Seguramente alguien tendrá ya ganas de que empiece a hablar de Etiopía. Les pido paciencia a quienes
así lo deseen porque todavía, como se podrán imaginar, la Antártida, -pedazo de viaje-, da para mucho y con ella, con este viaje voy a seguir.
Una base, la Verdansky, por una libra

Seguimos navegando hacia el sur con un objetivo claro: llegar a la base ucraniana de Verdansky, situada en la latitud 65º 15’ Sur, el punto más austral al que llegamos. A partir de ahí el mar empieza a estar más helado y puede ser contraproducente meterse con el velero. Naturalmente no queríamos experimentar lo que sucedió a Ernest Shackleton cuando quedó con su barco, el Endurance (Resistencia) atrapado en el hielo en 1914. Visitamos la base donde fuimos invitados amablemente a un, ¡como no podía ser de otra forma!, vodka, que yo me perdí porque me lie a hacer fotos en la visita a la base, a sus mapas antárticos. Todo lo que son mapas me trae loco…, me gusta…

El amigo brasileiro y compañero de ¿camarote? –ya se acuerdan porqué lo digo, ¿no?, porque dormíamos en un par de literas en el pasillo…; se anima a tocar la guitarra y nos deleita con alguna bosa nova. Hizo lo propio un ucraniano con unas barbas impresionantes. Nada más verlas le pregunté si esa barba era desde que estaba allí. La respuesta fue afirmativa, no se había afeitado desde que entró en la base y no pensaba quitársela hasta que se fuera de ella. En total iba a pasar allí un año, aislado del mundo y de su gente… El barbudo también tocó sus buenas piezas, incluso las cantó, y así pasamos un buen rato nocturno en la base de Verdansky. Esto fue el 22-F. Esta base ahora ucraniana fue vendida por los ingleses a Ucrania por el simbólico precio de 1 libra. Les interesaba más esto que no pagar el desmantelamiento de la misma que costaría bastante más que una simple libra. Así que los ucranianos tienen presencia en la Antártica.
El museo británico

A la mañana siguiente -24 de febrero de 2012- regresamos a tierra para ver los últimos vestigios de lo que queda de lo que fue la base inglesa. Está ahora como museo y se puede visitar. Allí está intacto todo lo que utilizaban en la base: sistemas de comunicación, máquina de escribir, biblioteca, cocina, utensilios, todo resulta muy curioso puesto que tal cual la dejaron cuando abandonaron la base, así se quedó y así está.

Volvemos al barco y a partir de ahora tomamos ya rumbo Norte. Esto se acaba…, pero todavía quedarían sorpresas paisajísticas indescriptibles. Recojo de mi cuaderno de bitácora: “El paisaje es una pasada estamos volviendo por otro canal diferente al de ida, porque hoy vamos a Port Locroy desandando ya lo andado aunque por otros caminos, si bien la montaña son las que vimos en la ida. Vemos muchas focas. A la tarde veo dos ballenas, aviso a la gente. Les seguimos un poco en dirección contraria a donde ibamos pero se alejan. Que penita…. Al rato vemos otras dos. Más de cerca pero se alejan igualmente…”. Ciertamente no me canso de este paisaje, de esta fauna. Ciertamente no me canso de la Antártida…, y sigo leyendo e mi cuaderno, corroborando lo que yo mismo digo: “Estoy todo el rato fuera, en cubierta, para no perder imágenes de la navegación. Es una pasada de bonita…”
Atracamos en la bahía para visitar Port Locroy. Aquí estaremos dos noches. Llegamos al atardecer y leo de mi diario: “Hay una puesta de sol maravillosa. Salgo a hacer fotos y me quedo helado. Pero merece la pena hacer estas fotos porque son espectaculares”.
Desayuno con focas

Podría titular este ladillo “Desayuno con Diamantes” perfectamente, porque el espectáculo que veían mis ojos nada más levantarme era como un diamante en bruto. Amanecimos con un gran iceberg pegado a la eslora del barco. Un iceberg con focas que plácidamente descansaban encima del hielo y estaban casi dentro del barco… Por eso digo desayuno con focas. Yo cedí mi desayuno para hacer fotos y fotos y observar los movimientos de las focas. Era tremendo cómo intentaban algunas subir. Imaginénse, sin casi extremidades subirse a un pedazo de hielo que además resbala. Al final alguna foca lo consiguió, otras, exhaustas del esfuerzo, lo dieron por imposible, mientras sus hermanas focas veían impasibles todo lo que intentaban sus compañeras. Es un espectáculo. Verlo es más bonito que el mejor diamante del mundo y por eso digo también, desayuno con diamantes…

Después de disfrutar de semejante espectáculo desembarcamos a Port Locroy, una isla donde, además de haber una tienda de souvenirs británica –evidentemente no pude reprimirme y compré algunas pitxias-, era una impresionante colonia de pingüinos. Una visita ideal y magnífica. Nos explicó una guía algunos detalles de su presencia 
allí, así como algo de la vida de los pingüinos que habitaban la zona. Visitamos el museo de lo que fue la antigua base británica, convertida a día de hoy en tienda. Regresamos al barco y a la tarde visitamos otra cabaña-museo de la presencia británica en aquella zona.
Aquí me ‘escapo’ y me voy al monte solo. Me sigue la ayudante del capitán y la amiga Vero, a quien en el descenso le tengo que ayudar porque iba con botas de goma y resbalaba en la nieve. Había una buena inclinación y podía caer. No me canso de repetirlo y como escribía en mi cuaderno de bitácora: “Ha sido un día espléndido, una jornada espectacular. ¡Me gusta la Antártida…!
Rumbo al norte

Al día siguiente, 25 de febrero, sábado, levamos el ancla y ponemos rumbo norte a las islas Melchior. El día está gris y nieva. Pasamos por tramos de mar algo complicadillos por el hielo, el barco se monta en estas franjas de hielo y las atravesamos sin problemas. Se pueden pasar nervios, pero les aseguro que es una verdadera delicia navegar entre icebergs y con el mar helado, poniendo ese punto de aventura a la navegación.
Salimos por Neumar Channel cogemos el Gerlache Strait y por el Schollaert channel entre Brabant a estribor y Anvers island a babor afrontamos las Melchoir Island, punto de partida para afrontar el Drake Passage y Cabo de Hornos mañana domingo.

