Por Jenu
En Toledo, a las puertas de un tanatorio, no ya a las puertas del cielo como sería lo normal, a la señora Antonia, de 96 años la dejan en la calle más de tres horas, como a la peor de los pecadoras, como si de una colilla se tratara, simplemente por un problema burocrático en el mercadeo que tienen establecido con el dolor y la muerte tanto funerarias, tanatorios sean estos privados como municipales, cementerios, iglesia, marmolistas… aquí no se salva ni el florista.
La cosa fue que una de las empresas fúnebres que regenta el tanatorio (Nueva Funeraria) no permitía que Algonsa -la compañía que transportaba el cadáver- depositara el ataúd dentro de las instalaciones. Al final, previo pago de 3.000 Euros (que por cierto y aunque les parezca extraño, 1.700€ figuran como Catering, igual que se tratase una boda. ¿A cuánto sale la botellita de agua? ) el asunto se resolvió. Pagando no hay quimera, tienes el cielo ganado, estás en paz con Dios y con la puta madre de estos delincuentes de la pena.
A esta gente los mandaba yo al infierno, que se calentaran no solo la cabeza como el doliente, para que se quemaran en el infierno de la poca vergüenza.
No es de recibo, ni mensual ni trimestral, que ocurran estas cosas, ni tanpoco que en los duelos, las funerarias aborden a los familiares que pena incluida, tengan que oír como unos tipos vestidos de negro para la ocasión les ofrezcan “el mejor de los entierros” para su ser querido, creándoles un cargo de conciencia si en vez de cuatro coronas, quieran contratar tres.
Esto se tiene que acabar, tiene que desaparecer por ley este negocio con la muerte, con el dolor que provoca ésta. Será difícil, ya que en este país de sinvergüenzas, se especula con todo; con la vida, con la muerte… y porque no nos pueden vender una parcelita en el cielo, que ya para eso tenemos a la iglesia, que en esto de las antesalas es una experta experimentada, valga las sagradas rebundancias.
Yo es que me quedo muerto con estas cosas, y no se ni por donde cogerlo.
En el caso este de Toledo, en el que la difunta Antonia, que en paz descanse, ahora más que nunca, ya que los unos han pagado no ya por sus pecados en el tema de la especulación, y en el negocio del dolor, y los otros han cobrado el entierro tan caro como si la enterrasen en un camposanto en la propia luna.
Si con nuestros muertos, con perdón, fuésemos un poco más vivos, este robo corona redonda en mano, se acabaría, y a ver quien se queda con el muerto cuando no haya dinero de por medio.
Nos pasamos toda la vida pagando por nuestra muerte, ¿Cuántos sepelios hemos pagado? ¿A cuánto nos sale el último viaje en el mercedes? Incluso, ¿Cuántos Mercedes hemos pagado?
En Marruecos, cuando te mueres, los familiares les dan cincuenta euros a dos enterradores pagando el favor que les hacen, y éstos abren la fosa en el suelo y entierran al difunto, y aquí paz y allá gloria.
Cuando se dice popularmente eso de “El muerto al hoyo y el vivo al bollo” nunca pensé en estos personajes que trabajan sin escrúpulos en un tema donde los sentimientos y la pena están a flor de piel, donde el finado o la finada, tienen nombre y apellidos y hasta hace poco hasta contaba chistes, nos hacía felices, nos brindaba un beso, nos hacía un guiño, y para nosotros podía ser una madre, un padre, un hijo o una hija, un hermano o una hermana… pero para este gente es solo un número en un expediente, en un certificado de defunción, algo así para simplificar, y para finalizar de paso con este triste artículo, como carne muerta. La vida es así de efímera y de falsa.
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