Diario Vasco
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Autor: Jon Mikel Zabala
La miopía se dispara
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Jon Mikel Zabala | 21-03-2017 | 7:00| 0

@jonmizabala

Todos conocemos, padecemos o sabemos en qué consiste la miopía: una elongación del globo ocular que hace que el reflejo de la luz se produzca frente a la retina en lugar de directamente sobre ésta, con la consiguiente pérdida de visión. En casos más graves, la deformación ocular puede ser mayor, estrechando las regiones internas del ojo y aumentando el riesgo de desprendimiento de retina, de cataratas, glaucoma e incluso pudiendo provocar la ceguera. Dado que el ojo crece durante la infancia, la miopía suele emerger en edades tempranas (etapa escolar y adolescente), prolongándose a lo largo de toda la vida, y provocando pérdidas de visión de manera progresiva a medida que envejecemos.

Tal y como expone Elie Dolgin en la revista Nature, hace 60 años, entre el 10 y el 20% de la población china padecía miopía. En la actualidad, el 90% de los adolescentes y jóvenes adultos padece este problema. En Seúl, el 96,5% de los varones de 19 años de edad son miopes. Otras zonas geográficas, como Europa y Estados Unidos, también se han visto afectadas, duplicándose la prevalencia de la miopía con respecto a hace medio siglo. En este sentido, Brian Holden, Profesor de la Escuela de Optometría y Ciencias de la Visión de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Sydney, Australia), ha coordinado un estudio de prospectiva en el que se preguntaban acerca de la evolución que los índices de miopía puedan sufrir a escala global hasta el año 2050. Y las conclusiones a las que llegan deberían hacernos reflexionar. Sus resultados estiman que de los 1.406 millones de personas con miopía (22,9% de la población mundial) y 163 millones de personas con miopía alta (2,7% de la población mundial) en el 2000, pasaremos en 2050 a una sociedad en la que habrá 4.758 millones de personas con miopía (49,8% de la población mundial) y 938 millones de personas con miopía alta (9,8% de la población mundial).

Figura 1.- Prevalencia de la miopía a lo largo del tiempo (% del total de la población)

Fuente: Kwon (2017)

Una de las conclusiones de su estudio es que la miopía es una enfermedad determinada socialmente, es decir, dependiente de nuestro comportamiento, y no un trastorno genético y heredable. La pregunta es clara: ¿qué factores inciden de manera más significativa sobre la probabilidad de que l@s niñ@s puedan adquirir miopía en edades tempranas? Una de las creencias populares más extendidas socialmente es aquella en la que se achaca el aumento de la miopía al tiempo que dedicamos a mirar la TV, la pantalla de ordenador, etc. Sin embargo, la evidencia científica apunta de forma clara en otra dirección. En 2007, el equipo dirigido por Lisa Jones, de la Ohio State University (Columbus, Ohio), realizó un experimento en el que hicieron un seguimiento a más de 500 niños de ocho y nueve años con una visión saludable. El equipo examinó la forma en que los niños pasaban sus días, qué deportes practicaban, cuánto tiempo pasaban al aire libre, etc. Cinco años más tarde, volvieron a evaluar a los 500 niños. Uno de cada cinco había desarrollado miopía, y el único factor ambiental que estaba fuertemente asociado con dicho trastorno de la visión era el tiempo que estos niños habían pasado al aire libre. Este mismo experimento fue replicado más tarde en Sydney (Australia), pero sobre una base de 4.000 niñ@s en educación primaria y secundaria, observándose un efecto similar tres años después de comenzar el seguimiento: l@s niñ@s que pasaban más tiempo en el exterior, en condiciones de luz natural, mostraban un menor riesgo de desarrollar miopía.