Seguimos viendo algunas ballenas. Hoy además, eso sí, algo lejos, hemos visto alguna orca. Y por supuesto, no dejamos de ver como todos los días, siempre que estamos cerca de la costa, a esos diminutos pingüinos nadar como locos pegando unos simpáticos saltos que nos alegran la travesía marítima. Estamos pegando ya los últimos coletazos en la Antártida y eso internamente lo noto, lo siento. Me da pena abandonar este magnífico y magistral
paisaje. Tras el atraque en una ensenada salimos a tierra y algunos subimos a una montaña para contemplar las estupendas vistas que ofrecen las alturas.
Nos vamos
Llega el día D. Vamos a salir de aquí. El domingo reunión. El capi –que sigue creando más tensión que buen rollito-, nos explica los vientos que tendremos de regreso hacia el Cabo de Hornos por el complicado pasaje de Drake. Ya nos adelanta que habrá movimiento. Nos explica que tenemos que recoger todo del barco para evitar que se caigan las cosas. ¡Evidentemente, lo hacemos!, off course.
Otra anécdota “capitaniana”. Como Cristiano, mi amigo y compañero de ¿camarote?, y yo no teníamos sitio para poder colgar los trajes de agua ni de frío, nos buscábamos la vida colgándolo en otras partes comunes del velero. Cristiano tenía perfectamente colgado su traje de agua, que utilizaba todos los días en las guardia, en la zona de calor del barco, y así de paso se le secaba. Pues bien, el capi no nos advirtió que teníamos que quitar también la ropa de allí a la hora de comunicarnos que deberíamos de recoger todo. Y además pensábamos que al estar perfectamente colgada, como había otras cosas comunes, como trapos de cocina, etc., cumplíamos con los “requisitos” al haber recogido todas nuestras otras cosas.
Pues bien. En un arrebato del capitán coge el traje de agua de Cristiano y literalmente lo tira con el máximo desprecio al suelo en presencia del propio Cristiano que, lógicamente se quedó helado, y no por el frío que hacía en la Antártida. A partir de ahí, Cristiano no deseaba otra cosa que llegar a Puerto Willians y olvidarse de este personaje. Transcribo desde mi diario, escrito minutos después de observar esta maniobra del capi y lo escribo con mi mala l…: “Es un impresentable. Definitivamente tengo que decir que este capitán no vale para esto. Como dice Fernando, en lugar de crear buen ambiente que es lo que le correspondería hacer, crea muchísima tensión en el barco. Es sin lugar a dudas…”, prefiero callarme y no escribirlo… Juzguen ustedes mismos. Esto no se hace… Ahí queda dicho. Aquí queda escrito.
Hacia las once de la mañana soltamos amarras. Emprendemos definitivamente el camino de vuelta. Viaje de regreso por el Drake que se lo contaré en la última entrega de la Antártida y comenzaré a desgranar lo que ha sido el trekking por las montañas Simien en Etiopía.
Que los vientos les sean favorables. Hasta dentro de otros quince días.
Vaya por delante que hace una semana regresé de Etiopía. Otro viaje fantástico que ya se lo iré contando cuando termine con los relatos antárticos.
Recordarán que nos quedamos en la doble visita de isla Decepción que realizamos el viernes 17 de febrero de 2012, continuando viaje hacia el interior de la Antártida en nuestro velerito Santa María Australis, donde nos embarcamos en Puerto Willians en Chile el domingo 12 de febrero.

Muy de madrugada me despierta el ruido del motor. Vamos a zarpar de la bahía de isla Decepción. Es sábado 18 de febrero. Al spanish team (Fernando, Mané y yo), nos toca el turno de las 6 de la mañana. Escribo en mi cuaderno de bitácora: “Hace mucha mar. Muchas olas. Está nevando. Salgo fuera y ¡el barco está nevado…! Hace muchísimo frío. No se ve nada. Está muy nublado. Estamos los tres pero sale también Álvaro. No ha podido dormir nada con el meneo, increíble meneo del barco. Huele mucho el barco. Quizás las aguas negras con el mar se han revuelto. Aquí no se pueden vaciar. Está prohibido. No sé qué hace el capitán que consigue al rato que se vaya el malísimo olor. ¿Lo habrá vaciado?, ¡eh ahí la cuestión….!”.
Y sigo leyendo del cuaderno de bitácora: “Está Fernando al timón y de repente pega un grito. ¡Ha visto saltar delante del barco a estribor un ballena!, lástima yo acababa de dejar de filmar. La veo justo pegadita al barco pero no me da tiempo de fotos ni nada. Disfruto del momento viéndola a medio metro mío… ¡qué pasada!…”.
Cojo un rato la caña sustituyendo a Fernando. Hay muchas olas, muy altas, pero a medida que van pasando las horas, las olas se van relajando… El frío es intenso. Hacia mediodía ya se empieza a divisar tierra otra vez. Entramos en el canal de Gerlache y la mar está ya más tranquila. Empezamos a navegar por los mares antárticos y sus canales, bastante más relajados que todo lo que hemos dejado atrás. Cada vez avistamos más iceberes. ¡Espectacular! Vemos a lo lejos unos pináculos de hielo.
Les hablaba hace quince días del primer iceberg que vimos. Después vendrían otros, y otros, y continuando la navegación ya de otra manera, sin hacer guardias por la noche puesto que siempre fondeábamos en algún lugar, pero sí haciendo guardias de día para ver por dónde tenemos que pasar cuidando de no chocar con los grandes icebergs y esquivando los pequeños que flotan por el agua y que no se ven hasta que no estás encima de ellos. Nos sorprenden unas formaciones de hielo impresionantes donde nos detenemos dándoles vueltas, por gentileza del capitán. Todo hay que decirlo, si el capitán Meyer era como era, lo que sí tenía de bueno es que se enrollaba a la hora de, en este caso, ver algo espectacular como aquellos icebergs, de los que presento aquí algunas fotos para que las disfruten tanto como yo sacándolas.
No nos hartábamos de sacar fotos con nosotros y los icebergs al fondo; sin gente; el iceberg con el agua y sus espectaculares colores; solo el hielo, etc., y así sucesivamente, hasta conseguir más gigas de fotos que otra cosa. Lo peor de todo ello es que de hacer tantas fotos la selección se antoja complicada y larga. Pero no duden que la haré para poder hacer una presentación fotográfica de lo que es la Antártida. Porque realmente merecerá la pena el esfuerzo.

Verdaderamente todo esto que estamos viendo, estos pináculos de hielo, estos icebergs son una maravilla de la naturaleza. De vez en cuando vamos viendo algunos pingüinos que saltan por ahí. Son super txikis. El barco está super bonito con nieve y hielo, lo que nos permite hacer unas fotos espectaculares. Nos amarramos a un viejo barco ballenero varado. Es el Enterprise.
El día de las ballenas
Estamos a 19 de febrero. Hace una semana salimos de Puerto Williams y estoy disfrutando de mi viaje intensamente. Algunos hacemos un desembarco en una pequeña isla. Hace un día espléndido y quiero aprovechar cada minuto, cada salida, cada momento de este lugar espectacular. Hay unas barcas de los antiguos balleneros destrozadas. Regresamos al barco y nos disponemos ya a zarpar. Pero antes el breafing de todos los días. El capitán nos explica que vamos a comenzar a navegar entre el hielo, y además hay mucho, con cantidad de icebergs, así que cada grupo de tres en su guardia tendrá que ir uno adelante en proa, eso sí, bien abrigadito, para indicar al que esté al timón por dónde tiene que pasar sorteando todo tipo de obstáculos que haya en el mar.


Este es el día de las ballenas. Jamás las he tenido tan cerca. Tras caprichosos de estos grandes cetáceos se ponen a juguetear con el barco.
Por fin pude hacer la típica foto de la cola sumergiéndose en el agua.
Y por supuesto sacar otras fotos impensables. Verdaderamente impresionante. Son ballenas jorobadas. Es un auténtico espectáculo. Estamos con ellas como una hora, ¡a un metro del barco!, nos pasan por debajo una y otra vez. En fin una delicia que no se olvida nunca. Nos vamos y todavía durante un rato largo nos siguen… Más fotos, entre todos cientos, ¿miles? de fotos…
Nuestra primera cima antártica

En una preciosa bahía rodeada de icebergs fondeamos para al día siguiente salir a visitar a tierra una pingüinera de unos 12.000 pingüinos. Mané y yo nos vamos al monte. Hacemos nuestra primera cima antártica en la isla Kuberbiel. La ascensión ha sido superespectacular, con unas vistas impresionantes hacia los dos lados de la montaña. Volvemos al barco y navegamos hacia la base militar chilena González Vileda. Verdaderamente no sé qué pinta aquello allí, salvo, como decía el otro día, para preservar la hegemonía del lugar por parte de los chilenos. Allí los militares que la habitan deben pensar, ¡hacerme militar para esto, para estar vendiendo gorros y chamarras aquí, en la Antártida…! En fin… ahí lo dejo…

Nos adentramos con el barco en un impresionante lugar donde se encuentra un glaciar espectacular. Es un Perito Moreno pero txiki (pequeño)… Vemos caer toneladas de hielo al mar. Le izamos a Álvaro con los wincher hasta lo más alto del mástil para hacer unas fotos espectaculares.

