Diario Vasco
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“Mi marido sólo me pega lo normal” Por LaAlquimista
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Cecilia Casado | 26-11-2009 | 16:41| 0

 

Esta estremecedora frase forma parte ya de los anales de la historia judicial –declaración de una mujer maltratada-, terrible testimonio de una sociedad que se dice desarrollada. En los últimos días me ha amargado el desayuno la agria polémica suscitada por un artículo en un diario nacional en el que se achacaba de los males del machismo a las propias mujeres, polémica que tan sólo ha servido para desviar la atención de otros temas, dar más publicidad al rotativo y que al autor del artículo (hombre él, cómo no) se le hinche la vanidad. En fin.

Pero somos hijos de la cultura de “más vale una bofetada a tiempo” dirigida hacia los hijos díscolos y los que la recibimos en su día –la bofetada- quizás hayamos podido creer que era extensible al resto de los humanos: cónyuge, hijos, amigos y conocidos. Porque la verdad es que la gente se pega mucho. ¿Que digo una barbaridad…? No. Rotundamente, no. Lo que ocurre es que, como está mal visto, la gente se lo calla. No verás tú a una madre o a un padre dándole un soplamocos al hijo en el parque, pero sí que lo pueden hacer en su casa. Y si no, pregunta. Igual te contestan, igual no.

Decir que la culpa de la violencia machista la tienen las mujeres es como decir que la culpa de las guerras la tienen los hombres. Es una generalización retórica porque todos somos culpables de todo y todos somos inocentes de todo. Tan sólo hay que ver en qué lado de la trinchera te coge el tema. Las diputaciones tienen un servicio para atender a menores agresivos que maltratan física y psíquicamente a sus propios padres, abuelos y hermanos.

Algunas religiones supeditan claramente a la mujer a la férula del hombre; de hecho, dejan en manos de éste “educar” a la mujer y si es con el palo qué le vamos a hacer. Ellas lo aceptan. En esta sociedad muchas esposas le dan una buena bofetada al marido cuando se ponen “histéricas”. Ellos lo aceptan, con tal de que todo quede oculto.
Las situaciones de violencia de las que he sido testigo han quedado tapadas, impunes y exiliadas al país de “no pasa nada”.

Bendito fútbol que hace que se canalice la agresividad contenida; y los conductores (y conductoras) de primera hora de la mañana que vociferan, insultan, sacan el dedo medio enhiesto, esos que abren la boca como en un cuadro de Bacon, esos que daría miedo encontrárselos en la cocina de casa una noche cualquiera.

Al final es lo de siempre: “no existen opresores sino oprimidos”. Lo que ocurre es que, si te toca en el bando perdedor, pues eso, pierdes.

Asco de mundo.

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¿Se puede vivir sin noticias? Por LaAlquimista
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Cecilia Casado | 24-11-2009 | 18:18| 0

Había una frasecita hace años, de esas que todo el mundo tomaba por verdades verdaderas, que decía: “una persona sin información es una persona sin opinión”. Claro que todo es relativo, que incluso esto puede ser una falacia, porque ¡cuánta gente no habrá que se permita opinar sin saber nada de nada…¡. (Conocemos a unos cuantos de estos, seguro). Pero a lo que voy.


Las noticias del día se comentan en el trabajo, con los amigos, con la familia, uno se rasga las vestiduras por cómo ve que se hacen las cosas y en el interior de quien más quien menos se esconde un héroe valiente e inteligente que lo hubiera hecho mejor.
Pero cuando hay más tiempo libre, o cuando ya no se trabaja, no hay excusa para decir que “es que no tengo tiempo ni de leer el periódico”. Además, ni siquiera hace falta comprarlo ya que para eso están las ediciones digitales.

Y es horrendo, lo juro, pasear el tiempo por noticias mal redactadas, editoriales tendenciosas, artículos de opinión que confunden al personal –no quiero citar ejemplos, no me la juego- y eso sin contar con las páginas dedicadas al vulgar cotilleo que desprestigia al que lo escribe y avergüenza al que lo lee.

