Diario Vasco
img
Autor: aminondo
Estudia gratis en Harvard (primera parte)
img
Asier Minondo | 12-02-2013 | 7:04| 0

¿Quieres participar en el curso sobre justicia de Harvard?, ¿prefieres hacer un curso de introducción a la informática y a la programación en el MIT? Simplemente entra en EdX, regístrate, y ya estás en la clase. ¿Coste? 0€.

¿Que siempre se te ha atascado la estadística y quieres que alguien te la explique todas las veces que necesites? Entra en Udacity y apúntate al curso del profesor Sebastian Thrun de  la Universidad de Stanford.  ¿Coste? 0€.

Quizá lo que te interesa es mejorar tus conocimientos sobre nutrición. Entra en Coursera y apúntate al curso de la profesora Kristina von Castel-Roberts, de la Universidad de Florida. Empezó hace tres semanas, pero no te preocupes porque tienes las primeras clases grabadas. ¿Coste? 0€.

Estos son algunos ejemplos de los cada vez más famosos MOOC (Massive open on-line courses), los cursos masivos, abiertos y on-line, que las mejores universidades del mundo están ofreciendo gratis a través de Internet. La gran maravilla de los MOOC es que cualquier persona con un nivel razonable de inglés, de cualquier edad, sexo, raza o religión, viva en un país rico o en uno pobre, tiene acceso a cursos con los mejores profesores de las más prestigiosas universidades del mundo. También para el mundo hispanohablante hace pocas semanas se puso en marcha una plataforma de MOOCs en el que participan algunas universidades españolas: Miríada X. Y en euskara tenemos también una primera experiencia con un curso sobre Android en la plataforma Asmoz.

Anteriormente ya existían en Internet algunas clases grabadas de profesores de universidades de prestigio. Lo novedoso de los MOOC es que los cursos están diseñados para que todo el proceso educativo (lecciones del profesor, materiales para las clases, tests, evaluaciones,…) se haga on-line. El éxito de estos cursos es impresionante. Por ejemplo, en el curso sobre inteligencia artificial de Udacity se apuntaron más de 160.000 alumnos. Con una media de 80 alumnos por clase, ¡yo tendría que dar más de 2000 cursos para tener tantos alumnos!

¿Cómo funcionan los MOOC? Os cuento mi experiencia. Yo ya he terminado un curso y voy por la mitad de otro. Los dos son de Coursera. El formato en los dos cursos es muy similar. Los dos cursos tienen una duración de 10 semanas. Cada semana el profesor pone en la red una serie de lecciones. Estas lecciones se dividen en unos 5/6 vídeos, cuya duración no suele exceder de los 20 minutos. En los vídeos aparecen las típicas transparencias de Power Point (que te las puedes descargar), y en el recuadro de abajo aparece el profesor hablando, desde un sitio “neutro”, normalmente su despacho. Si quieres puedes poner los subtítulos en inglés para seguir mejor la lección. Lo novedoso de estas lecciones es que cada 5-10 minutos se para la grabación y aparece un test en la pantalla para ver si has entendido bien los conceptos que se están explicando. Suelen ser las típicas preguntas de opción múltiple donde tienes que elegir la respuesta correcta, o las respuestas correctas (éstas son más puñeteras). El propio sistema te dice si has contestado bien o mal, y normalmente el profesor cuando se reanuda la lección explica cuál era la respuesta o las respuestas correctas. Además de las lecciones, cada semana hay que contestar un test con alrededor de 8-10 preguntas. Haces el test y cuando expira el plazo de entrega el propio sistema automáticamente te da el resultado del test. Además, tienes la posibilidad de ver qué has hecho bien o mal. En este último caso te explica además cuál era la respuesta correcta. La carga semanal del curso no excede de las tres horas. Al final del curso hay que hacer un examen, otra vez tipo test, que a mi llevó alrededor de una hora. Para el examen se podía utilizar todo el material que estaba en la página web del curso.

A estas alturas muchos os preguntaréis cuál es el modelo de negocio de los MOOCs. Si el coste de estos cursos es 0€, ¿cómo ganan dinero los que ofrecen los cursos? Puede haber diferentes fuentes de ingreso. La primera es a través de los certificados. En el primer curso que hice me dieron un certificado de que había terminado el curso. Este certificado era gratis. Sin embargo, para el segundo curso, si quiero que me den el certificado tengo que pagar alrededor de 40€. Pagar por el certificado puede ser razonable por varios motivos. En primer lugar, sumar el certificado a nuestro curriculum aumenta nuestras posibilidades de encontrar empleo. Todavía no tengo claro en qué medida los empleadores valoran estos cursos, por algo que comentaré en la segunda entrega de este post. En todo caso, el precio es muy bajo si lo comparamos con lo que se paga por otros cursos de formación on-line. En segundo lugar, si el MOOC se puede convalidar por una asignatura de una carrera, nos saldrá mucho más barato cursar el MOOC que pagar los créditos de la asignatura.