Después de bajarle es Pascale a la que subimos hasta arriba. En esta ocasión, ¿casualidad o favoritismo?, el capitán se adentra en el mar helado, rompiendo el hielo con la proa del barco, y consigue la francesa hacer fotos más espectaculares todavía. Esas eran las fotos que quería hacer Álvaro o yo mismo, pero no tuve opción de subir al palo, había que marcharse.
Más tarde nos embarcamos algunos en la dingui para sentir más de cerca esa porción de mar helado. Cuando estamos acercándonos al barco vemos un impresionante desprendimiento. Nos protegemos a babor del barco. ¡Craso error!, la espectacular ola que hizo la caída de hielo en el mar helado hace escorar al Santa María Australis de tal manera que casi nos aplasta a todos y nos tira al agua. Literalmente nuestro propio barco donde creíamos encontrar cobijo ante la formación de la gran ola por el desprendimiento del hielo al agua, se convirtió en un arma casi letal, y se nos echó encima. Todo quedó en un buen susto y la cosa no fue a más. Estamos con la zodiak en el hielo y nos cuesta salir. Una vez todos en el barco nos vamos luego a fondear. Lo hacemos cerca de este Peritito Moreno.
Así van transcurriendo los días, pingüinos, cumbres de nieve, sin demasiados problemas técnicos ni físicos. Se dejan hacer. Visitamos cantidad de colonias de pingüinos papúa, adelaida, etc.
Uno de los días subiendo otra montaña antártica, a la que costaba llegar a su cumbre, me acordaba de una frase de uno de los dos libros que me llevé a este viaje: “Morir por la cima”, editado por mi amigo Carlos Suarez (www.carlossuarez.es), un gran alpinista de Madrid, que me lo dio unas semanas antes de marchar a la Antártida cuando coincidí con él en el Mendi Film Festival (www.mendifilmfestival.com) de Vitoria-Gasteiz que tan lucidamente dirigir mi otro gran amigo Jabi Baraizarra –ya tendré ocasión de hablar de este festi en otras entradas-. La frase en cuestión era: “La cima no es más que ese sitio donde la panorámica alcanza a ver los 360º”.
Y bien cierta es esta afirmación del amigo Carlos. Desde allí se divisaba un espectacular paisaje de la Antártida.
De momento les dejo con esta bonita y descriptiva frase y de paso, aconsejándoles se lean ese libro de Carlos Suárez, “Morir por la cima”. Recomendable del todo. Seguiré dentro de quince días con la cuarta entrega de mi viaje por la Antártida. Se lo aseguro, como reza el título, pura vida, puro hielo…
Después, ya les adelanto, me queda hablar –escribir- de la fantástica Patagonia y los trekkings que hice por allí al Fitz Roy y Cerro Torre…,
…, y ¡cómo no!, más adelante les contaré cosas del reciente viaje a las montañas Simien de Etiopía. Habrá tiempo y lugar para todo. No se impacienten…
Que los vientos les sean favorables. Hasta dentro de quince días.
La pasada entrada al blog fue para contarles la travesía en velero hacia la Antártida. Hoy empezaremos desde cuando llegamos a isla Decepción, primer
a parada tras pasar el temino Cabo de Hornos y el pasaje de Drake. Según nos acercábamos más a zonas de costa decenas de petreles nos comenzaron a acompañar en la navegación. Una delicia para la vista… Fondear en la bahía que forma Decepción Island, avistando tierra, fue una verdadera gozada. Todavía con sensación de mareo, pero con la alegría de haber llegado al primer punto antártico.
Bueno, ya tuvieron la primera entrega de lo que fue mi viaje fantástico, mi viaje dorado –bueno, más bien blanco por el color del continente helado-, a la Antártida. En definitiva, ya les introduje con mi anterior entrada, al viaje de mis sueños. Vamos pues con la segunda, pero todavía no última parte, porque sé que muchos de ustedes, así me lo han transmitido, lo están deseando.
El primer iceberg
Ya hicimos la travesía en velero, arribando a tierra por primera vez después de estar viendo agua y más agua, mar y más mar, a lo largo de interminables horas y días. Ya avistada tierra, como les contaba, la Snow island, comenzamos a ver también los primeros icebergs.
Llegamos a isla Decepción. Fondeamos en una preciosa bahía totalmente protegida de la crudeza del mar. Nos esperaba el primer desembarco a tierra después de la travesía. Por cierto, antes de hacerlo, indicaciones para el desembarco y todos los posteriores que haríamos en la Antártida. Regla número uno: Preservar el medio ambiente. Me pino de todo el mundo…
Al fondear tuvimos problemas con el ancla Después del pasaje del Drake con semejante oleaje se ha enredado toda la cadena del ancla y no hay forma de que baje. Hay que meterse en el foso de la cadena, pringarse y desenrollarla. Labor para la que muy amablemente, y por aquello de colaborar, se presta el amigo Fernando Blanchard, el menos indicado para hacerlo porque justo en los primeros días de la travesía con el oleaje se cayó y se hizo daño en alguna costilla, dolor que fue llevando a lo largo del viaje, pero que no fue obstáculo para trabajar como el que más. Finalmente fue el capi quien desenrolló la cadena. A partir de ahí, osea, desde el comienzo del viaje por la Antártida, había que meterse todos los días al foso para que la cadena enrollara bien y luego a la hora de fondear no hubiese problemas. Era una labor un tanto in grata. Nadie quería. La amiga Vero se metió en el foso más de una vez, lo mismo que Bene, y algún otro. Yo, qué les voy a decir, dadas las circunstancias de mal rollito con el capi y la ayudante, me decía para mí mismo, ¡que lo hagan ellos!, y a veces, cuando no tenían voluntarios, no les quedaba más remedio… Lo que me fastidiaba de la historia es que alguno de nosotros parecía como que tenía cargo de conciencia de que ‘los pobres’ tuvieran que hacer esa labor. ¡Coño!, si es su trabajo…, pues que lo hagan. Además, siempre lo he dicho, a mí personalmente no se me caen, aunque verdaderamente no llevo, los anillos por hacer cualquier trabajo en cualquier situación aunque esté de vacaciones. Pero ellos, el capi y su ayudante, de verdad, no se lo merecían…, así que pringuen ellos…
Visitando una antigua estación ballenera en isla Decepción
Donde fondeamos hay una foca plácidamente durmiendo que ni se inmuta de nuestra presencia. Si en Lenox aquél pingüino emperador fue nuestro primer pingüino, ésta era nuestra primera. Ya lo saben novedad total y decenas de fotos. Quizás no nos hacíamos a la idea de todo lo que nos vendría en los días venideros, de más focas, más pingüinos, más sorpresas fotogénicas y fotográficas todavía…

