Diario Vasco
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Autor: Jon Mikel Zabala
Hackerspaces: ¿movimientos sociales, políticos, o económicos?
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Jon Mikel Zabala | 23-05-2017 | 8:00| 0

@jonmizabala

La semana pasada nos despertamos con la noticia de un ataque masivo y de escala global de ransomware que afectó a varias organizaciones, tanto públicas como privadas, y por el cual se solicitaba un rescate en bitcoins. Como nuestr@s lector@s conocen, durante los últimos años se han producido ciberataques de manera creciente, tanto entre países (p.e. Corea del Norte y EEUU), como entre hackers y organizaciones privadas (p.e. Sony, Disney). La seguridad informática constituye uno de los grandes retos sociales a los que las sociedades del siglo XXI nos vamos a tener que enfrentar. En este sentido, recientemente, la Profesora Helena Rifà, apuntaba que debido a la creciente automatización, en la conocida como la transición hacia una industria 4.0, se requerirán unos 825.000 profesionales de seguridad (o hackers) para el año 2025 en las empresas españolas. ¿Pero qué son los hackers?

Tenemos que partir del hecho de que el concepto de hacker está experimentando un cambio social. Inicialmente, los hackers estaban asociados al mundo de la informática y a la promoción del software libre. Sin embargo, recientemente, los hackers han pasado a ser considerados como desarrolladores y/o creadores (o makers), ya que sus acciones no sólo son susceptibles de aplicarse al mundo de la informática, sino que pueden aplicarse a cualquier campo de desarrollo, bien sea político, social, económico, institucional, etc. Es posible que a nuestr@s lector@s les resulten familiares las palabras fab labs, makerspaces, hackerspaces, o los espacios de co-working, estando todos ellos vinculados a las prácticas del movimiento creador. Muchos de estos espacios se fundamentan en el trabajo voluntario o a través de organizaciones sin ánimo de lucro, y muchos, aunque no todos, adoptan principios de gobernanza ascendente. Sin embargo, no todas las actividades de los hackers son percibidas de igual manera.

En este sentido, Sarah Davies ha explorado en un reciente artículo cómo el hacking es caracterizado por los propios hackers y makers. Para ello, centra su estudio en la percepción que los propios hackers (los de a pie, no los mediáticos como Kim Dotcom) tienen de sus acciones. Para ello, se centró en entrevistar a los hackers ubicados en cuatro ciudades de los EEUU (Phoenix, San Francisco, Nueva York y Boston), a los cuales accedieron a través de la información proporcionada por la web “hackerspaces.org”. Según la investigación de Davies, el hacking es percibido como un estilo de vida al que un@ se suscribe, es decir, una actividad de ocio que proporciona acceso a una determinada comunidad. Para los miembros de esta comunidad la idea de “hackear” viene asociada a una determinada ética y un estilo de vida.

A priori, el surgimiento del así denominado como “movimiento creador”, que incluye las acciones de hackers y desarrolladores, busca una democratización de las tecnologías y el apoyo a la innovación de cualquier tipo de agente social. Sin embargo, y contrariamente a las expectativas que se esperarían del movimiento creador, los resultados de Davies revelan que las motivaciones por la que los hackers participan en estos movimientos son el desarrollo de sus propias identidades, el establecimiento de relaciones profesionales, y la actualización de sus competencias. De igual manera, la democratización de la tecnología es también considerada como algo incidental, más que como un propósito explícito. Es decir, los beneficios de participar de estas comunidades son de carácter personal, más que político o social. Esto es significativo debido a la diferencia en la percepción que los propios hackers tienen de sí mismos y el discurso público dominante alrededor de dichos movimientos.

Por ejemplo, Mark Hatch, autor del “Maker Manifesto” (2013), sostiene que el movimiento creador supone la mayor explosión de creatividad e innovación que el mundo jamás haya visto. De modo similar, como hemos podido presenciar recientemente, el debate público se centra en la gran escala: las empresas o instituciones públicas que han sido hackeadas, el daño que ello hace a la imagen, las pérdidas económicas, los cambios en el ámbito social (hábitos de consumo, privacidad de datos), etc. Sin embargo, el común de los hackers percibe que sus actuaciones están principalmente orientadas a la promoción del cambio a nivel de los individuos, y al fomento del desarrollo personal, no tanto la transformación social, política o económica.

