriores.

 

Como últimas reseñas destaco un 8.72 (+2.2) el 24 de mayo de 1992 y el 8.68 (+1.0) de la ronda de calificación en los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, con el que dejó boquiabiertos a todos los presentes incluido el plusmarquista mundial (ver vídeo). Es el mejor salto legal de la historia en una calificación (él mismo tiene dos calificaciones de 8.73 m. pero ventosas en 1981 y 1983).

 

 

Al día siguiente ganó su tercer oro olímpico consecutivo con un mejor salto de 8.67 (-0.7) en un difícil concurso con vientos contrarios en el que Mike Powell llegó a 8.64 (-0.5) en su sexto intento. En 1993 no saltó ni una vez, y en 1994 en tan solo dos competiciones de longitud llegó a un ventoso 8.72 (+3.9) en el primer concurso en altitud de su vida.

 

Quizá su novena medalla de oro olímpica, la cuarta consecutiva en longitud, conseguida en Atlanta’96, sea algún día estímulo para escribir otro post Lewisiano, pero eso ya se verá. Hoy cierro este trabajo sobre los grandes saltos visibles e “invisibles” de Carl Lewis. He disfrutado mucho desarrollándolo y espero que alguien haya disfrutado leyéndolo entero.

 

Mi conclusión se parece a lo dicho por Iván Pedroso: es sorprendente que Carl Lewis no consiguiera superar legalmente los 8.90 metros de Bob Beamon. Parece bastante claro, a la vista de las imágenes y los números, que no fueron pocas las ocasiones perdidas o las ocasiones “desperdiciadas”, sobre todo en el período 1982-84. Probablemente fue víctima de su propia versatilidad, de la prudencia pre-olímpica, de tener que saltar casi siempre con más pruebas en las piernas y, por qué no decirlo, de su falta de interés por competir en altitud. En mi modesta opinión una pena y un duro castigo deportivo sobre los hombros del mejor atleta de todos los tiempos. Pero la justicia poética escribe poemas, canciones y artículos en blogs pero no escribe la historia, que es la que es.

 

Y acabo el artículo con este vídeo de los ocho mejores saltos legales de Carl Lewis.

 

 

 

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EL VACÍO DE USAIN BOLT
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Juan Carlos Hernández | 13-08-2017 | 5:22| 0

BOLT 4X100 LONDRES 2017

 

El destino no ha querido ser generoso con Usain Bolt en su anunciada despedida atlética en el Mundial de Londres 2017. Hace una semana me permití una broma “rajoyniana” tras su derrota en los 100 metros contra su viejo rival Justin Gatlin, pero lo que presenciamos ayer en el relevo, en su última carrera mientras él no diga lo contrario, no merece ninguna broma.

Usain Bolt deja el Atletismo, o deja la competición, y lo deja con una imagen que no hace justicia a su enorme palmarés y nos muestra la cara más amarga del deporte: una lesión en su última galopada acabó con el atleta por los suelos y nos dejó la peor foto posible.

 

BOLT 4X100 LONDRES 2017

 

Desde 2008 Bolt ha sido sinónimo de éxito, y ha sido la imagen más exportable y exportada de un Atletismo cuya presencia mediática agoniza en muchos países, España entre ellos. Aunque ahora que lo pienso, incluso con Bolt en su máximo esplendor y mientras Madrid aspiraba a ser elegida sede olímpica, la televisión pública española no compró los derechos de emisión del Mundial de 2011, y solo emitió los de 2013 cuando la empresa “Cárnicas Serrano” pagó los 80.000 euros de los derechos. Posteriormente, la situación ha mejorado algo y hemos podido ver en el ente público los grandes eventos atléticos, aunque sigo pensando que lo de 2011 y 2013 refleja en cierta medida la cultura deportiva española del presente y su proyección hacia el futuro. Veo las gradas del estadio de Londres repletas en jornadas de mañana y tarde y sé que allí han debido hacer algo muy bien que aquí hemos debido de hacer muy mal.

El Atletismo sabrá arreglárselas sin Usain Bolt. Surgirán nuevas estrellas a las que venerar. Y aunque yo creo que tardaremos en ver otro atleta que brille como él, en estos Mundiales ya estamos comprobando que el Atletismo brilla por sí mismo. Es un deporte complejo, con sus luces y sus sombras, pero un deporte único para quienes lo amamos.

Volvamos a Bolt, al gran Usain Bolt. Bolt se despide en unos Mundiales a los que ha llegado muy justito de forma. En años anteriores, aunque no estuviera al cien por cien, la enorme diferencia entre sus marcas personales y las de sus rivales, le otorgaba un colchón que hasta la semana pasada le permitió ganar. La ausencia de un relevo generacional también ha jugado a su favor estas últimas temporadas. En este Mundial ha arriesgado mucho llegando con pinzas y lo ha pagado muy caro, con la doble imagen de una dura derrota y de una lesión aún más dura.

