BORJA SÉMPER. No sólo de política vive el hombre (Política)
Viernes, 17/04/2009
FIN AL MONOPOLIO DE LO VASCO
Hay quien dice que el día después de que Ibarretxe deje de ser lehendakari muchos dirigentes nacionalistas correrán a abrir el grifo para comprobar que sigue saliendo agua. Que no tendrán claro que la luz se encienda al accionar el interruptor. Que levantarán las persianas dudando de que haya salido el sol. Quizás la ironía sea exagerada, pero acierta en describir lo que pasa por la mente de muchos dirigentes del PNV.
Durante 30 años, el PNV ha gobernado Euskadi con un poder tan legítimo como absoluto. Con una u otra fórmula ha gobernado en las tres capitales, en los ayuntamientos más importantes, en las tres Diputaciones y en el Gobierno Vasco. Sería injusto no reconocer que en estos años se han hecho muchas cosas bien. Pero también es cierto que las asignaturas pendientes son tan importantes que no se aprueban en septiembre con un examen estudiado la víspera. Además, la incapacidad del PNV por liderar una sociedad necesitada de políticos que hablen menos de sus problemas y más de los problemas de los ciudadanos ha supuesto la puntilla de un proyecto agotado, antiguo y necesitado de una profunda reflexión. Dicho de otra manera: tienen que repetir curso porque han suspendido. Y esto, que es normal en cualquier sociedad democrática, moderna y normal, algo que les ha pasado a todos los partidos políticos a lo largo y ancho del panorama político internacional democrático, aquí parece que es como de otra galaxia. «¿Cómo no vamos a gobernar nosotros?», se preguntan aún gerifaltes nacionalistas.
El gran drama para el PNV es que el cambio en Euskadi no sólo lo percibimos como normal los que nos dedicamos a la política desde posiciones no nacionalistas; que no sólo es natural para quienes defendemos la alternancia en el poder como un ejercicio de higiene política; el gran desconcierto en el PNV es que la sociedad, en su inmensa mayoría, lo percibe como algo natural y alejado del dramatismo que pretenden transmitir los nacionalistas.
Creo que estas elecciones han servido para muchas cosas, pero sobre todo el gran cambio en Euskadi se ha producido porque se ha terminado el monopolio de lo vasco. Tener el carné del PNV no otorga un lábel de vasco preferente. Las piruetas de antaño, los estériles debates sobre la condición de vasco en función de un Rh concreto, de una dimensión cranoencefálica determinada son eso, cosas del pasado.
Los vascos del siglo XXI vivimos nuestra condición de vascos sin exclusión y sin dramatismos. En la era de internet, de las nuevas tecnologías, en este mundo globalizado de los vuelos de bajo coste, la identidad no la otorga un lugar de nacimiento, sino la pertenencia a una comunidad libre e intelectualmente crítica, una comunidad de hombres y mujeres que rechaza la radicalidad y busca espacios de entendimiento cívico.
Euskadi será más normal cuanto más se gestione con la cabeza y menos con las tripas, porque los sentimientos son parte de nuestras más íntimas convicciones y ni se imponen ni deben de ser bandera. Euskadi será más normal cuando el debate no sea el de quién es o no es nacionalista, sino el de cómo hacemos para tener una sociedad mejor, más justa, más solidaria y más moderna. Y ése es el sentir de la calle. No conozco a nadie angustiado por el modelo territorial o las competencias pendientes (sin duda, cosas que se pueden debatir), pero sí conozco a mucha gente preocupada por la educación de sus hijos o por la necesidad de encontrar un empleo digno.
Por eso creo que la Euskadi de la calle es la que ha provocado el cambio, porque nunca el debate político de los últimos años ha estado más lejos de las necesidades y preocupaciones reales de la gente.
Quienes han pretendido ejercer el monopolio de lo vasco se han encontrado finalmente con la realidad: el presente y futuro de lo vasco está donde tenía que estar, que no es en manos de un partido concreto, sino en las de los ciudadanos; porque vascos somos todos y lo vasco lo definimos entre todos. Sin exclusivas, sin monopolios.
Basagoiti está que se sale. Su intervención de esta mañana en el plenario de la convención ha sido cojonuda.
La parte que más me ha gustado de lo lo que ha dicho ha sido la que ha tratado de la libertad lingüística.
En Euskadi sobra imposición, sobran directrices y hace falta mucha, mucha, mucha más LIBERTAD.
A Ibarretxe se le llena la boca día si y día también hablando del derecho de los vascos a decidir, pero él a los vascos no nos deja decidir sobre la lengua en la que queremos que sean educados nuestros hijos. De locos.
Nosotros creemos que el castellano es tan vasco como el euskera, y que el euskera es tan español como el castellano. Creemos que la imposición perjudica a la gente, pero también al idioma.
El PNV, con el apoyo del PSE, ha conseguido que muchos vascos sientan el euskera como una carga, no como una oportunidad, y eso es un problema.
Quiero que mi hijo estudie en euskera, pero también en castellano... y también en inglés, y eso ahora es imposible.
Hoy escribo desde Madrid, en el Foro "Quedamos" que el Partido popular ha organizado para dar voz vía internet a quienes tengan algo que decirnos.
Ya sé que por allí hay algo de viento y que las cosas están feas por el temporal, por eso este es un buen día para quedarse en casa calentito y navegar por Internet...
Os animo a que visitéis la web del PP y comprobéis cómo funciona este encuentro digital, y sobre todo, que aportéis ideas, comentarios, críticas y, por qué no, algún aplauso.