Naturalmente, la importancia de estas comunidades radica en la escala, ya que ciertamente, las acciones (ociosas) de los desarrolladores pueden tener consecuencias sistémicas. Ello añade un nuevo nivel de complejidad al estudio de las dinámicas de los hackers, ya que acciones a menudo (percibidas como) triviales, pueden llevar a efectos colaterales con una dimensión mucho mayor, alcanzando esferas económicas, sociales o políticas. Y es que ya lo escribía Eduardo Galeano: “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

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¿Influye la religión sobre el emprendimiento?
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Jon Mikel Zabala | 25-04-2017 | 7:00| 0

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Esperamos que nuestros lectores hayan disfrutado de una bonita Semana Santa, que les haya ayudado a desconectar de sus quehaceres habituales, a visitar a amigos y familiares, y a disfrutar de alguna buena lectura o de actividades al aire libre… como las procesiones. Y es que si hay un elemento característico de la Semana Santa, ese es la religión.

Crecientemente, la literatura sobre emprendimiento está abordando el estudio de la influencia que las instituciones sociales y culturales (i.e. creencias, valores, cultura, historia) tienen sobre la actividad empresarial. En este sentido, la religión constituye un elemento central entre estos factores institucionales. La literatura sobre la nueva teoría institucional (i.e. new institutional theory) ha teorizado recientemente sobre los medios a través de los cuales la expresión religiosa y las instituciones religiosas podrían apoyar el espíritu empresarial. Esta literatura se remonta a la obra de Max Weber y sus contribuciones sobre la ética del trabajo, en las que cuestionaba si ciertas formas de religión (en el caso de Weber, el protestantismo calvinista) promovían una ética de trabajo basada en el emprendimiento o en el capitalismo. Dignos de mención son también los trabajos de Robert Barro sobre religión y crecimiento. En este caso vamos a hacer referencia a Andrew Henley, catedrático de economía y emprendimiento de la Universidad de Cardiff, quien ha continuado esta línea de investigación, realizando recientemente un interesante estudio en el que evalúa la posibilidad de que exista un nuevo nexo entre la religión y el emprendimiento.

Para ello, el autor emplea una amplia diversidad de datos, a escala nacional, provenientes de diversas fuentes como la World Values Survey, la World Christian Database, la Association of Religion Data Archives, y el Global Entrepreneurship Monitor, en las que trata de evaluar la existencia de dicho nexo entre religión y emprendimiento para varias religiones (Cristianismo, Hinduísmo, Musulmán, Budismo, Judaísmo, etc.). Desde un punto de vista institucionalista, dicho estudio tiene una clara racionalidad, ya que la religión juega un papel central como transmisora de valores y normas sociales. Las identidades religiosas son socialmente construidas, abarcando consideraciones culturales y sociales más amplias, y por lo tanto no pueden limitarse al individuo. La conclusión a la que llega Henley consiste en que la religión no tiene por qué promover ni inhibir necesariamente el emprendimiento, sino que influye en el hecho de que pueda promover la transmisión de ciertos valores culturales en ciertos contextos sociales, que a su vez influyan sobre el espíritu emprendedor.

Figura 1.- Influencia de la religión sobre el emprendimiento

Fuente: Henley (2016)

Como se puede observar en la Figura anterior, el autor concluye que la relación entre religión y emprendimiento queda determinada por una serie de factores mediadores. Estos pueden abarcar factores psicológicos individuales como la motivación para emprender, o la disponibilidad de redes profesionales en el sector en el que se desea iniciar una nueva actividad. A su vez, estos factores individuales podrían estar influidos por otros determinantes institucionales (culturales, normativos y cognitivos) que podrían influir por ejemplo en el capital social y en el acceso a redes empresariales (contactos) a través de grupos afines que comparten valores religiosos comunes y construyen una misma identidad social.

Esta conclusión acerca del papel que desempeñan la pertenencia a ciertos grupos sociales, o la posesión de ciertos valores me ha hecho recordar el viaje que en verano de 2016 hicimos a la India con los alumnos de la Universidad de Deusto, en el marco de la asignatura de Intercultural Immersion Programme, y donde tuvimos la gran suerte de poder visitar a la Fundación Vicente Ferrer y conocer su labor de primera mano, tanto que nos la contó la misma Anna Ferrer. Durante dicho viaje pudimos conocer cómo la misión de la fundación consiste en erradicar la pobreza extrema a través del desarrollo de proyectos, promoviendo la creación y difusión de valores como el compromiso, transparencia, proximidad, humanismo, independencia económica, política y religiosa, acción, positivismo, excelencia, dinamismo o la creatividad. Para concluir este post, y para extender nuestro agradecimiento a las personas que nos acompañaron durante dicha visita, por el aprendizaje y la lección de vida que nos ofrecieron, quisiera hacer referencia a una de las frases que caracterizaron la vida de Vicente Ferrer:

“Estamos aquí para remediar el sufrimiento, la pobreza y las injusticias. Éste es el sentido de nuestras vidas, la respuesta a qué somos, por qué, y para qué estamos aquí”.

