Diario Vasco
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Autor: aminondo
¿Todo el mundo puede hacerse millonario?
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Asier Minondo | 30-04-2013 | 6:35| 0

“Todo el mundo puede llegar a hacerse millonario”. Con esta frase encabezaba el Diario Vasco el pasado 6 de marzo la entrevista con Miguel R. Forbes, responsable de desarrollo mundial de la revista que cada año publica la lista de las personas más ricas del mundo. El Sr. Forbes afirmaba que en la lista de personas más ricas había “muchos hombres hechos a sí mismos” (por ejemplo Amancio Ortega), lo cual, en su opinión, era un claro indicador de que todo el mundo puede llegar a hacerse millonario. Pero, ¿realmente es así?

Para responder a esta pregunta, los economistas y los sociólogos analizamos en qué medida la diferencia de ingresos entre dos personas adultas se explica por la diferencia de  ingresos entre sus padres. Este coeficiente se conoce como la elasticidad intergeneracional. Si su valor es cero, la diferencia de ingreso entre los padres no tiene ninguna influencia en la diferencia de ingresos entre los hijos. En este caso, sí podríamos afirmar que todo el mundo tiene las mismas posibilidades de hacerse millonario, porque nacer en una familia rica o en una pobre no tendría ninguna influencia sobre los ingresos de un adulto. En cambio, si el valor de la elasticidad es uno, la diferencia de ingresos entre los padres explicaría toda la diferencia de ingresos entre los hijos. En este caso, solamente los millonarios pueden “llegar a hacerse” millonarios. Por tanto, para saber si el Sr. Forbes tiene razón o no tenemos que saber cuál es la elasticidad intergeneracional.

El profesor Milos Corak de la Universidad de Ottawa ha calculado esta elasticidad para diferentes países. Los países con una menor elasticidad intergeneracional y, por tanto, una gran movilidad social, son Dinamarca, Noruega y Finlandia, con un valor inferior a 0,2; los países con una mayor elasticidad y, por tanto, una menor movilidad social, son Perú y Brasil con valores cercanos a 0,6. España tiene una elasticidad de 0,4. Un dato interesante del estudio del profesor Corak es la elasticidad de Estados Unidos: 0,5. Esta elasticidad es muy superior a la de Dinamarca, e incluso superior a la de España. Este dato no casa bien con la idea del “sueño americano”, según el cual si se tiene talento y se trabaja duro todas las personas pueden hacerse millonarias. Según los datos de Corak el sueño americano es más probable que ocurra en Dinamarca que en Estados Unidos.

Tras analizar estos datos, ¿todo el mundo puede hacerse millonario? Depende. En Dinamarca sí parece que todo el mundo tiene las mismas oportunidades para hacerse millonario; en Perú, no; en España, a medias. Sin embargo, cuidado porque esta conclusión puede ser prematura.

El problema de las elasticidades que hemos comentado es que se calculan teniendo en cuenta solamente la relación entre los ingresos de dos generaciones, la de los padres y la de los hijos. Utilizar solamente dos generaciones puede infravalorar el coeficiente de elasticidad y, por tanto, sobrevalorar la movilidad intergeneracional. Permitidme que ponga un ejemplo para explicar este problema. Supongamos que el padre de Jon, un empresario de éxito,  gana un salario elevado. Sin embargo, a diferencia de su padre, Jon ha decidido que quiere dedicar su vida a trabajar en una ONG, la cual solamente le puede ofrecer un salario muy modesto. En este caso la correlación entre el salario de Jon y el de su padre es muy pequeña y, por tanto, podríamos concluir que existe mucha movilidad intergeneracional (en este caso a la baja). Supongamos que Jon tiene un hijo: Markel. Como Markel tiene aptitudes para el mundo de los negocios, el abuelo le ayuda para que pueda realizar prácticas en diferentes empresas, le financia cursos en el extranjero, y una vez que ha completado su formación lo ficha para su empresa. Al llegar a la edad adulta Markel gana un salario elevado. Si comparamos el salario de Markel con el de su padre, vemos que no hay mucha correlación entre los mismos y, por tanto, podemos concluir que existe mucha movilidad intergeneracional (esta vez al alza). Sin embargo, si comparamos el salario de Markel con el de su abuelo no hay tantas diferencias y, por tanto, la movilidad intergeneracional es menor.