La causante de la miopía no es otra que la dopamina. La exposición a la luz natural diurna estimula la liberación de este neurotransmisor en la retina. Los resultados de los estudios anteriores apuntan a que bajo una iluminación débil (típica de interiores), la segregación de dopamina se interrumpe, con consecuencias para el crecimiento de los ojos, y provocando una mayor probabilidad de convertirnos en miopes. Los estudios epidemiológicos desarrollados por Ian Morgan, investigador de miopía de la Universidad Nacional de Australia en Canberra, estiman que los niños necesitan pasar alrededor de tres horas al día bajo niveles de luz de por lo menos 10.000 lux para estar protegidos contra la miopía. Este nivel de lux es equivalente al que podemos experimentar cuando estamos sentados bajo un árbol sombrío, con gafas de sol, en un día de verano. Un día nublado puede proporcionar menos de 10.000 lux, y una oficina, o un aula bien iluminada no suele contar con más de 500 lux.

Algunos colegios ya se han puesto manos a la obra en algunas iniciativas experimentales, como la construcción de aulas con techos y paredes traslúcidas que permiten que penetre luz natural. Otros están apostando por incrementar el número (y el tiempo) de actividades al aire libre en las escuelas. Tal vez sea hora de tomar nota y volver a pasar más tiempo en el parque, comiendo la merienda al aire libre y jugando con el balón, la cuerda, y lagartijas, mariposas y hormigas, en vez de ver dibujos animados en casa en los que lagartijas, mariposas y hormigas virtuales nos enseñan a jugar al balón o a saltar a la cuerda.

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Surfeando, aprendiendo y emprendiendo en entornos de alta velocidad
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Jon Mikel Zabala | 28-02-2017 | 7:00| 0

@jonmizabala

Hace unas semanas, debatíamos aquí sobre el propósito de la educación emprendedora, y presentábamos la posición adoptada por el campus de San Sebastián de la Universidad de Deusto a través del programa iNNoVaNDiS. Como ya anunciamos, el pasado 18 de febrero de 2017 celebramos el “X Aniversario” del programa, en el que participaron más de 50 estudiantes de diferentes promociones, y en el que además de volver a vernos después de varios años, pudimos aprender de la experiencia de una persona que no dejó indiferente a ninguno de los allí presentes: Aitor Francesena.

Aitor se definió a sí mismo como un soñador. Desde niño sintió algo especial por el surf. Aquellos americanos australianos que venían a Zarautz a practicar surf en los 80s no lo dejaban indiferente. Así que con sólo 18 años decidió abrir la primera escuela de surf del estado, Zarautz Surf Eskola. Como relataba Aitor, el día en el que comenzaron oficialmente a impartir las clases de surf, se acercaron 5 niños, por lo que quedaba claro que si esa era la demanda, el objetivo inicial debía ser el de formar a niños. Al llegar el invierno, y no poder surfear en Zarautz, con el dinero ganado en verano, los amigos se fueron a Australia para poder surfear allí. Sin embargo, al año siguiente la demanda había crecido significativamente (15 niños), por lo que los padres les plantean la posibilidad de poder abrir la escuela de surf durante todo el año. Pero, ¿y la factibilidad de la idea? Los inviernos en Zarautz conllevan, frío, poca luz, olas demasiado grandes para principiantes, corrientes fuertes, etc. Si querían abrir la escuela de surf durante todo el año, no valía con surfear olas. Hacía falta físico, técnica, táctica, materiales y psicología, por lo que Aitor se puso a estudiar para sacar el título de preparador físico, ya que carecía de muchas de estas competencias necesarias. El resultado de ello fue que definió un método de enseñanza, que hoy en día es considerado como el standard en la mayor parte de las escuelas de surf en el mundo. Sin embargo, a medida que los años pasaban y los niños se iban convirtiendo en adolescentes, los 15 chavales que empezaron con la idea de surfear durante todo el año, iban teniendo otras prioridades, salir con los amigos, ligar, otros vicios, etc. Finalmente, sólo quedó uno: un tal Aritz Aranburu.

