El mendigo y los dos religiosos

Relataba un anciano con más de cien otoños a la espalda, que en cierta etapa de su vida, tan exiguos eran sus medios económicos que no le alcanzaban siquiera para comer, razón por la cual se vio precisado a pedir limosna.

En tan crítica situación, una mañana se puso a solicitar caridad en la puerta de un monasterio, cuyos monjes era también muy pobres.

Como viese salir dos religiosos del templo, aprovechó para pedirles ayuda. Uno de ellos buscó en los bolsillos y al no hallar moneda alguna, le regaló su túnica, diciéndole que era de fina seda y que podía venderla a buen precio a un sastre, quien sin duda haría de ella no menos de una docena de pañoletas. El otro monje, en cambio, se extendió en instrucciones acerca de cómo podría hallar trabajo.

Y añadía el anciano que al volver después de muchos años al monasterio, ahora en peregrinación, le dijeron que aquellos dos monjes habían fallecido. El de la túnica, en olor de santidad; el otro, muy recordado también, tras haber llegado a desempeñar el cargo de abad y administrar como tal pericia los caudales que su etapa se le reputaba como “la del máximo esplendor económico de la comunidad”.

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Diario Vasco

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