Diario Vasco
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Reflexión del lunes. El “otro” Día de la Madre
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Cecilia Casado | 08-05-2017 | 06:43

Ahora que ya ha pasado el inefable “Día de la Madre” me mojo en una reflexión a toro pasado porque siento la necesidad de poner los puntos sobre las íes en mi calendario festivo emocional, personal e intransferible.

Para empezar hace falta puntualizar –para quienes no lo vivieron por su juventud- que el “Día de la Madre” fue concebido como festividad religiosa el 8 de Diciembre, marcado en el calendario como la “Inmaculada Concepción”. Cuando se dieron cuenta de que la efeméride ocultaba un filón comercial más que aprovechable y con la excusa de acercarse a la costumbre de otros países, lo trasladaron al primer domingo del mes de Mayo, alejando el componente religioso del puramente lucrativo; muy avispado y emprendedor. Pero de marketing no quiero hablar.

Ayer fue el día de la madre, con minúsculas, porque a veces se nos llena la boca con gestos y palabras que significan muy poco. Día florido y negocio de floristerías –el segundo día en el año que más ramos se venden después del de Todos los Santos-. Digo que a veces nos quedamos colgados de la forma y nos olvidamos rascar un poquito en el fondo precisamente porque vivimos una época de velocidad emocional que poco deja a la reflexión profunda.

A mí siempre se me ha antojado que el Día de la Madre no podría celebrarlo más que por derecho propio, es decir, cuando tuviera hijos si es que los tenía alguna vez. Saber lo que significa ser madre en carne propia y festejar la alegría de tener hijos para amarlos y hacerlos felices seres humanos entre todos los demás seres humanos.

Porque ayer parece que se celebraba “el día del Hijo”, como si venir de mujer fuera un hecho extraordinario y no el principio básico de la supervivencia de la especie. “Todos tenemos una” (madre), decía el filósofo guasón de turno y elevaba la maternidad a las cumbres del Olimpo para dar paso –siglos después- a una marabunta de mujeres que protestan, reclaman e incluso abominan de las supuestas mieles pegajosas de parir retoños con más o menos ganas y amor en el cuerpo.

Reivindico el Día de la Madre –ahora que ya ha pasado- para las mujeres que han elegido serlo con amor, tesón, porfía y deseo propio y libre de toda presión. Que no se me malinterprete, por favor; lo que quiero decir claro y alto es que veneraremos o simplemente querremos a la mujer que nos ha traído al mundo si hemos recibido de ella el amor, entrega y cuidados que exige ineludiblemente la maternidad libremente asumida.

Soy madre y hago autocrítica. Si he parido cachorros “porque vinieron” o por dar gusto a otras personas o incluso por creer que eso me realizaría como mujer, más vale que me lo haga mirar aunque mis hijas sean adultas. Afortunadamente tuve la oportunidad de reflexionar largamente al respecto ANTES de quedarme embarazada por lo que el día de ayer, domingo 7 de Mayo, “Día de la Madre”, he tenido motivos para celebrar una efeméride que me satisface como ser humano, me privilegia como mujer y aporta felicidad a mi trayectoria vital.

Me sorprende o me entristece que haya tantas personas que sientan que “tienen que cumplir” con sus madres un día al año y el resto del calendario –con sus más y sus menos- la relación con esas mujeres sea de lo más superficial. Que se hagan paripés con los sentimientos y las emociones. Qué pena, por Dios.

Ya hace muchos lustros que a mi propia madre le invité a reflexionar sobre la maternidad -aunque parezca una idea de Perogrullo-,  y no fue inane mi propuesta ni el resultado dejó de marcar un antes y un después en nuestra relación materno-filial.

¡Es tan importante saber por qué amamos a nuestros hijos! Quizás, cuando esos hijos vean nuestro amor desparramarse sobre sus vidas aprenderán a amar a su vez a los suyos propios, a los demás y a nosotras, las madres que decidimos amarlos desde el primer instante.

El Día de la Madre de ayer, lo he celebrado en la intimidad de mi corazón que es donde la alegría tiene su única razón de ser. Ojalá que todas las madres que en el mundo son hayan sentido esa paz interior aunque sea por unos instantes o aunque sea en cualquier fecha del calendario…

En fin.

LaAlquimista

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Fotografía personal de la autora. Prohibida su reproducción o utilización.

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Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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