Diario Vasco
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Fecha: septiembre, 2017
Suegras viajeras
Cecilia Casado 22-09-2017 | 7:15 | 12

 
El título del post no parecería nada del otro mundo si no fuera porque se refiere a un modelo un poco atípico de compañeros de viaje. Atípico, poco habitual o simplemente friki, seguro que alguien lo va a pensar.
El caso es que por mi cumpleaños mi hija pequeña ha tenido la maravillosa ocurrencia de ofrecerme una escapadita a Budapest; como ella y su marido viven en Berlín, yo sólo tengo que ir hasta Alemania y de allí ya volaremos a Hungría. Un regalo amoroso y goloso -qué duda cabe- que viene envuelto en un papel de regalo muy especial que no es otro que compartir esos días “en familia”; es decir, con su marido y su propia madre. ¡Hale, de viaje las suegras con los hijos, qué maravilla…!
Por supuesto que tengo que aclarar a la mayor velocidad posible que mi “consu” mexicana es una dulzura de persona, con un carácter jovial, agradable y que nos trata –a mí y a mi hija- con un respeto cariñoso que está más cercano al amor que a lo convencional en estos casos.
Ya antes de la boda de “los niños” en Yucatán compartimos un fin de semana de playa caribeña los cuatro juntos y cuantas veces he pisado México no he recibido de ella más que atenciones generosas. La semana pasada recaló en mi hogar donostiarra durante unos días de camino a su otro hogar berlinés: todo queda en familia.
Suele ser lo habitual en el pueblo mexicano la conciencia de tribu, de lo que une la sangre y antes parece que se dejarían amputar un dedo que fallar a alguien de la propia familia; me cuentan que siempre cuentan todos con todos para el apoyo y la ayuda –estoy generalizando, lo sé, pero es lo único que he visto en mis viajes por aquellas tierras americanas-, así que cuando te casas, te casas. Ya me lo aclaró ella cuando, después de la boda, le dije, “ahora somos consuegras”. –“No, contestó ella: ahora somos familia”.
Gran verdad es que todas las familias felices se parecen –hoy no toca hablar de las familias infelices- y haciendo honor a ese postulado…¡nos vamos todos juntos de vacaciones!
Por estas tierras del norte es que somos mucho más fríos y no solamente en lo meteorológico. Aquí se da como genérico lo que debería ser la excepción, familias que se sienten unidas únicamente para médicos, hospitales y tanatorios porque el resto del tiempo cada uno celebra/aguanta la vida a su manera y sin compartir apenas. Por estas tierras es bastante común que incluso los de la misma sangre se peleen por todo –no únicamente por las herencias, como en la ficción que ya sabemos que puede ser superada por la realidad.
Hay quienes tienen hijos y no los presentan a los abuelos, quienes contraen matrimonio y excluyen a un hermano de la invitación o, esto es lo más curioso, quienes se autoexilian de la propia familia porque “no quieren tener ninguna relación con ella”, sin olvidar los que expulsan del núcleo familiar a la oveja negra que les molesta, como si se pudiera de un plumazo emocional y malintencionado talar el árbol genealógico o emborronar el Libro de Familia.
Pues allá cada cual con su forma de relacionarse, faltaría más, pero estoy convencida de que rencores y resentimientos son caldo de cultivo para no pocas amarguras y cuarto y mitad de enfermedades psicosomáticas.
Pero desde que tengo un yerno mexicano, ahora tengo más familia y no seré yo quien se queje por ello. En realidad, la vida es tan corta y pasa tan rápido que hay que ser estúpido de verdad como para cerrar el corazón y los brazos a quienes vienen a sumar y no a restar. De momento, vuelvo a hacer la maleta y parto hacia donde me esperan con amor dispuesta a una convivencia que choca con algunos de los esquemas mentales que campan por esta sociedad pero que bien vale la pena intentar ignorarlos y dejarse llevar hacia donde ofrecen roce lleno de cariño.
Viajo ligera de equipaje, cada vez más y más, así que toda la tecnología que acarrearé con mi persona se reducirá a un smartphone, ergo el blog se queda a la espera de mi vuelta de estas vacaciones familiares que, estoy convencida porque esa es mi actitud, van a ser toda una lección para dar un paso adelante en el aprendizaje de mi  camino vital.
¡Guardadme el sitio!
Felices los felices.
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Lecturas otoñales
Cecilia Casado 20-09-2017 | 7:03 | 3

