Diario Vasco
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Pequeñas alegrías
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Cecilia Casado | 15-11-2017 | 07:35

 
Algunos despertares me pillan atravesada en la cama, sudando. Lejos de ser el resultado de una lujuriosa sesión, significan que han encendido la calefacción central demasiado pronto y que mi estado de ánimo está afiebrado. No mi cuerpo, no, sino mi psique o donde quiera que se fragüe el origen del desasosiego.
Esas mañanas –no necesariamente de lunes- sé que me levantaré con el pie izquierdo, que estaré de mal humor y, en consecuencia, todo aquello cuanto emprenda me saldrá torcido. Que se me derramará el té al servirlo, que mi perro no controlará los esfínteres (tan sensible mi Elur a mis estados emocionales), que el jersey rojo habrá encogido en la última lavadora y hasta es posible que me queme al sacar el pan de la tostadora. No llamarán los amigos ni yo tendré ganas de llamarlos a ellos. Estaré sola, comeré sola, dormiré sola. Un asco de perspectiva, vaya.
Pero como ya me conozco esos despertares y lo que viene después, estoy aprendiendo –o por lo menos intentándolo- a introducir algún pequeño cambio en el guion recidivante que me asalta a traición. Así que, lo primero de todo, me prohíbo levantarme sin antes haber relajado mis neuronas. Busco en la oscuridad la mejor postura, nada de posición fetal, bien estirada aunque relajada, y comienzo a visualizar alguna situación amable, agradable, alegre incluso, que me gustaría me alcanzara en las próximas horas.
Pienso en mi listado de “pequeñas alegrías”, esas emociones que son infalibles, que siempre me ponen de buen humor, que me dejan el ánimo suave como una hoja recién caída del árbol. Hago repaso mental de esas cosas sencillas que tanto me han gustado desde siempre: las ganas de canturrear por la casa, la ilusión por hablar con un ser querido, el gusto por vestirme guapa con los pendientes a juego con la sonrisa.
Visualizo mi día perfecto (o casi). Como cuando me llama una amiga y me dice que quiere verme porque hace mucho tiempo que no; o si recuerdo cómo iba con mis hijas pequeñas a recoger hojas del otoño. Quizás cruce por mi mente el aroma de unas alubias cremosas, felices con sus “sacramentos” o me asalten las ganas de ese libro que quiero leer y nunca pillo libre en la biblioteca.
Entonces pongo en orden ese batiburrillo de impresiones, suspiros y deseos amordazados y tomo la mejor decisión posible. Llamo a esa amiga a la que hace mucho tiempo que no y le invito a salir. De camino cruzo el parque y recojo unas cuantas hojas rojas y picudas para marcar páginas en el libro que –ya he decidido sin dudarlo- voy a comprar hoy mismo.
Con esas pequeñas decisiones tomadas, abandono el lecho y me pongo en marcha, llena de “pequeñas alegrías” que van a dar sentido a mi vida el día presente. No mucho más, pero no mucho menos para recobrar el equilibrio emocional que a veces se nos descalabra a los humanos porque no hacemos más que echar gasolina al fuego de la mente donde se están cociendo tantos pensamientos negativos.
Esa hoguera indeseada donde nos quemamos porque los hijos están lejos, porque la pareja está lejos aunque duerma al lado; ese fuego que abrasa por la fuerza del deseo de dejar atrás lo que desagrada y que quema también por la cobardía que impide llevar a cabo lo que tanto se ansía.
Guardamos en stock “pequeñas miserias” cotidianas, irreversibles, que hurgan en los recovecos del espíritu hasta llenarlos de malos augurios. Quizás para compensar tanta tristeza inevitable haya que inventarse “pequeñas alegrías” que recompongan el equilibrio.
A veces me sale bien el truco. De esas veces es de las que hablo aquí…
Felices los felices.
LaAlquimista
https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50
 *** Banksy. Muro de Gaza. 2005
Por si alguien desea contactar:
apartirdeloscincuenta@gmail.com

Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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