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La miopía se dispara
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Jon Mikel Zabala | 21-03-2017 | 7:00| 0

@jonmizabala

Todos conocemos, padecemos o sabemos en qué consiste la miopía: una elongación del globo ocular que hace que el reflejo de la luz se produzca frente a la retina en lugar de directamente sobre ésta, con la consiguiente pérdida de visión. En casos más graves, la deformación ocular puede ser mayor, estrechando las regiones internas del ojo y aumentando el riesgo de desprendimiento de retina, de cataratas, glaucoma e incluso pudiendo provocar la ceguera. Dado que el ojo crece durante la infancia, la miopía suele emerger en edades tempranas (etapa escolar y adolescente), prolongándose a lo largo de toda la vida, y provocando pérdidas de visión de manera progresiva a medida que envejecemos.

Tal y como expone Elie Dolgin en la revista Nature, hace 60 años, entre el 10 y el 20% de la población china padecía miopía. En la actualidad, el 90% de los adolescentes y jóvenes adultos padece este problema. En Seúl, el 96,5% de los varones de 19 años de edad son miopes. Otras zonas geográficas, como Europa y Estados Unidos, también se han visto afectadas, duplicándose la prevalencia de la miopía con respecto a hace medio siglo. En este sentido, Brian Holden, Profesor de la Escuela de Optometría y Ciencias de la Visión de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Sydney, Australia), ha coordinado un estudio de prospectiva en el que se preguntaban acerca de la evolución que los índices de miopía puedan sufrir a escala global hasta el año 2050. Y las conclusiones a las que llegan deberían hacernos reflexionar. Sus resultados estiman que de los 1.406 millones de personas con miopía (22,9% de la población mundial) y 163 millones de personas con miopía alta (2,7% de la población mundial) en el 2000, pasaremos en 2050 a una sociedad en la que habrá 4.758 millones de personas con miopía (49,8% de la población mundial) y 938 millones de personas con miopía alta (9,8% de la población mundial).

Figura 1.- Prevalencia de la miopía a lo largo del tiempo (% del total de la población)

Fuente: Kwon (2017)

Una de las conclusiones de su estudio es que la miopía es una enfermedad determinada socialmente, es decir, dependiente de nuestro comportamiento, y no un trastorno genético y heredable. La pregunta es clara: ¿qué factores inciden de manera más significativa sobre la probabilidad de que l@s niñ@s puedan adquirir miopía en edades tempranas? Una de las creencias populares más extendidas socialmente es aquella en la que se achaca el aumento de la miopía al tiempo que dedicamos a mirar la TV, la pantalla de ordenador, etc. Sin embargo, la evidencia científica apunta de forma clara en otra dirección. En 2007, el equipo dirigido por Lisa Jones, de la Ohio State University (Columbus, Ohio), realizó un experimento en el que hicieron un seguimiento a más de 500 niños de ocho y nueve años con una visión saludable. El equipo examinó la forma en que los niños pasaban sus días, qué deportes practicaban, cuánto tiempo pasaban al aire libre, etc. Cinco años más tarde, volvieron a evaluar a los 500 niños. Uno de cada cinco había desarrollado miopía, y el único factor ambiental que estaba fuertemente asociado con dicho trastorno de la visión era el tiempo que estos niños habían pasado al aire libre. Este mismo experimento fue replicado más tarde en Sydney (Australia), pero sobre una base de 4.000 niñ@s en educación primaria y secundaria, observándose un efecto similar tres años después de comenzar el seguimiento: l@s niñ@s que pasaban más tiempo en el exterior, en condiciones de luz natural, mostraban un menor riesgo de desarrollar miopía.

