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Hackerspaces: ¿movimientos sociales, políticos, o económicos?
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Jon Mikel Zabala | 23-05-2017 | 07:00

@jonmizabala

La semana pasada nos despertamos con la noticia de un ataque masivo y de escala global de ransomware que afectó a varias organizaciones, tanto públicas como privadas, y por el cual se solicitaba un rescate en bitcoins. Como nuestr@s lector@s conocen, durante los últimos años se han producido ciberataques de manera creciente, tanto entre países (p.e. Corea del Norte y EEUU), como entre hackers y organizaciones privadas (p.e. Sony, Disney). La seguridad informática constituye uno de los grandes retos sociales a los que las sociedades del siglo XXI nos vamos a tener que enfrentar. En este sentido, recientemente, la Profesora Helena Rifà, apuntaba que debido a la creciente automatización, en la conocida como la transición hacia una industria 4.0, se requerirán unos 825.000 profesionales de seguridad (o hackers) para el año 2025 en las empresas españolas. ¿Pero qué son los hackers?

Tenemos que partir del hecho de que el concepto de hacker está experimentando un cambio social. Inicialmente, los hackers estaban asociados al mundo de la informática y a la promoción del software libre. Sin embargo, recientemente, los hackers han pasado a ser considerados como desarrolladores y/o creadores (o makers), ya que sus acciones no sólo son susceptibles de aplicarse al mundo de la informática, sino que pueden aplicarse a cualquier campo de desarrollo, bien sea político, social, económico, institucional, etc. Es posible que a nuestr@s lector@s les resulten familiares las palabras fab labs, makerspaces, hackerspaces, o los espacios de co-working, estando todos ellos vinculados a las prácticas del movimiento creador. Muchos de estos espacios se fundamentan en el trabajo voluntario o a través de organizaciones sin ánimo de lucro, y muchos, aunque no todos, adoptan principios de gobernanza ascendente. Sin embargo, no todas las actividades de los hackers son percibidas de igual manera.

En este sentido, Sarah Davies ha explorado en un reciente artículo cómo el hacking es caracterizado por los propios hackers y makers. Para ello, centra su estudio en la percepción que los propios hackers (los de a pie, no los mediáticos como Kim Dotcom) tienen de sus acciones. Para ello, se centró en entrevistar a los hackers ubicados en cuatro ciudades de los EEUU (Phoenix, San Francisco, Nueva York y Boston), a los cuales accedieron a través de la información proporcionada por la web “hackerspaces.org”. Según la investigación de Davies, el hacking es percibido como un estilo de vida al que un@ se suscribe, es decir, una actividad de ocio que proporciona acceso a una determinada comunidad. Para los miembros de esta comunidad la idea de “hackear” viene asociada a una determinada ética y un estilo de vida.

A priori, el surgimiento del así denominado como “movimiento creador”, que incluye las acciones de hackers y desarrolladores, busca una democratización de las tecnologías y el apoyo a la innovación de cualquier tipo de agente social. Sin embargo, y contrariamente a las expectativas que se esperarían del movimiento creador, los resultados de Davies revelan que las motivaciones por la que los hackers participan en estos movimientos son el desarrollo de sus propias identidades, el establecimiento de relaciones profesionales, y la actualización de sus competencias. De igual manera, la democratización de la tecnología es también considerada como algo incidental, más que como un propósito explícito. Es decir, los beneficios de participar de estas comunidades son de carácter personal, más que político o social. Esto es significativo debido a la diferencia en la percepción que los propios hackers tienen de sí mismos y el discurso público dominante alrededor de dichos movimientos.

Por ejemplo, Mark Hatch, autor del “Maker Manifesto” (2013), sostiene que el movimiento creador supone la mayor explosión de creatividad e innovación que el mundo jamás haya visto. De modo similar, como hemos podido presenciar recientemente, el debate público se centra en la gran escala: las empresas o instituciones públicas que han sido hackeadas, el daño que ello hace a la imagen, las pérdidas económicas, los cambios en el ámbito social (hábitos de consumo, privacidad de datos), etc. Sin embargo, el común de los hackers percibe que sus actuaciones están principalmente orientadas a la promoción del cambio a nivel de los individuos, y al fomento del desarrollo personal, no tanto la transformación social, política o económica.

Naturalmente, la importancia de estas comunidades radica en la escala, ya que ciertamente, las acciones (ociosas) de los desarrolladores pueden tener consecuencias sistémicas. Ello añade un nuevo nivel de complejidad al estudio de las dinámicas de los hackers, ya que acciones a menudo (percibidas como) triviales, pueden llevar a efectos colaterales con una dimensión mucho mayor, alcanzando esferas económicas, sociales o políticas. Y es que ya lo escribía Eduardo Galeano: “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

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