Diario Vasco
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Memoria selectiva
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Cecilia Casado | 03-11-2017 | 08:16

 
Es una realidad incuestionable que con los años se va perdiendo la memoria al igual que la elasticidad en la piel y la fuerza en los músculos. Se pierden también  ilusiones y amores y no hay milagro que recomponga estas y otras pérdidas.
Por eso me da mucha rabia cuando te encuentras con la típica conocida que tiene ‘memoria de elefante’ y te dice aquello de: -“Sí, mujer, acuérdate, que estábamos en un guateque en el 69, era verano y tú llevabas aquel vestido horrible de florecitas que te había hecho tu abuela…” y le miras con la mirada ‘modelo katana’ y acabas pensando que igual no es que tenga buenísima memoria sino que aprovecha la debilidad de la tuya para colocar recuerdos inventados, hacerse la interesante y, de paso, darle lustre al ego.
¿Por qué tenemos que echarnos las manos a la cabeza cuando comprobamos que nos va fallando la memoria? ¡Qué más da! Si seguro que lo bueno de verdad –y lo malo, qué duda cabe- va a seguir bien aferrado a las neuronas y no lo vamos a dejar atrás por mucho que nos empeñemos. Ahí están –bien pertrechados- los recuerdos traumáticos que seguirán arañando el cerebro y desequilibrando la psique hasta el minuto final de la jugada.
El caso es que he llegado a un acuerdo con mi memoria; hemos decidido –ella y yo- hacer limpieza general, sacar de los cajones viejos los recuerdos viejos, quitarles polvo y telarañas y aprovechar que hay recogida de basura todas las madrugadas. O sea: ¿las cartas de aquel novio que me dejó sumida en la confusión y el desamparo…?, a la basura. ¿Las fotos de aquel verano en que todas iban con bikini y yo con bañador de faldita…?, a la basura. Sábanas, vestidos, zapatos, bisutería de chatarra, flores secas, recuerdos secos, flores viejas, recuerdos viejos… todo al contenedor… porque no quiero alimentar la memoria que no me vale para nada, la memoria huera, la memoria sin sentido profundo.
Pero lo otro, lo difícil y duro de olvidar, -y lo que nos gustaría extraviar- los desafueros, las traiciones, las mentiras, las zancadillas, las bofetadas, los desprecios y el desagradecimiento se va a quedar en su sitio. Ella –mi memoria- sé que pondrá encima de la mesa mi lado oscuro, el gran saco donde están guardados los desafueros y traiciones que yo he cometido, las mentiras que dije, las zancadillas que puse, las bofetadas que di y los desprecios que inferí. Desagradecida nunca he sido, menos mal que me salvo de algo.
Una vez terminada la tarea –nada baladí, por cierto-, una vez realizada la criba, la limpieza anímica y espiritual, podré decir orgullosamente que yo me acuerdo sólo de lo que me interesa. Y con todo el derecho del mundo, que a estas edades no conviene tener los armarios de la memoria llenos de cosas que no sirven para nada.
Otra cosa es eso tan happyflower de decir que la felicidad es tener buena salud y mala memoria… que como frase para el grupo del whatsapp está bien, pero poco más. Lo de la salud lo suscribo, pero lo otro que no se me olvide que hay errores que mejor recordar para no volver a cometerlos y personas que hacen daño y en cuyo camino es mejor no volverse a cruzar. Personalmente tengo que corregir mi tendencia natural a seguir siendo amable con quienes han sido antipáticos conmigo, peculiaridad que me ha hecho pasar momentos patéticos, como aquella vez en que una persona muy cercana me excluyó de una importante celebración (diciéndome a las claras que no quería contar conmigo) y a los dos días me la encontré por la calle y yo, tonta de mí, le hablé como si no hubiera pasado nada…
Para que no se me olvide, tengo unos cuantos nombres propios apuntados en mi agenda mental…
Felices los felices.
LaAlquimista
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Por si alguien desea contactar:
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Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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