Diario Vasco
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Operación Puerto: el fracaso de la ¿Justicia?
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Antxon Blanco | 10-02-2015 | 10:28

Quienes creen/creían en la Justicia hoy están en fase depresiva. No es para menos. Tampoco ha sido una sorpresa. La intuición y la veteranía en temas de dopaje llevaban a creer que poco se sacaría ya de la Operación Puerto. Y ahora ha llegado la puntilla. Los puristas tendrán un buen ardor de estómago. Otros quizás también lo tengan, pero después de haber bebido unas copitas de cava.

El congelador del laboratorio de Barcelona con las 211 bolsas de sangre y plasma pasa al museo de las antigüedades. Será otro símbolo del fracaso en materia antidopaje en este país. Como escribe nuestro compañero de El País Carlos Arribas, “las autoridades deportivas y antidopaje mundiales dan por perdida la información y las identidades que podría revelar el análisis de ADN de las bolsas de sangre de la Operación Puerto, víctima de las prescripción de los hechos”.

La cadena de fracasos en esta Operación ha sido una constante. Desde que la jueza de Primaria instancia ordenó la destrucción de la sangre pasando por, tras los recursos del CSD y otros, la ‘pereza’ de la Audiencia Provincial de Madrid que no ha comenzado a estudiar los recursos. Y así nos ha ido.

Todos han dejado morir la Operación Puerto. Con alevosía, con perfidia. Bajo presiones desde muy arriba. Menospreciando un tema clave para salvar la honestidad de un país en esta materia antidopaje, honestidad ahora bajo tierra, por supuesto. La ‘Puerto’ lleva coleando, y a algunos dando fuertes dolores de cabeza, desde 2006. Ni que decir tiene que la prescripción para sancionar según la normativa española acabó en un tic-tac (tres años); el Código Mundial antidopaje fija el límite en 8 años. Sin embargo, las cuentas ya no dan.

Seguirán los bla, bla, blas y escucharemos ciertas argumentaciones jurídicas que supuestatemente permitirían conocer la verdad. Pues señores, yo me bajo del autobús. Ya sé que no habrá más investigación. Renuncio. Echo la toalla. Los tramposos han ganado esta batalla.

Una sonrisa amplia y dentadura albina serán la imagen de este final. Allá ellos/ellas. Sus engaños les encadenarán para siempre. Sus medallas centellearán sin honor. Y eso es lo más triste para un deportista. Nunca mirarán de frente cuando expliquen sus victorias. En su mente aparecerán imágenes entremezcladas de un podio y un laboratorio. De unas zapatillas y una probeta. De un récord y unas pastillas. De un entrenamiento no realizado a cambio de una jeringuilla cargada de química.

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