En todos los desembarcos la premisa más importante era , al salir de la isla, limpiarnos las botas, y al entrar al barco lo mismo. Antes de entrar a las instalaciones del barco, hay que sacarse toda la tierra de las botas, no para no marchar el barco, que también, pero se trata de no llevar en otro desembarco esa tierra a otro lugar. Lo hicimos para visitar una antigua estación ballenera noruega totalmente abandonada, por supuesto, en desuso. Un ambiente algo gélido y hasta tétrico. ¿Para qué están esos vestigios?. Sí, supongo que para decir al mundo que a finales del siglo XIX y principios del XX allí se cazaban ballenas y allí las desguazaban. Pero el impacto medio ambiental de aquello ¿no lo ha pensado nadie?. Si ya lo sería en su día cuando la construyeron para tal menester, pero en este caso no decimos nada porque no hay que ir contra el progreso, una vez destartalada y abandonada a su suerte, ¿porqué los noruegos no van y la quitan?, supongo que porque costaría un pastón… Conclusión, allí está la antigua ballenera como un vestigio de la historia.
Lo agradable del paseo por aquella playa donde se ubica la antigua ballenera, quitaba tapujos a estos pensamientos míos, más que particulares, íntimos diría yo… Y más agradable resultaba cuando de vez en cuando nos topábamos con alguna foca, que a veces se llegan a confundir con la tierra. Paseando íbamos viendo más focas, más aves, y más vestigios, algunos de ellos ya semienterrados. Nos fuimos los diez, porque el capi no quiso desembarcar, quizás para cuidar el barco, o porque ya está harto de hacer estas, siempre agradables excursiones…, paseando por la playa, primero hacia el extremo máximo permitido marcado por el último barracón. Luego regresamos por toda la orilla visitando lo que queda de antiguas barcas con las que iban a cazar las ballenas, que se mezclan con grandes huesos de éstas. Seguimos pateanco con intención de subir a la Ventana
del Chileno, así le llaman a una zona montañosa, en definitiva un collado formado por unas montañas desde donde se obtienen unas fabulosas vistas hacia fuera de la bahía. Estamos un buen rato observando el magnífico paisaje y vemos a bajar para coger la ‘dingui’, así llamamos a la zodiak que nos permite los desembarques, y regresar al Santa María Australis, nuestra linda casita… Esa fue la visita de la mañana, pero a la tarde teníamos otra.
Para que vean que no exagero con el tema del capi y su ayudante, les contaré lo siguiente. En el barco íbamos, como saben, entre otros, tres maños y yo. En isla Decepción está la base antártica española Gabriel de Castilla. Verdaderamente teníamos ganas e ilusión, no voy a negarlo, de visitarla. Para ello hay que pedir permiso. Lo hace la ayudante del capitán. Pide permiso, y cuándo nos lo confirman, fijénse ustedes, que nos damos cuenta que en el otro lado del hilo telefónico (es una expresión), al otro lado de la radio una mujer militar pregunta cuántos españoles viajan a bordo. Pues bien…, nos sorprende esta pregunta, porque cuando la ayudante del capi pide permiso para ir a la base, que a veces no lo conceden por diversas razones, no se le ocurre decir que viajan en el velero cuatro españoles deseosos de ver y conocer la base, que podría haber sido un buen argumento para visitarla y nos concedieran permiso sin trabas. Pues no, no se le ocurrió a la señorita decir esto…, ¿no les sorprende a ustedes también…? Por fortuna nos concedieron permiso y la visitamos.
En la base antártica española Gabriel de Castilla nos reciben con los brazos abiertos
Desembarcamos en la playa que está en la isla donde se ubica la base y nos sale a recibir uno de sus mandatarios que nos atendió de maravilla, dándonos una amplia explicación de su cometido, de lo que hacen allí, etc., que en definitiva consiste en dar apoyo logístico a los científicos civiles españoles que van allí a estudiar la Antártida y sus posibilidades cara al futuro. Un trabajo complicado si pensamos que allí estaban preparando una caja negra con diferentes componentes para enviarla a Marte para hacer estudios sobre aquél planeta. Justo cuando llegamos, sale una zodiak de ellos a bucear. Están tomando muestras de temperatura del agua, cojen algunos animales. Hay bichos que sólo se pueden defender desprendiendo líquidos. Analilzan estos líquidos que pueden ser buenos para propiedades curativas. Envían los líquidos a las grandes farmaceuticas que estudian si valen o no, algunos sirven para tratamientos contra el cáncer. Así de interesantes y complicadas son sus investigaciones.
Precisamente este año se cumplen 25 de la presencia española en la Antártida. Estan unos doce militares y unos 15 civiles científicos, biólogos, geólogos, etc.. Los militares están todos los años desde noviembre a marzo. Unas semanas después de estar nosotros cerrarían la base. Los científicos llevaban algunos unos quince días. Habían llegado en barcos de la Armada Española, uno de ellos, el Hespérides, los mismos barcos que después les llevarán a Chile para regresar a sus casas.
Visitamos diversas dependencias de la base y terminamos en el módulo de estar, donde conocimos a más gente, a cada cuál más amable. Nos invitan a unas cervezas y además nos permiten llamar a casa. Yo llevaba el libro que EL DIARIO VASCO editó de Gipuzkoa y el calendario de este año, así que se lo entregué al responsable militar de la base, detalle que agradeció. Nos invitaron posteriormente a café, o cervezas, mientras rellenábamos una encuesta voluntaria acerca de lo que sabíamos de la Antártida y qué opinábamos del turismo antártico, la naturaleza, etc. Hablo con el cocinero David, tiene una merluza con gambas alucinante… Me ofrece, pero no puedo… ¡lastima!. Nos vamos despidiendo de la gente. Sale el que nos ha venido a recibir a despedirnos y nos hacemos antes una foto. Viene también el otro responsable. La base española nos despide con una fuerte nevada. Hace frío. Nieva. En fin, esto es la Antártida.
Con estas líneas terminaba mi cuaderno de bitácora del viernes 17 de febrero de 2012: “La verdad que pisar estas tierras antárticas era uno de mis sueños. Lo estoy cumpliendo. A pesar de lo que he visto que me está ya gustando, se que me espera todavía unos grandes paisajes antárticos…”, ya se los iré contando.
Recuerden, nos hemos quedado en la doble visita a isla Decepción. Desde allí nos quedará adentrarnos hasta el grado 65 sur en la Antártida. Pero lo seguiré contando en otras entregas. Como les contaré también el viaje que ahora mismo estoy realizando en las montañas de Etiopía (porque les contaré un secreto: esto que están leyendo lo escribí en Manresa el sábado 31 de marzo; días antes de emprender el nuevo viaje, en esta ocasión regreso a África). Pero esta será otra historia. Que también en alguna entrada se la contaré.
De momento, que los vientos les sean favorables. Hasta dentro de quince días.
Sabía que no me iba a defraudar. Sabía que me iba a gustar. Sabía que iba a alucinar. Y sabía igualmente que todo lo que había visto en documentales, fotos; todo lo que había leído, iba a ser irremediablemente cierto. Porque la Antártida es pura e inmaculada. Bueno, también hasta lo que se deja porque hay por allí muchos vestigios de tiempos pasados a modo de ruinas; hay bases militares con civiles y hay cosas que también gustan menos. Pero lo cierto es que la Antártida es espectacular. Su paisaje, su fauna, su pureza.
