La niña de nuestra Dama

Con grandes dificultades, en un gran bosque vivía un leñador con su esposa, quienes tenían una sola hija, una niña de tres años de edad. Eran tan pobres, sin embargo, que ya no tenían pan para cada día, y no sabía cómo conseguir la comida para ella. Una mañana, el leñador salió triste a su trabajo en el bosque, y mientras estaba cortando madera, de repente se puso delante de él una mujer alta y hermosa, con una corona de brillantes estrellas sobre su cabeza, que le dijo: 

-”Yo soy la Virgen María, madre del niño Jesús. Tú eres pobre y necesitado, tráeme a tu hija, la llevaré conmigo y seré su madre, y cuidaré de ella.”-

El leñador obedeció, trajo a su hija, y se la dio a la Virgen María, quien la llevó al cielo con ella. Allí, a la niña le iba bien, comía tortas de azúcar, y bebía leche dulce, y sus vestidos eran de oro, y los angelitos jugaban con ella. Y cuando ella tuvo catorce años de edad, la Virgen María la llamó un día y le dijo:

-”Hija mía, estoy a punto de hacer un largo viaje, toma bajo tu cuidado las llaves de las trece puertas del cielo. Doce de ellas las puedes abrir y disfrutar la gloria que está dentro de ellas, pero la décimotercera, a la que pertenece esta pequeña llave, se te ha prohibido. Ten cuidado con su apertura, o llevarás la miseria a ti misma.”-

La niña se comprometió a ser obediente, y cuando la Virgen María se había ido, empezó a examinar las viviendas del reino de los cielos. Cada día abrió uno de ellos, hasta que ya había hecho la ronda de las doce. En cada una de ellas se sentaba uno de los apóstoles en medio de una gran luz, y se regocijó en toda la magnificencia y esplendor, y los angelitos que siempre la acompañaban se regocijaban con ella.Entonces solo quedó la puerta prohibida, y ella sintió un gran deseo de saber lo que podría estar oculto detrás de ella, y dijo a los ángeles: 

-”Yo no la abriré mucho, y no voy a entrar en su interior, pero la voy a abrir un poquito para que sólo podemos ver un poco a través de la apertura.”-

-”¡Oh no!”- dijeron los angelitos.-”Eso sería un pecado. La Virgen María lo ha prohibido y eso fácilmente podría causar tu infelicidad.”-

Entonces ella se quedó en silencio, pero el deseo en su corazón no estaba calmado, y la mordía y la atormentaba, y no la dejaba tener descanso. Y una vez que todos los ángeles se fueron, pensó:

-”Ahora estoy completamente sola, y podría espiar algo.  Si lo hago, nadie lo sabrá nunca.”- 

Ella buscó la llave, y cuando la tuvo en la mano, la puso en la cerradura, y la giró. Entonces la puerta se abrió, y vio allí a la Trinidad sentada en el fuego y en el esplendor. Se quedó allí un rato, y miró a todo con asombro, luego tocó la luz un poco con el dedo y el dedo se volvió de oro. Inmediatamente un gran temor cayó sobre ella. Cerró la puerta con violencia, y corrió. Su terror no desaparecía, no sabia lo que hacía, su corazón latía constantemente y su dedo continuaba dorado, y no se aclaraba, aunque lo lavaba y lo frotaba con rigor . 

No pasó mucho tiempo antes de que la Virgen María regresara de su viaje.

Y llamó a la chica ante ella, pidiéndole las llaves del cielo de nuevo. Cuando la doncella le dio el llavero, la Virgen la miró a los ojos y le dijo: 

-”¿No has abierto la décimotercera puerta también?”-

- ”No,” respondió ella. 

Luego puso su mano en el corazón de la niña, y sintió cómo latía y latía, y vio muy bien que había desobedecido a su orden y que había abierto la puerta. Luego dijo una vez más,

-”¿Estás segura de que no lo has hecho?”-

-”Sí”-, dijo la niña por segunda vez.”-

Luego notó el dedo que se había convertido en oro al tocar el fuego del cielo, y vio también que la niña había pecado, y preguntó por tercera vez:

-”¿No lo has hecho?”-

-”No señora”- dijo la niña por tercera vez.

Luego dijo la Virgen María:

-”Tú no me has obedecido, y además que has mentido, tú ya no eres digna de estar en el cielo.”-

Entonces la niña cayó en un profundo sueño, y cuando despertó, estaba abajo en la tierra, en medio de un lugar solitario. Quería gritar, pero no pudo producir sonido alguno.

Se levantó y quiso huir, pero para donde quiera que ella se moviera, se encontraba continuamente de nuevo rodeada por setos de espinas a los que no podía atravezar. En aquella soledad, en la que fue encarcelada, se encontraba un viejo árbol hueco, y este tendría que ser su morada.

Allí se deslizaba al llegar la noche, y allí dormía. Allí también encontraba refugio de la tormenta y de la lluvia, pero era una vida miserable, y la hizo llorar amargamente cuando recordó lo feliz que había estado en el cielo, y cómo los ángeles habían jugado con ella.

Raíces y frutos silvestres eran su único alimento, y por estas buscaba lo más lejos que podía ir. En el otoño recogió las nueces y las hojas caídas, y las llevó al agujero. Las nueces eran su alimento en invierno, y cuando la nieve y el hielo llegaban, ella se deslizaba entre las hojas como un pobre animalito para no congelarse. En poco tiempo su ropa estaba casi desgarrada toda, y poco a poco se le desprendían pedacitos. Tan pronto, sin embargo, como el sol brillaba caliente otra vez, salió y se sentó delante del árbol, y su larga cabellera la cubría por todas partes como un manto. Así, ella se sentó año tras año, y sintió el dolor y la miseria del mundo. 

Un día, cuando los árboles estaban una vez más vestidos de verde fresco, el rey de aquel país se encontraba cazando en el bosque, y siguió a un corzo, que había huido a la espesura que cerró esa parte del bosque, y se bajó de su caballo, derribó arbustos, y se hizo camino con su espada.

Cuando por fin se abrió paso, vio a una doncella maravillosamente hermosa bajo el árbol, y ella se sentó y se cubrió completamente con sus cabellos de oro hasta sus pies. Él se detuvo y la miró lleno de sorpresa, y luego le habló y le dijo: 

-”¿Quién eres tú? ¿Por qué estás sentada aquí en esta soledad?”-

Pero ella no dio ninguna respuesta, porque no podía abrir la boca. El Rey continuó,

-”¿Quieres venir conmigo a mi castillo?”-

Entonces ella se limitó a asentir con la cabeza un poco. El Rey la tomó en sus brazos, la llevó a su caballo y regresó a casa con ella, y cuando llegó al castillo real la llevó a ser vestida con ropa hermosa, y le dio de todas las cosas en abundancia. A pesar de que no podía hablar, estaba todavía tan hermosa y encantadora que empezó a amarla con todo su corazón, y no pasó mucho tiempo antes de que él se casara con ella.

Después de que había pasado un año , la Reina trajo un hijo al mundo. Entonces la Virgen María se le apareció en la noche, cuando yacía en su cama, sola, y le dijo: 

-”Si quieres decir la verdad y confesar que abriste la puerta prohibida, abriré tu boca, y te daremos de nuevo tu voz, pero si tú perseveras en tu pecado, y lo sigues negando con obstinación, me llevaré a tu hijo recién nacido conmigo.”-

Entonces a la reina se le permitió responder, pero ella seguía siendo negativa y dijo:

-”No, no he abierto la puerta prohibida”-

y entonces la Virgen María llevó al niño recién nacido en sus brazos y desapareció con él. 

A la mañana siguiente, como el niño no se encontraba, se murmuraba en el pueblo que la Reina era una devoradora de hombres, y había matado a su propio hijo. Ella escuchó todo esto y no podía decir nada en contra, pero el rey no lo creería, porque la amaba tanto. 

Cuando había pasado otro año, la Reina de nuevo dio a luz otro hijo, y en la noche la Virgen María, vino otra vez donde ella y le dijo:

-”Si quieres confesar que tú abriste la puerta prohibida, te daré tu hijo de regreso, y desataré tu lengua; pero si continúas en el pecado y sigues negándolo, me llevaré conmigo a este nuevo niño también.”-

-”No, no he abierto la puerta prohibida”-, y la Virgen se llevó al niño en sus brazos al cielo.

A la mañana siguiente, cuando se notó que el niño también había desaparecido, la gente declaró en voz muy alta que la Reina lo había devorado, y los consejeros del rey exigieron  que debía ser llevada ante la justicia. El rey, sin embargo, la amaba tanto que no lo creía, y ordenó a los consejeros, bajo pena de muerte no decir nada más al respecto. 

Al año siguiente, la Reina dio a luz a una hija pequeña y hermosa, y por tercera vez la Virgen María se le apareció en la noche y le dijo:

-”Sigueme”-

Ella tomó a la reina de la mano y la llevó al cielo, y le mostró a sus dos hijos mayores, quienes le sonreían, y estaban jugando con la bola del mundo. Cuando la Reina se regocijó al verlos, la Virgen María dijo: 

-”¿Y no se ha ablandado aún tu corazón? Si quieres confesar que abriste la puerta prohibida, te devolveré a tus dos hijos pequeños.”-

Pero por tercera vez la Reina respondió:

-”No, no he abierto la puerta prohibida.”-

A continuación, la Virgen la dejó hundirse en la tierra una vez más, y se llevó a su nueva hija también. 

A la mañana siguiente, cuando la pérdida fue reportada en el país, todo el pueblo gritò en voz alta:

-”La Reina es una devoradora de hombres. Ella debe ser juzgada.”- 

y el Rey ya no era capaz de contener a sus consejeros.

Acto seguido se llevó a cabo un juicio, y como ella no podía responder y defenderse a sí misma, fue condenada a ser quemada viva.  Amontonaron la leña, y cuando estaba atada a la estaca, y el fuego comenzó a arder alrededor de ella, el duro hielo del orgullo se derritió, y su corazón fue conmovido por el arrepentimiento y pensó:

-”Si yo pudiera confesar antes de mi muerte que sí abrí la puerta.”-

Entonces su voz volvió a ella, y gritó en voz alta: 

-”¡Sí, María, yo lo hice!”-, 

y una fuerte lluvia cayó desde el cielo y extinguió las llamas del fuego, y una luz brotó por encima de ella, y la Virgen María descendió con los dos hijos pequeños a su lado, y la hija recién nacida en sus brazos. Ella habló con benevolencia, y le dijo: 

-”El que se arrepiente de su pecado y lo reconoce, se le perdona.”-

Entonces ella le dio los tres niños, desató su lengua, y le concedió la felicidad de toda su vida. 

Enseñanza:

Siempre debemos reconocer con humildad y honestidad nuestras equivocaciones.

Hermanos Grimm

Los dos hermanos gemelos

Había una vez dos hermanos, uno rico y otro pobre. El rico era un orfebre y de frío corazón. El pobre se mantenía haciendo escobas, y era bueno y honorable. El pobre tenía dos niños, que eran hermanos gemelos y uno tan similar al otro, como dos gotas de agua. Los dos muchachos iban de acá para allá a la casa del rico, y a menudo conseguían algunas sobras para comer. Sucedió que una vez cuando el hombre pobre se internó en el bosque para traer broza, él vio a un ave que era completamente de oro y más hermosa que ninguna otra que él jamás había tenido oportunidad de encontrar.

Él recogió una pequeña piedra y se la lanzó, y fue bastante afortunado para lograr golpearla, pero solamente una pluma de oro cayó, y el ave se fue volando. El hombre tomó la pluma y se la llevó a su hermano, que la miró y dijo,

-”¡Esto es oro puro!”- y le dio mucho dinero por él.

Al día siguiente el hombre pobre subió a un árbol de abedul, y estaba a punto de cortar un par de ramas cuando la misma ave salió volando, y cuando el hombre buscó más detenidamente, encontró un nido con un huevo dentro de él, el cual era de oro.

Él llevó el huevo a su casa, y luego donde su hermano, que otra vez dijo,

-”¡Esto es oro puro!”-, y le pagó lo que merecía.

Por fin el orfebre se dijo,

-”En efecto, me gustaría tener al ave para mí mismo.”-

El hombre pobre entró en el bosque por tercera vez, y de nuevo vio al ave de oro sentada en el árbol, entonces él tomó una piedra y la derribó y la llevó a su hermano, que le dio un gran montón de oro por ella.

-”Ahora ya puedo mejorar mi condición”-, pensó él, y se fue muy contento a su casa.

El orfebre era mañoso y astuto, y sabía muy bien cual tipo de ave era aquella. Llamó su esposa y le dijo,

-”Ásame esta ave de oro, y ten cuidado que nada de ella se pierda. Tengo un gran antojo de comerla toda yo mismo.”-

El ave, sin embargo, no era un ave común, sino de una clase tan maravillosa que quienquiera que comiera su corazón y su hígado encontraría cada mañana un pedazo de oro bajo su almohada. La mujer alistó al ave, la puso sobre el asador, y la dejó asarse.

Pero resultó que cuando el ave estaba en el fuego, la mujer se vio obligada a salir de la cocina para hacer otro trabajo, y mientras tanto los dos niños del fabricante de escoba pobre llegaron, se colocaron junto al asador y le dieron vuelta un par de veces. En ese momento dos pequeños trozos del ave cayeron en la lata de goteo y uno de los muchachos dijo,

-”Comamos estos dos pequeños trozos; tengo tanta hambre, y nadie los echará de menos.”-

Entonces los dos comieron los pedazos, pero en eso la mujer entró en la cocina y vio que ellos comían algo y preguntó,

-”¿Qué han estado comiendo ustedes?”-

-”Dos pequeños bocados que cayeron a la lata”- contestaron ellos.

-”Deben haber sido el corazón y el hígado”-, dijo la mujer, completamente asustada.

Y a fin de que su marido no pudiera notar su ausencia y se enojara, rápidamente mató un joven pollo, sacó su corazón y su hígado, los asó y los puso dentro del ave de oro. Cuando todo estuvo listo, ella lo llevó al orfebre, que consumió todo él solo, y no dejó nada de aquello. A la mañana siguiente, sin embargo, cuando él buscó bajo su almohada, esperando tener el pedazo de oro, no encontró ningún pedazo de oro que se suponía debía estar siempre allí.

Los dos niños no sabían la gran fortuna que había llegado a sus dominios. A la mañana siguiente, cuándo ellos se levantaron, algo cayó traqueteando al suelo, y cuando lo recogieron vieron que eran ¡dos pedazos de oro! Entonces los llevaron a su padre, que se sorprendió y dijo,

-”¿Como puede haber pasado?”-

Cuando al día siguiente otra vez encontraron otros dos pedazos de oro, y así diariamente, él fue donde su hermano y le contó la extraña historia.

El orfebre inmediatamente supo como esto había venido a suceder, y que los niños habían comido el corazón y el hígado de la ave de oro, y a fin de vengarse, porque sintió envidia y dureza en su corazón, él dijo al padre,

-”Tus niños están atrapados por el demonio, no tomes el oro, y no sufras por deshacerte de ellos para que no se queden más tiempo en tu casa, ya que él los tiene en su poder, y puede igualmente dañarte a ti. El padre le creyó y temió por el mal del demonio, y doloroso que fue para él, condujo a los gemelos adentro del bosque, y con un corazón triste los abandonó allí.

Y ahora los dos niños corrieron en el bosque, y buscaron el camino a casa otra vez, pero no podían encontrarlo, y sólo se perdían cada vez más. Por fin se encontraron con un cazador, que les preguntó,

-”¿De quien son ustedes?”-

-”Somos los hijos del pobre fabricante de escobas”-, respondieron ellos.

Y además le dijeron que su padre no los tendría más tiempo en la casa porque un pedazo de oro aparecía está cada mañana bajo sus almohadas.

-”Vengan”, dijo el cazador, “eso no es tan malo, si al mismo tiempo ustedes se mantienen honestos y ocupados.”-

Como al buen hombre le agradaron los niños, y no tenía ninguno propio, él los llevó a su casa y les dijo,

-”Yo seré su padre, y los mantendré hasta que sean grandes.”-

Pasó el tiempo y ellos aprendieron sobre la cacería, y el pedazo de oro que cada uno de ellos encontraba cuando despertaban, fue guardado para ellos por el buen hombre por si ellos debieran necesitarlo en el futuro.

