Diario Vasco
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Tormenta, Pietro y la despedida italiana
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Iñaki Miguel | 15-04-2014 | 11:02| 1

Jueves,20 de junio de 2013
Bruzolo_Torino_Donostia

Bruzolo, el sol de la tarde se cuela entre la nubes

Se acabó la aventura por tierras italianas como hoy se acaba la primavera. Ayer antes de acostarme estuve mirando lo alto de los montes y fijándome lo cargadas que estaban las nubes. A media noche comenzó a llover, pero de forma tímida.
Esta mañana sobre las seis, una tremenda tormenta ha descargado sobre Bruzolo, truenos tan fuertes que han roto mi sueño. Me he levantado a la ventana para ver el valle por el que iba a pasar y estaba “negro, como la mala conciencia”
Decisión: No me la voy a jugar, me quedan 50 km., creo que el reto esta superado. Me voy para casa.

Hoy día de despedida ha sido especial, solo puedo contar que me han pasado cosas buenas y comienzo desde ayer, al haberme alojado en el Albergo Thea de Bruzolo, “un refugio”.
Hoy, desde primera hora: la recepcionista la me ha dicho que combinaciones ferroviarias tenía hasta Torino, una vez llegado a la estación central de la ciudad, en información me han facilitado la dirección de un taller de bicicletas, donde me han regalado una caja para poder embalarla y llevarla conmigo.

Lo realmente increíble ha sido la aparición de un “Ángelo” llamado Pietro. Estaba explicando en el taller de bicicletas su problema mecánico, y no se porque hemos comenzado a hablar en español, al ver que lo dominaba suficientemente le he pedido que hiciese por favor de interprete, ningún problema. Ha pedido una caja para la bici, me ha dicho la forma de ir al aeropuerto, me ha dejado su número de móvil por si tuviera algún problema. ¡Que más podía pedir!

Desmontada y embalada la bici he comprado una carrito para llevarla, y como un señor por Torino. Cerca de la estación de tren estaba la parada del bus que lleva a el aeropuerto. Son las dos de la tarde y a las cuatro y media sale un vuelo para Barcelona, allí cogeré un coche y en casa.

La recepcionista del hotel me ha dicho “¡que bonito es Torino!, y le he descrito mi parecer, mi experiencia negativa de ayer, me contesta que estaba equivocado. Hoy que he vuelto ,he visto otra parte de la ciudad, más señorial, comercial, con mucha vida. Esta ciudad me tiene que gustar.

Tengo que decir que el final de esta aventura, en Briancon no hubiera sido un final bueno, podía haber tenido problemas con el temporal y luego para volver, así que valorando todo lo sucedido creo que ha sido un buen final.

¿Como he visto Italia?
Pues como le he respondido a Pietro a su pregunta: lo que más me ha gustado de esta ruta ha sido la Toscana. Visualmente es preciosa, luego tiene ciudades como Siena, donde su casco viejo que me ha dejado un buen recuerdo, y luego de cada pueblo que he cruzado, sus recuerdos medievales: castillos, iglesias, palacios, sus estrechas calles… y esto en docenas de ellos como: Castill di Monteriggioni, San Quirico de O’rcia, Lucca, Bolsena y su lago… Roma no puedo dejar de nombrarla, la admiro por su carga de historia e importancia que ha tenido.

Destaco el gran uso que se da a la bicicleta en este país, creo que es el primer regalo que te hacen, están por todos los lugares y socialmente están muy bien aceptadas. Tanto ciudades como pueblos están acondicionadas para circular sin problemas, bien por la cantidad de espacios vetados a los coches, zonas de poca velocidad o bide-gorris, por dentro o fuera de las localidades por las que he pasado.

De sus gentes tengo que darles una nota alta, todos han hecho por entenderme, me han indicado el camino cuando he tenido dudas, y como siempre en estos viajes a las preguntas de si soy “españolo”, de donde vengo y a donde voy ya son motivo para intentar una conversación.
Como detalle, vi parado a un ciclista con un maillot de una casa de seguros española, no perdí el tiempo y le pregunté si era “españolo”, me dijo en italiano que el maillot estaba así en el mercado. De la misma manera iba yo iba con el mío del Rabobank holandés y su bandera de la selección, cuando una pareja de holandeses me preguntó en su idioma si era de su país, les contesté que no, que “sponsor”, también querían hablar.

Agradecimientos:
Dedico esta aventura a todos aquellos que de alguna manera han colaborado con su apoyo anímico para que se produzca, o como a Pedro Larrayoz de Bio-Racer, quien con la aportación de la equipación he ido cómodo y elegante, además, yo que era reacio a la comida o bebida isotónico-energética, me he dado cuenta que los productos Born que el distribuye han colaborado sin duda a que mis fuerzas hayan estado en todo momento en su punto, dándome energía cuando estaba bajo.

Y a todos mis amigos a los que posiblemente he aburrido con esta historia: “Lo siento mucho, no me he equivocado y volverá a suceder”

Nos leemos en la próxima y espero no ir solo.

Agur denorik!

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Torino, ensordecedora. ¡Me voy a los confines!
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Iñaki Miguel | 15-04-2014 | 11:02| 0

Miércoles, 19 de junio de 2013
Vercelli_Bruzolo

Desde donde estoy sentado veo lo que va a ser mañana mi última etapa italiana. Los Alpes que tengo enfrente pertenecen al Valle de Susa y en estas fechas las cumbres todavía enseñan nieve o hielo, no distingo bien, pero tiene que hacer frío hay arriba. Aquí en Bruzolo, a 443 metros de altitud, no se nota frío, al contrario, calor veraniego, unos 25˚
Lo de arriba mañana lo comprobaré, no se exactamente que altura cogeré, el rutómetro me dice 1.789 m. Esta zona en invierno es muy reputada en cuestiones de esquí, véase Briancon, en la parte francesa, y en verano es lugar para gentes que gustan de la montaña.

