Diario Vasco
img
Reflexión del lunes “Circunstancias”
img
Cecilia Casado | 05-06-2017 | 13:42| 8

 

Una cree que es dueña de sus actos, que sujeta con uñas y dientes los hilos de la propia biografía en un ejercicio de impostada libertad hasta que un buen día se da de bruces con las famosas “circunstancias”. Y todo cambia. Se tuercen los renglones que creíamos haber escrito para el propio destino y comienzan a llover piedras como en esas pesadillas en las que nos salvamos en el último instante de morir aplastados por un edificio que cae a nuestro paso.

Las circunstancias. Un paradigma de excusas salvables y de justificaciones universales. Las enarbolamos como escudo –la mayoría de las veces para protegernos de ese pepito grillo que no ceja en su protesta desde algún recoveco de la mente o del alma- para que los demás comprendan los porqués de nuestros actos, para que se apiaden de nosotros de alguna manera cuando hemos tirado la propia vida o parte de ella por la borda. Las circunstancias. Ésas que hacen cobarde a quien nunca pensó que lo sería, ésas que paralizan la parte del cerebro que todavía debería luchar para sobrevivir.

¿Quién inventó las circunstancias? ¿Son acaso un eufemismo para enmascarar la opinión ajena o –peor aún- los dictados de la voluntad del prójimo?

Como el que se quejaba amargamente de que “las circunstancias” no le habían permitido estudiar como habría querido debido a la voluntad familiar inapelable de poner a trabajar a un chaval de dieciséis años, y no precisamente por ayudar al sostenimiento de la familia. ¿Inapelable? Lo mismo se podía trabajar y estudiar a la vez, pero claro, hay que ser fuerte, valiente y tener tesón para salvar esas circunstancias adversas.

¿Son las circunstancias las que obligan a una mujer –y puede que también a un hombre- a seguir enredada en una relación de pareja asfixiante por el hecho de tener dos hijos adolescentes? ¿Son “circunstanciales” esos hijos o la madre de todas las excusas para no luchar por recuperar el control de la propia vida?

Una circunstancia es algo pasajero, eventual en el tiempo y en el espacio, altera el estado de las cosas o de las personas, pero no tiene cualidad de durabilidad…excepto que le demos esa carta de naturaleza por pensar que la llave de la cadena se ha perdido en vez de darnos cuenta de que la tenemos en el propio  bolsillo (mental o emocional).

Viene esta reflexión a santo de la larguísima conversación –también circunstancial- que mantuve con una amiga acerca de cuánto, cómo y por qué las “circunstancias familiares” o del entorno social habían condicionado nuestro propio desarrollo como personas.

Concluimos sin fisuras que todas las circunstancias pueden ser modificables –soslayando las excepciones dramáticas- contando con la voluntad de cambio del sujeto. Y se nos ocurrían muchos ejemplos: la mujer que se ha quedado supeditada al marido, el hijo que tiene que rebelarse contra los padres, el trabajador que debe enfrentarse a superiores indignos, el ciudadano que elige  no agachar la cabeza ante eventuales desmanes tolerados socialmente…

Somos hijos de nuestro tiempo y de una parecidísima cultura, es decir, carne de cañón para el “borreguismo” y la alienación mental, y si no nos tomamos en serio el hecho de recapacitar acerca de esas malditascircunstancias que en algún momento ponen en riesgo nuestro equilibrio emocional y entorpecen la buena salud, lo más probable es que se nos escape de las manos la caña que sujeta el pez y nos quedemos sin pescado, sin caña y sin ilusión para volver a “salir de pesca”.

Porque la vida no hace distingos y reparte de forma aleatoria tanto la suerte como las circunstancias y el que se queda pasmado con lo que le ha tocado sin plantearse que podría aspirar a algo que le cuadrara mejor…mal lo tiene. Son esas personas que dejan que sean los demás los que deciden por ellos, los que aceptan criterios ajenos sin pasarlos por el tamiz de la reflexión, quienes se dejan llevar por los otros en un alarde absurdo de conformidad o aceptación sumisa, como si fuera un valor humano no cuestionar, no preguntarse el porqué de las cosas… y protestar.

