Diario Vasco
img
Ahora que te he perdido te quiero más
img
Cecilia Casado | 09-05-2016 | 11:55| 12

 

Esta es una pequeña historia mitad real mitad imaginada. La primera parte corresponde a una situación auténtica que no por pretérita ha perdido su carácter atemporal. Y la segunda parte corresponde a lo que mi imaginación da de sí cuando tengo un rato tranquilo y una página en blanco incitándome a lo que sea. Pongamos que la protagonista soy yo para que nadie se me ofenda; pongamos también que hay telarañas sobre los sentimientos que en su día echaron chispas.

El caso es que érase una vez un hombre en la cuarentena que tenía que reinventarse porque la vida se le había desparramado como cuando un paquete de arroz se cae al suelo. Buscar lo que se dice buscar no buscaba nada –no fuera que encontrase- pero estaba seguro de que algo tenía que cambiar para dejar de ser infeliz. El cambio ansiado –un divorcio- no se atrevía a plantearlo por aquello de no aparecer como el malo de la película; pensaba –tal vez como tantos hombres y mujeres en su misma situación- que “mover ficha” no siempre es necesario, que las cosas suceden aunque uno no lo quiera y que la vida es así y cuatrocientas frases más para justificar su miedo atroz a salir de la “zona de confort” en la que habitaba desde hacía más años de los justificables ante sí mismo.

El caso es que “chico conoce a chica” y suenan mil campanas en el corazón mientras los lepidópteros van dejando huevas allá por donde pillan pringándolo todo de besos y pasión además de colaterales ráfagas de tiros con balín. Nada del otro mundo a fin de cuentas, algo que ocurre cada dos por tres porque el hombre es hombre y sigue teniendo su corazoncito allá donde parecía que no había más que una amasijo de algo requemado.

Nada del otro jueves también el hecho de que las relaciones entre individuos que provienen de parejas descompuestas –en descomposición afectiva quiero decir- se enfrenten a obstáculos dignos de la imaginación de un buen guionista de series de televisión. Se sirven todos los tópicos al uso, tales como el chantaje emocional, (¿cómo vas a abandonarnos?) los reproches (¡con todo lo que te he querido!) y amenazas (¡atente a las consecuencias!); hijos que odian a la nueva pareja, -casi siempre espoleados por el cónyuge agraviado- familiares indiferentes, -no les interesan los líos del familiar-, problemas económicos que nunca existieron, -alquila otro piso, paga pensiones-, todo esto pues, ingredientes de un comistrajo difícil de digerir y que en aras del “nuevo amor” uno se empeña en hacer comestible.

Como lo que no puede ser no puede ser y además es imposible esta pareja que nació ya con las alas cortadas nunca emprendió ningún vuelo. Lo vemos en los animalillos de los documentales de la 2 y nos da un poco de pena pero entendemos que la vida es así y que sólo sobreviven los más fuertes.

Digamos que ella, sintiéndose enamorada y con la ilusión de una nueva oportunidad para la posible felicidad, aguantó un rato largo, pero viendo que las aguas se estancaban decidió seguir en sus ya conocidas –y controlables- aguas turbulentas e hizo lo que hacen tantas personas cuando quieren romper con la pareja (un viejo truco): hacer que ésta se enfade y salga huyendo –buscando su espacio, se dice eufemísticamente- y así la responsabilidad se diluye y ya no se sabe quién hizo qué ni cuándo ni por qué.

Con demasiada frecuencia creemos que las gentes están ahí para servir a nuestros intereses, aunque estos sean tan loables como los amatorios. Es lo que nos ha enseñado la sociedad, que la mujer tiene que tener mucho aguante, esperar al hombre, “guardar las ausencias” –que se decía cuando el novio se te iba a la mili- o, simplemente aguantar carros y carretas con la esperanza de un happy end.

Pues ella dijo: no.