Aitor compartía con nosotros que uno de sus lemas es el de “creer, crear y crecer”, y nos visualizó este aprendizaje suyo a través del siguiente “mantra”: bola pequeña, bola mediana, “big” bola. Sin embargo, la experiencia de Aitor demuestra que para poder crecer no se puede pensar en cómo la bola pequeña se va a convertir en un gran bola, sino que hay que trabajar día a día en aquello en lo que quieres mejorar, simplemente porque te apasiona. Crecer es siempre una consecuencia del trabajo bien hecho. La sociedad, el mercado, los clientes, etc. sólo llegan a ver la bola final (p.e. al emerger la figura de Aritz, todos los padres querían que Aitor entrenara a sus hijos), pero es raro que alguien crea en ti cuando estás con la bola pequeña rondando en la cabeza (p.e. nadie creía que Aritz pudiera ser campeón de Euskadi de surf, ni campeón de Europa, ni llegar a la World Surf League…).

Hasta aquí, la historia de Aitor no dista mucho de la de cualquier emprendedor. Sin embargo, hay algo que hace que la historia emprendedora de Aitor sea distinta a la de los demás. Y es que Aitor nació con glaucoma congénito. Con 14 años una operación no salió como se pensaba y perdió la visión de su ojo derecho. Cuando ya habían conseguido frenar el glaucoma del ojo sano le detectaron otra enfermedad, en esta ocasión en la córnea, que requería de un trasplante. Hace 4 años, y tras dos intentos fallidos de trasplante de córnea, surfeando perdió definitivamente la visión del ojo izquierdo en un accidente. Aitor ha vivido con la certeza de que iba a quedarse ciego desde que era un niño, sabiendo que en algún momento la espada de Damocles caería ineludiblemente sobre él. Esto hace que la vida de Aitor pueda ser caracterizada como un entorno de alta velocidad. Una de las frases con la que Aitor compartía esta sensación de inestabilidad era: “quiero verlo todo antes de no ver nada, hay que vivir la vida a tope”. Investigadores como Kathleen Eisenhardt han sido pioneros en el estudio de las características de los entornos de alta velocidad. En ellos, los cambios y las dinámicas que se producen (organizacionales y estructurales) son mucho más rápidas de lo que cabría esperarse, tienen un carácter abrupto y disruptivo, y además son impredecibles.

Además de ser entrenador y surfista, Aitor también ha escrito varios libros, como “las olas contadas”, específico para la persona que se inicia en el surf, y “querer es poder”, en el que se ofrecen contenidos más avanzados sobre el surf. Ahora se encuentra elaborando una trilogía de cómics “a tope“. Y es que según su experiencia, lo que le ha ayudado a superar los envites que le ha dado la vida ha sido vivir a tope, haciendo mil cosas, teniendo siempre la cabeza ocupada, y sobre todo sueños. Naturalmente, Aitor no es un Superman, y también ha pasado por momentos en los que se ha quedado sentado en la esquina de la cama, pensando por qué le ha tocado vivir ciertas situaciones, y qué hacer para darle la vuelta. Pero tal y como compartió con nosotros, “si no empiezo hoy, no acabo nunca”.

A la hora de emprender, Aitor afirmaba que la esencia de cualquier proyecto es su viabilidad y la factibilidad en la definición de los objetivos. Y es que al desarrollar cualquier proyecto, la fase en la que más recursos se deben invertir es en la definición de la idea y a dónde se quiere llegar. Para ello, él se guía por las 3S: Sacrificio (dedicación y esfuerzo), Superación (mejorar, ir a más, dominar más aún aquello que sabes), y finalmente, Satisfacción. Aitor no cree en el talento innato, sino en la constancia del trabajo, en el valor del equipo, y en la importancia del trabajo en equipo, tres conceptos que distingue claramente.

Son muchos los aprendizajes que extrajimos de la charla que pudimos compartir con Aitor, tanto del surf, de la educación, del emprendimiento, como de la vida en general. Esperemos que todo lo que Aitor nos quiso transmitir quede grabado en nuestras retinas. Milesker Gallo. ¡¡¡Siempre a tope!!!

