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Exequias en honor a Lord Hugh Thomas, hispanista. Notas sobre “Orgullo y pasión”(1808-2017)
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Carlos Rilova | 15-05-2017 | 09:32

Por Carlos Rilova Jericó

¿Cómo medimos la pérdida de una persona, de un familiar, de un colega, de una esposa?. Habrá, probablemente, tantas respuestas a esa dolorosa pregunta como personas en el Mundo son, han sido y serán.

Yo, hoy, 15 de mayo de 2017, me conformo con una tarea, quizás, más modesta. Tan sólo quiero que esta página gestionada -como ya saben quienes la leen habitualmente- por una  asociación de historiadores, rinda un homenaje -por modesto que sea- a otro historiador que se ha ido: Lord Thomas. Más conocido como Hugh Thomas.

¿Cuál sería la razón para rendir ese último homenaje?. En este caso podrían darse múltiples respuestas, también. Pero me conformaré con dar sólo un par de ellas. La primera es que la muerte de un historiador eminente no debe pasar desapercibida para otros historiadores que además, como es el caso de la Asociación “Miguel de Aranburu”, tienen una tribuna pública en la edición digital de un venerable diario de gran difusión.

La otra razón que se puede alegar para rendir homenaje a Lord Thomas, a un hispanista como Hugh Thomas, es que una notable cantidad de quienes optamos por esta carrera profesional nos formamos con sus libros. Hasta donde yo recuerdo, los dos volúmenes de su obra sobre la guerra civil española de 1936-1939, fueron de los primeros libros de Historia que me estuvieron acompañando desde que era un imberbe. Traídos a casa por mi padre, lector ávido de Lord Thomas, apenas la dictadura franquista comenzó a extinguirse y fue legal publicar en España ese libro (allá por 1976) que hasta entonces, como gran parte de lo mejor de España, había vivido en el exilio. En este caso en las ediciones clandestinas (clandestinas para aquella España que era “different”) de la editorial Ruedo Ibérico.

Pero la obra de Lord Thomas fue muy variada. Yo me topé con ella varias veces cuando ya me había licenciado. Por ejemplo, allá a mediados de los años 90 del siglo pasado, descubrí que Lord Thomas había dedicado parte de su tiempo a escribir un libro sobre la Historia del tráfico de esclavos donde, como el hispanista que siempre fue, nos revelaba que los últimos traficantes de esclavos habían sido españoles…

Lord Thomas también, como la mayoría de hispanistas, se dedicó a estudiar la época del Imperio español, la de Carlos V, Felipe II… pero ese campo era demasiado estrecho para alguien que, en la hora de su muerte, ha sido definido como “príncipe” de esos hispanistas.

En efecto, el título estaba bien ganado, Lord Thomas, el doctor Hugh Thomas, escribió sobre el cuadro de Goya donde se reflejaban los fusilamientos en represalia por la resistencia española contra la invasión napoleónica, sobre un empresario (de éxito) de la era franquista como Barreiros o, sin agotar la lista, sobre el desconocido Madrid de 1764 visto por los ojos de un aventurero francés, Beaumarchais, que bien podría haber servido de escenario al “Barry Lyndon” de Stanley Kubrick.

La pérdida de Lord Thomas ha sido, pues, sustancial para la Historia de España, para su estudio, para su mejor conocimiento.

Y esa pérdida se deja notar no sólo repasando en las bibliotecas los libros expuestos en homenaje fúnebre a él. Se puede percibir en muchos detalles. Lord Thomas murió un sábado 6 de mayo. Justo al día siguiente, el 7, una cadena española  de las llamadas “generalistas”, (13Tv) programaba una curiosa película que no se puede ver sin una sensación de bochorno. Tanto si se es un historiador especializado en guerras napoleónicas, como si no.

