Diario Vasco
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Autor: aminondo
Desarrollo urbano: ¿planificación o generación espontánea?
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Asier Minondo | 22-03-2016 | 7:21| 0

Como explica William Easterly, profesor de la Universidad de Nueva York, hay dos grandes visiones sobre el desarrollo económico. La primera plantea que el desarrollo económico se puede planificar.  En esta visión, como explicábamos en un post anterior, el desarrollo económico se percibe como un problema técnico. Si se poseen los recursos necesarios y un plan adecuado, el desarrollo se puede lograr. La segunda defiende que el desarrollo es un fenómeno espontáneo, fruto de las decisiones no coordinadas de un gran número de personas. Si se cuenta con un entorno seguro y en el que se cumplan los contratos, las personas tendrán incentivos para invertir en actividades, como la educación o nuevos proyectos empresariales, que impulsen el crecimiento económico.

Como casi todo en la vida, la verdad no está en ninguno de los extremos, sino en algún punto intermedio. Las ciudades son un buen ejemplo para mostrar que hay que combinar planificación y espontaneidad para lograr el desarrollo. Por una parte, para que las ciudades puedan crecer se necesita cierta planificación. Como defiende el profesor Paul Romer, en una ciudad se debe planificar qué porcentaje del espacio se destina al uso público y qué porcentaje al uso privado. El espacio que se destine al uso público debe utilizarse para zonas verdes y para asegurar que muchas personas se puedan mover de forma rápida en la ciudad. Por ejemplo, Romer propone unas vías de circulación suficientemente anchas que permitan el tránsito de autobuses, y que las personas solamente tengan que caminar como máximo medio kilómetro para llegar a una arteria vial. Para ilustrar esta idea Romer, en una conferencia que pronunció a finales del 2014, comparaba la planificación urbana de Nueva York con la de Bangkok. En el primer caso, ya en el año 1811, se definieron cuáles serían las grandes arterias de la ciudad, el espacio público, y qué áreas se destinarían al uso privado (casas y negocios). Ésto permitió un crecimiento ordenado y que la ciudad pudiese absorber una gran densidad de tránsito. En cambio, en el caso de Bangkok, no se planificó el reparto del suelo entre un uso privado o público. Ésto ha provocado que muchas zonas de Bangkok estén alejadas de las arterias principales de tránsito, generando enormes problemas de tráfico. Actualmente, con la construcción de los trenes elevados se está intentando solventar este problema, pero todavía los atascos persisten.

Romer señala que si la distribución del espacio público y privado no se realiza desde el principio, es muy difícil que después, debido a los derechos adquiridos, se pueda cambiar. Por ello, la planificación es importante.

Sin embargo, la historia de la ciudad de Nueva York ilustra también las limitaciones de la planificación. Los profesores Easterly, Freschi y Pennings han analizado la evolución de un barrio de Nueva York, el que se sitúa alrededor de la calle Greene, durante casi cuatro siglos. Como era de esperar, los autores muestran que se han producido grandes cambios en la especialización productiva del barrio. Por ejemplo, durante el siglo XIX el barrio pasó de ser una de las zonas de prostitución más importantes de Nueva York a albergar muchas fábricas textiles. En cambio, durante el siglo XX el barrio se convirtió en una zona de galerías de arte, y actualmente alberga a muchas tiendas de lujo. Aunque es normal que durante un periodo tan extenso se produzcan cambios en la especialización productiva de un barrio, lo que los autores quieren subrayar es que las transformaciones fueron muy distintas a las que se hubiesen predicho en cada momento. Por ejemplo, la primera gran sorpresa sobre cómo evolucionó la ciudad se la hubieran llevado los holandeses. Ante la disyuntiva de ceder Surinam o Nueva York a los británicos en el siglo XVII, los holandeses decidieron ceder Nueva York, ya que esperaban que este territorio fuese mucho menos valioso que el sudamericano. Con relación al barrio, fue también una sorpresa para los residentes acaudalados del barrio que éste se convirtiera en una zona de prostitución en el siglo XIX; y también fue una sorpresa para los habitantes del barrio que las casas de citas se convirtieran más adelante en talleres de confección.