Cuando ellos ya estuvieron grandes, su padre adoptivo un día los llevó al bosque con él, y dijo,

-”Hoy van ustedes a hacerme su tiro de fin de enseñanza, de modo que yo pueda liberarles de su aprendizaje, y llamarles verdaderos cazadores.”-

Ellos fueron con él para estar al acecho y se estuvieron así por mucho rato, pero ninguna presa apareció. El cazador, sin embargo, miró hacia arriba y vio un grupo de gansos salvajes que llegaban volando en la forma de un triángulo, y dijo a uno de los jóvenes,

-”Bájame de un tiro por vez, uno de cada esquina.”-

Él lo hizo exitosamente, y así llevó a cabo su tiro de fin de enseñanza. Poco después un nuevo grupo vino volando fomando la figura de un dos, y el cazador pidió al otro joven también bajar uno de cada esquina, y su tiro de fin de enseñanza fue igualmente acertado.

-”Ahora”, dijo el padre adoptivo, “les confirmo el fin de su aprendizaje; ustedes son ya cazadores expertos.”-

Luego los dos hermanos siguieron adelante juntos en el bosque, y se consultaban el uno con el otro planeando algo.

Y por la tarde cuando ellos se habían sentado a la cena, dijeron a su padre adoptivo,

-”No tocaremos el alimento, ni siquiera tomaremos un bocado, hasta que usted nos haya concedido una petición.”-

-”¿Y cual, es su petición?”- preguntó el padre.

Ellos contestaron,

-”Hemos terminado ahora de aprender, y nosotros debemos ponernos a prueba en el mundo. Permítanos que nosotros nos marchemos y viajemos.”-

Entonces dijo el anciano con júbilo,

-”‘Ustedes hablan como cazadores valientes; que su deseo sea también mi deseo; vayan adelante, todo irá bien con ustedes.”-

Con eso acordado, ellos comieron y bebieron alegremente juntos.

Cuando el día designado vino, su padre adoptivo dio a cada uno de ellos una buena arma y un perro, y dejó que cada uno de ellos llevara tantos pedazos de oro de los que tenían guardados como quisieran. Entonces él los acompañó una parte del camino, y al momento de despedirse, él les dio un cuchillo brillante, y dijo,

-”Si alguna vez ustedes se separan, peguen este cuchillo en un árbol en el lugar donde se separan, y cuando uno de ustedes regrese allí, va a ser capaz de ver como a su hermano ausente le está yendo, de modo que cuando el lado del cuchillo es girado en la dirección por la cual él se fue, se oxidará si él ha muerto, pero permanecerá brillante si él está vivo.’

Los dos hermanos fueron todavía más lejos hacia adelante, y llegaron a un bosque que era tan grande que fue imposible para ellos salir de él en un día. Entonces pasaron la noche allí, y comieron lo que habían puesto en sus bolsas de caza. Anduvieron todo el segundo día igualmente, y todavía no salían. Cuando no tuvieron nada para comer, uno de ellos dijo,

-”Debemos cazar algo para nosotros o sufriremos hambre,”- y cargó su arma, y miró alrededor él. Y cuando una vieja liebre vino corriendo hacia ellos, él puso su arma en su hombro, pero la liebre gritaba,

-”Querido cazador, por favor déjeme vivir,
y dos pequeñas liebres en mi lugar le daré”-

y saltó al instante en la espesura, y trajo dos jóvenes liebres. Pero las pequeñas criaturas jugaron tan alegremente, y eran tan bonitas, que los cazadores no podían encontrar modo en sus corazones para matarlas. Por lo tanto las llevaron con ellos, y las pequeñas liebres los seguían detrás. Poco después de esto, un zorro se presentó por delante; y ellos iban ya a pegarle un tiro, cuando el zorro gritó,

-”Querido cazador, por favor déjeme vivir,
y dos pequeños zorros en mi lugar le daré”-

Él también trajo dos pequeños zorros, y a los cazadores no les gustó matarlos tampoco, y los agregaron a las liebres para su compañía. Y todos ellos los siguieron detrás.

No fue mucho después que un lobo saltó de la espesura y los cazadores se prepararon para pegarle un tiro, pero el lobo gritó,

-”Querido cazador, por favor déjeme vivir,
y dos pequeños lobos en mi lugar le daré”-

Los cazadores ponen a los dos lobos al lado de los otros animales, y todos siguieron detrás de ellos. Entonces un oso vino, quién quiso mantener su caminata, y gritó:
-”Querido cazador, por favor déjeme vivir,
y dos pequeños osos también en mi lugar le daré”-

Los dos osos jóvenes fueron añadidos a los demás, y había ya ocho de ellos.
¿Y quien llegó al fin? Un león vino, y sacudió su melena. Pero los cazadores no se dejaron ser asustados y apuntaron a él igualmente, pero el león también dijo,

-”Querido cazador, por favor déjeme vivir,
y dos pequeños leones también en mi lugar le daré”-

Y les trajo sus dos pequeños. Ahora los cazadores tenían a dos leones, dos osos, dos lobos, dos zorros, y dos liebres, quiénes los seguían y les servían.

Mientras tanto su hambre no fue apaciguada por todo ello, y ellos dijeron a los zorros,

-”Escuchen ustedes, compañeros astutos, provéanos de algo para comer. Ustedes son mañosos y sabios.”-

Ellos contestaron,

-”No lejos de aquí está un pueblo, del cual hemos traído ya muchas aves; le mostraremos el camino.”-

Entonces ellos entraron al pueblo, y con el oro se compraron algo para comer, y le dieron alimento a sus animales, y luego siguieron adelante. Los zorros, sin embargo, sabían su camino muy bien sobre el distrito y donde estaban las granjas de aves y eran capaces de dirigir a los cazadores.

Ahora ellos siguieron caminando por un rato, pero no encontraron situaciones en las cuales ellos podrían permanecer juntos, entonces dijeron,

-”No hay nada más que nos motive a seguir juntos, debemos ahora separarnos.”-

Entonces dividieron a los animales, de modo que cada uno de ellos tuviera a un león, un oso, un lobo, un zorro, y una liebre, y se despidieron el uno del otro, prometiéndose quererse el uno al otro como hermanos hasta su muerte, y pegaron el cuchillo que su padre adoptivo les había dado, en un árbol, después de lo cual uno fue hacia el Este, y el otro fue hacia el Oeste.

Uno de ellos llegó con sus compañeros a una ciudad que estaba toda colgada con crespón negro. Él entró en una posada, y preguntó al posadero si él podría acomodar a sus animales. El posadero le dio un establo, donde había un agujero en la pared, y la liebre salió sigilosamente y se consiguió una col, y el zorro se tomó una gallina, y cuando ya la había devorado tomó también al gallo, pero el lobo, el oso, y el león no podían salir porque eran demasiado grandes.

Entonces el posadero les dejó ir a un lugar donde una vaca yacía en ese momento en la hierba, de modo que ellos podrían comer hasta que estuvieran satisfechos. Y cuándo el cazador ya había atendido a sus animales, preguntó al posadero por qué la ciudad estaba así colgada con crespón negro. Dijo entonces el posadero,

-”Porque la única hija de nuestro Rey debe morir mañana.”-

El cazador preguntó si ella estaba enferma de muerte.

-”¡No!”, contestó el anfitrión, “¡ella está vigorosa y sana, sin embargo debe morir!”-

-”¿Cómo es eso?”- preguntó el cazador.

‘Hay una colina alta en las afueras de la ciudad, en la cual mora un dragón al que cada año debe serle llevada una joven doncella, o él dejará al país entero hecho una basura. Pero ahora ya todas las doncellas le han sido dadas, y no hay ninguna otra excepto la hija del Rey, y no tiene ninguna piedad para ella; debe ser entregada a él, y eso debe ser hecho mañana.”-

Preguntó el cazador,

-”¿Por qué no han matado el dragón?”-

-”‘Ah,” contestó el posadero, “‘tantos caballeros lo han intentado, pero eso les ha costado a todos ellos sus vidas. El Rey ha prometido que él que derrote al dragón tendrá a su hija por esposa, y gobernará igualmente el reino después de su propia muerte.”-

El cazador no habló nada más sobre ello, pero a la mañana siguiente tomó a sus animales, y con ellos subió la colina del dragón. Una pequeña iglesia estaba de pie en lo alto de ella, y en el altar había tres tazas llenas, con la inscripción, “Quienquiera logre beber y vaciar las tazas se hará el hombre más fuerte en la tierra, y será capaz de manejar la espada que está sepultada antes del umbral de la puerta.”

El cazador no bebió, y salió en busca de la espada en la tierra, pero fue incapaz de moverla de su lugar.

Entonces entró, bebió y vació las tazas, y ahora él era bastante fuerte para tomar la espada, y su mano podía manejarla fácilmente. Cuando llegó la hora en que la doncella debía ser entregada al dragón, el Rey, el mariscal, y los cortesanos la acompañaron. Desde lejos ella vio al cazador en la colina del dragón, y pensó que era el dragón que estaba allí esperándola, y no quiso acercarse a él, pero por fin, pensando en que por otra parte la ciudad entera podría ser destruida, fue obligada a hacer el miserable viaje. El Rey y los cortesanos volvieron a casa llenos de pena; el mariscal del Rey, sin embargo, debía quedarse en el sitio, y ver todo lo sucedido a una distancia prudente.

Cuando la hija del Rey llegó a la cumbre de la colina, vio que no era el dragón quien estaba de pie allí, sino el cazador joven, que la consoló, y dijo que él la salvaría.

La condujo dentro de la iglesia, y la cerró con llave. No pasó mucho rato antes de que el dragón de siete cabezas llegara allí con un rugido fuerte. Cuándo él percibió la presencia del cazador, quedó sorprendido y dijo,

-”¿Que estás haciendo tú aquí en la colina?”-

El cazador contestó,

-”Quiero luchar contigo.”-

Y replicó el dragón,

-”Muchos caballeros han dejado sus vidas aquí, habré hecho pronto un final de ti también,”- y él expulsó fuego por sus siete mandíbulas.

El fuego debía haber encendido la hierba seca, y el cazador debía haber sido asfixiado con el calor y el humo, pero los animales vinieron corriendo y pisotearon el fuego. Entonces el dragón se precipitó sobre el cazador, pero él agitó su espada hasta que silbara por el aire, y cortó tres de sus cabezas al dragón. Entonces el dragón se puso furioso, y se elevó en el aire, y escupió llamas de fuego sobre el cazador, y estuvo a punto de caer sobre él, pero el cazador una vez más sacó su espada, y otra vez cortó otras tres de sus cabezas.

El monstruo se puso débil y se derrumbó, sin embargo aún era capaz de precipitarse sobre el cazador, pero él, con su última fuerza le cortó su cola, y cuando el dragón ya no podía luchar más, llamó a sus animales para que lo rasgaran en pedazos. Cuando la lucha terminó, el cazador abrió la iglesia, y encontró la hija del Rey yaciendo en el suelo, pues ella había perdido sus sentidos con angustia y terror durante la lucha. Él la sacó, y cuando volvió a su consciencia, y abrió sus ojos, él le mostró al dragón todo cortado en pedazos, y le dijo que ella sería entregada a salvo.

Ella se alegró mucho y dijo,

-”Ahora pronto serás mi marido más querido, como mi padre lo ha prometido a quien matara al dragón.”-

Ahí mismo ella se quitó su collar de coral, y lo dividió entre los animales a fin de recompensarlos, y el león recibió el broche de oro. Su pañuelo, sin embargo, en que estaba su nombre, se lo dio al cazador, que fue y cortó las lenguas de las siete cabezas del dragón, las envolvió en el pañuelo, y las conservó con cuidado.

Hecho eso, como él estaba tan débil y cansado por el fuego y la batalla, dijo a la doncella,

-”Estamos tanto débiles como cansados, mejor dormiremos un rato.”-

Entonces ella dijo,

-”Sí, es justo”-,

y ellos posaron en la tierra, y el cazador dijo al león,

-”Tu harás guardia, para que nadie nos sorprenda en nuestro sueño,”- y ambos se durmieron.

El león posó al lado de ellos para vigilar, pero también estaba tan cansado con la lucha, que llamó al oso y le dijo,

-”Quédate cerca de mí, debo dormir un poco; si algo viene, me despiertas.”-

Entonces el oso se acomodó al lado de el león, pero él también estaba cansado, y llamó al lobo y le dijo,

-”Ponte cerca de mí, debo dormir un poco, pero si algo viene, despiértame”-

Entonces el lobo se posó cerca del oso, pero él estaba cansado igualmente, y llamó el zorro y le dijo,

-”Quédate cerca de mí, debo dormir un poco; si algo viene, despiértame”-

Entonces el zorro quedó al lado de él, pero él también estaba cansado, y llamó a la liebre y le dijo,

-”Ponte cerca de mí, debo dormir un poco, y si algo se ve venir, despiértame”-

Entonces la liebre se sentó cerca de él, pero la pobre liebre estaba cansada también, y no tenía a nadie más a quien pedir para que vigilara, y se durmió.

Y ahora la hija del Rey, el cazador, el león, el oso, el lobo, el zorro, y la liebre, dormían todos un sueño reparador. El mariscal, sin embargo, quién debía mirar a una distancia, tomó coraje cuando él no vio al dragón irse volando con la doncella, y viendo que toda la colina estaba tranquila, la subió. Allí estaba el dragón cortado y tallado en pedazos sobre la tierra, y no lejos de él estaban la hija del Rey y un cazador con sus animales, y todos ellos hundidos en un sueño profundo.

Pero como el mariscal era malo y sin moral, sacó de su bolso un polvo mágico que había obtenido de un brujo, y colocando un poco en la nariz del cazador, lo puso en estado de coma, o sea un sueño profundo del cual no había modo de que despertara, y agarró a la doncella en sus brazos, y la llevó abajo de la colina. Entonces ella despertó y quedó aterrorizada, pero el mariscal dijo,

-”Estás en mis manos, tienes que decir que fui yo quien mató al dragón.”-

-”No puedo hacer eso,” contestó ella, “fueron un cazador con sus animales quienes lo hicieron.”-

Entonces él sacó su espada, y amenazó con matarla si ella no le obedecía, y entonces la obligó a que lo prometiera.

Y así él la llevó donde el Rey, que no sabía contenerse de la alegría cuando una vez más miró a su querida hija con vida, y que él creía que había sido despedazada por el monstruo. El mariscal le dijo,

-”He matado al dragón, y regresado a la doncella y salvado al reino entero también, por lo tanto la exijo como mi esposa, como fue prometido. El Rey dijo a la doncella,

-”¿Eso qué él dice es verdadero?”-

-”Ah, sí,”‘ contestó ella, “en efecto debe ser verdadero, pero no consentiré para celebrar la boda sino hasta el final de un año y un día,”- ya que ella pensó que durante aquel tiempo ella debería oír algo de su querido cazador.

Los animales, sin embargo, todavía yacían durmiendo al lado de su amo, quien estaba en coma, en la colina del dragón, y allí llegó un gran abejorro y se posó en la nariz de la liebre, pero la liebre lo quitó con su pata, y continuó durmiendo. El abejorro vino un segunda vez, pero la liebre otra vez lo quitó frotando su nariz y volvió a dormir. Entonces vino por tercera vez, y picó su nariz de modo que él despertara. Tan pronto como la liebre estaba despierta, despertó al zorro, y el zorro al lobo, y el lobo al oso, y el oso al león.

Y cuándo el león despertó y vio que la doncella no estaba, y su amo tan dormido que no despertaba, comenzó a rugir terriblemente y gritaba,

-”¿Quién ha hecho esto? Oso, ¿Por qué no me despertaste?”-

El oso preguntó al lobo,

-”¿Por qué no me despertaste?”-

Y el lobo al zorro,

¿Por qué no me despertaste?”-

Y el zorro a la liebre,

¿Por qué no me despertaste?”-

La pobre liebre sola no sabía que respuesta hacer, y la culpa recayó sobre ella.

