Diario Vasco
img
¿A qué da derecho la mucha edad?
img
Cecilia Casado | 19-02-2017 | 08:29| 12

 

Últimamente me está dando por fijarme con interés y tesón en las peculiaridades de las personas mayores que se cruzan en mi camino. No es que me hayan encargado un estudio sociológico, pero sí que es cierto que se me ha despertado una especie de necesidad por estudiar de alguna manera el comportamiento social cotidiano de las personas mayores, de los ancianos (o de los viejos que dirán otros).

En tan sólo un par de días, llego a la primera conclusión, sin escarbar demasiado, que me lleva a constatar que una gran cantidad de personas mayores avasallan. No es un axioma, obviamente, pero se parece tanto a la realidad como un bocadillo de jamón a otro. Cierto es que las generalidades no son convenientes para su uso en la cocina del entendimiento porque pueden distorsionar el concepto de la cosa; no obstante se está forjando en mi mente la maldita constancia de que ‘muchas’ personas mayores abusan y avasallan amparándose en la fecha que pone en su D.N.I. y que se refleja en su cara, su porte y sus maneras.

Cuál es el motivo que induce a estas personas que han alcanzado una edad provecta a tener el convencimiento de que tienen más derechos que el resto de los humanos tan sólo por el hecho de tener menos pelo y más enfermedades, menos vida por delante y más tiempo por detrás, se me escapa. Pero lo veo en el autobús en la hora punta, en la cola del súper, en los bancos del parque, en la conferencia de la casa de cultura.

Es una actitud fácilmente identificable: ellos te miran y tú sientes que les debes algo. Y entonces les cedes el asiento, el puesto en la caja o el mejor sitio al solecito (o a la sombra). A veces te darán las gracias con una sonrisa y otras escucharás una especie de gruñido intraducible al idioma de las relaciones humanas. Y tan sólo hablo del comportamiento “social” sin ahondar en esquemas mentales aferrados a su propia razón y necesidad de que no se les lleve la contraria bajo ningún concepto. 

¿Por qué? –me pregunto en cada ocasión en que me toca ser sujeto paciente de alguna actitud avasalladora-, y no encuentro ninguna respuesta que tenga algo que ver con el raciocinio común y corriente.

Los mayores son respetados suficientemente en nuestra sociedad; de hecho, tienen una serie de ventajas añadidas a la edad que no son nada desdeñables. Es por eso precisamente que me sigo haciendo la pregunta del principio aunque, dedicándole tiempo, llego a la terrible conclusión de que el mal humor, los modos airados, el egoísmo como algo inherente a su condición, tienen relación directa con esa incapacidad de envejecer con dignidad que se inventó alguien que se creía más listo que los demás. La dignidad es otra cosa bien distinta que el mal carácter y las faltas de respeto.

Personalmente estoy ya en la línea de salida hacia esa carrera con final mortal que es la vejez. Podré contarme mil historias a mí misma acerca de que sigo siendo joven de espíritu y todos esos cuentos chinos que vienen muy bien los días en que no te duele nada. Pero cuando nos empecemos a ver reflejados precisamente en aquellas personas que ahora estamos criticando, querrá decir que no somos tan diferentes unos de otros.

Creo honradamente que la edad no me da derecho a nada, como no sea a los beneficios para jubilados a los que obliga la ley en general. El resto, seguiré teniendo que ganármelo con amabilidad y sonrisas, como así ha sido durante toda mi vida. Y si sustituyo la sonrisa por un mal gesto, si cambio la palabra amable por un exabrupto, no me va a servir de nada quejarme y enarbolar mi provecta edad para hacer creer a los demás que, por el hecho de ser una “persona mayor”, los demás tienen la obligación de aguantar unos malos modos.

Supongo que la edad, a la vez que nos da ciertos derechos, también conlleva la “obligación” de dar ejemplo a los demás. Un buen ejemplo, por supuesto.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50/

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

 

 

 

 

Ver Post >
Santa paciencia
img
Cecilia Casado | 15-02-2017 | 07:33| 22

Suele ser complicado hablar de las cosas –y entenderse- cuando una palabra abarca dos conceptos diferentes. Porque “tener calma y tranquilidad para esperar” (A)–que es definición del término “paciencia”, no va de la mano precisamente con la “capacidad de sufrir y tolerar desgracias y adversidades, o cosas molestas u ofensivas, con fortaleza, sin quejarse ni rebelarse”(B). En el primero de los casos doy notable alto, pero en el segundo… suspendo rotundamente; vamos, que no aguanto tanto…

¿Es la paciencia una virtud socialmente valorada? Dejando al lado el concepto de “virtud teologal” que nos metieron a machamartillo, sobre todo a las mujeres para que “sufriéramos y aguantáramos lo que no está escrito”, observo la paradoja de cómo el mundo se ha vuelto demasiado acelerado con la necesidad de la inmediatez de las cosas por bandera –definición primera- y, sin embargo, cada vez más se sufre y se toleran desmanes varios –en lo individual y en lo colectivo- sin levantar el puño ni la voz.