Esta mañana en Verceli ha amanecido con el cielo cubierto, no presagiaba nada malo, el calor a primera hora ya era agobiante, y así ha sido durante toda la jornada, la humedad relativa de esta zona de Italia ronda hasta el 70%. El camino entre pueblos pequeños y zona de regadío ha sido sofocante, el agua parecía estar evaporándose, la sensación de tanta humedad hacía que después de unos minutos de esfuerzo, tuviese que hacer una parada para beber.

Pero lo realmente duro de hoy no ha sido rodar entre plantaciones, ni hacer 130 km entre caminos y carreteras, lo duro ha sido atravesar Turín, Torino para los nativos. Ha sido sobre las 13.00 horas, poca circulación pero muy agobiante, ha habido un momento que en un cruce han coincidió: tranvía, tres autobuses de línea, coches, motos, ciclistas, peatones… los semáforos dando paso a unos y parando a otros. Motores, frenazos, bocinas, griterío y ruido, mucho ruido, “rumore” como se dice aquí. Para precisar ha sido en una plaza enorme donde había un mercado local al aire libre, gigante, donde vendían de todo.
He deseado que se parase el mundo un momento, para bajarme. ¡Que locura! Con lo tranquila que es mi Donosti. Seguro que tiene su encanto, pero hoy no he pasado por el lugar adecuado.

Ayer hablaba del tráfico que pasa por medio de cualquier pueblo, o el mismo tren, hoy le toca a las gasolineras y a sus precios.
Hay estaciones de servicio en cualquier lugar, como un comercio más, de cualquier tamaño y de multitud de compañías, yo creo que en Donosti operan como mucho tres, ¡Aquí trescientas! Curiosamente nosotros las hemos echado de las ciudades a la periferia y aquí conviven.
El precio es otra suerte, oscilan como el termómetro, por lo que he observado tiene que ver el día de la semana, la lejanía de la ciudad, etc.y claro, el precio es mucho más caro que lo que me cuesta normalmente, en un día he observado el gasoil normal esta oscilando entre 1,56 a 1.70 euros, así que esta es la tendencia, los insaciables la volverán a subir. Las hay que te sirven, la mayoría, y las que se tiene que ir a la caja central, y las que no había visto hasta ahora, en el mismo poste surtidor metes la tarjeta y agur.

La Italia de los monumentos esta acabada en mi ruta, todavía puedo ver algún castillo en lo alto de alguna colina, o ermita. Esta zona a diferencia de lo ya rodado es muy alta y escarpada, lo que defensivamente sería complicada su construcción, es zona de transito entre países, a la salida de Turín, había un cartel de carretera, en el que además de las indicaciones normales, ponía: “a los confines del estado 87 km”, casi nada.

Mañana, para allí voy

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El calor, el Puente Coperto y el formaggio
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Iñaki Miguel | 15-04-2014 | 11:02| 0

Martes, 18 de junio de 2013
Castel di San Giovanni_Vercelli

El calor me está haciendo sufrir, las temperaturas desde primera hora de la mañana han sido elevadas, y más al terminar la jornada, Me he levantado con 24˚en la región de la Emilia Romagna, hacia el mediodía teníamos ya 29˚ y subiendo en la Lombardia, y en el Piamonte que es donde estoy, a última hora de la tarde unos 38˚. Asfixiante. Remedio: agua, agua y mucho agua.

Hoy han caído 110 km. Desde Castel di San Giovanni, pasando por Pavia y terminando en Vercelli, en tres regiones italianas diferentes, pero con mucho en común, las tres agrícolas, con enormes extensiones de cereal, y luego las inundables como forma de riego, para arroz en mayor medida, además de maíz, ello gracias al agua de su gran río: el Ticino, que baña esta gran ribera. Cuando he estado cruzando este enorme regadío, me ha recordado las marismas del Guadalquivir, en la zona entre Coria del Río y Sanlúcar de Barrameda, 80 km. de lo mismo.

Pasar por estos arrozales y con el sol impartiendo justicia propia de estas fechas me ha hecho pasar un pequeño calvario. Había continuas bolsas de calor que hacían el aire irrespirable. Si a esto le sumas que estás haciendo esfuerzo continuamente la mezcla es peligrosa, y como compañía molesta, cada vez que paraba para echar un trago había visita de mosquitos, me llevo el recuerdo de unas cuantas picaduras.

Como lugar bonito hoy me quedo con el Puente Coperto, sobre el río Ticino en Pavía, que conecta el centro de la ciudad vieja con el barrio de Borgo Ticino. El puente tiene cinco ojos y es completamente cubierto de madera, con dos portales en ambas orillas, tiene numerosos balconcitos y muertes como barandilla, donde la gente va a sentarse para relajarse, o parejas a declararse en tan insigne lugar.

Si hay algo en común en Italia, por lo menos en la parte que voy recorriendo es la bicicleta, la usan tanto pequeños como mayores. Para darse un paseo, ir a la compra, pasear al nieto en una sillita delantera, etcétera. No se como estará aquí el tema de las desapariciones, pero las dejan con mucha tranquilidad en la calle, la mayoría se ve que son bicicletas viejas, de esas que tienen encanto.
Otra cosa que me hace muchísima gracia es la cantidad de gente mayor por la calle con la camiseta siciliana, Sobre todo en los pueblos, Es una prenda que te alivia, supongo, del calor sofocante de estas fechas. A algunos les quedan bien pero otros yo no le dejaba salir de casa.

También me llama la atención la cantidad de pasos de tren que hay en mitad de los pueblos, pasos con barrera, Que se respetan, naturalmente. Son imágenes que tenía olvidadas, de otra época.
Lo mismo la ausencia de variantes es una constante en casi todos los pueblos, la calle principal es transitada por camiones de gran tonelaje, esto unido a las aceras tan pequeñitas que hay hacen que sean un peligro tremendo.

Los hoteles en Vercelli son caros, he encontrado uno que se ajusta a mi economía, el hotel Matteotti, con la recepcionista que es un encanto, súper amable, como no nos entendíamos bien, ha cogido el móvil y ha llamado a su marido, Pietro, que controla el español, y con el manos libres puesto nos hemos comunicado, parece surrealista, pero así ha sido.