La historia de este barrio neoyorkino, y las sorpresas en su desarrollo, pone de manifiesto que muchas veces es muy difícil planificar en qué se debe especializar un barrio, una región o un país. Por ello, Easterly y sus coautores opinan que es mejor dejar que la iniciativa privada, mediante un proceso de fracasos y triunfos, determine la ruta a seguir.

La historia de la ciudad de Nueva York pone de manifiesto que el desarrollo es fruto de la planificación y de la espontaneidad. Lo importante es saber cuándo debemos aplicar una y cuándo otra.

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El cáncer y la economía
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Asier Minondo | 01-03-2016 | 7:26| 0

Los tumores fueron la primera causa de muerte entre los hombres y la segunda entre las mujeres en España en el año 2013. Entre los tumores, el que produjo una mayor mortalidad fue el cáncer de bronquios y de pulmón. En los últimos cinco años Estados Unidos ha aprobado la comercialización de ocho fármacos que mejoran la supervivencia de los pacientes con estados avanzados de cáncer de pulmón. Sin embargo, todavía no ha aprobado ningún medicamento para prevenir el cáncer de pulmón. Esta situación no es exclusiva de este tipo de cáncer; también en otros el número de medicamentos aprobados para tratar estados avanzados de la enfermedad es muy superior al de los preventivos.

Aunque pueden existir razones científicas que expliquen esta diferencia, es posible también que las empresas tengan más incentivos económicos para desarrollar medicamentos que traten estados avanzados de cáncer que para desarrollar medicamentos preventivos. Un reciente estudio realizado por los profesores Budish, Roin y Williams, publicado en el American Economic Review, analiza esta posibilidad. Este estudio explica que la gran diferencia entre los medicamentos preventivos y los medicamentos para estados avanzados es el tiempo que se requiere para su aprobación por parte de la autoridad sanitaria de los Estados Unidos. En los casos de cáncer en estados avanzados, los pacientes ya están enfermos y su mortalidad es elevada. En estos casos, una mejora en la supervivencia en unos pocos meses es suficiente para determinar estadísticamente que el medicamento tiene un efecto positivo. En cambio, para los fármacos preventivos la tasa de supervivencia de los pacientes es muy elevada y, por tanto, se debe esperar mucho más tiempo para establecer científicamente si el fármaco tiene efectos positivos o no sobre la supervivencia. Para ilustrar esta diferencia, los autores utilizan como ejemplo la experiencia de un medicamento que mejoraba la supervivencia de enfermos con cáncer de colón con metástasis, con otro medicamento que mejora la supervivencia de los enfermos con cáncer de próstata muy localizado y en un estado de desarrollo temprano. En el primer caso el periodo de pruebas duró 3 años y en el segundo 18 años. No es sorprendente que el desarrollo del primer fármaco fuese financiado por una empresa privada, mientras que el segundo estuviese financiado por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.

Para analizar si este ejemplo refleja una tendencia general, los autores analizan todos los procesos de análisis clínicos de medicamentos para el cáncer durante el periodo 1973-2011. Los autores muestran que los análisis clínicos de medicamentos son mucho más numerosos para pacientes con una menor probabilidad de supervivencia que para pacientes con una mayor probabilidad de supervivencia. En el primer caso, como hemos señalado anteriormente, los análisis clínicos necesitan de un menor periodo para establecer la efectividad del medicamento, y las empresas pueden comercializar el medicamento más rápidamente.

Los autores del estudio ofrecen dos razones para explicar los resultados. Por una parte, las empresas pueden tener una preferencia por las actividades que les otorguen beneficios en el corto plazo frente al largo plazo. Por otra parte, el diseño del sistema de patentes puede perjudicar los medicamentos que requieren largos periodos de prueba. Normalmente las empresas suelen patentar el medicamente en el momento en que lo desarrollan, no cuando se aprueba su comercialización. El sistema de patentes ofrece normalmente un periodo de 20 años a las empresas para explotar la patente. Si el periodo de prueba es corto, la empresa tendrá más tiempo para explotar la patente.