Durante el verano leo más bien poco; el buen tiempo, el aire libre y el dolce far niente me empujan a salir, andar, moverme y aunque llevo siempre algún libro en el bolso, dejo el afán lector un poco aparcado.
No obstante os comparto lo leído –sigo amando los libros en papel, los de toda la vida- de cara al otoño que, lo sé, va a ser tiempo de mucha lectura y aprendizaje. Los libros no solamente ofrecen solaz sino también sabiduría…
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Lecturas livianas: (para pasar el rato y sin que inviten a la reflexión profunda)  (Ver puntuación)
“Pájaros de fuego”  de Anaïs Nin. (1971) (Relectura) Relatos eróticos escritos por encargo en el tiempo en que la autora hacía casi cualquier cosa por sobrevivir. Un clásico que continúa despertando el deseo del lector avisado. Prosa viva y vivaz que arroja llamaradas sobre el ánimo de quien cae en sus páginas.                           8/10
“Anatomía de las distancias cortas”  de Marta Orriols. (2016) Relatos. No siendo el relato mi género favorito, hay que reconocerle el valor literario al trabajo de la autora. Acidez y lucidez y cinismo e ironía. Como la vida misma…                                                7/10
Tan poca vida” de Hanya Yanagihara. (2015) Historia de una vida destrozada y como puede esta destrozar todo lo que toca. Jude, abandonado, violado, prostituido y apaleado. Un ser sufriente al que sus amigos intentan ayudar y que tan sólo consiguen frustrarle aún más. Una historia demoledora de autodestrucción continuada. El problema es que son MIL páginas de lectura de un dolor continuo y recurrente. Acaba uno un poco harto…            7/10
 “Amor” de Isabel Allende. (2011) Recopilación de extractos “amorosos” de sus diversas novelas. Un compendio de dulces lecturas para las madrugadas solitarias o las tardes de domingo nostálgicas en las que no hay nada mejor que hacer.                                     7/10
“Más allá del invierno” de Isabel Allende. (2017) No sé por qué me encapriché de este libro creyendo que contaría una bonita historia de amor en la edad de los sesenta de la autora… pero lo he percibido superficialmente. Una novela que quizás dé un paso atrás en la trayectoria de una escritora que, esta vez, se ha esforzado menos de lo que podría haberlo hecho.                        7/10
“Isadora emprende el vuelo” de Erika Jong. (1977) (Relectura) Segunda parte del famosísimo “Miedo a volar” que tantas ampollas levantó en su día en la sociedad conservadora y machista. No ha cambiado tanto la situación, sigue el machismo y la absurda condescendencia por parte de demasiados hombres…                7/10
“Un nido de víboras” de Andrea Camilleri. (2013) El comisario Montalbano tiene ya 58 años y sigue sin convivir con Livia, su novia eterna. Sigue siendo el amante que miente y juega con otras mujeres y como es natural, encuentra lo que se merece, la misma mentira en la que vive. Una novela de detectives llena de los sexismos habituales aunque divertida en su  crueldad.                     7/10
“Mi verdadera historia” de Juan José Millás. (2017) Una novela que narra las peripecias absurdas y reales a la vez de todo lo que podría ocurrir si alguien tira una canica desde un puente sobre una autopista. Millás sigue escribiendo bien y sigue siendo un placer leerle. Lo que pasa es que 112 páginas se leen muy rápido. Son 9,95€ para pasar una sola tarde leyendo.                 7/10