Seguramente sea el miedo a atraer sobre quien protesta la furia del demandado y recibir una colleja legal, moral, emocional o de las otras, por no aceptar agachar la testuz ante…lo que sea. De esta manera, acabamos haciendo alarde de ser “pacientes” con quien:

-       Abusa laboralmente de trabajadores necesitados.

-       Se permite desafueros en actitudes y lenguaje.

-       Alardea de supuestas “superioridades”.

-       Invade intimidades en las redes sociales.

-       Proyecta en los demás sus propias carencias.

Y no sigo…

Suelo quedarme boquiabierta cuando compruebo el grado de paciencia infinita que se derrocha con quienes delinquen, agreden, insultan, roban, abusan y desprecian al prójimo de cualquiera de las doscientas mil maneras posibles que se les ocurre. Y se me cierra la boca del estómago cuando constato que no hay casi nada que hacer, que estamos dotados –en general- de una “santa paciencia” metida en vena, inoculada por la educación, las Leyes que cambian para hacer callar y el miedo, siempre el miedo a rebelarse contra lo estatuido y que se puedan derivar consecuencias desagradables para el impaciente.

Aguantan con paciencia los trabajadores explotados, las mujeres humilladas, los niños a los que se les roba el cariño. Aguantan con infinita paciencia los nobles de corazón, los pacíficos en esencia, los fuertes de espíritu y los débiles de ánimo. Aguantan y aguantamos lo que nos echen porque se nos ha olvidado que tenemos derecho a protestar, a decir hasta aquí hemos llegado, a marcar límites, a expresar lo que pensamos y sentimos.

Se aguanta por miedo a que el carcelero deje de darnos cada día nuestra ración de agua y pan, se aguanta por preferir que otros tomen decisiones por nosotros aunque estas nos aboquen a la desdicha, a la pobreza, se aguanta para no tener que pensar, ni actuar, ni trabajar por la propia dignidad.

Ahora que cada día que pasa me importan menos cosas y tengo menos miedos, veo que la paciencia tipo “B” se me va agotando irremisiblemente. Y me parece bien y estoy de acuerdo conmigo misma. De la otra, del tipo “A” todavía me queda cuarto y mitad, pero vaya usted a saber cuánto durará…

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Ver Post >
Aúpa San Valentín
img
Cecilia Casado | 13-02-2017 | 12:37| 15

 

La pena es que el día del santo patrón del amor cae este año en martes y, claro, no es lo mismo porque celebrarlo por adelantado o con retraso pues como que no tiene gracia, pero es lo que toca y habrá que conformarse. Con este preámbulo ya se deduce que estoy a favor de la celebración de San Valentín, pero no porque tenga una tienda de regalos sino porque me gusta celebrar la vida en general y cualquier excusa en particular me sirve. Igual es también un poco por llevar la contraria a los que se encienden hablando de consumismo exacerbado y fuera de lugar (¿?) en tiempos de crisis; o porque me gusta disentir de quienes aseguran con cara de serios que “cualquier día es bueno para celebrar el amor” y, con eso, ya han cumplido y de paso se ahorran el eventual dispendio o el detalle cariñoso.

Estoy a favor porque a mí cualquier fecha me emociona para festejar lo que sea, pero no de boquilla sino con  besos y abrazos (o jamón del rico y entrechocar de copas). Me apunto todas las excusas que se inventen para celebrar el amor y el buen rollito. ¿No comemos huesos de santo a primeros de Noviembre, txistorra en Santo Tomás, turrón en Navidad y opillas por San Blas? Pues eso. El 14 de Febrero también toca.

Hacer –o que te hagan- un regalo por San Valentín es igual que un regalo navideño: no necesariamente lleva implícito el amor, aunque haya excepciones, pero es más bien un detalle de cortesía que a nadie le hace daño. Así que… ¿para qué vamos a rompernos la cabeza pensando si está bien o no está bien? Cada pareja –de lo que sea- tiene redactados sus propios Estatutos Sociales y Reglamento de Régimen Interno así que tan sólo tienen que aplicarlos sin encomendarse a dios ni al diablo. ¿14 de Febrero? Regalo al canto. ¿Aniversario de boda? Cenita o fin de semana romántico. ¿Cumpleaños? Toma cien euros y cómprate lo que quieras…

Lo malo suele ser cuando una de las partes (casi siempre la mujer) va a identificar regalo con cariño o amor y le pone al otro en la mano la llave del engaño fácil y seguro… También se puede dar el caso contrario en el que ella le haga un regalito a él para distraer su atención de otras cosas. O sea que si hay engaño no se engaña a nadie.

