Diario Vasco
img
Autor: A partir de los 50
Quejicas crónicos
img
Cecilia Casado | 29-03-2017 | 8:04| 0

 

Qué verdad es que existen personas que son adictas al sufrimiento y qué verdad es también que es ésta una situación en la que se puede uno instalar sin tomar conciencia de la propia realidad. Que uno acaba diciendo: “es que yo soy así” como si fuera una maldición la que pesa sobre la cabeza de quien habla y se convence de que no puede cambiar. Y cuando uno está convencido de algo ya sabemos que no hay razón ni látigo que lo doblegue.

Desde el típico “agonías” que siempre anda quejándose del trabajo, del jefe, de los compañeros, de los clientes, de las secretarias, de los ayudantes, de los proveedores y de todo aquel con quien tenga contacto en el desempeño de su labor profesional, hasta la típica “sufridora” que se pasa la vida corriendo de aquí para allá abasteciendo a su familia, realizando tareas de Hércules con la compra diaria y el menú del día para contar después todo lo que hace por los demás: por el marido enfermo, por los hijos atareados, por los hermanos necesitados, por los padres ancianos, por los nietos, por las amigas con problemas y que nunca tiene tiempo para dedicárselo a sí misma porque, a ver, qué más quisiera ella que poder estar un día enterito sin pensar en nadie más que en sí misma…

Aunque haya diagnósticos de “adicción al sufrimiento” –y otras patologías graves desde el punto de vista médico- yo prefiero llamarles “quejicas crónicos” porque parece que las penalidades por las que supuestamente atraviesan sirven para crear los cimientos de la queja sempiterna, ésa que irrita a los que viven cerca porque lleva una carga de profundidad adherida que no es otra que la culpabilidad inducida.

Recuerdo cuando atravesé una época mala tirando a malísima y no sabía ni por dónde me daba el viento. Tenía reproches acumulados para varias temporadas, la despensa emocional abarrotada de rabias y resquemores y, para colmo, estaba convencida de que el Universo en general y la Humanidad en particular me debían algo. En aquellos tiempos tuve pocos amigos: digamos que más bien huían de mi lado y supongo que era porque no aguantaban mi plañidera actitud. La familia como siempre bien, gracias.

Pero hubo quien se vio reflejado en mí y tuvo el valor –y la generosidad- de contarme su propia historia y hacerme ver que mi actitud quejicosa no me estaba favoreciendo ni me iba a ayudar así viviera doscientos años. Fui buena alumna, me bajé de mi burro particular y quise solucionar mis problemas –más que nada porque tenía al lado dos preciosas criaturas que no se merecían tener una madre negativa que les contagiase su eventual incapacidad de afrontar las circunstancias vitales que se habían instalado de puertas para adentro del domicilio familiar.

Una vez aprendida la lección no es que haya dejado de quejarme –o de manifestarme, como me gusta añadir- sino que la queja entiendo que es “mía” y como tal tengo que apañármelas con ella sin lanzarla encima de los demás como si fueran confetis en una fiesta de cumpleaños. A veces está bien largarse lejos y pegar cuatro gritos –aunque sea en el coche y con la música a tope- para que se alivien las entrañas de pena o disgusto. A veces hay que bucear en el silencio y dejar que aflore la miasma interior y que desaparezca. A veces hay que agarrar el toro por los cuernos y exponerse al zarandeo y a la eventual cornada. Cada quien descubrirá el método que mejor le cuadre.

Excepto los que seguirán quejándose hasta el fin de su tiempo sin ponerle remedio, excepto los que una y otra vez cantarán su cantinela: “Mira, es que a mí me pasa esto y nadie me comprende” o “Tengo un dolor que nadie sabe lo que es” o, el más patético de todos: “ Tú es que eres muy feliz y no sabes cuánto sufro yo” y ahí se quedarán, en esa adicción al sufrimiento que tanto “placer” da a quien la padece y tanto aleja a quienes trabajan para no caer en ninguna adicción.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Ver Post >
Reflexión del lunes. “Desilusión”
img
Cecilia Casado | 27-03-2017 | 7:32| 0

 

A veces las cosas no salen como uno las había planeado; de hecho, a veces parece que los dioses que manejan los hilos de nuestra efímera existencia se divierten liándolo todo y partiéndose la caja cuando nos ven con cara de no entender nada y darnos de bruces contra las paredes de la vida.

