Diario Vasco
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Fecha: marzo, 2017
La miopía se dispara
Jon Mikel Zabala 21-03-2017 | 7:00 | 1

@jonmizabala

Todos conocemos, padecemos o sabemos en qué consiste la miopía: una elongación del globo ocular que hace que el reflejo de la luz se produzca frente a la retina en lugar de directamente sobre ésta, con la consiguiente pérdida de visión. En casos más graves, la deformación ocular puede ser mayor, estrechando las regiones internas del ojo y aumentando el riesgo de desprendimiento de retina, de cataratas, glaucoma e incluso pudiendo provocar la ceguera. Dado que el ojo crece durante la infancia, la miopía suele emerger en edades tempranas (etapa escolar y adolescente), prolongándose a lo largo de toda la vida, y provocando pérdidas de visión de manera progresiva a medida que envejecemos.

Tal y como expone Elie Dolgin en la revista Nature, hace 60 años, entre el 10 y el 20% de la población china padecía miopía. En la actualidad, el 90% de los adolescentes y jóvenes adultos padece este problema. En Seúl, el 96,5% de los varones de 19 años de edad son miopes. Otras zonas geográficas, como Europa y Estados Unidos, también se han visto afectadas, duplicándose la prevalencia de la miopía con respecto a hace medio siglo. En este sentido, Brian Holden, Profesor de la Escuela de Optometría y Ciencias de la Visión de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Sydney, Australia), ha coordinado un estudio de prospectiva en el que se preguntaban acerca de la evolución que los índices de miopía puedan sufrir a escala global hasta el año 2050. Y las conclusiones a las que llegan deberían hacernos reflexionar. Sus resultados estiman que de los 1.406 millones de personas con miopía (22,9% de la población mundial) y 163 millones de personas con miopía alta (2,7% de la población mundial) en el 2000, pasaremos en 2050 a una sociedad en la que habrá 4.758 millones de personas con miopía (49,8% de la población mundial) y 938 millones de personas con miopía alta (9,8% de la población mundial).

Figura 1.- Prevalencia de la miopía a lo largo del tiempo (% del total de la población)

Fuente: Kwon (2017)

Una de las conclusiones de su estudio es que la miopía es una enfermedad determinada socialmente, es decir, dependiente de nuestro comportamiento, y no un trastorno genético y heredable. La pregunta es clara: ¿qué factores inciden de manera más significativa sobre la probabilidad de que l@s niñ@s puedan adquirir miopía en edades tempranas? Una de las creencias populares más extendidas socialmente es aquella en la que se achaca el aumento de la miopía al tiempo que dedicamos a mirar la TV, la pantalla de ordenador, etc. Sin embargo, la evidencia científica apunta de forma clara en otra dirección. En 2007, el equipo dirigido por Lisa Jones, de la Ohio State University (Columbus, Ohio), realizó un experimento en el que hicieron un seguimiento a más de 500 niños de ocho y nueve años con una visión saludable. El equipo examinó la forma en que los niños pasaban sus días, qué deportes practicaban, cuánto tiempo pasaban al aire libre, etc. Cinco años más tarde, volvieron a evaluar a los 500 niños. Uno de cada cinco había desarrollado miopía, y el único factor ambiental que estaba fuertemente asociado con dicho trastorno de la visión era el tiempo que estos niños habían pasado al aire libre. Este mismo experimento fue replicado más tarde en Sydney (Australia), pero sobre una base de 4.000 niñ@s en educación primaria y secundaria, observándose un efecto similar tres años después de comenzar el seguimiento: l@s niñ@s que pasaban más tiempo en el exterior, en condiciones de luz natural, mostraban un menor riesgo de desarrollar miopía.

La causante de la miopía no es otra que la dopamina. La exposición a la luz natural diurna estimula la liberación de este neurotransmisor en la retina. Los resultados de los estudios anteriores apuntan a que bajo una iluminación débil (típica de interiores), la segregación de dopamina se interrumpe, con consecuencias para el crecimiento de los ojos, y provocando una mayor probabilidad de convertirnos en miopes. Los estudios epidemiológicos desarrollados por Ian Morgan, investigador de miopía de la Universidad Nacional de Australia en Canberra, estiman que los niños necesitan pasar alrededor de tres horas al día bajo niveles de luz de por lo menos 10.000 lux para estar protegidos contra la miopía. Este nivel de lux es equivalente al que podemos experimentar cuando estamos sentados bajo un árbol sombrío, con gafas de sol, en un día de verano. Un día nublado puede proporcionar menos de 10.000 lux, y una oficina, o un aula bien iluminada no suele contar con más de 500 lux.