Un masaje amoroso, regalar una siesta extra, cualquier mimo que sabemos la otra persona aprecia o preparar un desayuno especial, son “regalos” que no necesitan aflojar la cartera y que pueden demostrar mucho más como detalle que una cosa comprada con dinero.

Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, coincide la fecha con el primer aniversario del Círculo de Mujeres que formamos doce “jabatas” que hemos mantenido viva la llama del crecimiento personal y el trabajo en equipo sin fallar ni un encuentro quincenal desde hace doce meses. Nuestro Círculo de Mujeres también tiene su base en el amor. Porque amor es al fin y al cabo ese sentimiento que nos hace compartir, escuchar, tener empatía y un cariño cada día más profundo entre nosotras. Lo vamos a celebrar “por todo lo alto” y a renovar los “votos” de escucha activa, ausencia de juicios y consejos y seguir ofreciéndonos esos hermosos “reflejos amorosos” que surgen espontáneos cada vez que una de nosotras se sumerge en aguas turbulentas.

Felicidades al Círculo de Mujeres y a cada una de sus componentes y mi agradecimiento total y absoluto por el regalo de compartir una parte del camino. Y si coincide con San Valentín, por algo será.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50/

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

Ver Post >
JABATAS
img
Cecilia Casado | 10-02-2017 | 07:19| 6

 

Así, en femenino y con mayúsculas. Así las llamo yo, “Jabatas”, para dejar bien claro que son fuertes, inmensas, generosas, auténticas, totales. Sin fisuras ni puntos débiles. Aunque, a veces, al final de su gesta, paguen un precio que no está escrito.

Son las bravas mujeres que cargan sobre sus hombros los “trabajos de Hércules” de hacer frente a una situación traumática o desestabilizadora de su entorno o de su familia.

Son esas mujeres que nunca saldrán en los suplementos dominicales de los periódicos vestidas y peinadas por firmas de marca. Hablo de las mujeres anónimas –como es el 90% de la población femenina- que viven siendo las “vigas maestras” de los edificios que han ayudado a construir aunque los “planos” hayan sido diseñados con mayor o menor fortuna.

Y, sí, son jabatas auténticas, no dejo de admirarme. Allá donde golpea la mala suerte, el infortunio, la enfermedad o el dolor, allá vamos a encontrar a una mujer que detiene los golpes haciendo de escudo, que da ánimos donde las fuerzas flaquean, que no pierde la esperanza y aunque la pierda lo disimula, que, todo hay que decirlo, encara las situaciones con una entereza de otro calibre que la del hombre.

Son esas mujeres que no solamente trabajan un montón de horas para arrimar el hombro al bien común, sino que además, en sus “ratos libres” escuchan a quien le cuenta sus cuitas olvidando las propias y tienen una caricia siempre a punto para consolar a quien la necesita –aunque a ellas, por ser tan “fuertes”, se considera que no hace falta dárselas. Mujeres que sonríen aunque tengan resquebrajada el alma, que sonríen para que quien está a su lado sienta que por las rendijas se filtrará la luz; mujeres que le quitan hierro al drama cotidiano y cantan aunque sea en voz bajita para recordar y recordarse que no todo está perdido, que hay que seguir luchando. Mujeres que nunca tiran la toalla, que mueren con las botas puestas, que son fuertes hasta el final.

Esas hembras inconmensurables que ayudan a superar el naufragio que la vida ofrece al hombre, a los hijos a sentirse seguros en la debilidad de la inmadurez, a los amigos que han pedido ayuda y que han encontrado la mano tendida y los brazos abiertos. Mujeres sin perfil de Facebook ni fotos en Instagram porque no tienen tiempo para las tonterías de la vanidad.

Mis jabatas favoritas, las que llenan tuppers con lentejas para ayudar a los hijos, las que invitan a su casa a quien está demasiado solo y no sabe a dónde ir los domingos de invierno. Las chicas jóvenes que ayudan a sus amigas, las recién casadas que todo lo quieren hacer bien para que el amor sea algo más que una tarjeta por San Valentín, las que limpian lo que los demás ensucian, las que callan para que otros hablen, las que velan el sueño de quien tiene fiebre, las que insisten una y otra vez en volver a intentar aquello que ha salido mal, las que rebuscan sonrisas cuando todo son penas, las que acompañan al enfermo al médico y sujetan la mano de quien desfallece. Las que dicen “tenemos que hablar” antes de lanzarse en brazos de otra opción más cómoda, las que saben esperar porque saben que al final todo llega, que los círculos se completan.