Se trataba de “Orgullo y pasión”. Fue estrenada en 1957. Un momento delicado para el régimen franquista, a medio camino entre los Acuerdos de Madrid de 1953 con los que se le empezaba a sacar de su condición de apestado internacional, antiguo aliado de Hitler y Mussolini, y el punto de colapso del año 1959. Del que sólo le salvó -otra vez- la necesidad que el bloque occidental tenía de que las cosas estuvieran tranquilas en España, así como -entre otros factores- la patriótica ayuda recibida de economistas que se habían tenido que exiliar por ser leales al gobierno legítimo de España, abolido por el golpe de estado de 1936. Como, por ejemplo, el doctor Juan Sardá Dexeus.

El contenido de esa película que, obviamente, empezaba a aprovecharse de la que, con el tiempo, sería una de las fuentes de divisas que mantuvo al régimen (es decir: la de servir de plató de superproducciones de Hollywood) es más o menos delirante.

“Orgullo y pasión”, eso es evidente, quería ser una de esas grandes superproducciones. Contaba con un plantel de grandes estrellas. Los dos principales protagonistas masculinos eran Frank Sinatra y Cary Grant. La protagonista femenina era nada menos que Sofía Loren. A partir de ahí todo era, por así decir, cuesta abajo. El guión de la película se enfangaba en todos los tópicos habidos y por haber sobre lo que fue la Guerra de Independencia española. Después de un comienzo en el que se sentenciaba a desaparecer de la Historia al Ejército español de la época (por cierto bastante bien representado en esas escenas iniciales), la trama se desarrollaba a partir de la llegada de un oficial naval inglés -interpretado por Cary Grant- a un soleado Santiago de Compostela que más bien parecía los bajos fondos del Nápoles romántico si tenemos en cuenta la gente que llena la plaza del Obradoiro en esos momentos. El objetivo del oficial inglés es recuperar un cañón gigantesco abandonado por el Ejército español en retirada y llevarlo a Santander, evitando que ese símbolo de prestigio caiga en manos de los franceses, que lo quieren por esa misma razón.

La ayuda con la que el oficial inglés cuenta en ese año de 1810 es la de unos astrosos guerrilleros capitaneados por un fanático religioso (Frank Sinatra) que, en realidad, quiere el gran cañón para liberar Ávila porque es la tumba de Santa Teresa de Jesús).

En medio de esa lucha de egos y destinos estará la bella Sofía Loren, interpretando a una avezada seguidora de ese fantástico (en el sentido insultante del término) ejército guerrillero que nada tiene que ver con la realidad histórica.

No entraré en más detalles, por cuestión de espacio. Sólo diré que todo lo que se ve en la película es, por supuesto, rematadamente falso y no refleja lo que realmente fue la Guerra de Independencia española. Basta con ver el estrambótico recorrido de los protagonistas que, según el mapa en poder de los franceses, avanzan por Galicia cuando en realidad los estamos viendo en medio de una tormenta de polvo en las estepas manchegas, bajo unos característicos molinos. La serie de despropósitos es, en definitiva, prácticamente continua en esta producción en la que, por un puñado de divisas, el régimen franquista se daba -además- una ración de autobombo convirtiendo la Historia de España en un bochornoso espectáculo que nada tenía que ver con una realidad que, a medida que la vamos conociendo mejor, supera toda ficción. Y en especial las más acartonadas, como la que se ve en “Orgullo y pasión”.

Esa es, o sería, pues, la medida de la pérdida de Lord Thomas. Fue uno de esos historiadores británicos o franceses (eso es lo que significa ser hispanista) que como maestro y colega de historiadores españoles evitó, con toda una vida de trabajo, que hoy la única Historia de España conocida fuera el cuadro absurdo, falso y delirante que ofrecían películas como “Orgullo y pasión”.

Ahora, dicho todo esto, sólo queda decir que la tierra te sea leve Lord Thomas y que tu legado nos sea de utilidad. Goian bego, maisu. Descansa en paz, maestro.

 

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