Diario Vasco
img
Sobre la muerte (Por LaAlquimista)
img
Cecilia Casado | 14-01-2010 | 13:52| 0

                                      


  No voy a frivolizar sobre este tema y mucho menos ahora que todo se tambalea en lo cercano y en lo lejano. Murieron sepultados por un alud los amigos de una amiga, gente joven, llena de vida e ilusiones, con proyectos por realizar, antes de llegar a la mitad del camino. Y el dolor que se expande como un reguero de lágrimas no deja sitio para la reflexión, el pensamiento anulado, tan sólo queda un grito hueco.

        Después, en la madrugada, el terremoto lejano inunda la mañana de muertos sin nombre, lejos de la frontera de nuestra vida, menos sentidos, anónimo dolor que difícilmente puede ser compartido. 

       La muerte es un azar imposible de esquivar, puede venir de la mano de una vieja herida enferma, del instante irreflexivo en que decidimos tener más prisa de lo acostumbrado, del impulso doloroso de la soledad, de ese balcón tan alto y tan a mano, de esos cables azules que prometen el descanso.

       Ya está todo dicho sobre la muerte, toda reflexión añadida es cansina y huele a viejo, por eso supongo que es mejor hablar de lo que está en su antesala: la vida.

       Y en la vida está –todavía- ese abrazo que nos quema el alma porque lo estamos negando a quien lo necesita, esa llamada retenida y aparcada en un gris y frío sótano envuelta en rencor, ese tiempo frío y solitario que nos empeñamos en vivir de espaldas al amor.
El sombrero que quizás no tenga ocasión de volverse a usar, el anillo que se arranca del dedo junto con una promesa que se tropezó con un disgusto… esos pequeños instantes felices que nos negamos a veces, esas pequeñas cosas a las que hemos desprovisto de su valor, todo eso desaparecerá con la muerte y el único consuelo será haberlo olvidado antes de que esta llegue.


      En fin.


      LaAlquimista


Foto: C.Casado


para ver más: www.apartirdelos50.com

Ver Post >
Viernes femeninos (Por LaAlquimista)
img
Cecilia Casado | 13-01-2010 | 15:01| 0

                               


Cuando me casé –hace un par de siglos ya- era la época de las parejas abiertas, -o eso decían- una especie de necesidad para compensar todo lo que había estado cerrado hasta entonces, y si bien no comulgábamos con ciertas libertades –porque habíamos comulgado durante muchos años los domingos en la iglesia-, intentábamos, nosotras, las chicas jóvenes recién casadas o arrejuntadas, preservar una pequeña parcela individual y que no todo fueran “bienes gananciales”.

Y así se instauraron entre mis amigas los bien llamados “viernes femeninos”. Ese día, esa noche, había espantada femenina del hogar; el marido o concubino, o se iba a la sociedad o al cine o a cenar a casa de su madre –pero eso no compensaba porque había que aguantar las críticas a la nuera- y la esposa-la parienta, como decían ellos-,es decir mis amigas y yo, nos íbamos de cena, de copas y de bailoteo. Todavía éramos muy jóvenes y muy ingenuas y creíamos que, aunque casadas, podríamos seguir reservándonos un pequeño espacio para una más que necesaria libertad.

Nos partíamos de risa contando anécdotas íntimas y picantes –yo creo que exagerábamos e incluso que inventábamos ciertos “detalles”-, criticando con más bien poca malicia las artes y oficios de nuestra pareja y comíamos y bebíamos y fumábamos y bailábamos hasta que se fundían los plomos. Lo de ligar era ciencia-ficción y si ocurría ya teníamos motivo para el descacharre del viernes siguiente.


          

Luego, al filo de los veintimuchos, empezaron las deserciones forzadas: que si le tengo que dar el biberón al niño que sólo me come a mí, que si mi marido se mosquea si le dejo solo en casa, que si estoy tan cansada que mejor no salgo…

Algunas, las más aguerridas o con menos problemas personales, seguimos saliendo a quemar la noche hasta que los años nos fueron quemando a nosotras . Incombustibles no éramos, pero donde hubo un buen fuego siempre se pueden sacar algunas brasas.
                       
