Diario Vasco
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Fecha: enero, 2018
¿Refleja el color de tu coche el estado de la economía?
Jon Mikel Zabala 30-01-2018 | 8:00 | 0

@jonmizabala

Como es bien conocido, la industria automovilística es uno de los principales pilares sobre los cuales se sustentan muchas economías. Por ejemplo, según los datos del INE, en España y para el año 2015, el sector de fabricación de vehículos de motor tuvo una producción de 82.222 millones de Euros, lo que representa aproximadamente el 4% del PIB nacional. Sin embargo, ¿es posible conocer el estado anímico de una economía a través del color de los coches que se venden en la misma? Hace breves fechas me hacía eco de un artículo publicado en el The Economist, en el que se formulaban esta misma pregunta, para el caso del Reino Unido.

Según el artículo, a finales de la década de los 1990s, los coches que compraban los británicos tenían colores brillantes, lo cual vincula con el supuesto optimismo de los primeros años de la administración laborista de Tony Blair. Hay que hacer notar que entre los años 1996-2000, el Reino Unido tuvo un crecimiento medio de su PIB del 3% interanual. Entre los años 2000-2008, los colores gris y plateado pasaron a prevalecer en los vehículos británicos. En estos años, el crecimiento medio del PIB fue del 1.65%, observándose ya una caída en el mismo del -1.3% entre los años 2007 y 2008. Entre los años 2009 y 2012, en medio de la crisis financiera, y con un crecimiento medio del PIB del -0.65%, el color dominante fue el negro. Desde el año 2013, año en el que el Reino Unido volvió a la senda del crecimiento positivo (1.4% del PIB), el color más preponderante pasó a ser el blanco. Sin embargo, esta preferencia cambió de forma radical en el momento en el que se celebró el referéndum del Brexit. Desde entonces, el color principal de las ventas de coches ha vuelto a ser el negro, representando el 19.4% de todos los coches británicos. Estos datos han sido verificados con la información de la que dispone la Agencia de Licencias de Conducir y de Vehículos del Reino Unido.

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Más allá de las especulaciones realizadas por The Economist, y por la posible influencia que el envejecimiento de la población pueda tener sobre las preferencias anteriores, lo cierto es que el color del vehículo juega un papel importante a la hora de determinar su valor de mercado. Varios estudios de Marketing han encontrado que aquellos colores que vienen determinados por las modas momentáneas (p.e. naranjas, amarillos, violetas) deprecian en mayor cuantía el valor de un vehículo, ya que podrían poner en desventaja a su propietario cuando trate de venderlo en el mercado de segunda mano. Por el contrario, los colores neutros como el blanco, el negro o el gris son apuestas más seguras, ya que son menos susceptibles de ser rechazados por los potenciables futuros compradores.

Además de ello, una investigación reciente de la Universidad de Kent, ha evidenciado que el negro es el color de automóvil menos seguro, ya que cuenta con más probabilidades de verse involucrado en accidentes de tráfico que los vehículos de colores claros (blanco, dorado y amarillo son los más seguros). Según estos resultados, los vehículos negros son más difíciles de ver, ya que no destacan tanto en comparación con la carretera. A la luz del día, los coches negros tuvieron un 12% más de probabilidad de estar involucrados en accidentes que los vehículos blancos, cifra que asciende al 47% al amanecer y al atardecer.

Parece pues que las evidencias no son demasiado halagüeñas para los amantes del lado oscuro. Esperemos que la fuerza los acompañe.

Puedes seguirme en Twitter: @jonmizabala

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A vueltas con el salario mínimo
Iñaki Erauskin 23-01-2018 | 9:04 | 0

@InakiErauskin

 

La cuantía en la que se eleva el salario mínimo, que es el salario por debajo del cual no se puede trabajar legalmente, siempre es motivo de controversia, especialmente entre los partidos políticos. Ha subido a 735,90€ mensuales en 2018 (un 4%), desde los 707,60€ mensuales en 2017 (aumentó un 8%) y 655,20€ mensuales en 2016 respectivamente. Se quiere que llegue a 850€ mensuales en 2020.

La microeconomía básica nos enseña que cualquier fijación de precios mínimos o máximos distorsiona el funcionamiento de una economía competitiva. En concreto, el salario mínimo por encima de aquel que equilibra la oferta y la demanda de trabajo reduciría el empleo pero elevaría el salario de aquellos que todavía tienen empleo. Así, pues, habría ganadores y perdedores. El supuesto básico de este resultado es que muchas empresas y muchos trabajadores compiten por trabajos/trabajadores similares y ninguna de las partes tiene un poder de mercado suficiente para fijar salarios.

