Diario Vasco

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Cosas que hacer antes de cumplir los 60
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Cecilia Casado | 22-02-2013 | 07:35

 

Lo primero de todo seguir viva –y sana- de aquí a Septiembre que es cuando los cumpliré. Partiendo de este supuesto al que quiero agarrarme como a un asidero real y no imaginado, me quedan por delante todavía casi siete meses para que mi “plan de gestión” se pueda llevar a cabo. Del éxito o fracaso del mismo ya me iré enterando sobre la marcha, no me hará falta consultar balances de fin de año.

En realidad no son planes del tipo ir a Paris o cambiar de coche; ni siquiera me preocupa ponerme a dieta y regalar los cinco o seis kilos que me sobran; ni buscar novio –y encontrarlo, esa es otra- que para los milagros hay que ir a Lourdes. Tampoco estoy pensando en conseguir que me publiquen algo (y me paguen por ello); ese tipo de ambiciones se me cayeron del carromato de la vida en alguna curva del camino.

También soy muy consciente de que hay que tener muchísimo cuidado con lo que se desea…no vaya a ser que los dioses te lo concedan porque es de todos conocido que suelen refocilarse con los descalabros de la humanidad. Así que no expreso deseos sino tan sólo proyecciones de mi inconsciente que me provoquen bienestar si llegan a ocurrir pero ningún trauma si no tienen lugar. Y eso sin olvidar que tienen que ser situaciones que dependan únicamente de mi voluntad, no vale decir: “me gustaría ser abuela” o “que me vuelva a hablar mi hermana la del pueblo”, que ya soy mayorcita para tener los pies en el suelo y saber de qué soy o no soy capaz.

(Soy la reina del prolegómeno, hasta aquí tres párrafos y no suelto prenda. Privilegio de la escribidora aun a riesgo de abandono –del lector)

Antes de cumplir sesenta años quiero ser capaz, de una vez por todas,  de no enfadarme con la gente cuando hacen gala y exceso de lo que yo considero estupidez. Es un reto íntimo y personal dejar que la estulticia pase de largo sin rozarme y reprimir el impulso de volverme a vociferar de pura frustración. No vale la pena gastar energías, tan necesarias por cierto a esta provecta edad mía, porque quiero que la próxima analítica preventiva no tenga asteriscos. Y no es arrogancia lo que digo, ya que me he pasado toda la vida intentando que mi discurso sea coherente y lo más lúcido posible; mi trabajo me ha costado, que nadie se burle de ello o lo enfangue con petulancias irónicas.

Tengo pendiente para los próximos meses dejar bien ordenados todos “mis asuntos”. Los testamentos ya están hechos –el vital y el otro, el que vale ante notario- y mis hijas tienen cada una su correspondiente copia aunque no hayan querido ni abrirlos. (Otro prejuicio tonto, como si me fuera a morir antes por haber hecho testamento). Como no tengo bienes muebles reseñables aparte del sueldo –enjuto como un junco- que me ingresan por mi pre-jubilación cada mes y no estoy casada en este momento, me he dado cuenta de que los cuarenta años de cotización –o más- que habré acumulado cuando me vaya al país de nunca jamás no devengarán pensión de viudedad alguna y se quedará con ella el ministerio correspondiente. Es mi pequeñísima colaboración al “bolsín” del país: alguien lo aprovechará.

Elur seguirá conmigo hasta que no pueda más –hasta que no pueda más él, que es el que a día de hoy está enfermo padeciendo un tratamiento contra la meningoencefalitis desde hace tres meses. Como bien dice el veterinario, “hay enfermedades que se curan y enfermedades que se tratan” y mucho me temo que estamos en el segundo caso-, pero estrechando vínculos y todavía no sé si eso es bueno o malo (para mí). Tengo que prepararme para lo peor con respecto a su “personilla”.

Antes de cumplir los sesenta voy a dejar arreglado también el tema de la rabia. (La mía, no la del perro) Esa emoción que me ha estado dando zarpazos intermitentemente desde hace varios años por culpa de unas relaciones familiares mal gestionadas y peor concluidas; después de finalizada la terapia a la que me sometí, creo que ya estoy preparada para finiquitar el asunto de por vida –la que me quede a mí, por supuesto. Estoy en ello, creo que la primavera me pillará “en flor”.

Otro tema que está ya “calentito” y a punto de salir del horno es el de la aceptación total y absoluta –o casi- de lo que soy como persona o de mi propia esencia, de forma y manera que ya no quede ni un solo resquicio en mí por donde se pueda colar la preocupación de no haber estado a la altura de las expectativas que alguien alguna vez tuvo sobre mi persona. Esto es muy importante para encarar la recta final con tranquilidad y sin chirridos internos. Mi familia de origen jamás me aceptó como yo era y me pasé la vida intentando “cambiar” para darles el gusto. Creo que los sesenta es ya una buena edad para pasar esta página.

Tengo todavía que recortar algunos flecos de ciertos temas logísticos o puramente circunstanciales, pero he descubierto que es mejor no hacer planes ni siquiera a medio plazo –ingenuos los que los hacen a largo sin saber que se quedan sin vivir el presente pensando en que vivirán en el futuro- así que volveré a ser el junco que fui en mi juventud y enterraré definitivamente al roble en que me quisieron convertir. Ahora que mi “estructura interna” es más flexible estoy segura de que podré conseguirlo.

Y poco más, excepto que este va a ser un gran año para mí y para mis hijas y vamos a tener muchos motivos para celebrar la vida y el amor. Y si es contagioso, mejor.

En fin.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

Laalquimista99@hotmail.com

 Foto: Amanda Arruti

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el autor Cecilia Casado
Una mirada alternativa a la vida después de haber cumplido los 50. Con un martillo rompe-tópicos y una sibilina barrena destroza prejuicios. Desde la óptica femenina y quizás por ello más interesante para el hombre.