Hay pocos estudios que tengan datos de los ingresos de los abuelos, de los padres y de los hijos. Uno de ellos tiene datos de los ingresos de 901 familias de la ciudad sueca de Malmö desde el año 1938. Este estudio concluye que al incluir también la renta de los abuelos, la movilidad intergeneracional es un 70% inferior a la que se obtiene si solamente se compara la renta de los padres y de los hijos. Jason Long y Joseph Ferrie, en un estudio realizado para Estados Unidos y el Reino Unido, también concluyen que la movilidad intergeneracional se reduce notablemente si además del ingreso de los padres se tiene en cuenta el ingreso de los abuelos.

Otros estudios que no cuentan con datos de ingresos para distintas generaciones de la misma familia han utilizado los apellidos para estimar la movilidad intergeneracional. La idea básica es que si hace dos siglos los que se apellidaban Fitz-James Stuart ocupaban un status elevado en la sociedad (medido por su riqueza u ocupación), y si los que se apellidan Fitz-James Stuart también ocupan un status elevado en la actualidad, no existe mucha movilidad intergeneracional. Pues bien, estos estudios muestran que el coeficiente de elasticidad se sitúa entre el 0,7 y el 0,8, cifras muy superiores a las que comentábamos anteriormente. Además, no parecen existir muchas diferencias entre países.

En definitiva, ¿todo el mundo puede hacerse millonario? Claramente algunos tienes más probabilidades que otros.

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¿En qué mundo prefieres vivir?
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Asier Minondo | 09-04-2013 | 7:00| 0

Hace unas pocas semanas, en el curso International Economics que imparto en 4º curso del Grado de Administración y Dirección de Empresas de la Universidad de Deusto, les plantee la siguiente pregunta a mis alumnos. ¿Es beneficioso el libre comercio? Después de algunas clases explicando el concepto de ventaja comparativa y dibujando curvas de indiferencia en la pizarra, no es de extrañar que el 86% de mis alumnos dijeran que sí, que el comercio es beneficioso. Lo que me extraña es que todavía más de un 10% no estuviese del todo convencido.

¿Por qué pensamos la mayoría de los economistas que el comercio internacional es bueno? La idea principal es que el comercio internacional permite que cada país se especialice en aquello que sabe hacer relativamente mejor. Si un país intercambia lo que sabe hace mejor a cambio de lo que saben hacer mejor el resto de países, la cantidad de bienes que puede consumir es mucho mayor que la que consumiría si intentase producir todo por sí mismo.

Los beneficios de la especialización que obtenemos del comercio internacional son análogos a los que obtenemos al tener diferentes profesiones en nuestra sociedad. Por ejemplo, si yo intentase obtener por mí mismo todo lo que desayuno: cosechar los cereales, ordeñar la vaca para obtener la leche que le pongo a los cereales, cultivar naranjos para tener naranjas para el zumo, y recolectar los frutos del café, seguramente la mayoría de las veces me iría al trabajo sin desayunar. Para mí es mucho mejor especializarme en aquello que sé hacer relativamente mejor, e intercambiar ese servicio por todos los ingredientes de mi desayuno.

Si la mayoría de los economistas pensamos que el libre comercio es beneficioso, ¿por qué una gran parte de la sociedad lo mira con sospecha? Para responder esta pregunta, desarrollé en clase un juego ideado por uno de mis economistas de referencia, Dani Rodrik, al que ya me he referido anteriormente en este blog. En este link Dani Rodrik explica los detalles del juego, y su experiencia al aplicarlo en una clase en Harvard. La dinámica del juego es la siguiente. Entre mis alumnos elegí a dos estudiantes: Pierre, estudiante de intercambio de Canadá, y Patrick, estudiante de intercambio de Estados Unidos. En este juego, Pierre y Patrick se dedican a realizar traducciones del inglés al castellano, y cada uno gana 2000€ al mes. Curiosamente, Pierre y Patrick son los únicos habitantes de una isla que llamaremos X. Si Pierre y Patrick no tienen ningún gasto al realizar las traducciones, solamente su tiempo, el Producto Interior Bruto (PIB) de la isla X será de 4000€ al mes. Imaginemos ahora que hago un poco de magia y, de repente, el sueldo de Pierre baja de 2000€ a 1000€, y el sueldo de Patrick aumenta de 2000€ a 4000€. Es decir, Pierre pierde 1000€, Patrick gana 2000€, y la isla X en su conjunto gana 1000€. La pregunta que les planteé a mis estudiantes fue: “¿cuál de las dos situaciones os parece mejor? ¿La situación 1 en la que Pierre y Patrick ganan lo mismo?, ¿o la situación 2, en la que Pierre pierde, Patrick gana, y el PIB de la isla X es mayor?”. La mayoría de los alumnos optó por la situación 2. El argumento para elegir esta situación es que la isla X, en su conjunto, tiene más renta. Además, con su renta adicional, Patrick puede compensar a Pierre por su pérdida de ingresos, y todavía obtener un aumento de sueldo de 1000€. Sin embargo, algunos estudiantes seguramente dudaban que se fuera a producir esta redistribución, y prefirieron la situación 1, en el que la isla X tiene un menor PIB, pero repartido de forma más equitativa.

