Diario Vasco
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Fecha: septiembre 11, 2017
El huracán Irma y un astrónomo vasco del 1800
Carlos Rilova 11-09-2017 | 11:38 | 0

 

Por Carlos Rilova Jericó

jose-joaquin_ferrer-atribuido-a-goyaEsta semana pasada (y la que empieza) si ha habido algún protagonista absoluto de eso que llamamos “las Noticias”, ese ha sido el huracán Irma. Las devastaciones que ha causado han sido, como se suele decir, “carne de telediario”. Un contenido magnífico desde el punto de vista mediático.

Dejando aparte estas cuestiones para especialistas y otros gurús de eso que Marshall McLuhan definió como “los medios de comunicación de masas”, ese desgraciado salto a los famosos “diez minutos de fama” de una catástrofe natural como el Irma, me ha traído a la cabeza, con insistencia, el tema de este nuevo correo de la Historia.

Se trata de un personaje que, como buen científico español, ha caído prácticamente en ese olvido histórico selectivo del que ya hablaba la semana pasada. Su nombre era José Joaquín Ferrer y Cafranga. Nació en el año 1763 en el puerto de Pasajes, en la banda de San Juan, en territorio guipuzcoano, dentro de la misma generación que personajes tan ilustres y bien recordados como Napoleón.

Como ellos conoció un tiempo histórico muy agitado y no pudo evitar verse involucrado en acontecimientos que convulsionaron al mundo entero.

De hecho, esos sucesos determinaron su vida, convirtiéndolo en uno de los científicos más brillantes de comienzos del siglo XIX. A nivel, también, mundial

Así es. En el año 1780, cuando España entró en guerra contra Gran Bretaña y a favor de lo que, con el tiempo, serían los Estados Unidos, José Joaquín Ferrer, un joven de apenas 17 años en esas fechas, cayó prisionero de los británicos cuando se trasladaba a trabajar como agente en una factoría de lo que entonces era una colonia española y hoy es ese país tan maltrecho que conocemos como “Venezuela”.

La situación en la que se vio, no fue nada agradable.

En efecto. En breve se publicará un artículo firmado por el que estas líneas escribe, donde se detalla lo que supuso para el joven Ferrer caer prisionero y ser trasladado a los campos de internamiento británicos que, por aquel entonces, eran, entre otros, unos insalubres pabellones en la localidad de Winchester. En estos últimos no tardó en aparecer una fiebre epidémica que causó más víctimas que cualquier combate naval como el que terminó con la rendición de la flota en la que navegaba, rumbo a Venezuela, José Joaquín Ferrer.

Lo que nos cuentan sus escasos biógrafos (de hecho, sólo ha tenido uno, Antonio Alcalá Galiano, del que han/hemos bebido los demás escasos autores interesados por este astrónomo) dice que José Joaquín Ferrer escapó in extremis de ser uno más de los muchos de prisioneros que cayeron a causa de lo que el doctor Carmichael, el médico inglés que trató el tema (al menos en el depósito de Winchester), llamaba el “jail distemper”.

Esas circunstancias, como nos cuenta la biografía escrita por Alcalá Galiano, publicada en 1858 (y repetida y escasamente renovada hasta la fecha), marcaron el destino de Ferrer. Su padre, comisario de la Armada Real en Pasajes, consiguió que el comisionado que negociaba las condiciones de los prisioneros en Londres, sacase, bajo palabra, al muchacho de las cárceles inglesas y, es más, lo pusiese a aprovechar el tiempo para perfeccionar sus estudios.

Los perfeccionó tanto, al igual que su inglés, que, con el tiempo, acabada la guerra y aun en medio de la vorágine que causaron las siguientes (la de la Convención, la napoleónica…), se convirtió, nos dice Alcalá Galiano, en un astrónomo de renombre.

Toda su relativamente corta vida (moriría en el año 1818 de un ataque al corazón, mientras ejercía como capitular en el Ayuntamiento de Bilbao) la dedicó (aparte de a sus actividades como agente comercial) a establecer precisas observaciones astronómicas.

Esa actividad, en la época, tenía todavía un componente fuertemente práctico, a pesar de que se consideraba también una actividad filosófica (hoy diríamos “científica”). Es decir, un puro ejercicio intelectual para saber más por el mero hecho de saber más

Para Ferrer los cálculos eran importantes no sólo para saber más de eso que uno de sus admiradores (el astrónomo francés Laplace) llamó “Mecánica celeste”, sino también para elaborar mapas y cartas náuticas más precisas. El objetivo, claro está, era asegurar que los navíos que hicieron su fortuna personal, tuvieran más posibilidades de llegar a sus destinos con seguridad.

Mientras trabajaba en esos Estados Unidos por los que estuvo a punto de dar la vida, Ferrer, afincado como agente comercial en Nueva York, realizó un buen número de esos mapas. De hecho, nos dice -una vez más- Alcalá Galiano, la mayor parte de los mapas de la actual Costa Este de Estados Unidos se deben a él; reconociendo sus iguales norteamericanos, que, tras la muerte de David Rittenhouse (en 1796), no había en Estados Unidos más astrónomo digno de tal nombre que José Joaquín Ferrer…

Como tal astrónomo, por ejemplo, elaboró la base de los actuales mapas del estado de Ohio. Asimismo realizó cartas náuticas de la zona del Caribe actualmente devastada por Irma...

Esa labor fue reconocida por la American Philosophical Society de Filadelfia. El equivalente yankee de la Royal Society. Prestigiosa institución que también consideró y reconoció los méritos de Ferrer. Igualmente se le reconoció su mérito como cartógrafo, astrónomo, etc… en la Academia francesa. Precisamente en una visita que realizó requerido por figuras de la fama de Laplace, pudo ver la caída del primer imperio napoleónico que lo había mantenido en Cádiz durante la Guerra de Independencia española, desde donde pasó a Gran Bretaña para, a su vez, tratar con sus colegas de la Royal Society…

Esta, de manera resumida, fue la vida de José Joaquín Ferrer. Ahora que Irma, por desgracia, devasta Bermudas, Bahamas y otras partes del Caribe que él cartografió, me ha parecido una buena ocasión para que lo recordemos. Quizás no sea el momento apropiado, puede que opinen algunos. Pero, ¿cuál lo sería entonces? ¿Qué justificaría ayudar también ahora a ese eclipse (casi total, salvo por firmas como las de Carlos Clavería, Aitor Andueza…) de ese astrónomo guipuzcoano reconocido a nivel mundial allá por el 1800?

 

 

  1. B. : El correo de la Historia no se renovará, por vacaciones, hasta el lunes 25 de septiembre.

 

 

 

 

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