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Las consecuencias económicas del Google-Car (II)
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Asier Minondo | 11-06-2013 | 05:29

En la primera entrega de este post hace tres semanas, comenzamos a analizar cuáles podrían ser las consecuencias económicas de los coches sin conductor. En aquel post comentábamos que los coches sin conductor pueden ayudar a que se reduzcan enormemente los accidentes de tráfico, los atascos y la demanda de gasolina. También señalábamos que con los coches sin conductor ya no será necesario sacarse el carnet de conducir; además, como los accidentes y las infracciones de tráfico serán mucho menos probables, tendremos que pagar una cuota menor por el seguro del automóvil, nos olvidaremos de las multas, y los policías de tráfico se encargarán de otras tareas.

Sin embargo, los coches sin conductor pueden tener más consecuencias para la economía. El objetivo de esta segunda entrega es identificar estas consecuencias adicionales. Como señalábamos en el post anterior, en el video promocional del Google-Car se puede ver cómo una persona que ha perdido el 95% de su visión utiliza el coche para ir de casa a un restaurante, a recoger unas camisas de la lavandería y de vuelta a casa. El protagonista del video está bien elegido, ya que otras de las consecuencias del Google-Car será permitir la movilidad, en automóvil, de las personas que actualmente no pueden conducir. Por ejemplo, el coche sin conductor puede aumentar mucho la independencia de las personas mayores que no pueden o no quieren conducir. Esta posibilidad es especialmente relevante para sociedades en las cuales las personas vivirán más y dónde habrá un mayor número de personas mayores.

Otra de las consecuencias de que el coche conduzca por nosotros es que, probablemente, salgamos más a cenar y, quizá, bebamos alguna copa más. Lógicamente, el hecho de que podamos coger el coche en estas circunstancias será bueno para restaurantes y bares, pero podrá tener un efecto negativo sobre otros servicios, como el de taxi, que nos llevan a casa cuando no estamos en condiciones de conducir. Sin embargo, los taxistas no serán los únicos perjudicados; en la medida que la tecnología de los coches sin conductor se vaya aplicando a otros vehículos, puede que veamos en el futuro también camiones sin conductor o autobuses sin conductor.

Una consecuencia muy positiva de los coches sin conductor es que dejaremos de preocuparnos por el aparcamiento. Cuando lleguemos a nuestro destino nos bajaremos del coche y le “diremos” al coche que se vaya a aparcar. Cuando necesitemos el coche lo llamaremos y le diremos que nos recoja en un sitio determinado a una hora determinada. Eso sí, no tengo muy claro cómo se gestionará el tráfico cuando todos llamemos al coche a la vez y queramos que nos recoja a todos en el mismo sitio.

Como el coche conducirá por sí mismo, habrá más libertad para organizar el interior de los coches a nuestro gusto. Quizá algunas personas organizarán su coche como si fuera una oficina, y otros como si fuera un pequeño taller. Quizá las personas que viajan mucho en automóvil puedan equipar el coche con una cama y aprovechar las noches para viajar de un destino a otro. Por otra parte, como el coche conducirá sólo, las personas podrán dedicar el tiempo de viaje a hacer otras cosas que les pueda apetecer más que conducir, como ver la tele, navegar por Internet o leer un libro. Por ello, en el futuro, las personas darán más importancia al diseño interior del coche que a su diseño exterior y motorización. Es como cuando realizamos viajes largos en avión. Además del precio del billete, le damos importancia a que tengamos una pantalla en nuestro asiento y haya espacio suficiente entre las butacas. Que el avión sea rojo o verde no nos preocupa mucho.

Como todas las nuevas tecnologías, los coches sin conductor traerán cosas buenas y quizá otras no tan buenas, y con su desarrollo habrá personas que saldrán ganando y otras que saldrán perdiendo. Creo que la suma de consecuencias positivas será superior a la suma de consecuencias negativas. Espero vivir lo suficiente para poder verlas.

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