¿Qué tiene que ver el comercio internacional con este truco de magia? El comercio internacional, al igual que el truco de magia, aumenta la renta de un país, pero también genera ganadores y perdedores. Los ganadores son los que pueden vender sus productos en mercados más amplios, y los perdedores son los que no pueden competir con los fabricantes extranjeros. Las ganancias del comercio son lo suficientemente grandes para que los ganadores compensen a los perdedores, aunque no hay ninguna ley que asegure que se vaya realizar dicha compensación. Al igual que los alumnos en clase, los ciudadanos tienen que elegir una mayor renta, pero más desigual; o una menor renta pero una mayor igualdad.

Muchas personas ven con malos ojos el comercio internacional, no solamente porque genera ganadores y perdedores, sino por los mecanismos que utiliza para generar esos ganadores y perdedores. Poner de manifiesto estos mecanismos era el objetivo de la última parte del juego. Para ello, expliqué a los alumnos por qué la renta de Patrick había aumentado de 2000€ a 4000€, y la renta de Pierre había disminuido de 2000€ a 1000€. La explicación fue la siguiente: imaginemos que Patrick ha trabajado muchísimo y se ha esforzado enormemente durante los últimos dos años en desarrollar un software que le permite traducir mucho más rápido del inglés al castellano. Gracias a este software, Patrick necesita menos tiempo para realizar las traducciones, lo cual le permite bajar el precio de cada traducción. Con la reducción en el precio puede aumentar su cartera de clientes, y facturar más. Pierre, en cambio, se pasa la mitad del día en la playa disfrutando del sol y de las olas. ¿Debería Patrick compensar a Pierre por su pérdida de ingresos? La mayoría de los alumnos pensaba que no.

Junto a la innovación tecnológica, les ofrecí una explicación alternativa del aumento de renta de Patrick, y la disminución de la renta de Pierre. En realidad, el éxito de Patrick no se debía al desarrollo de un nuevo software. Lo que había hecho Patrick era subcontratar sus traducciones en Puerto Rico, donde hay mucha gente que habla perfectamente el inglés y el castellano, y que cobra un precio más bajo por realizar traducciones. ¿Cuáles son las consecuencias de esta estrategia? Las mismas que antes: Patrick puede reducir el precio de sus traducciones, aumentar su cartera de clientes y ganar más. Sin embargo, con esta explicación alternativa, un mayor número de alumnos se mostraron a favor de la redistribución, ya que Pierre no podía competir con los menores salarios de los de fuera. No lo planteé como alternativa, pero me imagino que si hubiese explicado que Patrick utilizaba menores de edad para realizar las traducciones, seguramente la mayoría de la clase estaría en contra del aumento de la renta de Patrick.

¿Qué lecciones podemos sacar de este juego? Uno: al igual que el progreso tecnológico, el comercio internacional aumenta la riqueza de un país. Dos: al igual que el proceso tecnológico, el comercio internacional genera ganadores y perdedores. Tres: tanto en el comercio, como el progreso tecnológico, los beneficios del comercio son suficientemente grandes para compensar a los perdedores, y seguir disfrutando una mayor riqueza. Cuatro: ¿se debe compensar a los perdedores? Para responder a esta pregunta debemos determinar qué medios son legítimos para competir, y qué medios son ilegítimos para competir. Si el éxito de una empresa se ha conseguido de forma legítima, pierde fuerza el argumento de la compensación. En cambio, si el éxito se ha conseguido de forma no tan legítima, gana fuerza el argumento de la compensación. El conflicto surge cuando lo que es legítimo para algunas sociedades no lo es para otras.