Sin embargo, en una microeconomía más avanzada uno aprende que ello no tiene porqué ser necesariamente así. Este es el caso del mercado de trabajo cuando existe poder de mercado por parte de las empresas, como es el caso del monopsonio, es decir, cuando una empresa es la única compradora de un bien o servicio. Un monopsonio es como un monopolio, pero al revés. De un monopolio se sabe que producirá y venderá menos bienes y servicios, y a un precio más alto que en otro tipo de situaciones, como por ejemplo, en competencia perfecta con muchos compradores y vendedores vendiendo un bien similar. Por el contrario, una empresa monopsonista comprará menos y a un precio menor, aprovechando su poder de mercado. Un ejemplo extremo de monopsonio es el de la empresa que es la única contratadora de trabajadores en un pueblo. En este caso, una elevación no excesiva del salario mínimo por encima del nivel que fija el monopsonista puede elevar el salario y el empleo, porque en este caso el coste adicional de contratar a un trabajador más a un salario mínimo no va aumentando a medida que la empresa contrata a más trabajadores.

El debate está servido: ¿aumentos del salario mínimo destruyen o crean empleo?

En el estudio “clásico” de David Card y Alan Krueger, dos de los mayores expertos mundiales en economía laboral, publicado en 1993 y en el que se analizaba el sector de los restaurantes de comida rápida (McDonald´s, …), se mostraba que elevar el salario mínimo no sólo no destruía empleo, sino que generaba efectos ligeramente positivos sobre éste. Para ello compararon lo que ocurrió en New Jersey cuando subió el salario mínimo de 4,25€ a 5,05€ por hora (el 1 de abril de 1992), con lo que ocurrió en Pennsylvania, donde no varió el salario mínimo. Los resultados fueron muy controvertidos, con partidarios y detractores. Tan grande fue su impacto que hasta el propio David Card no siguió investigando sobre este tema, entre otras razones, porque perdió muchos amigos economistas (pincha aquí).

Hay más zonas donde se han realizado “experimentos” de este tipo. Más recientemente en Seattle se elevó el salario mínimo en 2015 de 9,47$ por hora a 11$ por hora y en 2016 de 11$ a 13$ por hora. ¿Qué impacto ha tenido en el empleo? Hay varios estudios al respecto. En un estudio realizado por varios investigadores de la Universidad de Washington encontraron que la segunda subida del salario mínimo redujo en un 9% las horas trabajadas en empleos de bajos salarios, mientras los salarios por hora aumentaron un 3%. La evidencia es más modesta para el primer aumento del salario mínimo: efecto cero si se analiza el empleo en el sector de los restaurantes para todos los niveles salariales (pincha aquí para una noticia en el New York Times sobre este tema y los diferentes estudios realizados).

Pero, ¿cuánta gente cobra el salario mínimo? Los datos sobre la proporción de empleados que ganan menos del 105% del salario mínimo en la Unión Europea se muestran en el Gráfico 1. Como se puede observar, en España este porcentaje es muy pequeño, cercano al 2%. Por tanto, no cabría esperar que el impacto de las subidas del salario mínimo fuera elevado.

 

Gráfico 1. Proporción de empleados que ganan menos del 105% del salario mínimo en la Unión Europea, 2010 y 2014.

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Fuente: Eurostat.

 

El Banco de España realizó algunas simulaciones hace algunos meses sobre el impacto de las subidas del salario mínimo sobre el empleo, que se muestran en el Cuadro 1. En general, el impacto agregado sobre el empleo es reducido, pero su efecto sobre la probabilidad de perder el empleo es considerable para determinados colectivos, los de menos edad y los de más edad especialmente. Además, a mayores aumentos del salario mínimo el impacto sobre el empleo es mayor, al afectar a una población mayor y de una manera no lineal.

 

Cuadro 1. Impacto de la subida del salario mínimo sobre el empleo.

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Fuente: Banco de España, Boletín económico, Informe trimestral de la economía española, 1/2017.

 

El objetivo de salario mínimo de 850€ al mes para 2020 implica un aumento de más del 15% desde la cifra actual. Parece alcanzable, pero conviene analizar mejor su impacto para minimizar sus posibles efectos adversos.