La causante de la miopía no es otra que la dopamina. La exposición a la luz natural diurna estimula la liberación de este neurotransmisor en la retina. Los resultados de los estudios anteriores apuntan a que bajo una iluminación débil (típica de interiores), la segregación de dopamina se interrumpe, con consecuencias para el crecimiento de los ojos, y provocando una mayor probabilidad de convertirnos en miopes. Los estudios epidemiológicos desarrollados por Ian Morgan, investigador de miopía de la Universidad Nacional de Australia en Canberra, estiman que los niños necesitan pasar alrededor de tres horas al día bajo niveles de luz de por lo menos 10.000 lux para estar protegidos contra la miopía. Este nivel de lux es equivalente al que podemos experimentar cuando estamos sentados bajo un árbol sombrío, con gafas de sol, en un día de verano. Un día nublado puede proporcionar menos de 10.000 lux, y una oficina, o un aula bien iluminada no suele contar con más de 500 lux.

Algunos colegios ya se han puesto manos a la obra en algunas iniciativas experimentales, como la construcción de aulas con techos y paredes traslúcidas que permiten que penetre luz natural. Otros están apostando por incrementar el número (y el tiempo) de actividades al aire libre en las escuelas. Tal vez sea hora de tomar nota y volver a pasar más tiempo en el parque, comiendo la merienda al aire libre y jugando con el balón, la cuerda, y lagartijas, mariposas y hormigas, en vez de ver dibujos animados en casa en los que lagartijas, mariposas y hormigas virtuales nos enseñan a jugar al balón o a saltar a la cuerda.

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Surfeando, aprendiendo y emprendiendo en entornos de alta velocidad
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Jon Mikel Zabala | 28-02-2017 | 7:00| 0

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Hace unas semanas, debatíamos aquí sobre el propósito de la educación emprendedora, y presentábamos la posición adoptada por el campus de San Sebastián de la Universidad de Deusto a través del programa iNNoVaNDiS. Como ya anunciamos, el pasado 18 de febrero de 2017 celebramos el “X Aniversario” del programa, en el que participaron más de 50 estudiantes de diferentes promociones, y en el que además de volver a vernos después de varios años, pudimos aprender de la experiencia de una persona que no dejó indiferente a ninguno de los allí presentes: Aitor Francesena.

Aitor se definió a sí mismo como un soñador. Desde niño sintió algo especial por el surf. Aquellos americanos australianos que venían a Zarautz a practicar surf en los 80s no lo dejaban indiferente. Así que con sólo 18 años decidió abrir la primera escuela de surf del estado, Zarautz Surf Eskola. Como relataba Aitor, el día en el que comenzaron oficialmente a impartir las clases de surf, se acercaron 5 niños, por lo que quedaba claro que si esa era la demanda, el objetivo inicial debía ser el de formar a niños. Al llegar el invierno, y no poder surfear en Zarautz, con el dinero ganado en verano, los amigos se fueron a Australia para poder surfear allí. Sin embargo, al año siguiente la demanda había crecido significativamente (15 niños), por lo que los padres les plantean la posibilidad de poder abrir la escuela de surf durante todo el año. Pero, ¿y la factibilidad de la idea? Los inviernos en Zarautz conllevan, frío, poca luz, olas demasiado grandes para principiantes, corrientes fuertes, etc. Si querían abrir la escuela de surf durante todo el año, no valía con surfear olas. Hacía falta físico, técnica, táctica, materiales y psicología, por lo que Aitor se puso a estudiar para sacar el título de preparador físico, ya que carecía de muchas de estas competencias necesarias. El resultado de ello fue que definió un método de enseñanza, que hoy en día es considerado como el standard en la mayor parte de las escuelas de surf en el mundo. Sin embargo, a medida que los años pasaban y los niños se iban convirtiendo en adolescentes, los 15 chavales que empezaron con la idea de surfear durante todo el año, iban teniendo otras prioridades, salir con los amigos, ligar, otros vicios, etc. Finalmente, sólo quedó uno: un tal Aritz Aranburu.

Aitor compartía con nosotros que uno de sus lemas es el de “creer, crear y crecer”, y nos visualizó este aprendizaje suyo a través del siguiente “mantra”: bola pequeña, bola mediana, “big” bola. Sin embargo, la experiencia de Aitor demuestra que para poder crecer no se puede pensar en cómo la bola pequeña se va a convertir en un gran bola, sino que hay que trabajar día a día en aquello en lo que quieres mejorar, simplemente porque te apasiona. Crecer es siempre una consecuencia del trabajo bien hecho. La sociedad, el mercado, los clientes, etc. sólo llegan a ver la bola final (p.e. al emerger la figura de Aritz, todos los padres querían que Aitor entrenara a sus hijos), pero es raro que alguien crea en ti cuando estás con la bola pequeña rondando en la cabeza (p.e. nadie creía que Aritz pudiera ser campeón de Euskadi de surf, ni campeón de Europa, ni llegar a la World Surf League…).