De desilusiones está el mundo lleno –de desagradecidos, también- pero me he dado cuenta de que siempre nos desilusionamos los mismos, es decir, quienes primero hemos creído en algo bello, lo hemos elevado a la condición de hermoso cum laude y hemos afirmado cual Escarlata del siglo XXI, “¡sí, esto es lo que quiero, estoy segura de que nunca más volveré a pasar hambre!”. Felices y contentos, el pecho henchido y el cuerpo liviano, como si nos hubiéramos desprendido de los kilos que nos sobran a la vez que de nuestros temores.

Los cínicos dirán eso de: “benditos los que nada esperan porque nunca se verán decepcionados”. Y los que todo lo saben –que son legión-, los que creen conocernos “como si nos hubieran parido”, dirán que “ellos ya lo veían venir, la debacle, la desilusión…”. Y ahí han seguido, expectantes, vigilando como quien no quiere la cosa a que nos pegáramos la bofetada de la mano de la inevitable desilusión.

Y es que la gente ya no cree en el amor, qué cosa más pasada de moda, el amor ha pasado de ser el motor de todas las cosas a algo feo y viejo, propio de gentes sin dos dedos de frente, predio de ilusos, pasto de ingenuos, el gheto de quienes todavía no han comprendido el desastre de mundo en el que vivimos y no conocen la auténtica naturaleza humana de quienes lo habitan.

La gente ya no cree en el amor ni en muchas otras cosas. En nada que no sea tangible o se pueda llevar en la mano o por lo menos que tenga una app en el móvil. Creemos en lo virtual, lo que nos traen las ondas desde lejanos satélites, en noticias absurdas, falsas, manipuladoras. Creemos en fotos trucadas y en declaraciones de amor –o de guerra- en 140 caracteres; creemos en lo intangible e improbable de las promesas de los políticos, nos agarramos a la esperanza de lo que cuentan que pasará dentro de unos lustros, cuando ya igual ni estamos por aquí.

Y cuando el castillo de naipes se derrumbe, nos enfurruñaremos un rato para volver a buscar a los mismos vendedores de humo saludando desde otra cadena de televisión, otro partido político, otro marco diferente. Aunque eso no nos produzca desilusión porque ya sabemos que la vida y las gentes son así, descorazonadores, traidores, llenos de vacíos éticos y carentes de energía de la buena. Nos habremos acostumbrado tanto y tanto al engaño eterno que no nos arañará el alma ni una patada en el cielo de la boca. Insensibles. Inmunes a la desilusión.

Mientras tanto, fiel a mí misma, me sigo ilusionando y desilusionando al ritmo imparable de los latidos de mi corazón que todavía cree en muchas cosas –incluso en el amor- a la espera del golpe definitivo. De gracia…o de buena suerte.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Ver Post >
Primavera de libros
img
Cecilia Casado | 24-03-2017 | 8:46| 0

 

Se acaba el invierno y los libros que han acompañado el frío y la lluvia de tantas tardes de recogimiento desperezan sus páginas en busca del soplo de aire liviano, templado, favorecedor de ser llevados al aire libre; un parque, el balcón, la terracita de un café… las letras del invierno se desperezan y quieren volar más alto, siempre un poco más alto.

Aquí va la lista de los libros leídos –en papel- en los últimos tres meses. ¡Compartir es vivir!

—————————————————————————

La “niña bonita”.- El libro que se vende como rosquillas y que me ha confiscado casi un mes de mi tiempo lector.

“El laberinto de los espíritus”  de Carlos Ruiz Zafón. Nov. 2016 (922 páginas) Demasiadas páginas para una trama deslavazada que no tiene la talla ni la enjundia ni el interés de las otras novelas de la tetralogía de “La sombra del viento”. Aquella novela sí que daba un subidón de buena literatura. Regalo agradecido, por supuesto. 6/10

————————————————————————

Lecturas livianas: (para pasar el rato y sin que inviten a la reflexión profunda) Aquí también se incluyen los “fiascos” literarios con los que he tenido que pelear. (Ver puntuación)

 “Todo esto te daré”  de Dolores Redondo. (2016) Expectativas truncadas de cuajo. Después de la exitosa (y buenísima) “Trilogía del Baztán”, la autora nos regala una novela previsible, con una trama de poco fuste y calado. Le han dado el Premio Planeta y quizás eso lo explique todo… Una pena. Leído rápido y un poco en diagonal.   6/10             

