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Categoría: maratón
Bajar de 2 horas en maratón, ¿para cuándo? Esperen tranquilos

Desde que el momento en el que el keniano Dennis Kimetto batió el récord mundial (2h.02.57) y la noche del mismo domingo, no fueron menos de veinte personas las que me cuestionaron ¿Y para cuándo menos de 2 horas?.

Claro, lógica pregunta cuando se ha vivido la ruptura de otro muro: el de las 2h03. Son ‘apenas’ tres minutos de nada, evidente. Pero que se lo pregunten a los maratonianos qué suponen 3 minutos en esta carrera, y aún más, cuando hablamos del récord del mundo.

Impresiona comprobar el nivel de registros en la actualidad. Principalmente desde el año 2010 ha sido una cascada de marcas sub 2h05 e incluso de plusmarcas mundiales. Mordicos y mordiscos a récords que eran estratosféricos. Y sin embargo…

Ahora mismo Kimetto ha colocado el gran muro de las 2 horas a 2 minutos y 57 segundos, redondeemóslo a 3 minutos. Si analizamos la evolución del récord mundial, bajar 6 minutos (del primer sub 2h.09 al sub 2h.03 de este domingo) han pasado 45 años. Por lo tanto la aritmética pura, alejada de la realidad del atletismo, diría que para pulir los 3 minutos que faltan será necesario que pasen otros 22 AÑOS.

Pero la actual preparación de los atletas, los premios en metálico que  se reparten, la dedicación de cientos de especialistas, la irrupción del atletismo africano… obliga a pensar que la progresión de los años 70 del siglo pasado en nada tiene que ver a la de la actual década.

Segundo parámetro. El viejo récord (2h.06.50) del etíope Dinsamo en 1988 fue el primero en descender de 2h.07… Desde esa plusmarca que estuvo en las tablas 10 años, son casi 4 minutos de diferencia respecto al récord de Kimetto. Por lo tanto han pasado 26 años para mejorar 4 minutos, una equivalencia de casi 7 años por minuto, es decir, repetimos casi el primer parámetro analizado: faltan 21 años para esos tres minutos hasta el 1h.59.

Tercer parámetro. ¿Cuánto tiempo ha pasado para romper los últimos muros? Los de 2h.05 y 2h.04. Aquí ya con la explosión de la carrera de maratón, ya universal por completo, con profesionales como nunca habían existido, es quizás más real que los anteriores parámetros que se esconden en la prehistoria de la prueba. Ojo, se acortan los tiempos pero tampoco una barbaridad. Veamos.

Pues bien, de la cota sub 2h.05 a la de 2h.04, transcurrieron 5 años ( de Tergat a Gebresalassie !qué fantásticos corredores¡). Y de la cota sub 2h.04 a la de 2h.03, han pasado 6 años más. Por lo tanto, con la calculadora en la mano estaríamos hablando de entre 16 y 18 años para alcanzar el 1.h59.

Otro dato a tener en cuenta. Se aprecia que los récords del mundo en maratón se suceden con más frecuencia en los últimos años que antaño. Que hay un mayor número de corredores que bajan con relativa facilidad de 2h.05, existen liebres que pueden correr el primer medio maratón en 1h.02 sin despeinarse y seguir unos cuantos kilómetros más; que los premios son espectaculares y las preparaciones son muy profesionales. Hoy por hoy los récords son ‘más sencillos’ que en otras épocas.

Por ejemplo, en este capítulo vemos que desde 1969 a 1999, en treinta años,  se batieron 9 récords mundiales. Y en el actual siglo, desde 2002 a la actualidad, esto es, en 12 años, se han superado ya 7 plusmarcas.

En el capítulo de muros superados, además del 2h.03, también Kimetto se convirtió en el primer hombre que bajó de los 2 minutos 55 segundos de media por kilómetro. Casi nada. El muro del 2.50 llevaría a un crono final de 1h.59:30… lo dejamos para la siguiente generación. ¿O no?

 

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¿Corrió en San Sebastián medio equipo de maratón del Europeo?

El maratón de San Sebastián tuvo, esta vez, mucha chispa. La disputa del campeonato de España, con la presencia de hasta cinco atletas de mucha calidad, ofreció un espectáculo que hacía años no se había visto en el asfalto donostiarra. El tesoro de la mínima europea para Zurich se fue a Barcelona con Castillejo, y a Tudela/Soria con la vencedora femenina, Estela Navascués. Fue un botín de oro aunque escaso por los méritos de Pablo Villalobos, muy activo en carrera, con mayor desgaste, incluso, que el catalán, desde que abandonó la última liebre, y también a valorar la prueba de Eliseo Martín.

Fueron dos mínimas que se quedaron en la cuneta. A Villalobos le vi triste después de la carrera. No sé si estaba muy satisfecho con los relevos de su compañero de fugas. Igual es una suposición mía. Castillejo declaró que no pudo dar más relevos porque se encontraba justito, había pasado tres baches y tenía dudas sobre su final de carrera. Sin embargo sus últimos kilómetros fueron sobresalientes. De ahí, quizás, llegó la extrañeza de Villalobos. Desde luego, en las declaraciones hubo fair play absoluto. Ni una palabra más alta que la otra.