Entonces ya iban ellos a caer sobre ella, pero les suplicó diciendo,

-”No me maten, despertaré a nuestro amo a la vida otra vez.”-

Sé de una montaña en la cual una raíz crece que, cuando colocada en la boca de alguien, lo cura de toda enfermedad y de toda herida. Pero la montaña está a doscientas horas de aquí. El león entonces dijo,

-”En cuatro-y-veinte horas debes haber corrido hasta allá y regresado, y haber traído la raíz contigo.”-

Obedeciendo, la liebre saltó, y en cuatro-y-veinte horas estuvo de vuelta, y trajo la raíz con ella.

El león puso la cabeza del cazador en la mejor posición, y la liebre colocó la raíz en su boca, e inmediatamente empezó a moverse lentamente, y sus ojos se abrieron, y la vida, completamente despierto, volvió a él. Entonces el cazador se alarmó cuando no vio a la doncella, y pensó,

-”Ella debe haberse marchado mientras yo dormía, a fin de deshacerme de mí.”-

Al mediodía, cuando él iba a comer algo, preguntó a los animales lo que le había pasado en su sueño. Entonces el león le dijo que ellos, también, se habían dormido todos del cansancio, y al despertar, lo habían encontrado sumido en coma, o sueño profundo, y que la liebre había traído la raíz curadora.

El cazador, sin embargo, estaba triste en su corazón, y viajó por el mundo, e hizo su baile de animales ante la gente. Y sucedió que exactamente al final de un año él volvió a la misma ciudad donde él había librado a la hija del Rey del dragón, y esta vez la ciudad estaba alegremente decorada con tela roja. Entonces él preguntó al posadero,

-”¿Qué significa todo eso?”, “el año pasado la ciudad estaba toda colgada con crespón negro, ¿qué significa la tela roja hoy?”-

El posadero contestó,

-”El año pasado la hija de nuestro Rey debía haber sido entregada al dragón, pero el mariscal luchó contra él y lo mató, y entonces mañana su boda debe ser solemnizada, y por eso la ciudad había sido decorada entonces con crespón negro por el luto, y es cubierta hoy de la tela roja por la alegría.”-

Al día siguiente, cuándo la boda debía ocurrir, el cazador dijo al mediodía al posadero,

-”¿Cree usted, señor posadero, que mientras esté aquí hoy con usted, hoy comeré pan del que hay en la propia mesa del Rey?”-

-”No,”‘ dijo el anfitrión, “yo apostaría cien pedazos de oro que eso no se realizará.”

El cazador aceptó la apuesta, y puso para ello un monedero con exactamente igual número de pedazos de oro. Entonces él llamó a la liebre y dijo,

-”Vaya, mi querido corredor, y tráigame un poco del pan que el Rey está comiendo.”-

Ahora, como la pequeña liebre era la más baja de los animales, no podía transferir esta orden a ninguno de los demás, y tuvo que usar sus propias piernas ella misma.

-”¡Ay!” pensó, “si yo pasara por las calles así sola, los perros de los carniceros vendrán todos detrás de mí.”-

Y sucedió tal como lo supuso, y los perros vinieron detrás de ella y quisieron hacer agujeros en su piel. Pero ella saltó y corrió lejos, como nunca se había visto correr a liebre alguna y se refugió en una caja de centinela sin que el soldado se diera cuenta de ello.

Entonces los perros vinieron y quisieron sacarla, pero el soldado no entendió de qué se trataba, y los golpeó con la culata de su arma, y se fueron gritando y aullando. Tan pronto como la liebre vio que el camino estaba claro, entró corriendo en el palacio y fue directamente a la hija del Rey, se sentó bajo su silla, y rasguñó en su pie. Entonces ella dijo,

-”Vete, vete.”- pensando que era su perro.

La liebre rasguñó su pie por segunda vez, y ella otra vez dijo,

-”Vete, vete.”- pensando que era su perro.

Pero la liebre no se dejó ser eliminada de su objetivo, y la rasguñó por tercera vez. Entonces ella miró a hurtadillas hacia abajo, y reconoció a la liebre por su collar.

Ella la tomó en su regazo, la llevó en su cámara, y dijo,

-”Querida Liebre, ¿qué quieres?”-

Ella contestó,

-”Mi amo, que mató al dragón, está aquí, y me ha enviado para pedir un pedazo de pan del pan que el Rey come.”-

Entonces ella se llenó de alegría y llamó al panadero, y ordenó que le trajera un pan como el que es comido por el Rey.

La pequeña liebre dijo,

-”Pero el panadero debe llevarlo igualmente que a mí, para que los perros de los carniceros no puedan hacerme daño.”-

El panadero los llevó a la puerta de la posada, y luego la liebre se paró en sus piernas traseras, tomó el pan en sus patas delanteras, y lo llevó a su amo. Entonces dijo el cazador,

-”Mire señor posadero, los cien de pedazos de oro son míos.”-

El posadero quedó sorprendido, pero el cazador continuó diciendo,

-”Sí, señor posadero, tengo el pan, pero ahora tendré igualmente un poco de la carne asada del Rey.”-

El posadero dijo,

-”En efecto me gustaría ver eso, pero no haré más apuestas.”-

El cazador llamó al zorro y dijo,

-”Mi pequeño zorro, vaya y tráigame un poco de carne asada, de la misma que el Rey come.”-

El zorro rojo conocía los atajos muy bien, y fue por agujeros y esquinas sin que cualquier perro lo viera, se sentó bajo la silla de la hija del Rey, y rasguñó su pie. Entonces ella miró abajo y reconoció al zorro por su collar, lo llevó a su cámara con ella y dijo,

-”Querido zorro, ¿qué deseas?”-

Él contestó,

-”Mi amo, que mató al dragón, está aquí, y me ha enviado. Debo pedir un poco de carne asada de la que el Rey come.”

Entonces ella llamó al cocinero, quién fue obligado a preparar una carne asada, igual a como es comida por el Rey, y llevársela al zorro hasta la puerta. Entonces el zorro tomó el plato, agitando con su cola las moscas que se habían acercado por la carne, y luego lo llevó a su amo.

-”Mire señor posadero,” dijo el cazador, “el pan y la carne están aquí, pero ahora también tendré verduras apropiadas para esto, como son comidas por el Rey.”-

Y llamó al lobo, y le dijo,

-”Querido Lobo, vaya allí y tráigame las verduras como las que el Rey come.”-

Entonces el lobo fue directamente al palacio, ya que él no temía a nadie, y cuando llegó a la cámara de la hija del Rey, él se movió agitadamente detrás de su vestido, de modo que ella fuera obligada a mirar alrededor. Ella lo reconoció por su collar, y lo dejó en su cámara con ella, y dijo,

-”Querido Lobo, ¿qué es lo que deseas?”-

Él contestó,

-”Mi amo, que mató al dragón, está aquí, debo pedir a algunas verduras, como las que el Rey come.”

Entonces ella hizo venir al cocinero, y le ordenó preparar un plato de verduras, como las que el Rey come, y tuvo que llevarlas al lobo hasta la puerta, y luego el lobo tomó el plato, y lo llevó a su amo.

-”Mire señor posadero,”‘ dijo el cazador, “ahora tengo el pan y carne y verduras, pero también tendré algún postre para comer igual a como lo que el Rey come.”-

Él llamó al oso, y le dijo,

-”Querido Oso, tú que sabes reconocer todo lo dulce; ve y tráeme alguna confitería, como la que el Rey come.”-

Entonces el oso trotó al palacio, y todos se apartaban de su camino, pero cuando él llegó a la guardia, ellos presentaron sus mosquetes, y no le dejaban entrar en el palacio real. Pero él se paró en sus piernas traseras, y les dio unos golpes en los cachetes, derecho e izquierdo, con sus patas delanteras, de modo que la guardia entera se quitó, y fue directamente a la hija del Rey, y se colocó detrás de ella, y gruñó un poco. Entonces ella miró hacia atrás, reconoció al oso por su collar, y le ofreció entrar en su cuarto con ella, y dijo,

-”Querido Oso, ¿qué deseas?”-

Él contestó,

-”Mi amo, que mató al dragón, está aquí, y debo pedir alguna confitería, como la que el Rey come.”-

Entonces ella convocó a su confitero, y tuvo que hornear la confitería como la que el Rey come, y llevarla a la puerta para el oso; entonces el oso primero lamió un confite que había rodado abajo, y luego se paró de pie, derecho, tomó el plato, y lo llevó a su amo.

-”Contemple, señor posadero,” dijo el cazador, “ahora tengo el pan, carne, verduras y confitería, pero beberé el vino también, como el que el Rey bebe.”-

Él llamó a su león y dijo,

-”Querido León, tú que gustas de beber hasta quedar intoxicado, ve y me traes un poco de vino, como el que es bebido por el Rey.”-

Entonces el león anduvo a zancadas por las calles, y la gente huida de él, y cuando llegó a la guardia, ellos quisieron cerrar el camino contra él, pero sólo rugió una vez, y todos huyeron. Entonces el león fue al apartamento real, y llamó a la puerta con su cola.

La hija del Rey abrió, y tuvo casi miedo del león, pero ella lo reconoció por el broche de oro de su collar, y le ofreció entrar con ella a su cámara, y dijo,

-”Querido León, ¿qué te trae por aquí?’

Él contestó,

-”Mi amo, que mató al dragón, está aquí, y debo pedir un poco de vino como el que es bebido por el Rey.”-

Entonces ella llamó al tendero, quién debía dar al león un poco de vino del que es bebido por el Rey. El león dijo,

-”Iré con él, y veré que me dé el vino correcto.”-

Entonces él bajó con el tendero, y cuando ellos estuvieron abajo, el tendero quiso traerle un poco del vino común que era bebido por los criados del Rey, pero el león dijo,

-”Alto ahí, probaré el vino primero,”- y él tomó media medida, y lo tragó de una sola vez.

-”No,”‘ dijo él, “este no es el correcto.”

El tendero lo miró con recelo, pero continuó, y estuvo a punto de darle de otro barril que era para el mariscal del Rey. El león dijo,

-”Alto, déjeme probar el vino primero,”-

y se sirvió media medida y lo bebió.

-”Está mejor, pero todavía no es el correcto,”- dijo él.

Entonces tendero se puso enojado y dijo,

-”¿Cómo puede un animal estúpido como usted entender de vinos?”-

Pero el león le dio un golpe detrás de los oídos, que lo hicieron caerse, de ningún modo suavemente, y cuando se levantó de nuevo, condujo al león completamente silencioso a un pequeño sótano aparte, donde el vino del Rey está, del que nadie más alguna vez bebió.

El león primero trajo media medida y probó el vino, y luego dijo,

-”Parece ser la clase correcta”-,

y pidió al tendero llenar seis botellas del vino. Y ahora ellos fueron arriba otra vez, pero cuando el león salió del sótano al aire libre, se tambaleó aquí y allí, pues estaba realmente bebido, y el tendero fue obligado a llevar el vino a la puerta para él, y luego el león tomó el mango de la cesta en su boca, y la llevó a su amo.

El cazador dijo,

-”Mire señor posadero, aquí tengo yo el pan, la carne, las verduras, la confitería y el vino como el Rey tiene, y ahora cenaré con mis animales”-’ y él se sentó y comió y bebió, y dio a la liebre, al zorro, al lobo, al oso, y al león también para comer y beber, y estaban alegres, ya que él vio que la hija del Rey todavía lo amaba. Y cuando él ya habían terminado su comida, él dijo,

-”Señor posadero, ahora que ya he comido y bebido como el Rey come y bebe, ahora iré a la corte del Rey y me casaré con la hija del Rey.”-

Dijo el posadero,

-”‘¿Cómo puede ser, cuando ella ya tiene a un marido prometido, y cuando la boda debe ser solemnizada hoy?”-

Entonces el cazador trajo adelante el pañuelo que la hija del Rey le había dado en la colina del dragón, y en el que fueron guardadas las siete lenguas del monstruo, y dijo,

-”Lo que que sostengo en mis manos me ayudará a hacerlo.”-

Entonces el posadero miró el pañuelo, y dijo,

-”Independientemente de lo que creo, no creo eso, y yo apuesto mi casa y mi terreno en ello.”-

El cazador, sin embargo, tomó un bolso con mil pedazos de oro, lo puso sobre la mesa, y dijo,

-”Aquí está mi parte”-’

Ahora el Rey dijo a su hija, en la mesa real,

-”¿Qué es lo que todos esos animales salvajes quieren, que han estado viniendo a ti, y entrando y saliendo de mi palacio?”-

Ella contestó,

-”Yo no puedo decirle, pero envíe a traer y tener al amo de estos animales aquí, y eso estará bien hecho.”-

El Rey envió a un criado a la posada, e invitó al forastero, y el criado llegó tal como el cazador había dicho en su apuesta con el posadero.

Entonces dijo él,

-”Mire señor posadero, ahora el Rey envía a su criado y me invita, pero no voy de esta manera.”-

Y él dijo al criado,

-”Solicito que el Señor Rey me envíe ropa real, y un carro con seis caballos, y criados para asistirme.

Cuándo el Rey oyó la respuesta, dijo a su hija,

-”¿Qué debo hacer?”-

Ella dijo,

-”Haga lo que él solicita, y lo habrá hecho bien.”-

Entonces el Rey envió la indumentaria real, un carro con seis caballos, y criados para esperar por él.

Cuando el cazador los vio venir, dijo,

-”Mire señor posadero, ahora soy llevado como lo solicité.”-

Y él se puso las ropas reales, tomó el pañuelo con las lenguas del dragón con él, y se fue donde el Rey.

Cuándo el Rey lo vio venir, dijo a su hija,

-”¿Como lo recibiré?”-

Ella contestó,

-”Vaya para encontrarlo y saludarlo y usted hará bien.”-

Entonces el Rey fue para encontrarlo y lo condujo adentro, y sus animales lo seguían. El Rey le dio un asiento cerca de él y de su hija, y el mariscal, como novio, sentado al otro lado, pero ya no conocía al cazador.

Y ahora, en este mismo momento, las siete cabezas del dragón fueron hechas entrar como un espectáculo, y el Rey dijo,

-”Las siete cabezas fueron cortadas del dragón por el mariscal, por lo que hoy le doy a mi hija por esposa.

El cazador se levantó, abrió las siete bocas, y dijo,

-”¿Dónde están las siete lenguas del dragón?”-

Entonces ahora el mariscal se aterrorizó, y se puso pálido y no sabía que respuesta debería dar, y con mucho detalle en su angustia dijo,

-”Los dragones no tienen ninguna lengua.”-

El cazador dijo,

-”Los mentirosos no deberían tener ninguna, pero las lenguas del dragón son las señales del vencedor.”-

Y él desplegó el pañuelo, y allí estaban siete lenguas en su interior. Y él puso cada lengua en la boca a la cual cada una perteneció, y calzaron exactamente. Entonces él tomó el pañuelo en el cual el nombre de la princesa estaba bordado, y lo mostró a la doncella, y le preguntó a quien ella se lo había dado, y ella contestó,

-”A quien mató al dragón.”-

Y luego él llamó a sus animales, y tomó el cuello de cada uno de ellos y el broche de oro del león, y les mostró a la doncella y preguntó a quien ellos pertenecieron.

Ella contestó,

-”El collar y el broche de oro eran los míos, pero los dividí entre los animales que ayudaron a triunfar sobre el dragón.”-

Entonces dijo el cazador,

-”Cuando yo, cansado con la lucha, descansaba y dormía, el mariscal vino y con un polvo mágico me puso en coma. Entonces él se llevó a la hija del Rey, y se presentó diciendo que era él quien había matado al dragón, pero que él mintió y lo demuestro con las lenguas, el pañuelo, el collar y el broche.”-

Y luego estuvo relatando como sus animales lo habían curado por medio de una maravillosa raíz, y como él había viajado con ellos durante un año, y había venido al fin otra vez allí y se había enterado de la traición del mariscal por la historia del posadero.

Entonces el Rey preguntó a su hija,

-”¿Es verdad que este hombre mató al dragón?”-

Y ella contestó,

-”Sí, es verdad. Ahora puedo yo revelar la maldad hecha por el mariscal, ya que esto ha salido a luz sin mi declaración, pues él me obligó a prometer mantener mi silencio.”-

-”Por esta razón, fue que puse la condición de que el matrimonio no debería ser solemnizado durante un año y un día.”-

Entonces el Rey llamó a doce concejales quiénes debían pronunciar el juicio en contra del mariscal, y ellos lo condenaron a trabajos forzados por el resto de su vida. El mariscal fue por lo tanto llevado a ejecutar su sentencia en las canteras del reino, y el Rey dio su hija al cazador, y lo llamó su virrey sobre el reino entero.

