Diario Vasco
img
Seis años contigo
img
Cecilia Casado | 28-06-2017 | 05:59| 13

 

Dentro de poco va a hacer seis años que estamos juntos. Cuando íbamos a cumplir el año a mí me entraron las dudas y quise dejarlo por un tiempo, el famoso “espacio” que a veces uno cree necesitar y que puede que no sea más que una mera excusa para seguir disfrutando de la libertad sin comprometerse. Pero te pusiste enfermo y me quedé a tu lado porque el corazón me dijo que no era honesto abandonarte en los malos momentos. Así que seguimos adelante, a las duras y a las maduras, ya puestos, mejor hacerlo bien.

Desde aquel día infausto, el del primer ataque de epilepsia, mi mirada hacia ti cambió completamente. No, rectifico, no quería decir eso. Fue la mirada “hacia mí misma” la que sufrió un cambio inesperado porque te supe débil, necesitado de amor, cuidado y cariño y no hubo ni usa sola mísera razón que se abriera paso hasta mi corazón para sugerirme alejarme de tu lado, alejarte de mi lado. Aprendí aquel día, gracias a ti, lo que significaba la palabra LEALTAD, aprendí, pues, a serte leal.

No sé qué más decirte, que te quiero mucho y cada día que pasa un poquito más.

Y lo sabes.

Recupero el post que publiqué hace seis años cuando viniste a mi vida para quedarte.

 

Un perro llama a mi puerta.-

No sé lo que significa tener perro -en mi casa hablar del tema era como proponer que incorporásemos a la familia a un extraterrestre- vamos, que no recuerdo yo en mi infancia o adolescencia que se planteara la cuestión. Por eso me quedé más que sorprendida cuando, hace un par de años, mi madre expresó el deseo de tener un chucho. Y llegó Elur, un precioso y dulcísimo bichón maltés que más parecía un perro de peluche que un animal con vida y afanes. Curiosamente, el perro siempre me ha demostrado cariño y me ha prodigado mimos y lametones, aunque supongo que es porque relaciona el olor de mi piel con los paseos por el barrio.

El caso es que, por una serie de desafortunadas y predecibles circunstancias, el perro no puede permanecer por más tiempo en el domicilio de mi madre y, en un rapto de inconsciencia temeraria del que no sé si me voy a arrepentir, me he ofrecido a quedármelo. Dije que a partir del martes 26 -¡es hoy mismo!- me lo llevaría a casa “a prueba” durante un mes y luego… pues ya se vería.

Y resulta que estoy temblando de miedo e incertidumbre porque me asusta la responsabilidad de tener un ser vivo indefenso y dependiente del que ocuparme, al que cuidar, mimar y hacer la vida agradable, además de reducir mi ración de libertad -¿qué haré cuando quiera irme de viaje? Dicen que los perros dan mucho cariño, que acaba uno sintiéndolos como algo muy cercano, que se sufre cuando enferman y se les añora cuando se van.

Mis dudas tienen que ver con el racionalismo, supongo que en mi fuero interno me niego a que Elur –tan blanco, tan dulce, tan mimoso- sea sustitutivo del cariño de cualquier ser humano que pueda yo desear, porque son tantas las personas que me han dicho que el cariño de un perro es incondicional, generoso y duradero y como son esas las cualidades que valoro en el ser humano me cuesta aceptar que puedan ser transferidas a un animal no racional.

Eso sin contar con que el pobre perro debe ser reeducado de principio a fin –hay que enseñarle a hacer sus cosas en la calle únicamente, debe acostumbrarse a comer su comida y no del plato de los humanos, aprender a dormir en su cama y no en el sofá del salón, reconocer la autoridad del amo y no campar por sus respetos como pequeño (y dulce) salvaje que se le ha dejado ser. Sé que me meto en un lío, sé que no tengo ni idea de tratar con perros, pero conozco a Elur y me resisto a que se lo lleven manos extrañas.