He salido a dar una vuelta y he visto la ciudad vacía, supongo que era porque jugaba al fútbol Italia y España, una final, ganando esta última. ¡Bien!. He visto un bar abierto y me he metido, con un refresco he estado viendo como terminaba el partido, la camarera me ha invitado a un trozo de queso, era picante, he tenido que pedir otra lattina, el formaggio era “Primosace” picante, de Silicia. El establecimiento era el “bar Corso”, recomendable, con mucho sabor, como a mi me gustan, como los bares de siempre.

Esto se va acabando, me estoy acercando a los Alpes.

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La Toscana es más fresca, la Emilia Romagna más caliente.
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Iñaki Miguel | 26-06-2013 | 10:17| 2

Lunes, 17 de junio de 2013
Berceto_ Castel San Giovanni

Hoy el día ha tenido dos partes una de alta montaña y otra de asfalto. Arriba a 800 metros la temperatura no se notaba, el aire amortiguaba el poder calorífico del sol, sin embargo, abajo, a 80 metros sobre el nivel del mar, en Pasiencia el asfalto sudaba los 38°, se marcaban en el termómetro exterior de una farmacia, esto era sobre seis de la tarde, el calor se hacía notar y mucho. Me habré bebido unos ocho litros de agua desde que he salido.

Hoy han sido 130 kilómetros sobre la bici, de Berceto pasando por Fidenza, Piacenza y terminando en Castel San Giovanni. Y ¿por qué hasta aquí? el alojamiento por estas ciudades turísticas en estas fechas esta muy subido, hablamos de los 60 euros por una persona, con el colazione incluido en algunos casos, y buscando, buscando, me he alejado un poco. Estoy en un oasis: La Gritta, donde además de hotel es pizzeria-ristorante, pero del bueno. Para ser lunes se esta llenando.

La mañana ha comenzado con un poco de complicación, no entendía que el gps me hiciera volver sobre mis pasos de ayer, así que he tenido que volver sobre mis pasos, que se han traducido en subir unos cinco kilómetros para coger ruta, ayer bajé tan emocionado que no me di cuenta de ese detalle, pero en todo caso era si o sí, terminaba en Berceto. Al poco de coronar esta cima, llamada de Santa Marina, me he dado de frente con un monasterio Zen, el lugar que ni pintado.

Han sido cerca de 30 km. los que he disfrutado de las alturas, con continuos subes y bajas, la inercia te llevaba de un repecho a otro, gratificante, y luego ir descubriendo todas las caras de los valles según los iba cruzando.
Como lugar curioso, cito “il salti del diavolo”, el nombre sobrecoge. Es una roca pelada donde se practica la escalada, y en sus alrededores el senderismo o la mountain bike, ahora en verano es un lugar muy concurrido.

Este descenso ha sido prácticamente por carretera salvo un pequeño tramo que me ha metido en el camino, como marcaba el track, y en buen momento, porque tenido que bajar como 4 km pie a tierra, impracticable del todo. Cada vez que me meto en camino maldigo el momento, están francamente mal, andando se va sin problemas, sufren un poco los tobillos, pero con alforjas sufre la bici ya el que a monta.

Hoy poco puedo contar porque la etapa ha sido de lo más sosa, los pueblos no ofrecían nada anormal, salvo que me he ido fijando en el sistema de basuras hay, de todos los estilos: bolsas de plástico con todo dentro, contenedores grandes para echar plástico, vidrio, cartón, orgánico y hasta los cubos pequeñitos para la fracción orgánica, estos en la puerta de las casas. Se ve que cada consistorio tiene su sistema. ¿Serán consensuados? o imposición.
También que las gasolineras solo ofrecen productos derivados del petroleo, las nuestras parecen supermercados y los operarios menos echar gasolina te intentan vender de todo, aquí te la sirven, por lo menos es lo que he visto.
Otra cosa curiosa es que cada compra que efectúes donde sea, y de lo que sea, y del precio que sea es que te dan un recibo o ticket, sin necesidad de pedirlo, te lo dan con los cambios o te lo ofrecen, luego te lo llevas o lo dejas en el mostrador, normalmente hay un platito para depositarlo.

Estoy un poco mosqueado con el b&b, resulta que hoy a media tarde me he quedado sin baterías en los gps, ni en la GoPro, cámara de fotos, ni las pilas de repuesto, a pesar de haber estado cargándose toda la noche. Por la tarde, cuando llego a la habitación siempre pongo todo a cargar, lo habitual, y esta mañana ya en la calle cuando los he puesto en marcha me ha llamado la atención tener todo a media carga, solamente se ha salvado el ipad, que lo conecté justo antes de dormirme. Estoy pensando, y ojala me equivoque, que ayer cuando fui a dar una vuela por el pueblo, al volver a pesar de haber cerrado con llave la habitación esta estaba abierta, y una puerta y ventana cerradas, me da que aflojaron los enchufes y no me percaté, ni lo sospechaba. Mucha casualidad, pero ya digo, ojala sea fruto de la casualidad.

Ayer al entrar en Berceto di por finalizadas mis andazas por la Toscana, hoy he rodado por la Emilia Romagna, y mañana me adentro en la región de Lombardía.
Quiero llegar a Pavía, veremos como se da la jornada, hoy ha sido un palizón, espero no resentirme.

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La paz, los moteros, las bicis y Enzo Ferrari, el de los coches
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Iñaki Miguel | 26-06-2013 | 10:15| 0

Domingo, 16 de junio de 2013
Sarzana_Berceto.

Preguntaba el “pequeño saltamontes”, Maestro: ¿donde esta la paz?, y éste le contestaba: detrás de Bidebieta. Pues hoy he encontrado la paz, ambiental quiero decir, hay que especificar. A mil metros de altura solo oyes el viento, pájaros revoloteando, algún reptil pisando la hojarasca, un arroyo de agua que fluye entre piedras, y yo en silencio. Observo, escucho, disfruto… de pronto, una moto, una “japo”, ha sido como un cuchillo afilado que ha cortado todo el momento.