La boda fue celebrada con gran alegría, y el Rey joven hizo que su padre y su padre adoptivo fueran traídos, y los cargó con tesoros. Tampoco él olvidó al posadero, lo llamó y le dijo,

-”Mire señor posadero, me he casado con la hija del Rey, y su casa y terreno son míos.”-

El anfitrión dijo,

-”Sí, según la justicia es así.”-

Pero el Rey joven dijo,

-”Pero más bien será hecho según la piedad.”-

Y le dijo que se quedara con su casa y su terreno, y además le dio los mil pedazos de oro también.

Y ahora el Rey joven y la Reina eran realmente felices, y vivieron felizmente juntos. Él a menudo salía a cazar porque esto era un placer para él, y los animales fieles lo siguieron acompañando. En la vecindad, sin embargo, había un bosque del cual se relataba que estaba encantado, y que quienquiera que entrara, no saldría fácilmente otra vez. El Rey joven, sin embargo, tenía un gran deseo de cazar en él, y no dejaba al viejo Rey tener ninguna paz hasta que él le permitiera ir allá. Y así fue.

Entonces él montó a caballo adelante con un gran contingente, y cuando llegó al bosque, vio a un ciervo blanco como la nieve y dijo a su gente,

-”Esperen aquí hasta que yo vuelva, quiero perseguir a aquella criatura hermosa.”-

Y él entró con su caballo en el bosque, seguido sólo de sus animales. Los asistentes se pararon y esperaron hasta la tarde, pero él no volvió, entonces ellos regresaron a casa, y dijeron a la Reina joven que el Rey joven había seguido a un ciervo blanco en el bosque encantado, y no había vuelto otra vez. Entonces ella quedó muy preocupada por él.

Él, sin embargo, todavía seguía montando a caballo sin cesar detrás del animal salvaje hermoso, y nunca había sido capaz de alcanzarlo; cuando él pensó que estaba bastante cerca para apuntar, al instante vio que estaba lejos en la distancia, y pronto desapareció totalmente. Y ahora percibió que él había penetrado profundamente en el bosque, e hizo soplar su cuerno pero no recibió ninguna respuesta, ya que sus asistentes no podían oírlo.

Y cuando la noche, también, se caía, él vio que no podría llegar a casa ese día, entonces desmontó de su caballo, encendió un fuego cerca de un árbol, y resolvió a pasar la noche allí. Mientras él se sentaba al lado del fuego, y sus animales también se acostaban a su lado, le pareció que oyó una voz humana. Miró alrededor, pero no podía percibir nada. Poco después, otra vez oyó un gemido como si viniera desde encima, y alzó la vista, y vio a una anciana sentada en el árbol, quién lloraba incesantemente diciendo,

-”¡Ay, ay, ay, qué fría que estoy!”-

Y el le dijo,

-”Baja, y caliéntate si estás fría.”-

Pero ella dijo,

-”‘No, tus animales me morderán.”-

Él contestó, ‘

-”Ellos no te harán daño, abuelita, baja sin temor.”-

Ella, sin embargo, era una bruja, y dijo,

-”Lanzaré abajo una varita del árbol, y si los golpeas en la espalda con ello, ellos no me harán daño.”-

Entonces ella le lanzó una pequeña varita, y él los golpeó con ella, y al instante ellos se quedaron inmóviles y fueron convertidos en piedra. Y cuando la bruja estaba segura de los animales, saltó abajo y lo tocó también a él con una varita, y lo convirtió en piedra. Con eso ella se rió, y arrastró a él y a los animales a una bóveda, donde muchas piedras más ya estaban.

Como, sin embargo, el Rey joven no volvió en absoluto, la angustia de la Reina y su tristeza iban en constante aumento. Y sucedió que en este mismo tiempo el otro hermano que había tomado rumbo al Este cuando ellos se separaron, entró en el reino. Él había buscado un sitio de interés, y no había encontrado ninguno, y había viajado entonces de aquí para allá, y había enseñado a sus animales bailar. Entonces entró en su mente que solamente iría a mirar al cuchillo que ellos habían pegado al tronco de un árbol en su despedida, y así sabría que era de su hermano.

Cuando él llegó allí, el lado de su hermano del cuchillo tenía la mitad oxidada, y la mitad brillante. Entonces él se alarmó y pensó,

-”Una gran desgracia debe haber acontecido a mi hermano, pero quizás todavía puedo salvarlo, pues la mitad del cuchillo es todavía brillante.”-

Él y sus animales viajaron hacia el Oeste, y cuándo él entró en la puerta de la ciudad, la guardia vino para encontrarlo creyendo que era el joven Rey, y preguntó si debía anunciarlo a su consorte la Reina joven, quien tenía un par de días de estar en la mayor pena sobre su alejamiento, y tenía miedo de que él hubiera sido matado en el bosque encantado.

Los centinelas, en efecto, no dudaron de que él era el Rey joven mismo, ya que se parecía tanto a él, y tenía a los animales salvajes que corrían detrás de él. Entonces él comprendió que hablaban de su hermano, y pensó,

-”Será mejor si me hago pasar por él, y luego puedo rescatarlo más fácilmente.”-

Entonces él permitió que fuera escoltado al castillo por la guardia, y fue recibido con la mayor alegría. La Reina joven en efecto pensó que él era su marido, y le preguntó por qué él se había alejado por tanto tiempo.

Él contestó,

-”Me había perdido en un bosque, y no podía encontrar mi salida otra vez más pronto.”-

Por la noche él fue llevado a la cama real, pero puso una espada de doble filo entre él y la Reina joven; ella no sabía lo que esto podría significar, pero no se aventuró a preguntar. Él permaneció en el palacio un par de días, y mientras tanto investigó todo cuanto estuviera relacionado con el bosque encantado, y por fin él dijo,

-”Debo cazar allí una vez más.”-

El Rey y la Reina joven quisieron persuadirlo a no hacerlo, pero él se mantuvo en su posición, y fue con un contingente más grande.

Cuando él llegó al bosque, sucedió como con su hermano; él vio a un ciervo blanco y dijo a su gente,

-”Permanezcan aquí, y esperen hasta que yo vuelva, quiero perseguir a la bestia salvaje encantadora.”-

Y luego él montó a caballo en el bosque y sus animales lo siguieron. Pero él no podía alcanzar al ciervo, y se hizo tan profundo en el bosque que él fue obligado a pasar la noche allí.

Y cuándo había encendido un fuego, él oyó a alguien llorando encima de él,

-”¡Ay, ay, ay, qué fría que estoy!”-

Entonces él alzó la vista, y la bruja mismísima estaba sentada en el árbol.

Y el le dijo,

-”Baja, y caliéntate si estás fría.”-

Ella contestó,

-”No, tus animales me morderán.”-

Pero él dijo,

-”Ellos no te harán daño.”-

Entonces ella gritó,

-”Lanzaré abajo una varita, y si tú los tocas con ella, ellos no me harán daño.”-

Cuando el cazador oyó eso, no tuvo ninguna confianza en la anciana, y dijo,

-”No tocaré a mis animales. Baja, o te traeré.”-

Entonces ella gritó,

-”¿Qué es lo que quieres? No me tocarás.”-

Pero él contestó,

-”Si no bajas te pegaré un tiro.”-

Pero dijo ella,

-”¡Dispara, no temo a tus balas!”-

Entonces él apuntó, y disparó hacia a ella, pero la bruja era a prueba contra todas las balas de plomo, y se rió, y gritó,

-”No podrás golpearme.”-

El cazador que sí sabía que hacer, rasgó tres botones de plata de su abrigo, y cargó su arma con ellos, ya que contra ellos sus artes de bruja eran inútiles, y cuando él disparó hacia ella, cayó inmediatamente con un grito. Entonces él puso su pie en ella y dijo,

-”Vieja bruja, si no me dices en verdad dónde está mi hermano, te agarraré con mis ambas manos y te lanzaré en el fuego. Ella estaba con un gran miedo, pidió piedad y dijo,

-”Él y sus animales yacen en una bóveda, girando una piedra.”-

Entonces él la obligó para ir allí con él, la amenazó, y dijo,

-”¡Vieja gata de mar, ahora debes hacer con mi hermano y todos los seres humanos y animales que están aquí, regresarlos a la vida otra vez, o entrarás en el fuego!”-

Ella tomó una varita y tocó las piedras, y luego su hermano con sus animales cobraron vida otra vez, y todos los otros, comerciantes, artesanos, y pastores, se levantaron, le agradecieron por su liberación, y fueron a sus casas. Pero cuando los hermanos gemelos se vieron el uno al otro otra vez, ellos se besaron afectivamente el uno al otro y se alegraron en sus corazones. Entonces agarraron a la bruja, la tocaron con su vara haciéndola piedra y la colocaron en la bóveda y la cerraron, y cuando ella fue hecha piedra, el bosque perdió su encantamiento, y quedó con bella luz y clara, y el palacio del Rey podría ser visto a aproximadamente la distancia de un paseo de unas tres horas.

Con eso los dos hermanos se fueron a casa juntos, y por el camino se contaron el uno al otro sus historias. Y cuando el más joven dijo que él era el regente del país entero por voluntad del Rey, el otro comentó,

-”Quiero aclararte muy bien y con toda sinceridad, que cuando vine a la ciudad, fui tomado por ti, y todos los honores reales me fueron dados; la Reina joven me consideró como su marido, y tuve que comer a su lado, y dormir en tu cama.”-

Cuando el otro oyó aquello, se puso tan celoso y enojado que lo ofendió muy groseramente. Pero cuando él lo vio entristecerse terriblemente, y vio fluir sus lágrimas, se arrepintió enormemente:

-”¡Mi hermano me salvó!,”‘ gritó él, “‘¡y lo he ofendido cruelmente por ello!,”-

Y él lo lamentó en voz alta. Y ambos se amargaron con mucho dolor. Entonces su liebre vino y ofreció ir y traer un poco de la raíz de vida, que todo lo cura, y saltó rápido y la trajo mientras aún había tiempo, y dio a ambos hermanos una porción, y rápidamente olvidaron el incidente, y no hablaron más del mismo asunto.

Después de todo esto ellos siguieron adelante, y el más joven dijo,

-”Tú te pareces a mí, tienes vestido real como yo y tus animales te siguen como los míos a mí; entraremos por puertas opuestas, y llegaremos al mismo tiempo por ambos lados a la presencia del Rey anciano.

Entonces se separaron, y al mismo tiempo llegron los vigilantes de una puerta y de la otra, y anunciaron que el Rey joven y los animales habían vuelto de la persecución.

El Rey dijo,

-” Eso no es posible, las dos puertas están a dos kilómetros aparte.”-

Mientras tanto, sin embargo, los dos hermanos entraron en el patio del palacio por lados opuestos, y ambos subieron al salón. Entonces el Rey dijo a la hija,

-”Dime cuál es tu marido. Cada uno de ellos se ve exactamente igual al otro, no puedo saberlo.”-

Al principio ella estaba con gran angustia, y no podía decirlo; pero por fin ella recordó el collar que ella había dado a los animales, y ella los buscó y también encontró su pequeño broche de oro en el león, y entonces gritó con placer,

-”Él que es el amo de este león es mi marido verdadero”.-

Entonces el Rey joven se rió y dijo,

-”Sí, eso es lo correcto.”-

y ellos se sentaron juntos a la mesa, y comieron y bebieron, y todos estuvieron alegres. Por la noche cuándo el Rey joven se acostó, su esposa dijo,

-”¿Por qué estas noches pasadas siempre ponías una espada de doble filo en nuestra cama? Pensé que tenías un deseo de matarme.”-

Entonces él sonrió y comprendió cuan honesto su hermano había sido, pero al fin le dijo:

-”Es que aún estaba preocupado por lo del bosque encantado y ansiaba volver allá.”-

Enseñanza:

La verdadera y mútua lealtad es un tesoro que no lo dañan los hechos ocurridos.

Hermanos Grimm

El campesino en el cielo

Una vez hace un tiempo, un campesino piadoso pobre murió, y llegó ante la puerta del cielo. Al mismo tiempo un señor muy rico y poderoso pero también piadoso, vino allí y también pidió entrar en el cielo.

Entonces San Pedro vino con la llave, y abrió la puerta, y dejó entrar al gran hombre, pero por lo visto no vio al campesino, y cerró la puerta otra vez. Y ahora el campesino estando afuera, oía como el gran hombre fue recibido en el cielo con toda clase de alegrías, y cómo le tocaban música, y le cantaban.

Al cabo de un rato todos se tranquilizaron de nuevo, y San Pedro vino y abrió otra vez la puerta de cielo, y dejó entrar al campesino. El campesino, sin embargo, esperó que también le tocarían música y cantarían cuando él entrara, pero todos permanecieron completamente tranquilos; él fue recibido con gran afecto, es cierto, y los ángeles vinieron para encontrarlo, pero nadie cantó. Entonces el campesino preguntó a San Pedro cómo es que no hubo cantos para él y que sin embargo sí hubo cuando el hombre rico entró, y dijo que le parecía que allí en el cielo las cosas son hechas con tanta parcialidad como en la tierra.

Entonces dijo San Pedro,

-”De ningún modo mi querido hermano, tu eres tan querido por nosotros como todo piadoso, y vas a disfrutar de cada placer divino igual a como el hombre rico disfrutará, pero almas tan humildes y piadosas como tú, vienen por miles al cielo cada día, pero un hombre rico y a la vez piadoso como este no viene más que una vez en cien años.”-

Enseñanza:

Los casos excepcionales son siempre motivo de gran atención.

Hermanos Grimm

Madre Nieve

Había una vez una viuda que tenía dos hijas – una de ellas era linda y laboriosa, mientras la otra era fea y ociosa. Pero la viuda era muy cariñosa con la fea y ociosa, porque era su propia hija; y la otra, quién era una hijastra, era obligada a hacer todo el trabajo y ser la Cenicienta de la casa. Cada día la pobre muchacha tenía que sentarse en el camino junto a un pozo a hilar con el huso, y girar y girar hasta ver sus dedos sangrados.

Ahora resultó que un día el huso se manchó con su sangre, y entonces para limpiarlo lo introdujo en el pozo, pero resbaló de su mano y cayó al fondo del pozo. Ella comenzó a llorar, y corrió donde su madrastra y le contó la desgracia. Pero ella la reprendió bruscamente, y fue muy despiadada al decirle,

-”Ya que usted ha dejado caer el huso, usted debe sacarlo de allí.”-

Entonces la muchacha volvió al pozo, y no sabía que hacer; y con la pena en su corazón, brincó dentro del pozo para conseguir el huso. Ella perdió sus sentidos; y cuando despertó volviendo en sí, se vio en un prado encantador donde el sol brillaba y miles de flores crecían. Corrió a lo largo de esta pradera, y por fin llegó a un horno de panadería lleno de pan, y el pan gritaba,

-”¡Hey, sáqueme! ¡sáqueme o me quemaré!; ¡he sido horneado mucho tiempo!”-

Entonces se acercó, y sacó todos los panes uno tras otro con la pala del pan. Después de esto continuó hasta llegar a un árbol cubierto de manzanas, que la llamaron,

-”¡Hey, sacúdame! ¡sacúdame! ¡estamos todas maduras!”-

Y sacudió el árbol hasta que las manzanas cayeron como la lluvia, y continúo sacudiendo para que todas vinieran abajo, y luego de amontonarlas, continuó su camino.

Por fin llegó a una pequeña casa, en la cual vio a una anciana; pero tenía tales dientes tan grandes que la muchacha se asustó, y estuvo a punto de salir corriendo.

Pero la anciana la llamó,

-”¿De qué tienes miedo, querida niña? Permanece conmigo; si haces todo el trabajo en la casa correctamente, estarás mejor por eso. Sólo debes tener cuidado de hacer bien mi cama, y sacudirla a fondo hasta que las plumas vuelen; entonces habrá nieve en la tierra. Soy la Madre Nieve.”-

Como la anciana le habló tan amablemente, la muchacha tomó valor y consintió en entrar en su servicio. Ella se ocupó de atender satisfactoriamente todo lo que le solicitaba su patrona, y siempre sacudía su cama tan enérgicamente que las plumas volaban parecidas a copos de nieve. Entonces ella tenía una vida agradable con ella; nunca una palabra enojada; y hervían o asaban carne cada día.

