Diario Vasco
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Autor: aminondo
Esclavitud, desconfianza y pobreza
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Asier Minondo | 18-12-2012 | 7:20| 0

El post de esta semana lo quiero dedicar al trabajo de Nathan Nunn, profesor de economía en la Universidad de Harvard. Según el Crimson, que es así como el ¡Hola! (académico) de Harvard, Nathan Nunn, a pesar de su juventud, ya ha recibido una oferta para ser catedrático de Economía, lo cual es un enorme honor tratándose de Harvard. Se rumorea que también ha recibido una oferta de la Universidad de Stanford, por lo que estará decidiendo si quedarse en los fríos inviernos de Boston o trasladarse al clima más benigno de la Bahía de San Francisco.

Nathan Nunn ha desarrollado un trabajo muy interesante sobre la relación entre la esclavitud y el desarrollo de los países africanos. En un trabajo publicado en el año 2008 mostraba que, una vez que hemos controlado por los demás factores que explican el nivel de renta de un país, los países africanos que habían sufrido más la acción de los esclavistas son en la actualidad más pobres que los países africanos que habían sufrido menos la acción de los esclavistas. ¿Por qué la acción de los esclavistas, algo que finalizó hace más de 100 años, tiene un efecto sobre la renta actual de los países? En un trabajo más reciente, Nunn explica que los primeros esclavos se capturaban mediante guerras e incursiones en las aldeas. Sin embargo, más adelante, los propios miembros de una tribu comenzaron a vender como esclavos a otros miembros de la tribu; incluso, se dieron casos en los que se vendieron como esclavos a miembros de la misma familia. En este contexto la mejor estrategia para no ser vendido como esclavo era desconfiar de casi todas las personas que te rodeaban. Y esta desconfianza se grabó en la cultura de las tribus africanas que sufrieron la esclavitud: los padres transmitieron a los hijos el mensaje de que había que desconfiar de los demás, y los hijos se lo transmitieron a sus propios hijos, y así sucesivamente. La desconfianza, en suma, se volvió una parte intrínseca de la cultura de los habitantes de los países que más habían sufrido por la esclavitud.

El último eslabón de esta cadena es el que une la desconfianza y la pobreza: ¿por qué tiene la desconfianza un efecto tan negativo sobre el desarrollo? Porque la desconfianza encarece mucho las transacciones económicas. Por ejemplo, si yo no me fiase de que mi Universidad me va a pagar el sueldo a final de mes, pediría que me diesen un aval bancario cada mes. Por su parte, si mi Universidad no se fiase de que realmente voy a impartir mis clases, tendría que contratar a alguien para controlar que lo estoy haciendo. Si desconfiásemos de los demás solamente realizaríamos transacciones económicas con las personas más cercanas a nosotros. Y esta reducción de nuestro ámbito de transacciones tendría un efecto muy negativo sobre nuestro bienestar, ya que nuestra riqueza está estrechamente ligada a que cada uno de nosotros nos especialicemos en actividades muy concretas, y que intercambiemos los frutos de esta especialización con una amplia comunidad.

La falta de confianza es especialmente grave cuando se produce con relación  a los gobernantes. Para que nuestras sociedades funcionen hace falta un clima de seguridad, que se protejan los derechos de propiedad y que funcionen las infraestructuras básicas. Estos servicios los tienen que suministrar los Estados y nosotros, como ciudadanos, debemos contribuir a sufragarlos. Si desconfiamos del gobierno, porque utiliza nuestros impuestos para enriquecerse y no para asegurar los bienes públicos básicos, estaremos tentados a no pagar nuestros impuestos. Sin embargo, si no lo hacemos ponemos en peligro las condiciones básicas para que nuestras sociedades funcionen.

El trabajo de Nunn ofrece dos lecciones. En primer lugar, los efectos negativos de hechos que ocurrieron hace mucho tiempo pueden perdurar en el tiempo. En segundo lugar, la confianza entre los ciudadanos de un país, y la confianza de estos con los que ostentan el poder político son piezas clave para asegurar el desarrollo de los países. No olvidemos ninguna de estas lecciones.

 

Nota: el próximo post de Ekonomiaren Plaza se publicará el 8 de enero. Zorionak eta urte berri on!

