Diario Vasco
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Maquillaje
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Cecilia Casado | 14-02-2010 | 20:30| 0

                                  

                

           El primer coqueteo con el maquillaje lo tuve a los catorce años con la artera intención de parecer mayor de lo que era, lo que constituía una necesidad anímica, casi vital. Ser una cría –y aparentarlo- no entraba en mis planes de la época. La paradoja obvia es, que ahora que soy mayor, (¿mayor que qué?) y tendría que utilizarlo para parecer más joven, no me decido a ello, mi forma de ser me lo impide; vamos que he cambiado o evolucionado que diría aquel.

          Pero aunque no utilice maquillaje “al uso” debo confesar que últimamente me veo obligada a alterar algo para mejorar mi apariencia. (Que es lo que significa maquillar).

          Es un maquillaje difícil de encontrar en el comercio, por supuesto de elevadísimo precio, y cuyos componentes, por raros e inusuales, tan sólo se obtienen en mínimas cantidades y en determinada estación del año. Deja la piel radiante, la mirada fresca y vívida, la sonrisa renacida y el aura toda entera brillante y perfumada.

         Sólo lo utilizo en situaciones de emergencia, cuando siento que el alma se me encoge y me veo borrosa en el espejo.

         Hoy me lo he puesto para salir a la calle y nadie se ha dado cuenta.

         Bien. Funciona.

         En fin.

LaAlquimista

 

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¡Quiero mi regalo de San Valentín!
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Cecilia Casado | 13-02-2010 | 01:33| 0

                

          

           Cuando todos se estrujan las meninges para hacer la crítica más mordaz, irónica y chafardera sobre la costumbre de hacer regalitos en el día de San Valentín, yo lo que quiero es precisamente lo contrario, es decir, romper una lanza a favor de tan entrañable y didáctica costumbre. Porque ¿qué hay más sencillo –y barato si se mira bien- que tener contenta a una mujer?.

           Manía de los hombres de decir –y creerse- que no hay quien nos contente y yo digo, afirmo, ex cátedra si hace falta (que años de experiencia me sobran) que todas, pero vamos, TODAS las mujeres esperamos que el día de San Valentín nuestra pareja tenga un “detalle” con nosotras. Seas femenina, feminista, liberada o señora de tu casa.

          Mi padre cumplía con sus obligaciones como un caballero o porque sabía que si no le ofrecía a mi madre una caja de bombones o un perfume los morros estaban garantizados. Bien entendido que ella se dignaba dejarse regalar, que la costumbre era esa, y me transmitió la idea de que las mujeres somos seres susceptibles de todas las lindezas y pleitesías posibles y hay principios que nunca deben tener final. (Gracias mamá).
Así se lo transmití a mi novio –cuando lo tuve- , a mi esposo –cuando lo retuve- y a mi ex marido, -cuando no lo contuve- y se hizo ley la costumbre de que el 14 de Febrero se celebraba, sí o sí.

          Y en esas estoy ahora, dubitativa de a quién pedirle el domingo que me regale rosas rojas o bombones en caja-corazón o un deshabillèe modelo Sharon Stone.

          Había pensado mandarle un e-mail a mi ex, que fijo que colaba, pero lo mismo me denuncia en el juzgado de guardia por intento de estafa, -ya que no le daría nada a cambio-; también está mi último novio pero ¿y si se lo toma como un intento por mi parte de reconocer mis errores y reconciliarme? y eso no, ni loca. Por otra parte los amigos son muy serios y si les echo una indirecta lo mismo llegan a la conclusión de que estoy senil y tampoco estoy en esas por ahora.

          Yo lo único que quiero es seguir sintiéndome querida, deseada, adorada y todo eso… el 14 de febrero.

          El resto del año ya me las apaño yo solita para pintar de rosa –o del color que haga falta- mi autoestima.

          En fin.

LaAlquimista.

Foto: Amanda Arruti (Dedicada a Joxepa)

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Sabiduría
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Cecilia Casado | 11-02-2010 | 23:54| 0

                    

 

   Me ha llegado un cuentecillo de esos que andan por la red y me apetece muchísimo ponerlo aquí, porque se le puede sacar mucho jugo.

          “En un pueblecito pesquero estaba un hombre de negocios viendo llegar la pequeña barca de un pescador cargada de buen pescado.
El hombre felicitó al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuanto tiempo había empleado en pescarlo.

         -Oh, Pues sólo un rato-, contestó el pescador.

         El otro le preguntó entonces por qué no se había quedado más tiempo para sacar más pescado, a lo que contestó el pescador que con eso ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.