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Emprendimiento: ¿cuestión de formación o de sensación?
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Jon Mikel Zabala | 07-02-2017 | 7:00| 0

@jonmizabala

En un post anterior, nos hacíamos eco de una pregunta que muchos de nosotros nos hemos formulado alguna vez (o muchas) a lo largo de nuestras vidas: y yo ¿qué voy a ser de mayor? En él nos preguntábamos cuáles podrían ser las profesiones que más y menos podrían crecer en los próximos años. Naturalmente, las profesiones del futuro dependerán en gran medida del desarrollo tecnológico, pero también de las oportunidades que los emprendedores sean capaces de identificar y de las ideas que éstos sean capaces de generar para poder satisfacer dichas oportunidades (o necesidades creadas). En este sentido, nuestro compañero Iñaki Erauskin se preguntaba en su post de la semana pasada, si la identificación de estas oportunidades resultaba cada vez más dificultosa o no.

El emprendimiento está en auge. Son varios los autores que apuestan por el emprendimiento como una de las soluciones al creciente desempleo que se está observando en la mayoría de las economías (puedes ver un ejemplo aquí, aquí y aquí). Incluso hay autores como Mariana Mazzucato que consideran que el primer actor que debería participar en el emprendimiento como vehículo para la identificación y generación de nuevas oportunidades debería ser el propio estado. En aras de poder dotar a las sociedades con una base de conocimientos que fomente el emprendimiento son numerosas las iniciativas que se han desarrollado en las últimas décadas sobre formación emprendedora. Probablemente, al decir estas palabras al lector se le vengan a la mente programas de emprendimiento como los del Media Lab del MIT, el Arthur Rock Center de la Universidad de Harvard, el Arthur M. Black Center for Entrepreneurship del Babson College, o el Technology Ventures Program de la Universidad de Stanford. Sin embargo, prácticamente la totalidad de las universidades del mundo tienen programas orientados a la formación emprendedora. Incluso la Comisión Europea ha elaborado una guía como ayuda al docente para favorecer la inclusión de elementos emprendedores en el currículum académico.

Uno de los elementos comunes a la práctica totalidad de todos estos programas radica en que además de dotar a los estudiantes universitarios de un aprendizaje sobre la parte técnica, financiera y organizativa asociadas a la actividad emprendedora, se espera que éstos generen una empresa durante su etapa formativa. Los resultados sobre la eficacia de este tipo de cursos muestran una clara dicotomía. Por un lado, los alumnos tienden a valorar de manera muy satisfactoria los contenidos ofrecidos en ellos. Sin embargo, y al mismo tiempo, tras dicha formación los estudiantes comprenden que muchos de ellos no tienen los valores (que no el valor) para seguir una carrera emprendedora. Ello conlleva que a pesar de que los alumnos se vean ‘forzados’ a generar sus empresas en dichos cursos, no sólo no son capaces de mantener la actividad de éstas en el tiempo, sino que además ese aprendizaje que debería fomentar las intenciones emprendedoras se ‘pierde’ en el tiempo.

¿Cuál debería ser entonces el propósito principal de la educación emprendedora? ¿Mejorar las intenciones emprendedoras de los estudiantes o ayudar a los estudiantes a entender qué es una carrera emprendedora? Si nos atenemos a la primera perspectiva, entonces deberíamos ayudar a los estudiantes a generar empresas, aun siendo conscientes de la elevada probabilidad de fracaso tanto organizativo como personal, ya que ni la nueva empresa se mantiene en el tiempo ni el alumno consigue ‘exportar’ su aprendizaje a organizaciones ya existentes. Si por el contrario nos atenemos a la segunda perspectiva, entonces deberíamos hacer más énfasis en los valores (personales y profesionales) y las necesidades (financieras, estructurales, organizativas) que están asociados al emprendimiento.