El viaje que he realizado al Continente Blanco en el Santa María Australis, un velero de 21 metros de eslora, nuestra casa durante las próximas tres semanas que iba a durar la aventura, lo iré desmenuzando en varias entradas –les recuerdo: cada quince días estoy presente con el blog; hoy les contaré la travesía en sí hasta llegar a la Península Antártica. Es una visión genérica de lo que ha sido este viaje, el viaje de mis sueños, el viaje de mi vida; aunque ya les adelanto, me esperan otros viajes importantes para mí, otros viajes de mi vida. Porque, evidentemente, la historia de viajar no se termina con haber cumplido un sueño. Como así ha sido con este viaje a la Antártida. Les aseguro que tengo más sueños y los quiero cumplir. Los iré, si sigo con salud, cumpliendo.
Como les dije en la anterior entrada y como titulo ésta, lo dicho: la Antártida, espectacular. Sin haberla visto, sin haber estado allí, lo sabía. Sabía que iba a ser espectacular, así que no me equivoqué en adelantarles el resultado de lo que iba a ver sin haberlo visto. Porque verdaderamente la Antártida ofrece espectáculo paisajístico, ofrece espectáculo de mucha vida con su particular y peculiar fauna.
Pero empezaremos por el principio. Por el medio de transporte que me llevó hasta el continente antártico: el viaje en velero. Esta historia por sí sola ya es capaz de tener un contenido que empiezo a contarles.
El equipo
Puerto Willians,
en Chile, fue el lugar de embarque en el Santa María Australis, nuestro velero. Previamente, el día anterior, 10 de febrero, nos conocimos casi todo el equipo en Ushuaia (Argentina), una bonita ciudad a la que denominan “El fin del mundo”, ya saben, cosas del marketing. Allí comenzaron las presentaciones.
A los de Zaragoza ya conocía porque viajé con ellos desde Madrid. Los hermanos Blanchard Fernando y Juan Manuel que viajaban con el hijo de éste, Alvaro a los que les adjudicaron el apartamento de proa. El simpático brasileño Cristiano con el que compartí camarote –bueno si al pasillo del barco para acceder a los motores y a los aposentos del capitán y su ayudante, se le puede denominar camarote; la guapa Vero y su pareja Bene, ambos alemanes que ocuparon otro camarote de proa pero más atrasado que el de los maños, como el grandullón Peer que compartió el camarote paralelo al de la parejita con el austríaco Georg. Los nueve formábamos el equipo comandados por el rudo y duro capitán Martin Meyer, alemán of course!, a quien conocimos al día siguiente en Puerto Willians; y su ayudante la francesa Pascale, con quienes no establecimos ningún buen feeling desde el comienzo de la expedición; pero no yo; ¡ninguno de los nueve!…, por algo será… Quizás según vaya escribiendo van saliendo cosas que les puedo contar acerca del comportamiento, a veces nada acertado, de los responsables en el barco.
Puerto Willians – Isla Lenox: el primer pingüino
La salida de puerto Willians ponía el punto de inicio a la gran aventura. Recuerdo cómo desde el mismo barco, aún con cobertura en el canal de Beagle le llamé a Àngels, mi pareja, despidiéndome hasta dentro de 20 días en que perdía todo el contacto con el mundo exterior. Me parecía como si estuviese diciéndole mi último adiós…, tenía por delante el Cabo de Hornos y peor aún, el temido pasaje de Drake.
Como he dicho éramos 9 pasajeros y 2 tripulantes (capitán y ayudante). Se establecieron tres equipos de tres personas para las guardias y se autoexcluyeron el capitán y su ayudante. ¡Ahí es ná…! ¿Las guardias?, lo más duro de la travesía junto a la travesía en sí. Navegábamos las 24 horas del día. Hacíamos tres horas de guardia y seis de descanso. Duro, muy duro, insisto. El día que salimos de Puerto Willians ya me tomé el primer stugerol –pastilla potente para el mareo-.
En contra de lo que escribí en la entrada en la que les anunciaba que me iba a la Antártida, que les decía que cuando estuviesen leyendo eso mismo estaría yo vomitando, ¡pues no!, no vomité y ni siquiera tuve amagos. Lo que sí estaba es con un malestar general en todo el cuerpo. Pero podía con él por la novedad del viaje, por la aventura que íbamos a vivir, y porque, ¡por fin!, iba a la Antártida.
La primera parada fue en isla Lenox habitada por una familia. Un militar chileno con su esposa y sus tres hijos. ¡Ah!; y un pingüino emperador que, despistado, fue a parar allí, a miles de kilómetros de donde estaba su especie. Muy amablemente nos invitaron a tomar un cafecito con pastas y visitamos la isla donde nada más desembarcar nos encontramos con cientos de trampas para las centollas, marisco muy apreciado en Chile y Argentina y del que puedes dar buena cuenta en cualquier restaurante de Ushuaia. Cuando llegamos nosotros era la época del centollón, algo más pequeño que la centolla y con menos sabor, abierta desde diciembre a mayo; después se abre la de la centolla. Fue muy agradable estar con esta familia que verdaderamente siento que están necesitadas de recibir visitas como la nuestra.
Hay varias islas desperdigadas por el canal de Beagle y la salida hacia el Cabo de Hornos que para mantener la soberanía de los territorios y su hegemonía, la Armada Chilena tiene allí ubicado a un militar que arrastra a su familia para vivir en absoluta soledad durante un año o más, en definitiva el tiempo estipulado con el ejército para cumplir con su deber. Aquella familia recibía un barco de abastecimiento cada dos meses. Así que las visitas, como la nuestras, que no son muchas, eran muy bienvenidas.
El Cabo de Hornos y Pasaje de Drake
Al día siguiente, sí que sí, ya abordábamos la travesía en que la navegación iba a ser de 24 horas al día, haciendo cada grupo nuestras guardias. El spanish team (Fernando, su hermano Juan Manuel “Mané” y yo); el internacional compuesto por Álvaro, el hijo de Mané y propietario de la agencia de viajes de aventura Paso del Noroeste de Madrid; Cristiano el brasileiro y el austríaco Georg. Y por último el grupo alemán formado por la parejita Vero-Bene y el grandullón Peer.
Vientos favorables para empezar y no demasiado mal tiempo. En definitiva disfrutando de la navegación, acompañados a ratos por algunos delfines, una delicia para nuestros ojos y un sin parar con las máquinas de fotos, logrando definitivamente alguna foto espectacular. Con el cambio de guardias, comer algo y demás iban transcurriendo sin problemas la travesía. Atravesamos el temido Cabo de Hornos, a no sé qué horas de no sé que día, porque con eso de las guardias, ni sabías el día y la hora sí que la sabías precisamente por eso, por estar alerta a cuando te tocaba la guardia. 
Antes vimos alguno de los muchos naufragios que en estos mares del sur se producen. Ahí están los barcos varados en alta mar como prueba de esos naufragios.
Pasaban las horas y el tiempo se puso peor, el mar más movidito y aquello empeoraba ostensiblemente. Agua por los cuatro costados. Días enteros sin avistar tierra y el malestar se apoderaba de uno,
pero había que seguir, indudablemente. Siempre rumbo Sur. El amigo Fernando, experto navegante, llevaba en mi lugar el timón. Yo con aquellas olas no me terminaba de atrever. Mi experiencia en navegación se resumía únicamente en unas travesías de dos semanas por el, iba a decir tranquilo, pero a veces no tan tranquilo, Mediterráneo, con mis queridos amigos Juan y Asun; en Grecia y Croacia; y una vez que hice la Ruta de la Sal –allí sin que eché hasta la primera papilla, ¡vaya mar!; y era el Mediterráneo…, y algunas regatas de competición cerquita de casa y prau… (del catalán, como diciendo y nada más…), así que ‘abusaba’ de la experiencia del mayor de los Blanchard y Mané y yo apostados contra la banda para acompañar a la ceñida del barco.