La segunda posible fuente de ingresos es que las plataformas MOOC vendan, con el consentimiento de los participantes, datos sobre el desempeño académico de los alumnos a las empresas. Por ejemplo, imaginemos que Google quiere saber qué alumno ha conseguido la mejor puntuación en el curso sobre Fundamentos de generación de gráficos de EdX. Esta plataforma puede cobrarle una cantidad a Google por darle esta información. En tercer lugar, las plataformas pueden vender las licencias de los materiales de los cursos a otras universidades. Por ejemplo, hoy mismo comienza en EdX un curso sobre los desafíos de la pobreza global impartido por dos de los economistas más prestigiosos en esta materia: Abhijit Banerjee y Esther Duflo del MIT. Para el curso que impartimos sobre Economía Mundial en nuestra Facultad, y en el que analizamos las causas de la pobreza, podría ser interesante utilizar algunos materiales del curso de EdX para que nuestros alumnos tengan una mejor formación. De la misma forma que se pagan licencias a la Harvard Business School por utilizar en clase sus famosos casos de empresa, podríamos pagar a EdX por utilizar el material de sus cursos. En cuarto lugar, algunas universidades que ofrecen carreras on-line, están utilizando los MOOCs para atraer alumnos. Por ejemplo, un MBA puede ofrecer gratis una asignatura de su programa, por ejemplo Introducción al Márketing, en formato MOOC. Los alumnos que cursan este MOOC es más probable que sigan cursando el MBA.

Finalmente, si Harvard, MIT, Yale… son capaces de impartir toda una carrera a través de MOOCs, el número de alumnos de estas universidades puede crecer de forma exponencial. Los MOOC tienen un coste fijo alto, ya que hay que dedicar mucho tiempo de un profesor universitario y de expertos informáticos para diseñar y desarrollar el curso. Sin embargo, el coste variable de ofrecer estos cursos es casi cero. Cuesta lo mismo tener 10 estudiantes que 100.000 estudiantes. Las enormes economías de escala que permite Internet, puede hacer que una carrera vía MOOCs en una universidad de élite sea muchísimo más barata que hacerla en su campus real. Si las empresas, poco a poco, valoran las carreras cursadas a través de MOOCs el número de alumnos que pueden tener las universidades de élite puede ser enorme.

En este post me he centrado en los aspectos positivos de los MOOC y en su modelo de negocio. Sin embargo, estoy seguro de que muchos de vosotros ya habréis identificado más de una limitación. En la segunda entrega de este post hablaré de estas limitaciones y de los desafíos que los MOOC plantean a nuestro modelo educativo. Si te interesa, nos vemos en tres semanas.

Ver Post >
De Puebla a Leamington
img
Asier Minondo | 22-01-2013 | 7:20| 0

A principios del mes de enero volvía a Euskadi tras pasar las Navidades en México. Para ahorrar algunos euros en el billete de avión, el viaje lo realicé haciendo escala en Canadá. Para mi sorpresa, en el trayecto México D.F.-Toronto, toda la cabina de la clase turista del avión, excepto mi asiento, el de mi mujer y el de mi hijo, estaban ocupados por jornaleros mexicanos que, más tarde supe, iban a trabajar temporalmente a Canadá.

Del jornalero que iba sentado en la fila contigua a la mía supe que eran del Estado de Puebla y se dirigían a la ciudad de Leamington, en la provincia canadiense de Ontario, donde iban a sembrar y a recoger tomate durante ocho meses. Ya en casa, investigué un poco más y descubrí que desde el año 1974 existe un programa de trabajadores agrícolas temporales entre Canadá y México. Mediante este programa alrededor de 15.000 agricultores mexicanos se trasladan anualmente a Canadá, a recolectar y a sembrar frutas y hortalizas en diferentes provincias canadienses. La estancia tiene una duración mínima de un mes, y una duración máxima de ocho meses. Las personas que pueden acogerse al programa deben vivir en zonas rurales de México, tener entre 25 y 45 años (aunque a mí me pareció que alguno que otro tenía más edad), y tener experiencia en trabajos agrícolas. El que me encontrase con el grupo de jornaleros en un avión era un claro indicio de que al tratarse de un programa reglado y supervisado por los gobiernos mexicano y canadiense, estos emigrantes estaban mucho más protegidos que los emigrantes que cruzan de forma ilegal la frontera entre México y Estados Unidos.

