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¿Y tú qué eres, zorro o erizo?

@jonmizabala

El pasado lunes 13 de noviembre, aún con las agujetas de la 53 Behobia-San Sebastián, se celebró la final de la Donostia Innovation League en la sección de Universidades. La Donostia Innovation League, organizada por Fomento San Sebastián, aspira a lograr que los jóvenes se impliquen en el desarrollo de la ciudad, proponiendo ideas innovadoras para dotar a la misma de un mayor dinamismo, y hacerla más atractiva. Para ello, se les propuso un reto a los alumnos de las Universidades de Deusto, EHU y Tecnun: dinamizar el río Urumea, generando una mayor actividad económica, consiguiendo una mayor movilización de la ciudadanía en dicha zona, y atrayendo nuevos eventos y actividades, valiéndose para ello de las soluciones tecnológicas aportadas por Ikusi.

En dicha sesión, además de representantes de las Universidades participantes en el reto, también estuvo Euken Sesé, Gerente de Fomento de San Sebastián, quien nos habló acerca del informe Davos sobre el futuro del trabajo, y las características que ellos han observado en las competencias más demandadas por las empresas, sobre lo cual ya hemos debatido con anterioridad en este blog (por ejemplo, aquí). Al escuchar a Euken me vino a la cabeza los debates que en más de una ocasión hemos tenido en nuestro departamento de Economía, sobre la veracidad que tienen las predicciones que a menudo se realizan sobre temas como el futuro del trabajo. Sin duda alguna dichos estudios de prospectiva tienen un elevado impacto mediático. Prácticamente la totalidad de nuestrxs lectorxs habrá leído o escuchando alguna vez afirmaciones como “las 10 profesiones que aún no existen y que marcarán el mercado laboral del futuro”, “el empleo del futuro aún no existe”, o que “el 85% de los empleos que habrá en 2030 no existen en la actualidad”. Pero, en qué medida se cumplen dichos augurios?

Jeffrey Funk, en su libro “Technology Change and the Rise of New Industries” plantea esta misma pregunta. Para responderla, Funk se centra en estudiar los informes publicados por MIT Technology Review, en los años 2001, 2003, 2004 y 2005, en los que se apuntaban a las 10 tecnologías más disruptivas con las que íbamos a convivir en el futuro. Tras observar la evolución que dichas tecnologías han tenido en términos de las ventas asociadas a las mismas en el año 2015 (productos que incluyen dichas tecnologías), el autor llega a las siguientes conclusiones:

  1. De las 40 tecnologías disruptivas identificadas (10 por año), sólo 1 (big data) supera a día de hoy los 100 billones de dólares en ventas.
  2. 3 de las tecnologías identificadas (smart grid, biometría, y almacenamiento de energía distribuido) superan los 10 billones de dólares en ventas.
  3. 1 tecnología (cristales fotónicos) tiene unas ventas de entre 5-10 billones de dólares.

 

¿En qué medida entonces los estudios del MIT Technology Review han sido efectivos a la hora de identificar aquellos nuevos mercados de tecnologías emergentes para el siglo XXI? La siguiente tabla identifica aquellas tecnologías que no fueron identificadas en las predicciones realizadas por el MIT, y que sin embargo, sí han dado lugar a mercados de un tamaño considerablemente significativo.

Tecnología Ventas mundiales en el año 2015 (en billones de dólares)
Smart phones $400
Computación en la nube $175
Internet de las cosas $130
Comercio electrónico para la ropa $ 65
Tabletas $ 60
Redes sociales $ 24
Ebooks $ 15 (sólo en el mercado de EEUU)
Wearables $ 14

El autor argumenta que muchos emprendedores, Universidades, fondos de inversión, empresas y gobiernos definen sus actuaciones en función de los mensajes que se incluyen en informes de prospectiva como el MIT Technology Review, a pesar de su escaso poder de vaticinio. ¿Cómo es posible que el MIT, una de las mejores Universidades del mundo, realice unas predicciones tan deficientes, y no sea capaz de redefinir la metodología seguida para poder tener una mayor probabilidad de acierto?

