Diario Vasco
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Fecha: octubre 18, 2010
Se busca turco que hable rumano para expulsión
Alberto Moyano 18-10-2010 | 9:56 | 0

Mientras la izquierda pretende transformar la realidad, la derecha se conforma con erradicarla, pero así como la primera sigue completamente desorientada, la segunda resulta tan previsible como el resultado de los partidos de la Real lejos de Anoeta.

El ‘corpus ideológico’ de los conservadores se reduce a la máxima de “cuando las cosas (te) vayan mal, enseña los colmillos al extranjero”. Ayer, Sarkozy contra los gitanos rumanos; mañana, Alicia Sánchez-Camacho contra los magrebíes que sólo hablen en catalán. En esta línea, hoy le toca el turno a Angela Merkel, que se juega su futuro político en las elecciones regionales de dentro de seis meses, y que precisamente por eso, aseguró ayer que el multiculturalismo ha fracasado totalmente en su país.

“Quien quiera que no aprenda inmediatamente alemán no es bienvenido”, dijo la canciller alemana, en lo que sin duda fue un rapto de humor surrealista. Puede que en Alemania haya turcos que no dominen la lengua de Goethe, pero en España vive una nutrida comunidad alemana cuyas posibilidades de expresarse en castellano se reducen a las combinaciones que admitan dos términos: “jarra” y “sangría”.

Y si en Europa hay minorías lingüísticas impenetrables,  ninguna tanto como la germana afincada en España, habituada a hacer las compraas en Lidl, ver los canales de televisión alemanes y leer la edición española de ‘Bild’, que les informa puntualmente de las previsiones meteorológicas para Baleares y la Costa del Sol.

Puede que el multiculturalismo haya fracasado -si por tal cosa entendemos la generación de nuevos problemas-, pero en ese caso será difícil sostener que lo haya hecho en mayor medida que el neocapitalismo. Por otra parte, las consecuencias que se derivan de estos dos fracasos no resultan ni lejanamente comparables. El monoculturalismo por el que aboga Merkel ha demostrado tal peligrosidad social que sólo apta para indeseables. Dicho lo cual, las alternativas al uno y al otro ensayadas hasta el momento se han revelado aún peores.

Puede que Merkel hubiera sido una magnífica canciller en una Alemania
imaginaria, pero ha resultado un fracaso estrepitoso en la realmente
existente a ojos, no ya de su electorado, sino incluso de su propio partido. Si a lo que aspira es a gobernar una comunidad germanoparlante en su integridad quizás debería renunciar a la Cancillería de Berlín y conformarse con la Alcaldía de Mallorca.

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