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Educar para el futuro
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Asier Minondo | 27-11-2012 | 8:15| 0

Durante estas semanas, en el curso de Economía Mundial que imparto en la Licenciatura hemos analizado los cambios estructurales que han acontecido en las últimas décadas en el mercado laboral de los países más desarrollados. Para explicar  esta evolución he utilizado el siguiente gráfico, extraído de un trabajo realizado por Goos, Manning y Salomons para el mercado laboral de 16 países de la Unión Europea:

El eje horizontal mide el salario que se paga en diferentes ocupaciones. Por ejemplo, en el extremo derecho estarían las ocupaciones mejor pagadas como los directivos de empresa y los ingenieros; en el extremo izquierdo tendríamos las ocupaciones peor pagadas, como las actividades de limpieza. En la parte central tendríamos las ocupaciones con salarios medios, como los administrativos o los operarios de una línea de producción industrial. El eje vertical mide cuánto ha cambiado, en términos relativos, el empleo en cada ocupación en el periodo 1993-2006. La línea negra nos indica qué relación existe entre el cambio en el empleo y el salario.  Lo que observamos es una polarización del mercado laboral: ha aumentado el peso en el empleo de las ocupaciones mejor pagadas, pero también de las ocupaciones peor pagadas. Las ocupaciones que han perdido peso en el mercado laboral son las ocupaciones de un salario medio y medio-bajo.

¿Por qué se produce esta polarización? En primer lugar, por la globalización. Con la irrupción de países como China e India al mercado internacional, los países más avanzados ya no son competitivos en la producción de bienes que no requieren una gran cualificación (prendas de vestir, calzado, algunos juguetes), o en las etapas del proceso de producción que no requieren mucha cualificación (como el ensamblaje de los teléfonos móviles). Esta competencia ha afectado sobre todo a los operarios de las líneas de montaje de estas industrias, caracterizados por tener una cualificación media-baja. Junto a las manufacturas, la revolución de Internet está permitiendo que algunos servicios se trasladen a países como la India o Filipinas. Un ejemplo conocido son los servicios telefónicos de atención al cliente (call-centers); pero también observamos este fenómeno en servicios como la transcripción de textos, la teneduría contable o la gestión de impuestos. En el caso de los servicios, el efecto negativo de la competencia internacional se concentra en los trabajadores con una cualificación media.

La segunda gran explicación de la polarización es la tecnología. Debido a la enorme reducción en el coste de la computación hay muchos incentivos para sustituir trabajadores por ordenadores. ¿Qué trabajadores son los más afectados por este proceso? Aquellos que realicen actividades que puedan ser fácilmente codificadas en lenguaje informático. Por ejemplo, los pasos que tiene que dar un empleado de banca para extraer dinero de nuestra cuenta es siempre el mismo; por tanto, es fácil codificar estos pasos en lenguaje informático y sustituir el empleado de banca por un cajero automático. En cambio, hay muchas actividades repetitivas, como hacer la cama, que requieren la coordinación de la vista y de nuestras manos, que son difíciles de sustituir por una máquina. Otras actividades difíciles de sustituir son aquellas que requieren interacción entre personas, como cuidar a una persona anciana. Esto puede explicar por qué algunas ocupaciones que no requieren de una gran cualificación hayan aumentado su peso relativo en el empleo.

¿Cuáles serán, por tanto, los empleos que crecerán en el futuro? Los que se demanden en los sectores en que seamos más competitivos que los países menos avanzados, y los que no sean fáciles de sustituir por una máquina. En mi opinión, nuestra ventaja con relación a los países menos avanzados estará en aquellas actividades que demanden una gran cualificación, pero que además requieran la participación de muchas personas de distintas y elevadas cualificaciones en dicha actividad (por ejemplo, el diseño, la construcción y el mantenimiento de un motor de aviación). Cuando se da la participación de muchas personas cualificadas, cuando se alcanza un alto grado de complejidad, es cuando podemos magnificar nuestra ventaja con relación a los países menos avanzados. Estas actividades complejas deberán combinar personas con conocimientos de ciencia, de ingeniería, pero también de gestión, de diseño y de marketing. En cambio, las actividades que demandan cualificación, pero que no requieran la interacción de muchas otras personas cualificadas serán más fáciles de trasladar a un país con menor nivel de desarrollo (por ejemplo, traducir un libro).

Con relación a la tecnología, como hemos señalado anteriormente, las máquinas tendrán más dificultades para sustituirnos en aquellas actividades que requieren interacción entre las personas (cortarse el pelo), o que requieran la coordinación de la vista, de las manos y de los pies  (servir las mesas en un restaurante). Pero sobre todo las máquinas tendrán muchas dificultades para sustituirnos en actividades que requieran pensar, imaginar nuevos productos o formas de hacer las cosas, y en buscar soluciones a viejos y nuevos problemas.