“Un filo de luz” de Andrea Camilleri (2012) El autor va convirtiendo al comisario Montalbano de 58 años en un hombre machista, infiel y desleal con su pareja. Llega a ser el hombre que cualquier mujer inteligente despreciaría. ¿Por qué insiste Camilleri en emparejarlo en sus novelas con mujeres esculturales veinte años más jóvenes que él?
Habla el inconsciente del autor, seguramente. Mal, vamos mal.  6/10
“Pirámide” de Henning Mankell (1999) (Relectura) Relatos de cuando el inspector Wallander era veinteañero y va conformando la personalidad de cínico desastroso, mal hijo, mal esposo, mal padre y mal amante –aunque extraordinario policía- que le hizo famoso al personaje.                                                                              6/10
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Lecturas enjundiosas: (que ayudan a incrementar el acervo cultural a la vez que estimulan el intelecto)
Tú no eres como otras madres” de Angelika Schrobsdorff. (1992)
La vida y milagros de una mujer hedonista contada por su hija pequeña. Relato semi-biográfico. Una madre-araña que trajo hijos al mundo diciendo que los amaba pero desentendiéndose de ellos a cambio de su propio placer con hombres, viajes, amantes. Los hijos la quieren a pesar de todo, porque es mejor tener madre aunque sea indigna que no tenerla… Alemania y el nazismo de fondo.          8/10
“Mujeres de la postguerra” de Inmaculada de la Fuente (2017). Un ensayo resumiendo las obras “fetiche” de toda una generación de escritoras imprescindibles del siglo XX. Rosa Chacel, Carmen Laforet, Carmen Martin Gaite, Josefina (Rodríguez) Aldecoa y un escogido etcétera. Bien documentado pero se confunde en un totum revolutum de citas literarias, datos y fechas. Válido, no obstante.              8/10
El ojo del leopardo” de Henning Mankell (1990) (Relectura) Máximo exponente de la “serie africana” del autor, una novela copiada de una realidad incuestionable del odio que los negros africanos tienen a los blancos basado en hechos incuestionables. Novela, sí, pero que levanta ampollas.         8/10
Beloved” de Toni Morrison (1987) Pulitzer 1988/Nobel 1993. (Relectura) La angustia de la esclavitud en EEUU y toda la miseria humana que la mantuvo viva en el siglo pasado todavía. Un clásico que hay que leer, mucho más interesante que la serie de la TV aquélla.                                                7/10
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Lecturas con peso específico: (para sustraerles la sustancia a base de neuronas.)
Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano (1971) Un ensayo icónico imprescindible para comprender un poco la conquista-expolio o la colonización-saqueo. Galeano lo escribió con tan sólo 31 años como ensayo económico y es obvio que nunca lo actualizó; él fue muy crítico con su propio libro, pero para mí era una asignatura pendiente. Me ha costado, desde luego.                  8/10
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Lecturas atragantadas: (que pretendían ser interesantes y que no he podido llevar a buen puerto)
 “La muerte me da” de Cristina Rivera Garza. (2007) Parecía una novela de misterio y pronto se convierte en digresiones y divagaciones varias sobre temas que desbordan la pretendida trama de misterio inicial.  Con el típico escribir mexicano que tanto difiere del castellano que hablamos-leemos habitualmente. Lo intento, pero me puede el desánimo. Igual me he equivocado…. ———————
*La puntuación es fruto de una opinión personal que no tiene más valor que el que uno le quiera dar…
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La planificación errónea
Cecilia Casado 18-09-2017 | 7:36 | 13