Mis hijas han decidido vivir sus vidas a muchos kilómetros de donde nacieron y que es donde sigo viviendo. Esa circunstancia no me arrastra más allá que el placer por visitarlas de vez en cuando, hacer turismo, cambiar de decorado mi vida y sentir que sigo siendo dueña de mis actos en todo momento. A fin de cuentas ellas han elegido sus “circunstancias vitales” y yo las mías…

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50/

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Fotografía: Amanda Arrou-tea

Ver Post >
¿Los hombres sólo piensan en una cosa?
img
Cecilia Casado | 02-06-2017 | 06:37| 13

 

No recuerdo la edad que tenía cuando escuché por primera vez la frasecita de marras, pero supongo que fue en aquella adolescencia de los sesenta perfumada de las primeras ilusiones románticas. Alguna amiga más espabilada que yo me pondría al tanto de la dura pelea que me iba a tocar librar entre un cuerpo exultante de hormonas y una mente atiborrada de alarmas maternas sobre peligros y pecados varios que me acechaban.

Me llegó a suponer cierto dilema moral ir en contra de las pulsiones propias para acatar unas convenciones educacionales –morales y religiosas- que casi nunca iban razonadas sino impuestas a machamartillo. Fueron los tiempos de perlas cultivadas (falsas): “Si te quiere te respetará” o “Los hombres se divierten con unas y se casan con otras”, estableciendo una línea roja fosforito que nos atraía y repelía por igual.

De las amigas que fuimos en aquella época tan frustrante en tantos aspectos se supo mucho –o demasiado- con el correr de los tiempos. Se criticó duramente a la que se tuvo que casar “de penalti” con un imberbe sin dos dedos de frente para que la familia salvara la cara ante la sociedad. Se alabó a la que hizo una boda de campanillas antes de cumplir los veinte con un chico de buena familia –diez años mayor que ella- que acarreaba un sospechoso historial de tarambana sobre sus espaldas. Tampoco nadie supo explicarse en su momento por qué rechazaba los novios aquella chica alta, fuerte, guapa, rotunda, a la que le gustaba más jugar a fútbol que andar presumiendo de vestido nuevo.

Las chicas de aquella época hacíamos casi lo que fuera por complacer a nuestras madres –aunque fuera a la fuerza- y repetíamos el sonsonete inoculado sobre cuánto y cómo debíamos hacernos valer frente a los chicos que nos perseguían/cortejaban. No habíamos oído hablar todavía de sexismo, -pero lo intuíamos- ni apenas de machismo porque aunque formara parte de la realidad cotidiana no sabíamos identificarlo como algo pernicioso; sí sabíamos que las manos masculinas podían ser tan inquisidoras como las miradas e ir mucho más allá de las palabras que parecían decir una cosa, aunque a la postre significaran otra.

Con el paso de unos pocos años aprendimos a llamar a las cosas por su nombre y no nos recatábamos al pasarnos información entre nosotras. -“Fulanito sólo quiere una cosa.” –“Menganito es respetuoso.” Y si coincidía la primera cualidad con la guapura del chaval o la segunda con una más que flagrante sosería, se ponía el tema muy difícil, mucho, si queríamos por un lado “hacernos valer” y por el otro tener un noviete… aunque no fuera más que para fardar delante de las amigas.

Afortunadamente el tiempo –y cierta madurez psicológica-ha desvelado la verdadera intención y destino que la naturaleza ha adjudicado a los protagonistas de esta historia. Y, a pesar de tener ya una edad que se podría calificar en muchos casos como provecta, siguen percibiéndose los coletazos de aquella educación, -horrenda- de aquella forma de comportarse en el pasado –nefasta- y que ya  creíamos trasnochada o por lo menos reubicada en una  azotea bien amueblada después de haberse sosegado aquellas hormonas impacientes…

Sin embargo, ahora pueden sorprendernos hombres de más de cincuenta –e incluso de sesenta años- que todavía colocan como valor prioritario en la relación con una mujer el tema sexual…  Es decir, y hablando clarito, que “primero probamos y luego ya veremos”. “Que yo soy muy hombre y me sigue gustando el tema” o “no hay tiempo que perder que ya tenemos una edad…”

Y nosotras, aquellas adolescentes que tuvimos que cargar con carros y carretas para conseguir nuestra liberación sexual –liberarnos de los grilletes de la educación, de la religión, del qué dirán y de la culpa autoimpuesta- nos quedamos con los ojos a cuadros porque han pasado los años –qué digo los años, las décadas- y de aquellos polvos, estos lodos, como si en el intermedio no hubiéramos aprendido nada, ni sobre igualdad, ni sobre respeto; como si el machismo de sal gorda de los sesenta hubiera escapado de la tumba en la que creíamos haberlo enterrado, como si seguir pensando con el pene no fuera propio de machos demasiado fáciles de calificar.