 “Falcó”  de Arturo Pérez Reverte. (2016) Una trama bien construida sobre un mercenario ”tipo Bogart” en la España demoledora y demolida de la Guerra Civil. Una obra menor del autor que no aporta mucho de especial aunque él diga que se siente satisfecho.      6/10     

 “Cielo nocturno”  de Soledad Puértolas. (2008) Novela sencilla, festoneada de nostalgias. Tiempo de juventud y descubrimiento. Escritura lenta, sin estridencias, al más puro estilo al que nos ha acostumbrada su autora.                                                       6/10

 “Media vida”  de Care Santos. Premio Nadal 2017. Con los premios literarios me ocurre como con los Oscar, Goya y Cesar, etc. Que no entiendo qué es lo que están premiando. Una novela de posguerra en los años 50/60 para hilar recuerdos y traumas de las niñas que cayeron irremediablemente en los internados de monjas.           6/10

 “Vidas escritas”  de Javier Marías. (1992) Recopilación de anécdotas sobre la vida de escritores icónicos. Con el puntito personal del autor. No gran cosa.                                                          6/10

 “Los penúltimos días de Jean Paul Balart” de Gabriel Marat. Un imaginativo enredo sobre Kant y una familia de parásitos de la alta burguesía del siglo XX. Como trama argumental enarbola la búsqueda de la fuente de la eterna juventud. Lees y lees y esperas que la novela se vuelva interesante, pero no demasiado.                      5/10

————————————–———————————–

Lecturas enjundiosas: (que ayudan a incrementar el acervo cultural a la vez que estimulan el intelecto)

 “Puertas y ventanas abiertas”  de Mariasun Landa. (2016) Experiencia lectora, experiencia escritora. El Euskera como vehículo literario y los efectos colaterales, a veces, conflictivos. Un ensayo muy interesante y bastante ameno.                                          7/10

 “La historia del silencio” de Pedro Zarraluki. Lectura ágil de las relaciones de varias parejas de amigos en la Barcelona de los años 90. Aquellos tiempos del amor libre y de lealtades sin teléfono móvil. De cuando éramos todavía jóvenes, pero ya desencantados.            7/10

 “Instrumental”  de James Rhodes. Este hombre ha conseguido contar su historia soslayando los detalles escabrosos que la originaron. De cómo la música pudo salvar la vida a alguien que se autodestruye a consecuencia de los abusos sexuales sufridos durante su infancia. Una historia también sobre la “culpa” de la víctima inocente. Me ha aportado muchas ideas con luz especial.            8/10

 “Recuerdos míos”  de Isabel García Lorca. Una biografía de la hermana del gran poeta llena de dulzura a pesar de definir un tiempo en el que hubo muchísimo dolor. Un libro muy bonito, mucho.     8/10

 “La ley del menor”  de Ian McEwan. Inteligentísima novela llena de reflexiones sobre la condición humana. Una jueza que protege a los niños, pero que no es capaz de protegerse de la absurda vida sin amor que ha elegido vivir. Contradicciones humanas.               8/10

 “La oficina”  de Lars Berge. Desasosegante novela sobre la neurosis general que afecta al mundo laboral de los empleados de oficina. Parecería una farsa bien montada si no tuviera tantos visos de realidad. Un buen autor, una buena novela.                              7/10

————————————————————————

Lecturas con peso específico: (para sustraerles la sustancia a base de neuronas)

 “Un nuevo mundo, ahora” de _Eckhart Tölle, (2005) La utopía necesaria de poder construir un mundo mejor a través de la revisión del papel de la consciencia. Peleas y victorias con el ego para llegar a la comprensión certera de quiénes somos.                                 9/10

“Modernidad y holocausto” de Zygmunt Bauman (1989) Estudio sobre el proceso completo de destrucción en una sociedad moderna. La inhumanidad como función de la distancia social. Libro complejo y demoledor en sus tesis difícilmente discutibles. Me ha deprimido un punto…(inevitablemente, ya lo presentía).                                 9/10

————————————————————————-

Lecturas atragantadas: (que pretendían ser interesantes y que no he podido llevar a buen puerto)