Hoy era domingo, día de juntarse con los amigos, parece que todos han salido a la vez, pelotones multicolores de ciclistas, filas serpenteantes de moteros, unos con las de correr, buscando la horizontalidad en cada curva y los de las “custom”, erguidos, chulos, buscando miradas, todos con una meta mañanera: el Paso de Cisa (1.041 m. de altitud). Por aquí pasó en competición Enzo Ferrari, el de los coches.

Al asunto: Ayer temía yo por la subida de un “pequeño” puerto llamado Aulla, pero un paisano vestido de montañero con gorro tirolés y bermudas de pana, que además portaba un estandarte me ha quitado el miedo, me aconseja hacerlo por carretera, y me corrige la dicción del mismo: “Al lua”, ya no aullaba tanto, y así a sido, sin más, solo un poco de esfuerzo. No hay mejor cosa que preguntar. Este paisano junto a otros habían organizado una mañanera en celebración. No se que acontecimiento importante para ellos.

Pero lo duro comenzaba treinta kilómetros antes, para coronar el mítico puerto de estos alrededores y cruzar el Paso de Cisa, con alforjas. Ahí queda eso, pero no desde Berceto, sino desde la otra vertiente, desde Molinello, han sido algo más de cuatro largas horas, interminables, con un sol plomizo, donde por pueblecito que pasaba paraba a beber, y de vez en cuando cogiendo aire en cualquier sombra, momento de recomponerse y disfrutar del entorno, sobre todo según se va subiendo, ver como cada vez se ve más valle, como se alejan los campanarios de las iglesias, con que satisfacción ves quedarse todo atrás.

Los últimos doscientos metros antes de llegar al Paso han sido por una senda semicerrada por la maleza, arrastrando la bici para arriba, ello para evitar tres kilómetros de carretera, ha sido fuerte el esfuerzo, pero ha merecido la pena, he salido de entre la maleza, parecía el coco, las gentes que disfrutaban del lugar se han quedado perplejas, se les leía la mirada: “y este, ¿de donde sale?, de la nada señores”
Lo normal es subir y bajar por la otra vertiente, carretera más ancha y mejor firme, pero mi camino venía de donde venía.

Después de una refrescante bajada de unos diez kilómetros he llegado a Berceto, dando por finalizada la jornada, eran las cuatro de la tarde, y las posibilidades de encontrar alojamiento cerca eran de cero.
Bonito pueblo, además he coincidido con un mercadillo en su zona peatonal, varias terrazas de bares en tres plazas diferentes daban un aire alegre y bullicioso para esta tarde de domingo.

Buscar alojamiento ha sido una pequeña odisea, la referencia que llevaba no ha servido “cerrado por defunción”, he preguntado a una señora que amablemente me ha acompañado a b&b, sin conseguir ver a la dueña, he vuelto a la zona peatonal, y la señora al verme me ha preguntado por el alojamiento, me ha acompañado a otro b&b, después de esperar un rato he desistido, vuelvo a tener a la señora preguntándome si he tenido suerte, le hago un gesto negativo, y le digo que vuelvo al primero, ella me dice en todo jocoso “hoy duermes en la calle”. Oigo decir a una amiga “¡Porqué no te lo llevas a casa!” (risas entre ellas). Tengo que decir que la señora tiene familia en Madrid y Burgos, sabía bastante español. Yo me alejaba.
Por fin aparece Carla que junto con su marido Marino regentan el “bed & breakfast Gioli” de Berceto: simpáticos, amables, queriendo saber, ya lo dice un cartel en su puerta “entras como visitante, te vas como amigo”.

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Lucca también tiene mucho encanto
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Iñaki Miguel | 26-06-2013 | 10:22| 0

Sábado, 15 de junio de 2013
Fuceccinio_Sarzana

Hoy ha sido un día un tanto plano, casi todo el recorrido por asfalto, con dos puertos de primera. Estoy saliendo de la Toscana bonita para bajar hacia la costa, el paisaje ha cambiado por completo, montes altos, paisaje vegetal diferente, más industria, más ruido, más dejado. La carretera iba casi a la par del camino, por lo que he cambiado de los caminos al asfalto, creo que ha sido un acierto.

Como el desayuno en el hotel lo daban a partir de la siete y cuarto he hecho tiempo, me he dado un pequeño festín, mal hecho por mi parte, pero todo me llamaba: ¡cómeme!, y como un cordero al matadero, de todos modos no ha tenido efectos secundarios.
Me he puesto en marcha siguiendo el trak, en un inicio el camino me hacía subir una empinada cuesta, pero consultado el gps, con un pequeño rodeo la he evitado. Casi todo el camino ha sido cruzar pueblos que estaban relativamente juntos, no decían nada, su arquitectura era de los más normal, no me ha llamado casi nada la atención.

El punto bonito de la jornada ha sido la llegada a la ciudad de Lucca, su majestuoso recinto amurallado de 4,5 km de largo, con sus seis puertas de entrada, sus calles, plazas, su marea de bicicletas que circulan por todas partes, los cientos de turistas que lo inundan todo, disparando la cámara fotográfica para llevarse el recuerdo visual. Comercio de souvenir, vinotecas, bares, pizzerias y mil lugares para comerse un pastel o refrescarse dulcemente con un gelatto, también un mercadillo, todo lo que se puede pedir para pasar un buen día. Prometo volver a disfrutar sin tanta prisa.

He cruzado el casco medieval en línea recta, despacio, entrando por la Puerta de Elisa y saliendo por la de San Pietro, esta me ha conectado con el parque fluvial del río Serchio. Por su paseo las altas choperas aportan sombra y frescor, como en toda vega de río. He rodado durante dos kilómetros, cruzándome con toda suerte de deportistas, que utilizan esta zona pulmón de la ciudad para hacer ejercicios físicos. Ha sido un bonita salida.