Los autores ofrecen tres políticas para incentivar la investigación en medicamentos preventivos contra el cáncer, o que lo traten en estadios tempranos de desarrollo. El primero sería utilizar indicadores alternativos a la mejora de la supervivencia para establecer la efectividad del medicamento. Si la mejora en la supervivencia está relacionada con un indicador intermedio, y éste se puede observar antes, se lograría una reducción notable en el periodo de prueba. Con ello, las empresas tendrían más incentivos para investigar en medicamentos que se aplican en periodos tempranos de desarrollo del cáncer. La segunda medida es cambiar el funcionamiento de las patentes, comenzando el periodo de protección en el momento en el que el medicamento se haya comercializado. Finalmente, las autoridades públicas pueden ofrecer subvenciones para los medicamentos que requieran un mayor periodo de prueba. Esperemos que estas medidas se pongan en marcha, ya que si no las empresas seguirán teniendo más incentivos para tratar el lamentar que el prevenir.

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Los costes de saltar de una tarea a otra
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Asier Minondo | 09-02-2016 | 7:03| 0

En nuestra jornada laboral estamos constantemente saltando de una tarea a otra. Por ejemplo, yo puedo estar en el despacho preparando la siguiente clase, cuando recibo una llamada de un compañero haciendo una consulta sobre el presupuesto del departamento para actividades de investigación, tras lo cual un alumno toca la puerta para preguntar sobre una duda del próximo test de la asignatura y, después, salgo para una reunión donde discutimos los detalles de la próxima jornada de puertas abiertas. Además, con las nuevas tecnologías uno se tiene que aguantar mucho para no mirar de vez en cuando el correo electrónico, Twitter o WhatsApp. Si cada lector hace un repaso de su jornada laboral, seguramente tendrá también la sensación de que ha estado saltando de una tarea a otra.

Nuestra intuición nos dice que cambiar asiduamente de tarea no favorece la productividad. Además de las interrupciones que se dan al saltar de una tarea a otra, cuando retomamos una actividad siempre necesitamos un periodo de “calentamiento” para recordar dónde dejamos las cosas, y cuáles son los siguientes pasos que tenemos que dar. Estos periodos de interrupción y de “calentamiento” tienen un coste en tiempo. Pues bien, parece que nuestra intuición no está descaminada. Un reciente estudio realizado realizado por los profesores Coviello, Ichino y Persico concluye que cuando las personas saltan de unas tareas a otras el tiempo que requieren para completarlas es mayor que si las hubiesen realizado de forma ordenada. El estudio que realizan estos autores es muy ingenioso. Toman como muestra un juzgado de lo social en Milán, y analizan cuál es el tiempo medio que necesita cada juez para finalizar un caso. Todos los jueces, 21 en la muestra que utilizan los autores, reciben de forma aleatoria los casos que llegan al juzgado, por lo que el número y tipo de casos que le toca a cada juez son parecidos. Los autores computan cuántos casos llevan los jueces simultáneamente. La hipótesis es que cuantos más casos tengan abiertos los jueces simultáneamente, mayor es la probabilidad de que salten de un caso a otro y, por ello, pierdan más tiempo y tarden más en finalizar un caso. Su estudio empírico confirma esta relación: los jueces que trabajan los casos de forma ordenada, es decir, abren menos nuevos casos antes de terminar los que tienen vigentes, terminan antes los sumarios que los jueces que tienen más casos abiertos simultáneamente. Además, los autores muestran que el terminar antes un caso no implica una peor calidad del proceso judicial. En concreto, la probabilidad de que un caso sea apelado no está relacionada con la duración del proceso.

La justicia italiana ha tomado buena nota del estudio de Coviello, Ichino y Persico y ha puesto en marcha un programa para incentivar que los jueces no tengan tantos casos abiertos a la vez. Aunque a veces no podamos controlar el tener que saltar de una tarea a otra, cuando podamos, es mejor que terminemos primero lo que estamos haciendo antes de comenzar una nueva tarea. Como me apuntaba mi compañero @jonmizabala, ya lo decía el refrán: “quien mucho abarca,…”

 

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Impuestos contra la obesidad
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Asier Minondo | 19-01-2016 | 7:18| 0

A finales de 2014, mi compañero de blog @InakiErauskin se preguntaba si la obesidad es la nueva plaga de la humanidad.  Parece que la respuesta es afirmativa, ya que la obesidad está ligada a enfermedades como la diabetes, las afecciones cardiacas y otras enfermedades crónicas.