Hasta aquí, la historia de Aitor no dista mucho de la de cualquier emprendedor. Sin embargo, hay algo que hace que la historia emprendedora de Aitor sea distinta a la de los demás. Y es que Aitor nació con glaucoma congénito. Con 14 años una operación no salió como se pensaba y perdió la visión de su ojo derecho. Cuando ya habían conseguido frenar el glaucoma del ojo sano le detectaron otra enfermedad, en esta ocasión en la córnea, que requería de un trasplante. Hace 4 años, y tras dos intentos fallidos de trasplante de córnea, surfeando perdió definitivamente la visión del ojo izquierdo en un accidente. Aitor ha vivido con la certeza de que iba a quedarse ciego desde que era un niño, sabiendo que en algún momento la espada de Damocles caería ineludiblemente sobre él. Esto hace que la vida de Aitor pueda ser caracterizada como un entorno de alta velocidad. Una de las frases con la que Aitor compartía esta sensación de inestabilidad era: “quiero verlo todo antes de no ver nada, hay que vivir la vida a tope”. Investigadores como Kathleen Eisenhardt han sido pioneros en el estudio de las características de los entornos de alta velocidad. En ellos, los cambios y las dinámicas que se producen (organizacionales y estructurales) son mucho más rápidas de lo que cabría esperarse, tienen un carácter abrupto y disruptivo, y además son impredecibles.

Además de ser entrenador y surfista, Aitor también ha escrito varios libros, como “las olas contadas”, específico para la persona que se inicia en el surf, y “querer es poder”, en el que se ofrecen contenidos más avanzados sobre el surf. Ahora se encuentra elaborando una trilogía de cómics “a tope“. Y es que según su experiencia, lo que le ha ayudado a superar los envites que le ha dado la vida ha sido vivir a tope, haciendo mil cosas, teniendo siempre la cabeza ocupada, y sobre todo sueños. Naturalmente, Aitor no es un Superman, y también ha pasado por momentos en los que se ha quedado sentado en la esquina de la cama, pensando por qué le ha tocado vivir ciertas situaciones, y qué hacer para darle la vuelta. Pero tal y como compartió con nosotros, “si no empiezo hoy, no acabo nunca”.

A la hora de emprender, Aitor afirmaba que la esencia de cualquier proyecto es su viabilidad y la factibilidad en la definición de los objetivos. Y es que al desarrollar cualquier proyecto, la fase en la que más recursos se deben invertir es en la definición de la idea y a dónde se quiere llegar. Para ello, él se guía por las 3S: Sacrificio (dedicación y esfuerzo), Superación (mejorar, ir a más, dominar más aún aquello que sabes), y finalmente, Satisfacción. Aitor no cree en el talento innato, sino en la constancia del trabajo, en el valor del equipo, y en la importancia del trabajo en equipo, tres conceptos que distingue claramente.

Son muchos los aprendizajes que extrajimos de la charla que pudimos compartir con Aitor, tanto del surf, de la educación, del emprendimiento, como de la vida en general. Esperemos que todo lo que Aitor nos quiso transmitir quede grabado en nuestras retinas. Milesker Gallo. ¡¡¡Siempre a tope!!!

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Emprendimiento: ¿cuestión de formación o de sensación?
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Jon Mikel Zabala | 07-02-2017 | 7:00| 0

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En un post anterior, nos hacíamos eco de una pregunta que muchos de nosotros nos hemos formulado alguna vez (o muchas) a lo largo de nuestras vidas: y yo ¿qué voy a ser de mayor? En él nos preguntábamos cuáles podrían ser las profesiones que más y menos podrían crecer en los próximos años. Naturalmente, las profesiones del futuro dependerán en gran medida del desarrollo tecnológico, pero también de las oportunidades que los emprendedores sean capaces de identificar y de las ideas que éstos sean capaces de generar para poder satisfacer dichas oportunidades (o necesidades creadas). En este sentido, nuestro compañero Iñaki Erauskin se preguntaba en su post de la semana pasada, si la identificación de estas oportunidades resultaba cada vez más dificultosa o no.