 “Los herederos de la tierra” de Ildefonso Falcones. Leí con mucho agrado “La catedral del mar” y “La mano de Fátima”, pero aquí no he podido afrontar las casi mil páginas de una historia que se enroca sobre sí misma y con personajes y situaciones poco creíbles. Hay autores que mueren de éxito y no sé yo si éste no va a ser uno de ellos. Lo devuelvo a la biblioteca sin remordimiento alguno. ———-

 “El ataud de la novia” de Unni Lindell. Un thriller escandinavo con un lío tremendo de nombres raros y de personajes inconexos. Me pone nerviosa y lo dejo.                                    ———————–

* La puntuación es fruto de una opinión personal que no tiene más valor que el que uno le quiera dar…

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50/

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

 

 

 

Ver Post >
“Las chicas del parque”
img
Cecilia Casado | 22-03-2017 | 8:18| 0

 

El parquecillo cercano a casa es una especie de paraíso para mi bichón maltés, Elur. Como no hay parterres plantados dejamos que los animales disfruten de la hierba y cuidamos de que no queden “regalitos” entre las margaritas silvestres. Hay un colegio en medio de la plaza, juegos infantiles, una fuente y muchos bancos. En horas lectivas y ausencia de infantes y preadolescentes el lugar podría incluso considerarse bucólico con su estanque y su puente mitad japonés, mitad diseño de Ikea.

Los bancos al sol en las mañanas de invierno son un pequeño lujo y privilegio de paseantes ociosos o jubilados tranquilos. (¿Habrá jubilados intranquilos?) Muy a menudo recalo en uno de ellos con mi perro y mi libro y descanso las piernas después de los paseos preceptivos –el personal de primera hora de la mañana y el que comparto con Elur.

El otro día encontré libre el banco mejor situado –con el sol de marzo a la espalda- y tomé asiento agradecida.

Al filo del mediodía vino a sentarse a mi lado una sonriente ancianita que me saludó amablemente. A los pocos minutos vinieron una y otra más y no tardé en darme cuenta de que eran habituales del parque… o de “ese” banco en particular. Ellas, muy modosas, evitaron hacerme ver que yo era una “invasora” de su espacio, pero como cabíamos casi cómodas las cuatro no consideré necesario marcharme sino que “pegué la hebra” como suele ser habitual en mí.

Ya las tenía vistas de otras veces, “las chicas del parque” les llamaba para mi coleto, fieles al ritual de la hora del Ángelus. Así que me presenté y les dije que se les veía muy guapas. Al instante me cantaron su edad, con el orgullo de saberse bien conservadas, ancianas pero felices de vivir todavía conservando cierta dosis de alegría y la calidad de vida que es tesoro donde los haya.

Entre los ochenta y los noventa están todas. Arregladas en sus atuendos y con la cara lavada iluminada por el toque coqueto del rouge de labios. No sé de qué hablarán en sus citas diarias, pero me admiró de ellas el empuje y las ganas de juntarse al aire libre y continuar con la vida, como si no existieran las penas y siguiera habiendo un mañana. Tienen hijos y nietos y hasta bisnietos y les gusta que “no se metan en su vida” porque todavía tienen capacidad para llevar las riendas. Me preguntan por mi madre, -ya nos hemos juntado un par de veces-, por qué no sale de casa, por qué ha dejado de interesarse por lo que hay al otro lado de las ventanas del salón y yo me entristezco, no sé qué decir porque cada uno tiene sus razones íntimas para hacer lo que hace y de la manera que quiere hacerlo.

Les digo que son el ejemplo que quiero seguir si llego a su más que provecta edad, que seguiré saliendo al parque aunque mi perrillo ya no esté conmigo, me preguntan si adoptaré otro y les digo que lo dudo mucho. Suspiran cuando les cuento lo lejos que está mi familia, pero ya saben que los móviles de hoy acortan las distancias aunque ninguna lo tiene –que yo sepa.

Me dicen –la más dicharachera de ellas- que reunirse en el banco cada día es como una terapia contra la soledad, que hablan y comparten, que se ayudan escuchándose, que es muy importante saberse parte de un grupo que protege de una forma diferente pero no menos efectiva que la propia familia. “Compartir con las amigas –afirman- da alegría a la vida”. Y yo les digo que sí, que yo también tengo amigas que me ayudan a recuperar el paso cuando lo pierdo o incluso a perderlo si lo llevo demasiado rígido.