        -¿Y qué hace usted con el resto de su tiempo?
        – Bueno, me levanto tarde, salgo a pescar un rato, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y luego me voy al pueblo a charlar con mis amigos hasta la hora de cenar. Tengo una vida plena y muy ocupada. 

         El hombre de negocios le miró con gesto burlón y le dijo:

        – Mire, yo soy doctor en Economía de Mercado por la universidad de Harvard y le puedo aconsejar. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande y con el beneficio podría comprarse más barcas y con el tiempo tener su propia flotilla de barcas de pesca. Y en vez de vender el pescado a un intermediario podría colocarlo directamente al mayorista o incluso, con el tiempo, tener su propia fábrica de conservas, controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización. Así podría irse de esta aldea a la ciudad y luego a la capital, desde donde dirigiría su empresa en expansión.
        – Ah, bueno, ¿y cuánto tiempo me llevaría eso?
        – Pues de quince a veinte años. 
        – Mmm… ¿ y luego qué?

        El hombre de negocios soltó una carcajada y le dijo que entonces venía la mejor parte porque podría vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico.

        – ¿Muy rico, señor? ¿Y luego qué?
        – Luego se podría retirar, irse a un pequeño pueblo costero donde podría levantarse tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, dormir la siesta con
su mujer y charlar con los amigos hasta la hora de cenar.”

         Y leyendo esto me he acordado de esa gente que dejó su pueblo y que ahora, jubilados, han vuelto a él, cansados, muy cansados, a vivir en la vieja casa en la que crecieron, aunque eso sí, conduciendo un cochazo.

        Nunca es tarde para rectificar.

        En fin.

LaAlquimista.

Foto: Amanda Arruti

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Dos gaviotas sobre hierro
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Cecilia Casado | 10-02-2010 | 09:39| 0

        

Se nos va a poner otra vez gris el horizonte; con brumas y nubes cargadas de agua helada, la tierra, la vida se tornará del blanco prístino que da alegria a unos y del blanco sucio que despertará la melancolía de otros -sin contar a los que matará literalmente de frio-.

Porque no todo es divertimento, irse a jugar con la nieve en las altas montañas es deporte elitista menos cuando nos íbamos a Aralar con la bolsa de plástico y ya nos parecía suficiente.

El que va a la pata coja , el que intenta aprovechar el 2×1 del supermercado para llegar al siguiente ingreso disimulando, verá la nieve como un exceso en el gasto de calefacción, y el de a pie -ese grupo del que no queremos que nos echen- la verá con un regusto de melancolía por la niñez perdida, con una pena pequeñita porque ya no tiene ganas de hacer un muñeco de nieve y ponerle una zanahoria por nariz.

Entre posibilidades varias y frías, busco los extremos para confortarme; llenar las mañanas con el regalo de una naturaleza que es la imagen pura del arte sublime y los atardeceres de leña ardiente -si se me permite la licencia poética para designar al radiador- y lectura silenciosa.

Mientras, trato de imaginar el sentir de esas gaviotas que bailan frías y enloquecidas sobre nuestras aguas y descansan sobre el hierro tan sólo un instante, uno, el que nos regalan para que florezca la sonrisa.

En fin.

LaAlquimista

Foto: Amanda Arruti

 

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Qué hacer cuando llueve
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Cecilia Casado | 09-02-2010 | 09:58| 0

                 

 

Mari Trini, reina donde las haya, sugería aquello tan bonito de – “cuando la lluvia cae, se funde el hielo” y en su símil poético resumía el milagro gozoso del tiempo húmedo convertido en ardiente -y deseada- quemadura

Yo me quiero imaginar un día lluvioso resumiendo sus horas en la cama, sin mal aparente alguno, sin más fiebre que la del espíritu, que esa es indispensable. Una gran cama junto a un gran ventanal; al otro lado, el monte, fondo verde mojado que se vuelve loco por el abrazo constante del agua y del viento. Dejar vagar la mirada con una taza de humeante té darjeeling en la mano, sintiendo cómo el aroma de la infusión me impregna las entretelas de melancolía.

Setir la música recién inventada del repiqueteo del agua sobre los cristales, sobre mi alma incluso, dejarme llevar por una fantasía cómoda y caliente hacia el mundo bucólico del otro lado de mis ojos. Y permitir que se cierren, favorecer el adormecimiento acompasado por la nana húmeda, volver atrás por unos minutos, maravillosos.

Sin otra necesidad, sin más deseo que sentir como se funde el hielo.

En fin.

LaAlquimista.

 

 

 

 

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Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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