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Estudia gratis en Harvard (segunda parte)
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Asier Minondo | 05-03-2013 | 7:02| 0

Simplemente con una conexión a Internet ya podemos estudiar en las más prestigiosas universidades del mundo. A través de las plataformas Coursera, EdX y Udacity, a partir del año 2012 se han multiplicado los llamados MOOCs: cursos masivos on-line y abiertos. Sin pagar nada uno puede estudiar cosas tan variadas como inteligencia artificial para robótica o nutrición para equinos. Si se te resiste el inglés ya hay una plataforma de MOOCs en castellano: Miríada X, y en euskara Asmoz.

Como señalaba en la primera entrega de este post, los beneficios potenciales de los MOOC son enormes. Gracias a Internet, cualquier persona, de cualquier edad, género, raza o religión, en cualquier parte del mundo, puede realizar un curso en las mejores universidades del mundo. Sin embargo, los MOOC sobrevivirán si cuentan con un modelo de negocio viable. Como comentaba en la primera entrega, las fuentes de ingresos de los MOOC pueden provenir de cobrar los certificados que se otorgan al finalizar el curso, y de la venta de datos sobre los alumnos más competentes a las empresas de gestión de recursos humanos. Más adelante, los ingresos pueden venir de la impartición de grados completos a través de MOOCs, o de licenciar a otras universidades partes del material incluidos en los MOOCS.

En esta segunda entrega quiero analizar algunas limitaciones de los MOOC. La primera limitación reside en la evaluación. Por ejemplo, las plataformas tienen muchas dificultades para asegurar que no se copia en los test semanales o en el examen final. En los cursos que yo estoy haciendo, cuando realizas un test de evaluación, antes de enviar las respuestas tienes que pinchar sobre un código de honor en el que certificas que no has copiado las respuestas de otra persona. Estos códigos, que a nosotros nos resultan un poco extraños, son usuales en las universidades estadounidenses. Por ejemplo, cuando se realiza un examen el estudiante tiene que firmar que no va a hacer ninguna trampa a la hora de responder a las preguntas. Si viviéramos en una sociedad en el que el honor fuese lo más importante, quizá con pinchar el código de honor sería suficiente, pero me parece que no estamos en ese caso. De hecho, en el primer curso que hice, cuando realizabas el test semanal, el sistema te daba instantáneamente tu puntuación. En el segundo curso, en cambio, no te da la puntuación hasta que no haya expirado el plazo para contestar el test semanal. Os podéis imaginar por qué. Una limitación adicional es que las plataformas MOOCs no pueden estar seguras de quién está realmente realizando el curso. Por ejemplo, si yo sé que las empresas van a valorar mucho el tener certificados de cursos MOOC, y yo no tengo tiempo para cursar un MOOC, le puedo pagar a mi sobrino, que es un as, para que los haga por mí. Para salvar este problema, Coursera ha introducido un sistema que analiza el comportamiento de los alumnos al teclear el ordenador, lo que les permite sacar, imagino yo, algo así como el ADN informático de cada alumno. Si observa que el comportamiento informático de un alumno es errático pueden comenzar a sospechar que hay otra persona ayudándola en el curso.

La segunda limitación de los MOOC es que hay ciertas formaciones que son más difíciles de desarrollar a través de la educación on-line. Por ejemplo, los trabajos de laboratorio son difíciles de hacer por ordenador. Tampoco me imagino a los alumnos de medicina haciendo una bisección on-line. Sin embargo, debemos reconocer también que se está avanzando mucho en este campo. Al igual que los pilotos de avión se “entrenan” en simuladores, no creo que tardemos mucho, o quizá ya exista la posibilidad, para que los alumnos de medicina se formen haciendo operaciones virtuales.