Ella se quedó algún tiempo con la Madre Nieve, pero al cabo de algún tiempo se sintió triste. Al principio no sabía lo que le sucedía, pero al fin reconoció que era la nostalgia: aunque ella estuviera miles de veces mejor aquí que en casa, de todos modos ella tenía un deseo de volver allá. Por fin le dijo a la anciana,

-”Tengo un gran deseo de ir a casa; y a pesar de estar muy bien aquí abajo, no puedo quedarme más tiempo; debo subir otra vez donde mi propia gente.”-

La Madre Nieve dijo,

-”Estoy contenta que quieras volver a tu casa otra vez, y como me has servido tan correctamente, yo misma te llevaré de regreso.”-

Con eso ella la tomó de la mano, y la condujo a una puerta grande. La puerta se abrió, y como la doncella estaba de pie bajo la entrada, una gran lluvia de oro cayó, y todo el oro se le adhería a ella, de modo que quedó completamente cubierta con él.

-”Tendrás esto porque has sido muy laboriosa”-, dijo la Madre Nieve, y al mismo tiempo le devolvió el huso que se le había caído en el pozo.

Con eso la puerta se cerró, y la doncella se encontró encima sobre la tierra, no lejos de la casa de su madrastra.
Y cuando entraba al predio, el gallo que estaba junto al pozo gritó:
-”¡Quiquiriquí!”-
-”¡Su niña bonita está aquí!”-
Entonces fue donde la madrastra, y cuando llegó así cubierta de oro, fue muy bien acogida, tanto por ella como por su hermana.

La muchacha contó todo que le había pasado; y tan pronto como la madre oyó como había adquirido tanta riqueza, quedó muy ansiosa por obtener la misma buena suerte para la hija fea y perezosa. Ella tenía que sentarse por el pozo e hilar; y con el fin de que su huso pudiera quedar manchado con sangre, pegó su mano en un arbusto de espinas y pinchó su dedo. Entonces lanzó el huso en el pozo, y luego brincó detrás de él.

Llegó, como la otra, al prado hermoso y anduvo a lo largo del mismo camino. Cuándo ella llegó al horno con el pan, éste estaba otra vez gritando,

-”¡Hey, sáqueme! ¡sáqueme! o me quemaré!; ¡he sido horneado mucho tiempo!”-

Pero la perezosa contestó,

-”¿Acaso tengo algún deseo de ensuciarme?”- y se fue.

Pronto llegó al manzano, que gritó,

-”¡Hey, sacúdame! ¡sacúdame! ¡las manzanas estamos todas maduras!”-

Pero ella contestó,

-”¡Las prefiero allí! una de ustedes podría caerse en mi cabeza.”- y continuó su camino.

Cuando llegó a la casa de la Madre Nieve no tuvo miedo, ya que había oído de sus dientes grandes, y entonces se puso a su servicio inmediatamente.

El primer día ella se dedicó a trabajar diligentemente, y obedeció a la Madre Nieve cuando ella le pedía hacer algo, ya que pensaba en todo el oro que le daría. Pero durante el segundo día comenzó a ser perezosa, y durante el tercer día todavía más, y luego no despertaría por la mañana en absoluto. Tampoco hizo la cama de la Madre Nieve como debería, y no la sacudió haciendo volar las plumas. La Madre Nieve se cansó de su proceder, y le dio su aviso para que se marchara. La muchacha perezosa estuvo deseosa de irse, y pensó que ahora vendría la lluvia de oro. La Madre Nieve la condujo también a la gran puerta; pero mientras estaba de pie bajo ella, en vez del oro, una gran olla de barro fue vaciada sobre ella.

-”Esta es la recompensa por su servicio”-, dijo la Madre Nieve, y cerró la puerta.

Entonces la muchacha perezosa se fue a casa; pero iba completamente cubierta de barro, y el gallo que estaba por el pozo, tan pronto como la vio, gritó,

-”¡Quiquiriquí!”-
-”¡Su muchacha sucia está aquí!”-
Y el barro se pegó rápido a ella, y no le pudo ser quitado mientras vivió.

Enseñanza:

Imitar a quien ha tenido éxito, debe de hacerse con mucho cuidado y sin errores, pues de lo contrario la imitación puede convertirse en fracaso.

Los tres holgazanes

Un cierto Rey tenía a tres hijos que eran todos igualmente queridos por él, y no sabía cual de ellos designar como su sucesor después de su propia muerte. Cuando el tiempo vino en que él estaba a punto de morir, los convocó a su lado de la cama y dijo,

-”Queridos hijos, he estado pensando en algo que les declararé; aquel de ustedes que imagine y me diga cómo ser el más perezoso tendrá el reino.”-

El mayor dijo,

-”Entonces, padre, el reino es mío, ya que soy tan ocioso que si me acuesto para descansar, y una gota cae en mi ojo, no lo abriré para poder dormir.”-

El segundo dijo;

“Padre, el reino me pertenece, ya que soy tan ocioso que cuando me siento al lado del fuego para calentarme, prefiero dejar que mi talón se queme a tener que mover mi pierna.”-

El tercero dijo,

-”Padre, el reino es el mío, ya que soy tan ocioso que si yo fuera a ser ahorcado, y tengo la cuerda ya alrededor de mi cuello, y alguien pusiera un cuchillo filoso en mi mano con el cual yo podría cortar la cuerda, prefiero dejarme ahorcar a levantar mi mano hacia la cuerda.”-

Cuando el padre oyó aquello, dijo,

-”Tú eres el que lo llevaste más lejos, y serás el Rey.”

Enseñanza:

Recordemos que el ocio es la madre de todos los vicios. En este cuento los hijos solamente hacen una práctica intelectual sobre la ociosidad, pero realmente nunca la practicarían.

Hermanos Grimm

Los seis sirvientes

En tiempos pasados vivía una Reina anciana que era muy malvada, y su hija era la doncella más hermosa bajo el sol. La anciana, sin embargo, no tenía ningún otro pensamiento que como llevar a la humanidad a la destrucción, y cuando un pretendiente aparecía, ella decía que quienquiera deseara tener a su hija, debe realizar primero una tarea que ella asigne, y si falla, trabajar como su esclavo por el resto de su vida.

Muchos habían sido deslumbrados por la belleza de la hija, y realmente se habían arriesgado, pero nunca pudieron llevar a cabo lo que la anciana los impuso para hacer, y ella no tuvo ninguna piedad para nadie; tuvieron que quedar para siempre al servicio de la anciana como esclavos. El hijo de un cierto Rey que también había oído de la belleza de la doncella, dijo a su padre,

-”Déjame a mí ir allá, quiero pedirla en matrimonio.”-

-”Nunca,”- contestó el Rey; -”Si llegaras a ir, eso sería tu esclavitud.”-

Por ello el hijo cayó en cama y estaba gravemente enfermo, y durante siete años estuvo así, y ningún médico podía curarlo. Cuando el padre percibió que no había ninguna esperanza, con un corazón muy triste le dijo,

-”Bien, ve allá, e intenta tu suerte, ya que no sé de ningún otro remedio para tu mal.”-

Cuando el hijo oyó aquello, se levantó de su cama y sintiéndose bien otra vez, con júbilo salió a su camino.

Y sucedió que cuando guiaba a su caballo a través de un brezal, vio desde lejos algo como un gran montón de heno sobre la tierra, y cuando estuvo más cerca, pudo ver que era el estómago de un hombre, que se había acostado allí, pero su estómago parecía una pequeña montaña. Cuando el hombre grande y gordo vio al viajero, se levantó y dijo,

-”Si usted necesita algún ayudante, tómeme en su servicio”-.

El príncipe contestó,

-”¿Y qué podría hacer con un hombre tan grande como tú?”-

-”Ah,”- dijo él -”eso no es nada, cuando me estiro bien, soy tres mil veces más gordo.”-

-”Si ese es el caso,”- dijo el príncipe, -”puedo hacer uso de ti, ven conmigo.”-

Entonces el hombre grande siguió al príncipe, y al ratito ellos encontraron a otro hombre que yacía en tierra con su oído puesto sobre el césped.

-”¿Qué estás haciendo?”- preguntó el hijo del Rey.

-”Escucho,”- contestó el hombre.

-”¿Y qué estás escuchando tan atentamente?”-

-”Escucho todo lo que sucede en el mundo, ya que nada evita mis oídos; hasta oigo el crecimiento de hierba.”-

-”Díme,”- dijo el príncipe, -”¿qué oyes en la corte de la vieja Reina que tiene a la hermosa hija?”-

Entonces él contestó,

-”Oigo zumbar el látigo que golpea la espalda de un pretendiente.”-

El hijo del Rey dijo,

-”Puedes servirme, ven conmigo.”-

Y siguieron adelante. Luego vieron yaciendo un par de pies y parte de un par de piernas, pero no podían ver el resto del cuerpo. Cuando habían andado una gran distancia, llegaron al tronco del cuerpo, y por fin a la cabeza también.

-”¡Caray!”, dijo el príncipe, -”¡qué tipo tan alto eres!”-

-”Ah,”- contestó el hombre alto, -”no es nada en absoluto aún; cuando realmente estiro mis miembros, soy tres mil veces más alto, y más alto que la montaña más alta en la tierra. Entraré de buena gana en su servicio, si usted me acepta.”-

-”Ven conmigo,”- dijo el príncipe, -”puedes servirme bien.”-

Y continuaron adelante y encontraron luego a un hombre sentado en el camino quién tenía cubiertos sus ojos. El príncipe le preguntó,

-”¿Tiene ojos débiles que no puedes mirar la luz?”-

-”No,”- contestó al hombre, .”pero no debo quitarme la venda, pues lo que miro con mis ojos, se rompe en pedazos, ya que mi vista es demasiado poderosa. Si usted puede usar eso, me alegraré de servirle.”-

-”Ven conmigo,”- contestó el hijo del Rey, -”podré hacer uso de ti.”

Ellos siguieron adelante y encontraron a un hombre que yacía en la caliente luz del sol, temblando y temblando de frío por todas partes de su cuerpo, sin un miembro que se estuviera quieto.

-”¿Cómo puedes temblar cuando el sol brilla tan caliente?”- dijo el hijo del Rey.

- “Alack”-, contestó el hombre, -”soy de una naturaleza completamente diferente. Entre más calor haya, más frío estoy yo, y el hielo penetra por todos mis huesos; y entre más frío haya, más caliente me pongo. En medio del frío, no puedo soportar mi calor, y en medio del calor, no puedo soportar mi frío.”

-”Realmente eres un compañero extraño,”- dijo el príncipe, -”pero si quieres entrar en mi servicio, sígueme.”

Y siguieron adelante, y encontraron a un hombre de pie quién estiraba un largo cuello y miraba alrededor de él, y podría ver sobre todas las montañas.

-”¿Qué estás mirando con tanto interés?”- preguntó el hijo del Rey.

El hombre contestó,

-”Tengo ojos tan agudos que puedo ver dentro de cada bosque y campo, y colina y valle, por todo el mundo.”-

El príncipe dijo, “Ven conmigo si es tu voluntad, ya que también puedo necesitar a alguien así.”-

Y ahora el hijo del Rey y sus seis criados llegaron a la ciudad donde la Reina anciana moraba. Él no le contó quien era él, pero dijo,

-”Si usted me da a su hija hermosa, realizaré cualquier tarea usted me ponga.”-

La bruja estuvo encantada de atrapar a tan galán joven como este en su red, y dijo,

-”Te pondré tres tareas, y si eres capaz de realizar todas ellas, tú serás el marido y el patrón de mi hija.”-

-”¿Cuál es la primera?”-

-”Debes traerme mi anillo que se me cayó en el Mar Rojo.”-

Entonces el hijo del Rey se fue a casa, se reunió con sus criados y dijo,

-”La primera tarea no es fácil. Un anillo debe ser sacado del Mar Rojo. Vengan, encuentren algún modo de hacerlo.”-

Entonces el hombre con la vista aguda dijo,

-”Veré donde está,”- y miró hacia abajo en el agua y dijo, -”Está pegado allí, en una piedra puntiaguda.”-

El hombre alto los llevó allá, y dijo,

-”Yo lo sacaría pronto, si sólo pudiera verlo.”-

-”¡Ah!, ¿es eso todo?”- gritó el hombre grande.

Y se acostó y puso su boca en el agua, hacia donde todas las olas se dirigieron, justo como si aquello fuera un remolino, y él terminó de beber el mar entero de modo que quedó tan seco como un prado. El hombre alto se inclinó un poco, y sacó el anillo con su mano. Entonces el hijo del Rey se alegró cuando ya tenía el anillo, y lo llevó a la vieja Reina. Ella quedó sorprendida, y dijo,

-”Sí, éste es el anillo correcto. Has realizado sin peligro la primera tarea, pero ahora viene la segunda. ¿Ves el prado delante de mi palacio? Trescientos bueyes gordos se alimentan allí, y deberás comerlos todos completos, carne, piel, pelo, huesos, cuernos y todo, y luego, abajo en mi sótano hay trescientos barriles de vino, y debes de beberlos todos también. Y si un pelo de los bueyes, o una pequeña gota del vino es dejada, quedarás esclavizado inmediatamente”.

-”¿Puedo invitar a alguien a esta comida?”- preguntó el príncipe, -”ninguna comida está bien sin alguna compañía.”-

La anciana se rió con malevolencia, y contestó,

-”Puedes tener un invitado por compañerismo, pero no más.”-

El hijo del Rey fue a donde sus criados y dijo al hombre grande,

-”Tu serás mi invitado hoy, y comerás intensamente.”-

En ese momento el hombre grande se estiró y comió a los trescientos bueyes sin dejar un solo pelo, y luego preguntó si solamente iba a tener eso de desayuno. Él entonces bebió el vino directamente de los barriles sin sentir cualquier necesidad de un vaso, y lamió la última gota de sus uñas. Cuando la comida estuvo terminada, el príncipe fue donde la anciana, y le dijo que la segunda tarea también ya fue realizada.

Ella se extrañó de eso y dijo,

-”Nadie ha hecho nunca tanto antes, pero todavía queda una tarea,”-

Y ella pensó para sí,

-”¡No te me escaparás, y no te quedarás sin ser mi esclavo!”-

Y entonces le dijo al príncipe,

-”Esta noche,”- dijo ella, -”traeré a mi hija a tu cámara, y pondrás tus brazos alrededor de ella, pero cuando se sienten juntos, evita el dormirse. Cuando den las doce, vendré, y si ella no está entonces en tus brazos, estás perdido.”-

El príncipe pensó,

-”La tarea es fácil, definitivamente mantendré mis ojos abiertos.”

Sin embargo él llamó a sus criados, les dijo lo que la anciana había dicho, y comentó,

-”Quién sabe qué traición estará al acecho detrás de eso. La previsión es una cosa buena de mantener en cuenta, y tener cuidado de que la doncella no vaya a salir de mi cuarto otra vez.”-

Cuando la noche cayó, la anciana vino con su hija, y la dejó en los brazos del príncipe. Entonces el hombre alto rodeó a los dos en un círculo, y el hombre grande se colocó en la puerta, de modo que ninguna criatura viva pudiera entrar.

Allí estuvieron los dos sentados, y la doncella no dijo nunca una palabra, pero la luna brillaba por la ventana en su cara, y el príncipe podría contemplar su belleza maravillosa. Realmente él miraba fijamente solamente a ella, y se sintió lleno de amor y felicidad, y sus ojos nunca se sintieron cansados. Así duró hasta las once, cuando la anciana dijo unas palabras mágicas sobre todos ellos para dormirlos, y en ese mismísimo momento la doncella fue sacada.

Entonces todos ellos durmieron profundamente hasta las doce menos cuarto, cuando la magia perdió su poder, y todos despertaron de nuevo.