Creo que es la primera vez en mi vida que siento compasión por un animal… de cuatro patas. Me quedan pocas horas para acercarme a recogerlo, llevarlo a mi casa y contarle que se va a inflar de dar largos paseos hocicando hierbas y pateando adoquines de mi mano (de la correa preceptiva más bien), cómo explicarle que tendré que ser dura con él y castigarle e incluso darle (nunca con la mano) en el lomo para que aprenda a aliviarse únicamente en la calle y no en la alfombra del pasillo, que todo será por su bien porque es la oportunidad que me ofrece la vida de ayudarle… y estoy temblando del miedo que me da no saber hacerlo bien, no poder hacerlo bien, el lío en el que me voy a meter…

Necesito ánimos, lo juro. (Todavía estoy a tiempo de echarme para atrás y que se lo lleve otra persona realmente amante de los perros)

Siento que el Universo me pone a prueba –o se ríe de mí- por aquello que siempre dije de: “¿me echo novio o me compro un perro?”

En fin. Julio 2011

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Ver Post >
Reflexión del lunes. “Sin hoguera por San Juan”
img
Cecilia Casado | 26-06-2017 | 07:37| 18

 

Este año he faltado al ritual de la hoguera de la víspera de San Juan. Ha sido un acto deseado y totalmente consciente, prescindir  de la “revisión anual”, un respiro, un alivio, no tener que cumplir con una costumbre “necesaria”, la de quemar en la hoguera lo inservible emocionalmente hablando, la de arrojar los trastos viejos de nuestra biografía, mohosos o apolillados por una pátina de rencor o resentimiento. Ese hito del veintitrés de Junio de todos los años, con deseos nuevos para sustituir a las frustraciones viejas.

Este año, no. Y eso que estoy en “mi otro mar” donde es tradición acendrada esta de las hogueras, los fuegos y el barullo pirotécnico.

Sin embargo, no he escrito mi lista de penas para que se consumieran en el fuego depurador; tampoco he cantado mis sueños en prosa ni en verso, porque algo ha cambiado este año…

 

La víspera de Sant Joan me fui a la Terra Alta, a Gandesa, respondiendo a la invitación de mi vieja amiga, la “arpía Becki” con la que hacía unos cuantos años que no intercambiábamos conjuros. En la terraza de la casa de una pareja amigos suyos – Esther y Paco- me acogieron con los brazos abiertos y escuché aquel mantra tan bonito de: “los amigos de mis amigos, son mis amigos” que tan olvidado tenemos en estos tiempos de desconfianza y falta de amabilidad con el prójimo desconocido.

 

Era una cena “de traje” y yo traje un par de cocas tradicionales, la amiga Carme llevó su tortilla especial de la casa y Antonio plasmó con su cámara el tiempo cálido –muy cálido- de compartir la amistad y una barbacoa de la que hasta mi perrillo probó la longaniza y un bufet lleno de viandas catalanas, de esas que a mí me gustan tanto. Ramón puso la nota filosófica cuando Becki le dejaba meter baza y nos tocó –por turnos- hablar y escuchar, para luego reir todos al unísono.

 

Pero no había hoguera… ni falta que nos hizo. Siete personas que no tenían “nada que quemar porque ya todo estaba purificado”. ¡Qué buena coincidencia!

 

Ahora me doy cuenta –después de la noche larga, el sueño corto con las campanas de fondo y el desayuno tardío con pa’tumaca amb pernil- de que creo que me enfrento a un “antes y un después” en esto de “quemar lo viejo para dejar sitio a lo nuevo”.  No digo que mi caminar se estanque –eso sería definitivo y poco placentero, al menos para mí- sino que me siento ligera de equipaje, como si ya el peso fuera leve y lo digo con la boca pequeña, quizás debería poner un tipo de letra más chica, que sí, que me siento en paz y tranquila y muy liberada de ciertas cargas que otros años tenía que arrojar a la hoguera de San Juan para ver si me sentía más liviana en mi caminar.

Y es que las cosas siempre llegan, para bien y para mal, a ver si esto me dura, la levedad o liviandad interna, ¿me atreveré a llamarle paz?.