Algunos colegios ya se han puesto manos a la obra en algunas iniciativas experimentales, como la construcción de aulas con techos y paredes traslúcidas que permiten que penetre luz natural. Otros están apostando por incrementar el número (y el tiempo) de actividades al aire libre en las escuelas. Tal vez sea hora de tomar nota y volver a pasar más tiempo en el parque, comiendo la merienda al aire libre y jugando con el balón, la cuerda, y lagartijas, mariposas y hormigas, en vez de ver dibujos animados en casa en los que lagartijas, mariposas y hormigas virtuales nos enseñan a jugar al balón o a saltar a la cuerda.

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¿Deben pagar impuestos los robots?
Iñaki Erauskin 14-03-2017 | 7:48 | 2

@InakiErauskin

 

En mi último post analizaba la presión fiscal en el País Vasco. Ahora que la automatización y la robotización son fuerzas inexorables de las sociedades modernas más que nunca existe el miedo de que el empleo disminuya para siempre (véase el post de mi compañero Asier), lo que ha hecho que algunas personas hayan sugerido que hay que crear nuevas vías para gravar las rentas y contrarrestar así el menor peso que los salarios pudieran tener en la renta.

Probablemente la propuesta que más eco ha tenido es la de Bill Gates, el co-fundador de Microsoft, multibillionario y uno de los mayores filántropos del mundo a través de su fundación: los robots que “roben” trabajos deben pagar impuestos (pincha aquí).  Con ello se lograría ralentizar temporalmente la robotización y obtener fondos que o bien irían destinados a la formación de las personas que hubieran perdido sus trabajos por los robots, o a nuevos nichos de empleo. Quizás a algún lector le pueda parecer una broma, pero recientemente el Parlamento Europeo ha rechazado una propuesta para establecer alguna forma de gravamen a los robots (pincha aquí para la noticia y aquí para el informe del Parlamento Europeo).

Las reacciones no se han hecho esperar. Larry Summers, profesor de economía de la Universidad de Harvard, ha dicho que la propuesta es ilógica (pincha aquí). Summers dice, en primer lugar, que hay muchas formas de innovación y no entiende porqué la propuesta de Gates se centra sólo en los robots. ¿Sobre qué actividades se gravaría el impuesto? No sería nada fácil para las Haciendas. Segundo, muchas innovaciones suponen mejores productos, no sólo lograr más con menos (innovaciones de proceso). Y dado que los innovadores “atrapan” sólo una parte de esos beneficios, habría que subsidiarlos, no gravarlos. Por último, su argumento más importante es que el impuesto reduciría el tamaño de la tarta económica que luego se redistribuye. Por ello, sugiere mayor formación y mayor inversión en infrastructuras, y no impuestos sobre los robots. Yanis Varoufakis, el conocido antiguo ministro de economía griego, también ha entrado en este asunto (pincha aquí). Cree que la propuesta no es realizable porque no sería fácil determinar qué se considera “robot” (y estaría gravado, por tanto) y qué no (y no tendría impuesto, por tanto). Es por ello que Varoufakis sugiere un Dividendo Básico Universal financiado con los impuestos obtenidos por las rentas del capital. Mayor robotización iría asociado a mayores rentas del capital, según su propuesta, que, gravadas, darían lugar a mayores recaudaciones impositivas.   

Detrás de todo este debate subyace el hecho de que la robotización reducirá la cantidad de trabajo disponible. Sin embargo, la robotización no sólo destruye empleos, sino que también los crea. Por tanto, no está claro que la base del trabajo vaya a disminuir. Los economistas denominan a este fenómeno según el cual el progreso tecnológico destruye empleo (en términos netos) falacia “ludita”.