Desde entonces él le escribe poemas en papeles que se lleva el viento, desde entonces él rumia su soledad por las esquinas de los bares sin mirar a las mujeres que le sonríen, quizás pensando que todas serán infieles y arteras, inconstantes y livianas, incapaces de amar como está mandado. También desde entonces él la quiere mucho más porque sabe que la ha perdido de manera irreversible y ahí encuentra su alivio: no la tiene, no, pero tampoco tiene que cargar con ella.

En fin.

LaAlquimista

*¿Alguna historia frustrada que compartir?

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Ver Post >
¿Dónde están los valores cívicos?
img
Cecilia Casado | 07-05-2016 | 05:35| 23

Nunca me hubiera imaginado que a estas alturas de la película tuviera que hablar de los valores cívicos y morales como si estuviera intentando “vender la moto” de algo novedoso, inusual y extraño. Pero la cosa no es para menos a poco que observemos a nuestro alrededor la ciudad, sus gentes y su comportamiento.

Que conste que no soy una ciudadana modelo porque Doña Perfecta se murió hace mucho tiempo de aburrimiento, pero hay comportamientos que deberían ser “automáticos” y se quedan bloqueados en un complejo mecanismo de ausencia de valores cívicos y morales.

La mayoría de los valores que los humanos poseemos vienen transmitidos de padres a hijos, es decir, por educación y observación del entorno familiar. Ya desde niños nos enseñaron a comportarnos de una manera determinada y a partir de ahí fuimos desarrollando nuestra “peculiar” manera de hacer las cosas, aceptando el modelo transmitido o cambiándolo a nuestra necesidad o diferente criterio. Es obvio que no todos hemos recibido la misma educación, ni nos hemos desarrollado en el mismo ambiente familiar, pero más o menos, pienso que todos hemos tenido una madre, un padre, unos abuelos que, juntos o por separado, nos han transmitido unas normas sociales de convivencia y comportamiento que nos han servido de faro para toda la vida.

Mucho prolegómeno tengo que poner para un tema sencillo donde los haya, pero no quisiera dejar al albur interpretaciones peregrinas a lo que quiero decir.

Valores cívicos y valores ético-morales. No voy a hacer una lista (que sería larguísima), pero destaco los más sencillos, los más elementales (en mi opinión):

- Justicia, Confianza, Gratitud, Humanidad, Esperanza, Piedad, Moderación, Respeto, Valor, Honestidad, Lealtad, Discreción.

Daría el tema para polemizar sin cuento ni freno, pero se me ocurre centrarlo en lo más básico acotándolo con la siguiente frase que todos entendemos: “Lo que no quieras para ti no lo quieras para los demás”. Elemental, ¿no?

Quiero mi hogar limpio y agradable, ergo así tengo que hacer para que mi ciudad también lo esté. Si no tiro papeles en el suelo de mi casa ¿por qué los tengo que tirar en la calle? ¿Escupo acaso en las baldosas de la cocina? ¿Tiro las colillas sobre la alfombra? ¿Orino en el balcón contra la pared? ¿Dejo que mi perro defeque en el rincón de detrás de la televisión? ¿Le cambio los pañales al bebé encima de la mesa cuando todos están a ella sentados? ¿Permito que los niños pequeños de la familia griten, corran, salten y molesten a la familia cuando estamos comiendo? ¿Acaso no ayudo a mis padres ancianos en sus debilidades propias de la edad? ¿Les falto al respeto y les ofendo con mis actitudes?

La lista de preguntas es larga y supongo que todas tendrían la misma respuesta: NO. Entonces… ¿por qué lo que NO hago en mi casa SÍ lo hago en la calle, cuando me relaciono con otros seres humanos?

¿Ya nadie enseña a los chavales a sentarse en un banco en el asiento en vez de en el respaldo? ¿Por qué el parque después de la hora de la merienda aparece lleno de porquería? ¿Es necesario poner los pies en el asiento de enfrente en el autobús para que no pueda sentarse nadie más? ¿Hay que pasar por delante de los demás cuando hay una cola con manifiesto desprecio? ¿Es correcto cruzar un semáforo en rojo como riéndose de los “bobos” que esperan a que se ponga verde? ¿Es de recibo ir al estadio de Anoeta y dejar su entorno lleno de desechos los días de partido? ¿Qué cara hay que tener para dejar en mitad de la acera los excrementos del perro para ver si los pisa el que viene detrás?