Parece que el PSOE y el PNV han acordado el reparto de cargos en importantes Insituciones del Estado.
Esto supondrá que el PNV volverá a estar presente en el Consejo General del Poder Judicial y en la Comisión Nacional de la Energía.
El PNV tendría que explicar por qué pretende romper con España los días par, pero acepta cargos de representación en las más altas Instituciones del Estado los días impar.
Y el PSOE debería de explicar, al menos a mi me gustaría que lo hiciera, por qué ofrece esos altos cargos a quien denuncia al Estado ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Siempre he creído que uno de los principales males de la política es que en demasiadas ocasiones la mayoría de los políticos están más preocupados por sus problemas que por los problemas de la gente. Buena prueba de ello es la política vasca.
Así, nuestro lehendakari comienza el curso político anunciando que va a viajar por Europa, y mucho, para contar y reivindicar que los malos españoles no le permiten consumar su referéndum soberanista. Nos anuncia más de lo mismo, y además nos demuestra que el descanso de verano lejos de aportar sosiego le ha servido para recargar las pilas de la obstinación más rocambolesca.
Ante este panorama quiero confesar algo políticamente incorrecto: la política vasca es un aburrimiento y provoca una pereza abrumadora. Estamos atrapados en una especie de bucle donde los gobernantes, ¡vaya paradoja!, viven permanentemente en la queja. Utilizan como fuegos de artificio reivindicaciones particulares, exclusivas de su círculo más próximo, de su rebaño más fiel, y eso les sirve para no abordar los problemas que son incapaces de resolver. Con Ibarretxe a la cabeza, el PNV que no es cualquier cosa porque lleva gobernando ininterrumpidamente desde hace más de 30 años en las instituciones más importantes del país, elude los problemas más cercanos de la gente y renueva su esfuerzo por aburrirnos con «su problema» más grande, con su particular obsesión. Este más de lo mismo nacionalista, cada vez cansa a más gente y, cada vez, interesa a menos personas. Dicho de otra manera, el lehendakari cada vez se queja más, y a los ciudadanos cada vez les importa menos.
Basta mirar a nuestro alrededor para comprobar que en todas las sociedades modernas el debate político gira en torno a cómo ser más competitivos, modernos y solidarios. Aquí gira en torno a mirarnos el ombligo.
Aquí los problemas de la sanidad vasca, que cada vez funciona peor; o de la educación, que lejos de servir para preparar a nuestros hijos en un mundo cada vez más global y competitivo es utilizada como un banco de pruebas en el que restringir la libertad de enseñanza y de elección; o de nuestras carreteras y trenes, esas cosas que se pagan con el dinero de todos, pues eso, ¿quién está contento con ellas?; o de la economía, que es debate preferente en toda España porque las hipotecas nos asfixian, el paro se incrementa mes a mes y la cesta de la compra está por las nubes. Pues aquí no, aquí estás cosas no importan, parece que a nuestros gobernantes no interesan, no están en su agenda, que no les preocupan lo más mínimo. Aquí dale que te pego con la consulta. Y además, por si todo esto fuera poco, tenemos que soportar el gran problema, el verdadero conflicto vasco: seguimos soportando a los terroristas, sus amenazas y su chulería. Además, cargamos con ETA. La sociedad sufre y la convivencia se resiente, pero Ibarretxe prefiere viajar a Estrasburgo para denunciar ante el Tribunal de Derechos Humanos a España: ¿cabe mayor despropósito?
El curso político que empieza será difícil, y lo que me preocupa es que el PNV pueda conseguir que cada vez más gente deje de interesarse por la política vasca ante el aburrimiento y sopor que provoca. Cuantos más ciudadanos hartos haya, más fácil lo tendrán quienes gobiernan para continuar con sus problemas y dejar de lado los de la gente. Creo que Ibarretxe representa el pasado, una forma de hacer política trasnochada y que no nos lleva a ninguna parte. Ibarretxe y el PNV han apostado por dejar de lado a los vascos, y se han convertido en los principales creadores de problemas. Dañan y perjudican nuestra imagen exterior y no hacen nada porque dentro vivamos mejor.
Pero tenemos solución, hay salida, hay esperanza. No será fácil, es verdad. Pero, ¿por qué no vamos a ser una sociedad normal que tenga políticos que se preocupen por las cosas normales, que para la gente son las cosas más extraordinarias? Aspiro a que Euskadi sea de una vez por todas normal, a que el debate político gire en torno a las necesidades de la gente y a que la regeneración política llegue a nuestra tierra para borrar de una vez por todas el victimismo irresponsable de un PNV que ha dado la espalda a Euskadi y a los vascos.
La política vasca es una pereza. Siempre el mismo tema, el mismo discurso, las mismas cosas... Intentaremos cambiar eso en este blog, será difícil, porque la actualidad del "más de los mismo" a veces manda demasiado, pero lo intentaremos.
Quiero hablar de las cosas reales, de los problemas que la gente siente como suyos, de lo que de verdad preocupa.
Quiero que hablemos de los problemas de la gente, no de los problemas de los políticos.
Por eso, y a pesar de que en este blog escribiré sobre el inevitable "tema", me centraré en mi actividad como parlamentario, en las propuestas que debatamos sobre vivienda, educación, bienestar social... Eso si el Parlamento Vasco funciona como debería.
Espero vuestras aportaciones, críticas, comentarios, ¿coincidencias?, y reflexiones. Por mi parte intentaré mantener un ritmo de actualización aceptable.