Diario Vasco
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Protocolos del whatsapp
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Cecilia Casado | 24-10-2017 | 06:40

 
Si es que no me aclaro, cada día que pasa recibo una nueva lección de cómo tienen que funcionar las cosas en esto de la mensajería automática y me cuesta saber a qué carta quedarme.
Y me explico.
Soy amante de las nuevas tecnologías, chafardeo por las redes sociales un poco y si hay que usar el whatsapp y estar en media docena de grupos, pues estoy y ya está; todo sea por sentirme más o menos integrada en un entorno que –todo hay que decirlo- a veces me zarandea y por el que me dejo llevar más de lo que me gustaría sin estar totalmente de acuerdo, pero intento ser amable y eso tiene un precio.
Cuando alguien me mandaba un whatsapp de esos que no me interesan nada de nada porque no son más que un refrito pastelero me limitaba a no hacer caso y punto. Hasta que me explicaron que los buenos usos del invento obligaban de cierta manera a, por lo menos, responder con un emoticono simpático, para que la persona que me había enviado lo que fuera supiera que yo lo había recibido…y agradecido.  Enseguida comprobé que eso no es cierto –el interés en mi persona- puesto que basta con hacer una lista de difusión y todo lo que tú quieras va automáticamente a las personas de esa lista sin que tú tengas ni que acordarte de quienes la conforman. Lo que se llama spam puro y duro.
Por el contrario, me ocurre que a veces envío whatsapps personales del tipo qué tal estás o a ver cuándo nos vemos y… ¡ni te contestan!. Entonces me quedo pensativa, un poco mosqueada por no entender bien el protocolo de ahora sí, ahora no… y me da por pensar que hay personas que verdaderamente no precisan comunicarse conmigo ni tan siquiera de una manera tan superficial. Y voy observando y reflexionando sobre alguna invitación que hice y a lo que no se respondió ni sí ni no, o a una pequeña petición que también fue desoída por personas que, luego me di cuenta, estaban todo el día conectadas al invento del que hablo.
¡Cómo ha cambiado la forma de interactuar entre nosotros! ¿Dónde quedaron aquellas llamadas telefónicas tranquilas, de sofá y cigarrillo, distendidas para ponerse al día o contar penas o compartir alegrías?
Ahora resulta que para hablar con alguien por teléfono primero tienes que enviar un whatsapp preguntando a ver si le viene bien a esa persona que le llames, vamos, pidiendo permiso para marcar su número y, eventualmente, molestarle.
Una amiga me llegó a decir que el teléfono es INVASIVO, que molesta e interrumpe, que no hay por qué responder a esa demanda de inmediatez. Yo creía en mi ingenuidad que conservo como oro en paño para algunas cosas que cuando alguien te llama, si quieres contestas y si no quieres, pues no. Luego puedes devolver la llamada cuando te venga bien…o no. No se trata de salir de la ducha chorreando agua –como hacíamos antes- cada vez que suena el timbre de llamada, sino de permitir que los demás se pongan en contacto con nosotros y nosotros con ellos de una manera tranquila y racional.
Pues parece ser que sigo sin acertar. Si llamo porque llamo y si no respondo porque no respondo. Con el whatsapp, parecido. Que si me mandan un mensaje y lo leo y no contesto al instante parece que estoy haciendo un feo o un desprecio y me tengo que activar la función esa de no ver las dos rayitas azules de los demás para que los demás no vean las mías…aunque en los grupos no funcionan y hay mucho detective vigilando.
De vez en cuando me agarro un rebote y digo a todo el mundo que me voy a borrar del whatsapp, que me dejen en paz, que me agobio con tanto mensajito inoportuno, que tan sólo me interesa ver las fotos de mis niñas en la distancia, pero luego se me pasa porque me doy cuenta de que estoy atrapada en la red, en los usos y costumbres de este momento presente que, por otro lado, me gusta vivir con la mayor intensidad posible.
Con el whatsapp me pasa como con algunas cosas en la vida: que no entiendo el protocolo. Que por un lado me enseñan unas normas y por el otro me dan las herramientas para infringirlas; que sigue siendo válido el haz lo que yo digo y no lo que yo hago, que hay tanta hipocresía como ha habido siempre y hemos mejorado muy poco en nuestro comportamiento con los demás mientras seguimos exigiendo que a NOSOTROS se nos trate con deferencia y respeto.
Así que seguiré intentando hacer las cosas lo mejor posible… a pesar de todo.
Felices los felices.
LaAlquimista
https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50
Por si alguien desea contactar:
apartirdeloscincuenta@gmail.com

Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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