En nuestro caso, la Universidad de Deusto ha optado por la segunda vía. En el año 2005 la Universidad de Deusto en su campus de San Sebastián se propuso formar a jóvenes universitarios para que sean capaces de identificar y potenciar sus talentos, y generar y aprovechar oportunidades. Pero, sobre todo, que quieran y que se sientan capaces de emprender. iNNoVaNDiS constituye un programa de formación de tres años de duración, en el que han tomado parte más de 330 personas. Sin embargo, la generación de nuevas empresas no es un objetivo del programa, aunque son varias las start-ups que han surgido en el marco de iNNoVaNDiS. Por el contrario, la razón de ser del programa es que ser emprendedor radica en una manera de pensar, una forma de actuar y una identidad personal. El enfoque seguido en iNNoVaNDiS está orientado a la acción, de modo que los estudiantes adopten una voluntad hacia la acción y adquieran una sensación de capacidad para cambiar las cosas allá de donde estén trabajando, bien sea una organización establecida ajena o una nueva iniciativa propia. Por tanto, si surgen start-ups, será una consecuencia de que los alumnos han adquirido los fundamentos para el desarrollo de las intenciones emprendedoras y han identificado una oportunidad viable en el contexto en el que están, no un fin en sí mismo.

El próximo 18 de febrero de 2017, celebraremos el “X Aniversario” de iNNoVaNDiS, en el que juntaremos a estudiantes de diferentes cohortes, a los profesores que han participado en el programa en este tiempo, a los emprendedores que han identificado oportunidades y han lanzado sus ideas empresariales, a socios colaboradores, y demás personas que han apoyado el programa de alguna manera. Esperemos que dentro de 10 años, volvamos a estar aquí para contar que iNNoVaNDiS sigue ‘dejando huella’ y que ‘nuestra sociedad’, sigue beneficiándose de los valores que tratamos de inculcar a ‘sus estudiantes’.

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Ama, ¿y yo qué voy a ser de mayor?
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Jon Mikel Zabala | 17-01-2017 | 7:00| 0

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El pasado 10 de Enero de 2017 se cumplieron 10 años desde que la compañía fundada por Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne y con sede en Cupertino (California) lanzó su iPhone, ese dispositivo que no sólo nos ha cambiado la vida, sino que ha cambiado el mundo tal y como lo conocíamos hasta entonces. Para bien y para mal. El desarrollo tecnológico y la innovación son elementos fundamentales en la evolución humana y económica. Sin embargo, no podemos pasar por alto, que la tecnología y la innovación también están conllevando un incremento de la desigualdad, ya que automatizan muchos puestos de trabajo que se vuelven prescindibles, como apuntaba uno de nuestros lectores en un post anterior, y como han demostrado varios estudios.

Lo que hace que esta época sea distinta de otras como la Belle Époque, y que el desarrollo tecnológico se esté convirtiendo en un problema económico y social radica en la velocidad del mismo. Erik Brynjolfsson, profesor del MIT, argumenta que el desarrollo tecnológico se está acelerando de manera exponencial en las últimas décadas, principalmente como consecuencia de los grandes avances que se están produciendo en la computación (p.e. desarrollo de software, robótica, inteligencia artificial, big data). Brynjolfsson opina que existe el riesgo de que una creciente mayoría social vaya a perder sus puestos de trabajo en los próximos años como consecuencia de la automatización. Brynjolfsson defiende que lo que va a distinguir a aquellos perfiles que sobrevivirán este nuevo ciclo económico de aquellos que no lo harán es la capacidad de generar ideas que sean susceptibles de ser trasladadas a nuevos productos y servicios, y que den lugar a nuevos modelos de negocio en los que se puedan aprovechar aquellas ventajas que permite el desarrollo tecnológico, más que en la acumulación de capital.

Pero, ¿y qué perfiles profesionales van a crecer en los próximos años, y cuáles están en riesgo de desaparición? Son varios los posts en los que hemos tratado sobre esta temática aquí en Ekonomiaren Plaza (p.e. ‘Educar para el futuro’ (27/11/2012) y ‘Las máquinas y la destrucción del empleo’ (10/11/2015)). Según un estudio realizado por Jed Kolko, experto en el estudio de los mercados laborales y la demografía, las profesiones de mayor crecimiento futuro están relacionadas con la salud, principalmente como consecuencia de los avances que se han producido en relación a la fisioterapia, al tele-monitoreo de pacientes desde el hogar y a la enfermería. De igual modo, los técnicos de servicio de turbinas eólicas también tienen ‘condiciones atmosféricas’ (permítaseme la metáfora) favorables para los próximos años. Editores de contenidos, desarrolladores de software, matemáticos y estadísticos vinculados con la gestión e interpretación de bases de datos también se encontrarían entre las profesiones con mayor demanda.