A veces nos dirigíamos directamente por el rumbo que llevábamos a alguna tor
menta que descargaba animosa sobre nuestro barco granizo y lluvia y a veces nieve, todo ello acompañado de un viento de hasta 55 nudos que tuvimos, y unas bonitas y grandes olas que solía, sin tenerlo, me ponía los pelos de punta… Todo esto hasta que te terminas de acostumbrar…
Estaba claro que ir en velero a la Antártida eran palabras mayores, y ese malestar y ese, a veces, acongojo, eran el tributo a pagar por ir al Continene Blanco en este medio de transporte. Pero siempre animoso y con ganas, no decayendo en ningún momento ese ánimo. Sabía a lo que había ido y era ni más ni menos lo que esperaba. Las olas eran mucha ola y había que dirigir bien el barco.
Fernando y Mané durante mis guardias a la ida fueron mis bondadosos sustitutos en el timón. Yo no conseguía hacerme con él… Las olas me podían, me hacía derivar bastante el barco y había que llevar bien el rumbo. Para eso estaba ahí el capitán Meyer. En lugar de ayudar, en lugar de crear buen ambiente, cuando subía a cubierta y estaba yo al timón lo que hacía era provocarme un estrés que ni en el trabajo… Mientras tanto yo intentaba pasar del tema y disfrutar enormemente de la dura travesía. A eso había ido y eso quería hacer…
Se empezaba a notar mucho más el frío y en las guardias había que abrigarse bien. Ahí estaba yo con mi equipación de Ternua que me ha dado un resultado más que exquisito. Todos iban de rojo; yo con mi Ternúa amarillo, me llamaban el “limoncito”, destacando por mi vestimenta sobre todos los demás… En esta expedición me sentí embajador de Gipuzkoa al llevar las prendas de Ternua que realiza Import Arrasate. Ya tomaron buena nota mis compañeros de su efectividad.
Y así pasaban las horas y días, hasta que ¡por fin!, el jueves 16 de febrero en la guardia de entre las 6 y las 9 de la mañana del grupo alemán, “tierra a la vista”. Así que cuando tomamos el relevo el grupo mío vemos esa tierra. Avistamos un conjunto de islas después de más de dos días viendo únicamente agua. Pasamos entre las islas Smith y Snow por el estrecho de Boyd, dos islas repletas de hielo y nieve, dirigiéndonos hacia isla Decepción. Entrábamos ya en la Península Antártica.
Como les he comentado, esta expedición la iré contando en diferentes entregas y entradas. Hoy les he contado más o menos la travesía hasta Decepcion Island, allí vistamos una antigua estación ballenera y la base española Gabriel de Castilla. Pero esto ya para la siguiente entrada.
Que los vientos les sean favorables. Hasta dentro de quince días.
Ya está. Ya he vuelto. Bueno, estoy regresando ahora mismo de Buenos Aires a Madrid y de la capital a Donostia, llegando a mi casa a media tarde del domingo 11 de marzo. Y, evidentemente, no me ha dado tiempo a escribirles nada de la Antártida. No tengo casi palabras para definir el tipo de viaje que acabo de realizar. ¿En una?, pues ¡ÚNICO!, con mayúsculas. ¡Claro, todo esto lo supongo!, porque escribí esto antes de irme el pasado 8 de febrero… Pero no se preocupen, algo les contaré de mi viaje.
Había pensado escribir desde allí algún blog, pero se me ha hecho un poco difícil. ¿Porqué?, más que por las comunicaciones en sí, porque he estado bastante ocupado con la expedición. Primero, la navegación que no es poco. Hay que navegar e ir haciendo millas por aquellos difíciles mares del sur. Hay que hacer guardias, hay que timonear, en definitiva, hay que trabajar y además hay que hacerlo bien. Nada puede fallar.
Después, los desembarcos son para disfrutar de la Naturaleza (con mayúsculas porque verdaderamente es espectacular), de los recorridos por el Continente Blanco, de las bases donde íbamos a parar, saludando a la gente que las habita en condiciones duras. Y luego porque enseguida quería escribir la experiencia vivida, no dándome tiempo a conectarme a internet y estas cosas tecnológicas que superan mi mente.
Pero ya estoy de vuelta. Ya les iré contando en sucesivas entradas mi experiencia vivida.
¡Ah!, efectivamente, con los maños me he llevado de maravilla. He hecho un buen amigo brasileño, y conozco a cuatro duros y rudos alemanes… Pero todo esto, como les digo, se lo iré contando por entregas.
Que los vientos les sean favorables. Hasta dentro de quince días.
Ya estoy en el Continente Blanco. Ya les conté hace 15 días que me venía a la Antártida.
¡Ah!, una cosa que no les dije en mi anterior blog. Que conste que no voy a la Antártida porque hayan venido por aquí antes este mismo año, que, como saben, y si no se lo recuerdo, el pasado 14 de diciembre se cumplió 100 años de la llegada al Polo Sur por primera vez protagonizado por Roald Admunssen y su gente, otros alpinistas, como es el caso del trío que componen el BAT BASQUE TEAM, los amigos Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, realizando una aventura extremadamente eso, aventurera, recorriendo casi 4.000 kilómetros por la estepa helada en su expedición Naturgas/BBK Transantartika 2011, con cometas impulsadas por el viento, arrastrando un trineo y en esquís.
O la aventura de alcanzar el Polo Sur con un catamarán como lo hizo mi compañero de fatigas en varias expediciones árticas, Ramón Hernando de Larramendi, junto a Ignacio Oficialdegi, Juan Pablo Albar y Javier Selva. No. Para nada. Voy a la Antártida porque desde hace muchos, muchísimos años es un propósito que me hice. Quería ir al Continente Blanco.
Voy a contarles una anécdota que a mí, por lo menos, me hace mucha gracia. Soy friolero por naturaleza. Y he viajado mucho a las montañas del mundo, donde en según qué lugares hace mucho frío. Cuando empecé a realizar expediciones al Ártico, concretamente cuando fui al Polo Norte Magnético, me dijo mi madre, toda seria a la vez que inocente ingenua, ¿Por qué no vas al Polo Sur, que allí hará más calor?… ¡Cómo lo recuerdo…!
No voy al Polo Sur geográfico, pero si al cono Sur.
Un sueño
La Antártida para mí es un sueño de muchos años atrás, un sueño que éste 2012 lo estoy haciendo realidad.
No se crean, pero ya lo intenté en 1998, ya intenté embarcarme para ir a la Antártida. Les cuento: Me habían ‘recomendado’ en un barco militar chileno para embarcar en Punta Arenas (Chile) e ir a la Península Antártica en este barco que abastece sus bases chilenas antárticas. Cuando me presenté en el barco, pidiendo permiso al militar de turno de subir a bordo, y me solicitaron el pasaporte, al ver mi condición de español, literalmente me echaron del barco.
Dije que venía de muy lejos, que por favor…, etc., nada, me seguían echando; insistí que vengo de San Sebastián, del país vasco, que quiero hacer un reportaje de la Antártida; nada…, ni por esas. Requeteinsisto…, nada. Terminan diciendo, en el ejército militar chileno no repetimos tres veces las cosas –bueno conmigo, en aquél caso, sí…-, así que haga el favor de ir fuera del barco.
Ahora, sí. Me tuve que bajar.
¿Qué ocurría para que, estando ‘recomendado’ y con la plaza cogida, me echaran? Pues ni más ni menos que ese año 1998, el juez Garzón había arremetido contra el mismísimo Pinochet, gran amigo de los militares chilenos. Y claro, yo españolito de Passport, pues a la p… calle. Y me quedé allí solo en Punta Arenas, ¡con lo que llovía!, con el frío que hacía, hasta ver zarpar el barco del viaje de mis sueños.
Del Hespérides a las Torres del Paine