Mujeres, casi todas las mujeres. El sexo débil. Mis Jabatas.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Ver Post >
A vueltas con la maternidad
img
Cecilia Casado | 08-02-2017 | 08:04| 37

 

 

Ya vale de dar la tabarra con la maternidad.

Está claro que aquí el que no corre, vuela. Estando como está el cotarro patrio atiborrado de polvo, suciedad y telarañas, los que se estrujan las meninges para sacar dinero de debajo de las piedras han decidido ahora que el tema de moda es hablar de la maternidad. De sus filias y sus fobias, siempre de boca –o pluma- de señoras a las que, las más de las veces, no las conocen más que en su casa a la hora de comer.

¿De verdad es tema sabrosón saber qué opinamos las mujeres de la maternidad? Digamos más bien, que lo que vende es poner a parir los mitos y tópicos y defenestrar el más que mal llamado “instinto maternal”. Es que no le veo ni la gracia ni el interés, de verdad.

Una, que es madre por partida doble, me llevo las manos a la cabeza escuchando o leyendo a esa “liberadas” que deciden sincerarse y confesar a quien les paga por ello que lo de la maternidad no es tan bonito como nos habían contado. ¡Vaya lucidez! Como si la vida –y todas sus situaciones y vicisitudes- no estuvieran llenas de contradicciones, controversias, luces y sombras y sus más y sus menos.

Pero lo que me fastidia del tema es el hecho de que las mujeres que han tenido hijos –deseándolos o no, voluntariamente o a la fuerza, con ilusión o por “accidente”- se permitan el dislate de hablar de ello como si fuera un tema de debate ecuménico, como si para los demás fuese de vital importancia conocer al dedillo el retorcido y emocionalmente proceloso proceso de su maternidad infelizmente asumida.

Porque no sé si se dan cuenta esas mujeres –y quienes las jalean- que hay “daños colaterales” muy profundos. ¿Cómo, quiénes? Pues los hijos que han tenido esas señoras a trancas y barrancas que, de repente –o el día de mañana- van a encontrarse con que la madre que los parió es una insensible que ha vendido su embarazo, parto, crianza y demás al mejor postor.

Nunca olvidaré la angustia con que, hace ya muchos años, una mujer amiga me contó el trauma de su vida, que consistía en que, siendo adolescente, su propia madre le había confesado que su embarazo no había sido deseado y que como no podía abortar en una clínica se había dedicado a saltar desde la mesa de la cocina con violencia por ver si la naturaleza hacía su trabajo y le libraba de ese feto que, con dieciséis años ya, estaba llorando como loca ante la absurda y cruel confesión de su propia madre.

Todos –y todas- sabemos que han existido y seguirán existiendo hijos no deseados. Vale, de acuerdo. Pero si han nacido, si los hemos acunado, si a fin de cuentas, se les ha aceptado… ¿a qué viene ahora la moda esta de empezar a decir que la maternidad lleva a tales o cuáles frustraciones?

No lo soporto, de verdad, y ya he tenido un par de diferencias con madres que reniegan de la maternidad en general y que luego dicen que aman a sus hijos mogollón en particular. Pues no me lo creo, fíjate lo que te digo. Porque, ojo, madres “malas” o desnaturalizadas ha habido siempre y las seguirá habiendo. Soy de las personas que creen que demasiadas mujeres no deberían haber tenido hijos nunca; por ser incapaces de amar a nadie en esta vida o por demostrar un egoismo exacerbado. Pero esas mujeres, esas “malas madres” pueden ser la tuya, la mía, la de cualquiera…y aunque a ellas les hace justicia y las pone en su sitio, a los hijos que tuvieron les puede amargar la vida.

La mujer que encara la maternidad como una carrera de obstáculos, como el paso obligado por una renuncia vital, la que siente que ser madre le va a negar la felicidad que vislumbra por otra esquina de su vida, ésa, digo e insisto, es una inconsciente que no sabe ni lo que hace –o ha hecho- ni de lo que habla (sobre todo si le pagan por hablar).

Ser madre es algo tan natural como no serlo. Opción elegida o realidad asumida, tanto da. Si has tenido un hijo –en esta sociedad occidental- todos vamos a entender que es porque has querido; así que no nos cuentes aquí lo mal que te ha ido, lo frustrada que te sientes por perder la juventud, los retos profesionales, la paciencia, el sueño o la talla 38.

Yo me pregunto qué sentirán los hijos de esas “contestatarias” el día de mañana, cuando lean las confesiones inconfesables de sus señoras madres. Lo que está claro es que a ellas, les importa bien poco…

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

Ver Post >
Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

Otros Blogs de Autor