En su libro, el autor apunta a varias posibles explicaciones del por qué de las pobres predicciones tecnológicas realizadas por el MIT, y de entre todas ellas, considera que la fundamental es la del sesgo cognitivo. El autor argumenta cómo el MIT, una Universidad con un carácter principalmente tecnológico, para realizar sus predicciones se fundamenta en opiniones de ingenieros y científicos, excluyendo las opiniones de otros agentes sociales, que también tienen sus propias preferencias sobre el uso de las tecnologías, a pesar de que no estén directamente implicados en su desarrollo ni resulten tan cercanos al público al que se dirige el MIT. El sesgo cognitivo de los ingenieros y científicos radica en que sus pronósticos vienen exclusivamente determinados por el conocimiento (de carácter meramente científico) que tienen sobre la capacidad de generar nuevas tecnologías, pero sin considerar si dichas tecnologías van a tener una traslación potencial en forma de nuevos productos. Es decir, si la generación de nuevas tecnologías también va a conllevar la generación de nuevos mercados.

Philip Tetlock y Dan Gardner, en su libro “Superforecasting: the art and science of prediction” introducen la metáfora de los zorros y los erizos para explicar este sesgo. Los perfiles erizo tienen un amplio y profundo conocimiento sobre una disciplina o materia, mientras que los perfiles zorro cubren una amplia variedad de áreas, aunque sin tal nivel de profundidad. Según Tetlock y Gardner, los científicos e ingenieros a menudo nos comportamos como erizos, ya que nos limitamos a escuchar (leer) lo que dicen nuestros pares en revistas científicas, al contrario que los zorros que son capaces de relacionarse con una mayor variedad de actores y conocer sus necesidades y preferencias, para posteriormente poder darles una respuesta.

Tetlock y Gardner concluyen que los ingenieros y científicos carecen a menudo de perspectivas sistémicas que les ayuden a interpretar la realidad en la que estamos inmersos, más allá de nuestros laboratorios. Y esto es precisamente lo que los alumnos de la Universidad de Deusto mostraron en la final de la Donostia Innovation League. La capacidad de aportar una visión sistémica a un reto que nos afecta a todos. Enhorabuena a las premiadas!!!

Y tú qué eres, zorro o erizo?

PD: puedes conocer más acerca de la idea ganadora aquí.

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¿Cuánto PIB suponen las empresas que “se van” de Cataluña?

@InakiErauskin

 

Últimamente he leído noticias tales como “El PIB de Cataluña es de 223.629 millones de euros. Las 40 empresas más importantes que se han marchado totalizan una facturación de 64.917 millones de euros, lo que equivale al 30% del PIB de Cataluña”, de Fernando Trías de Bes, escritor y economista catalán (pincha aquí), o que “Las empresas cotizadas que han dejado Cataluña tienen un valor equivalente al 40% del PIB regional” (pincha aquí). Y hay más (aquí o aquí). Ha sido especialmente mediático el artículo de Trías de Bes (pincha aquí), la respuesta del economista de Columbia University, Xavier Sala i Martín (abajo su comentario en Twitter), y la respuesta final de Trías de Bes (pincha aquí).

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Por un lado, está el hecho de si las empresas “se van” o no. Por ahora, son generalmente traslados de sede social y/o fiscal, pero no se traslada la actividad económica principal. Sin embargo, está claro que este movimiento puede tener un impacto mayor a medio y largo plazo, que es muy difícil cuantificar en este momento.

Por otro lado, está el hecho de comparar cifras de facturación (ventas) con PIB. No tiene sentido esta comparación. Peor aún, induce a confusión. Utilizar la facturación y compararla con el PIB magnifica y sobrevalora el impacto de aquello que queremos valorar. La facturación es directamente la cifra de ventas de la empresa. Sin embargo, el PIB recoge el valor añadido generado por la actividad económica. Por ejemplo, si se produce un pan, el PIB recoge el valor del pan. Sin embargo, la facturación de un pan recoge el valor del trigo, el de la harina, … y el del pan, esto es, el valor de todas las transacciones que han tenido lugar en torno a la producción del pan. Con el valor de la facturación del pan tiene lugar lo que se conoce como “doble contabilización”, que el PIB tiene mucho cuidado en evitar. Si queremos medir la actividad económica rigurosamente no tiene sentido contabilizar el trigo y la harina si ya se ha contabilizado el pan. Dicho así, puede parecer que la diferencia entre el valor de la facturación y el PIB es pequeña. Pero no lo es.

