Diario Vasco
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Autor: aminondo
Los costes de saltar de una tarea a otra
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Asier Minondo | 09-02-2016 | 7:03| 0

En nuestra jornada laboral estamos constantemente saltando de una tarea a otra. Por ejemplo, yo puedo estar en el despacho preparando la siguiente clase, cuando recibo una llamada de un compañero haciendo una consulta sobre el presupuesto del departamento para actividades de investigación, tras lo cual un alumno toca la puerta para preguntar sobre una duda del próximo test de la asignatura y, después, salgo para una reunión donde discutimos los detalles de la próxima jornada de puertas abiertas. Además, con las nuevas tecnologías uno se tiene que aguantar mucho para no mirar de vez en cuando el correo electrónico, Twitter o WhatsApp. Si cada lector hace un repaso de su jornada laboral, seguramente tendrá también la sensación de que ha estado saltando de una tarea a otra.

Nuestra intuición nos dice que cambiar asiduamente de tarea no favorece la productividad. Además de las interrupciones que se dan al saltar de una tarea a otra, cuando retomamos una actividad siempre necesitamos un periodo de “calentamiento” para recordar dónde dejamos las cosas, y cuáles son los siguientes pasos que tenemos que dar. Estos periodos de interrupción y de “calentamiento” tienen un coste en tiempo. Pues bien, parece que nuestra intuición no está descaminada. Un reciente estudio realizado realizado por los profesores Coviello, Ichino y Persico concluye que cuando las personas saltan de unas tareas a otras el tiempo que requieren para completarlas es mayor que si las hubiesen realizado de forma ordenada. El estudio que realizan estos autores es muy ingenioso. Toman como muestra un juzgado de lo social en Milán, y analizan cuál es el tiempo medio que necesita cada juez para finalizar un caso. Todos los jueces, 21 en la muestra que utilizan los autores, reciben de forma aleatoria los casos que llegan al juzgado, por lo que el número y tipo de casos que le toca a cada juez son parecidos. Los autores computan cuántos casos llevan los jueces simultáneamente. La hipótesis es que cuantos más casos tengan abiertos los jueces simultáneamente, mayor es la probabilidad de que salten de un caso a otro y, por ello, pierdan más tiempo y tarden más en finalizar un caso. Su estudio empírico confirma esta relación: los jueces que trabajan los casos de forma ordenada, es decir, abren menos nuevos casos antes de terminar los que tienen vigentes, terminan antes los sumarios que los jueces que tienen más casos abiertos simultáneamente. Además, los autores muestran que el terminar antes un caso no implica una peor calidad del proceso judicial. En concreto, la probabilidad de que un caso sea apelado no está relacionada con la duración del proceso.

La justicia italiana ha tomado buena nota del estudio de Coviello, Ichino y Persico y ha puesto en marcha un programa para incentivar que los jueces no tengan tantos casos abiertos a la vez. Aunque a veces no podamos controlar el tener que saltar de una tarea a otra, cuando podamos, es mejor que terminemos primero lo que estamos haciendo antes de comenzar una nueva tarea. Como me apuntaba mi compañero @jonmizabala, ya lo decía el refrán: “quien mucho abarca,…”

 

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Impuestos contra la obesidad
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Asier Minondo | 19-01-2016 | 7:18| 0

A finales de 2014, mi compañero de blog @InakiErauskin se preguntaba si la obesidad es la nueva plaga de la humanidad.  Parece que la respuesta es afirmativa, ya que la obesidad está ligada a enfermedades como la diabetes, las afecciones cardiacas y otras enfermedades crónicas.

México es un país donde la obesidad es especialmente grave. Se estima que el 73% de los adultos tiene sobrepeso (un índice de masa corporal superior a 25), y el 33% de los adultos es obeso (un índice de masa corporal superior a 30). Para atajar este problema, el gobierno mexicano introdujo el 1 de enero de 2014 un impuesto del 9% sobre las bebidas que añadían azúcares. Las bebidas más consumidas de esta categoría son los refrescos y, entre ellos, la Coca Cola. El consumo de refrescos parece estar ligada a la obesidad, ya que estas bebidas no reducen el apetito y, por tanto, no merman el consumo de otras calorías.

La lógica económica de la medida del gobierno mexicano es sencilla. Si el impuesto eleva el precio de los refrescos, los consumidores los sustituirán por bebidas a las que no se les aplica el impuesto, es decir, las que no tienen azúcares añadidos. De esta forma, se reduce el consumo de calorías y el sobrepeso.