Con la vuelta a la carretera, mi intención era terminar la jornada en Massa, pero quedaban kilómetros y dos picos importantes, el primero era por camino, y ya en su desvío de la carreta una cruz de madera avisaba. ¡Como podía ser! unos agricultores que hacían sus jornada cerca, preguntados, me han dicho que subiera por la carretera, también muy pina, el camino era para subirlo andando, imposible con la bici. Les he cogido la palabra y si por carretera subir ha sido muy duro, por el camino no me quiero imaginar. Las curvas eran tan pequeñas y cerradas, que algunos coches que subían o bajaban lo hacían tocando el claxon para avisar. Una vez arribado el puerto, un grupo de casitas enseñaban en un poste un curioso cartel, supongo hartos de las bocinas: “Evitare rumori inutili, grazie”.

A pesar de seguir en la Toscana, el paisaje a no tiene nada que ver. Subir este puerto me ha llevado a la otra vertiente de esta montaña, que asoma a la costa. Antes de bajar a Camaiore he disfrutado del balcón que es este alto, observo con curiosidad los altos y escarpados montes en la lejanía, los pinos y otros árboles altos han venido sustituyendo a los cipreses, y la vegetación es diferente. Como todo lo que sube, baja, la carretera me ha puesto cerca de la costa, el aire de mar se notaba, incluso me ha ayudado en el pedaleo, a pesar de los 26 grados del termómetro se respiraba bien, si parabas caías.

Deseaba llegar a Massa para dar finalizada la jornada, a pesar de ser una ciudad grande no he podido ver ningún lugar de alojamiento, imagino que todos estarán en la costa, este lugar alejado no tendrá interés, mirando a un lado otro de la calle no veía nada, así que he seguido hasta el siguiente pueblo y el siguiente. He visto un par de b&b (bed & breakfast), pero no me ayudaba el teléfono que indicaban en el cartel, al cabo del rato una aparición, un “albergo”, tenían habitación, y aquí, en Sarzana me he quedado, buena temperatura, una pizza para cenar y mañana vuelta a la ruta.

Para desayunar tengo un pico en tres kilómetros, me sube de a 12 a 535 metros, llego a la localidad de Aulla, ya el nombre me asusta, me adentro en el interior de Italia, hacia el norte, hacia Turin.

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El diablo hace recados a los franciscanos
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Iñaki Miguel | 26-06-2013 | 10:22| 0

Viernes, 14 de Junio de 2013
Monteriggioni_Fuceccnio

Hoy me he dado una “paliza soberana” he tenido de todo, bici por pista, por carretera, campo través, fangal, despeñadero…. Hasta creo que el diablo ha estado un rato conmigo, os lo cuento en su tiempo.

La noche en un castillo es muy relajante, no es la primera que duermo en semejante sitio, lo recomiendo, esta noche tenía que haberme levantado al ventanuco y dar un zapatazo al palomo que ha estado toda la noche arrullando, marcaba los segundos, a veces duermes en la plaza de un pueblo y tienes el campanario, pero es cada hora.

Eran las seis y media cuando he puesto el pie en el suelo, la jornada se presentaba larga, así ha sido, con luz plena he bajado a montar la bici, he salido a la plaza, y allí estaban los de la limpieza, dejando todo txukuna para la nueva jornada, esto cuesta, ayer pagué un euro por tasa turística al reservar la cama en el albergue, no me hizo mucha gracia, pero no se salva nadie. Hoy ha sido curioso ver la plaza sin gente, anoche cuando me retiré a mis aposentos había gran bullicio, hoy volverá a ser lo mismo, mañana hay fiesta medieval, he leído el programa de actos y tenía buena pinta, con este entorno ni os cuento.

Ayer barajé si hacer todo por carretera, o parte, pero esta mañana he decidido ir con el trak. La salida del castillo me ha llevado a la carretera, después de unos primeros kilómetros he pasado por La Colonna donde he desayunado en un bar. Aquí los bares no son lo que tenemos en nuestras ciudades y pueblos, estos parecen pastelerías, no hay pintxos, solo dulces y algún bocadillo mixto, eso si, un café y un croissant: dos euritos, y en todo momento: bongiorno, grazie, prego y arrivererci.

Al salir de este pueblo me he liado un poco, habían cambiado las calles de dirección, pero nada, todo es orientarse de nuevo, a la salida y como la carretera no iba a la par y se abría en la lejanía, he decidido tirarme al monte, el comienzo ha sido muy duro, una pendiente de 16%, que ni metiendo todo el hierro podía subirla, así que pie a tierra, me he ido cruzando con peregrinos a los que saludaba, el más curioso un suizo, que venía desde Lassuana.
Las hierbas en ocasiones estaban altas y tapaban el camino, pero lo peor estaba por llegar, el camino se tiraba por una pequeña ladera llena de matorral duro, bajabas arrastrando la bici, apoyándote en las raíces de los árboles, este pequeño infierno terminaba en una charca maloliente con barros putrefactos, en fin, cuando he salido tenía piernas y brazos que parecía haberme peleado con un gato.

De los tres Caminos de Santiago que he recorrido por España, éste, ni por asomo está cuidado, el caso es que hay peregrinos, pero la cosa no está explotada, una pena: faltan hospederías en los pueblos, las pocas que hay son muy caras, la señalización es pobre, cuando no existe, en lo gastronómico falta el menú peregrino a precio asequible, etc.

He llegado a Colle di Val D’elsa, mitad del camino, y he llegado físicamente bien, a pesar de la paliza, ahora tocaba llegar a Gambassi Terme, que era otro reto para hoy, pensaba quedarme a comer en este pueblo, pero en vista de lo pronto que era, sobre las doce del mediodía, he decidido seguir y llegar a San Miniato. Para ello he desechado el monte y he cogido una carretera que iba pareja, y en un punto cercano me he incorporado al camino, para hacer esta incorporación habré subido “un poco a pie y otro andando” unos tres kilómetros, al preguntar a unos chavales ciclistas que pasaban por allí, por como era la carretera, no han podido evitar una media carcajada, creo que han dicho algo como “no sabe bien este por donde quiere ir como semejantes bultos”, no les ha faltado razón.