Paul De Grauwe y Philip Camerman publicaron un interesante trabajo sobre “¿Cuán grandes son las multinacionales?” hace años (pincha aquí). En la Tabla 1 presentan los datos de facturación y de valor añadido (o PIB, aproximadamente) para 5 de las 10 mayores corporaciones en el año 2000. El valor añadido generado es, aproximadamente, el 25% de la cifra de ventas de las empresas (en el sector servicios la cifra suele ser mayor, pero es más difícil de cuantificar).

 

Tabla 1. Ventas y valor añadido en 5 de las 10 mayores corporaciones en el año 2000.

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Fuente: De Grauwe y Camerman

 

En la Tabla 2 se ordenan los países y las corporaciones de acuerdo con su PIB o valor añadido. Se observa que de las 100 mayores economías del mundo en el años 2000, 63 son países y 37 son corporaciones. En las “Top 50” sólo hay 2 corporaciones, Walmart y Exxon. Además, las economías más grandes son mucho más grandes que las grandes corporaciones. Estados Unidos es 150 veces más grande que la corporación más grande. Incluso un país pequeño como Bélgica es más de 3 veces más grande que la multinacional más grande. Incluso Grecia y Portugal son más del 50% más grandes que la multinacional más grande. Resumiendo, las 50 corporaciones más grandes representan sólo el 4,5% del valor añadido producido por los 50 países más grandes. Las multinacionales son, por tanto, más pequeñas de lo que se suele creer.

 

Tabla 2. Clasificación de países y corporaciones según PIB o valor añadido.

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Fuente: De Grauwe y Camerman

 

Por último, hay que cuantificar correctamente el valor de la facturación de las empresas que “se van”. Según Ceprede, “Estas 62 empresas suponen una facturación conjunta de más de 27.700 millones de euros” (pincha aquí para la noticia en Expansión). Lo primero que llama la atención es la enorme diferencia en las cifras de facturación respecto a las de Trías de Bes, que, reconozco, no sé a qué se debe (Ceprede, señala, además, más empresas y menos facturación que la cifra de Trías de Bes, lo que sorprende mucho). Por ejemplo, si tomamos, “a lo bestia”, la media de las dos cifras de facturación, ésta es equivalente aproximadamente a un 20% del PIB catalán.

A partir de ahí se debe convertir a PIB, que sería un 25-30% de la cifra anterior. En suma, nos situaríamos en el 5-6% del PIB catalán. Curiosamente, Ceprede, en la misma noticia de arriba, señala que esas empresas representan el 5,4% del PIB catalán.

¿Qué te parece ahora?

Por cierto, como sé que es un tema que da para mucho, os remito a este post del blog “Nada es gratis” para referencias diversas muy interesantes sobre tema tan actual y relevante.

 

@InakiErauskin

 

 

 

 

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El comercio internacional y la desigualdad

En un post anterior, mostraba que la renta de las personas de clase media-baja de algunos países desarrollados, como Estados Unidos, es la que menos ha crecido en el mundo durante el periodo 1988-2008 (Iñaki Erauskin analizaba en este post la evolución de la desigualdad en el País Vasco).