El compartir viaje con este grupo de jornaleros me hizo recordar una idea de Dani Rodrik, prestigioso profesor de economía en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Rodrik argumenta que el mayor beneficio que los países de menor renta obtienen de la globalización no proviene de la liberalización del comercio internacional, ni de la liberalización del mercado de capitales, sino de la integración de los mercados laborales. Esta reflexión era especialmente válida para el caso de los jornaleros mexicanos que viajaban conmigo. Ciertamente, con la apertura de México al comercio internacional durante las últimas dos décadas, los jornaleros han tenido acceso a productos más baratos, y a una mayor variedad de los mismos, lo cual ha mejorado su ingreso real y su bienestar. Por su parte, la liberalización que se ha producido en el mercado de capitales mexicano ha mejorado los servicios que ofrecen los bancos, y ha permitido que en caso de necesitar financiación ésta se pueda lograr a un menor tipo de interés. Sin embargo, estos beneficios son una miniatura si los comparamos con los beneficios que obtienen los jornaleros mexicanos por realizar un trabajo temporal en Canadá. El salario mínimo en el Estado de Puebla en el año 2012 era de 0,61$/hora. En la provincia de Ontario los agricultores mexicanos iban a cobrar, como mínimo, 10,25$/hora. Es decir el salario de los jornaleros mexicanos se iba a multiplicar por 16.

A pesar de que el mayor beneficio que la globalización ofrece a los países de menor renta es a través de la integración de los mercados de trabajo, la liberalización de este mercado ha sido muy inferior al que se ha producido en el comercio o en las finanzas. Esta menor liberalización se puede explicar por los problemas que una inmigración no regulada (efectos sobre el mercado laboral, presión sobre los servicios del Estado o el riesgo de crear guetos) puede generar en los países más desarrollados. Sin embargo, el propio programa de emigración temporal de los jornaleros mexicanos es un ejemplo de cómo se pueden suavizar estos problemas. Al ser un programa temporal y negociado cada año, Canadá pueda adecuar la oferta de trabajo temporal a la situación de su mercado laboral: cuando no hay problemas de empleo en Canadá, el gobierno puede aumentar las plazas de trabajadores inmigrantes temporales; en cambio, en situaciones donde hay un mayor desempleo, puede reducir o eliminar la oferta de trabajos temporales para que estos puestos sean ocupados por personal local. Además, uno de los grandes atractivos del programa temporal para Canadá es que no tiene que hacerse cargo de los jornaleros mexicanos cuando éstos se retiren, ni tampoco de sus familias, ya que no se pueden trasladar a Canadá. Para México, la temporalidad también es beneficiosa. La obligación de retornar asegura que una gran parte de los ingresos adicionales obtenidos por los jornaleros en Canadá se gasten en México; además, estos jornaleros adquieren una experiencia en la aplicación de técnicas agrícolas y en otros ámbitos que pueden trasladar a México.

La mayoría de los países desarrollados, aunque con algunas excepciones como las campañas de vendimia, han sido reacios a utilizar los programas de trabajadores inmigrantes temporales ante el temor de que lo temporal se vuelva permanente. Para justificar este temor ponen el ejemplo del programa de “trabajadores invitados” o Gastarbeiter que la Alemania Occidental utilizó en la década de 1960 para mantener su milagro económico, y en el que participaron un número elevado de españoles. Muchos de estos trabajadores invitados no regresaron a sus países de origen y, además, trasladaron sus familias a Alemania.

Sin embargo, el caso del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales entre México y Canadá pone de manifiesto que si los programas se articulan correctamente para asegurar la temporalidad, la integración del mercado de trabajo es el mejor mecanismo para hacer que la globalización sea beneficiosa para los países, y dentro ellos para las personas, con un de un menor nivel de ingreso.