San Sebastián volvió a ser protagonista por un día en el mundillo atlético. Lástima que la cobertura televisiva fuera nula y la repercusión, escasísima. La lucha mereció la pena. Castillejo se llevó el pasaporte, pero quizás Villalobos y Eliseo, tienen medio pie en el Europeo, si en los próximos meses no hay catarata de mínimas. Son seis plazas, se compite por equipos en el maratón. Javier Guerra es fijo por su actuación en el Mundial. Quedan cinco plazas. Lamdassem tiene muchas opciones de repetir en el equipo. Rafa Iglesias si vuelve a primer plano es otro serio candidato. Y Jaume Leiva bordea esa mínima. Por ahí irá el sexteto si realizan las mínimas o se abre la mano porque la mínima la pone la Federación Española. La Europea deja libertad a las federaciones nacionales.

Los registros obtenidos en San Sebastián por los hombres del podio, hubiesen ocupado en el ranking de la pasada temporada la tercera, cuarta y sexta posición. Datos a no perder de vista.

PD: En mi columna ‘Calle 9′ que escribo en El Diario Vasco papel, reflexiono sobre la idoneidad de dar la salida conjunta al maratón y medio maratón. Pienso que fue un error. Hubo confusión, corredores que marcharon con el grupo de cabeza durante 14 kilómetros y no disputaban el maratón, el espectáculo del grupo de cabeza se diluyó, el público estaba confuso -sobremanera en la primera vuelta grande-, los atletas que disputaban el título y la mínima europea no podían correr por el trazado oficial al estar ocupado por cientos de corredores del medio y en consecuencia en las curvas trazaban un recorrido superior. En mi opinión fue un despropósito que debe ser analizado críticamente.

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Compañerismo entre maratonianos y organizaciones mercantilistas

En el campeonato de España de maratón del próximo domingo en San Sebastián, el gallego Pedro Nimo será la liebre de sus compañeros y, en cierta forma, rivales. Será el encargado de ayudar a los corredores que pelean por una plaza en el Europeo de Zurich. Finalmente el último ganador de la Behobia ha sido contratado por la organización donostiarra y será quien marque los ritmos al grupo de cabeza, pero en un principio iba a ser el ‘compañero’ del extremeño Pablo Villalobos.

Es un práctica habitual entre los maratonianos. Cuando uno está fino y otro maratoniano no prepara la cita, se le pide ese favor. Tirar hasta el medio maratón o algo más, en ocasiones a cambio de nada. Ese favor ya regresará otro día. Precisamente Villalobos trabajó para el salmantino Rafa Iglesias en una de las mejores exhibiciones de los últimos años en el asfalto donostiarra.

La semana pasada la polémica en el maratón de Valencia fue de alto voltaje. El catalán Carles Castillejo, que estará en San Sebastián, no tuvo liebres para correr por debajo de 2h10. La organización las tenía para el grupo de cabeza compuesta por africanos con ritmos de 2h.07. Nadie se preocupó en la ayuda para Castillejo y ese intento de una gran marca. Hubo cabreos. Cruce de acusaciones. Y abandono en el kilómetro 17. Prefirió elegir otro maratón a correr en solitario 40 kilómetros.

Esta situación reciente me lleva a criticar a las organizaciones que no miman al atleta local. Es una lástima. Parece que la mercantilización de los maratones (no todos) lleva a pensar casi exclusivamente en la última linea de la cuenta de resultados. Cada día la sensibilidad con el tema deportivo disminuye, al amparo del pelotón popular. Escudándose en la idea, loable idea pero no la única, de que el atleta popular es lo que importa en estas carreras, se deja al margen a ese grupo de elite que también tiene su parcela de importancia y necesidades en una prueba, que no olvidemos, es atletismo con mayúsculas.

Mantengo, repito, insisto… en que una carrera popular es compatible con un grupo de elite en cabeza. Hay centenares de ejemplos. Sin embargo, aprecio que pocos apuestan por una carrera de nivel ya que cuesta dinero. Algunos se han olvidado de la inversión que supone tener una carrera rápida contrastada con cronos de nivel mundial. Algunos se han olvidado que hay que seguir mimando al atleta de nivel. ¿O quizás los organizadores han terminado por dar la espalda al atletismo, a lo que significa conseguir grandes marcas, a buscar el espectáculo con buenos atletas? No me gustaría pensar que solo tienen ojos para los ingresos y los beneficios y dan una patada a cualquier idea que suponga inversión, para ellos gasto.

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¿Están perdiendo fuelle las carreras populares?

A dos semanas para la celebración de la Behobia San Sebastián, el carrusel de carreras populares casi ha dado el banderazo final. El último fin de semana, el próximo, es el de ‘descanso’ de competiciones. Son casi dos meses de pruebas populares en Gipuzkoa y otros puntos de Euskadi, con el objetivo, en muchos casos, de la reina de las populares (día 10 de noviembre).