Me entra la duda de si ese “estar al día” corresponde únicamente a la necesidad de tener algo que comentar con los demás o si es un verdadero interés por lo que ocurre en el mundo. Resulta difícil creer que el ciudadano vulgar y corriente pueda preocuparse por TODO lo que ocurre en el planeta. Ni siquiera por todo lo que ocurre en el entorno cercano, son tantos los temas, es tanta la miseria.

Así que he decidido no leer la prensa durante unos días, ni encender la televisión. ¿Me quedaré sin información imprescindible? ¿Me quedaré sin opinión?. No lo sé, pero como es seguro que a mis pobres neuronas les vendrá bien un descanso voy a leer un libro de filosofía que tengo por aquí haciéndome guiños; no sé porqué me da que va a ser más liviano y relajante que las noticias cotidianas.

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!Que me quiten lo bailao…! Por LaAlquimista
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Cecilia Casado | 23-11-2009 | 09:05| 0

Cuando accedí a mi primer trabajo mi padre intentó imbuirme del estilo de la época; que si una parte del salario para contribuir a los gastos de casa, otra para ahorrar y una tercera para mis gastos. ¿Ahorrar? Pensé yo con mi recién estrenada veintena, ahorrar ¿para qué?, pregunté. –“Ahorra, -insistía él- que si no cuando tengas cincuenta años, verás”. Bueno, pues ya tengo cincuenta años y no he visto nada. Lo siento, papá.

Falacias educacionales

No he visto nada de lo que supongo tú querías prevenirme, miedos de la postguerra a la enfermedad, a la ausencia de trabajo, en definitiva, a la vejez sin recursos. Pues no he ahorrado nada, un desastre lo reconozco, y mira que me contabas la fábula de la cigarra y la hormiga, (siempre me identificaba con la cigarra cantarina pero, claro, eso no me atrevía a decírtelo) cada moneda escaqueada de la economía cotidiana ha servido para –por este orden-: comprar libros, viajar, ir al teatro, viajar, comprar discos, ir a museos, viajar…

He visto el mundo a través de las páginas de hermosas historias, he conocido otras culturas a golpe de autobús y mochila o de avión y samsonite, he soñado con los impresionistas en pinacotecas y subido al séptimo cielo escuchando óperas o espectáculos de rock, en definitiva, he gastado mi vida y mi dinero.

Pero lo que sí he ahorrado, día a día, pasito a paso, con frío y con lluvia, caminando y sudando, han sido experiencias, recuerdos, fotos en el alma, arena de algún desierto y niebla de alguna montaña. Y cuando todo se quede atrás, sin sentido alguno, no quedará de mí más que lo compartido y si resta algo de dinero que hagan una buena cena y brinden por mi recuerdo.

Porque jamás he querido ser la más rica del cementerio, si tuviera epitafio –que no lo tendré- mi última frase sería: “!que me quiten lo bailao¡”

Por LaAlquimista.

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Planes de futuro (Por LaAlquimista)
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Cecilia Casado | 21-11-2009 | 09:26| 0

 

"Autorretrato". Francis Bacon

La llave hurga en la cerradura con el arañazo acostumbrado y sigue el portazo cotidiano, es la señal de que ella ha llegado ya y él vuelve a preguntarse qué oscura ira provoca esa forma de entrar en casa, empujando como un ariete enfadado, un aire turbio y frío que viene a instalarse sobre su realidad. La saluda rápido con la fórmula pacificadora –“hola, cariño, ¿ya de vuelta?”, aunque él sabe que no tendrá a cambio más que un gruñido o ruido similar.