 

Mi amiga Becki ha dado una vuelta de tuerca a su vida y se ha ido a vivir “al campo”, allá donde no hay tele ni lavavajillas. De hecho, hay muy poco de lo que siempre hemos creído imprescindible y, sin embargo, ahí la ví, guapa y FELIZ con mayúsculas. Menuda metamorfosis, vive con un precioso burro llamado Diamant, con una perra blanca, la “Queta” y su compañero que mira la vida en estos momentos con las mismas lentes con que las mira ella. Se les veía tranquilos, felices, mesurados, sin el típico mal rollo de las parejas que siempre andan a la gresca por ver quién destaca por encima del otro o quien manda más o…

 

Fue una noche “mágica” porque no hubo nada de mágico, ni esotérico, ni impostado. Una cena entre gente amiga, respetuosa, que me acogieron con cariño y cuidaron de mi perrillo Elur que, nada más entrar, husmeó la casa y decidió echarse a dormir toda la velada…¡debajo de la cama de la pareja anfitriona! Nada objetaron, me hicieron sentir cómoda, lo de “haz como en tu casa” tiene que ser sincero y real, así lo sentí yo.

Me preguntaron qué opino yo que opinan los vascos de los deseos independentistas de muchos catalanes y se me salió la brandada de bacalao de la boca de la risa, vamos, que les importa nuestra opinión, ya se sabe, catalanes y vascos, tan amigos siempre menos cuando la Real machacó al Barça en Anoeta…

Se habló del dolor, de la alegría, de lo que importa y de lo que no importa, alguien contó un chiste del siglo pasado, luego hicimos fotos haciendo el ganso, no nos emborrachamos más que lo justo, no hubo porros ni derivados – o por lo menos a mí no me pasaron ninguno-…sobraron comida y risas y palabras amables.

Y nada que quemar en ninguna hoguera de San Juan. Así que, como me gusta repetir: “felices los felices”. Gracias, chicos, ¡qué gusto hacer nuevos amigos! Mañana mismo os “ajunto” en el Facebook.

 (Hoy no hay “en fin” porque la historia acaba de empezar)

 LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

 Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 Fotografías: Cecilia Casado

Ver Post >
Libros de verano
img
Cecilia Casado | 23-06-2017 | 09:23| 19

 

Se acercan verano y vacaciones y renovamos la promesa de leer en el tiempo de ocio; en la playa o en las tardes de jardín, con la pereza a cuestas y el sol de plano, va a ser difícil, pero sigamos intentándolo, que no nos pillen en la estadística esa que dice que en este país más de la mitad de sus seres adultos no lee un solo libro en toda su vida… 

Aquí va la lista de los libros leídos –en papel- en los últimos tres meses. ¡Qué maravilla estar jubilada y tener todo el tiempo del mundo para leer! ¡Compartir es vivir!

—————————————————————————

Lecturas livianas: (para pasar el rato y sin que inviten a la reflexión profunda)  (Ver puntuación)

“La casa de los espíritus” de Isabel Allende (1982) –Relectura. Tantos años después, la ópera prima de la autora sigue encandilándome con sus personajes femeninos y describiendo una época y un país –Chile- en que la desigualdad social condujo a la barbarie contra los más pobres y débiles. Crónica de un país que quiso ser inventado a base de ocultar la terrible realidad. De “realismo mágico” a puro “realismo cruel”. Vuelta a leer con agrado. 8/10

“La suma de los días” de Isabel Allende (2007) Autobiografía del tiempo después de la muerte de su hija Paula. Llena de buenos momentos esperanzadores en torno al amor, a cualquier tipo de amor y condición. Preciosa.                                                                       8/10

“Como los pájaros aman el aire” de Martín Casariego (2016) El personaje principal da algo de pena, es alguien con quien no nos gustaría identificarnos ni que nos identificaran. Un “pobre hombre” que, sin embargo, sabe amar con la generosidad que pocos practican. El artista que va fotografiando con las viejas gafas de su padre muerto a gente anónima que tiene “alma”                          7/10

“Paris – Austerlitz” de Rafael Chirbes   (2015) Agonía del deseo entre dos hombres cuando el Sida desbarata los cuerpos y el amor. Un relato crudo y profundo a la vez. De cómo la enfermedad –cualquier enfermedad- se adueña no tan sólo de los cuerpos sino también de las almas. Amargo final.                              7/10