Si estos son los empleos que van a crecer en el futuro, ¿cuáles son las capacidades que hoy debería estar impulsando nuestro sistema educativo? Como señalábamos anteriormente, para realizar actividades complejas necesitamos que las persones se formen en ciencia, en ingeniería y en gestión. Además, el sistema educativo debería impulsar la creatividad, la imaginación y la inventiva, y las habilidades que son nucleares  para la interacción de las personas, como la comunicación, los idiomas y el trabajo en grupo. Finalmente, el sistema educativo debería impulsar la capacidad de buscar soluciones a problemas donde no hay una respuesta definitiva, pero sí respuestas que parecen más acertadas que otras. Lo bueno de las tecnologías de la información es que para realizar esta búsqueda contaremos con muchos más datos que antes, por lo que, como señala Luis Garicano, profesor de London School of Economics, tendremos que saber utilizar las técnicas estadísticas.

Creo todavía hay una brecha importante entre lo que deberíamos impulsar y lo que hacemos actualmente en la escuela y en la Universidad. Es importante que comencemos a cerrar la brecha desde ahora, ya que los alumnos que han comenzado este curso 1º de Primaria ya se han empezado a formar para un trabajo que comenzaran a realizar, si recorren todo el camino educativo hasta el grado, en el año 2030.

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¿Incentivamos más dando o quitando?
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Asier Minondo | 06-11-2012 | 8:20| 0

 

Supongamos que os planteo el siguiente juego:

“Echamos una moneda al aire. Si sale cara (yo sigo pensando en duros) te doy 130 euros. Si sale cruz tú me das 100 euros.” Muchos pensaran  “este del blog es un poco tonto”, ya que la ganancia esperada para el que acepta el juego (probabilidad de ganar (0,5) * ganancia (130 euros) – probabilidad de perder (0,5) * pérdida (100 euros) = 15 euros) es positiva.

Sin embargo, no creo que muchos de vosotros participaseis en este juego. ¿Por qué? Porque a la mayoría de nosotros no nos gusta el riesgo; o, como decimos en economía, tenemos aversión al riesgo.

Dejadme que os plantee el juego de otra forma. ¿Cuál debería ser la relación entre lo que ganas y lo que pierdes para que participes en el juego? ¿Si pudieses ganar 200 euros y solamente perder 100 euros participarías? ¿Si pudieses ganar 250 euros y solamente perder 100 euros participarías? Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía en el año 2002 de cuyo libro Pensar rápido, pensar despacio he extraído estos ejemplos, nos dice que la mayoría de nosotros solamente participaríamos en el juego si la ratio ganancias/pérdidas estuviese entre 1,5 y 2,5. Estas ratios subrayan que no nos gusta nada el riesgo. Pero, ¿por qué? Porque está grabado en nuestros genes. Y tiene mucho sentido, ya que las especies que valoran más las pérdidas que las ganancias tienen una mayor probabilidad de subsistir y reproducirse.

¿Cómo podemos aplicar la aversión al riesgo a nuestro día a día? Seguro que alguna vez, como padres o como hijos, hemos participado en este trato: “Si te esfuerzas estudiando y sacas buenas notas, te vamos a regalar la Play…”. Pues bien, si aplicamos lo aprendido sobre la aversión al riesgo lo que deberíamos decirles como padres sería lo siguiente: “Te vamos a comprar la Play…. Pero como no te esfuerces y no saques buenas notas, te la quitaremos”. Como el sufrimiento de perder es mayor que la satisfacción de ganar, es más probable que mejoren las notas con la segunda propuesta que con la primera. Eso sí, hay que tener credibilidad con la amenaza.

John List, profesor de economía de la Universidad de Chicago, ha analizado si en la realidad se cumple esta propuesta. En varias escuelas de Chicago separó una clase que tenía que hacer un examen en dos grupos. Al primer grupo les dijo. “Os daré 20$ si mejoráis la calificación obtenida en el anterior examen”. Al otro grupo les dijo: “Tomad 20$ para cada uno. Me los tenéis que devolver si no mejoráis la calificación obtenida en el examen anterior”. ¿Qué grupo pensáis que mejoró más sus resultados con relación al examen anterior? Además de los colegios, John List ha llevado sus experimentos a las empresas. La idea es la misma. ¿Cómo motivamos más a los trabajadores? ¿Dándoles una bonificación si cumplen con los objetivos? o ¿dándoles la bonificación ahora con el acuerdo de que la devuelvan si no cumplen los objetivos? Podéis intuir la respuesta.

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¿Cuánto de Made in China está realmente hecho en China?
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Asier Minondo | 16-10-2012 | 8:12| 0

Hoy me he puesto a comprobar dónde están hechas las cosas que tengo sobre mi escritorio. Ordenador: Made in China, Móvil: Made in China; Disco externo: Assembled in Thailand; Calculadora (ya un poco vieja): Made in Malaysia; Teléfono fijo: Made in China. Vaya, que todo está hecho en Asia, y la mayoría de las cosas en China. Este tipo de comprobaciones son las que nos hacen concluir que aquí ya no fabricamos nada, que toda la producción se traslada a Asia, y que China se está convirtiendo en la fábrica del mundo.