Tras nueve años de victorias Bolt empieza a asomarse al abismo de su futuro como ser humano que es. Creo que esta semana se ha llevado una primera lección. Sabemos que ha ganado muchos millones de dólares y que por inercia aún ganará mucho durante algún tiempo. Podrá dedicarse a lo que le dé la gana. Pero el mito, la leyenda, los triunfos, los aplausos, las fanfarrias… todo se irá disipando poco a poco a su alrededor. Hasta los aduladores se le irán retirando a medida que se humanice un poco. Quizá llegue a sentir un vacío. Deportivamente, algún día llegará un nuevo referente en la velocidad, alguien que aspire a acercarse o quién sabe si mejorar sus marcas; y si alguien las mejora dentro de diez, quince o veinte años asistiremos al debate de si fulano es mejor que mengano, y si zutano sí pero el otro también y bla, bla, bla. Hoy deja el Atletismo Usain Bolt, en mi modesta opinión el mejor velocista de todos los tiempos. Y como esto es lo que a mí me gusta y en cierta medida lo que alimenta mi alma, puedo decir que yo sí que siento un pequeño vacío dentro.

 

BOLT 4X100 LONDRES 2017

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JUSTIN GATLIN GANA A LO MARIANO RAJOY
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Juan Carlos Hernández | 05-08-2017 | 11:51| 0

gatlin_londres2017 Photograph: Matt Dunham/AP

Photograph: Matt Dunham/AP

 

Extraño final para una película de superhéroes. En la última escena va el malo y gana. Es la imagen chorra que se me ocurre ante la cara de idiota que se me ha quedado al ver la final de los 100 metros del Mundial de Atletismo de Londres, donde Usain Bolt nos tenía anunciada su retirada desde hace meses. La cara de idiota que se me ha quedado a mí y a un elevado porcentaje de quienes estuviéramos viendo la carrera, listorro el que lo niegue. El duelo parecía entre Bolt por la calle 4 y Christian Coleman por la 5, y, de repente, Justin Gatlin, el viejo rival que había hecho una semifinal horrorosa, ha dado la campanada gorda.

El público ha sido despiadado con Gatlin, que no ha dado ni siquiera la vuelta de honor ante el abucheo que le ha caído encima. Ya había sido despiadado cada vez que saltaba a la pista, con generosos pitos y abucheos. Habrá que ver qué imagen nos da el público londinense cuando le cuelguen la medalla de oro al cuello. No seré yo quien defienda a Gatlin, y mucho menos su trayectoria pasada, pero no seré yo quien haga linchamientos innecesarios en un deporte como el Atletismo.

Yo quería que ganase Bolt. Llegados a estas alturas de su carrera deportiva, retirarse en lo más alto me parecía un justo premio a todo lo que hecho Usain Bolt desde 2008. Si hubiera perdido contra el joven Coleman, al que se le augura un futuro brillante, habría sido (al menos para mí) una derrota menos amarga; si te quedas a casi cuatro décimas de tu marca personal es lógico que las nuevas generaciones te adelanten. Lo raro ha ocurrido estos últimos años, en los que esas nuevas generaciones han brillado por su ausencia. Este año parecía que De Grasse sería la gran amenaza en el 100, pero se lesionó la semana pasada y despejó en buena medida el camino de Bolt.

Pero no ha podido ser, el supervillano de la película, campeón olímpico en 2004, campeón del mundo en 2005, sancionado dos veces por dóping, ha resurgido de sus cenizas para llevarse un Mundial doce años después. Cuando el mano a mano entre Bolt y Coleman se definía en centímetros a favor de Coleman, yo me he echado las manos a la cabeza, porque como en ese famoso ‘meme’ en el que Mariano Rajoy adelanta a Usain Bolt, ha emergido Justin Gatlin por la calle 8 y se ha llevado la victoria. Otra imagen chorra que define lo que veo en este momento si cierro los ojos.

 

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100 METROS. DE ATENAS 1896 A RÍO 2016
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Juan Carlos Hernández | 15-08-2016 | 3:46| 0

Hace cuatro años hice un repaso fotográfico de todas las finales olímpicas de los 100 metros. Hoy Usain Bolt ha agrandado su leyenda y ha ganado por tercera vez consecutiva la prueba. Recupero aquella colección de fotos para añadir la de Río 2016. Pinchando en cada foto se puede ver el resultado oficial de cada carrera.

 

ATENAS 1896

 

PARÍS 1900

 

SAN LUIS 1904

 

LONDRES 1908

 

ESTOCOLMO 1912

 

AMBERES 1920

 

PARÍS 1924

 

ÁMSTERDAM 1928

 

LOS ÁNGELES 1932

 

BERLÍN 1936

 

LONDRES 1948

 

HELSINKI 1952

 

MELBOURNE 1956

 

ROMA 1960

 

TOKIO 1964

 

MÉXICO 1968

 

MÚNICH 1972

 

MONTREAL 1976

 

MOSCÚ 1980

 

LOS ÁNGELES 1984

 

SEÚL 1988

 

BARCELONA 1992

 

ATLANTA 1996

 

SÍDNEY 2000

 

ATENAS 2004

 

PEKÍN 2008

 

LONDRES 2012

 

RÍO 2016

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