Sentado, casi encogido, en el trozo de sofá más cercano a la ventana, ya envuelto en la penumbra del atardecer, él desearía volverse invisible para no tener que excusar su existencia frente a la mujer que ahora trajina en la cocina, depositando bolsas, abriendo y cerrando armarios con tal estrépito que se diría que los abre con los dientes y los cierra con los pies.

Ha pasado un día apacible entre el portazo de la mañana y el portazo de la tarde. No se acuerda muy bien de qué ha comido, ni siquiera de si ha comido, pero no tiene hambre ahora. Poco importa lo que haya imaginado o soñado, ella no se lo preguntará y él no se atreverá a sugerir la posibilidad de contarlo. Es un paréntesis íntimo, casi ocho horas en las que el mundo existe sólo para él, un minúsculo universo de menos de ochenta metros cuadrados, con tres ventanas, el pequeño balcón y las paredes, los techos, los suelos que le protegen del espacio agresivo y exterior.

Cuando cumplió cincuenta y cinco años empezó a contar los meses que le quedaban para la jubilación anticipada que se había propuesto solicitar, llenó su mente de proyectos, visitó las agencias de viajes y se hizo con una cantidad desmesurada de catálogos de viajes exóticos, rehizo una y otra vez los cálculos de la pensión que le quedaría, sumó los ahorros y pensó intereses, habían sido finalmente cuarenta años de duro trabajo, de pagos continuados, de pequeños y grandes sacrificios para cuando llegara la jubilación, entonces disfrutaría de un merecido descanso junto a su esposa, seguro que a ella le encantaría volver al pueblo a pasar los años que quedasen en la casa de la infancia, tan bonita, tan llena de recuerdos.

Hay un agujero ahora instalado entre él y sus recuerdos.
Y el silencio.

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Nadie habla con nadie (Por LaAlquimista)
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Cecilia Casado | 19-11-2009 | 17:32| 0

Me gusta mucho leer, es uno de mis mayores placeres, leo tanto que, si tuviera que comprar todos los libros que leo, mi economía andaría en la cuerda floja y es por eso que utilizo los servicios de las diversas bibliotecas de la ciudad. Y como sé perfectamente que no sólo tengo que ejercitar mis “músculos mentales” sino también los otros, en vez de tomar prestados los libros de la más cercana a mi domicilio, me desplazo al centro de la ciudad, un par de kilómetros ida y otro par de vuelta y me hago la ilusión de que combato la celulitis. (Pero…¿tengo celulitis yo?).

Es una biblioteca de tamaño mediano tirando a grande, con espacios bien definidos: prensa, vídeos, Internet, y luego los pasillos con los libros, los Dvd’s y los Cd’s. Y allí sentados, supongo que cotidianamente, hombres y mujeres (sobre todo hombres) cómodamente, leyendo prensa o revistas. En silencio absoluto y pasando las hojas como con miedo de molestar al de al lado. Nadie habla ni siquiera en voz baja. A la entrada hay una máquina de café y ningún espacio para saborearlo como no sea de pie en la tierra de nadie que es el hall de acceso o directamente en la calle –como veo que hacen casi todos-. Pero nadie habla con nadie.

Sí, ya sé que una Biblioteca Pública no es un club social, no es que quiera que habiliten una sala para que los usuarios tomen el cafelito tranquilamente, alrededor de alguna mesa (de las baratas, no hace falta que sean de diseño) y se ayude a la socialización de los asistentes. Lo que me llama la atención –ahora que tengo tiempo libre para pasear por mi ciudad, para observar lo que no veía antes porque no me cuadraban los horarios -, lo que me desconcierta, digo, es que ni en un bar, ni en una cafetería, ni sentándose en el mismo banco, ni compartiendo asiento en el bus, nadie hable con nadie.

Me han sugerido la idea de que me compre un perro; dicen que entonces cualquiera se “atreve” a pararse en la calle y dirigirte la palabra. 

Laalquimista.

Nota Bene.- ¿Qué tal un comentario o crítica…? Gracias.

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Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

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