El lector más interesado puede seguir profundizando en un post reciente y más técnico en el blog “Nada es Gratis”.

 

@InakiErauskin

 

 

 

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La reducción de la tasa de fertilidad en el mundo: anticonceptivos y creencias
Asier Minondo 16-01-2018 | 7:27 | 0

A finales de la década de 1960, un libro titulado “The Population Bomb”, escrito por Anne y Paul Ehrlich, auguraba un futuro de enormes hambrunas en todo el mundo. Este bestseller argumentaba que el crecimiento de la población estaba siendo mucho más elevado que el crecimiento de la producción de alimentos, por lo que llegaría un momento en que no habría alimentos suficientes para todos. Para evitar ese futuro tan negro, muchos países comenzaron a implementar políticas para controlar el crecimiento de la población. La más conocida, por su radicalidad, fue la que impuso el gobierno chino en 1979, al limitar, con algunas excepciones, el número de hijos por familia a uno.

En una primera etapa, las políticas se enfocaron en informar a la población sobre métodos anticonceptivos, y en facilitar el acceso a los mismos. Sin embargo, se constató que en números países, por motivos religiosos o culturales, las familias eran reacias a utilizar anticonceptivos. Por ello, en una segunda etapa, las políticas se dirigieron a generar un cambio en las creencias y los valores, y a convertir a las familias con pocos hijos en el nuevo ideal social. Por ejemplo, una de las vías para transmitir estos nuevos valores fueron las telenovelas. En ellas, las familias ricas eran las que tenían pocos hijos y las familias pobres las que tenían muchos hijos.

En un trabajo reciente, Tikola de Silva y Silvana Tenreyro, analizan si las políticas de control de la población han sido eficaces. Lo primero que muestra su estudio es la gran reducción que se ha producido en la tasa de fertilidad en todas las zonas del mundo. En 1960, por término medio, una mujer tenía 5 hijos; en 2013, este número se redujo a la mitad. En ese año, la tasa de fertilidad era de 1,81 en los países del Este de Asia y el Pacífico (por debajo de la tasa de reemplazo, que se sitúa en 2,1 niños por mujer), alrededor de 2 en Norteamérica, Europa y Asia Central, de 2,16 en América Latina y el Caribe, de 2,56 en el Sur de Asia, de 2,83 en Oriente Medio y Norte de África y de 5 en el África Subsahariana. Los analistas prevén que la población se estabilice en todos los continentes, a excepción de África, para 2050. Si se incluye a África, la población se estabilizará en 2100. En ese año se prevé que el mundo tenga una población de 11.200 millones de personas, 3.600 millones más que en la actualidad.

De Silva y Tenreyro señalan que la urbanización, la mejora en la educación, el aumento de la participación de la mujer en el mercado laboral, y la reducción de la tasa de mortandad infantil han contribuido a la reducción de la tasa de fertilidad. Junto a estas políticas, las autoras concluyen que las políticas de control de la población han contribuido de forma sustancial a la reducción de la tasa de fertilidad. Entre ellas, las políticas de mayor éxito han sido las que se han enfocado en construir una preferencia social por las familias con menos hijos.

Muchos lectores estarán pensando que en nuestro entorno el problema no es tanto el crecimiento de la población, sino su envejecimiento. Sin embargo, no debemos olvidar que compartimos un planeta. Desde esa perspectiva, la reducción del crecimiento de la población es una buena noticia, ya que mientras los recursos sean finitos, un crecimiento descontrolado de la población genera una presión excesiva sobre los mismos, provocando conflictos sociales.

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Campeones ocultos de Catalunya: ¿firmes como una roca o sujetos a la inercia?
bkamp 09-01-2018 | 12:12 | 0

Respecto a los posibles efectos del proceso soberanista sobre las empresas catalanas se ha escrito mucho últimamente, tanto en este foro, como por ahí, allíallá.

Aunque las empresas no son participantes activos ni actúan como votantes en dicho proceso, está claro que tampoco son insensibles a las políticas que les rodean y al contexto institucional que éstas generan.

En efecto, las políticas tienen su influencia sobre las decisiones de localización de activos y actividades empresariales. De hecho, ante diferencias en cuanto a condiciones competitivas de un lugar a otro, las empresas pueden “votar con sus pies” – expresión utilizada por los politólogos Bobrow y Dryzek en los años 80 para referirse a empresas que deciden marcharse de una jurisdicción a otra como reacción a políticas que no les convienen.