México es un país donde la obesidad es especialmente grave. Se estima que el 73% de los adultos tiene sobrepeso (un índice de masa corporal superior a 25), y el 33% de los adultos es obeso (un índice de masa corporal superior a 30). Para atajar este problema, el gobierno mexicano introdujo el 1 de enero de 2014 un impuesto del 9% sobre las bebidas que añadían azúcares. Las bebidas más consumidas de esta categoría son los refrescos y, entre ellos, la Coca Cola. El consumo de refrescos parece estar ligada a la obesidad, ya que estas bebidas no reducen el apetito y, por tanto, no merman el consumo de otras calorías.

La lógica económica de la medida del gobierno mexicano es sencilla. Si el impuesto eleva el precio de los refrescos, los consumidores los sustituirán por bebidas a las que no se les aplica el impuesto, es decir, las que no tienen azúcares añadidos. De esta forma, se reduce el consumo de calorías y el sobrepeso.

¿Ha tenido éxito el impuesto contra la obesidad? Para responder a esta pregunta, Jeffrey Grogger, profesor de la Universidad de Chicago, ha seguido la evolución de los precios de los refrescos y de otras bebidas desde que se introdujo la medida, en enero de 2014, hasta marzo de 2015. El estudio muestra que al introducir el impuesto aumentó el precio de los refrescos; es decir, los fabricantes no compensaron el efecto del impuesto con una reducción de los márgenes. El profesor Grogger no tiene datos de consumo; en todo caso, parece razonable esperar que un aumento del precio fuese acompañado por una reducción en el consumo de los refrescos con azúcares añadidos. Además, estudios previos qué sí midieron el cambio en el consumo durante los primeros tres meses desde que se introdujera el impuesto, confirman la caída en la venta de refrescos. A continuación, Grogger analiza el precio de los refrescos bajos en calorías, o de dieta, a los que no se les aplicó el impuesto. Si los consumidores mexicanos han sustituido los refrescos con azúcares añadidos por refrescos bajos en calorías, el precio de éstos últimos también debería aumentar. Y, efectivamente, el precio aumenta en un 4%. Asimismo, Grogger analiza el precio de bebidas que no tienen azúcares añadidos, pero que sí tienen un alto contenido calórico, como algunos zumos y la leche, y no encuentra un aumento en los precios.

En suma, los datos sugieren que los mexicanos han reducido el consumo de refrescos con azúcares añadidos. El consumo no se ha trasladado a bebidas de alto contenido calórico, sino a bebidas de bajo contenido calórico. Por tanto, parece que la medida ha funcionado. Los impuestos sí pueden combatir la obesidad.

 

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Protestantes, católicos y crecimiento económico
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Asier Minondo | 01-12-2015 | 7:29| 0

En su famoso ensayo “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, escrito en 1905, el sociólogo alemán Max Weber defendía que la religión protestante favorecía más el crecimiento económico que la religión católica. Mientras que en el catolicismo la acumulación de riqueza era moralmente reprobable, en el calvinismo el éxito económico era una señal de que la persona había sido elegida por Dios para ser salvada. Sin embargo, para que fuese aceptable ante los ojos de Dios, el éxito económico debía ser el resultado del trabajo duro y del ahorro.

A pesar de que los argumentos de Weber han sido debatidos extensamente en el plano teórico, pocos estudios han analizado su validez empírica. ¿Realmente las regiones protestantes crecieron más que las regiones católicas? El crecimiento económico del Reino Unido y de Holanda durante los siglos XVI y XVII, y el declive relativo de España e Italia sugieren una respuesta afirmativa a esta pregunta. El propio Max Weber había motivado sus ideas al observar que en el sur de Alemania las familias protestantes tenían mayores ingresos que las católicas. Sin embargo, como hemos repetido muchas veces en este blog, no debemos confundir correlaciones con causalidades. Para establecer una causalidad debemos utilizar datos adecuados y técnicas precisas. Un estudio reciente del profesor Davide Cantoni, de la Universidad de Munich, cumple estas condiciones.