La tercera limitación de los MOOC reside en qué pueden evaluar. El gran activo de los MOOC es su enorme número de alumnos, unido al hecho de que cada alumno adicional tiene un coste cero para la plataforma. Así, el coste fijo de desarrollar el curso se puede dividir entre un número, en principio, sin límite de alumnos, generando unas economías de escala brutales. Sin embargo, el coste cero de añadir nuevos alumnos obliga a que el sistema de evaluación solamente pueda ser tipo test, para que el propio sistema sea capaz de puntuar automáticamente. Si la evaluación se hiciese con una pregunta abierta, las plataformas MOOC deberían contar con muchos profesores que evaluasen todos los exámenes, lo cual elevaría mucho su coste. Algunos cursos están solucionando este problema a través de que sean los propios alumnos los que evalúen a otros alumnos. Sin embargo este sistema tiene, en mi opinión, muchas limitaciones: los alumnos no tienen los mismos conocimientos que los profesores y los criterios que siguen a la hora de evaluar pueden ser diferentes.

Esta limitación a la hora de qué se puede evaluar nos lleva a lo que yo considero uno de los problemas mayores de los MOOC. En un post que publiqué en el mes de noviembre, reflexionaba sobre cuáles son las competencias que deben desarrollar los estudiantes para los empleos del futuro. Entre ellas destacaba las competencias relacionadas con la creatividad, la imaginación y la inventiva, y las habilidades que son nucleares para la interacción entre las personas, como la comunicación, los idiomas y el trabajo en grupo. Todas estas habilidades son difíciles de desarrollar a través de un curso on-line, y mucho más difícil el evaluarlas. Aunque es verdad que las generaciones más jóvenes están muy acostumbradas a interaccionar en las redes sociales, todavía creo que estas competencias se desarrollan mucho mejor off-line.

La cuarta limitación de los MOOC reside en la motivación. Aunque muchas personas se apuntan a un MOOC, muy pocas lo terminan. Por ejemplo, en el primer curso que yo realicé se inscribieron 61.285 personas, pero solamente 1.303 (2%) obtuvimos el certificado (que era gratis) de haber superado el curso. Como señalaba Luis Garicano en un post sobre los MOOC, uno de los problemas que resolvemos las universidades off-line es el de la motivación. Sacar adelante una carrera requiere un esfuerzo grande. Para no flaquear en ese esfuerzo es muy importante tener la obligación de ir a clase, de reunirse con los compañeros para discutir el caso de una empresa que hay que preparar para la asignatura de Estrategia, o de realizar una presentación en público en la clase de Márketing. Asimismo, la interacción con el profesor es muy importante para aquellos alumnos que tienen más dificultades para seguir la asignatura.

Finalmente, en las universidades ofrecemos algo más que formación. Las universidades ofrecemos un espacio para que las personas se socialicen, conozcan nuevas personas, tanto de aquí como de otros países, y compartan experiencias. La red que se teje en la universidad puede tener, además, una gran importancia en el futuro profesional de los alumnos.

Aunque tengan limitaciones, los MOOC pueden provocar cambios importantes en el modelo de universidad tradicional. Está claro que si un profesor universitario se dedica solamente a recitar en sus clases, es mucho mejor cambiar ese profesor por un MOOC. En mi opinión, los MOOC son un incentivo más para que dediquemos las cursos off-line a aquellas actividades en que los cursos off-line tienen ventaja comparativa. Por una parte las clases presenciales tienen ventaja comparativa en la interacción entre los alumnos y el profesor, que permite identificar y salvar los obstáculos del proceso de aprendizaje, obligar al alumno a que siga un ritmo de aprendizaje, y motivar para que no ceje en el empeño; las clases son también un espacio único para desarrollar la capacidad de comunicación y de argumentación de los alumnos en público. Además la cursos off-line tienen ventaja comparativa en el desarrollo y la evaluación de competencias como el trabajo en grupo, la comunicación interpersonal, cómo responder a situaciones donde no existe solamente una única respuesta (la mayoría), el emprendizaje y la capacidad de imaginar nuevas soluciones. Estas actividades se pueden combinar con aquellas actividades donde los MOOC sí tienen ventaja comparativa: el poder ver las veces que quieras a un profesor excelente explicar un nuevo tema, o la posibilidad de realizar numerosos tests para evaluar si realmente dominas lo aprendido.

Durante estas semanas en mi curso (off-line) International Economics estamos estudiando el concepto de ventaja comparativa. Seguro que en la próxima clase mis alumnos me reclamarán si no aplico también la ventaja comparativa de las clases.