Ahora bien, una vez que las empresas han escogido su base de operaciones, se enfrentan a “costes de salida” si quieren trasladar dicha base. Esto hace que ese cambio no les atraiga mucho a priori, ni siquiera cuando la estabilidad alrededor de esa base cambia. Por ello, es típico observar que las empresas continúan en el mismo lugar a lo largo del tiempo. Este fenómeno se aplica más a las bases fabriles que a la base social o fiscal, ya que las instalaciones productivas conllevan “costes hundidos” considerables que dificultan su movilidad.

Como consecuencia, las empresas manufactureras y/o las partes productivas de las empresas suelen ser menos móviles y reaccionan con menos inmediatez y radicalidad ante un cambio en el entorno.

Ante ello, se ha observado que el procés está generando un traslado de sedes sociales y/o fiscales, pero apenas de actividades productivas.

En la misma línea, se ha señalado que las empresas que cambian sus sedes sociales no se concentran en sectores manufactureros con carácter B2B, sino más bien en el sector servicios, en sectores regulados, en sectores que dependen de forma notable de la compra pública a nivel estatal y entre empresas que fabrican productos de gran consumo (que operan en mercados B2C) y cuyos productos son fácilmente reconocibles como catalanes (como es el caso con el cava).

Un tipo de empresas que tiene fama de ser muy comprometido con el entorno son los llamados “líderes en nichos de mercado internacionales”, o “campeones ocultos”, sobre los que hemos informado ya en otras ocasiones en este foro, véase por ejemplo: http://blogs.diariovasco.com/ekonomiaren-plaza/2017/03/28/euskadi-tierra-natal-de-campeones-ocultos/

Suelen ser empresas industriales que operan en la sombra de las grandes marcas y de fabricantes de productos conocidos por el gran público. Por lo tanto no son tan conocidas y en muchos casos ni siquiera serán fácilmente identificables como catalanas (en el caso que lo sean) y, por ello, no están tan expuestas al riesgo de que sentimientos negativos por el procés hacia productos catalanes tengan un efecto perjudicial sobre ellas. Y menos aún si son empresas muy internacionalizadas cuya facturación depende sólo marginalmente de las ventas en el mercado español.

En este sentido, en la literatura se ensalza muchas veces la longevidad de estas empresas, el arraigo en su entorno, la continuidad de su personal, su interacción con centros de formación profesional cercanos, etc. En suma, todo tipo de factores que hacen que dichas empresas muestren una gran constancia en cuanto a su ubicación de base.

Son empresas que quizá no tengan la capacidad de atraer y emplear al talento procedente de todos los rincones del mundo, pero que son maestras en sacar provecho de los recursos de su entorno. Por lo tanto, son un tipo de empresas no muy proclives al nomadismo.

En el caso de Catalunya tenemos actualmente constancia de una veintena de empresas de este tipo y, revisando qué postura han adoptado en los últimos meses, llama la atención que apenas han movido ficha. Tanto en cuanto a cambiar su sede social y desde luego en cuanto a trasladar activos y operaciones fabriles. Es más: en un caso ha habido recientemente una adquisición de una empresa luxemburguesa y tampoco esta operación fue aprovechada para trasladar la sede (por ejemplo al Gran Ducado mismo).

Ante esta observación cabe preguntarse: ¿quién es más listo: el que se va o el que se queda? Y si tanto salir como quedarse tiene su sentido; ¿de qué depende la racionalidad de cada uno?

Aparte de los temas mencionados anteriormente, cabe destacar que las empresas pueden optar por lidiar con los cambios de su entorno de diferentes modos: pueden actuar de forma adaptativa o aplicar acciones más rupturistas. Ante esa realidad, ni a las empresas que cambian su sede social se les puede atribuir una actitud de “sálvese quien pueda”, ni de las empresas que optan por quedarse debe suponerse que sufren inercia organizacional ante los cambios.

Finalmente, por lo que respecta a los campeones ocultos debiera considerarse lo siguiente:

Por una parte, el operar en nichos puede frenar las posibilidades hacia un tamaño empresarial de enormes proporciones, así como reducir las opciones de desarrollar un amplio reconocimiento ante las grandes masas. Pero, por otra parte, puede proporcionar cierta protección contra los problemas que afectan a los mercados más corrientes y/o a las empresas que están en el ojo del huracán.

 

 

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Bart Kamp

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