El profesor Cantoni analiza la población de 272 ciudades del Sacro Imperio Romano Germánico (que englobaba a zonas de las actuales Alemania, Austria, Eslovenia, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, República Checa, y Suiza) durante el periodo 1300-1900. Para este periodo es difícil contar con datos precisos de renta y, por ello, Cantoni, como otros estudios precedentes, utiliza la población de las ciudades para aproximar el nivel de desarrollo: una mayor población está asociada a una mayor productividad y, por tanto, a un mayor nivel de renta. Cantoni analiza si las ciudades que adoptaron la religión protestante aumentaron más su población que las ciudades que siguieron siendo católicas. Contrariamente a lo que defendía Weber, Cantoni muestra que adoptar el protestantismo no tuvo un efecto estadísticamente significativo sobre el crecimiento de la población. Es decir, las ciudades protestantes crecieron igual que las católicas. La muestra utilizada por Cantoni es adecuada para establecer la causalidad, ya que la religión que adoptaron las ciudades a partir del siglo XVI fue determinada por los dirigentes locales, y no por la decisión de sus ciudadanos. Esta característica hace que la adopción del protestantismo se puede considerar como un tratamiento exógeno sobre las ciudades.

La conclusión de Cantori es opuesta a la de otro influyente estudio empírico, realizado por los profesores Becker y Woesmann, publicado en 2009, en el que mostraban que las regiones de Prusia con un mayor porcentaje de protestantes tenían un mayor nivel de vida a finales del siglo XIX. Una conclusión muy interesante de este estudio es que el mayor desarrollo asociado al protestantismo no se debía tanto a la ética del trabajo duro y al ahorro, sino a la inversión en educación. El luteranismo, una de las ramas del protestantismo, defendía que las personas tenían que ser capaces de leer la Biblia. Para ello los niños debían de ir a la escuela para aprender a leer. Esta mejora en la educación, además de cumplir con sus propósitos religiosos, tuvo un efecto positivo sobre la economía al dotarla de un mayor capital humano.

El profesor Cantori ofrece una explicación sobre las conclusiones opuestas de su estudio y el de los profesores Becker y Woesmann. Según Cantori, la muestra utilizada por Becker y Woesmann tiene un gran número de zonas rurales y pocas ciudades. En cambio, la muestra de Cantori está compuesta por ciudades; en éstas el nivel educativo de la población era mayor, y no se observaban diferencias relevantes entre ciudades protestantes y católicas.

¿Debemos desprender del estudio de Cantori que el trabajo duro y el ahorro no favorecen el crecimiento económico? No. El argumento es más bien que la ética del trabajo duro y el ahorro no tiene tanto que ver con la religión sino con las ocupaciones de las personas. Según los profesores Doepke y Zilibotti, los artesanos y comerciantes, que habitualmente vivían en las ciudades, constituían las clases medias de la sociedad antes de la Revolución Industrial. Estas ocupaciones, especialmente en el caso de los artesanos, exigían un largo periodo de formación, primero como aprendices y después como oficiales, antes de convertirse en maestros. Además, el maestro debía contar con un capital para abrir su propio negocio. Las características de la carrera laboral favorecían una ética en la que se premiaba el trabajo duro y la paciencia, para soportar la etapa de aprendizaje, y el ahorro, para tener el capital que permitiría abrir un negocio en el futuro. Esta ética del trabajo duro y del ahorro estaría, por tanto, explicadas por las ocupaciones que se desarrollaban en las ciudades y no tanto por la religión. Así, si no había grandes diferencias en el peso de las ocupaciones entre las ciudades del Sacro Imperio Romano, no deberíamos esperar encontrar tampoco grandes diferencias entre las ciudades católicas y protestantes.

Actualmente, las ciudades tienen cada vez un mayor peso en la economía. Además, las ciudades se caracterizan por ocupar a personas que tienen mucha cualificación, que la han adquirido después de muchos años de duro estudio. Por tanto, no creo que la ética del trabajo duro y del ahorro decaiga.

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