Supongo que son esos mismos hombres que han criado hijos, que seguramente tengan ya nietos, y que han decidido pegar un triple salto mortal hacia atrás y retomar la patente de corso que ostentaron hace un par de generaciones, amparándose, eso sí, bien amparados en dos cosas: la primera en la farmacopea que les devuelve la virilidad perdida; la segunda el cerebro reptiliano que nace y muere con nosotros por mucho que intentemos disimularlo con conceptos de libertad, modernidad y lo que usted quiera.

Al próximo tipo que me insinúe que soy una “estrecha” por no querer acostarme con él en la primera cita le voy a mandar a la mierda con todas las letras sin tomarme la mínima molestia en darle la charla sobre conceptos que seguramente no sería capaz de comprender, porque donde no hay mata, no hay patata.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

*** “Venus, Adonis y Cupido”  Annibale Carracci 1588

 

Ver Post >
Se acaba Mayo
img
Cecilia Casado | 31-05-2017 | 06:06| 17

 

Se acaba el mes de Mayo y sigo viva y moderadamente feliz. Este manifiesto no es una boutade de las que a veces se me escapan sino una reflexión que ha durado por lo menos el tiempo de escribir este post. Porque en un mes –y en un minuto- pueden pasar cosas tan importantes como para cambiarte la vida.

Esa mamografía rutinaria que hay que repetir y acompañar de una ecografía y que muestra una “cosa” a la que estremece darle nombre. La tensión y la ansiedad previas al suspiro de alivio…

Esa carta –sí, una carta escrita en papel y metida en un sobre- que anuncia la sentencia definitiva de una relación. Sin tribunal ante el que apelar, sin abogado de oficio ni sumario previo, sin posibilidad de pagar una fianza…

El frenazo in extremis de un conductor despistado que irrumpe en un paso de cebra en curva y que eleva hasta el límite la presión arterial. El susto y el disgusto consiguiente por no percibir ni siquiera un gesto de disculpa…

El amigo que se convierte en ex amigo llevándose cariños y secretos y dejando en su lugar el sabor del acíbar del mero desagradecimiento…

¡Cuántos vaivenes da la vida, cuántos sobresaltos nos depara! No hay día en que deje de ocurrir algo definitivo, anecdóticamente cruel, absurdo o hermoso. ¿Quién se libra de ello?

La salud y el bienestar de los seres amados, vigas maestras del equilibrio emocional; las penas de los amigos que se infiltran por las rendijas del corazón; algunos abrazos rotos que todavía se sienten en la madrugada…

Treinta y un días de Mayo y el olor de la crueldad, el ruido de las bombas, el clamor de los heridos, los gritos de quienes se ahogan en el mar huyendo de otra muerte. Un mes –otro más- lleno de injusticia y desigualdad que unos disfrazan de caridad poniendo cajones en la puerta de los supermercados para lavar la conciencia con unos cuantos kilos de legrumbres o macarrones de marca blanca.

Un mes en el que han muerto mujeres asesinadas, niños masacrados, hombres inocentes; un mes en el que han nacido bebés fruto de la esperanza y de las violaciones, seres condenados de antemano a su destino de caprichos sin fin o de pobreza irredenta.

No pasa nada, es un mes más. Algunos habrán dormido cómodos y otros solitarios y tristes. Los hospitales rebosantes de enfermos de todo tipo, los bares y restaurantes, también.

Mi perrillo duerme sin conocer cómo es el mundo que le rodea, tranquilo a mis pies, seguro de su cuenco de comida y sus paseos entre la hierba del barrio. Él no piensa, o al menos yo creo que no piensa, arrogándome el privilegio –tan humano- de acaparar ideas y actos conscientes.