Pero esas cosas enseñan. Después del disgusto, al rato, tuve la oportunidad de subir al Hespérides, el Buque de Investigación Oceanográfica científico español que por aquél entonces todavía navegaba por la Antártida y que ahora incluye también los mares del Ártico. ¡Mira lo que son las cosas! que después, en agosto de 2007 tuve ocasión de visitar el Hespérides cuando estaba anclado en la bahía donostiarra. Me gustó lo que nos enseñaron del barco.
Después de aqu
ello en Punta Arenas, totalmente desolado pero, por supuesto, superando cualquier vicisitud que se me presenta, me monté un viaje alternativo. Hice un trekking por las Torres del Paine, anduve en caballo, navegué por el río Serrano, visité los espectaculares glaciares, anduve pasando constantemente de Argentina a Chile y viceversa visitando Tierra de Fuego. ¡Espectacular!
Y también aprendí que ya no quería ir a la Antártida en un barco tan grande, ¡quería ir en un velero!, de eso me di cuenta en Ushuaia, cuando lo hablé con gente por allí contando lo que me había ocurrido y aún intenté embarcarme en alguno. Pero no lo conseguí. Ahora 14 años después, aquí estoy pateando por la Antártida ¡qué delicia!…, cumpliendo mi sueño.
La Gala del Montañismo Vasco
Supongo que la gala del montañismo vasco habrá sido un éxito y el que haya tenido ocasión de ir, lo habrá disfrutado. Y sigo acordándome de mi buen amigo Antxon Bandres, al que le dieron el premio Reconocimiento Miembro de Honor en un merecido y sencillo homenaje durante el transcurso de esa gala. El año que viene iré.
Que los vientos les sean favorables. Hasta dentro de 15 días. Entonces estaré a punto de llegar. Ya les contaré.
Sí amigos míos. Cuando ustedes estén leyendo este cuarto blog, tras mis estreno bloguero el mismísimo 1 de enero de 2012, yo estaré, seguramente vomitando y echando hasta la primera papilla, porque estoy navegando hacia la Antártida por aquellos difíciles mares del Sur, cruzando el famosísimo estrecho de Drake, y el no menos conocido y temido Cabo de Hornos.
Pero no se asusten que cuando lo cruce y esté de vuelta en Donostia, no me verán ustedes con un aro de pendiente en la oreja, como manda la tradición, no, tranquilos. No es mi estilo ponerme pendiente, y además, ¿cómo se lo tomarían mis jefes?…
No sé. Ya les contaré cuando regrese. No sé como me habrá ido. Espero, escribiendo esto en vísperas de marcharme el pasado miércoles, 8 de febrero, que todo me vaya bonito y que, como suelo terminar e
stos blogs, que los vientos me sean favorables, y en este caso ¡nunca mejor dicho!. Porque una cosa es la travesía marítima en el velero que vamos, que estamos realizando hacia la Península Antártica; y otra muy distinta es ir desembarcando en diferentes puntos para recorrer el séptimo continente, el denominado Continente Blanco, en tierra firme, pero eso sí, helada.
Para que lo sepan, voy con una expedición internacional que la componemos, tres maños –de Zaragoza para más detalles-, con los que me entenderé perfectamente, al menos idiomáticamente hablando y espero que personalmente también, porque ya he hablado con ellos antes de partir y ya nos conocemos, aunque sea por teléfono y por e-mail; cuatro alemanes –que juegan con ventaja porque el capitán del velero también es alemán-, que espero sean majos; un brasileiro, con el que espero hacer buenas migas, por aquello de tener un amigo en Brasil, país al que no me importaría volver, y yo.
Les seguiré contando cosas de este viaje, pero no creo que en directo, sino en diferido cuando regrese.
La gala del montañismo vasco
El próximo viernes en Donostia, tendrá lugar una edición más de la Gala del Montañismo Vasco. Este año, por los motivos que pueden leer, no estaré, pero mi corazoncito sí que estará con la gente que acude a la gala, con sus organizadores, este año el centenario club Deportivo Fortuna, con la Euskal Mendizale Federazioa y con sus galardonados; con Pyrenaica y su gran director, Antonio Ortega y con sus premiados merecedores de tales galardones por sus artículos literarios y por sus fotografías.
Pero sobre todo mi corazón estará en mi recuerdo a Antxon Bandres, a quien se le hará un pequeño homenaje. Si pueden vayan a la sala de la calle Andía de la Kutxa el 17 de febrero, viernes.
Que los vientos les sean favorables. Y a nosotros, en los grandes mares del Sur, también que nos hará falta… Aunque no esté aquí porque seguiré pateando y navegando por la Antártida, hasta dentro de quince días.
Hay una película que me gustó muchísimo, muy antigua, del año 1949. No hace mucho que la vi en una retrospectiva de nuestro maravilloso e internacionalísimo Festival de Cine de San Sebastián. Dirigida por Carol Reed basada en un guión de Graham Greene y con la actuación estelar de Orson Welles, Alida Valli y Joseph Cotten. Se titulaba El tercer hombre. Británica. Buenísima. Y como hoy es el tercer blog que pueden leer, se me ocurrió titularlo así, simplemente, El tercer blog, como si quisiera hacerle mi pequeño homenaje a tan gran film. Pero no voy a hablar de cine. Quizás me gustaría, pero no creo que entienda demasiado porque las películas, a mí por lo menos, me gustan o no me gustan, sin entrar en matices de críticas ni críticos…
Pirena Advance: Iker Ozkodi, de momento, segundo en la general
Bueno, ya comenzó la carrera blanca. Aunque cambiando el itinerario en las primeras etapas por falta de nieve, ya comenzó Pirena Advance y está en pleno desarrollo. Allí tenemos a algunos conocidos de otros años, como los mushers navarros Jesús Raigoso e Iker Ozkoidi, este último, de momento, segundo en la general por lo que, como siempre, está haciendo un muy buen papel. En su primera intervención en Pirena el vasco Itoitz Armendariz también está haciéndolo muy bien, ocupando, también de momento, el séptimo puesto en la general. Veremos cómo termina todo en la Molina el 4 de febrero. Una carrera que allá por donde pasa siempre deja la estela del espectáculo. De verdad, es muy bonito verlo. Si tienen ocasión, vayan y disfruten.
Zegama-Aizkorri: Uno de los mejores maratones de montaña del mundo
Se presentó una edición más del maratón Zegama-Aizkorri que un año más, será prueba, la primera, valedera para la Copa del Mundo Skyrunner World Series Race 2012. Está prevista, como siempre, una participación estelar viniendo a Zegama a correr el 20 de mayo los mejores atletas de todo el mundo. Este año se ha abierto la inscripción hasta 500 corredores. Ya hay apuntados mucho más de un millar y medio. El 24 de febrero se realizará el sorteo de esos 500 dorsales participantes. Nuevamente éxito seguro.
Éxito de la Altitoy Ternua
Se celebró también la Altitoy Ternua, esa prueba cuyos organizadores, al mando del donostiarra Andoni Areizaga, quieren convertirla en la “Behobia-SS” del esquí de montaña. Y creo que, evidentemente, salvando las distancias en la participación, lo han conseguido porque a las horas de poner en marcha las inscripciones, abiertas para 500 esquiadores-montañeros, se cubrió ya el cupo. Y eso da cuenta del éxito organizativo y participativo de esta prueba de esquí de montaña.
Cuando lean el cuarto blog, que se publicará a partir del 12 de febrero, yo estaré fuera. Pero no se preocupen, fiel a mi cita y fiel a mi compromiso, estaré con ustedes presente en ese cuarto blog y es cuando se enteraran donde estaré en ese momento.
Por lo tanto, lo de siempre, que los vientos les sean favorables y como digo, hasta dentro de 15 días.
