Diario Vasco

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Samaranch y aquel Barcelona catalanizado
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Antxon Blanco | 21-04-2010 | 20:03

Quedará por siempre en nuestra memoria ese “Barcelona” con un leve
acento catalán cuando leía la papeleta de la ciudad elegida para los
Juegos Olímpicos de 1992. En mi memoria particular quedarán esos ratos
que compartí con él coincidiendo en los campeonatos de Europa y del
mundo de atletismo, o Juegos Olímpicos, en sus invitaciones a un
desayuno de trabajo que nunca fallaba y siempre con una exquisita
educación.

O recordaré esas entrevistas que después de unos minutos divertidos y
tras preguntarme por la situación política del País Vasco y de lo
agradable que le parecía la ciudad de San Sebastián, mostraba su lado
más serio para contestar a las preguntas, con un rictus que imponía al
joven periodista.

Su agenda siempre estaba comprometida, repleta de anotaciones. Pero ahí
estaba su entrañable secretaria Annie Inchauspe, una vascofrancesa con
la que tuve la suerte de mantener una cierta complicidad a la hora de
contactar con un dirigente que ha marcado una época en la historia del
deporte y del olimpismo.

Afable en la corta distancia, duro en sus convicciones, enormemente
responsable con el mundo olímpico. Tuvo su pasado en cargos politicos
durante el régimen franquista pero se supo adaptar a los tiempos
modernos de democracia y expansión internacional. Fue artífice del
milagro de Barcelona’92, a pesar de la candidatura inmensa de París.
Aún recuerdo cuando en la despedida de los Europeos de Stuttgart de
1986, en la fila de embarque en el aeropuerto, los franceses con sus
baules de material de publicidad, me decían sonrientes que fuera
preparando el viaje a su ciudad. Yo les contesté que prefería una
ciudad con mar. Unos meses después un pícaro Samaranch dijo aquel
Barcelona y yo, que estaba escuchando la radio, pensé que esa elección
significaría una nueva época en el deporte español, como así fue.

Los dígitos 1992 marcarían buena parte de mi vida. Fue una casualidad
pero unas semanas más tarde compré un coche y me tocó la matrícula
1992. Y años después me pidieron formar parte de un grupo de trabajo de
los Juegos Olímpicos de Barcelona. Todo fue muy rápido, a la misma
velocidad que Samaranch imprimía a sus proyectos, ideas innovadoras,
iniciativas…

Cogió las riendas del Olimpismo en medio de boicots políticos (Moscú’80
y Los Angeles’84) y con su capacidad negociadora logró unos
espectaculares Juegos en Corea’88. Su habilidad diplomática solventó la
crisis de los Balcanes y la extinta Unión Soviética, permitiendo la
presencia de deportistas yugoslavos o de las ex repúblicas soviéticas.

Rompió con la mala imagen del profesionalismo en el deporte, luchó
contra el dopaje, negoció los multimillonarios contratos de los
derechos de televisión, abrió la puerta a los países pobres, sin
recursos, para que formaran parte de la familia olímpica, apostó por el
gigante de China y promovió la igualdad en Sudáfrica para que este país
fuera aceptado internacionalmente tras los cambios sociales.

En su trayectoria tuvo un par de lunares. Los dos relacionados con
sedes olímpicas en Estados Unidos. En los Juegos de Verano de
Atlanta’96 cuando por presiones comerciales se concedieron a la ciudad
de la Coca Cola y dejaron injustamente fuera a Atenas en el centenario
de los primeros Juegos atenienses. Y en segundo borrón fue por culpa de
algunos corruptos miembros del COI que por favores, regalos e
influencias diversas otorgaron su voto a la ciudad estadounidense de
Salt Lake city para los Juegos de Invierno de 2002.

Pero la mano firme de Samaranch volvió a aparecer y antes de su
despedida como presidente aprobó varias normas internas para que la
limpieza y la honestidad regresara a la familia olímpica.

Se ha marchado un gran líder deportivo que dio la vuelta al Comité
Olímpico Internacional, fue un maestro para muchos dirigentes y
permitió la transformación de su ciudad, Barcelona, y se le recordará
como el artífice del cambio de la imagen triste y anticuada del deporte
español.

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