Diario Vasco
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Categoría: natacion sincronizada
Deportistas que no merecen lo que cobran

La natación está sirviendo de gancho para realizar estos días comentarios que bien pueden ser trasladables a otras especialidades. Pero el caso Anna Tarrés y ahora la polémica de la mejor nadadora española de todos los tiempos, Mireia Belmonte, doble medallista en los Juegos de Londres, ofrecen buenos argumentos para analizar y debatir aspectos que afloran en el deporte de alto nivel.

No desearía criticar con acidez el comportamiento de Belmonte que parece ha conducido a que su club el CN Sabadell decidiese no renovarle la ficha y por consiguiente la supercampeona pierde al entrenador que le ha ayudado a conseguir sus éxitos y a no poder entrenar en las instalaciones de este potente club. Pierde su sueldo que recibía (2.200 euros) y ahora llegan las dudas sobre su futuro para la nadadora de 23 años. Me imagino que tendrá Plan B.

Entiendo que una nadadora de esa edad puede cometer errores ‘no deportivos’, esto es, errores de no saber estar, de protocolo, de marketing, de exigencias económicas. Debería tener asesores que le conduzcan a no fallar fuera de la piscina. Un campeón (campeona en este caso) debe adaptar un comportamiento profesional también fuera de la instalación. Las pretensiones económicas parece que se han cruzado en el camino de Mireia y el Sabadell. La nadadora, según ha declarado, pedía 2.900 euros al mes. Fuentes del club deslizaban que había pedido alrededor de 10.000 euros. Esto sería una barbaridad. Ella cobra además un beca del ADO de 18.000 euros anuales. Belmonte ha explicado que también había pedido unas  ‘cosillas’ para mejorar el rendimiento, de ella y de sus compañeros.

Hasta ahí todo perfecto, o así lo creo si la petición de aumento de sueldo pasaba por las cifras que ha indicado la nadadora. Pero no puede ser que, según ha indicado el presidente del club barcelonés, la deportista haya menospreciado a su equipo y a sus compañeros al estar cinco minutos de reloj en el homenaje que había organizado el Sabadell a sus deportistas. No había querido compartir con los más pequeños esos minutos de gloria con sus medallas, ni había respondido a las llamadas…

Pienso que es necesario que los deportistas de alto rendimiento ofrezcan una imagen profesional en todos los sentidos. Ya sé que lo suyo es nadar, correr, meter goles o triples, pero en el deporte moderno de elite, existe un componente que va más allá. Y con la mirada en un futuro, cualquier deportista tiene que pensar que invertir en tu club, tu ciudad, tu autonomía… puede significar un rendimiento para ese momento tras abandonar el deporte, instante que siemrpe llega. No lo olviden.

Quiero comprender a Mireia (considero que se merecía un aumento de sueldo y también el Sabadell está en su derecho de negarlo por razones obvias de la crisis) y soy consciente de que los nadadores tienen muy pocos años para rentabilizar sus éxitos. Pero nunca deben aceptarse desplantes, comportamientos indisciplinados, ingratitud con quienes te admiran y te han apoyado en los momentos difíciles. No. Eso no. No me vale eso de “parece que cuanto más arriba llegues en el deporte, peor te tratan”. El trato será acorde a lo que tú demuestres y aportes. Profesionalidad máxima en la piscina, en la pista o en el campo; profesionalidad similar cuando ese deportista ‘sale’ a la sociedad y transmite, de una u otra forma, valores. El músculo deja paso al cerebro. El gesto técnico deja paso al saber estar.  La adrenalina deja paso al comportamiento controlado. Y quien no lo sepa entender, no está hecho para el deporte moderno.

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-Entrenador, se me ha ido la regla. -¿Y a mí qué?

“Años 80. Madrid. Deportista de alto nivel.Tras dejar la casa de sus padres, entrenamientos con un afamado técnico. Meses de extrema exigencia. Al cabo de un tiempo la deportista muestra su preocupación  porque lleva un tiempo sin regla. Quizás por los duros entrenamientos, quizás por algunos complementos alimentarios que le provocan en su organismo cambios sospechosos. Se lo confiesa a su entrenador y este no pierde ni un segundo. Se despreocupa del tema. Las compañeras consuelan a la veinteañera”.

No es agradable que un deporte que no es habitualmente noticia lo sea por situaciones no deportivas. Sin embargo limpiar las alfombras puede regenerar más de un escenario y resultar positivo. La natación está dando muchas brazadas en los medios estos días. El caso Anna Tarrés y la natación sincronizada ha levantado ampollas. Al capítulo de presuntos malos tratos psicológicos de la seleccionadora, se une ahora la no renovación de la doble medallista olímpica Mireia Belmonte por su club CN Sabadell. ¿Las razones? Espero que solo sean deportivas o económicas.