¿Ha tenido éxito el impuesto contra la obesidad? Para responder a esta pregunta, Jeffrey Grogger, profesor de la Universidad de Chicago, ha seguido la evolución de los precios de los refrescos y de otras bebidas desde que se introdujo la medida, en enero de 2014, hasta marzo de 2015. El estudio muestra que al introducir el impuesto aumentó el precio de los refrescos; es decir, los fabricantes no compensaron el efecto del impuesto con una reducción de los márgenes. El profesor Grogger no tiene datos de consumo; en todo caso, parece razonable esperar que un aumento del precio fuese acompañado por una reducción en el consumo de los refrescos con azúcares añadidos. Además, estudios previos qué sí midieron el cambio en el consumo durante los primeros tres meses desde que se introdujera el impuesto, confirman la caída en la venta de refrescos. A continuación, Grogger analiza el precio de los refrescos bajos en calorías, o de dieta, a los que no se les aplicó el impuesto. Si los consumidores mexicanos han sustituido los refrescos con azúcares añadidos por refrescos bajos en calorías, el precio de éstos últimos también debería aumentar. Y, efectivamente, el precio aumenta en un 4%. Asimismo, Grogger analiza el precio de bebidas que no tienen azúcares añadidos, pero que sí tienen un alto contenido calórico, como algunos zumos y la leche, y no encuentra un aumento en los precios.

En suma, los datos sugieren que los mexicanos han reducido el consumo de refrescos con azúcares añadidos. El consumo no se ha trasladado a bebidas de alto contenido calórico, sino a bebidas de bajo contenido calórico. Por tanto, parece que la medida ha funcionado. Los impuestos sí pueden combatir la obesidad.

 

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Protestantes, católicos y crecimiento económico
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Asier Minondo | 01-12-2015 | 7:29| 0

En su famoso ensayo “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, escrito en 1905, el sociólogo alemán Max Weber defendía que la religión protestante favorecía más el crecimiento económico que la religión católica. Mientras que en el catolicismo la acumulación de riqueza era moralmente reprobable, en el calvinismo el éxito económico era una señal de que la persona había sido elegida por Dios para ser salvada. Sin embargo, para que fuese aceptable ante los ojos de Dios, el éxito económico debía ser el resultado del trabajo duro y del ahorro.

A pesar de que los argumentos de Weber han sido debatidos extensamente en el plano teórico, pocos estudios han analizado su validez empírica. ¿Realmente las regiones protestantes crecieron más que las regiones católicas? El crecimiento económico del Reino Unido y de Holanda durante los siglos XVI y XVII, y el declive relativo de España e Italia sugieren una respuesta afirmativa a esta pregunta. El propio Max Weber había motivado sus ideas al observar que en el sur de Alemania las familias protestantes tenían mayores ingresos que las católicas. Sin embargo, como hemos repetido muchas veces en este blog, no debemos confundir correlaciones con causalidades. Para establecer una causalidad debemos utilizar datos adecuados y técnicas precisas. Un estudio reciente del profesor Davide Cantoni, de la Universidad de Munich, cumple estas condiciones.

El profesor Cantoni analiza la población de 272 ciudades del Sacro Imperio Romano Germánico (que englobaba a zonas de las actuales Alemania, Austria, Eslovenia, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, República Checa, y Suiza) durante el periodo 1300-1900. Para este periodo es difícil contar con datos precisos de renta y, por ello, Cantoni, como otros estudios precedentes, utiliza la población de las ciudades para aproximar el nivel de desarrollo: una mayor población está asociada a una mayor productividad y, por tanto, a un mayor nivel de renta. Cantoni analiza si las ciudades que adoptaron la religión protestante aumentaron más su población que las ciudades que siguieron siendo católicas. Contrariamente a lo que defendía Weber, Cantoni muestra que adoptar el protestantismo no tuvo un efecto estadísticamente significativo sobre el crecimiento de la población. Es decir, las ciudades protestantes crecieron igual que las católicas. La muestra utilizada por Cantoni es adecuada para establecer la causalidad, ya que la religión que adoptaron las ciudades a partir del siglo XVI fue determinada por los dirigentes locales, y no por la decisión de sus ciudadanos. Esta característica hace que la adopción del protestantismo se puede considerar como un tratamiento exógeno sobre las ciudades.