“Memoria de unos ojos pintados” de Lluis Llach (2012) Recreación nostálgica y poética –si es que eso es posible- relatando los cruentos hechos de la guerra civil de una Barcelona arrasada y una Barceloneta donde la infancia continuó siendo cuna de poesía amorosa a pesar del dolor. Memorias del descubrimiento del amor homosexual. Única novela de Lluis Llach que no desmerece al vate cantor.                                               7/10

“Botas de lluvia suecas” de Henning Mankell (2016) Podría ser la secuela de “Zapatos italianos”. Una reflexión novelada sobre la soledad que acaba convirtiéndose en la tumba de los sueños desbaratados. Triste y amarga, hay poco lugar para casi ninguna esperanza. Pero tenía que leerla…                                                                          7/10

 “X de Rayos X”  de Sue Grafton (2015) Kinsey Millhone, la detective privada que nos seduce con sus andanzas cuando todavía no había móviles ni Internet. Sigo disfrutando de este personaje atípico, atemporal, libre y feminista. Aunque americana…                                                                   6/10

“Fundido en negro” de Soledad Núñez (1997) Novela negra y corta con “el marco incomparable” de fondo y una donostiarra metida en líos detectivescos. Con la sonrisa nostálgica de reconocer sitios de juventud mientras se desenreda –o se enmaraña- la madeja de la trama. Una autora que me era desconocida y que descubro paseando a mi perrillo por el barrio…                                                                        6/10

“Operación Dulce” de Ian McEwan (2012) “Narración de extraordinaria sutileza psicológica” –dice la crítica. Sin embargo, no he sido capaz de disfrutar de las “sutilezas” del M15 británico. Ellos viven en una isla y el autor nos lo recuerda a cada rato. Pero seguiré leyendo sus novelas porque lo considero  imprescindible.                                                           6/10

“La hora de despertarnos juntos”de Kirmen Uribe (2016) ¿Hasta cuándo más y más novelas sobre la guerra civil…? Hartazgo, porque ya no se sabe cómo aliñar con la imaginación los hechos reales para captar a un lector que necesita algo más para vibrar con la literatura… Se me ha quedado pequeña.                                                                   6/10

————————————–———————————–

Lecturas enjundiosas: (que ayudan a incrementar el acervo cultural a la vez que estimulan el intelecto)

“La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera (1984) Relectura.Al ser ahora diferente como persona y como lectora, la percepción del libro ha sido también diferente. ¿Por qué será que me ha gustado menos de lo que recordaba me gustó en su día? Quizás porque los protagonistas, enredados en su incapacidad de amar generosamente, me han parecido el producto final de aquella época del “amor libre” que ahora ya está difuminada en las brumas de la madurez.                                                             7/10

“La sustancia interior” de Lorenzo Silva (2016) Una novela de “ideas” en la que cada personaje es un filósofo en sí mismo. Un poco cansado de seguir el ritmo de construcción de una catedral sin tiempo ni lugar, pero que quiere ser y no es la Sagrada Familia.                                          6/10

“La música de las letras” de Fernando Savater (2010) La relación de sus “lecturas imprescindibles”… desde su punto de vista que es filosóficamente bastante aburrido. Me han salpicado resabios de petulancia intelectual, pero seguramente es porque yo no doy la talla…No pasa nada, seguimos siendo amigos.                                                                   6/10

————————————————————————

Lecturas con peso específico: (para sustraerles la sustancia a base de neuronas. Aquí incluyo la poesía que despierta el alma)

“Miedo líquido” de Zygmunt Bauman (2006) Estremecedora descripción de cómo hemos permitido que nos laven el cerebro además de inocularnos el virus del miedo para que aceptemos ser una especie “esclavizada” a la vez que protegida. Difícil de asimilar, más que de leer.                      9/10

“Todavía la luz” de Marian Fernández López (2017) Un remanso de silencio detenido en el apretado reloj de la vida cotidiana. La poesía como realidad al otro lado del espejo que refleja lo que somos y no siempre nos atrevemos a observar.                                                                          9/10

*Este libro se puede adquirir en la siguiente dirección por 16€ -incluido gastos de envío- txiribit@gmail.com

————————————————————————-

Lecturas atragantadas: (que pretendían ser interesantes y que no he podido llevar a buen puerto)