El análisis general es muy positivo una temporada más. La participación es notable (3.000 atletas este domingo pasado en la Lasarte-Oria y en Hondarribia) y las organizaciones mejoran en el ciudado del atleta popular. Es cierto que la acumulación de carreras en esta parte del calendario satura los fines de semanas de septiembre y, sobre todo, de octubre. Es una lástima que el reparto de citas atléticas en otros momentos del año no sea más equilibrado. La meteorología frena en invierno los entrenamientos y las ganas de correr. Solo el 31 de diciembre y sus san silvestres, coloca otro pico en la agenda de los populares.

En la reflexión de este otoño, hay que anotar el descenso de participantes en algunas de las carreras clásicas. El nacimiento de nuevas pruebas, en algún caso en territorios cercanos, ha frenado el crecimiento que venía siendo habitual en estas citas. Es evidente que disminuye el número de atletas que han llegado a meta -el parámetro más fiable, por encima del dato de inscripción que en ocasiones es inflado-.

No es el caso de la Behobia que mantiene cifras récord, a pesar de que cierra el cupo. El Medio maratón de Euskalherria sufre para alcanzar los 2.000 atletas pero las cifras son buenas y mejoran las de las dos ediciones precedentes. Sin embargo la Lasarte-Oria ha bajado de la barrera de los 1.000 corredores; en el Memorial Josetxo Imaz también hubo descenso; igualmente en la Zakila Bira de Zumaia; el cross de las Tres Playas mantuvo la cifra de 3.000, que es un éxito pero no hubo crecimiento…

Hay que esperar a próximas temporadas para comprobar si el tema es pasajero, aunque la sensación es de un relativo pinchazo de las populares. La salud es robusta, sí, pero ojo que el músculo ya no brilla como antaño.

 

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¿Trapichean los mánagers con los récords del mundo?

Los últimos dos kilómetros del maratón de Berlín disputados por los kenianos Mutai y Kimetto cuando corrían en tiempos cercanos al récord del mundo, abrieron muchos interrogantes en lo que ocurre en la trastienda de estas competiciones entre representantes y los atletas. La progresión y el ritmo de los dos corredores desde el medio maratón eran incuestionables. Los aficionados veían que se podía batir la plusmarca universal pero en esos 2.000 metros finales, y muy especialmente en el sospechoso último medio kilómetro, los africanos bajaron los brazos, las piernas habría que decir, y el récord del mundo se esfumó.

Es más, los dos atletas no dieron la sensación de plantear batalla para conseguir. Ahora explican que el reloj del coche no funcionó bien, que descontrolaron el ritmo y que terminaron muy mal, con calambres y tal y tal y tal. No me lo creo. Algo sucedió a partir del kilómetro 40 cuando solo llevaban un retraso de 7 segundos respecto a los tiempos del récord mundial y acabaron con 37 peor. ¿Quince segundos peor por kilómetro? ¿Y de los dos atletas a la vez? ¿Una pájara contagiosa por virus?

No me chupo el dedo. Ni yo ni los aficionados que tenemos cientos de maratones en la memoria. Hubo pacto de ‘no agresión’ con toda seguridad. Hubo pacto del mánager de ambos corredores (Van de Veen) por algún motivo. Puedo llegar a entender el no correr en un crono por debajo de la plusmarca mundial, pero de ahí a hundirse de tal forma y llegar aparentemente ‘enteros’, no puedo. Me cabe dar una explicación convincente. Hasta puedo mirar hacia otro lado (no sería la primera vez que sucede en ruta y en pista) porque el pacto fuera debido a que a un atleta le interesara el triunfo por los premios en metálico de la clasificación general de los WMM (World Marathon Majors, competición que se establece en dos temporadas 2011-2012). Tras ganar Mutai en Nueva York y Boston, su victoria en Berlín le aseguraba el premio final de 500.000 dólares.

Esos 500.000 dólares podían haberse esfumado de las cuentas corrientes de Mutai y de su mánager, si hubiese terminado segundo, porque estaba la posibilidad de que Wisley Korir, si ganaba Chicago esta semana, se llevara el triunfo final.

Es evidente que las órdenes funcionaron, o los pactos. Con el caso del domingo, se recuerda lo que sucedió en este mismo circuito en 2003 cuando Sammy Korir era la liebre de Paul Tergat y llegaron los dos atletas a meta y Korir recibió la orden de dejar ganar a Tergat ¡Con récord del mundo incluido! (2h.04.55 y 2h.04.56).

Yo recuerdo que Haile Gebrselassie en sus primeras de cross en Gipuzkoa no podía superar a su compatriota Fita Bayisa, entonces con rango de capitán en el ejército miestras el junior Haile era soldado. Era un pacto que iba más allá del mánager (no tenían) y del dinero (solo trofeos y un regalo, que luego cambiaron para llevárselo a Etiopía).

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