Una de las razones que explica el menor crecimiento de la renta de las personas de clase media-baja en los países desarrollados es el comercio internacional con los países en vías de desarrollo y, en especial, con China. El aumento de las importaciones de estos países, concentrados en productos intensivos en trabajo poco cualificado (prendas de vestir) o en productos con etapas de producción intensivas en trabajo poco cualificado (el ensamblaje de un smartphone), ha reducido la producción de estos bienes en los países más desarrollados. Esta caída en la producción ha reducido la demanda de los trabajadores poco cualificados en los países desarrollados. Estos trabajadores han sido expulsados del mercado laboral, o han tenido que aceptar un menor salario para tener un empleo. El comercio internacional genera perdedores, pero también genera ganadores. Estos son los trabajadores, mayoritariamente cualificados, que trabajan en empresas en las que ha aumentado la producción por la demanda de los países desarrollados. Por ejemplo, las exportaciones de aviones de Estados Unidos a China se multiplicaron por 33 durante el periodo 1995-2015.

El comercio internacional, al aumentar la demanda de los trabajadores cualificados y al reducir la demanda de los trabajadores poco cualificados aumenta la desigualdad en los países desarrollados. Sin embargo, el comercio internacional también puede tener un efecto positivo sobre la desigualdad en los países desarrollados. Este efecto positivo se produce a través de los precios. En concreto, si gracias al comercio internacional cae el precio de los productos que son consumidos en mayor proporción por las personas de rentas bajas, la apertura al exterior estará reduciendo la desigualdad. Pablo Fajgelbaum y Amit Khandelwal analizan esta cuestión en un trabajo publicado en Quarterly Journal of Economics. Estos autores concluyen que si los países se cerrasen al comercio, por término medio, la renta real de las personas más pobres (las que se sitúan en el percentil 10 de la distribución de la renta) caería un 63%, mientras que la renta real de las personas más ricas (las que se sitúan en el percentil 90) caería solamente un 28%. En el caso de España, la renta real de las personas más pobres caería un 53%, y la renta real de las personas más ricas caería solamente un 12%.

El impacto más favorable del comercio internacional sobre las personas pobres se explica por dos razones. En primer lugar, las personas pobres gastan una parte más importante de su ingreso en productos que se comercializan internacionalmente (por ejemplo, alimentos o prendas de vestir); en cambio, las personas más ricas gastan una parte más importante de sus ingresos en servicios que son menos comercializables internacionalmente (por ejemplo, restaurantes). En segundo lugar, las personas pobres gastan una mayor parte de su renta en productos importados que son más difíciles de sustituir por los productos domésticos. Por tanto, si el país se cerrase al comercio, el impacto sería más negativo sobre las personas pobres que sobre las ricas.

Las conclusiones del trabajo de Fajgelbaum y Khandelwal ponen de manifiesto que el comercio internacional también tiene efectos positivos sobre las personas pobres. Es importante tener presente esta conclusión ante los devaneos proteccionistas de algunos dirigentes políticos.

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La Industria 4.0 que queremos y la que nos espera

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Para los que seguimos la prensa económica e industrial parece que el tema de actualidad (o de la década) es la transformación digital de la industria. Esa transformación que nos augura una nueva era donde todos los activos productivos funcionan simbióticamente entre sí; híper-conectados y con capacidad de comunicar e interactuar de forma inteligente e instantánea.

En medio de este debate ha surgido una especie de competencia entre diferentes formas de referirse a dicha transformación y su porvenir. Me refiero al uso de conceptos como “Industrie 4.0” e “Industrial Internet (of Things)”. Aunque de manera superficial pudiera parecer que se trata solo de labels o nombres intercambiables, cuando en el fondo representan formas de actuar y maneras de mirar al mundo muy diferente. Además, por mucho que un concepto pueda resultar más atractivo que otro, no necesariamente es éste el que triunfará.

Mientras que la Industrie 4.0 tiene sus raíces en Alemania, un país con fuerte espíritu de “gobernanza corporativa” y de reciprocidad entre el sector privado y público, así como entre proveedores y compradores, el Industrial Internet tiene su origen en los Estados Unidos, donde reina una mentalidad más transaccional y un afán de libre comercio (ver por ejemplo Hall y Soskice para más detalles). Esto se refleja en diferentes componentes que subyacen respectivamente a los conceptos de Industrie 4.0 y el Industrial Internet. Donde el primero concibe las empresas como una comunidad de trabajo y un lugar productivo, el segundo ve en las empresas o fabricas un conjunto de activos a rentabilizar.