Pero el motivo del comentario de hoy enlaza con el sarpullido que le ha salido al deporte de elite y las exigencias de algunos entrenadores. Muchos se han llevado las manos a la cabeza después de leer esa durísima carta. Pero esos escenarios de cruel exigencia se han vivido en otros deportes y desde hace décadas. Es el caso de forma repetida en la gimnasia, en el atletismo con determinados entrenadores, el ciclismo…

Aún recuerdo las lágrimas de una atleta cuando me explicacaba que los primeros instantes de sus entrenamientos diarios los pasaba en una báscula que ella maldecía. Los ‘castigos’ se repetían cuando esa báscula daba cifras ‘altas’ según entendía el entrenador. Me llegan las imágenes de gimnastas que cuando acudían a una recepción/rueda de prensa previa de una competición, no tocaban ni una pasta y muchos menos bebían un refresco.

No es menos grave el caso de un entrenador que a los deportistas nuevos en su grupo les aplicaba unos entrenamientos agresivos día tras día hasta que el atleta declaraba que no podía seguir aquel ritmo. La respuesta desembocaba en un “entonces tendrás que poner remedio si quierse seguir conmigo”. El remedio era la consulta de un médico y la compra de pastillas más que sospechosas y métodos recuperatorios dudosos.

El deporte de alto rendimiento tiene sus cosas negativas y muchas positivas para el deportista. No todos los entrenadores utilizan métodos denunciables, es una minoría. No todos los atletas pasan situaciones criticables. Ante todo mantengamos el equilibrio. Seamos prudentes con extender la mancha a gente del deprote que trabaja con absoluta moralidad y respeto hacia las personas.

Sobre la historia de la deportista de los años 80 que da pie al título de este post:

“Al tiempo dejó Madrid y volvió a su casa. Siguió compitiendo. Problemas de salud resueltos. Actualmente vive fuera de España. Casada. Es feliz”.

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Anna Tarrés ¿medallas del horror a cualquier precio? (y 2)

Este comentario es la continuación al que escribí hace unos días. Entonces lo titulé ‘El misterio de Anna Tarrés‘ y tuvo un enorme eco. En el post quedaron muchas dudas de las razones por las que una Federación nacional había despedido a una persona con unos resultados sobresalientes. No se entendía. Ni tampoco los silencios de nadadores en activo, ni de la gran Gemma Mengual… y la falta de explicaciones más concretas desde la Federación. Era un misterio. Demasiadas preguntas sin respuesta. Si las denuncias de las dos nadadores que se habían atrevido a hablar/escribir eran falsas, el tema debía llegar a un juzgado. Si eras ciertas, entonces se estaba cayendo el ‘mito’ de Anna Tarrés, la seleccionadora de los éxitos pero ¿a qué precio?

Y parte de ese misterio comienza a desvelarse tras la carta escrita por quince exnadadoras de sincronizada que en su día formaban parte del equipo de Anna Tarrés. El escrito es tremendo. Demoledor contra la moral de cualquier técnico, entrenador o seleccionador. El deporte de elite hace tiempo que ha dejado de ser un juego infantil. Existen muchos intereses de todo tipo y muchos egos que se agigantan a costa de los deportistas. Y esto no puede suceder. Siempre defenderé la exigencia, la responsabilidad, la disciplina. Pero sin olvidar los valores que deben existir de forma paralela en el deporte. El deportista de alto nivel es persona, siempre. Y así hay que tratarle. No es mercancía. No es esclavo de nada ni de nadie. No está al servicio de un seleccionador ni de una Federación ni de un gobierno o país.

Ya pasaron los tiempos del deporte a cualquier precio a servicio de un régimen o de una nación o de una raza. No se han erradicado todos los casos pero hoy por hoy ha disminuido considerablemente. A menor escala, en un equipo de fútbol de una pequeña ciudad, en un gimnasio de barrio, en un club deportivo, pueden convivir pequeños dictadores que generan pánico entre los deportistas. Existen. Claro que sí. El ‘caso tarrés’ servirá para mirar de frente casos que quizás estén más cerca de lo que creemos. Es el momento de señalar con el dedo cualquier situación de malos tratos con la ruín excusa del deporte. Si lo que denuncian las exnadadoras es cierto, debemos gritar ‘No más casos Tarrés’.

No a las medallas a cualquier precio. No al desprecio de un deportista por no poder alcanzar un podio. El deporte provoca momentos duros, tristes, desagradables y en ocasiones ayudan a la formación de una persona. Nunca deben ser escenarios de destrucción de la persona, como parece que ha ocurrido esta vez.