Figura 1.- Profesiones con mayor tasa de crecimiento (2014-2024)

Fuente: http://jedkolko.com/wp-content/uploads/2015/12/fastest-growing-occupations.png

Por el contrario, ‘vientos huracanados’ soplan de cara para transportan aquellas profesiones que en mayor medida están siendo afectadas de manera directa por el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, como centrales de conmutación telefónica, secretariado, empleados de banca, correos, librerías, farmacéuticos, o mecanógrafos entre otros. Sectores como la agricultura, la silvicultura y la pesca también se encontrarían entre las ocupaciones en las que se esperan pérdidas de empleo.

Figura 2.- Profesiones con mayor riesgo de desaparición (2014-2024)

Fuente: http://jedkolko.com/wp-content/uploads/2015/12/fastest-declining-occupations.png

Por un lado, el problema que esta situación plantea no es otro que el de la conjunción de la oferta con la demanda. Mientras que la economía demanda de manera creciente ciertos tipos de perfiles con niveles de formación muy avanzados, no contamos con la misma proporción de mano de obra calificada. Como consecuencia de ello, en los países avanzados se observa que mientras que el porcentaje de empleo en las ocupaciones menos cualificadas y en las ocupaciones más cualificadas crece, las ocupaciones de cualificación intermedia (i.e. aquellas cuyo valor añadido está basado en actividades más rutinarias) se ven reducidas de manera significativa. Por otro lado, hay que destacar que las ocupaciones de mayor crecimiento se producen en sectores tradicionalmente dominados por mujeres. Según el estudio de Kolko, se prevé que las ocupaciones de mayoría femenina crezcan en un 7,7% en los próximos diez años, frente al 5,1% en las ocupaciones de mayoría masculina.

Figura 3.- Crecimiento del empleo por nivel educativo y género (2014-2024)

Fuente: http://jedkolko.com/wp-content/uploads/2015/12/job-growth-by-education-and-sex.png

Este pasado sábado, 14 de Enero de 2017, se celebró en nuestra Universidad la primera jornada de puertas abiertas para los alumn@s que estén interesad@s en completar su formación universitaria con nosotros, y una de las preguntas que se respiraban en el ambiente era precisamente la que da título a este post. Esperemos que este post les ayude a tomar alguna decisión.

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¿Pensamiento crítico o pensamiento en estado crítico?
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Jon Mikel Zabala | 13-12-2016 | 7:00| 0

@jonmizabala

Como los lectores conocerán, desde la Declaración de Bolonia, en las Universidades, además de las competencias específicas asociadas a las diferentes asignaturas, también hay una serie de competencias generales que el alumnado debe adquirir. En este primer cuatrimestre, la competencia genérica que hemos tenido que trabajar con los alumnos de primero del grado en Administración y Dirección de Empresas es la de pensamiento crítico, entendiendo por ello aquel comportamiento mental que cuestiona las cosas y se interesa por los fundamentos en los que se asientan las ideas, acciones y juicios, tanto propios como ajenos.

Una de las actividades que los alumnos deben realizar para poder desarrollar esta competencia consiste en indicarnos tres páginas web (wikis, sites especializados, periódicos, revistas, sites de estudiantes, etc.) que hayan utilizado durante este semestre, en relación a los contenidos de la asignatura, y ordenarlas de mejor a peor, especificando y razonando los criterios utilizados para establecer ese orden. En nuestro caso, y en relación con la asignatura de microeconomía, hemos realizado esta actividad conjuntamente entre mi grupo y los grupos de Iñaki Erauskin. De entre los posibles criterios que se les proporcionan, los alumnos pueden elegir por ejemplo entre el orden en el que aparece el enlace en los motores de búsqueda, el prestigio de los autores, si los autores son famosos (aparecen en los medios de comunicación de masas), la sencillez con la que se explican los conceptos, etc. Naturalmente, los alumnos pueden incluir cualquier otro criterio que ellos consideren relevante.

