Diario Vasco
img
La moda de querer volar
img
Cecilia Casado | 21-04-2017 | 08:10

 

 

¡Qué listos son los que se alimentan de meter eslóganes por vía intravenosa al personal! Maniobras sutiles o burdas de distracción de la realidad que reconcome el alma y el bolsillo, con la puerta abierta para llegar al meollo del cerebro humano –la televisión- se aprovechan del desencanto general para incidir en pequeñas peculiaridades particulares que harán que el ciudadano de a pie, el vulgar y corriente que nunca destacará por nada llamativo, sienta que “le crecen alas”.

Hace tan sólo unos cuantos lustros –cinco o seis- el paradigma del éxito era tener buenas raíces (si eran “bienes raíces” mejor que mejor); estar asentado significaba tener un trabajo seguro y aunque parezca un dislate en estos tiempos, ese concepto existía, vaya que sí existía y no era baladí el deseo de conseguirlo. Por ejemplo: ser funcionario por oposición y con plaza fija. Hubo un tiempo en que aquello era “lo más de lo más” laboral y profesionalmente hablando. Uno hincaba su pequeño arbolito y esperaba a que echara las raíces: asunto resulto de por vida.

Ahora no. Ahora nos cuentan los poetas que la mujer soñada tiene que tener alas para seguir los sueños del hombre. A mí me suena a cuento chino para que la generación que nació en los albores del siglo acceda sin demasiado miramiento a exiliarse –solo o en compañía de otros- aceptando con la cabeza gacha que este país, este Estado, no va a poder proporcionarle ni tan siquiera la oportunidad de desarrollar su capacidad incluso después de haberse formado según mandan los cánones.

Ahora nos cuentan los expertos en marketing que hay que saber volar, como analogía a seguir soñando y volver a pedir una hipoteca, un crédito, un préstamo que será concedido por los dioses del Olimpo que ahora se han dado en llamar entidades financieras al servicio del consumidor.

Saber volar, tener alas, seguir soñando…no es más que el eufemismo que esconde la realidad, que es tan fea, tan penosa e incluso a veces tan desoladora, que hay que pintarle alas de colores para no deprimirse cada mañana al quitarse las legañas.

Frida Khalo, en su pasión y muerte, nos dejó una frase hermosamente poética: “Pies, para qué los quiero, si tengo alas pa’volar”. Poética y patética. Cuando uno está paralizado, señalado por la fatalidad… ¿qué otra salida le queda sino soñar que tiene alas pa’ volar?

Pero no es cierto; alas tiene la imaginación, el deseo y el ensueño de la mente desafinada. Alas tienen los aviones en los que se marchan los jóvenes a buscar el sustento que ni les caerá del cielo en esta tierra ni fructificará por muchas semillas que planten. Alas tienen las aves que nacieron con ellas puestas y que asumen su destino migratorio buscando el alimento con la fuerza y el dolor de la inevitabilidad.

Nosotros no tenemos más alas que las que pintamos en el sueño de un mundo mejor –aunque tan sólo sea mejor en lo personal, como egoístas que somos-; nosotros tenemos los pies en el suelo como hicieron nuestros padres y nuestros abuelos, seguiremos ganando el pan –por poco que sea- con el sudor de la frente y, toca madera, procuraremos llegar al final del camino arrastrándonos lo menos posible.

Cuanto más abajo estamos, más nos quieren hacer creer que podemos volar. Qué listos son los que pagan esas campañas publicitarias y qué ingenuos los que se las creen.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 ** “Over the town”. Marc Chagall

 

Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

Otros Blogs de Autor