La conclusión de Cantori es opuesta a la de otro influyente estudio empírico, realizado por los profesores Becker y Woesmann, publicado en 2009, en el que mostraban que las regiones de Prusia con un mayor porcentaje de protestantes tenían un mayor nivel de vida a finales del siglo XIX. Una conclusión muy interesante de este estudio es que el mayor desarrollo asociado al protestantismo no se debía tanto a la ética del trabajo duro y al ahorro, sino a la inversión en educación. El luteranismo, una de las ramas del protestantismo, defendía que las personas tenían que ser capaces de leer la Biblia. Para ello los niños debían de ir a la escuela para aprender a leer. Esta mejora en la educación, además de cumplir con sus propósitos religiosos, tuvo un efecto positivo sobre la economía al dotarla de un mayor capital humano.

El profesor Cantori ofrece una explicación sobre las conclusiones opuestas de su estudio y el de los profesores Becker y Woesmann. Según Cantori, la muestra utilizada por Becker y Woesmann tiene un gran número de zonas rurales y pocas ciudades. En cambio, la muestra de Cantori está compuesta por ciudades; en éstas el nivel educativo de la población era mayor, y no se observaban diferencias relevantes entre ciudades protestantes y católicas.

¿Debemos desprender del estudio de Cantori que el trabajo duro y el ahorro no favorecen el crecimiento económico? No. El argumento es más bien que la ética del trabajo duro y el ahorro no tiene tanto que ver con la religión sino con las ocupaciones de las personas. Según los profesores Doepke y Zilibotti, los artesanos y comerciantes, que habitualmente vivían en las ciudades, constituían las clases medias de la sociedad antes de la Revolución Industrial. Estas ocupaciones, especialmente en el caso de los artesanos, exigían un largo periodo de formación, primero como aprendices y después como oficiales, antes de convertirse en maestros. Además, el maestro debía contar con un capital para abrir su propio negocio. Las características de la carrera laboral favorecían una ética en la que se premiaba el trabajo duro y la paciencia, para soportar la etapa de aprendizaje, y el ahorro, para tener el capital que permitiría abrir un negocio en el futuro. Esta ética del trabajo duro y del ahorro estaría, por tanto, explicadas por las ocupaciones que se desarrollaban en las ciudades y no tanto por la religión. Así, si no había grandes diferencias en el peso de las ocupaciones entre las ciudades del Sacro Imperio Romano, no deberíamos esperar encontrar tampoco grandes diferencias entre las ciudades católicas y protestantes.

Actualmente, las ciudades tienen cada vez un mayor peso en la economía. Además, las ciudades se caracterizan por ocupar a personas que tienen mucha cualificación, que la han adquirido después de muchos años de duro estudio. Por tanto, no creo que la ética del trabajo duro y del ahorro decaiga.

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Las máquinas y la destrucción del empleo
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Asier Minondo | 10-11-2015 | 7:34| 0

Una preocupación constante en nuestra sociedad es que las máquinas y las nuevas tecnologías destruyen empleo. Por ejemplo, los cajeros automáticos han reemplazado a las personas que realizaban anteriormente esta labor en un banco, o Amazon está reemplazando a las personas que anteriormente trabajaban en las librerías.

Como afirma David Autor, profesor de economía del MIT, y uno de los grandes expertos mundiales en economía laboral, el objetivo de introducir máquinas y nuevas tecnologías es, efectivamente, sustituir algunas tareas que antes realizaban las personas. Hay poderosas razones económicas para justificar esta sustitución. Por ejemplo, las máquinas tienen mucha más “fuerza” mecánica que las personas, son más precisas, más rápidas y, en algunos casos, mucho más baratas que las personas. Sin embargo, a pesar de la introducción masiva de nuevas máquinas y tecnologías, la realidad es que en las últimas décadas ha aumentado el porcentaje de personas que tienen un empleo. Por ejemplo, la tasa de ocupación en España ha crecido del 52% en 1977 al 59% en 2015. ¿Cómo se explica que el empleo haya crecido cuando cada vez se utilizan más máquinas y tecnologías avanzadas en los procesos productivos?

La respuesta, como señala Autor, es que las máquinas no destruyen el empleo sino algunos empleos. El empleo global no se reduce porque, de la misma forma que las nuevas tecnologías y máquinas destruyen algunos empleos, también los crean. En algunos casos, estos nuevos empleos están relacionados con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, hace 100 años no había muchos diseñadores de páginas web. En otros casos, los nuevos empleos surgen de la nueva demanda debida al ahorro que introducen las nuevas tecnologías. Por ejemplo, si gracias a Internet puedo comprar un billete de bajo coste para ir a Londres, el dinero que he ahorrado lo puedo utilizar para comprar otras cosas.