Demasiados ejemplos para tan poca educación como vemos en la calle todos los días. Y yo ya no puedo hacer nada porque el tiempo de educar a mis hijas ya terminó y ahora hay que esperar a que llegue la siguiente generación para seguir con un trabajo arduo, importante, vital y necesario.

¿Es posible un giro de timón todavía? Si tenemos que ocuparnos de algo tan elemental… ¿Cómo afrontaremos los auténticos problemas de la humanidad?

En fin.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Ver Post >
“El viaje de su vida”. Un relato
img
Cecilia Casado | 04-05-2016 | 06:30| 18

 

“Hoy se ha despertado con la complacencia del Universo sobre la almohada. El vaivén adormecedor del barco insufló poesía a un rostro perturbadoramente febril que se dirigió a ella a última hora del día, cuando los viajeros de la época romántica saldaban sus cuitas mirando al mar en el silencio de la soledad, apoyados con una ensayada negligencia en la barandilla de estribor.

Tomar la decisión de realizar un crucero para celebrar sus cuarenta años era el sueño arañado al aburrimiento durante mucho tiempo. Aunque en realidad tenía cuarenta y ocho pero a quién le importaba ese pequeño detalle si lo que ella buscaba era esa aventura que la desentumecería de la ausencia de pasión consentida.

Así que renovó su vestuario y sus ilusiones, reivindicó su decisión frente a marido e hijos, calló la boca y el juicio de su propia madre y partió rumbo a las islas que inauguró Homero y puso de moda Kavafis.

El aire salino hizo buenas migas con su aire supuestamente lánguido, había leído no pocas novelas en las que la protagonista –que ella gustaba llamar heroína- miraba al infinito con sonrisa meliflua incluso cuando tenía delante el consomé al jerez de la cena. Hay una imagen congelada del sombrero prendido en el chal de gasa y un viento que remueve la pasión escondida; metáforas en el equipaje, best-seller en el corazón.

Cada escala acentuaba el misterio. Puertos con olor a especias e inmundicias, hombres semi-desnudos como semi-dioses, torsos al sol, el sudor del deseo, las miradas comprensivas, expectantes, al acecho…

Se emborrachó de retsina y pescado con espinas para dejarse desgarrar la ropa sobre la arena y los guijarros del anochecer. Calmó sus ansias y colmó sus vacíos, la boca mordida, el corazón manoseado, la memoria olvidada en la caja fuerte del hotel.

Él era moreno y cetrino por el sol y el salitre, ella rubia y lánguida por genética y educación. Él sabía lo que quería y lo buscaba, ella ignorante eterna, alumna estropeada por la poca dedicación. Ambos tenían un proyecto en común, ese proyecto que la mujer llamó amor y el hombre negocio, tan viejo como la vida el uno y el otro, descrito en los poemas y los libros de texto: el conquistador bien recibido y el conquistado satisfecho.

Una nueva mujer arremolina sus ropas y les da forma de equipaje para volver a casa. Guarda el cuaderno invisible donde ha apuntado cada mirada, subrayado cada beso, dejado que cayeran los borrones de sudor e imaginado el esperma cual perfume. Es la vivencia para sobrevivir, para seguir adelante, el aire para respirar, el recuerdo para calentar el cuerpo cuando, de nuevo, se enfrente a la heladez cotidiana.

Ha sido una locura, lo sabe y lo oculta, pero no se arrepiente. Aunque sea una vez en la vida se merecía ser libre y feliz, loca y hermosa, diosa y esclava de sí misma, de su cielo y de su infierno, sin nadie que le ate el yugo al alma.”