Miro el calendario y sé que hay que cambiar de hoja ahora. Un gesto inane que nos lanza al futuro, a la incógnita del mes de Junio, al dolor que llegará para algunos y las alegrías que se inventarán desde los más pequeños gestos de cariño para llenar el corazón… que falta nos hace a todos.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

 

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

Ver Post >
Reflexión del lunes. “Compromisofobia”
img
Cecilia Casado | 29-05-2017 | 06:59| 19

 

 

Los que ya no vamos a cumplir los cincuenta –o los sesenta- y hemos salido escaldados de la inconmensurable aventura del matrimonio, formamos una subespecie (socialmente hablando) nada desdeñable pero a la que hay que echar de comer aparte. Si algo hemos aprendido es a no poner la mano en el fuego por nadie y a sentarnos de espaldas a la pared por si las puñaladas traperas, como si fuéramos vulgares políticos.

Algunos supervivientes de esa incruenta batalla caen de pie o hacen por resurgir de sus cenizas; otros se enroscan en su caparazón y también hay los que cierran la puerta y tiran la llave, cada cual en su estilo pero con la condición innegociable a partir de ahora para cualquier relación de pareja de: “cada uno en su casa y Dios en la de todos”. Que es una exageración, de verdad, que está la gente con la neura puesta todo el día, que sales con alguien dos fines de semana seguidos y ya te está diciendo aquello de que ‘necesita espacio’. ¿Espacio..? El sideral te voy a dar yo a ti.

Luego están quienes prefieren ‘no hacer planes’ con la cantinela de que ‘los mejores planes son los que no se planifican’ y no es más que la excusa para ver qué apetece más hasta el último momento y luego no hay entradas para el cine ni mesa libre en ningún lugar. Al final no sabes si es mejor salir o no salir no vaya a ser que toda la noche la pases mirando al móvil o pensando en las musarañas.

-¿Quedar el martes para salir el sábado? Uff, no sé, ya veremos, ‘sobre la marcha’-. Y ‘sobre la marcha’ significa que si el sábado por la mañana se está de humor propicio pues igual te llama y te dice eso de: “¿te apetece que vayamos a cenar esta noche a algún sitio bonito?” y tú piensas, mira, llevo desde el martes haciendo planes con la cuadrilla para este sábado y… ¿ahora sí? Pues lo siento, ya he quedado.

Luego está el fin de semana que se dedica a los hijos  -¿hay algún separado, divorciado, viudo o soltero -o sus vertientes femeninas- que no tenga hijos?- y te lo cuentan como si fuera Eurodisney y al día siguiente que si no le hicieron caso, que si sólo querían ‘pelas’ y tú dices, “bueno, pues a ver cuándo me los presentas, no por nada, eh?, por curiosidad más bien, que llevas dos años enseñándome sus fotos en el móvil…” ,  “ ah, pues no sé, ya veremos, es que ellos se tomaron muy mal lo de la separación y…”. A todo esto el ex -o la ex-  lleva cuatro años viviendo con alguien guapísimo sin trauma aparente alguno…  “Ya se verá, no me gusta que me agobien…”

Y cuando dices –es un decir, ya que a ti ya te da exactamente lo mismo- que igual lo que pasa es que tiene algún tipo de miedo al compromiso se plantifican la cara de ofensa y te sueltan eso tan original de ‘es que sufrí mucho en mi matrimonio…’y como que a uno le da la risa floja y se va al baño a mirar el móvil  y vuelve absolutamente decidido a dormir con los ositos y buscarse a alguien que haya crecido: por ejemplo, un tipo  -o una tipa- quince años más joven.

En fin.

“Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso (Honoré de Balzac)”

Nota Bene.- Cualquier parecido con la realidad o coincidencia con personas o situaciones es pura imaginación mía. No señalo a nadie en particular y señalo a todo el mundo en general. Incluyéndome, claro, porque el que esté libre de pecado, etc…

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50/

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com 

** “Separation” Edvard Munch 1896 

 

Ver Post >
Paranoia y redes sociales
img
Cecilia Casado | 26-05-2017 | 05:31| 25

 

Una tiene que adaptarse a ser “hija de su tiempo” y no quedarse amarrada ni a los sueños que alguna vez tuvo ni a los amores por los que una vez tembló. Poesías aparte, hablo de entender, aceptar y utilizar las herramientas del presente para socializarse, concepto que suele caer en barrena conforme se va acumulando el polvo de los años.