De entre las respuestas que nos han dado los alumnos, ahora que este primer cuatrimestre toca su fin, destaca por una amplia mayoría YouTube, debido a la accesibilidad de dicha plataforma, tanto para el uso en ordenador como en cualquier otro dispositivo móvil, además de a la amplia variedad de idiomas en la que se encuentran los contenidos disponibles en ella. Además, los alumnos destacan que es posible “medir” el prestigio del autor de un vídeo por sus suscripciones, visitas y comentarios (likes y dislikes). La segunda fuente más consultada es la Wikipedia, aunque en menor medida que YouTube, ya que aunque aparezca normalmente entre los primeros resultados de los motores de búsqueda, la información que aparece publicada en la misma puede ser modificada por cualquier persona, por lo que su rigor es menor, a tenor de los alumnos, que YouTube. Finalmente, la tercera opción que destacan los alumnos es la de aquellas plataformas en las que se puede interactuar entre la persona que lanza una pregunta y aquellas que quieren darle una respuesta, así como otros materiales complementarios a los empleados en clase como otros libros o plataformas como Investopedia o Khan Academy.

Una de las cosas que llaman la atención al escuchar las opiniones de los alumnos es que sus búsquedas se limitan a los primeros resultados (primera pantalla como máximo) de los motores de búsqueda. Es decir, a pesar de que a menudo demos por sentado que los “millenials” son nativos digitales, en realidad no se comportan como tal, y como cantaría Amaral, “sin Google no soy nada”. En segundo lugar, destaca que a pesar de que no sean capaces de identificar la fidelidad o precisión de las webs que consultan, siguen empleándolas. Así, para poder contrastar la veracidad de las fuentes que han consultado, la solución que plantean los alumnos es la de consultar todavía más fuentes (p.e. vídeos), lo que nos llevaría a una espiral sin fin.

Este problema acerca de la capacidad para poder valorar de manera crítica la utilidad de ciertas fuentes de información no es exclusivo de mis alumnos. Un reciente estudio de la Universidad de Stanford, en el que se ha contado con una población de 7.804 estudiantes de secundaria, ha concluido que el 82% de éstos no era capaz de distinguir entre noticias falsas y noticias reales. Se trata del mayor estudio científico que ha estudiado la forma en la que los adolescentes evalúan la información que encuentran en línea, y sus resultados son sorprendentes… y desconsoladores. Por ejemplo, la mayoría de los estudiantes otorgaban una mayor credibilidad a los tweets en función de la cantidad de detalles, tales como fotos, en lugar de basarse en si se citaban o no fuentes. Así, casi cuatro de cada diez estudiantes creyeron, basándose en el titular, que una foto de margaritas deformadas constituía una fuerte evidencia de las condiciones tóxicas existentes cerca de la planta nuclear de Fukushima en Japón, a pesar de que en realidad no se ofreciera ninguna fuente acerca de la autoría ni del lugar en el que se había tomado la foto. Igualmente, más de dos tercios de los estudiantes no vieron ninguna razón por la que desconfiar de un supuesto escrito de un ejecutivo del sector bancario, escrito que venían esponsorizado por un determinado canal, en el que se argumentaba que los adultos que se acababan de independizar requerían de ciertos productos financieros.

Como delibera Enrique Dans, “en plena era Internet, seguimos educando… con el erróneo concepto de que “la verdad es lo que dice el libro”, en lugar de aprovechar la oportunidad para desarrollar el escepticismo y el pensamiento crítico” que otorgan las herramientas digitales. Estamos frente a un importante problema social, ya que la cantidad de información disponible crece a un ritmo muy superior al que somos capaces de asimilar. Como educadores, debemos dar tanta importancia al desarrollo de la capacidad crítica, también conocida como alfabetización mediática, como a las competencias específicas de cada una de nuestras asignaturas. Así pues, y de vez en cuando, seguiré haciendo mal los ejercicios en clase de manera voluntaria para tratar de despertar (en ocasiones literalmente) en los alumnos ese anhelado y necesario sentido crítico. Y es que ya lo decía Spiderman, “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

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