Diario Vasco

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Sweet Jane en el Velódromo de Anoeta
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Javier F. Barrera | 28-10-2013 | 14:44

Corríamos Corríamos. Corríamos. Y seguíamos corriendo. Era pleno invierno, tal que un 9 de diciembre y hacía frío. Mucho frío porque además ya había anochecido. Estábamos en el Alboka, en la calle Easo. La discusión era de tal cariz.

-¿A qué hora empieza Lou Reed?
-A las ocho
-Pero primero habrá telonero
-En la entrada no pone que hay telonero, así que será a las ocho en punto.
-Nipadios. Lou Reed llevará telonero, comotododios
-Pues en la entrada no pone nada
-Pues saca dos en tres (dos Keler en tres, que es como se pedían birras en Donosti. Más o menos era así cuando no había keler txiki: Una en dos, dos en tres, dos en cuatro, tres en cinco, tres en seis, cuatro en siete, cuatro en ocho y si la cosa ya se iba de madre, pues cinco en ocho y jajajajajajaja qué bien nos lo pasábamos).
Juanito terció con su proverbial sentido común
-Qué más da que haya o deje de haber telonero. Nos vamos pa Amara y ya está.
-Vale, dijo uno, pero antes otras dos en tres, que Paúl ha dicho que viene y no ha ‘bajado’ todavía…

Por eso corríamos. Como alma que lleva el diablo mientras cruzábamos las líneas del topo que señalaban el fin de Amara y el comienzo de la ciudad deportiva de Anoeta, con su campo de rugby, su piscina, su albergue, sus frontones y el Velódromo, Meca Rock de nuestra juventud.

Corríamos hacia el Velódromo y, ¡hostias! Lo que sonaba era Sweet Jane! En un diciembre de 1984 sonaban los acordes míticos de Sweeet Jane, solo comparables a los de Richie Blackmore cuando atacó en 1981 con Rainbow el Smoke on the Water de los Purple, Deep Purple,; o cuando en 1982 Angus Young, pasada ya la medianoche, arrancaba el Whole Lotta Rosie ante una masa eléctrica que se citaba con la historia, con su vida.

Logramos entrar por la puerta del Velódromo y cruzamos las galerías a toda velocidad para salir a las pistas y escuchar los acordes finales de Sweet Jane y, allá, en el escenario, sobre él, poderoso, gordito y con barriga, vivo, completamente vivo, estaba el bueno de Lou Reed.

Entonces, nos paramos.

Así era Lou Reed, el tipo que lograba que te detuvieras, el que mandaba en el Lado Salvaje, el que te hacía escuchar, el que te hacía leer, el que escribía cosas que a mí me sonaban como ‘Yo soy tu espejo, soy tu reflejo porque tú llevas mi alma dentro. Es lo que entiendo. Y mi corazón”. El tipo salvaje y duro que amaba la poesía. Era el epicentro de la ortodoxia punk. El comienzo del viaje.

IMPRESCINDIBLE
Cinco canciones para descubrir, recordar o despedir a Lou Reed,’ por Marta Peirano, @minipetite (Y no, no está Sweet Jane)

MÁS INFORMACIÓN
*Lee la crónica del concierto en El País: ‘La noche de los corazones legendarios’: “El velódromo de Anoeta registraba una asistencia de cerca de 10.000 personas, donostiarras en su mayoría, aunque varios contingentes de rockeros se habían desplazado desde diferentes puntos de España para asistir al concierto. En el escenario, una estructura de metal, un poderoso juego de luces y los instrumentos a los que habían de incorporarse Leonard Ferraro, batería, Fernando Saunders, bajista, Peter Wood, teclista, Robert Quine, guitarra, y Lou Reed, guitarra y voz solista.A las 20.20 la banda irrumpió en el escenario a los acordes del tradicional Sweet Jane. A partir de ese momento la magia, ausente en la mayor parte de los conciertos de los últimos tiempos, hizo una imparable y duradera aparición. Lou Reed lo vio claro y comenzó a desgranar el rosario de sus músicas con un afable comentario antes de cada canción” (Sigue leyendo).

*Una foto de Lou Reed sobre el escenario del Velódromo de Anoeta el 9 de diciembre de 1984, del gran Jesús Uriarte

*En ABC: Lou Reed culmina con éxito en Barcelona su gira española (pdf)

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