¿Qué mueve hoy en día a tantos adultos mayores a despreciar las redes sociales a pesar de la fuerza de tsunami que provocan? Estar y conocer, saber y compartir, para opinar y reflexionar… nunca está de más. ¿Acaso imagina alguien que políticos, mandatarios, sociólogos, expertos o empresarios de altos vuelos dan la espalda a Facebook, Twitter, Linkedin, Instagram y demás etcéteras? Sería tan raro como que alguien no quisiera tener un teléfono móvil al alcance de su mano.

Por eso “discuto” con la gente que pone cara de asquito cuando les pregunto si están en una determinada red social como si les preguntara si tienen piojos y me sorprenden los comentarios despectivos sobre las redes sociales, como si los usuarios fuéramos viciosos vergonzantes o adictos a algo éticamente reprobable.

¿Somos más o somos menos importantes como individuos gracias, o a pesar, de las redes sociales? ¿Tiene algún sentido real y positivo enajenarse de las mismas como si se tratara de un virus contagioso?

¿Qué se puede ganar teniendo menos información? ¿Soy más íntegro rechazando los avances de mi época?

Me pregunto si estas mismas personas, que pueden llegar a ofender  con su desprecio, tienen la misma actitud ante el médico que les receta un nuevo fármaco para mitigar sus dolores físicos o penas del alma. Me pregunto si rechazan el coche de bello y rompedor diseño que aparca solo, si tuercen el gesto ante la lavadora que deja la ropa como nueva o si siguen teniendo en casa un televisor de los que pesan veinte kilos y sin mando a distancia.

Dicen estas personas que no quieren saber nada de las redes sociales porque “quitan intimidad y espían y comparten tus datos”. Pues claro, nadie da nada gratis, pero a cambio de “secuestrar” la intimidad que quieras compartir y cuyos limites tú mismo decides, te dan la posibilidad de incorporarte a una extensa bolsa de trabajo, contactar con personas de todo el planeta, visitar virtualmente espacios que quedan lejos o, mucho más prosaico el tema, vender lo que te sobra o comprar lo que te falta -o incluso contactar con el próximo “amor de tu vida”.

Les quiero recordar a estos fóbicos de la tecnología punta y su rama social que yendo por la calle nos están grabando en casi todo momento con las cámaras de edificios oficiales, negocios, hoteles, bancos o gasolineras, parques y paseos, calles y avenidas, sumando a éstas las que instalan particulares para proteger su territorio a base de grabar los pasos de los demás. También recordar que el ciudadano de a pie se ha convertido en un “reporter Tribulete de pacotilla” siempre con su “cámara a mano” para tomar constancia gráfica de todo aquello que le apetezca o le llame la atención: lo mismo si se cae un anciano al suelo y se parte la cadera como si una persona desgraciada decide saltar desde la azotea y estrellarse contra el pavimento dos metros más allá del propio teléfono móvil.

Creo que es mucho más humano aceptar el tiempo en que vivimos –aunque haya mil cosas que nos desagraden por absurdas o exageradas- que enrocarse en el bucle del inmovilismo tecnológico, que puede degenerar en la cerrazón de pensamiento a poco que uno se descuide.

Siempre queda el libre albedrío de intentar separar el grano de la paja, elegir con cuidado qué creemos nos conviene más y ser consecuentes con ello. Que no pasa nada por compartir cuatro fotos con los amigos, que no somos tan importantes como para que los servicios secretos de ningún país hackeen nuestro ordenador para conspirar en nuestra contra, que Hacienda nos vigila mucho más sibilinamente –y de manera más efectiva-, que los rádares de Tráfico controlan nuestro coche en cuanto pasamos de 50 en los puntos clave donde saben que vamos a ir a 60, que los vecinos se fijan a quién se mete en casa por una noche y sacan fotos de la ropa que se cuelga en los tenderetes o miran de reojo la basura que se tira.

Ya estamos todos un poco paranoicos, esto sí que es el signo de nuestro tiempo.

En fin.

LaAlquimista

https://www.facebook.com/laalquimistaapartirdelos50

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Ver Post >
Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

Otros Blogs de Autor