El telar de fichas perforadas

En 1801 Jacquard crea un telar automático que es capaz de hacer telas con cualquier diseño. Las órdenes están escritas en fichas perforadas en un lenguaje binario. Es uno de los antecesores de nuestros computadores.

En Francia en el siglo XVIII había varios constructores de autómatas que lograban que sus «juguetes» hicieran muchas cosas.

Entre ellos estaban Basile Bouchon, Jean Falcón y Jacques Vaucanson. Vaucanson hizo muchos autómatas a lo largo de su vida pero el que se considera su obra maestra es «El Pato», un automáta que mostraba al animal con su aparato digestivo y que era capaz de aletear, beber agua, comer grano e incluso defecar.

(Pato de Vaucanson. Foto de Wikemedia. Licencia Creative Commons. El programa son las ruedas del cilindro que está debajo del animal)

Todos esos trabajos eran conocidos de Jacquard.

El problema que se propuso resolver Jacquard era parecido; quería un telar que automáticamente –al estilo de los autómatas como El Pato– fuera capaz de hacer diseños muy distintos y, además y no menos importante, que los diseños fueran muy fáciles de diseñar (hoy diríamos programar) por cualquiera. Abundando sobre el tema, quería un autómata que hiciera una pocas cosas –cambiar los dibujos en un tejido– pero que a la vez no se necesitara ser Vaucanson para «programarlo». Lo consiguió en 1801 haciendo que el telar estuviera controlado por fichas perforadas que llevaban las instrucciones que se escribían con un código binario: agujero o no agujero.

(Fichas de Jacquard)

Para entender el funcionamiento tengo que hacer una pequeña incursión en las técnicas elementales de los telares.

Básicamente para hacer una tela lo que se hace es poner muchos hilos paralelos de forma longitudinal. Algo tan sencillo como esto:

(Urdimbre)

A continuación, entre los hilos longitudinales se hace pasar un hilo transversal. A ese hilo se le llama trama. (Nota: estoy usando las definiciones más utilizadas de trama y urdimbre, pero hay veces en los que se usan al revés. El diccionario de la RAE no aclara nada).

Este tejido es el más sencillo posible, en la primera fila, la trama va por encima en un hilo, por debajo en el siguiente, por encima del siguiente y así sucesivamente: arriba y abajo alternativamente. En la fila segunda, donde la trama iba por debajo en la fila primera pasa a ir por encima y viceversa.

Para hacer esto con un telar convencional los hilos impares van unidos a una madera y los pares a otra. Cuando queremos hacer la primera fila levantamos la madera de los impares, de ese modo la mitad de los hilos quedan hacía arriba y es muy fácil hacer pasar el hilo de la trama. En la siguiente fila bajamos la tabla de los impares y subimos la de los pares, con lo cual ahora están elevados los hilos que antes estaban abajo. Es más difícil explicarlo con palabras que verlo:

Para hacer diseños distintos lo que hace el tejedor es que en la trama utiliza hilos de distintos colores y no sigue la secuencia 1 a 1 que hemos explicado sino que hace «emerger» los hilos del color adecuado en la zona en que se necesitan. El tejedor lo hace siguiendo un diseño que tiene en un papel.

Para el caso que había dibujado más arriba (uno por arriba, otro por abajo) el papel de diseño sería éste:

Con toda seguridad ese diseño es tan simple que el tejedor no lo necesitaba, pero nos va a permitir entender el resto del proceso.

En vez de estar todos los hilos impares en una madera y los pares en otra, podemos hacer que cada hilo de la urdimbre se accione individualmente. Podemos pensar en algo (un accionador) que tiene dos posiciones o arriba o abajo.

Para controlar ese accionador podemos usar fichas perforadas, de modo que si hay un agujero el accionador levanta el hilo y si no lo hay se queda como está (abajo). De ese modo podemos manejar el telar con fichas perforadas. Una ficha para cada fila de trama y agujero o no-agujero para cada hilo de la urdimbre.

Esas fichas son la clave del telar de Jacquard:

(Fichas en un telar en funcionamiento. Foto de krumwerke. Almacenada en Flickr. Licencia CC)

Este es un telar de Jacquard:

(Foto krumwerke. Licencia CC)
(Foto de todo el telar. La cantidad de fichas que hay que utilizar es notable. Foto de Lars. Flickr. Licencia CC)

Los telares de Jacquard fueron muy utilizados en la industria textil hasta no hace muchos años. De hecho hoy siguen usándose aunque en vez de fichas se utilizan memorias electrónicas. Por suerte, los antiguos pueden verse funcionando en muchos museos de la ciencia. Por ejemplo, yo quedé encantado de lo que hacían en el Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña ubicado en Terrasa. Lo hacen funcionar unas cuantas veces al día para que los visitantes puedan verlo. Lo que producen son las etiquetas con dibujos y letras que se adhieren a las prendas textiles. Otro tanto vi hace unos días en el museo de la ciencia y de la técnica de Berlín.

Parece mentira que con un sistema tan simple se consigan cosas como esta:

(Foto Joseph Li. Flickr. Licencia CC)

Para acabar hago un resumen de las ideas principales:

Para cada color y para cada línea de la trama hay una matriz diciendo cómo deben estar los hilos de la urdimbre (levantados o bajados). La matriz solamente tiene una X si debe estar levantado o nada si debe esta bajado. Esa matriz había que hacerla para los telares manuales. Aquí no hay nada nuevo.

Esa matriz se puede codificar en fichas de madera. Un agujero significa arriba y un no-agujero significa abajo.

Los agujeros son los que hacen actuar a los mecanismos del telar y suben el hilo correspondiente.

Lo que hemos logrado es EVITAR la intervención manual. El telar automáticamente «lee» las fichas y hace el trabajo.

Ni que decir tiene que fue revolucionario.

Después, a finales del siglo XIX, Hollerit, sin duda inspirado por los telares de Jacquard, utilizó fichas perforadas para hacer el censo de Estados Unidos. La empresa que formó cambió de nombre varias veces y hoy se llama IBM, ¿les suena?

¡Qué vueltas más extrañas dan los descubrimientos tecno-científicos! Del Pato de Vaucason que no era nada más que un juguete llegamos a las computadoras digitales, pasando por los telares… ¡Qué extraño resulta pensar que hoy no podría haber escrito esto ni usted leerlo si no hubiera sido por un fabricante de juguetes!

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Diario Vasco

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