Sin embargo, ¿realmente todo lo que pone Made in China está hecho en China? Los teléfonos móviles nos ofrecen un buen ejemplo para responder a esta pregunta. Yuqing Xing, profesor de economía en la National Graduate Institute for Policy Studies de Tokio, se tomó el trabajo de analizar de dónde provenían los componentes del iPhone, el icono de los teléfonos móviles. El iPhone se produce en las plantas que la empresa Foxconn tiene en China. Sin embargo, lo que se hace realmente en China es ensamblar los diferentes componentes que llegan de otros países. Por ejemplo, el mayor proveedor de componentes es la empresa japonesa Toshiba, que suministra la memoria flash y la pantalla táctil; el segundo proveedor es una empresa alemana que suministra un chip que permite realizar y recibir llamadas; el tercer proveedor es, curiosamente, Samsung que suministra el chip que permite hacer funcionar las aplicaciones que instalamos en los móviles; y finalmente, diferentes empresas de Estados Unidos suministra los componentes para captar la señal Wifi. Cuando el iPhone sale de China rumbo a Estados Unidos tiene un coste de producción final de 178,96$. Pues bien, lo que China ha sumado al coste de fabricación solamente asciende a 6,50$. Es decir, solamente el 4% del Made in China está realmente hecho en China.

Debido al enorme déficit comercial que Estados Unidos tiene con China, algunos políticos estadounidenses proponen que se tomen medidas drásticas para cerrar esta brecha. Sin embargo, el ejemplo de la producción de los iPhones pone de manifiesto que el déficit comercial con China es pequeño; el verdadero déficit comercial se produce con Japón, Alemania y Corea del Sur, los suministradores más importantes de los componentes del teléfono móvil. Una de las medidas que se proponen para reducir el déficit es que el gobierno chino aprecie el yuan con relación al dólar; con esta apreciación los productos chinos serán más caros y, por tanto, los estadounidenses comprarán menos productos fabricados en China. Sin embargo, el ejemplo de los iPhone nos muestra que esta medida tendría una eficacia muy escasa. Por ejemplo, una apreciación del 50% del yuan con relación al dólar solamente elevaría en 3,25$ el coste de fabricación del iPhone. No creo que este aumento en el precio redujese dramáticamente las ventas de los iPhone.

Hay otras lecciones que podemos extraer de este ejemplo. Una pregunta que nos podríamos hacer es la siguiente: si lo costes de ensamblaje tienen un peso tan pequeño en el coste de fabricación del iPhone, ¿es necesario trasladar todo el proceso a China? En opinión de Apple sí. Aparte de los costes laborales, China tiene otras ventajas muy importantes. En primer lugar, más de 700.000 personas trabajan en las fábricas chinas donde se ensamblan los diferentes productos de Apple. Para supervisar las operaciones de estos trabajadores hace falta un gran número de ingenieros y China es uno de los pocos países que cuenta con ellos. En segundo lugar, China es capaz de responder de forma muy rápida a los cambios que se introducen en el proceso de producción. Por ejemplo, según explicaba un reportaje del New York Times, Apple modificó el proceso de fabricación del iPhone seis semanas antes de que éste saliera al mercado. El cristal que se iba utilizar para el iPhone se rayaba fácilmente, cosa que ponía de los nervios a Steve Jobs. Para solucionarlo, primero encontraron una empresa en Estados Unidos que fabricaba un cristal ultrarresistente. Enviaron este cristal a China, donde lo cortaron al tamaño requerido para el iPhone. Una vez preparado este material lo enviaron a la empresa donde se iba realizar el ensamblaje final. Para cumplir con la fecha de salida al mercado, despertaron a medianoche a 8000 trabajadores que se pusieron a ensamblar el iPhone, alcanzando rápidamente un ritmo de producción de 10000 iPhones al día.

Otra de las moralejas que podemos extraer de este ejemplo es que todavía hay muchos componentes que los chinos no saben hacer y que se fabrican en Japón, Alemania, Corea del Sur o Estados Unidos. Si nos especializamos en algunos de estos nichos, caracterizados por un uso intensivo de la tecnología y una alta complejidad, podremos ser competitivos y contribuir al Made in China and partly in the Basque Country. Finalmente, si el coste de fabricación de un iPhone ronda los 180$ y su precio de venta (sin subvenciones de las compañías de telefonía) es de 600$, el margen bruto es superior a los 400$. Esto pone de manifiesto que las verdaderas ganancias son para quien diseña productos muy innovadores y diferenciados.

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