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Estudia gratis en Harvard (primera parte)
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Asier Minondo | 12-02-2013 | 7:04| 0

¿Quieres participar en el curso sobre justicia de Harvard?, ¿prefieres hacer un curso de introducción a la informática y a la programación en el MIT? Simplemente entra en EdX, regístrate, y ya estás en la clase. ¿Coste? 0€.

¿Que siempre se te ha atascado la estadística y quieres que alguien te la explique todas las veces que necesites? Entra en Udacity y apúntate al curso del profesor Sebastian Thrun de  la Universidad de Stanford.  ¿Coste? 0€.

Quizá lo que te interesa es mejorar tus conocimientos sobre nutrición. Entra en Coursera y apúntate al curso de la profesora Kristina von Castel-Roberts, de la Universidad de Florida. Empezó hace tres semanas, pero no te preocupes porque tienes las primeras clases grabadas. ¿Coste? 0€.

Estos son algunos ejemplos de los cada vez más famosos MOOC (Massive open on-line courses), los cursos masivos, abiertos y on-line, que las mejores universidades del mundo están ofreciendo gratis a través de Internet. La gran maravilla de los MOOC es que cualquier persona con un nivel razonable de inglés, de cualquier edad, sexo, raza o religión, viva en un país rico o en uno pobre, tiene acceso a cursos con los mejores profesores de las más prestigiosas universidades del mundo. También para el mundo hispanohablante hace pocas semanas se puso en marcha una plataforma de MOOCs en el que participan algunas universidades españolas: Miríada X. Y en euskara tenemos también una primera experiencia con un curso sobre Android en la plataforma Asmoz.

Anteriormente ya existían en Internet algunas clases grabadas de profesores de universidades de prestigio. Lo novedoso de los MOOC es que los cursos están diseñados para que todo el proceso educativo (lecciones del profesor, materiales para las clases, tests, evaluaciones,…) se haga on-line. El éxito de estos cursos es impresionante. Por ejemplo, en el curso sobre inteligencia artificial de Udacity se apuntaron más de 160.000 alumnos. Con una media de 80 alumnos por clase, ¡yo tendría que dar más de 2000 cursos para tener tantos alumnos!

¿Cómo funcionan los MOOC? Os cuento mi experiencia. Yo ya he terminado un curso y voy por la mitad de otro. Los dos son de Coursera. El formato en los dos cursos es muy similar. Los dos cursos tienen una duración de 10 semanas. Cada semana el profesor pone en la red una serie de lecciones. Estas lecciones se dividen en unos 5/6 vídeos, cuya duración no suele exceder de los 20 minutos. En los vídeos aparecen las típicas transparencias de Power Point (que te las puedes descargar), y en el recuadro de abajo aparece el profesor hablando, desde un sitio “neutro”, normalmente su despacho. Si quieres puedes poner los subtítulos en inglés para seguir mejor la lección. Lo novedoso de estas lecciones es que cada 5-10 minutos se para la grabación y aparece un test en la pantalla para ver si has entendido bien los conceptos que se están explicando. Suelen ser las típicas preguntas de opción múltiple donde tienes que elegir la respuesta correcta, o las respuestas correctas (éstas son más puñeteras). El propio sistema te dice si has contestado bien o mal, y normalmente el profesor cuando se reanuda la lección explica cuál era la respuesta o las respuestas correctas. Además de las lecciones, cada semana hay que contestar un test con alrededor de 8-10 preguntas. Haces el test y cuando expira el plazo de entrega el propio sistema automáticamente te da el resultado del test. Además, tienes la posibilidad de ver qué has hecho bien o mal. En este último caso te explica además cuál era la respuesta correcta. La carga semanal del curso no excede de las tres horas. Al final del curso hay que hacer un examen, otra vez tipo test, que a mi llevó alrededor de una hora. Para el examen se podía utilizar todo el material que estaba en la página web del curso.

A estas alturas muchos os preguntaréis cuál es el modelo de negocio de los MOOCs. Si el coste de estos cursos es 0€, ¿cómo ganan dinero los que ofrecen los cursos? Puede haber diferentes fuentes de ingreso. La primera es a través de los certificados. En el primer curso que hice me dieron un certificado de que había terminado el curso. Este certificado era gratis. Sin embargo, para el segundo curso, si quiero que me den el certificado tengo que pagar alrededor de 40€. Pagar por el certificado puede ser razonable por varios motivos. En primer lugar, sumar el certificado a nuestro curriculum aumenta nuestras posibilidades de encontrar empleo. Todavía no tengo claro en qué medida los empleadores valoran estos cursos, por algo que comentaré en la segunda entrega de este post. En todo caso, el precio es muy bajo si lo comparamos con lo que se paga por otros cursos de formación on-line. En segundo lugar, si el MOOC se puede convalidar por una asignatura de una carrera, nos saldrá mucho más barato cursar el MOOC que pagar los créditos de la asignatura.