La verdad es que mis esquemas mentales van cambiando de año en año casi sin que ponga de mi parte más esfuerzo que el de dejarles ir “a su bola”. Voy constatando que, así­ como durante años llegaba el nuevo curso y ya andaba preocupada con apuntarme aquí­ y allá, que si a la Inteligencia Emocional, al Arte Contemporáneo o a la Escritura Automática, ahora se abren las matrí­culas y no se me mueve una pestaña para apuntarme a nada.

¿Qué me ha ocurrido para perder el interés casi de golpe por todo lo que durante muchí­simo tiempo fue importante para mí­? Pienso y pienso en ello hasta que, por fin, encuentro una respuesta que me satisface, aunque esa satisfacción pueda durarme bien poco, ya me conozco, me contradigo y me quedo tan tranquila.

El caso es que cuando estaba en el mercado laboral sentí­a que el tiempo libre o de ocio había que ocuparlo de alguna manera más productiva que dedicarme a la holganza pura y dura -sin contar la lectura de libros y el visionado de pelí­culas-; una especie de gusanillo interno que me empujaba a hacer algo, no sé, aprender a cocinar lentejas o meterme en un taller de teatro amateur disparatado o decidir que querí­a aprender a bailar los ritmos que jamás de los jamases me habían importado un comino. Modas. Tonterí­as. Paliativos.

Y claro, que si los martes y jueves de siete a nueve de la noche de Octubre a Mayo y los lunes de cinco a siete por cuatrimestres separados, para luego darme cuenta de que, cada vez que me salía otro plan, un concierto, una obra de teatro, la escapada entre semana, el viajecillo fuera de fechas o, simplemente, el cansancio de un catarrazo, tener que dedicarme a sopesar qué me interesaba más: si el plan imprevisto y goloso o la obligación de asistir a clase, !que para eso habí­a pagado mis buenos maravedíes! Eso sin contar que mayormente- había que pagar los cursos enteros al comienzo quedándote únicamente el recurso al pataleo si estos no respondían a tus expectativas.

Así las cosas, ya el año pasado dejé casi todo mi calendario en blanco, no me apunté a nada de nada externo, con la excepción del Cí­rculo de Mujeres que es algo personal e intransferible cada quince dí­as. Me di cuenta de que no necesitaba en absoluto tener la agenda del otoño/invierno/primavera repleta de actividades que me ayudaran a llenar el tiempo o vaciar la mente. Una nueva parcela de sensación de libertad se abríó ante mí­.

Lógicamente, al tener la agenda como el desierto del Kalahari, cada nuevo plan que surgía en lontananza era bienvenido. Nada de mirar a ver si estaba disponible porque… !estaba disponible!. De esa manera tan sencilla y resolutiva me fui una semana en Noviembre a Berlín sin haberlo previsto apenas y otra semana a Praga en Abril cuando acabó el tiempo vacacional oficial; pude acudir con mis amigos a cuanto evento fue apareciendo en el horizonte sin tener que faltar a ninguna clase. Me convino todo el rato quedar a cenar un miércoles o a comer un jueves, liberada mentalmente del: “mañana tengo clase y no debo faltar”. Ahora mismo estoy preparando maletas para celebrar el comienzo de curso con otra escapada por Europa, de esas con billetes baratísimos por haber terminado la temporada oficial.

!Si es que no tengo nada planificado! Y, precisamente por ese motivo, puedo apuntarme a cualquier plan que me guste en el momento, con la tranquilidad de la inmediatez ilusionante …

¿Me voy a sentir más segura sabiendo que de aquí a Junio ya tengo todo el pescado vendido? Pues, ya no. La vida ya no la voy a seguir planificando en tanto en cuanto pueda evitarlo; quiero improvisación alegre, ilusión por sorpresa, poder decir que sí­ cuando me requieran sin el rollo ese tan feo de: ya tengo un compromiso contraí­do con anterioridad.

A fin de cuentas, para qué vamos a engañarnos, la vida puede cambiar en un instante, lo sabemos aunque nos convenga hacer como si no lo supiéramos…

!Quién me ha visto y quién me ve! !Cuán cierto es que mucho se cambia con los años!

En fin.