En muchos sentidos, la situación en Euskadi se presta más para fijarse en el concepto Industrie 4.0 que en el del Industrial Internet. Hay un fuerte componente industrial en su economía y muchas empresas trabajan en mercados B2B, igual que en Alemania, mientras que la economía estadounidense y los adeptos al Industrial Internet provienen más del sector TIC, financiero y B2C. Tanto la empresa como el entorno local del País Vasco inspiran muchas veces un sentido de pertenencia que genera una cohesión social, lo cual contrasta con el “footlooseness” y la movilidad que caracteriza a muchas empresas del capitalismo anglosajón. En la misma línea, hay bastantes personas en el País Vasco que ven a la empresa como el resultado de personas que se unen para realizar un proyecto grupal. Esta visión dista mucho de la forma en que el pensamiento transaccional explica la razón de ser de cualquier organización empresarial. Según el pensamiento transaccional, las empresas se forman porque resulta más provechoso (o económico) el ‘ofrecer un compromiso (en forma de contrato) a medio-largo plazo al personal que se recluta con el fin de aprovechar una oportunidad comercial,’ que ‘verse obligado a redactar acuerdos jurídicos puntuales para cada contribución y operación de las personas (sean internas o externas) que se requiere para explotar dicha oportunidad’. Dicha filosofía ha influenciado claramente el pensamiento en países anglófonos y representa una aproximación mucho más instrumentalista a la empresa, donde la pertenencia se rige por fines utilitarios.

Debido a la tradición ingenieril que reina en el sector productivo vasco, también existe una predilección hacia la innovación tecnológica frente a otros tipos de innovación, viendo en consecuencia las oportunidades de la digitalización en clave de fabricación. Esta misma orientación la encontramos también en la Industrie 4.0 y en menor medida en el ideario del Industrial Internet, que presta más atención a la innovación no-tecnológica, en forma de nuevos modelos de negocio y en nuevas formas de contabilizar y comercializar propuestas de valor.

Precisamente porque las empresas vascas se pueden sentir en líneas generales más cómodas con el credo de la Industrie 4.0, existe un riesgo de que adentrarse en esa “zona de confort” pasa factura. Por mucho que la combinación “empresa como comunidad de trabajo” e “innovar tecnológicamente” resulta más apetecible que el dúo “empresa como lugar donde se practica computación actuarial” y se irrumpe en el mercado a través de “nuevos métodos de venta y de cobro”; para aprovechar bien las oportunidades que brinda la digitalización industrial habrá que avanzar también en estos últimos dos ámbitos.

Es más, la forma en que se presenta la Industrie 4.0 puede inclinarse excesivamente hacia el lado tecnológico y manufacturero, áreas en las que las empresas manufactureras vascas quizás tengan menos debilidades. Por el contrario, hay indicios de que puede haber déficits entre las mismas en capacidad de innovación comercial, en prácticas de servitización y en saber monetizar el valor que máquinas y productos generan en manos de sus usuarios, así como en saber valorar las propuestas al mercado visto desde la perspectiva de la demanda.

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En definitiva: podemos prepararnos para una Industria 4.0 centrada en tecnologías manufactureras y enfocada en las relaciones entre empresas industriales, pero no hay que perder de vista que para triunfar en el nuevo escenario cuentan igualmente o más las innovaciones comerciales y las relaciones con el mercado.

Dicho de otro modo: suele ser más agradable proseguir en la línea de lo que uno ya domina y menos el preocuparse de asuntos que uno no controla tan bien. Pero precisamente lo segundo puede traer a la larga más alivio.

 

Bart Kamp

 

P.S. como canción de fondo, dejo el siguiente link:

https://www.youtube.com/watch?v=RVnPR6amHjA

 

Así como un extracto de los rhymes que contiene:

“If you make sure you’re connected,

The writing’s on the wall

But if your mind’s neglected,

Stumble you might fall”

 

Ojo al dato: No te conectas solo a aparatos; conéctate con el mundo!