——————————————————————————————————————-

Tengo que dejar de escribir estas fantasías o guardar mejor el cuaderno donde las apunto; cualquier día mi marido me va a pillar y no quiero dar explicaciones porque serían como reproches, como hacerle a él culpable de lo que yo me quito de la boca y de la vida. O a los hijos, que no saben pero intuyen cuando me miran con pena durante un minuto seguido y me dicen adiós y me quedo en el sofá de ver la tele, ahí quieta, siempre quieta cuando ellos se van a vivir y yo me quedo en casa a soñar que vivo.

El psiquiatra dice que mi neurosis es muy normal, que formo parte del colectivo de amas de casa aburridas primero y deprimidas después por haber puesto mis esperanzas en la vida en formar una familia, atender al marido y criar a los hijos y me he olvidado de mí misma, y puede que tenga razón, pero dejé mi vida atrás hace demasiado tiempo, ya no hay vuelta de hoja, todo sería demasiado cansado y difícil. Total, es mi destino, o como dice mi hija, es lo que hay.

En fin.

LaAlquimista

*¿Quién no tiene sueños fantasiosos para contar?

Por si alguien desea contactar:

 apartirdeloscincuenta@gmail.com

Ver Post >
Crecimiento personal. “Superando la soledad”
img
Cecilia Casado | 02-05-2016 | 19:22| 21

 

Hoy tengo buen día. Y cuando eso ocurre los pensamientos vienen a saludarme envueltos en papel de celofán. Incluso los recuerdos poco apetecibles llevan una pátina inconfundible de caramelo líquido: vamos, que todo lo veo color rosicler.

Ocurre que ayer mismo, paseando tranquila entre la multitud que atesoraba el sol de primavera, fui muy consciente de aquella otra multitud de “paseos solitarios” que me vi obligada a llevar a cabo sin más compañía que yo misma y una cierta rabia hacia el mundo. Hubo un tiempo –no tan lejano- en el que la soledad me agarró de tal manera que no podía moverme entre gentes sonrientes y despreocupadas sin sentir que algo me había sido arrebatado, a saber, la compañía de una pareja o de alguien con quien ir de la mano o del brazo.

Tengo que especificar que, de las dos clases de soledad que existen, -la puramente física y la profunda y emocional-, a la que más he estado expuesta ha sido a la primera; ese no tener con quién salir a dar un paseo, no poder ir a un restaurante un domingo donde las familias están reunidas, incluso no sentarme en una terraza a tomar una caña y disfrutar del dolce far niente por la angustia que me producía la eventualidad de que, quien me viera, pensara: “mira ésa, qué sola está”.

Por supuesto que todo esto no es más que angustias existenciales por las que muchos hemos pasado y superado mal que bien, pero quien haya estado en mi misma situación sabrá a lo que me refiero. Te divorcias y de repente ya no hay con quien ir al cine, de copas, al monte o de vacaciones. La familia bien, gracias. Y las amigas, también, casi siempre a lo suyo, faltaría más.

Así que te quedas “más sola que la una” y con más ganas que nunca de vivir, de hacer cosas, de disfrutar de la libertad recuperada, de…todo. Y como esta sociedad es gregaria a más no poder y a los que andan solos les ponen la etiqueta de “raritos”, una de dos, o te quedas en casa para que te coman las telarañas mentales y de las otras o te pones el mundo por montera y empiezas a empujar para resquebrajar el molde en el que has estado constreñida durante casi toda tu vida.

No es fácil la elección, no; más que nada porque lo que parece a primera vista un esfuerzo sin más, enseguida te das cuenta de que es un trabajo de titanes. Pero no imposible.

Así que empecé por hacer una lista de lo que yo creía que podía hacer sola y lo que no; y luego amontoné todo lo que había apuntado en la segunda lista en la primera y ahí me dí cuenta de que prácticamente todo lo podía llevar a cabo sin contar con la concurrencia de otra persona. Como hacer el Camino de Santiago, volver a la casa de vacaciones veraniegas, ir al cine, tomarme un menú, ir de compras y luego a ver una exposición, viajar a MachuPicchu, salir los domingos de “mañanera” con mi perro, ir al pintxo-pote de mi barrio y juntarme con los vecinos, hacer amigos incluso en Facebook, cantar cuando paseo e incluso prepararme deliciosas comiditas gracias a mi buena mano en la cocina.