Coronado este alto me ha gratificado con la vista de San Miniato, fin de la jornada, en Gambassi, en la oficina turismo he han aconsejado que me alojase en el albergue de peregrinos, así que me he propuesto buscarlo, primero he preguntado a un señor que me ha enviado a la puerta de una iglesia, cerrada. Por la hora que era el cura estaría en la siesta. Vuelta atrás, yendo por una calle he visto a un cura y me he parado a preguntarle, justo delante de mí había una escalera de unos cincuenta peldaños, para no dar un buen rodeo por calles, me sugiere que los suba con la bici a cuestas. Una vez arriba, que siga siempre recto, que al final encontraré un monasterio de Franciscanos, que se dedican a recoger peregrinos.

Ha sido subir las escaleras y quedarme sin resuello, he recobrando el aliento en un segundo, tenía delante a dos guapas novias engalanadas, cosa extraña, enseguida me he dado cuenta que estaban presentado como modelos los trajes a alguna familia en un restaurante que tenía al lado.

Lo mío era localizar el Monasterio, así ha sido, en una pedalada se me ha puesto enfrente, un San Francisco en la fachada avisaba del lugar, casualidad, un monje en la puerta estaba despidiendo a una señora, cuando ha terminado le he abordado, preguntado por el albergue le he notado en el gesto algo extraño, pero he insistido. San Miniato es un lugar muy caro para hospedarse.
El fraile, un tipo curioso: bajito, regordete, creo que era el encargado de la intendencia, curioso, creo haberlo visto la etiqueta de una cerveza.
Me ha llevado a otra puerta, me ha pedido candar la bici para que le acompañase, asi que cuando me disponía a ello, me dice que casi espere. Ha aparecido un fraile sin uniformar, que me ha dicho que las habitaciones eran muy humildes, que aquello un monasterio, pero que si quería pasar la noche eran 35 euros, me ha parecido algo más que limosna, con la excusa de que iba a bajar a la ciudad para verla, y que luego regresaría, me he ido.

Esa mentirijilla casi me cuesta una avería en la bici, he olvidado quitar el candado y he montado un lío en la rueda, solucionado el nudo voy a montar de nuevo y pego una pedalada al aire, golpe en hueso, me ha salido un huevo en la pierna, debajo de la rodilla. Creo que es la “factura” de la hospedería. Por eso he dicho lo del diablo, el fraile no me ha creído y me ha impuesto “castigo express”, no lo dudo.

He salido de San Miniato con la intención de buscar alojamiento en el pueblo de Fucecchio, he preguntado a una persona en un bar, pero pronto se ha unido toda la clientela a buscarme sitio, con buena intención un cliente me dice algo aí: ” Primero a diestra, una rotonda y al fondo, que luego a siniestra, recto tres rotondas, que luego a siniestra y otra vez y al fondo, que después de pasar un semáforo había una oficina de la Policía municipal, que preguntase por un hotel, del cual me ha dado el nombre, pero desconocía el lugar”
Camino de dicha oficina policial, cuando llego estaba cerrada, horario de verano y un teléfono móvil.
Sigo adelante al próximo pueblo, y cuando ya estaba mentalizándome de que iba a dormir al raso encuentro un oasis: “Albergo La Campagnola”, tres estrellas, peleo el precio, me parecía algo caro, logro rebajarlo y me quedo. La habitación sorprendente, lo mejor hasta ahora.

Una ducha, la colada, cargar las baterías de los aparatos y a la calle, el hotel está fuera del pueblo, pero tiene restaurante y bar, en éste por 4,50 euros buffet libre de pintxitos y una bebida, claro he llenado tanto el plato de todo que me he dado una panzada, me la merecía, ha sido un día duro.

Mañana bajo hacia la costa, llegaré según como sea el camino.

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La Toscana me deslumbra
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Iñaki Miguel | 02-07-2013 | 13:03| 0

Jueves, 13 de Junio de 2013
Gallina_Monteriggioni

Yo también quiero vivir en la Toscana, poder contemplar desde mi ventana estos maravillosos paisajes, no se sí son los cipreses que los hay por doquier, nosotros lo utilizamos para tapar cementerios, aquí como árbol que realza lo que se pone al lado, algo mágico tiene esta región, será el aspecto medieval, cuidado, limpio y simpático de esta zona de Italia, o qué

Y otra cosa que me llama la atención son las legiones de moteros, todos con sus Harley Davidson, donde personajes disfrazados de guerreros vagan por sus carreteras luciendo sus máquinas, todas diferentes, cada cual más vistosa que la otra, y lo que digo, el metal y el cuero hacen de ellos que sea un espectáculo visual verlos desfilar, se nota que llegan, con ese sonido típico que lo asemejo a una txipironera de esas que salen del muelle a echar los anzuelos.

Bueno, a la batalla. Hoy si que he madrugado, a las seis y media ya estaba arriba, el sol ya había salido, he cerrado las alforjas y he bajado a bar a desayunar, un caffelate y un bollo, suficiente. Lo mismo de todos los días, la foto y seguido a la carretera, eran las siete y media, en cuanto he hecho el primer kilómetro me he parado para ponerme abrigo, el sol no daba la temperatura ideal. He hecho los primeros kilómetros bajando carretera, también algún repecho, un sube y baja continuo.