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Robots, desempleo, competitividad y legislación

@jonmizabala

Hace unas semanas tuve la oportunidad de poder participar en la conferencia sobre política científica y de innovación que se celebra de manera bienal en Atlanta (Georgia). El día en el que la conferencia tocaba su fin, tuve la suerte de poder escuchar a Rob Atkinson. El Dr. Atkinson es el fundador y presidente de la Fundación de las Tecnologías de la Información y de la Innovación (ITIF), uno de los think tanks más importantes de Estados Unidos en lo que respecta al establecimiento de la agenda política norteamericana en lo referente a las políticas de apoyo a la innovación. El Dr. Atkinson ha presidido varias comisiones del congreso de los Estados Unidos sobre políticas de innovación, tanto durante el mandato de George Bush (padre), como durante los mandatos de Clinton y Obama. La charla que nos ofreció Atkinson fue una auténtica obra maestra para cualquier estudiante que quiera conocer más sobre los fundamentos de las políticas de innovación.

Entre el innumerable número de temas que trató en su exposición, que darían para todos los posts de esta temporada en Ekonomiaren Plaza, en el día de hoy me voy a centrar sobre el tema de los robots y la importancia que éstos tienen en la competitividad de un país. No se trata de un tema ajeno al Ekonomiaren Plaza, ya que tanto nuestros compañeros Asier Minondo (aquí y aquí) como Iñaki Erauskin (aquí) han escrito detalladamente sobre ello. En su exposición, Atkinson argumentaba que uno de los aspectos en los que claramente se está observando la pérdida de competitividad de los Estados Unidos en materia de innovación es precisamente en el grado de penetración que los robots están teniendo en la economía. Los resultados de una encuesta realizada en el año 2016 (no he podido encontrar la fuente y las anotaciones que tomé en Atlanta tampoco me han servido de mucho) revelaban que sólo el 12% de la población estadounidense creía que los avances en ciencia y tecnología contribuían a mejorar el nivel de bienestar de la sociedad. Uno de los países que tenía una mayor conciencia sobre la importancia del cambio tecnológico era Suecia con aproximadamente un 25% de su población. Con este contexto, Atkinson argumentaba que muchas empresas estaban teniendo dificultades a la hora de incrementar su productividad debido al rechazo social que padecían en la automatización de sus procesos. Naturalmente, cuando pensamos en EEUU se nos vienen a la imagen las innovaciones realizadas en las dos costas (Este y Oeste), pero EEUU es mucho más que Massachussets y San Francisco.

El argumento que se emplea para justificar dicho rechazo a la automatización es que precisamente los robots van a generar paro, empobrecimiento y pérdida de competitividad. Atkinson mostraba cómo esta creencia, basada en la percepción subjetiva de las personas, es a menudo incompleta, basándose en datos de EEUU. Sin embargo, no nos tenemos que ir hasta Washington para poder obtener este tipo de conclusiones. Un estudio financiado por BBVA research llega prácticamente a los mismos resultados.

En línea con los argumentos que ya se han expuesto en este blog con anterioridad, el estudio muestra cómo un robot adicional por cada mil empleados reduce la tasa de empleo y los salarios, siendo el efecto mayor en las industrias más susceptibles de ser expuestas a la introducción de la robotización, como aquellas en las que dominan las ocupaciones manuales y los trabajadores con bajo nivel educativo. Sin embargo, merece la pena realizar algunas matizaciones. Para poder ofrecer ciertas evidencias numéricas, se compara la densidad robótica (número de robots en la industria) con los datos de paro de algunas de las economías más importantes del mundo. Como se puede ver en la gráfica inferior, las economías con más densidad robótica (caso de Corea del Sur, Singapur, o Japón) tienen menos desempleo que aquellas con menores tasas de robots en la industria.