Ayer mismo, ya digo, tomé una vez más conciencia de todo lo que he sido capaz de superar cuando me quedé sola físicamente: con el síndrome del nido vacío a cuestas, sin un noviete que llevarme a la boca (es un decir) y con el ritmo laboral paralizado gracias a la crisis. Me descubrí a mí misma paseando desde Sagües hasta Ondarreta mirando al mar, oliendo el mar, sintiendo el mar a mi lado derecho, sin saber si al izquierdo pasaban parejas, familias, cuadrillas o personas en solitario como yo. Fui feliz al comprobar que ya no iba por la calle mirando a la gente sino con la vista en lo bello del día y con la sonrisa puesta como si fuera camino de una celebración compartida con otras personas, como si mis pasos me llevaran únicamente a donde en realidad me llevaban: a la celebración de la vida y la superación del miedo a la soledad.

En fin.

LaAlquimista

* Paseando por la Calle San Marcial. Abril 2016

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Ver Post >
Mi deseo para “El día de la madre”
img
Cecilia Casado | 29-04-2016 | 09:03| 26

 

Yo es que soy muy de fechas, vamos que cualquier ocasión la pintan calva a mi entender para darme un homenaje. ¿Que llega el 14 de Febrero? Pues celebración al canto con quien se deje homenajear. ¿El solsticio de verano? Con champan a la playa. ¿Plenilunio? Pues unos cuantos aullidos con alguien que los quiera disfrutar. ¿Día de la Madre? Eh…!Que tengo dos hijas! Así que ya estoy empezando a susurrarme al oído los deseos para el domingo primero de Mayo…

Me pido para el Día de la Madre que todas las madres del mundo quieran a sus hijos con “amor de madre” y no con amor de madrastra”; y que, de rebote, desaparezcan las llamaditas hipócritas para decir “felicidades, mamá” si el resto del año no ha habido amor compartido. Y quienes no tengan hijos piensen que, por lo menos, han tenido madre, que seguramente les habrá querido mucho.

Me pido para el Día de la Madre que nuestros hijos no tengan que sufrir ninguna guerra, que puedan vivir y trabajar con dignidad, que el mundo no siga convirtiéndose en un lugar inhóspito donde el amor es lo ridículo y el dinero la verdad. Que no tengamos que llorar la muerte de nuestros hijos, ni su enfermedad, ni su pena y miseria. Que se mantenga el orden natural y yo me vaya primero y mis hijas sigan viviendo su vida, felices y contentas mientras yo les “vigilo” desde donde sea.

Me pido para el Día de la Madre que mis hijas quieran a sus hijos tanto como yo les quiero a ellas, es decir, hasta el infinito y más allá.

Me pido para este domingo que me sigan haciendo el regalo cotidiano de sus sonrisas y su amor sin necesidad de que sea el Día de la Madre.

Las madres “de toda la vida” lo tenían más fácil porque no tuvieron que padecer la “diáspora” que padecemos las actuales con hijos recién salidos de universidades o escuelas profesionales que buscan lejos de casa la oportunidad que no tienen aquí. Este año más que nunca habrá felicitaciones por whatsaap o por skype suponiendo que allá en los países donde los hijos estén se acuerden de que aquí el primer domingo de Mayo es “el día de la madre”.

Recuerdo la comida familiar, el ramo de flores, las sonrisas cariñosas y las bromas obligadas. Curiosamente es una de las pocas fechas con las que no se han hecho demasiada burla o escarnio por parte de quienes denuestan las “fechas por encargo”.

Puede que este domingo sea el “día oficial” de las madres, pero nuestros hijos saben –y vosotras también, hijas mías,- que todos los demás días hasta acabar el calendario son vuestros y míos, nuestros, compartidos en una constelación lejana y cercana a la vez que nos une con un hilo mágico que nunca se romperá porque lo hemos elegido para tejer nuestro amor desde el principio hasta el final de los tiempos.

Y que así sea.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Ver Post >
Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

Otros Blogs de Autor