Ver Post >
Esclavitud, desconfianza y pobreza
img
Asier Minondo | 18-12-2012 | 7:20| 0

El post de esta semana lo quiero dedicar al trabajo de Nathan Nunn, profesor de economía en la Universidad de Harvard. Según el Crimson, que es así como el ¡Hola! (académico) de Harvard, Nathan Nunn, a pesar de su juventud, ya ha recibido una oferta para ser catedrático de Economía, lo cual es un enorme honor tratándose de Harvard. Se rumorea que también ha recibido una oferta de la Universidad de Stanford, por lo que estará decidiendo si quedarse en los fríos inviernos de Boston o trasladarse al clima más benigno de la Bahía de San Francisco.

Nathan Nunn ha desarrollado un trabajo muy interesante sobre la relación entre la esclavitud y el desarrollo de los países africanos. En un trabajo publicado en el año 2008 mostraba que, una vez que hemos controlado por los demás factores que explican el nivel de renta de un país, los países africanos que habían sufrido más la acción de los esclavistas son en la actualidad más pobres que los países africanos que habían sufrido menos la acción de los esclavistas. ¿Por qué la acción de los esclavistas, algo que finalizó hace más de 100 años, tiene un efecto sobre la renta actual de los países? En un trabajo más reciente, Nunn explica que los primeros esclavos se capturaban mediante guerras e incursiones en las aldeas. Sin embargo, más adelante, los propios miembros de una tribu comenzaron a vender como esclavos a otros miembros de la tribu; incluso, se dieron casos en los que se vendieron como esclavos a miembros de la misma familia. En este contexto la mejor estrategia para no ser vendido como esclavo era desconfiar de casi todas las personas que te rodeaban. Y esta desconfianza se grabó en la cultura de las tribus africanas que sufrieron la esclavitud: los padres transmitieron a los hijos el mensaje de que había que desconfiar de los demás, y los hijos se lo transmitieron a sus propios hijos, y así sucesivamente. La desconfianza, en suma, se volvió una parte intrínseca de la cultura de los habitantes de los países que más habían sufrido por la esclavitud.

El último eslabón de esta cadena es el que une la desconfianza y la pobreza: ¿por qué tiene la desconfianza un efecto tan negativo sobre el desarrollo? Porque la desconfianza encarece mucho las transacciones económicas. Por ejemplo, si yo no me fiase de que mi Universidad me va a pagar el sueldo a final de mes, pediría que me diesen un aval bancario cada mes. Por su parte, si mi Universidad no se fiase de que realmente voy a impartir mis clases, tendría que contratar a alguien para controlar que lo estoy haciendo. Si desconfiásemos de los demás solamente realizaríamos transacciones económicas con las personas más cercanas a nosotros. Y esta reducción de nuestro ámbito de transacciones tendría un efecto muy negativo sobre nuestro bienestar, ya que nuestra riqueza está estrechamente ligada a que cada uno de nosotros nos especialicemos en actividades muy concretas, y que intercambiemos los frutos de esta especialización con una amplia comunidad.

La falta de confianza es especialmente grave cuando se produce con relación  a los gobernantes. Para que nuestras sociedades funcionen hace falta un clima de seguridad, que se protejan los derechos de propiedad y que funcionen las infraestructuras básicas. Estos servicios los tienen que suministrar los Estados y nosotros, como ciudadanos, debemos contribuir a sufragarlos. Si desconfiamos del gobierno, porque utiliza nuestros impuestos para enriquecerse y no para asegurar los bienes públicos básicos, estaremos tentados a no pagar nuestros impuestos. Sin embargo, si no lo hacemos ponemos en peligro las condiciones básicas para que nuestras sociedades funcionen.

El trabajo de Nunn ofrece dos lecciones. En primer lugar, los efectos negativos de hechos que ocurrieron hace mucho tiempo pueden perdurar en el tiempo. En segundo lugar, la confianza entre los ciudadanos de un país, y la confianza de estos con los que ostentan el poder político son piezas clave para asegurar el desarrollo de los países. No olvidemos ninguna de estas lecciones.

 

Nota: el próximo post de Ekonomiaren Plaza se publicará el 8 de enero. Zorionak eta urte berri on!

