Diario Vasco
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Fecha: octubre 4, 2017
Viajar para ver. Berlín.
Cecilia Casado 04-10-2017 | 7:21 | 7

 Conejito Viajero en Berlín-Conejito Viajero en Berlín-
Para ver y para aprender. Aprender que el mundo y sus gentes es diverso aunque sean vecinos, aprender que lo que es bueno para unos es veneno para otros y, qué duda cabe, realizar la reflexión necesaria para reubicarnos en el fiel de la balanza, desechando ese ego trasnochado que yergue la cabeza y grita: “¡lo mío es lo mejor!”
Conejito Viajero en la Isla de los Museos

Conejito Viajero en la Isla de los Museos

De mi reciente viaje a Berlín y sus cosas, sus gentes, sus costumbres… ¡Quién me iba a decir a mí que beber en el metro o por la calle, portando del gollete una cerveza de medio litro iba a ser algo aceptado y habitual! Que aquí, en este país mío y nuestro, son tan sólo los “borrachos” los que acarrean el alcohol consigo en horas diurnas; luego está el botellón –casi siempre nocturno- y más usual entre la juventud que otra cosa. Pero en Berlín, día sí y día también, en Kreuzberg o Mitte, he visto lo que cuento con mis ojos críticos y algo prejuiciosos y he tenido que darme otra vuelta de tuerca para evitar los pensamientos negativos ante una actitud que me resulta, por cultura y educación, francamente desagradable. Supongo que esto se hace porque la cerveza es bastante cara en los bares o pubs y francamente barata en el súper de cualquier esquina y porque está en la cultura germana eso de beber a cualquier hora que les apetezca y allí donde les pille y también, porque está permitido y no es ilegal.
 Alexanderplatz. Fersehturm
Para compensar, -botella en ristre o no- doy fe también de la civilidad berlinesa haciendo largas colas para acceder a un evento artístico, la ausencia de barahúnda acústica en los restaurantes donde la gente habla en tono NORMAL y no como nosotros que se nos reconoce por el estruendo que organizamos –en cuanto vamos más de dos juntos- en cualquier lugar al que se nos ocurra ir. No poca vergüenza ajena he pasado sufriendo a grupos de turistas patrios comportarse como chiquillos en el patio del colegio –a gritos- en restaurantes, aeropuertos y otros lugares donde el resto del personal no eleva el tono de voz una octava para comunicarse entre sí.
 OktobertFest en Berlín
Berlín y su más que extendida costumbre de no tener aseos en muchos locales públicos de restauración. En Alexanderplatz, centro neurálgico de la ciudad, recalamos en un restaurante que nos obligó a utilizar los baños públicos de la feria de Oktoberfest –previo pago, por supuesto- a pesar de haber realizado dos comidas enteras y verdaderas. Lo mismo se puede criticar de varios de los cafés de la zona –incluido un Starbucks- en los que puedes consumir pero no “desconsumir”. Ni pagando ni sin pagar; simplemente NO HAY.
Más fácil es acostumbrarse en Berlín a pagar en efectivo casi todo lo que comes puesto que muchísimos restaurantes NO aceptan tarjetas de crédito. Con tenerlo previsto es suficiente, claro está y de paso poder disfrutar de unos precios que, en general, son mucho más aquilatados que lo que acostumbran a serlo por otras zonas. Volvemos a los orígenes, a llevar el dinerito en el bolsillo sin miedo a perderlo o a que nos lo roben…
 Iglesia Memorial Kaiser Guillermo
Pero a lo que me está costando en Berlín –después de dos visitas en menos de un año- es acostumbrarme a la poca iluminación que derrochan en sus calles y avenidas y que da la sensación como de inseguridad aunque no sea tal, pero que llevo yo muy metido en la cabeza eso de no andar de noche por sitios poco iluminados…por si las moscas.
 berlin-septi-2017
Berlín es ciudad para vivirla, centro y foco artístico por excelencia, una ciudad a la que se le puede quitar sin lastimarla demasiado sus enclaves meramente turísticos y dejar una metrópolis viva, actual, vibrante y acogedora.
Tomo nota de cómo el ciudadano de a pie colabora en el reciclaje de sus residuos, devolviendo las botellas de cristal o las latas de bebida –hay puntos de recogida y reembolso en muchos supermercados- y percibiendo por ello un dinero que, si bien no soluciona la vida, puede ser suficiente para un pequeño alivio. Raro será ver en papeleras o cunetas latas o botellas porque siempre habrá alguien más necesitado que las recogerá cuidadosamente para su beneficio propio y la limpieza común.
 berlin-sep-2017-hoteles
Berlín y sus gentes que, poco a poco, voy conociendo y sintiendo como algo menos lejano que la historia que alguna vez nos contaron.
Y a quien siga pensando –sin fundamento alguno- que los alemanes son esas “cabezas cuadradas” cuya mala fama arrastran…que viajen y vean, por favor.
Felices los felices.
LaAlquimista
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Por si alguien desea contactar:
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Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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