Yo recomendaría leer la carta de las nadadoras. A deportistas, entrenadores, padres/madres, federativos, periodistas. Nos vendrá bien. Escrito de las 15 nadadores que realmente impresiona.  Las experiencias personales que aparecen al final de la carta obligan a reflexionar sobre qué está sucediendo.

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El misterio del despido de Anna Tarrés

Destituir a Vicente del Bosque después de ganar la Copa del Mundo de fútbol. O a Mourinho tras ser campeón de Liga con el Real Madrid. Y a Guardiola después de llevar al Barcelona al número uno de Europa. Son escenarios casi imposibles. Digo casi porque en el mundo del fútbol todo puede -y ha ocurrido- suceder. Serían cataclismos. Pues idéntica sorpresa se está llevando la natación sincronizcada española cuando la Federación Española anunció la no renovación de Anna Tarrés, la entrenadora que ha llevado a esta especialidad a ser una de las más aclamadas en el panorama internacional. El silencio federativo posterior y declaraciones y cartas de expupilas de Tarrés, valorando positivamente esa destitución, han generado un halo de misterio entorno a este caso.

Anna Tarrés (1967) le avalan -le avalaban- 52 medallas en Juegos Olímpicos, Mundiales y Europeos. Un crédito casi infinito para seguir en el puesto de seleccionadora y más cuando el próximo año se celebra el Mundial en Barcelona. De la catalana se podrán decir muchas cosas pero ha llevado a la natación sincronizada al liderato mundial. Ha convivido con una de las mejores de la historia como Gemma Mengual y ha conseguido un relevo que apenas se ha notado en los resultados. Mucho mérito.

En el aspecto deportivo creo que es intachable su trayectoria. ¿Entonces cuál ha sido la clave para que la Federación le cierre la puerta en un minuto de conversación teléfonica, con formas discutibles? Ha tenido que ser algo muy grave. De lo contrario, no me lo explico. Las declaraciones de la exnadadora Paola Tirados en su blog son brutales y solo tienen dos respuestas por parte de la exseleccionadora: asumir las acusaciones o si son mentira acudir a los juzgados.

Demasiada ambigua la explicación de su destitución desde la Federación: “Por motivos profesionales y política deportiva”. Repito hay piezas de este puzzle que se han perdido en el silencio federativo.  No se pueden borrar sin más análisis quince años de trabajo de una entrenadora que apenas hace un mes ha sumado dos medallas en los Juegos Olímpicos. No me creo que la explicación esté en que Tarrés pidió más medios económicos a la Federación. Está en su papel hacerlo. Y también que la Federación se los niegue, pero de ahí a echarle…

Es significativa la no llamada de Gemma Mengual a Tarrés tras conocerse la noticia. ¿Podría ser ella el plan ‘B’ de la Federación Española para llevar las riendas de la sincro? La respuesta quizás pudiera estar en temas más oscuros denunciados por las exnadadoras Tirados y Cristina Violán. La primera ha explicado que le quitó una medalla “porque no se la merecía”. Ella escribió lo siguiente en su blog:

“(…) Becas no entregadas, dinero extraviado, positivos de orina tapados, pagos de nuestro propio bolsillo a entrenadoras extranjeras para coreografiar las rutinas de las competiciones, extorsiones a nadadoras, humillaciones, incitar a nadadoras a tomar antidepresivos para venir motivadas al entreno… ¿Realmente todas estas cosas son posibles? ¿Cuál es el precio de una medalla?…”

Muy fuerte.

Sobre los casos de positivos encubiertos (escuché que eran de marihuana) también habló Violán. Insisto, estas declaraciones solo pueden pasar por el juzgado o confirmándolo la Federación. Otra cosa es que Tarrés no cayera bien por su carácter ultraexigente. Quizás molestaba su capacidad de trabajo, su perfil perfeccionista, su machacona persistencia en innovar. A veces ese cocktail molesta, incomoda. Sobremanera a las que quedan fuera de una selección. Similares episodios se han vivido en la gimnasia rítimica y en otros deportes.

No me gustaría ser un pesado pero algo se escapa en este ‘misterio Tarrés’. Unas declaraciones de exdeportistas no pueden ser coartada para un portazo tan grave. Un deseo incontrolado por alcanzar el éxito con medios sobredimensionados, tampoco. Los defectos de una seleccionadora que podrían traducirse en formas inadecuadas, escasa calidad humana, cierta tiranía, escenas desagradables… podrían ser argumentos para plantear un relevo. Sin embargo cómo me cuesta creer que esos parámetros, aun creyendo que no deberían figurar en un decálogo de comportamientos de una seleccionadora, hayan sido el detonante para barrer al cerebro de 52 medallas internacionales…  ¿O sí?

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