 “Nosotros en la noche” de Kent Haruf (2016) No sé cuántos premios se ha llevado esta novelita que he leído –porque es muy corta- y que aparece como el paradigma de la hipocresía del democrático y libre pueblo americano. La situación inverosímil –o a mí me lo parece- de un hijo adulto e inútil que obliga a su madre anciana a renunciar a un poco de amor…por el “qué dirán”. Prescindible, por favor.                                                    ——————-

* La puntuación es fruto de una opinión personal que no tiene más valor que el que uno le quiera dar…

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50/

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

 

 

 

Ver Post >
Observar sin juzgar
img
Cecilia Casado | 20-06-2017 | 18:36| 19

 

Si existe una actitud retorcida que he tenido que corregir a lo largo de mi vida adulta ha sido la feísima costumbre –adquirida por educación y por contagio social- de juzgar al prójimo. Quiero pensar que una niña sin malear no tenía más capacidad de crítica hacia los demás que reflejar lo que veía en su entorno, en casa y en el colegio, y tuve “infames maestros” que consideraban a todo aquel que era diferente carne de juicio condenatorio y de cañón demoledor.

Así que ya –casi- consigo observar el mundo que me rodea sin condenarlo a priori, posando mi mirada de la manera más ecuánime posible y, cuando no funciona, -porque no siempre lo hace- prodigarme una colleja o sordabirón por burra y, sobre todo, por injusta

Cuesta, la verdad es que cuesta, no torcer el gesto ante arquetipos demonizados durante generaciones, frente a ideologías, religiones o formas de entender la vida en las antípodas de lo que nos enseñaron que era “lo correcto”. Como cuando me contaron que los que no eran cristianos irían al infierno, los comunistas tenían cuernos y rabo y la homosexualidad era una enfermedad. Fueron los tiempos -¿seguro que terminaron?- en los que las mujeres infieles podían ir a la cárcel, las que pedían un aborto después de una violación trasgredían la Ley, quienes vivían juntos sin estar casados eran apartados del entorno de las “familias de bien” y ya no hablo de las madres solteras o de los hijos fuera del matrimonio

Lógicamente –porque es lógico, nos guste o no nos guste- de aquellos polvos, estos lodos y demasiados ramalazos de homofobia, sexismo, fanatismo religioso y político quedan todavía dando vueltas no solamente por las barras de los bares y las máquinas de café de las oficinas, sino que se sientan por derecho propio en escaños institucionales. Y no señalo a nadie porque no debo hacerlo…por lo menos aquí.

 Pero a lo que iba.

En este tiempo tranquilo y pausado, sin fiestas ni jolgorios, que vivo en “mi otro mar”, voy a la playa cuando la están limpiando y las palomas buscan su desayuno entre los desperdicios dejados la víspera por los humanos. Pongo el “campamento base” a pie de mar, entre algunas algas y la arena mojada, y me voy a caminar hacia Oriente un par de kilómetros; luego, vuelvo hacia Poniente con el sol en la espalda y el mar a la izquierda. El baño me purifica y descansa las piernas, flotar sin pensar en nada más que en el hecho en sí de dejarme acariciar por las pequeñas olas y algún que otro pececillo despistado me devuelve la confianza en mi propio cuerpo e incluso en buena parte de la humanidad. Es el momento de dejar que la sal se seque sobre mi piel bajo la sombrilla protectora y los instantes vacíos van llenándose de pensamientos al observar a las personas que pasean por la orilla casi un par de horas después de que lo haya hecho yo misma.

Mujeres y hombres…y viceversa. Semidesnudos o semivestidos, jóvenes y menos jóvenes, de todos los géneros posibles y de variopintos colores: blanco leche asturiana o rojo cangrejo báltico.

Con trajes de baño nuevos y bonitos o vintage y ajados por los años de uso; descalzos o con esos calcetines de caucho para no mancharse si se pisa algo sucio; con pinganillos o dándole a la sinhueso con el de al lado o hablándole a un teléfono móvil. Con gorras de béisbol, de aventurero, sombreros de paja, pamelas, viseras, pañuelos a lo Paco Martinez Soria o foulares a lo Audrey Hepburn, pasarela de popurrí humano con sus senos al aire, taparrabos amazónicos o pareos de convento de monjas.