-”¡Ah, miseria y desgracia!”- gritó el príncipe, -”¡ahora estoy perdido!”-

Los fieles criados también comenzaron a lamentarse, pero el hombre oyente dijo,

-”Silencio, quiero escuchar.”-

Entonces él escuchó durante un instante y dijo,

-”Ella está en una roca, a trescientas leguas de aquí, lamentando su destino. Solo tú, hombre alto, puedes ayudarla; si te levantas bien alto, estarás allí en un par de pasos.”-

-”Sí,”- contestó el hombre alto, -”pero el de los ojos poderosos debe ir conmigo, así podremos destruir la roca.”-

Entonces el hombre alto montó al de los ojos vendados en su espalda, y en un parpadear de ojos estaban en la roca encantada. El hombre alto inmediatamente quitó la venda de los ojos del otro, y él no hizo más que mirar alrededor, y la roca estalló en mil pedazos.

Entonces el hombre alto tomó la doncella en sus brazos, la regresó en un segundo, luego trajo a su compañero con la misma rapidez, y antes de que fueran las doce todos ellos se sentaron como se habían sentado antes, completamente alegres y felices. Cuándo dieron las doce, la bruja anciana vino mostrando una cara malévola, que parecía decir,

-”Ahora ya él es mío!”- ya que ella creyó que su hija estaba en la roca a trescientas leguas lejos. Pero cuándo ella la vio en los brazos del príncipe, se alarmó, y dijo,

-”Aquí hay uno que puede más que yo!”-

Ella se no atrevió a hacer cualquier oposición, y fue obligada a darle a su hija. Pero le susurró en su oído,

-”Es una desgracia para ti tener que obedecer a gente común, y que no puedas elegir a un marido a tu propio gusto.”-

Con eso, el corazón orgulloso de la doncella se lleno de cólera, y meditó una venganza. A la mañana siguiente ella hizo que trescientos grandes bultos de madera fueran reunidos juntos para una hoguera, y dijo al príncipe que aunque las tres tareas fueron realizadas, ella todavía no sería su esposa hasta que alguien estuviera listo a sentarse en medio de la madera encendida, y aguantar el fuego.

Ella pensó que ninguno de sus criados se dejaría ser quemado, sacrificándose por él, y que por el amor por ella, él mismo se colocaría sobre el fuego, y así luego ella sería libre. Pero los criados dijeron,

-”Cada uno de nosotros ha hecho algo excepto el hombre del frío-calor, ahora será su oportunidad.”-

Y lo pusieron en medio del montón de madera, y prendieron el fuego. Entonces la madera comenzó a quemarse, y hubo fuego durante tres días hasta que toda la madera se consumió, y cuando las llamas se habían consumido, el hombre del frío-calor estaba ahí de pie entre las cenizas, temblando como una hoja de álamo temblón, y diciendo,

-”Nunca sentí tal helada durante el curso entero de mi vida; ¡si esto hubiera durado mucho más, ya estaría entumecido!”

Como ya ningún otro pretexto podía ser encontrado, la hermosa doncella quedó ahora abligada a aceptar a aquel joven desconocido como su marido. Pero cuando iban para la ceremonia, la anciana se dijo,

-”No puedo soportar esa desgracia,”-

y envió a sus guerreros tras ellos con órdenes de reducir a todo quién se les opusiera, y que le trajeran de regreso a su hija.

Pero el hombre oyente había afilado sus oídos, y había oído las órdenes de la anciana.

-”¿Qué haremos?”- dijo el hombre grande.

Pero ya él sabía que hacer, y escupió detrás del carro un par de veces un poco del agua de mar que había bebido, y un gran mar se levantó en el que los guerreros fueron atrapados y ahogados. Cuando la bruja vio lo sucedido, envió a sus caballeros armados; pero el hombre oyente oyó la agitación de las armaduras, y quitó la venda de un ojo del hombre de los ojos poderosos, quién miró un rato fijamente a las tropas del enemigo, y todas sus piezas saltaron en pedazos como el cristal.

Entonces el joven y la doncella continuaron su camino tranquilos, y cuando había terminado la ceremonia, los seis criados decidieron terminar sus servicios, y dijeron a su patrón,

-”Sus deseos están satisfechos ahora, ya no nos necesita, seguiremos nuestro camino y buscaremos nuestras fortunas.”-

El príncipe les pagó sus servicios y se fueron.

A media legua del palacio del padre del príncipe había un pueblo cerca del cual un porquero atendía su manada, y cuando llegaron allí el príncipe dijo a su esposa,

-”¿Sabes quién soy realmente? No soy ningún príncipe, sino un pastor de cerdos, y el hombre que está allí con aquella manada, es mi padre. Nosotros dos tendremos que ponernos a trabajar también, y ayudarle.”

Entonces él bajó con ella a la posada, y en secreto pidió a los posaderos llevarse la indumentaria real durante la noche. Así que cuándo ella despertó por la mañana, no tenía nada para ponerse, y la esposa del posadero le dio un viejo vestido y un par de medias de estambre, lo que le pareció considerarlo un gran presente, y dijo,

-”¡Si no fuera por el bien de su marido yo no le hubiera dado nada en absoluto!”-

Entonces la princesa creyó que él realmente era un porquero, y atendió la manada con él, y pensó,

-”He merecido esto por mi altivez y orgullo.”-

Esto duró toda una semana, y no pudo soportarlo más, ya que tenía llagas en sus pies. Luego llegó un par de personas que preguntaron si ella sabía quién era su marido.

-”Sí”-, contestó, -”él es un porquero, y acaba de salir con cuerdas para tratar de realizar un pequeño trato.”-

Pero ellos dijeron,

-”Sólo venga con nosotros, y la llevaremos donde él,” y ellos la llevaron hasta el palacio, y cuando ella entró en el salón, allí estaba su marido con su vestido real.

Pero ella no lo reconoció hasta que él la tomó en sus brazos, la besara, y dijera,

-”Sufrí mucho por ti, y ahora tú también, has tenido que sufrir por mí.”-

Y luego otra boda oficial real fue celebrada, y quien les ha contado todo esto, desea que él, también, esté presente en la fiesta.

Enseñanza:

Cuando se hace una labor o trabajo, siempre hay que buscar y usar la herramienta que sea más útil para cada caso.

Hermanos Grimm

Juan Fiel

Había una vez un viejo rey que estaba enfermo, y pensó paara sí,

-”Estoy yaciendo en lo que debe de ser mi lecho de muerte.”-

Entonces ordenó,

-”Que venga aquí Juan Fiel.”-

Juan Fiel era su criado favorito, y era llamado así, porque durante toda su vida había estado fielmente dedicado al servicio del Rey. Cuando él estuvo al lado de la cama, el Rey le dijo,

-”Mi muy fiel Juan, siento mi final acercándose, y no tengo ninguna ansiedad excepto por mi hijo. Él está todavía en la edad joven, y no siempre puede saber dirigirse. Si tú me prometes enseñarle todo que él debería saber, y ser su padre adoptivo, yo puedo cerrar mis ojos en paz.”

Juan Fiel entonces contestó,

-”No lo abandonaré, y le serviré con fidelidad, aun si eso me costara la vida.”-

Entonces, el viejo Rey dijo,

-”Ahora muero en comodidad y en paz.”- Y añadió, -”Después de mi muerte, muéstrale el castillo entero: todas las cámaras, los pasillos, y las bóvedas, y todos los tesoros que están allí, pero la última cámara en la galería larga, en la cual está el cuadro de la princesa de la Vivienda de Oro, no se lo muestres. Si él ve el cuadro, él quedará violentamente enamorado de ella, y caerá en un desmayo, y pasará por grandes peligros por ella, por lo tanto debes apartarlo de eso.”-

Y cuando Juan Fiel había dado una vez más su promesa al viejo Rey, el Rey no habló más, puso su cabeza en su almohada, y murió.

Cuando el viejo Rey había sido llevado a su tumba, Juan Fiel contó al joven Rey todo lo que él había prometido a su padre en su lecho de muerte, y dijo,

-”Todo eso sin duda lo haré, y seré fiel a ti como he sido fiel a él, aun si eso debiera costarme mi vida.”-

Cuando el luto hubo terminado, Juan Fiel le dijo,

-”Ahora es el momento en que debes ver tu herencia. Te mostraré el palacio.”-

Entonces lo llevó a todas partes, de arriba abajo, dejándole ver toda la riqueza, y los apartamentos magníficos. Sólo hubo un cuarto que no abrió, en el que colgaba el cuadro peligroso.

El cuadro, sin embargo, estaba colocado de manera que cuando la puerta fuera abierta se viera directamente hacia él, y fue tan admirablemente pintado que parecía respirar y vivir, y no había nada más encantador o más hermoso en el mundo entero. El joven Rey, sin embargo, claramente comentó que Juan Fiel siempre pasaba por alto esa puerta, y dijo,

-”¿Por qué nunca me abres esta puerta?”-

-”Hay algo detrás de ella,”- contestó él, -”que te aterrorizaría.”-

Pero el Rey contestó,

-”He visto todo el palacio, y sabré lo que está en este cuarto también,”-

y él fue y trató de abrir forzando la puerta por la fuerza.

Juan Entonces Fiel lo contuvo y dijo,

-”Prometí a tu padre antes de su muerte que tú no debes ver lo que está en esta cámara, eso podría traer la mayor desgracia para ti y para mí.”-

-”Ah, no,”- contestó el joven Rey, -”si no entro, eso sí será ciertamente mi destrucción. Yo no tendré ningún descanso de día o de noche hasta que no lo haya visto con mis propios ojos. No dejaré el lugar ahora hasta tanto no abras la puerta.”-

Juan Fiel vio que no había ninguna salida para aquella decisión ahora, y con un corazón triste y muchos suspiros, buscó la llave dentro del gran manojo. Cuándo él hubo abierto la puerta, entró de primero, y pensó que estando de pie antes de él, podría esconder el retrato de modo que el Rey no pudiera verlo, pero ¿serviría eso?

El Rey entró de pie en puntillas para hacerse más alto y ver sobre su hombro. Y al ver el retrato de la doncella, que era tan magnífica y brillaba con oro y gemas, cayó desmayado a tierra. Juan Fiel lo tomó, lo llevó a su cama, y dolorosamente pensó,

-”La desgracia ya ha llegado a nosotros, ¿Señor Dios, cuál será el final de todo esto?”-

Entonces él lo confortó con vino, hasta que volviera en sí otra vez. Las primeras palabras que el Rey dijo eran,

-”Ah, el hermoso retrato! ¿de quién es?”-

-”Es la princesa de la Vivienda de Oro,”- contestó Juan Fiel.

Entonces el Rey siguió,

-”Mi amor por ella es tan grande, que si todas las hojas en todos los árboles hablaran, ellas no podrían declararlo. Daré mi vida para ganarla. Tú eres mi gran Juan Fiel, debes de ayudarme.”-

El fiel criado meditó dentro de sí mismo durante mucho tiempo sobre como empezar con el asunto, pues era difícil de obtener hasta una vista de la princesa. Al fin él pensó en un medio, y dijo al Rey,

-”Todo lo que ella tiene sobre sí y su alrededor es de oro, mesas, sillas, platos, gafas, bolos, y mobiliario de casa. Escúchame ahora, joven Rey, entre tus tesoros hay cinco toneladas de oro; asigna a los orfebres del Reino que lo trabajen confeccionando toda forma de buques y utensilios, todas las clases de aves, bestias salvajes y animales extraños, tales que puedan complacerla, e iremos allá con ellos e intentaremos nuestra suerte.”

El Rey ordenó que todos los orfebres le fueran traídos, y ellos tuvieron que trabajar noche y día hasta que por fin las cosas más espléndidas estuvieron listas. Cuando todo fue guardado a bordo un barco, Juan Fiel se puso el vestido de un comerciante, y el Rey fue obligado a hacer lo mismo a fin de hacerse completamente irreconocible. Entonces salieron en barco a través del mar, y viajaron hasta que llegaron a la ciudad en donde moraba la princesa de la Vivienda de Oro. Juan Fiel pidió al Rey que se quedara en el barco, y lo esperara.

-”Quizás pueda traer a la princesa conmigo,”- dijo él, “por lo tanto ve que todo esté presentable; ten a la vista los buques de oro y todo el barco entero decorado.”-

Entonces Juan Fiel recogió en su delantal toda clase de cosas de oro, y fue a tierra directamente al palacio real. Cuando él entró en el patio del palacio, una muchacha hermosa estaba de pie allí por el pozo con dos cubos de oro en su mano, sacando el agua con ellos. Y cuando ella se preparaba para llevarse el agua efervescente, vio al forastero, y le preguntó quién era él. Entonces contestó,

-”Soy un comerciante,”- y abrió su delantal, y dejó que mirara. Ella gritó,

-”¡Ah, qué cosas hermosas de oro!” y dejó sus baldes para mirar los artículos de oro uno tras otro. Entonces dijo la muchacha,

-”La princesa debe de ver todo esto, ella tiene tal gran placer en cosas de oro, que comprará todo lo que usted trae.”

Ella lo tomó de la mano y lo condujo arriba, ya que era la criada de compañía. Cuando la hija del Rey vio los artículos, quedó completamente encantada y dijo,

-”Están tan maravillosamente trabajados, que le compraré todo.”-

Pero Juan Fiel dijo,

-”Sólo soy el criado de un comerciante rico. Las cosas que tengo aquí no se comparan con aquellos que mi patrón tiene en su barco. Ellas son las cosas más hermosas y valiosas que han sido hechas alguna vez con el oro.”-

Ella quiso hacerle traer todo allí, pero él dijo,

-”Hay tantos de ellos que tomaría muchísimos días bajarlos, y se requeriría que tantos cuartos los expusieran, que su palacio no bastaría.”-

Entonces su curiosidad y deseo estuvieron todavía más excitados, hasta que por fin ella dijo,

-”Condúzcame al barco, iré allí yo misma, y contemplaré los tesoros de su patrón.”

Con eso Juan Fiel quedó completamente encantado, y la condujo al barco, y cuando el Rey la vio, se dio cuenta de que su belleza era aún mayor que la representada en la pintura, y pensaba solamente que su corazón se reventaba en dos. Entonces ella subió al barco, y el Rey la condujo adentro. Juan Fiel, sin embargo, permaneció con el piloto, y ordenó que el barco fuera echado a la mar, diciendo,

-”Pongan toda la vela, para que esto vuele como una ave en el aire.”-

Adentro, sin embargo, el Rey le mostraba los buques de oro, de uno en uno, también las bestias salvajes y los animales extraños. Muchas horas pasaron mientras ella veía todo, y en su complacencia no observó que el barco iba cada vez más lejos.

Después de que había mirado el último, agradeció al comerciante y deseó irse a casa, pero cuando salió al lado del barco, vio que estaba en alta mar, lejos de la tierra, y avanzando rápidamente con todo la vela extendida.

-”¡Ay”-, gritó alarmada, -”¡he sido engañada! ¡Estoy raptada y he caído en el poder de un comerciante, prefiero la muerte!”-

El Rey, sin embargo, agarró su mano, y le dijo, -

-”Tranquila, no soy un comerciante. Soy un rey, y de ningún origen menor que el tuyo, y si te he traído lejos con sutileza, ha sido debido a mi gran amor que se excede por ti. La primera vez que observé tu retrato, me caí desmayado a la tierra.”-

Cuando la princesa de la Vivienda de Oro oyó aquello, quedó consolada, y su corazón se inclinó hacia él, de modo que ella con mucho gusto consintió en ser su esposa.

Sucedió sin embargo, que mientras ellos iban en el barco hacia adelante sobre el mar profundo, Juan Fiel, que se sentaba en la parte delantera del buque tocando música, vio a tres cuervos en el aire, que vinieron volando hacia ellos. Entonces él dejó de tocar y escuchó lo que ellos se decían el uno al otro, y que Juan entendía muy bien. Uno gritaba, -

-”Oh, ahí él lleva a casa a la princesa de la Vivienda de Oro.”-

-”Sí,”- contestó el segundo, -”pero no la ha conseguido aún.”-

Y dijo el tercero,

-”Sí la ha conseguido, ella se sienta a su lado en el barco.”-

Entonces el primero comenzó otra vez, y gritó,

-”¿Y que es lo que le espera a él? Cuando lleguen a tierra un caballo castaño saltará avanzando para encontrarlo, y el príncipe querrá montarlo, pero si él hace eso, el caballo se escapará y se elevará en el aire con él, y él nunca más verá a su doncella.”-

Preguntó el segundo,

-”¿Y no habrá alguna alternativa?”