Consultado ayer el trak sobre el terreno y en vista de no ver nada sospechoso me he metido por una pista para atajar, y tanto, bueno soy yo con los atajos, termina la pista y me meto en una rambla, me ha hecho sospechar, he seguido, y descubro que una riada se había llevado un paso sobre un arroyo, no cubría más del tobillo, pero tenía unos quince metros de ancho, me he quitado las zapatillas y con los calcetines puestos he cruzado, ¡como pinchan las piedras!, llego a la otra orilla, me seco los pies, me pongo calcetines secos, y sigo el camino.
A mi izquierda una área con mesas y bancas para picnic, sigo el camino, sorpresa, ha desaparecido, y enfrente un lodazal, barajo volver atrás, pero el GPS me dice que cerca tengo una carretera, la veo, así que pisando por donde el barro estaba cuarteado y seco avanzo, la maleza se va levantando, por lo que me voy empapando del rocío que todavía tienen, llego hasta donde esta la carretera y sorpresa, un talud de dos metros me separan, lo sigo hacia una zona que parecía más baja, logro con esfuerzo subir la bici a la carretera y me observo, no queda en mi piel ni rastro de la crema solar, a cambio estoy empapado: ropa, piel y zapatillas, quito el barro que puedo de la bici, así como las hierbas que se han metido por todos los lados, me prometo olvidarme de los caminos, fatal, así que hoy carretera, sin saltarme los pueblos, ya más tranquilo y disfrutando, al cabo de un rato he comenzado a notar que la humedad iba desapareciendo.

He llegado a San Quirico D’orcia, bonito pueblo situado en lo alto de una loma, estaba engalanado, ayer hubo alguna fiesta, había hasta una catapulta montada, he saludado a unos peregrinos ciclistas, les he advertido sobre el estado del arroyo, que no abandonasen la carretera, iban camino de Roma. Después de la visita fugaz al pueblo vuelta a la carretera. Al paso de los kilómetros he llegado a Isola D’Arbia, parada y fonda a recuperar fuerza.

Cuando llevaba más de 50 kilómetros sobre las piernas he llegado a Siena, ciudad de turismo masivo, una gran Puerta de ladrillo almenada me ha dado la bienvenida, rodando por sus calles he cogido dirección hacía el centro histórico, me he topado con la Plaza Salimbeni, lugar que me ha maravillado. Había pensado quedarme a comer en esta ciudad, pero no me apetecía tanto ruido de turistas, había miles.

Vuelta a la carretera. Al cabo de una hora y nada más subir una loma se me pone delante la fortaleza amurallada de San Gimignano, con sus catorce almenas, el sol pegaba de lo fino y como había hecho cerca de los 75 km. he decidido parar, en la oficina de turismo me han ofrecido una habitación para peregrinos, a precio económico, he tenido que llorar un poco, pues no tenía la compostelana. Es una habitación con literas, pero supongo que voy a estar solo.

Hay una peregrina ya mayor, lleva ocho caminos de Santiago por España, este es el primero fuera, ya le he dicho “oiga, se conoce usted mejor el país que yo”, ocho diferentes.

Después de una relajante ducha y la colada correspondiente he salido a la calle para ver que ofrece este recinto amurallado. Sobre las siete de la tarde he subido a la muralla, impresionantes vistas las que se divisan, hoy tampoco “se avista al enemigo”, además el sol estaba bajando y le daba un halo de misterio y encanto, misterio por las sombras que se van alargando según cae la noche, y encanto por lo que pudiera tener de romanticismo estas calles con su bullicio, cuando los juglares entretenían al personal que habitaba el recinto.

He cenado en Il Piccolo Castello, Ristorantes da Remo, en el jardín, me ha picado un mosquito. La cena riquísima, las raciones para lo que a mi me gustan “txikis”, ¿por que no hay aquí una pizzería?

Mañana más.

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Un día de pocos kilómetros, pero duros.
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Iñaki Miguel | 26-06-2013 | 10:21| 0

Martes, 12 de junio de 2013
Vetralla_Bolsano

He dormido como un lirón, me hacía falta una cama en condiciones. Me he despertado sobre las seis de la mañana, había mucha luz en el exterior, consultada la hora me he dado media vuelta, que siempre son malas, a las ocho he pegado un salto, es tarde para salir.

Después de preparar las alforjas he bajado al bar, donde he tomado un caffellatte, muy bueno, con abundante crema, son únicos estos cafeteros, me han ofrecido algo para comer o algún zumo, lo he rechazado, al querer pagar me han dicho que era el colazione, que venía con la habitación, y no sabía nada, tampoco tenía muchas ganas. El hotel tenía un nombre curioso “el pino solitario”.

Como siempre, he llegado los botellines con “agua de colores” de Born, y a la carretera, me he ido por los caminos, y la verdad que salvó una pequeña duda, pues parte del camino se encontraba cerrado por la vegetación con algún tramo malo, lo demás sin problemas, ah! En el monte, al pasar por la puerta de una finca, me han salido dos perrillos que ladraban como diez, uno echaba espumarajos por la boca, he estado por soltarme la cala y sacudirle un zapatazo.

Después de una veintena de kilómetros he llegado a Viterbo, he subido a la ciudad, a la zona medieval, y tengo que decir que bonita, mucha casa vieja, con mal aspecto, es una una pena, pero el consistorio de la ciudad, al igual que otros de Italia, se dejarían sus presupuestos para arreglar estas cosas, y es lo que tiene un país con tanta historia, que tiene muchas huellas del pasado, y sólo se cuidan las mejores.

Salgo de este enclave, alternando carreteras viejas y mucha pista de campo, en buen estado, me dirijo a Montefiascone, miro el perfil y me da miedo, en el camino me he cruzado con peregrinos, todos camino de Roma, los más curiosos han sido tres irlandeses, mayores, venían desde su país, con la piel curtida de tanto sol, he estado hablando de aquella manera con ellos, después de un ratito nos hemos deseado “buen camino” y hemos seguido direcciones opuestas.

A lo lejos diviso la ciudad, se levanta en una loma muy alta, sitio estratégico para defenderse, parece grande, vamos para allí. Una pared de unos quince kilómetros me espera, lo malo es que para entrar en la ciudad hay que subir una calzada romana con su piso de piedras, que duro, tendrá unos cinco kilómetros, un cartel informativo la detalla. La calzada esta muy descuidada, andan hasta coches por ella, y en otros tramos esta tapada por la maleza, cuando no se han llevado las piedras para hacer algún murete, una pena.