El otro día fui a una “cena de chicas” para celebrar el cumpleaños de una de las supervivientes (por cierto que a la jodida no le sobran ni grasa ni arrugas) y fue como un déjà-vu . Las mismas risas hablando de los mismos eternos temas –exagerando lo que hiciera falta-, las anécdotas convertidas en “perlas cultivadas” y de los maridos, ni palabra. Ni de los hijos, ni del trabajo. Ni de política, ni de religión (ni de fútbol, claro) ¿De qué estuvimos hablando durante más de 5 horas…? Pues no sé si me acuerdo muy bien pero sé que llegué a casa contenta y feliz de haber estado disfrutando con mis amigas de algo parecido a aquellos “viernes femeninos” … del siglo pasado.


             

En fin.


LaAlquimista.


Para ver más: www.apartirdelos50.com

Ver Post >
La quinta del “53″. Por LaAlquimista
img
Cecilia Casado | 12-01-2010 | 14:07| 0

 


          


Hubo años peores para nacer, obviamente, pero 1953 fue el que me vio asomar la nariz al mundo y por ende mi mejor punto de referencia. Como mi familia era normal y corriente para la época me enviaron al colegio de monjas –ni soñar de colegios públicos- y allí aprendí todas mis futuras trapacerías y adquirí los boletos para el diván del psicoanalista. Desde los cuatro años hasta los 14, diez años subiendo y bajando cuatro veces al día la cuesta de San Bartolomé, con una capa horrorosa sobre el uniforme negro en invierno (¿no se habrían inventado los abrigos?), botas katiuskas para la lluvia y zapatones Gorila para el resto del curso.

Lo duro era la carencia de puntos de referencia comparativos, tal parecía que no existía más mundo que el minúsculo espacio comprendido entre las nueve de la mañana del lunes, inaugurando la semana con la asistencia a misa y las seis de la tarde de los viernes, despidiendo el tiempo lectivo con el rezo del rosario.

Pero los dioses no eran tan tiranos y teníamos, para nuestro gozo y desasosiego, un colegio de curas –o sea, chicos, chicos- justo detrás del nuestro. No sé a qué acuerdos llegarían unos y otras –curas y monjas- pero nuestros horarios no coincidían. Ellos, los varoncitos, después de clase jugaban al fútbol o al baloncesto y por las mañanas entraban antes a clase –ya se sabe, curtir el cuerpo durmiendo menos- y nosotras, pobres criaturas, teníamos que zascandilear por el patio o la cuesta haciendo tiempo para poder “tropezarnos casualmente” con la bandada de bestias pardas que salía del colegio en pantalón corto.

Eso de que se ofrecieran a acompañarte a casa y a llevarte los libros lo empecé a ver en las películas de la época –Marisol, Rocio Durcal,etc.- pero en la pura realidad lo más que conseguíamos de su atención era que nos tiraran chinitas o nos empujaran pasando corriendo a nuestro lado. (No sé si luego aprendieron a hacerlo mejor, pero me temo que no).

Teníamos el uniforme y la ropa de los domingos, nada más. Y no es que fuéramos “pobres” es que es lo que había y punto pelota. Así pues, el sábado y el domingo por la tarde, nos poníamos los calcetines altos con las borlitas colgando, la falda escocesa con su imperdible dorado – los vaqueros todavía no eran fáciles de comprar, había que ir a Francia- y el chaquetón-montgomery o el abrigo de paño y a pasear por “el Tontódromo” arriba y abajo, comiendo pipas, mascando chicle o con el chupachups por bandera, justo hasta el momento en que había que echar a correr para estar en casa antes de que dieran las diez. (B.S.O. Joan M.Serrat).

Y nos hicieron medio tontas sin quererlo y luego tuvimos que sudar sangre para corregir la cantidad de información recibida y procesarla y separar el grano de la paja y comprender que no por enamorarte a los quince dejabas de ser una chica decente y empezar a llevar la contraria y a llevarte los primeros bofetones (literales o figurados).

Algunas tuvimos más suerte que otras según las circunstancias, pero todas, creo que prácticamente todas las niñas que vivimos aquella época en nuestra bendita ciudad de provincias, tenemos en común parecidas vivencias de la época, las ilusiones compartidas en secreto y aunque unas fueron por aquí y otras salieron por allá, en el fondo nos encanta volver a recordar –ya sin ira, ya sin trauma- aquellos años en los que aprendíamos a vivir entre besos y tropezones.

Ahora miro a mi alrededor y veo que van faltando muchas, sobre todo van yéndose ya los chicos, como si tuvieran prisa, cuando entonces soñábamos con ser eternos y no sabíamos –o no queríamos saber- que íbamos a repetir el mismo ciclo de nuestros abuelos y que, por más que luchen en contra, están ahora mismo repitiendo nuestros hijos.