La segunda posible fuente de ingresos es que las plataformas MOOC vendan, con el consentimiento de los participantes, datos sobre el desempeño académico de los alumnos a las empresas. Por ejemplo, imaginemos que Google quiere saber qué alumno ha conseguido la mejor puntuación en el curso sobre Fundamentos de generación de gráficos de EdX. Esta plataforma puede cobrarle una cantidad a Google por darle esta información. En tercer lugar, las plataformas pueden vender las licencias de los materiales de los cursos a otras universidades. Por ejemplo, hoy mismo comienza en EdX un curso sobre los desafíos de la pobreza global impartido por dos de los economistas más prestigiosos en esta materia: Abhijit Banerjee y Esther Duflo del MIT. Para el curso que impartimos sobre Economía Mundial en nuestra Facultad, y en el que analizamos las causas de la pobreza, podría ser interesante utilizar algunos materiales del curso de EdX para que nuestros alumnos tengan una mejor formación. De la misma forma que se pagan licencias a la Harvard Business School por utilizar en clase sus famosos casos de empresa, podríamos pagar a EdX por utilizar el material de sus cursos. En cuarto lugar, algunas universidades que ofrecen carreras on-line, están utilizando los MOOCs para atraer alumnos. Por ejemplo, un MBA puede ofrecer gratis una asignatura de su programa, por ejemplo Introducción al Márketing, en formato MOOC. Los alumnos que cursan este MOOC es más probable que sigan cursando el MBA.

Finalmente, si Harvard, MIT, Yale… son capaces de impartir toda una carrera a través de MOOCs, el número de alumnos de estas universidades puede crecer de forma exponencial. Los MOOC tienen un coste fijo alto, ya que hay que dedicar mucho tiempo de un profesor universitario y de expertos informáticos para diseñar y desarrollar el curso. Sin embargo, el coste variable de ofrecer estos cursos es casi cero. Cuesta lo mismo tener 10 estudiantes que 100.000 estudiantes. Las enormes economías de escala que permite Internet, puede hacer que una carrera vía MOOCs en una universidad de élite sea muchísimo más barata que hacerla en su campus real. Si las empresas, poco a poco, valoran las carreras cursadas a través de MOOCs el número de alumnos que pueden tener las universidades de élite puede ser enorme.

En este post me he centrado en los aspectos positivos de los MOOC y en su modelo de negocio. Sin embargo, estoy seguro de que muchos de vosotros ya habréis identificado más de una limitación. En la segunda entrega de este post hablaré de estas limitaciones y de los desafíos que los MOOC plantean a nuestro modelo educativo. Si te interesa, nos vemos en tres semanas.

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De Puebla a Leamington
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Asier Minondo | 22-01-2013 | 7:20| 0

A principios del mes de enero volvía a Euskadi tras pasar las Navidades en México. Para ahorrar algunos euros en el billete de avión, el viaje lo realicé haciendo escala en Canadá. Para mi sorpresa, en el trayecto México D.F.-Toronto, toda la cabina de la clase turista del avión, excepto mi asiento, el de mi mujer y el de mi hijo, estaban ocupados por jornaleros mexicanos que, más tarde supe, iban a trabajar temporalmente a Canadá.

Del jornalero que iba sentado en la fila contigua a la mía supe que eran del Estado de Puebla y se dirigían a la ciudad de Leamington, en la provincia canadiense de Ontario, donde iban a sembrar y a recoger tomate durante ocho meses. Ya en casa, investigué un poco más y descubrí que desde el año 1974 existe un programa de trabajadores agrícolas temporales entre Canadá y México. Mediante este programa alrededor de 15.000 agricultores mexicanos se trasladan anualmente a Canadá, a recolectar y a sembrar frutas y hortalizas en diferentes provincias canadienses. La estancia tiene una duración mínima de un mes, y una duración máxima de ocho meses. Las personas que pueden acogerse al programa deben vivir en zonas rurales de México, tener entre 25 y 45 años (aunque a mí me pareció que alguno que otro tenía más edad), y tener experiencia en trabajos agrícolas. El que me encontrase con el grupo de jornaleros en un avión era un claro indicio de que al tratarse de un programa reglado y supervisado por los gobiernos mexicano y canadiense, estos emigrantes estaban mucho más protegidos que los emigrantes que cruzan de forma ilegal la frontera entre México y Estados Unidos.