Ya pudieron leer el pasado dia 13 (fatídico para los supersticiosos, o no…), en la habitual página de montaña de los viernes de EL DIARIO VASCO, o si no lo hicieron aprovecho para explicarles de lo que iba, la aventura alpinística en la que se han embarcado ya los amigos Alex Txikon de Lemoa y Carlos Suarez de Madrid, junto a otros cuatro alpinistas de relieve internacional.
En esto de escribir de montaña en donde uno ya lleva unos cuantos años, tengo la ocasión de conocer-hablar-entrevistar a gente de la talla de Alex o Carlos. Dos expertos alpinistas que se han embarcado ya en la aventura de intentar el Gasherbrum I de 8.068 metros nada menos que en invierno. Alex repite experiencia porque se quedó enganchado el pasado año de su intento invernal a esta misma montaña e intentando abrir una nueva ruta. No pudo ser y este invierno lo vuelve a intentar. Ya sabe lo que es pasar frío. Precisamente este elemento, el frío, le aterroriza a Carlos, pero a buen seguro, con toda su experiencia alpinística que más de 25 años le avalan, lo sabrá llevar.
Cuando tengo que entrevistarles me gusta más decir que hablo con ellos. Hablamos el mismo idioma, con la montaña como denominador común. Ellos me van contando lo que van a hacer, en este caso en el G-I, dejo que hablen, y en la conversación surgen preguntas, generalmente en una sola dirección, de mí hacia ellos. Y esto es lo que hace que parezca una entrevista. Pero me gusta hablar con ellos.
Conocerse
Con Alex Txikon había hablado alguna vez desde DV y él estando en el campo base de alguna lejana montaña del Himalaya. No nos conocíamos en persona. Ahora, el pasado diciembre en el Mendi Film Festival de Vitoria-Gasteiz, tuve el placer de conocerle en persona. Un tío super sencillo y super majo. Muy asequible y perfecto conocedor de que tiene que atender a los medios cuando éstos les requerimos para hablar/entrevistar. Y me contó su nuevo y repetido proyecto del G-I en invierno. Fue estupendo conocerle y hablar. Y a Carlos le conocía desde hacía muchísimos años, ¿veinte, treinta…?, no sé he perdido la cuenta. Le conocí en aquellos tiempos en los que nacía la escalada deportiva de competición, cuando iban de la mano juntos, el donostiarra y entrañable amigo también, Patxi Arocena. Les he seguido en infinidad de competiciones, principalmente por las que se celebran aquí por el País Vasco, y las que hacían en Montblanc-La Riba en Tarragona. Hacía tiempo le había perdido la pista a Carlos Suarez y retomo el contacto con él el pasado año con el Mendi Tour, del Mendi Film Fetival, que hizo en Tolosa. Allí fue el reencuentro con Carlos, y ¡se acordaba de mí!, de aquellos años 80/90. Y ahora, el pasado diciembre también, tuve ocasión de estar más de tú a tú con, en el Mendi Film Festival, cenando y tomando algunas cañas juntos. Hablar y entrevistarle, o viceversa, fue una auténtica gozada. Porque Carlos es también de los que se presta a ello. Saben que deben estar ahí, con la Prensa para contarles sus proyectos y sus experiencias. Por todo ello me gusta hablar con la gente de montaña, con la gente que emprende aventuras.
Otras pinceladas
Como les contaba en mi primer blog inaugural el 1 de enero estuve en Adarra y también tuve ocasión de ir hablando con uno de sus protagonistas. Me crucé en el camino de subida con Angel Arenales (con su trofeo en la imagen en el centro flanqueado por Txema Garay, Presidente del club Vasco de Camping, y Jesús María Alquézar Presidente Honorífico del mismo club), que con 80 años hacía su 40 ascensión ininterrumpida, año tras año el 1 de enero al Adarra. Y también hablé con él. Me contó muchas cosas. Fue bonito también el pequeño y sencillo homenaje que allí en la cumbre sus compañeros del club Vasco de Camping le ofrecieron entregándole su presidente una estuatilla a modo de trofeo y recordatorio de su 40 ascensión al Adarra. Bonito detalle.
Se celebró el pasado 8 de enero con éxito el Campeonato de Euskadi de esquí de montaña que por primera vez llevaba el sobrenombre de I Memorial Antxon Bandres en Arette. La Euskal Mendizale Federazioa no podía olvidar al gran Antxon, muerto desgraciadamente en un accidente fortuito cerca de su casa en Tolosa el pasado 22 de septiembre. Antxon permanece en el recuerdo de todos los que le quisimos. Y somos muchos. Entre los que hicieron podio estaba Kristian Bandres (en la foto a la izquierda), hijo del infortunado Antxon, quien sigue su estela en el esquí de montaña. Kristian quedó subcampeón de Euskadi en junior.
El próximo sábado, 21 de enero, arranca Pirena Advance. Estaremos atentos a esta carrera que atraviesa los Pirineos. Mushers y perros en perfecta armonía para ir recorriendo la carrera blanca a través de diferentes estaciones de esquí de Huesca, Lleida, Andorra, etc. Y ya les adelanto, el siguiente finD siguiente a este de Pirena, la Altitoy, esa multitudinaria prueba/competición y popular a la que se le denomina ya la Behobia-SS del esquí de montaña.
Que los vientos les sean favorables. Hasta dentro de 15 días.
Tanto insitir, tanto insistir, aquí estoy… Ya está. Ya he caído. Con el inicio de hoy ya me he convertido en ‘blogero’. ¡Y mira que me resistía!, pero al final he caído. Tanto insistirme tanta gente que al final me he decidido, así que bienvenidos al blog DEL MUNDO A LA MONTAÑA-MUNDUTIK MENDIRA, y/o viceversa. El título ni más ni menos procede de uno que puse a un programa de radio que hacía hace muchos años en Antena 3, “La radio del Diario”, hoy Punto Radio Gipuzkoa, y cuya sintonía era una de mis canciones preferidas de Enya, “The celts”. Aunque son muchas mis preferidas, a la música y canciones de Enya me refiero.
Dicen, ya lo sabemos todos, que siempre a primeros de año nos marcamos propósitos que en la mayoría de los casos no se cumplen. Que si adelgazar, que si el inglés, que si aprender piano, que si el gimnasio, que si este año corro la Behobia definitivamente por primera vez, que si tengo que hacer un blog, en fin, una serie de ¿propósitos? y/o despropósitos que nos animan a seguir teniéndolos de año en año. Hasta que por fin, algunos de estos propósitos se cumplan y vayan cumpliendo.
A la hora de decidirme a hacer el blog pensé que el 1 de enero sería una buena/bonita fecha para comenzar. Y así lo he hecho. Ya saben, mi tema es la montaña. Si tuviera una tarjeta de visita, debajo del nombre me gustaría que figurara MONTAÑA-VIAJES-AVENTURA, porque de esto es lo que pretendo mantener vivo el blog que hoy, 1 de enero de 2012 inicio, aunque alguna aparición bloguera se me antoje diferente y no escriba ni de montaña, ni de viajes ni de aventura. Simplemente escriba para estar con ustedes, mis lectores.
Para cuando la gente lea esto yo estaré pateando por el monte. Y lo haré como manda la tradición, que para eso los vascos somos tradicionalistas, subiendo al monte Adarra donde coincidiré con cientos de montañeros, y no tan montañeros, para recibir el Año Nuevo en la cumbre de este monte cercano a San Sebastián y ¡tan emblemático! para la gente de Donostialdea.
Intentaré estar aquí puntualmente en una cita, en principio quincenal, para contarles casos y cosas que vayan ocurriendo, o que me vayan sucediendo, cosas que tendrán que ver, o no, con mi página semanal de los viernes de montaña de EL DIARIO VASCO, contando siempre con la inestimable colaboración de quienes me quieren leer. Así interactuaremos. Y así haremos vivo este blog y le daremos vida viajando DEL MUNDO A LA MONTAÑA. Como decía antes, bienvenidos.