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Fuente: BBVA Research (2017)

Además de los análisis de los que Minondo y Erauskin se han hecho eco, el hecho de que la robotización no ha destruido empleo a lo largo de la historia también ha sido estudiado por otros como Paul KrugmanDaron Acemoglu o Anna Salomons. El hecho de introducir nuevas herramientas y bienes de capital en la producción libera trabajo de unas actividades para poder realizar otras de mayor valor añadido y menos susceptibles de ser automatizadas, de manera que de forma agregada el PIB ha ido creciendo a medida que se ha ido produciendo cambio técnico. Lo que sí parece evidente es que la automatización lleva asociada una mayor demanda de empleo de trabajadores con mayor cualificación, o competencias muy específicas y difíciles de alcanzar, en detrimento de aquellos trabajadores con menores tasas de formación, que están principalmente orientados a tareas manuales y/o rutinarias.

Como apunta Libremercado, la situación de España merece un particular énfasis, ya que a pesar de que cuenta con unos niveles de robotización similares a los de países como Finlandia, Austria, Países Bajos, Francia o Italia, los niveles de desempleo son muy dispares. En su exposición, Atkinson apuntaba a que el factor determinante de este comportamiento que él también observaba entre los diferentes estados norteamericanos, es en la legislación que se está desarrollando sobre los robots. Más allá de que desde la Comisión Europea se esté valorando una propuesta en base a la cual se esté barajando la posibilidad de una imposición fiscal a los robots, Atkinson concluía que la mayor parte de los estados reaccionan de manera defensiva frente a la “amenaza” de la automatización, poniendo impedimentos legales que la hagan más difícil, con la consiguiente pérdida de competitividad que ello va a conllevar a las empresas afectadas.

En línea con Harris y Krueger, Atkinson consideraba que es necesario modernizar las regulaciones laborales para el siglo XXI, adaptándose de manera proactiva a los nuevos contextos que se derivan del cambio técnico, y favoreciendo la incorporación de dichas tecnologías, en lugar de impedir el progreso, ya que ello sólo se volverá en nuestra contra. En este sentido, la educación de la ciudadanía, la educación de los empresarios y la de los políticos, así como la implementación de políticas “amigables con la innovación” son condiciones necesarias pero que sin duda no serán suficientes.

Y es que ya lo decía Seneca (4 a. C. – 65 d.C.): “Y si me preguntas cuál es el límite de las riquezas, te diré que primeramente tener lo necesario y después tener lo suficiente”.

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El sistema educativo, ¡culpable! … ¿o no?

Hace pocos días vi un video “de moda” (que es de aproximadamente hace un año) del rapero (y artista de ”spoken Word”, poeta, productor de cine, entre otros) Prince Ea sobre un juicio al sistema escolar (pincha aquí para el video). El video se ha hecho viral. Es de apenas 5 minutos y merece la pena verlo. Esto me lleva a otro tema, del que hoy no hablaré, pero es de los “hoax” o bulos en Internet. Los hay “a patadas”, en el Whatsapp, YouTube, Facebook, … y, a pesar del transcurso del tiempo, siguen estando ahí, con cierto impacto. Hay gente que todavía se los cree. La razón que me ha llevado a escribir sobre el video es que utiliza muchos “lugares comunes” que he oído y oigo a menudo y que, en buena parte, son falsos (pincha aquí).
El video comienza con la frase “Todos somos unos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido” (“Everybody is a genius. But if you judge a fish by its ability to climb a tree, it will live its whole life believing that it is stupid”). Esta frase se le atribuye a Albert Einstein. Si buscas por internet aparecerá en miles de sitios. Pero muy probablemente no es una frase de Einstein (pincha aquí). Mal empezamos … Esta es una vieja técnica para dar mayor “lustre” a una afirmación. Se le llama “el argumento de autoridad” (Carl Sagan, en “El mundo y sus demonios”; Capítulo 12: “El sutil arte de detectar camelos”), pero no por ello la afirmación tiene que ser cierta ¿verdad? Supongo que alguno pensará ¿y qué más da si lo dijo Einstein o no, si es verdad? Importa, desde luego …
Vayamos con el video y lo que dice. La frase utiliza una falsa analogía: sugiere que la escuela está pidiendo a los alumnos llegar a metas que no pueden alcanzar. ¿Es eso cierto? En algún caso quizás lo sea, pero no me parece que este sea el caso para todos y cada uno de los alumnos. Además, pedirles “retos” a los alumnos no tiene por qué ser malo.