El compartir viaje con este grupo de jornaleros me hizo recordar una idea de Dani Rodrik, prestigioso profesor de economía en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Rodrik argumenta que el mayor beneficio que los países de menor renta obtienen de la globalización no proviene de la liberalización del comercio internacional, ni de la liberalización del mercado de capitales, sino de la integración de los mercados laborales. Esta reflexión era especialmente válida para el caso de los jornaleros mexicanos que viajaban conmigo. Ciertamente, con la apertura de México al comercio internacional durante las últimas dos décadas, los jornaleros han tenido acceso a productos más baratos, y a una mayor variedad de los mismos, lo cual ha mejorado su ingreso real y su bienestar. Por su parte, la liberalización que se ha producido en el mercado de capitales mexicano ha mejorado los servicios que ofrecen los bancos, y ha permitido que en caso de necesitar financiación ésta se pueda lograr a un menor tipo de interés. Sin embargo, estos beneficios son una miniatura si los comparamos con los beneficios que obtienen los jornaleros mexicanos por realizar un trabajo temporal en Canadá. El salario mínimo en el Estado de Puebla en el año 2012 era de 0,61$/hora. En la provincia de Ontario los agricultores mexicanos iban a cobrar, como mínimo, 10,25$/hora. Es decir el salario de los jornaleros mexicanos se iba a multiplicar por 16.

A pesar de que el mayor beneficio que la globalización ofrece a los países de menor renta es a través de la integración de los mercados de trabajo, la liberalización de este mercado ha sido muy inferior al que se ha producido en el comercio o en las finanzas. Esta menor liberalización se puede explicar por los problemas que una inmigración no regulada (efectos sobre el mercado laboral, presión sobre los servicios del Estado o el riesgo de crear guetos) puede generar en los países más desarrollados. Sin embargo, el propio programa de emigración temporal de los jornaleros mexicanos es un ejemplo de cómo se pueden suavizar estos problemas. Al ser un programa temporal y negociado cada año, Canadá pueda adecuar la oferta de trabajo temporal a la situación de su mercado laboral: cuando no hay problemas de empleo en Canadá, el gobierno puede aumentar las plazas de trabajadores inmigrantes temporales; en cambio, en situaciones donde hay un mayor desempleo, puede reducir o eliminar la oferta de trabajos temporales para que estos puestos sean ocupados por personal local. Además, uno de los grandes atractivos del programa temporal para Canadá es que no tiene que hacerse cargo de los jornaleros mexicanos cuando éstos se retiren, ni tampoco de sus familias, ya que no se pueden trasladar a Canadá. Para México, la temporalidad también es beneficiosa. La obligación de retornar asegura que una gran parte de los ingresos adicionales obtenidos por los jornaleros en Canadá se gasten en México; además, estos jornaleros adquieren una experiencia en la aplicación de técnicas agrícolas y en otros ámbitos que pueden trasladar a México.

La mayoría de los países desarrollados, aunque con algunas excepciones como las campañas de vendimia, han sido reacios a utilizar los programas de trabajadores inmigrantes temporales ante el temor de que lo temporal se vuelva permanente. Para justificar este temor ponen el ejemplo del programa de “trabajadores invitados” o Gastarbeiter que la Alemania Occidental utilizó en la década de 1960 para mantener su milagro económico, y en el que participaron un número elevado de españoles. Muchos de estos trabajadores invitados no regresaron a sus países de origen y, además, trasladaron sus familias a Alemania.

Sin embargo, el caso del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales entre México y Canadá pone de manifiesto que si los programas se articulan correctamente para asegurar la temporalidad, la integración del mercado de trabajo es el mejor mecanismo para hacer que la globalización sea beneficiosa para los países, y dentro ellos para las personas, con un de un menor nivel de ingreso.

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