Diario Vasco
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Los puñales del whatsapp
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Cecilia Casado | 05-02-2018 | 08:34

 

Hasta el siglo pasado, cuando se quería romper una relación, lanzar a alguien una pedrada emocional o si se era tan cobarde y miserable como para no atreverse a decir las cosas a la cara, se escribían cartas con o sin remite. Solían ser sentencias en toda regla –por aquello de que lo bien escrito, bien se lee- y abocaban al destinatario a leerlas una y otra vez incluso para confirmar las crudas palabras que contenían. -“Mi novio me ha escrito una carta rompiendo la relación después de dos años”. Sin anestesia y dejando constancia con poca luz, pero malhadada contundencia.

Luego vino el teléfono y por lo menos el agresor tenía que expresar el agravio, ofensa o ruptura mediante la voz –que algo es algo-, exponiéndose a airadas réplicas o enfados a voz en grito, y si estos –los gritos y denuestos- eran demasiado, se colgaba el aparato y ahí te quedabas, con cara de que te ha caído un rayo encima sin tan siquiera haber abierto la ventana. Y si marcabas el dial para devolver la llamada y prolongar el martirio del abandono, podías encontrar al otro lado el silencio de las fosas abisales. Toda una sentencia inapelable.

Pero con las nuevas tecnologías hemos avanzado tanto, pero tanto, tanto, que ahora ya puedes decirle a tu marido (o a tu esposa): – “t espero Juzgado Familia nº3, lunes 9 Feb., 10 am.” Y ni siquiera es un telegrama. Y ni siquiera hay que firmarlo.

Los “whatsapp” se inventaron para los cobardes, -al igual que sus antecesores sms- como herramienta para comunicar noticias malas directamente desde las alcantarillas del alma o desde la miasma de la sinrazón.

Sé de alguien a quien su pareja le envió la sentencia de que le dejaba por otra persona de esa forma miserable. Podría haber sido una solución a una relación tempestuosa, pero el tipo en cuestión se fue a trabajar por la mañana, dejando la cama caliente y ya no volvió más que cuando no había nadie en el piso a recoger sus cosas con una furgoneta alquilada.

También conozco a quien le felicitaron por su cumpleaños con un mensajito y punto pelota. La cosa no sería grave si no fuera porque la persona que lo hizo era su novio “de toda la vida”: ni regalo, ni flores, ni cena, ni rien de rien.  (Por lo menos la buena mujer lo tuvo claro y le respondió con otro whatsapp con ese emoji en el que se ve una mano haciendo “adiós”).

Los empresarios todavía no han descubierto la utilidad encubierta, aunque igual sí y no la usan porque es ilegal: -“Ultimo día contrato 26 Feb. Pase por caja”.

Aunque también están los whatsapp útiles: -“Llego tarde. Véte tú sola al cine” o los graciosos: “Kiero tortilla d patata para cenar” o los breves y pretendidamente cariñosos: “tqm”. Que no todo va a ser denostar la tecnología, aunque preveo una futura generación con los pulgares hiperdesarrollados como un bulbo de patata.

Pero cuando una persona es tan poco digna que se esconde detrás de la triste pantalla de un teléfono, cuando alguien se saca de encima la molestia sin aspavientos, cuando se le falta al respeto al otro haciéndole ver que ni siquiera se le considera merecedor del gesto, de la voz, de la presencia y se dicen cosas importantes mediante esos mensajitos, cuando se da validez social (y creo que hasta legal) a ese tipo de paupérrima comunicación, se está haciendo merecedor a su vez de recibir un whatsapp, sólo uno, escueto, contundente, definitivo. Y seguro que el Universo encontrará la forma de hacérselo llegar.

Felices los felices.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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