Skip to content

Abrígate

2013 enero 23
por Julia Fernández

Ni en mis mejores sueños hubiera imaginado estar viviendo un invierno tan agradable y a la vez tan sorprendente como éste. Se veía venir, lo llevaban anunciando pero hasta que no ves con tus propios ojos la incesante nieve, no reaccionas y piensas en abrigos, gorros, guantes, botas… Y es que con la nieve todo cambia, verdad?

Aprovechando este blanco paisaje, que mejor que sacar del armario una prenda cálida y resistente al agua. Me encanta este tipo de parkas, y ésta en especial con forma de pingüino. Me parecen divertidas y fáciles de combinar. Son prendas unisex y perfectamente puedes llevarlas con un look casual o más formal.

Me encanta la nieve, me encanta el frío y me encanta abrigarme así que aquí os dejo con el look, y recordar que el que avisa no es traidor así que prevenir y hacer caso de los consejos.

 

 Y vosotros, ¿con que os abrigáis?

¿Os gusta llevar complementos?

¿Cuál es vuestro abrigo favorito?

 

  • karbrandan

    Difícil cuestión para un servidor, ir de Pasarela Cibeles con estos fríos polares. Ante preguntas tan sinceras Señorita Julia, y al desconocer este escribano la arana, le diré que en invierno suelo ir a la moda de Luís de Góngora. Ya sabe Usted, ándeme yo caliente y ríase la gente.
    Pues le explico. Para el atuendo de abrigo, descarto esas casaquillas que parecen chaquetillas de torero, por mucho look y luces que tengan. Me sentiría en el crudo invierno, ir con un sostén y enaguas. Lo mío, es un abrigo de oso panda que perteneció a Genghis Khan, según el gitano que me lo vendió en el Rastro madrileño. Es tan largo, que arrastro por los talones. Creo que el gitano es un mero ignorante y confundió a Genhis con Atila. Por donde paso, trilla la hierba de raíz. Voy tan abrigado y camuflado, que el otro día los niños me tiraban piedras, y eso que el Zoo está bien lejos de mi barrio. Aunque pudieron pensar que escapé del manicomio, al confundirlo con camisa de fuerza. Nunca se sabe las malas ideas de los niños. Hay que ser prácticos y el abrigo también me sirve de faldón o mantel en la mesa camilla, cuando enciendo el carboncillo del brasero y aso castañas. El presupuesto tenue y restado de funcionario, no me da para guantes, meto un puñado de castañas en los bolsillos y todo arreglado.
    Aunque tengo pelos, no es lo mismo que aquella melena leonina que portaba en mi juventud. Me atavío con un gorro ruso, cuyas orejeras son cabos de jabeque. Sirven hasta para atar las bolsas de la compra, fumar libremente o tomar cañas. Con un pequeño detalle; de pequeño me llamaban palo luz y cabezón y las cigüeñas africanas andan detrás mía para anidar.
    De pantalones, nada de taparrabos o leotardos femeninos para lucir corpiño. Buenos calzones bombachos sin zahones que no tengo caballo y que entren dos pijamas de abuelo. No sé quien habrá quitado la moda de las prendas interiores del pantalón. Te topas en la vía pública con un accidente y cómo anulas una hemorragia mortífera al herido. En las películas los héroes lo suelen hacer con la camisa para lucir pectorales de Tarzán de los monos. Aunque se queden igual que él en gayumbos. Un servidor con paga de funcionario, se me notan los costillares, mejor tirar de los marianos de yayo. Aunque le de vergüenza al entrar al hospital atado con una de esas taleguillas. La gente tiene un sentido atroz al ridículo. Así de pequeño siempre me llamaba la atención mi madre por no lavarme. Le preocupaba más que entrara a un hospital sucio, que con la cabeza cercenada. Cosa de madres.
    De complementos, también nos lo han reducido a los funcionarios y mi abrigo favorito, ya se lo he explicado que tiene mucho glamour. Hasta una vieja pelleja me dio la tabarra en defensa de los animales, como si uno no lo fuera, que nos tienen a pan y agua ¡Grrr! ¡Grrr! ¡Grrr!

    Salud y abríguese. Ande yo caliente…