Ha sido muy dura la subida, por fin el camino me ha sacado a la carretera que sube al pueblo, más subir, he ido directo a buscar un lugar para comer, eras las dos de la tarde, llevaba desde las nueve y cuarto sobre la bici, en la oficina de turismo he pedido la lista de restaurantes que sirviesen pasta, me han dado dos, he mirado en cual podía dejar la bici con seguridad, he comido en el Dante, en un cuarto piso, en una terraza que tenía una vista preciosa sobre el lago Bolsena, que da nombre al pueblo de donde escribo estas líneas.
He comido unos canalones rellenos de carne y de segundo pescado del lago, para terminar un té.
Unos minutos de relajo y vuelta a la bici, para llegar a mi destino por hoy he alternado el campo y la carretera, y bien, hacer todo por monte tenía su riesgo, pues he visto en el Google earth que los caminos terminaban en medio de un bosque, sólo había que seguir el trak, lo he rechazado, he tirado por una carretera local, bordeando el lago, muy bonitas las vistas, he pasado por un lugar donde reposan soldados italianos muertos entre 1939-1945, la II Guerra Mundial.

Cuando me he dado cuenta estaba en Bolsena, pueblo muy turístico, la oficina de turismo solo abre por las mañanas, así que a tirar de ipad, justo enfrente mío tenía un hotel, donde por 40 euros me dan cama y desayuno continental, ya veremos mañana.
“jolín” con el viejete de la recepción, entenderle me ha costado un “congo”. La habitación sin más, la persiana bajada y clavada, el aire acondicionado 5 euros, lo he rechazado y las toallas del baño para lijar madera, casi me hago raspaduras en la piel.

El pueblo precioso, con playa en el lago, con casco medieval y un castillo imponente. Muy turístico.

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Pocos kilómetros, pero algunos muy duros.
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Iñaki Miguel | 26-06-2013 | 10:11| 0

Martes, 11 de junio de 2013
Vetralla_Bolsena

He dormido como un lirón, me hacía falta una cama en condiciones. Me he despertado sobre las seis de la mañana, había mucha luz en el exterior, consultada la hora me he dado media vuelta, que siempre son malas, a las ocho he pegado un salto, es tarde para salir.

Después de preparar las alforjas he bajado al bar, donde he tomado un caffellatte, muy bueno, con abundante crema, son únicos estos cafeteros, me han ofrecido algo para comer o algún zumo, lo he rechazado, al querer pagar me han dicho que era el desayuno, que venía con la habitación, y no sabía nada, tampoco tenía muchas ganas. El hotel tenía un nombre curioso “el pino solitario”

Como siempre, he llegado los botellines con agua de colores de Born, y a la carretera, me he ido por los caminos, y la verdad que salvó una pequeña duda, pues parte del camino se encontraba cerrado por la vegetación con algún tramo malo, lo demás sin problemas, ah! En el monte, al pasar por la puerta de una finca, me han salido dos perrillos que ladraban como diez, uno echaba espumarajos por la boca, he estado por soltarme la cala y sacudirle un zapatazo.

Después de una veintena de kilómetros he llegado a Viterbo, he subido a la ciudad, a la zona medieval, y tengo que decir que bonita, mucha casa vieja, con mal aspecto, es una pena, pero el consistorio de la ciudad, al igual que otros de Italia, se dejarían sus presupuestos para arreglar estas cosas, y es lo que tiene un país con tanta historia, que tiene muchas huellas del pasado, sólo cuidan las mejores.

Salgo de este enclave, alternando carreteras viejas y mucha pista de campo, en buen estado, me dirijo a Montefiascone, miro el perfil y me da miedo. En el camino me he cruzado con peregrinos, todos camino de Roma, los más curiosos han sido tres irlandeses, mayores, venían desde su país, con la piel curtida de tanto sol, he estado hablando de aquella manera con ellos, después de un ratito nos hemos deseado “buen camino” y hemos seguido direcciones opuestas.

A lo lejos diviso la ciudad, se levanta en una loma muy alta, sitio estratégico para defenderse, parece grande, vamos para allí. Una pared de unos quince kilómetros me espera, pero lo malo es que para entrar en la ciudad hay que subir una calzada romana con su piso de piedras, que pena, tendrá unos cinco kilómetros, un cartel informativo la detalla, la calzada esta muy descuidada, andan hasta coches por ella, y en otros tramos esta tapada por la maleza, cuando no se han llevado las piedras para hacer algún murete, una pena.
Ha sido muy dura la subida, por fin el camino me ha sacado a la carretera que sube al pueblo, más subir, he ido directo a buscar un lugar para comer, eras las dos de la tarde, llevaba desde las nueve y cuarto sobre la bici. En la oficina de turismo he pedido la lista de restaurantes que sirviesen pasta, me han dado dos, he mirado en cual podía dejar la bici con seguridad.

He comido en el Dante, en un cuarto piso, en una terraza que tenía una vista preciosa sobre el lago Bolsena, que da nombre al pueblo de donde escribo estas líneas. He comido unos canalones rellenos de carne y de segundo pescado del lago, para terminar un té, unos minutos de relajo y vuelta a la bici.

Para llegar a mi destino por hoy he alternado el campo y la carretera, y bien, hacer todo por monte tenía su riesgo, pues he visto en el Google earth que los caminos terminaban en medio de un bosque, sólo había que seguir el trak, lo he rechazado, he tirado por una carretera local, bordeando el lago, muy bonitas las vistas, he pasado por un lugar donde reposan soldados italianos muertos entre 1939-1945, la II Guerra Mundial.

Cuando me he dado cuenta estaba en Bolsena, pueblo muy turístico, la oficina de turismo solo habré por las mañanas, así que a tirar de ipad para buscar hotel, justo enfrente mío tenía uno, donde por 40 euros me dan cama y desayuno continental, ya veremos mañana.
“jolín” con el viejete de la recepción, entenderle me ha costado un “congo”. La habitación sin más, la persiana clavada, el aire acondicionado 5 euros, lo he rechazado y las toallas del baño para lijar madera, casi me hago raspaduras en la piel.

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