Respondió el primero,

-”Ah, sí, si alguien más sube al caballo rápidamente de primero, y saca la pistola que debe estar en su pistolera, y mata al caballo a tiros, el joven Rey será salvado. ¿Pero quién sabrá esto? Y quienquiera lo sepa realmente, y se lo dice, será transformado en piedra del dedo del pie a la rodilla.”-

Entonces dijo el segundo,

-”Sé más que eso; aún si el caballo es matado, el joven Rey todavía no tendrá a su novia. Cuando ellos entren al castillo juntos, una ropa nupcial finamente trabajada estará allí en un plato para él, y con apariencia como si fuera tejido de oro y plata; sin embargo es solamente azufre y brea, y si él se lo pusiera, le quemaría hasta el mismo hueso y tuétano.”-

Dijo el tercero,

-”¿Y eso tendrá alternativa?”-

-”Ah, sí,”- contestó el segundo, -”si alguien con guantes agarra la ropa y la lanza en el fuego y la quema, el joven Rey será salvado.”-

-”¿Pero qué más traería esto?”- preguntó el tercero.

El segundo respondió,

-”Quienquiera lo sepa y se lo dice, la mitad de su cuerpo se hará la piedra de la rodilla al corazón. “-

Entonces dijo el tercero,

-”Sé todavía más; aun si la ropa nupcial se quemara, el joven Rey todavía no tendría a su novia. Después de la boda, cuando el baile comience y la reina joven baila, de repente ella girará pálida y caerá como muerta, y si alguien no la levanta y chupa tres gotas de sangre de su pecho derecho y las escupe otra vez, ella morirá. Pero si alguen que lo supiera lo declara, él se haría de piedra de la corona de su cabeza a la planta de su pie.”-

Cuando los cuervos habían hablado de todo esto juntos, volaron, y Juan Fiel había entendido bien todo, pero a partir de aquel momento en adelante él se puso tranquilo y triste, ya que si él ocultara lo que él ahora sabía, sería desafortunado para el Rey, y si él se lo hiciera saber, él mismo debe sacrificar su vida. Al fin, él se dijo,

-”Salvaré a mi Rey, aun si eso fuera para mi propia destrucción.”

Cuando por fin llegaron a la costa, todo sucedió como lo habían pronosticado los cuervos, y un caballo castaño magnífico llegó saltando.

-”¡Qué bien!”-, dijo el Rey, -”él me llevará a mi palacio,”-

Y estuvo a punto de montarlo cuando Juan Fiel se puso ante él, lo montó rápidamente, sacó de la pistolera la pistola, y pegó un tiro al caballo. Entonces los otros asistentes del Rey, que después de todo no eran muy apegados a Juan Fiel, gritaron,

-”¡Qué vergonzoso matar a ese animal hermoso, que debía haber llevado al Rey a su palacio.!”-

Pero el Rey dijo,

-”¡Manténgase en paz y déjenlo, él es mi gran Juan Fiel, que sabe cuál es el bien de eso!”-

Ellos entraron en el palacio, y en el pasillo había un plato, en el que había ropa nupcial que parecía no otra cosa como si fuera hecha de oro y plata. El joven Rey fue hacia ella y estuvo a punto de cogerla, pero Juan Fiel lo apartó, agarró con guantes la ropa, la llevó rápidamente al fuego y la quemó. Los otros asistentes otra vez comenzaron a murmurar, y dijeron,

-”Contemple, ahora él quema hasta la ropa nupcial del Rey!”-

Pero el joven Rey dijo,

-”Quién podrá saber lo bueno que él puede haber hecho, déjenlo en paz, él es mi gran Juan Fiel.”-

Y ahora la boda fue solemnizada: el baile comenzó, y la novia también participó; Juan Fiel estaba vigilante y examinaba su cara, y de repente ella giró pálida y cayó a tierra, como si estuviera muerta. Entonces Juan corrió de prisa, la levantó y la llevó a una recámara, y la posó, y se arrodilló y sorbió tres gotas de sangre de su pecho derecho, y los escupió. Inmediatamente ella respiró otra vez y se recuperó, pero el joven Rey había visto esto, y al ser ignorante del por qué Juan Fiel lo había hecho, estaba enojado y gritó,

-”¡Lánzelo en un calabozo!”-

A la mañana siguiente Juan Fiel fue condenado, y conducido a la horca, y cuando él estuvo de pie en alto, y estuvo a punto de ser ejecutado, dijo,

-”A cada quién que tiene que morir le es permitido antes de su final hacer un último discurso; ¿puedo yo también reclamar ese derecho?-

-”Sí,”- contestó el Rey, -”te es concedido.”-

Juan Fiel entonces dijo,

-”Yo soy injustamente condenado, y siempre he sido fiel y sincero contigo,”-

Y relató cómo él había oído la conversación de los cuervos cuando estaban en el mar, y como había sido obligado a hacer todas estas cosas a fin de salvar a su Rey. Entonces gritó el Rey,

-”Oh, mi gran Juan Fiel, el más fiel. Perdonado, perdonado, bájenlo.”-

Pero cuando Juan Fiel dijo la última palabra había quedado sin vida hecho todo una piedra. Con eso el Rey y la Reina sufrieron de gran angustia, y el Rey dijo,

-”¡Oh, qué mal he correspondido a su gran fidelidad!”- y pidió que la figura de piedra fuera llevada y colocada en su dormitorio al lado de su cama.

Y tan a menudo como él lo miraba, lloraba y decía,

-”Oh, si yo pudiera traerte a la vida otra vez, mi gran Juan Fiel.”-

Pasó el tiempo y la Reina dio a luz a gemelos, que crecieron vigorosos y sanos y eran su gran placer. Una vez cuando la Reina estaba en la iglesia y los dos niños sentados jugando al lado de su padre, éste, lleno de pena otra vez miró la figura de piedra, suspiró y dijo,

-”Ah, si yo pudiera traerte a la vida otra vez, mi gran Juan Fiel.”-

Entonces la piedra comenzó a hablar y dijo,

“Tú puedes llevarme a la vida otra vez si sacrificas para ese objetivo algo de lo más querido para ti.”-

Entonces respondió el Rey,

-”Daré todo que tengo en el mundo por ti.”-

La piedra siguió diciendo,

-”Si decretas que cuando faltes, tus hijos no heredarán el reino, sino que lo darás al más humilde de tus ciudadanos, al firmarlo y sellarlo, seré restaurado a la vida.”

El Rey se acongojó cuando oyó que él mismo debía desheredar a sus niños más queridos, pero también pensó en la gran fidelidad de Juan Fiel, y cómo se había hecho piedra por él, sacó el sello real y la pluma, y de su propia mano redactó y firmó el decreto. Enseguida Juan Fiel estuvo vivo de pie una vez más ante él, seguro y sano como antes. Y le dijo al Rey,

-”Tu valor será recompensado,”-

y tomó el sello real y la pluma, y los lanzó a las llamas del hogar, y el papel donde estaba el decreto se hizo vapor y se desvaneció.

Entonces el Rey se llenó de alegría, y cuando vio venir a la Reina escondió a Juan Fiel y a los dos niños en un gran armario. Cuándo ella entró, él le dijo,

-”¿Rezaste en la iglesia?”-

-”Sí,”- contestó ella, -”pero yo estaba pensando constantemente en Juan Fiel y la desgracia que le ha acontecido por nosotros.”-

Entonces dijo él, -

-”Querida esposa, podemos darle su vida otra vez, pero esto nos costará la herencia para nuestros dos pequeños hijos, que debemos sacrificar.” La Reina se sorprendió, y su corazón estaba lleno de interrogantes, pero dijo,

-”Se lo debemos, por su gran fidelidad.”-

Entonces el Rey se alegró de que ella pensara como él había pensado, y fue y abrió el armario, y trajo al frente a Juan Fiel y los niños, y dijo,

-”Dios sea elogiado, a Él nos entregamos, y tenemos a nuestros pequeños hijos con su herencia otra vez también,”-

Y le contó cómo había ocurrido todo. Entonces ellos moraron juntos en mucha felicidad hasta su final.

Enseñanza:

Ser fiel para con quien se trabaja es honestidad y condición indispensable para el éxito.

Hermanos Grimm

El lobo y el hombre

Una vez hace algún tiempo, el zorro comentaba al lobo sobre la fuerza del hombre; cómo ningún animal podía resistirlo, y como todos fueron obligados a emplear la astucia a fin de protegerse de él. Entonces el lobo contestó,

-”Si yo tuviera al menos la posibilidad de ver a un hombre por una vez, yo predominaría sobre él sin duda.”-

-”Puedo ayudarte a encontrarlo,”- dijo el zorro -”Ven temprano mañana por la mañana, y te mostraré a uno.”-

El lobo se presentó a tiempo, y el zorro lo llevó al camino por el cual los cazadores pasaban diariamente. Primero vino un viejo soldado fuera de servicio.

-”¿Es ese un hombre?”- preguntó el lobo.

-”No”-, contestó el zorro, -”Lo fue.”-

Después pasó un muchachito que iba a la escuela.

-”¿Es ese un hombre?”-

-”No, dentro de un tiempo lo será.”-

Al fin vino un cazador con su arma de dos cañones en su espalda, y un cuchillo al costado. Dijo el zorro al lobo,

-”Mira, allí viene un hombre, para dominarlo, tú debes de atacarlo, y yo me meteré a mi agujero.”

El lobo entonces se precipitó contra el hombre. Cuando el cazador lo vio le dijo,

-”Tienes suerte de que no había cargado una bala,”- pero ahora cargó, apuntó, y disparó el tiro en su cara. El lobo retorció su cara, pero no se amedrentó, y lo atacó otra vez, y el cazador le dio el segundo tiro. El lobo ingirió su dolor, y otra vez se precipitó sobre el cazador, pero él sacó su brillante cuchillo, y le dio unos cortes a derecha e izquierda, de modo que, sangrando en todas partes, corrió aullando a donde el zorro.

-”¿Bien, hermano lobo,”- dijo el zorro, -”cómo te fue con el hombre?”-

-”¡Ay!”- contestó el lobo, -”¡nunca imaginé que la fuerza de hombre era cual es! Primero, tomó un palo de su hombro, y sopló con él, y luego algo voló en mi cara que me cosquilleó terriblemente; entonces sopló una vez más en el palo, y eso voló en mi nariz como relámpago y granizo; y cuando yo estuve completamente cerca, él sacó de su costado una costilla blanca, y me golpeó tan duro con eso que quedé casi muerto.”-

- “¡Ve qué atrevido fuiste!”- dijo el zorro. -”¡Tiraste tu hacha tan lejos, que ahora ya no podrás intentarlo otra vez!”-

Enseñanza:

Nunca se debe pensar que lo desconocido es siempre inferior a uno. Es mejor suponer lo contrario y actuar con precaución.

Hermanos Grimm

El gigante y el sastre

Cierto sastre que era grande en jactancia, pero pequeño en el hacer, se le metió en su cabeza ir por el mundo por un tiempo, y conocer su alrededor. Tan pronto como pudo hacerlo, dejó su taller, y tomó su camino, sobre colinas y valles, a veces aquí, a veces allá, pero siempre adelante sin cesar. Una vez él vio en la distancia azul una colina escarpada, y detrás de ella una torre que casi alcanzaba a las nubes, la cual se elevaba sobre un salvaje bosque oscuro.

-”¡Rayos y truenos!,”- gritó el sastre, -”¿qué será eso?”-

Y como fue fuertemente tentado por la curiosidad, se dirigió vigorosamente hacia allá. Pero lo que hizo al sastre abrir sus ojos y boca cuando ya estuvo al frente, fue ver que la torre tenía piernas, y con un sólo paso subía sobre la colina escarpada, y estaba ahora de pie ante él todo un gigante poderoso.

-”¿Qué quieres aquí, tú, diminuta pierna de mosca?”- gritó el gigante, con una voz como si estuviera tronando en todo lado. El sastre dijo temerosamente,

-”Sólo quiero mirar alrededor y ver si puedo obtener un poco de alimento para mí, en este bosque.”-

-”Si eso es lo que buscas,”- dijo el gigante, -”serás mi sirviente y compartirás un lugar conmigo.”-

-”Sí puede ser, ¿por qué no? ¿Qué pago recibiré?”- dijo el sastre.

El gigante respondió,

-”Te diré lo que recibirás. Cada año tendrás trescientos sesenta y cinco días, y cuando sea año bisiesto, recibirás uno más como premio. ¿Te satisface?”-

-”Está bien,”- contestó el sastre, y pensó para sí mismo,

-”Un hombre debe cortar su abrigo según su tela; trataré de escaparme tan rápido como pueda.”-

En eso el gigante le dijo,

-”Vaya, pequeño pilluelo, y tráigame un jarro de agua.”-

-”¿Y por qué no mejor traigo todo el pozo inmediatamente, y la fuente también?” preguntó el jactancioso, y fue con la jarra al agua.

-”¿Qué? ¡El pozo y la fuente también!,”- gruñó el gigante en su propia barba, ya que él era más bien payaso y estúpido, y comenzó a tener miedo y se dijo,

-”Aquel bellaco no es un tonto, tiene a un mago en su cuerpo. Ponte en guardia, viejo Hans, ese no es ningún hombre que te pueda ser en verdad útil.”-

Cuando el sastre había traído el agua, el gigante le pidió entrar en el bosque, y cortar un par de bloques de madera y traerlos de vuelta.

-”¿Y por qué no el bosque entero, de una vez, con un solo golpe?. Todo el bosque, joven y viejo, con todo lo que está allí, tanto áspero como liso.”- preguntó el pequeño sastre, y salió a cortar la madera.

-”¿Qué? ¡Todo el bosque, joven y viejo, con todo que está allí, tanto áspero como liso, y el pozo y su fuente también!,”- gruñó el gigante crédulo en su propia barba, y todavía se puso más aterrorizado.

-”El bellaco puede hacer mucho más que hornear manzanas, y tiene a un mago en su cuerpo. ¡Mantente en guardia, viejo Hans, este no es ningún hombre que te pueda servir!”-

Cuando el sastre había traído la madera, el gigante mandó que le lanzara una flecha a dos o tres jabalís para la cena.

-”¿Por qué no mejor mil jabalís con una flecha, y traerlos a todos aquí?”- preguntó el ostentoso sastre.

-”¿Qué?”- gritó el tímido gigante con gran terror; y se dijo a si mismo, -”Hans, quédate solo esta noche, y acuéstate para descansar.”-

El gigante estaba tan terriblemente alarmado que no pudo cerrar un solo ojo en toda la noche por pensar en cual sería el mejor modo de deshacerse de este criado hechicero maldito. El tiempo trae respuestas. A la mañana siguiente el gigante y el sastre fueron a un pantano, rodeado por varios sauces.

Entonces dijo el gigante,

-”Escúchame sastre, siéntate en una de las ramas de sauce, y yo observaré si eres bastante grande como para inclinarla.”-

De repente el sastre se sentó en una rama, retuvo su aliento, y se hizo tan pesado que la rama se inclinó. Sin embargo, cuando se sintió obligado a renovar su aire y tuvo que soltar el aliento, se alivianó tanto que la rama rebotó lanzándolo tan alto en el aire que nunca más fue visto otra vez, y eso fue de gran placer para el gigante. Si el sastre no ha caído a tierra aún, debe de estarse cirniendo en el aire ahora. Quizás lo viste pasar y pensaste que era una ave.

Enseñanza:

El fanfarrón puede que a veces logre impresionar a alguien, pero al final sólo mostrará su vacío.

Hermanos Grimm

El pájaro de oro

Hace mucho tiempo había un rey, que tenía detrás de su palacio un hermoso jardín de placer en el cual había un árbol que daba manzanas de oro. Cuando las manzanas maduraron fueron contadas, pero a la mañana siguiente faltaba una. Esto fue informado al Rey, y él pidió que un guarda permaneciera cada noche bajo el árbol. El Rey tenía tres hijos, y tan pronto como la noche vino, envió al mayor al árbol del jardín; pero al ser la medianoche él no pudo impedir su sueño, y a la próxima mañana otra vez faltaba una manzana.

A la noche siguiente el segundo hijo tuvo que vigilar el árbol, pero no le fue mejor; tan pronto como dieron las doce ya estaba dormido, y por la mañana otra manzana faltaba. Luego le tocaba el turno al tercer hijo para vigilar; y aunque él estaba completamente listo, el Rey no le tenía mucha confianza, y pensó que él le sería de menos utilidad que sus hermanos; pero por fin le dejó ir. El joven se colocó bajo el árbol y se mantuvo despierto, y no dejó que el sueño lo dominara.