Les cuento del blog y de lo que hago: -“¡Qué pena, no tenemos Internet, ¿no escribes en el periódico “de verdad”?, entonces les digo que imprimiré el post donde hable de ellas –éste- y que agradezco saber que están ahí, como baluarte contra la soledad de la edad anciana, ellas que se han ido juntando en el banco del parque y se cuentan la vida y se ríen y quieren seguir haciéndolo durante muchos años todavía. Un “Círculo de Mujeres” más.

Entonces es el momento de marcharme porque llega la rezagada del grupo y no es cuestión de que se quede de pie por mi culpa. Les pido permiso para sacarles una foto –de espaldas- y aquí están, para todos los lectores, “las chicas del parque”, las que me recuerdan cada día que la vie est belle…

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Foto: “Las chicas del parque”. C.Casado

Ver Post >
Reflexión del lunes. “Interés”
img
Cecilia Casado | 20-03-2017 | 8:22| 0

 

Siempre he sido de llamar mucho a mis amigos, de organizar comidas y cenas, salidas y jolgorios varios. Con el paso del tiempo y unos cuantos batacazos he aprendido a elegir mejor a los destinatarios de mis deseos de socialización; es fácil darse cuenta de quién es aunque no siempre esté y de quién está de vez en cuando pero sin ser. Bueno, yo me entiendo y creo que el que hile fino también.

Por eso, porque le veo el plumero al más pintado a la primera de cambio una amiga de las que cuentan me hizo partícipe de una confidencia y me ha dado permiso para compartirla por aquello de que opiniones de desconocidos suelen ser de insospechado valor, a veces.

El caso es que se queja amargamente –y le comprendo y me duele por ella puesto que no se lo merece en absoluto- de que una persona de su entorno a quien aprecia tiene por costumbre –con todos, no solamente con ella así que no se lo puede tomar como algo personal- condicionar una cita, un encuentro a otros planes, eligiendo siempre el que mejor le conviene. Es decir, ante una propuesta de salir un sábado, casi seguro de que contestará que sí, pero dependiendo de si queda con tal o cual persona con la que también tiene previsto salir, un plato de segunda mesa total y absoluto.

A mí cuando me cuentan una cosa así me da la risa floja porque me conozco el paño ya que reconozco que he sido durante algún tiempo sujeto paciente de tal “ejercicio de libertad y sinceridad”. La persona que juega a dos barajas (o tres, vaya usted a saber) se las da de “sincera y de libre, ella no oculta nada, ella es como es, utiliza su libertad para elegir lo que más le conviene y el que se pique que se rasque.”

Una vez fui “malota” y cuando un tipo que me gustaba más que yo a él me dijo que -“bueno, depende, estoy pendiente de si viene a visitarme una amiga de fuera”, me comí el sapo con patatas –porque no me quedaba otro remedio- y cuando me volvió a llamar para quedar (puesto que parecía que hubiera por mi parte una disposición tácita) le contesté que “uy, qué ganas de verte, pero ya te diré algo porque igual me invitan al concierto del Kursaal y claro, como comprenderás…”. No me volvió a llamar –ni yo a él, faltaría plus- y tan sólo me acordé de él cuando mi amiga dolida me hacía partícipe de sus cuitas.

El ejemplo le sirvió de algo a mi amiga –o eso espero- y de paso le manifesté que buena cosa es que los amigos espurios se muestren como lo que son y que tan sólo está en nuestra mano la libertad de aceptarlos o dejar que corra el aire. A veces –y quiero pensar que, como a ellos- también nosotros hemos imitado ese comportamiento y utilizado o pretendido utilizar a “amigos o conocidos” como plan B, como rueda de repuesto o, simplemente, hemos salido con ellos por matar el rato y sin interés especial.

Siempre habrá alguien que esté convencido de que sus prioridades explícitas no ofenden o molestan a los demás; igual es porque son personas que miran el mundo a través de su ombligo, igual es porque son el peor ejemplo que se convierte en el mejor ejemplo o, simplemente, están ahí para que los demás crezcan un poco, reflexionen, hagan autocrítica y observen que la vida y las gentes no se mueve con un único y personal patrón.

Se nos va viendo el plumero a todos…lo queramos o no porque lo que no es amor, es interés.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

 

Ver Post >
Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

Otros Blogs de Autor