Sueños medievales


Estamos tan acostumbrados a considerar que lo natural es dormir toda la noche de una sentada que nos cuesta trabajo creernos que este es un modo de dormir introducido por la vida industrial. Dormir en dos etapas separadas por un intervalo de 45 min o una hora era habitual en la Edad Media.



En la Odisea de Homero, en el capítulo dedicado a la «Vuelta de Telémaco», Menelao habla con la ninfa Eidotea, la hija de Proteo, en la isla de Faro:



[Eidotea] En esta isla habita uno de los viejos del mar, el inmortal Proteo, profeta de Egipto,…
[Menelao] -¿Qué trampa puedo tender al divino anciano?…
[Eidotea]…Cuando el sol, girando allá arriba, toca el cenit, se ve salir de las olas a ese profeta de los mares. Al soplo del Céfiro que enmaraña los rizos de su negra cabellera, sale del agua para acostarse en el fondo de su gruta. En torno a él vienen a dormir las focas de la bella Holosidna, que emergen de la espuma chapoteando y exhalando el acre olor de las agua profundas. Te llevaré allí al amanecer y os colocaré en sitios estratégicos a ti y a los tres compañeros más valientes que traigas en los bancos de tus naves. Pero antes debes enterarte de las costumbres del anciano. Primero pasa revista a sus focas contándolas de cinco en cinco y luego se tiene entre ellas, como un pastor entre las ovejas de su rebaño. Debéis sorprenderle en el primer sueño



(Proteo podía cambiar de forma, de ahí la palabra proteico)


En el primer sueño. Implícitamente nos está diciendo que hay más de un sueño. Sin embargo, en nuestra época, parece que lo normal es que nos acostemos y durmamos sin interrupción hasta que nos despertemos. En la literatura medieval inglesa queda muy claro que hay un primer sueño («first sleep», que a veces llaman «dead sleep») y un segundo sueño («second sleep» que a veces llaman «morning sleep») separados por un periodo de tranquila vigilia. Frases similares existen en francés («premier sommeil», «premier somme»), en italiano («primo sonno») e incluso en latín («primo somno» o «comcubia nocte»).



(Proteo. Grabado de madera de Andrea Alciato. Wikimedia)



Este periodo de vigilia era a veces semi-consciente era muy valorado en la Europa medieval como tiempo de tranquilidad y relax. Las parejas de campesinos muy a menudo a la hora de acostarse estaban demasiado cansados, así que cenaban y se iban a dormir. Pero aprovechaban ese intervalo entre sueños para hablar o para hacer el amor. Para algunos era un momento de reflexión y entre eruditos y poetas era el tiempo preferido para escribir sin interrupciones.



A principios de los años 90 del siglo pasado, el Dr. Thomas Wehr del «National Institute of Mental health» hizo un experimento que inspiró otros muchos. Puso a un grupo de voluntarios sanos durante un mes que debían vivir con catorce horas diarias de oscuridad. Podían dormir todas las horas que quisieran. A la cuarta semana, dormían ocho horas en la oscuridad pero no lo hacían de un tirón, sino que seguían las pautas de la literatura medieval: dormían un «primer sueño» que duraba entre tres y cinco horas, estaban despiertos durante una o dos horas y luego volvían a dormirse de un modo muy rápido. El Dr. Wehr encontró que las ganas repentinas de volver dormir coincidían con un pico en la concentración de la hormona melatonina.



Es interesante reflexionar sobre el hecho de que un grupo de personas sin ninguna presión terminen durmiendo en dos periodos tal como describe la literatura medieval. Parece ser que la era industrial, con sus relojes y sirenas, nos ha domesticado tanto que incluso nos ha cambiado la forma de dormir.



Así que si se despierta en mitad de la noche, no se preocupe, dedíquese a meditar o póngase a trabajar, y si le entra sueño una hora después, aproveche y vuelva a la cama.



. (Apacible sueño de eros)


***


Algún dato más, aquí.


 

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