Ver Post >
Educar para el futuro
img
Asier Minondo | 27-11-2012 | 8:15| 0

Durante estas semanas, en el curso de Economía Mundial que imparto en la Licenciatura hemos analizado los cambios estructurales que han acontecido en las últimas décadas en el mercado laboral de los países más desarrollados. Para explicar  esta evolución he utilizado el siguiente gráfico, extraído de un trabajo realizado por Goos, Manning y Salomons para el mercado laboral de 16 países de la Unión Europea:

El eje horizontal mide el salario que se paga en diferentes ocupaciones. Por ejemplo, en el extremo derecho estarían las ocupaciones mejor pagadas como los directivos de empresa y los ingenieros; en el extremo izquierdo tendríamos las ocupaciones peor pagadas, como las actividades de limpieza. En la parte central tendríamos las ocupaciones con salarios medios, como los administrativos o los operarios de una línea de producción industrial. El eje vertical mide cuánto ha cambiado, en términos relativos, el empleo en cada ocupación en el periodo 1993-2006. La línea negra nos indica qué relación existe entre el cambio en el empleo y el salario.  Lo que observamos es una polarización del mercado laboral: ha aumentado el peso en el empleo de las ocupaciones mejor pagadas, pero también de las ocupaciones peor pagadas. Las ocupaciones que han perdido peso en el mercado laboral son las ocupaciones de un salario medio y medio-bajo.

¿Por qué se produce esta polarización? En primer lugar, por la globalización. Con la irrupción de países como China e India al mercado internacional, los países más avanzados ya no son competitivos en la producción de bienes que no requieren una gran cualificación (prendas de vestir, calzado, algunos juguetes), o en las etapas del proceso de producción que no requieren mucha cualificación (como el ensamblaje de los teléfonos móviles). Esta competencia ha afectado sobre todo a los operarios de las líneas de montaje de estas industrias, caracterizados por tener una cualificación media-baja. Junto a las manufacturas, la revolución de Internet está permitiendo que algunos servicios se trasladen a países como la India o Filipinas. Un ejemplo conocido son los servicios telefónicos de atención al cliente (call-centers); pero también observamos este fenómeno en servicios como la transcripción de textos, la teneduría contable o la gestión de impuestos. En el caso de los servicios, el efecto negativo de la competencia internacional se concentra en los trabajadores con una cualificación media.

La segunda gran explicación de la polarización es la tecnología. Debido a la enorme reducción en el coste de la computación hay muchos incentivos para sustituir trabajadores por ordenadores. ¿Qué trabajadores son los más afectados por este proceso? Aquellos que realicen actividades que puedan ser fácilmente codificadas en lenguaje informático. Por ejemplo, los pasos que tiene que dar un empleado de banca para extraer dinero de nuestra cuenta es siempre el mismo; por tanto, es fácil codificar estos pasos en lenguaje informático y sustituir el empleado de banca por un cajero automático. En cambio, hay muchas actividades repetitivas, como hacer la cama, que requieren la coordinación de la vista y de nuestras manos, que son difíciles de sustituir por una máquina. Otras actividades difíciles de sustituir son aquellas que requieren interacción entre personas, como cuidar a una persona anciana. Esto puede explicar por qué algunas ocupaciones que no requieren de una gran cualificación hayan aumentado su peso relativo en el empleo.

¿Cuáles serán, por tanto, los empleos que crecerán en el futuro? Los que se demanden en los sectores en que seamos más competitivos que los países menos avanzados, y los que no sean fáciles de sustituir por una máquina. En mi opinión, nuestra ventaja con relación a los países menos avanzados estará en aquellas actividades que demanden una gran cualificación, pero que además requieran la participación de muchas personas de distintas y elevadas cualificaciones en dicha actividad (por ejemplo, el diseño, la construcción y el mantenimiento de un motor de aviación). Cuando se da la participación de muchas personas cualificadas, cuando se alcanza un alto grado de complejidad, es cuando podemos magnificar nuestra ventaja con relación a los países menos avanzados. Estas actividades complejas deberán combinar personas con conocimientos de ciencia, de ingeniería, pero también de gestión, de diseño y de marketing. En cambio, las actividades que demandan cualificación, pero que no requieran la interacción de muchas otras personas cualificadas serán más fáciles de trasladar a un país con menor nivel de desarrollo (por ejemplo, traducir un libro).

Con relación a la tecnología, como hemos señalado anteriormente, las máquinas tendrán más dificultades para sustituirnos en aquellas actividades que requieren interacción entre las personas (cortarse el pelo), o que requieran la coordinación de la vista, de las manos y de los pies  (servir las mesas en un restaurante). Pero sobre todo las máquinas tendrán muchas dificultades para sustituirnos en actividades que requieran pensar, imaginar nuevos productos o formas de hacer las cosas, y en buscar soluciones a viejos y nuevos problemas.