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Series: la nueva adicción
Cecilia Casado 15-09-2017 | 7:49 | 8

 

Este año 2017 lo estrené con no demasiado buen pie. Tuve que lidiar -todaví­a en plenas Navidades- con un abandono afectivo importante (que me pareció importante en ese momento aunque luego vi que me habí­an hecho un favor enorme) y para paliar de alguna manera el revoltijo emocional y distraer el ego, las neuronas y la parte del corazón maltrecha, mi hija pequeña me regaló una suscripción con una empresa multimedia que da entretenimiento visual a tutiplén. Pensé que era todo un detalle por su parte -que no es lo habitual que los hijos se preocupen por la estabilidad emocional de sus progenitores- así­ que, más por hacer aprecio que por verdadero interés, me informé de cuáles eran las series estrella de esa compañí­a.

¡Si hice, ya hice! Empecé con Homeland y todavía no he parado, después de tragarme The Crown, The Fall, y ahora estar abducida con Dexter y con ganas de “Orange is the new black”. House of Cards, Breaking bad, Sherlock y unas cuantas más tan solo las aguanté unos capítulos, será que mis gustos ya no van parejos con los trending topic al uso.

Las series. La nueva medicina contra el aburrimiento, panacea para superar malestares psí­quicos diversos, burladero para no enfrentar situaciones complejas, cajón de sastre para neuras y psicopatí­as varias de la vida cotidiana… Están tan bien concebidas que no puedes ver tan sólo un capí­tulo al dí­a -excepto que tengas mucha fuerza de voluntad o poco tiempo libre-; justo en los últimos cinco minutos ocurre algo sorprendente que pone patas arriba las emociones del espectador y destila el veneno adictivo que te hará seguir queriendo más y más y mas…

Como vivo sola casi todo el tiempo me ha costado darme cuenta de hasta qué punto el fenómeno serial ha inoculado su ponzoña en los espectadores/adictos. Ya me voy fijando más y preguntando y me he dado cuenta de cuántas parejas que viven juntas comparten sus comidas con una serie en la tablet sobre la mesa, se llevan el ordenador a la cama para ver algún capítulo juntos y ya no quiero saber más…

Preguntando aquí­ y allá resulta que mucha más gente de la que yo pensaba está bien anclada cada dí­a frente al televisor/ordenador dando cuenta de capí­tulo tras capí­tulo de lo que le haya vendido un avispado proveedor de telefoní­a o similar. Lo de las pelis parece que queda para los novios que van al cine los sábados o los cinéfilos que se apañan mejor buscando en Internet las joyas del séptimo arte que ya están al alcance de casi todos.

Por cierto, España sigue siendo paí­s “pirata” por excelencia en esto de bajarse pelis de Internet, me alucina que se siga permitiendo este dislate, pero no quiero polemizar, aunque soy de la opinión de que lo que tiene un precio hay que pagarlo, faltarí­a más…

Los libros que leí­a con fruición, los paseos kilométricos por la ciudad despertándose, la música mientras se piensa en las musarañas, una buena siesta, comer con las amigas, de birras con los amigos, el silencio para preguntarse cosas incómodas… todas estas actividades que para mí­ eran sagradas, necesarias, cotidianas y satisfactorias han tenido que apretujarse hacia las esquinas para hacer sitio a “su majestad la serie”.

No sé si estoy muy satisfecha de mí­ misma o me congratulo de tener temas de conversación al dí­a con los demás. Que antes era el : ¿has leí­do lo último de fulano o has visto la última de mengana? y ahora la pregunta del millón es :- ¿por qué temporada de X vas ya? o ¿Y si me pido para mi cumple los DVD’s de Juego de Tronos?

Mi hija me dice que no me preocupe demasiado, que soy una mujer muy al dí­a para la edad que tengo…

En fin.

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Cumpleaños
Cecilia Casado 13-09-2017 | 7:49 | 12

 

Cada año por estas fechas me ocurre lo mismo, una especie de déjà-vu que me convulsiona por dentro, un relámpago de lucidez teñido de nostalgia, el calambrazo del amor y el calor insoportable de las lágrimas a punto de desbordarse.