El emprendimiento está en auge. Son varios los autores que apuestan por el emprendimiento como una de las soluciones al creciente desempleo que se está observando en la mayoría de las economías (puedes ver un ejemplo aquí, aquí y aquí). Incluso hay autores como Mariana Mazzucato que consideran que el primer actor que debería participar en el emprendimiento como vehículo para la identificación y generación de nuevas oportunidades debería ser el propio estado. En aras de poder dotar a las sociedades con una base de conocimientos que fomente el emprendimiento son numerosas las iniciativas que se han desarrollado en las últimas décadas sobre formación emprendedora. Probablemente, al decir estas palabras al lector se le vengan a la mente programas de emprendimiento como los del Media Lab del MIT, el Arthur Rock Center de la Universidad de Harvard, el Arthur M. Black Center for Entrepreneurship del Babson College, o el Technology Ventures Program de la Universidad de Stanford. Sin embargo, prácticamente la totalidad de las universidades del mundo tienen programas orientados a la formación emprendedora. Incluso la Comisión Europea ha elaborado una guía como ayuda al docente para favorecer la inclusión de elementos emprendedores en el currículum académico.

Uno de los elementos comunes a la práctica totalidad de todos estos programas radica en que además de dotar a los estudiantes universitarios de un aprendizaje sobre la parte técnica, financiera y organizativa asociadas a la actividad emprendedora, se espera que éstos generen una empresa durante su etapa formativa. Los resultados sobre la eficacia de este tipo de cursos muestran una clara dicotomía. Por un lado, los alumnos tienden a valorar de manera muy satisfactoria los contenidos ofrecidos en ellos. Sin embargo, y al mismo tiempo, tras dicha formación los estudiantes comprenden que muchos de ellos no tienen los valores (que no el valor) para seguir una carrera emprendedora. Ello conlleva que a pesar de que los alumnos se vean ‘forzados’ a generar sus empresas en dichos cursos, no sólo no son capaces de mantener la actividad de éstas en el tiempo, sino que además ese aprendizaje que debería fomentar las intenciones emprendedoras se ‘pierde’ en el tiempo.

¿Cuál debería ser entonces el propósito principal de la educación emprendedora? ¿Mejorar las intenciones emprendedoras de los estudiantes o ayudar a los estudiantes a entender qué es una carrera emprendedora? Si nos atenemos a la primera perspectiva, entonces deberíamos ayudar a los estudiantes a generar empresas, aun siendo conscientes de la elevada probabilidad de fracaso tanto organizativo como personal, ya que ni la nueva empresa se mantiene en el tiempo ni el alumno consigue ‘exportar’ su aprendizaje a organizaciones ya existentes. Si por el contrario nos atenemos a la segunda perspectiva, entonces deberíamos hacer más énfasis en los valores (personales y profesionales) y las necesidades (financieras, estructurales, organizativas) que están asociados al emprendimiento.

En nuestro caso, la Universidad de Deusto ha optado por la segunda vía. En el año 2005 la Universidad de Deusto en su campus de San Sebastián se propuso formar a jóvenes universitarios para que sean capaces de identificar y potenciar sus talentos, y generar y aprovechar oportunidades. Pero, sobre todo, que quieran y que se sientan capaces de emprender. iNNoVaNDiS constituye un programa de formación de tres años de duración, en el que han tomado parte más de 330 personas. Sin embargo, la generación de nuevas empresas no es un objetivo del programa, aunque son varias las start-ups que han surgido en el marco de iNNoVaNDiS. Por el contrario, la razón de ser del programa es que ser emprendedor radica en una manera de pensar, una forma de actuar y una identidad personal. El enfoque seguido en iNNoVaNDiS está orientado a la acción, de modo que los estudiantes adopten una voluntad hacia la acción y adquieran una sensación de capacidad para cambiar las cosas allá de donde estén trabajando, bien sea una organización establecida ajena o una nueva iniciativa propia. Por tanto, si surgen start-ups, será una consecuencia de que los alumnos han adquirido los fundamentos para el desarrollo de las intenciones emprendedoras y han identificado una oportunidad viable en el contexto en el que están, no un fin en sí mismo.

El próximo 18 de febrero de 2017, celebraremos el “X Aniversario” de iNNoVaNDiS, en el que juntaremos a estudiantes de diferentes cohortes, a los profesores que han participado en el programa en este tiempo, a los emprendedores que han identificado oportunidades y han lanzado sus ideas empresariales, a socios colaboradores, y demás personas que han apoyado el programa de alguna manera. Esperemos que dentro de 10 años, volvamos a estar aquí para contar que iNNoVaNDiS sigue ‘dejando huella’ y que ‘nuestra sociedad’, sigue beneficiándose de los valores que tratamos de inculcar a ‘sus estudiantes’.

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