El video dice que la escuela convierte a millones de personas en robots. Además, se pregunta cuántos niños se sienten como los peces de la frase, sin encontrar sus dones, pensando que son estúpidos e inútiles. Además, dice que la escuela mata la creatividad, la individualidad y es intelectualmente abusiva. Otra vez, el video utiliza otra analogía falsa: personas y robots. ¿Es cierta? No lo creo. La frase de que la escuela mata la creatividad no es nueva. Sir Ken Robinson lo lleva diciendo esto algún tiempo (pincha aquí). Pero es falso (pincha aquí). Hay bastante evidencia empírica que señala que la escuela no mata la creatividad. El ser menos creativos parece deberse al desarrollo natural.

El video enseña, después, un teléfono y un coche, de cómo eran antes y cómo después. Han cambiado mucho ¿no?, se pregunta. Sí. Después, enseña una escuela antes y otra después y dice que no ha cambiado en más de un siglo. Otra vez, ¿es válida esta analogía de teléfono, coche y escuela? Desde luego la función básica de un teléfono (comunicarse) y un coche (moverse de un lugar a otro) no ha cambiado fundamentalmente. La de la escuela, impartir conocimiento, habilidades, cultura y valores tampoco. Pero tampoco el de una bombilla, un grifo, una zapatilla, un reloj, un libro, una cama, un vaso, la regla de tres, … Por el hecho de que teléfonos y coches hayan cambiado mucho, ¿quiere decir que las escuelas lo tengan que hacer? No tiene porqué. Los “ejemplos” elegidos por el autor, ¿son ejemplos para la escuela? No lo parece.

El video se pregunta después si el sistema educativo prepara para el futuro o para el pasado. Dice que las escuelas fueron diseñadas para preparar a las personas para trabajar en fábricas, y por ello se organizan en aulas por filas, hay que levantar la mano si se quiere hablar, tienen un pequeño descanso para comer y se les dice qué pensar durante 8 horas diarias. Y hacerles competir por un Sobresaliente. El video utiliza otra vez la una falsa analogía para la crítica. Las escuelas existen desde luego mucho antes que las fábricas. Además, la investigadora Audrey Watters señala, también, que esta afirmación, que ha sido ampliamente popularizada por Sir Ken Robinson, Khan Academy, y otros, puede ser claramente un ejemplo de “historia inventada” (pincha aquí). Lo mismo señala otro historiador, Sherman Dorn (pincha aquí), que sugiere además que este retrato es el pretexto para justificar cómo debe ser la escuela.

Prince Ea dice que no hay dos mentes iguales y, en cambio, la escuela les enseña de la misma manera. Un (mal) ejemplo que sugiere es el del médico que prescribe la misma medicina a todos sus pacientes. Por tanto, sugiere que la educación debe adaptarse a los diferentes cerebros. Esta sugerencia está muy relacionada con la literatura de los estilos de aprendizaje: se cree que el estilo de aprendizaje es un mecanismo que determina cuan bien aprende una persona, por lo que los educadores deben adaptarse a los estilos de aprendizaje de los estudiantes. Tiene un problema: las personas aprenden de forma diferente, pero la evidencia empírica revela que los estilos de aprendizaje no existen (pincha aquí o aquí; por Daniel T. Willingham).

El video después “descansa” un poco … dice que los profesores no está bien pagados y no son el problema … pero vuelve. Los políticos crean los curriculums y están obsesionados con los tests estandarizados. Hay que “customizar” la educación como la sanidad, los coches y Facebook. Las matemáticas son importantes, pero no más que el arte o la danza. Por supuesto, Finlandia, y Singapur, Montessori, Khan Academy, … Va añadiendo más aseveraciones dudosas o directamente falsas, pero este post debe llegar a su final.

En suma, ¿es el sistema educativo culpable? No lo creo.

 

 

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