La única diferencia es que no voy a decir aquello de que “con Franco vivíamos mejor”.

En fin. Otro día más.


LaAlquimista.


Para ver más: www.apartirdelos50.com


Foto: Procesión colegio Compañía de Maria.




 


Ver Post >
Copos de nieve (Por LaAlquimista)
img
Cecilia Casado | 10-01-2010 | 19:54| 0

                                                   


         Cuando nieva se para el tiempo al otro lado de la ventana; el cielo se convierte en un lienzo de blancos imposibles, el monte funde sus verdes oscuros con grises claros inventados, como si un pintor ungido por el don divino pariera una paleta de colores inefables hasta llegar al blanco roto del manto níveo.

         Cuando nieva se para el tiempo en este lado de la ventana; nada puede hacerse excepto inventarse frente al cristal, aprehender el momento en un único pestañeo, dibujar un corazón desvaído en el vaho , sentir y no pensar, ver nevar. 

         Ese tiempo detenido con la mirada perdida, sintiendo o tal vez recordando otros tiempos, otras luces, otras nieves menos frías. Uno tiende a abrazarse y sujetar el calor, levantar la vista hacia lo alto, lanzar un suspiro hacia lo lejos, ahogar un quejido hacia lo hondo.

         La nieve marca el umbral entre la felicidad y la melancolía, la lucha entre el cálido cuadro hogareño y el paisaje helado que también alberga el corazón.

        Ver nevar estando solo es de lo más triste que hay.

        En fin.


              


LaAlquimista


Para ver más: www.apartirdelos50.com


Fotos. C.Casado



Dos minutos de poesía.-

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.

Y quienes leen lo que escribe,
en el dolor leído sienten,
no los dos que el poeta vive
sino sólo aquél que no tienen.

Y así por las vías rueda
entreteniendo a la razón,
el tren de juguete con cuerda
al que llamamos corazón.

(Autopsicografía. Fernando Pessoa)






Ver Post >
Lo real y lo inventado (Por LaAlquimista)
img
Cecilia Casado | 08-01-2010 | 18:42| 0

Se me ha enfadado la familia.


             


Resulta que como escribí un par de artículos hablando de los batiburrillos que se organizan durante las fiestas de Navidad y no
aclaré que no me refería específicamente a mi augusta parentela, pues alguna susceptibilidad ha caído como regalo de Reyes.

Y no digo que no tengan razón, porque cuando uno escribe no puede estar a cada paso abriendo paréntesis para dejar claro que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, porque precisamente de la realidad se nutren mis reflexiones, en la realidad se cuecen mis vivencias.
Pero MI realidad no es únicamente la más cercana, la más íntima. Mi realidad está conformada también por las relaciones colaterales, lo que veo y me cuentan los colegas del trabajo, las experiencias, anécdotas, dimes y diretes de mis amigos, lo que leo en la prensa, lo que veo en la televisión. El último libro leído y la última película visionada pueden aportar la idea para unos cuantos párrafos.
Y luego está, obviamente, lo que me INVENTO.

Incluso cuando escribo en primera persona –como ahora- mi mente baraja datos aleatorios, impresiones recibidas, no únicamente los pensamientos que me son propios e intransferibles. No somos seres aislados, con emociones individuales y sentimientos personalizados. Vivimos en un mundo colectivo, donde todo nos afecta. Todo lo que conocemos nos afecta de alguna manera.

Así pues, no puedo enfadarme cuando alguien diga que “ las mujeres conducen fatal” –porque yo conduzco de coña-, o “a las mujeres no hay quien os entienda” –porque a mí se me entiende muy clarito- y así podría poner ejemplos ad nauseam. Ni qué decir tiene que el mundo de los tópicos se extiende también al sexo masculino. Y a las nacionalidades, a las culturas, al color de la piel o a la profesión ejercida.

O sea, que quede constancia de que en mi familia no hay cuñados plastas, ni sobrinos tocapelotas, ni suegras bigotudas, ni nietos de Barrabás. Que somos una familia normal y corriente. Como todas.

En fin.


LaAlquimista


Para ver más: www.apartirdelos50.com


Foto C.Casado. Campo de batalla (1)


Ver Post >
Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

Otros Blogs de Autor