Quizás, las propuestas realizadas hasta el momento alrededor de la recaudación impositiva a medida que la robotización se acelera, exageren el verdadero alcance de la robotización. Sin embargo, no estaría de más pensar en los cambios profundos que la robotización lleva consigo. Veremos lo que nos depara …

 

@InakiErauskin

 

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Las diferencias de renta entre las comunidades autónomas y la velocidad de la Reconquista
Asier Minondo 07-03-2017 | 7:31 | 0

El mapa que aparece abajo muestra el PIB per cápita de las comunidades autónomas españolas en 2015. Un color más intenso significa un mayor PIB per cápita y un color menos intenso un menor PIB per cápita. Es interesante observar que a medida que bajamos de norte a sur, a excepción de Madrid que fue la comunidad autónoma con mayor PIB per cápita en 2015, el color se va haciendo menos intenso. De hecho, las comunidades con un menor PIB per cápita en 2015 son las que se sitúan al sur: Extremadura, Andalucía, Castilla – La Mancha y Murcia.



¿Por qué las comunidades del sur de España tienen una menor renta per cápita? La renta per cápita se puede descomponer en dos ratios: 1) el número de ocupados entre la población total y 2) el PIB por ocupado. Las comunidades autónomas del sur de España tienen una menor tasa de ocupación, lo cual contribuye a su menor PIB per cápita. Sin embargo, las diferencias más importantes se producen en el PIB por ocupado, o productividad de los trabajadores. Estas diferencias se explican por la composición sectorial de la economía (por ejemplo, los trabajadores en la industria son mucho más productivos que en la agricultura), la formación de los trabajadores, la infraestructura y el espíritu empresarial.

Un estudio reciente, realizado por los profesores Daniel Oto Peralías y Diego Romero Ávila, sostiene que las diferencias en renta entre las comunidades autónomas pudieron nacer de un proceso histórico que concluyó hace más de 500 años: la Reconquista. Los autores muestran que en un primer periodo, de 711 a 1062, el proceso de Reconquista fue lento. En este primer periodo, las zonas liberadas se fueran repoblando de forma ordenada, con pequeños propietarios, y con una distribución de la tierra relativamente equitativa. Las zonas que se reconquistaron en este primer periodo se encuentran entre el río Duero y Tajo. Sin embargo, en un segundo periodo, de 1062 a 1266, y especialmente después de la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212, el proceso de reconquista fue mucho más acelerado. Como el territorio liberado era mucho más amplio, la Corona no podía repoblarlo con pequeños colonos. Por ello, otorgó estas tierras a la nobleza, generando una gran desigualdad en la distribución de la propiedad. En definitiva, un proceso de reconquista lento generó una distribución de la tierra más igualitaria y una mayor capacidad de participar en el proceso político en algunas regiones; por el contrario, un proceso más acelerado generó una gran concentración del poder económico y político en otras regiones.

Los autores argumentan que estas diferencias en la concentración del poder político y de la riqueza perjudicaron a las regiones de reconquista rápida cuando llegó el proceso de industrialización. Los grandes terratenientes de estas zonas se opusieron al proceso de industrialización porque podía aupar al poder económico y social a nuevas clases, poniendo en cuestión el status quo. Además, para que se produjese un proceso de industrialización se requería de la participación de emprendedores y de una clase media con acceso a medios económicos y formación de las que carecían las regiones en las que la Reconquista fue rápida.

Mediante estimaciones econométricas los autores confirman que las regiones en las que la Reconquista fue más rápida tienen un PIB per cápita menor en la actualidad que el resto de regiones españolas. Los autores muestran, además, que este menor PIB per cápita se pudo deber a las peores condiciones de partida de las regiones donde la Reconquista fue más rápida cuando llegó el proceso de industrialización. En concreto, estas regiones tenían peores índices de formación, de salud, y una peor distribución de la riqueza.

A pesar de que el ritmo de Reconquista pudo frenar el proceso de industrialización en las zonas del sur de España, ¿no deberían de haber desaparecido ya las diferencias en PIB per cápita entre las regiones gracias a la mejora en la sanidad y en la educación en todas las regiones españolas durante el último siglo? ¿realmente puede perdurar tanto el efecto económico de un acontecimiento histórico? Los autores creen que sí. Un argumento poderoso es que la propia actividad industrial genera fuerzas que la conducen a seguir localizada en el mismo lugar. Así, una región que cuente con una ventaja de partida para industrializarse tenderá a mantener dicha industrialización en el tiempo. Además, la industrialización conlleva una mejora de las infraestructuras, la formación y la innovación que favorece a las regiones que contaban con una ventaja de partida.

El ritmo de la Reconquista es otro ejemplo de procesos históricos que tienen efectos económicos perdurables en el tiempo. En post anteriores analizamos los efectos de la esclavitud y de las misiones jesuitas. Para que luego digan que la historia no importa.

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