Cuando dieron las doce, algo crujió por el aire, y en la luz de la luna él vio a un ave venir y cuyas plumas brillaban todas como el oro. El ave se posó en el árbol, y acababa de arrancar una manzana cuando el joven le lanzó una flecha. El ave se fue volando, pero la flecha había golpeado su plumaje, y una de sus plumas de oro cayó. El joven la recogió, y a la mañana siguiente fue donde el Rey y le dijo lo que había visto por la noche. El Rey llamó a su consejo, y cada uno declaró que una pluma como esa valía más que el reino entero.

-”Si la pluma es tan preciosa,”- declaró el Rey, -”una sola no bastará para mí; ¡debo tener y tendré al ave entera!”-

El hijo mayor salió; y confiando en su inteligencia, pensó que él encontraría fácilmente al Ave de Oro. Cuando ya había recorrido alguna distancia vio a un zorro sentado sobre un tronco, entonces él alistó su arma y apuntó a él. El zorro gritó,

-”¡No me lances la flecha! y a cambio te daré un buen consejo. Andas en busca del Ave de Oro; y esta tarde llegarás a un pueblo en el cual hay dos posadas, una enfrente de la otra. Uno de ellas está iluminada alegremente, y todo se ve feliz dentro de ella, pero no entres ahí; mejor ve a la otra, aunque parezca una fea posada.”-

-”¿Cómo puede una bestia tan tonta dar un consejo sabio?”- pensó el hijo del Rey, y disparó la flecha. Pero no le acertó al zorro, el cual estiró su cola y corrió rápidamente dentro del bosque.

Entonces siguió su camino, y antes de la tarde llegó al pueblo donde estaban las dos posadas; en una cantaban y bailaban; la otro tenía una apariencia pobre, miserable.

-”Yo debería ser un tonto, en efecto,”- pensó él, -”si yo entrara en la posada lamentable, y dejara la buena.”-

Entonces entró en la alegre, pasó allí en fiesta y tertulia, y olvidó al ave y a su padre, y todos los buenos consejos. Cuando algún tiempo había pasado, y el hijo mayor durante mes tras mes no regresó a casa, el segundo hijo salió, dispuesto a encontrar al Ave de Oro.

El zorro lo encontró como había encontrado al mayor, y le dio el buen consejo, al cual no le tomó atención. Él llegó a las dos posadas, y su hermano estaba de pie en la ventana, de la cual venía la música, y le llamó. Él no podía resistir, e ingresó, y vivió sólo para el placer. Otra vez algún tiempo pasó, y luego el hijo más joven del Rey quiso salir y probar su suerte, pero su padre no lo permitía.

-”Es inútil,”- se dijo a sí mismo, -”no encontrará al Ave de Oro, tendrá menos suerte que sus hermanos, y si una desgracia le aconteciera, él no sabe como ayudarse; sólo tiene una buena intención, en el mejor de los casos.”-

Pero por fin, como no tenía ninguna paz frenándolo, le dejó ir.

Otra vez el zorro estaba sentado en el tronco, y pidió le respetara su vida, y ofreció su buen consejo. El joven era bondados, y dijo,

-”Tranquilo zorrito, no te haré daño.”-

-”Usted no se arrepentirá de ello,”- contestó el zorro; -”y además podrá avanzar más rápidamente, siéntese en mi cola.”-

Y no más se había sentado cuando el zorro comenzó a correr, y avanzando sobre troncos y piedras su pelo silbaba en el viento. Cuando ellos llegaron al pueblo el joven se bajó; él siguió el buen consejo, y sin mirar alrededor entró a la pequeña posada, donde pasó la noche serenamente.

A la mañana siguiente, tan pronto como él salió al terreno abierto, allí encontró sentado al zorro, quien dijo,

-”Le diré lo que usted tiene que hacer en adelante. Continúe completamente derecho, y por fin llegará a un castillo delante del cual está un regimiento entero de soldados, pero no se preocupe por ellos, ya que todos ellos estarán dormidos y roncando. Pase por en medio de ellos directamente al castillo, y pase por todos los cuartos, hasta que por fin llegará a una cámara donde una Ave de Oro cuelga en una jaula de madera. Cerca de él hay una jaula de oro vacía para presentación, pero cuídese de no sacar al ave de la jaula común y ponerla en la fina, o si no todo le saldrá mal.”

Con estas palabras el zorro otra vez estiró su cola, y el hijo del Rey se sentó sobre ella, y avanzando sobre troncos y piedras su pelo silbaba en el viento.

Cuando llegaron al castillo él encontró todo como el zorro se lo había dicho. El hijo del Rey entró en la cámara donde el Ave de Oro estaba encerrada en una jaula de madera, mientras otra jaula de oro estaba ahí cerca; y las tres manzanas de oro estaban en el cuarto. Pero, pensó él,

-”Sería absurdo si yo me llevara al ave hermosa en la jaula común y fea,”-

Entonces abrió la puerta de la jaula sencilla, saco al ave, y la puso en la jaula de oro.

Pero al mismo momento el ave dio un grito chillón. Los soldados despertaron, entraron, y lo llevaron a la prisión. A la mañana siguiente fue llevado ante una corte de justicia, y como él lo admitió todo, fue condenado a muerte. El Rey, sin embargo, dijo que él le concedería su vida con una condición, a saber, que él le trajera el Caballo de Oro que corre más rápido que el viento; y en este caso él debería recibir, además, como una recompensa, al Ave de Oro. El hijo del Rey salió, pero suspiró y estaba triste, porque ¿cómo podría él encontrar al Caballo de Oro? Pero de repente vio a su viejo amigo el zorro sentado en el camino.

-”Mire usted,”- dijo el zorro, -”esto ha pasado porque no me prestó atención. Sin embargo, mantenga su buen coraje. Le daré mi ayuda, y le diré como llegar al Caballo de Oro. Usted debe ir derecho, y llegará a un castillo, donde en un establo se encuentra el caballo. Los guardias estarán frente al establo; pero estarán dormidos y roncando, y usted podrá conducir silenciosamente al Caballo de Oro. Pero de una cosa debe tener cuidado; póngale la silla común de madera y cuero, y no la de oro, que cuelga cerca de él, porque si no todo irá mal con usted.”-

Entonces el zorro estiró su cola, el hijo del Rey se sentó sobre ella, y avanzando sobre troncos y piedras su pelo silbaba en el viento.

Todo se presentaba como el zorro había dicho; el príncipe llegó al establo en el cual el Caballo de Oro estaba de pie, pero cuando iba a ponerle la silla común, pensó,

-”Sería una vergüenza para una bestia tan hermosa, que no le coloque la silla buena que le pertenece por derecho.”-

Pero apenas la silla de oro tocó al caballo, éste comenzó a relinchar con gran ruido. Los guardias despertaron, agarraron al joven, y lo lanzaron en la prisión. A la mañana siguiente él fue condenado por el tribunal a muerte; pero el Rey prometió concederle su vida, y el Caballo de Oro también, si él pudiera traer a la hermosa princesa que está en el Castillo de Oro.

Con un corazón apesumbrado el joven salió; pero por suerte para él, pronto encontró al zorro fiel.

-”Yo debería abandonarlo a su mala suerte,”- dijo el zorro, -”pero me compadezco de usted, y le ayudaré una vez más con su problema. Este camino le lleva directamente al Castillo de Oro, usted lo alcanzará al atardecer; y por la noche cuando todo está tranquilo, la hermosa princesa va a la casa de baño para bañarse. Cuando ella entre allí, suba rápido hacia ella y dele un beso, entonces ella le seguirá, y podrá llevársela con usted; sólo no permita que ella se despida de sus padres primero, o todo irá el mal con usted.”

Entonces el zorro otra vez estiró su cola, y el hijo del Rey se sentó sobre ella, y avanzando sobre troncos y piedras su pelo silbaba en el viento.

Cuando llegaron al Castillo de Oro todo era como el zorro había dicho. Él esperó hasta la medianoche, y cuando todos estaban en sueño profundo, la hermosa princesa se dirigió a la casa de baño. Entonces él saltó y le dio un beso. Ella dijo que le gustaría ir con él, pero le pidió lastimosamente, y con lágrimas, permitirle primero despedirse de sus padres. Al principio él resistió su ruego, pero como ella lloró cada vez más, y se arrodilló a sus pies, él por fin accedió.

Pero apenas había la doncella alcanzado el lado de la cama de su padre, cuando él y todo el resto en el castillo despertaron, y el joven fue detenido y puesto en la prisión. A la mañana siguiente el Rey le dijo,

-”Su vida está perdida, y sólo podrá encontrar piedad si quita la colina que está de pie delante de mis ventanas, y que me impide ver más allá; y debe de terminar todo esto dentro de ocho días. Si usted hace eso tendrá además a mi hija como su recompensa.”-

El hijo del Rey comenzó, y excavó y movió con pala sin acabar, pero cuando después de siete días vio lo poco que había hecho, y que todo su trabajo no era bueno en nada, cayó en una gran pena y perdió toda esperanza.

Pero durante la tarde de ese séptimo día el zorro apareció y dijo,

-”Usted no merece que yo debiera tomar cualquier problema suyo; pero sólo márchese y acuéstese a dormir, y yo haré el trabajo por usted.”-

A la mañana siguiente, cuando él despertó y miró hacia afuera por la ventana, la colina se había ido. El joven corrió, lleno de alegría, a donde el Rey, y le dijo que la tarea fue realizada, y si le gustó eso o no, el Rey tuvo que cumplir con su palabra y darle a su hija. Así los dos salieron adelante juntos, y a los pocos momentos el zorro fiel se unió a ellos.

-”Ciertamente usted ha conseguido lo que es mejor,”- dijo el zorro, -”pero el Caballo de Oro también pertenece a la doncella del Castillo de Oro.”-

-”¿Y cómo lo conseguiré?”- preguntó el joven.”-

-”Haga como le diré,”- contestó el zorro; -”primero lleve a la hermosa doncella al Rey que lo envió al Castillo de Oro. Allí será inaudita la alegría; ellos le darán de buena gana el Caballo de Oro, y se lo traerán. Móntelo cuanto antes, y con su mano diga a todos adiós; y de último dele la mano a la hermosa doncella. Y tan pronto como usted ha tomado su mano súbala en el caballo, y galope lejos, y nadie será capaz de alcanzarlo, ya que el caballo corre más rápido que el viento.”-

Todo fue realizado con éxito, y el hijo del Rey se llevó a la princesa hermosa en el Caballo de Oro.

El zorro no lo abandonó, y dijo al joven,

-”Ahora le ayudaré a conseguir al Ave de Oro. Cuando usted llegue cerca del castillo donde el Ave de Oro debe de encontrarse, deje a la doncella bajar, y yo la tomaré a mi cuidado. Entonces pasee con el Caballo de Oro en el jardín del castillo; habrá gran alegría por el especáculo, y entonces sacarán al Ave de Oro para usted. Tan pronto como usted tenga la jaula, galope de regreso hacia nosotros, y se lleva a la doncella otra vez.”-

Cuando el plan ya había tenido éxito, y el hijo del Rey estaba a punto de montar a caballo y regresar a casa con sus tesoros, el zorro dijo,

-”Ahora usted me recompensará por mi ayuda.”-

-”¿Qué puedo hacer por usted?”- preguntó el joven.

-”Cuando usted entre al bosque, me mata con la flecha, y corta mi cabeza y pies.”

-”Eso sería una gratitud inadecuada,”- dijo el hijo del Rey. -”No puedo hacer eso por usted.”-

El zorro dijo,

-”Si usted no lo hace, deberé abandonarle, pero antes de que yo me marche le daré una porción de un buen consejo. Tenga cuidado sobre dos cosas. No compre ninguna carne de horca, y no se siente en el borde de ninguno pozo.”-

Y luego el zorro entró corriendo en el bosque. El joven pensó,

-”Es una maravillosa bestia, tiene caprichos extraños; ¿quién va a comprar carne de horcas? y el deseo de sentarme en el borde de un pozo es algo que nunca he tenido aún.”-

Él montó en el caballo con la hermosa doncella, y su camino lo llevó otra vez por el pueblo en el cual sus dos hermanos habían permanecido. Había un gran movimiento y ruido, y, cuando preguntó por lo que sucedía, le dijeron que dos hombres iban a ser ahorcados. Cuando él llegó más cerca del lugar, vio que los condenados eran sus hermanos, quienes habían estado haciendo toda clase de malas trampas, y habían malgastado toda su riqueza. Él preguntó si ellos no podrían ser puestos en libertad.

-”Si usted paga por ellos,”- contestó la gente; -”¿pero por qué debería gastar su dinero en malos hombres, y dejarlos libres?”-

Él no lo pensó dos veces, y pagó por ellos, y cuando fueron puestos en libertad siguieron su camino juntos.

Y llegaron al bosque donde el zorro los había encontrado primero, y como estaba fresco y agradable dentro de él, los dos hermanos dijeron,

-”Déjanos descansar un poco cerca del pozo, y comer y beber.”-

Él estuvo de acuerdo, y mientras ellos hablaban él se olvidó, y se sentó sobre el borde del pozo sin pensar en cualquier mal. Pero los dos hermanos lo lanzaron hacia atrás en el pozo, tomaron a la doncella, el Caballo, y el Ave, y se fueron a casa de su padre.

-”Aquí le traemos no sólo el Ave de Oro,”- dijeron ellos; -”hemos conseguido al Caballo de Oro también, y a la doncella del Castillo de Oro.”-

Entonces fue allí gran alegría; pero el Caballo no comía, el Ave no cantaba, y la doncella se sentaba a llorar.

Pero el hermano más joven no estaba muerto. Por fortuna el pozo estaba seco, y había caído sobre el musgo suave sin hacerse daño, pero no podía salir otra vez. Incluso en este percance el zorro fiel no lo abandonó: vino y bajó hasta él, y lo reprendió por haber olvidado su consejo.

-”Sin embargo no puedo dejarlo así,”- dijo; -”le ayudaré otra vez a ver la luz del día.”-

Le pidió que agarrara su cola y se mantuviera firme en ella; y luego lo subió.

-”Usted no está fuera de todo peligro aún,”- dijo el zorro -”sus hermanos no estaban seguros de su muerte, y han rodeado al bosque de observadores, que deben matarle si usted se deja ser visto.”

Pero un hombre pobre estaba sentado sobre el camino, con quien el joven se cambió de ropas, y de esta manera él se enrumbó hacia el palacio del Rey. Nadie lo conocía, pero el Ave comenzó a cantar, el Caballo comenzó a comer, y la hermosa doncella dejó de llorar. El Rey, sorprendido, preguntó,

-”¿Qué significa todo esto?”-

Entonces la doncella dijo,

-”¡No lo sé, pero he estado tan triste y ahora soy tan feliz! Siento como si mi novio verdadero ha venido.”-

Ella le dijo todo lo que había pasado, aunque los otros hermanos la habían amenazado con la muerte si ella decía algo.

El Rey mandó que toda la gente que estaba en su castillo llegase ante él; y entre ellos vino el joven con su ropa desigual; pero la doncella lo conoció inmediatamente y lo abrazó sobre su cuello. Los malos hermanos fueron capturados y expulsados del reino, y él siguió casado con la hermosa doncella y fue declarado heredero del Rey. ¿Pero que sucedió con el pobre zorro? Mucho tiempo después el hijo del Rey andaba otra vez en el bosque, cuando el zorro lo encontró y le dijo,

-”Usted tiene ahora todo lo que puede desear, pero yo nunca tengo un final a mi miseria, y aún usted está en poder de liberarme,”-

Y otra vez él le pidió con lágrimas matarlo con la flecha y cortar su cabeza y pies. Entonces él lo hizo, y apenas fue hecho cuando el zorro fue cambiado en un hombre, y era además el hermano de la princesa hermosa, que por fin fue liberado del encanto mágico que había sido puesto sobre él. Y ahora de nada más necesitaron para su felicidad mientras ellos vivieron.

Enseñanza:

A pesar de que a veces cometamos algunas equivocaciones, la perseverancia es un excelente camino al éxito.

Hermanos Grimm

Diario Vasco

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