¡El trabajo de no juzgar al prójimo vaya como vaya o haga lo que haga! ¡Abortar la mofa –aunque sea mental-, rechazar el escarnio –aunque sea silencioso-, darme cuenta de que no hay gordos y gordas, viejas y viejos, extranjeros ni inmigrantes, musulmanas –con el típico burkini- ni guapos ni feos, tan sólo seres humanos como yo misma, que hacen lo que pueden con su existencia por arañar unos cuantos momentos tranquilos y felices paseando por la orilla del mismo mar y de la misma vida

Lo dicho: hoy todos me han parecido hermosos seres…a ver si no se me olvida para mañana.

Por cierto, volviendo a casa, una furgoneta me ha pegado un buen susto en un paso de cebra, le he gritado y el conductor me ha hecho una peineta por la ventanilla. A ése le he juzgado y condenado en un visto y no visto…¡Si es que no aprendo!.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Ver Post >
Reflexión del lunes “Paraíso silencioso”
img
Cecilia Casado | 18-06-2017 | 10:08| 15

 

Ayer me costó conciliar el sueño; a pesar del cansancio propio del viaje, de la emoción de reencontrar el jardín, los árboles, los pájaros y mi otro mar, con su carga de recuerdos imborrables e ilusiones imperecederas, no podía dormir. Cuando eso me ocurre intento relajarme y hallar el motivo lógico y, comprendiendo, aceptar la parte de insomnio que me corresponde y de esa manera, ya tranquila por saber, poder entregarme al sueño. ¿Quizás la cena copiosa con amigos y buen vino?

Comprendí la falta de la presencia habitual que mi cerebro ha  incorporado al mapa del descanso: el ruido. Y no había ninguna contaminación acústica de las que me rodean a diario. Coches, motos, el topo, una sirena extemporánea, perros ladrando. Y cuando los ruidos se van llega el silencio, ese silencio al que tan poco –desgraciadamente- estamos acostumbrados y que “retumba” en nuestro interior como un tambor enloquecido.

El paraíso en la tierra tiene que estar lleno de silencio para que se puedan abrir los “oídos” que de verdad permiten escuchar. Mi perrillo Elur creo que lo entiende mucho mejor que yo; mientras hay algarabía alrededor, música, conversaciones o trajín diverso, duerme plácidamente. Cuando nos quedamos solos en silencio se pone a mis pies y me mira meneando la cola. Parece querer decir, “ahora es el momento, no hay que dormir, sino vivir y sentir”, pero todo esto me lo invento, qué duda cabe, porque mi perro cuando “habla” yo no estoy a la altura de entenderlo.

Al fin me duermo, despeñándome en el silencio, formando parte de él, y mis sueños son diferentes a otras noches. El aire y la casa huelen  diferente, mi ánimo es distinto también. Es un gallo el que me despierta al alba para recordarme que la vida sigue a pesar de mis tontas historias y otro día comienza envuelto en papel de regalo. Salgo a la terraza y miro los árboles que me rodean, huele a campo, huele a mar, a “mi otro mar”, huele a silencio.

Es el tiempo idóneo y reposado para comer un poco de fruta del árbol prohibido y dejar que el espíritu flote a su aire, aprovechando esta hora calma y llena de luz, endulzado por los jazmines de un jardín cercano, ese tiempo en que la mente todavía no se ha puesto en marcha, estos momentos en que los pensamientos están buscando su sitio de nuevo, respirando la calma que los envuelve.

Si el paraíso existiera estaría en silencio para poder escuchar y sentir diáfana la llamada de ese niño pequeño que aún nos habita, esa voz pura e inocente que sigue escondida en alguna parte y necesita contar la pequeña y bella historia que nunca se olvida.

Son las ocho de la mañana de un lunes. Los visitantes de fin de semana están inmersos en sus propios ruidos lejos de aquí. Me he quedado sola con mi silencio y mi perrillo. Y la mar que también está silenciosa, ahí al lado.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Ver Post >
Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

Otros Blogs de Autor