Si estos son los empleos que van a crecer en el futuro, ¿cuáles son las capacidades que hoy debería estar impulsando nuestro sistema educativo? Como señalábamos anteriormente, para realizar actividades complejas necesitamos que las persones se formen en ciencia, en ingeniería y en gestión. Además, el sistema educativo debería impulsar la creatividad, la imaginación y la inventiva, y las habilidades que son nucleares  para la interacción de las personas, como la comunicación, los idiomas y el trabajo en grupo. Finalmente, el sistema educativo debería impulsar la capacidad de buscar soluciones a problemas donde no hay una respuesta definitiva, pero sí respuestas que parecen más acertadas que otras. Lo bueno de las tecnologías de la información es que para realizar esta búsqueda contaremos con muchos más datos que antes, por lo que, como señala Luis Garicano, profesor de London School of Economics, tendremos que saber utilizar las técnicas estadísticas.

Creo todavía hay una brecha importante entre lo que deberíamos impulsar y lo que hacemos actualmente en la escuela y en la Universidad. Es importante que comencemos a cerrar la brecha desde ahora, ya que los alumnos que han comenzado este curso 1º de Primaria ya se han empezado a formar para un trabajo que comenzaran a realizar, si recorren todo el camino educativo hasta el grado, en el año 2030.

Ver Post >
¿Incentivamos más dando o quitando?
img
Asier Minondo | 06-11-2012 | 8:20| 0

 

Supongamos que os planteo el siguiente juego:

“Echamos una moneda al aire. Si sale cara (yo sigo pensando en duros) te doy 130 euros. Si sale cruz tú me das 100 euros.” Muchos pensaran  “este del blog es un poco tonto”, ya que la ganancia esperada para el que acepta el juego (probabilidad de ganar (0,5) * ganancia (130 euros) – probabilidad de perder (0,5) * pérdida (100 euros) = 15 euros) es positiva.

Sin embargo, no creo que muchos de vosotros participaseis en este juego. ¿Por qué? Porque a la mayoría de nosotros no nos gusta el riesgo; o, como decimos en economía, tenemos aversión al riesgo.

Dejadme que os plantee el juego de otra forma. ¿Cuál debería ser la relación entre lo que ganas y lo que pierdes para que participes en el juego? ¿Si pudieses ganar 200 euros y solamente perder 100 euros participarías? ¿Si pudieses ganar 250 euros y solamente perder 100 euros participarías? Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía en el año 2002 de cuyo libro Pensar rápido, pensar despacio he extraído estos ejemplos, nos dice que la mayoría de nosotros solamente participaríamos en el juego si la ratio ganancias/pérdidas estuviese entre 1,5 y 2,5. Estas ratios subrayan que no nos gusta nada el riesgo. Pero, ¿por qué? Porque está grabado en nuestros genes. Y tiene mucho sentido, ya que las especies que valoran más las pérdidas que las ganancias tienen una mayor probabilidad de subsistir y reproducirse.

¿Cómo podemos aplicar la aversión al riesgo a nuestro día a día? Seguro que alguna vez, como padres o como hijos, hemos participado en este trato: “Si te esfuerzas estudiando y sacas buenas notas, te vamos a regalar la Play…”. Pues bien, si aplicamos lo aprendido sobre la aversión al riesgo lo que deberíamos decirles como padres sería lo siguiente: “Te vamos a comprar la Play…. Pero como no te esfuerces y no saques buenas notas, te la quitaremos”. Como el sufrimiento de perder es mayor que la satisfacción de ganar, es más probable que mejoren las notas con la segunda propuesta que con la primera. Eso sí, hay que tener credibilidad con la amenaza.

John List, profesor de economía de la Universidad de Chicago, ha analizado si en la realidad se cumple esta propuesta. En varias escuelas de Chicago separó una clase que tenía que hacer un examen en dos grupos. Al primer grupo les dijo. “Os daré 20$ si mejoráis la calificación obtenida en el anterior examen”. Al otro grupo les dijo: “Tomad 20$ para cada uno. Me los tenéis que devolver si no mejoráis la calificación obtenida en el examen anterior”. ¿Qué grupo pensáis que mejoró más sus resultados con relación al examen anterior? Además de los colegios, John List ha llevado sus experimentos a las empresas. La idea es la misma. ¿Cómo motivamos más a los trabajadores? ¿Dándoles una bonificación si cumplen con los objetivos? o ¿dándoles la bonificación ahora con el acuerdo de que la devuelvan si no cumplen los objetivos? Podéis intuir la respuesta.

Ver Post >

Etiquetas

No hay tags a mostrar

Otros Blogs de Autor