Diario Vasco
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Fecha: septiembre 13, 2017
Cumpleaños
Cecilia Casado 13-09-2017 | 7:49 | 12

 

Cada año por estas fechas me ocurre lo mismo, una especie de déjà-vu que me convulsiona por dentro, un relámpago de lucidez teñido de nostalgia, el calambrazo del amor y el calor insoportable de las lágrimas a punto de desbordarse.

Es el dí­a de mi cumpleaños y me despierto con el cuerpo descansado, la mente todo lo lúcida que se puede esperar de una “adulta mayor” como ya soy y el corazón revuelto pensando en ti. Sé que no me llamarás a primera hora como hiciste durante casi cuarenta años para felicitarme y quedar conmigo para darme tu “regalito”, siempre decías así­, “regalito”, en diminutivo, como quitándole importancia al hecho de que, lo sé, siempre acababa sabiéndolo- te habías recorrido varias tiendas buscando algún objeto personal que me agradara.

De aquellos tiempos conservo todavía un precioso peine de carey de cinco púas grandes -“para quitarme los nudos de la melena, dijiste”; un espejo precioso, también de buen diseño, con mango grande “para contemplar mi sonrisa, dijiste. Y un estuche de manicura que parece eterno. Un bolsito pequeñito de Loewe que conservo como oro en paño y en el que te gastaste “la paga” de un par de meses: yo tenía veintidós años y empezabas a estar a mi lado como una presencia amorosa, real, comprensiva y muy cercana.

También por aquellas fechas me regalaste un vestido de noche, negro, de diseño joven pero chic… !qué cosas se te ocurrí­an! Aunque alguna vez metieras la pata, como con aquel Vespino que me ofreciste a mis diecisiete y que luego te reapropiaste porque dijiste que ya no lo necesitaba.

Cada año por estas fechas, más que nunca, echo en falta tu presencia, tus risas y, lo confieso, tu regalo de cumpleaños. Nunca me preguntaste qué querí­a o qué necesitaba, dejabas volar tu imaginación en alas del cariño que me tení­as y siempre me dabas una sorpresa, como aquella vez que se te ocurrió comprarme unas sábanas -bonitas, desde luego- y con las que dormí­ abrazada a tu recuerdo hasta que la lavadora y ciertas penas las dejaron inservibles.

!Cómo me gustaría que estuvieras a mi lado ahora mismo! Que vieras lo guapa que sigo estando -buenos genes, no tiene mucho valor- y lo guapa que me gusta verme -eso ya es mérito propio. Poder contarte una vez más que tu recuerdo me mueve en no pocas ocasiones, sobre todo cuando flaqueo y me duele el alma y pienso en ti, papá, y en la vida que tuviste y en lo que te tocó en suerte o elegiste equivocándote o, simplemente, te hicieron pagar sin haber cometido ningún delito.

A la edad que cumplo ahora tú ya estabas jubilado -como yo misma- y muy ilusionado con la vida feliz que se te presentaba por delante liberado del despertador y la rutina laboral. Lo que nadie imaginaba es que un demonio devorador estaba a punto de nacer en tus entrañas y te llevó por un via crucis de quirófanos, penas y hospitales durante casi doce años hasta que dijiste, basta, no puedo más, me rindo, y nos dijiste adiós.

No estoy triste recordándote, papá, sino contenta de imaginar que me estás viendo y alegrándote por haber heredado tu deseo de vivir feliz, tranquilo, con buena música y mejor lectura, en paz conmigo misma y con la mayor cantidad posible de silencio interior en la existencia. Tú eras creyente, te fuiste con esa fe a cuestas y ojalá que tuvieras suerte y desde donde creías que ibas a ir me estés viendo ahora tecleando tranquila y sosegada mientras afuera la vida gotea contra el ventanal con ansia y el viento mueve los árboles y las conciencias.

Eres bisabuelo aunque no hayas podido tener en tus brazos a la preciosa niña-pajarito que nos ha llenado de regocijo; eres el abuelo de dos nietas que te adoraban por tus bromas, tu cariño y dedicación y tu forma de besar pinchando con el bigote. Sigues siendo el padre controvertido que fuiste en mi infancia, el padre comprensivo que me levantó de todos mis tropezones juveniles e incluso adultos y el padre amoroso que me daba las gracias por cada momento bueno que pudimos pasar juntos cuando la vejez fue una realidad.

Felicidades, papá, por seguir estando tan vivo en tu esencia después de tantos años. Mi primer brindis de hoy será para ti.

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Tu gurriata.

LaAlquimista

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Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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