¿Cuáles son los empleos amenazados por las máquinas? Como explicaba en un post anterior, las nuevas tecnologías sustituyen las tareas que son repetitivas y, por tanto, fáciles de codificar; sin embargo, las nuevas tecnologías tienen más dificultades para sustituir las tareas que requieran flexibilidad, creatividad, sentido común o altos niveles de interacción entre las personas. Como señala Autor, este tipo de tareas son más difíciles de codificar porque no podemos explicar completamente como las realizamos; tienen un gran componente de conocimiento tácito. Por ejemplo, sería muy difícil para Messi explicar cuál es la serie de reglas que utiliza en cada situación de un partido de fútbol para decidir qué es lo que va a hacer. Su conocimiento es en gran parte tácito.

Sin embargo, con el desarrollo de la inteligencia artificial, algunos autores señalan que las máquinas también irán adquiriendo estas habilidades tan propias del ser humano. De la misma forma que a Neo le cargaban todas las artes marciales en Matrix, las máquinas accederán a una gran base de datos, y a través del reconocimiento de procesos, elegirán la acción más adecuada incluso en situaciones que no son rutinarias. Este aprendizaje puede incluso extenderse a las tareas creativas. Así, quizá sea un robot quien escriba la próxima novela que nos tenga atrapados al sillón, o componga una canción que nos emocione. Si la tecnología puede reproducir también estas habilidades, ¿todavía quedará espacio para el empleo de los humanos? En épocas anteriores también se predijo que las máquinas destruirían el empleo, pero no ocurrió así. Sin embargo, ¿esta vez sí ocurrirá? Yo creo que no. Las decisiones que tomamos las personas tienen muchas veces una fuerte dosis de contingencia; la decisión correcta, si la hay, suele estar muy ligada a las circunstancias. Por ejemplo, en mi actividad docente, lo que en una clase puede ser una buena decisión, puede que no lo sea en otra. No creo que un algoritmo sea capaz de capturar correctamente este universo de posibilidades, que se me antojan infinitas. Por ello, sigo confiando en que sea yo, y no una máquina, quien de clase de economía. Por lo menos, hasta que me jubile.

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Donald Trump, los inmigrantes y el crimen
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Asier Minondo | 20-10-2015 | 6:32| 0

El pasado mes de junio, Donald Trump, en el anuncio de su candidatura para las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos, declaraba que México enviaba drogas y violadores a través de la frontera. Para frenar este envío, Trump proponía levantar un muro entre México y Estados Unidos; además, sugería que este muro lo pagase el gobierno mexicano. Con estas declaraciones, Donald Trump ponía voz a una corriente de opinión bastante extendida entre la población estadounidense, y también europea, que relaciona la inmigración, especialmente si es ilegal, con el aumento de la criminalidad. ¿Es válida esta relación?

En economía, como hemos comentado en post anteriores, no es fácil establecer una relación causal entre dos variables. Por ejemplo, si en un barrio se produce un aumento de la criminalidad, los precios de las viviendas caen, lo cual atrae a una mayor población de inmigrantes, que normalmente tienen una menor renta que los nativos. En este caso observaremos una correlación positiva entre el número de inmigrantes y el crimen; no obstante, el mayor número de inmigrantes no es la causa del aumento del crimen, sino la consecuencia. Para establecer una causalidad necesitamos analizar situaciones en las que el aumento de inmigrantes haya sido inesperado; estas situaciones se denominan experimentos naturales.

Brian Bell, profesor de la Universidad de Oxford, ha resumido en este documento las conclusiones de estudios recientes que utilizan experimentos naturales para determinar si existe una relación causal entre la inmigración y la criminalidad. Las conclusiones son que no hay relación entre la inmigración y los crimines violentos, y solamente existe una relación muy débil entre la inmigración y los crímenes contra la propiedad. Una conclusión muy importante de estos estudios es que se produce una reducción muy importante en la actividad criminal de los inmigrantes si se regulariza su situación. Si los inmigrantes pueden residir de forma legal en un país es mucho más probable que obtengan un empleo y, por tanto, tendrán menos incentivos de obtener ingresos a través de la actividad criminal.

Por tanto, si el objetivo es reducir la criminalidad en Estados Unidos, más que levantar muros en la frontera, parece mucho más efectivo regularizar la situación de muchos mexicanos que todavía residen de forma ilegal en este país.

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