Es el dí­a de mi cumpleaños y me despierto con el cuerpo descansado, la mente todo lo lúcida que se puede esperar de una “adulta mayor” como ya soy y el corazón revuelto pensando en ti. Sé que no me llamarás a primera hora como hiciste durante casi cuarenta años para felicitarme y quedar conmigo para darme tu “regalito”, siempre decías así­, “regalito”, en diminutivo, como quitándole importancia al hecho de que, lo sé, siempre acababa sabiéndolo- te habías recorrido varias tiendas buscando algún objeto personal que me agradara.

De aquellos tiempos conservo todavía un precioso peine de carey de cinco púas grandes -“para quitarme los nudos de la melena, dijiste”; un espejo precioso, también de buen diseño, con mango grande “para contemplar mi sonrisa, dijiste. Y un estuche de manicura que parece eterno. Un bolsito pequeñito de Loewe que conservo como oro en paño y en el que te gastaste “la paga” de un par de meses: yo tenía veintidós años y empezabas a estar a mi lado como una presencia amorosa, real, comprensiva y muy cercana.

También por aquellas fechas me regalaste un vestido de noche, negro, de diseño joven pero chic… !qué cosas se te ocurrí­an! Aunque alguna vez metieras la pata, como con aquel Vespino que me ofreciste a mis diecisiete y que luego te reapropiaste porque dijiste que ya no lo necesitaba.

Cada año por estas fechas, más que nunca, echo en falta tu presencia, tus risas y, lo confieso, tu regalo de cumpleaños. Nunca me preguntaste qué querí­a o qué necesitaba, dejabas volar tu imaginación en alas del cariño que me tení­as y siempre me dabas una sorpresa, como aquella vez que se te ocurrió comprarme unas sábanas -bonitas, desde luego- y con las que dormí­ abrazada a tu recuerdo hasta que la lavadora y ciertas penas las dejaron inservibles.

!Cómo me gustaría que estuvieras a mi lado ahora mismo! Que vieras lo guapa que sigo estando -buenos genes, no tiene mucho valor- y lo guapa que me gusta verme -eso ya es mérito propio. Poder contarte una vez más que tu recuerdo me mueve en no pocas ocasiones, sobre todo cuando flaqueo y me duele el alma y pienso en ti, papá, y en la vida que tuviste y en lo que te tocó en suerte o elegiste equivocándote o, simplemente, te hicieron pagar sin haber cometido ningún delito.

A la edad que cumplo ahora tú ya estabas jubilado -como yo misma- y muy ilusionado con la vida feliz que se te presentaba por delante liberado del despertador y la rutina laboral. Lo que nadie imaginaba es que un demonio devorador estaba a punto de nacer en tus entrañas y te llevó por un via crucis de quirófanos, penas y hospitales durante casi doce años hasta que dijiste, basta, no puedo más, me rindo, y nos dijiste adiós.

No estoy triste recordándote, papá, sino contenta de imaginar que me estás viendo y alegrándote por haber heredado tu deseo de vivir feliz, tranquilo, con buena música y mejor lectura, en paz conmigo misma y con la mayor cantidad posible de silencio interior en la existencia. Tú eras creyente, te fuiste con esa fe a cuestas y ojalá que tuvieras suerte y desde donde creías que ibas a ir me estés viendo ahora tecleando tranquila y sosegada mientras afuera la vida gotea contra el ventanal con ansia y el viento mueve los árboles y las conciencias.

Eres bisabuelo aunque no hayas podido tener en tus brazos a la preciosa niña-pajarito que nos ha llenado de regocijo; eres el abuelo de dos nietas que te adoraban por tus bromas, tu cariño y dedicación y tu forma de besar pinchando con el bigote. Sigues siendo el padre controvertido que fuiste en mi infancia, el padre comprensivo que me levantó de todos mis tropezones juveniles e incluso adultos y el padre amoroso que me daba las gracias por cada momento bueno que pudimos pasar juntos cuando la vejez fue una realidad.

Felicidades, papá, por seguir estando tan vivo en tu esencia después de tantos años. Mi primer brindis de hoy será para ti.

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Tu gurriata.

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Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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