Diario Vasco

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Bilbao se quiere quedar con todo para piano y orquesta
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Alberto Moyano | 15-02-2013 | 09:57

Demos gracias al cielo: ni el antiguo adoquinado de la Parte Vieja donostiarra nos fue arrebatado por la perfidia vizcaína para pavimentar las inmediaciones de Abandoibarra, ni los tres mercados tradicionales fueron meticulosamente demolidos en favor del comercio bilbaíno, ni la fábrica de gas fue derribada para su traslado a Deusto, ni el caserío Munto ha sido demolido para construir en sus terrenos el San Mamés Barria.

La permanente llantina donostiarra a causa de los agravios comparativos -reales o imaginarios- respeto a Bilbao resulta un espectáculo tan execrable como el síndrome del hijo único que deja de serlo, más allá del argumentario tradicional al uso. En una ciudad que ha elevado la excavadora Hyundai a la categoría de instrumento de música regional y el desencuentro entre instituciones, en permanente seña de identidad que, más allá de las legislaturas, nos une por encima de cualquier otra discrepancia, el recurso al enemigo exterior se antoja un artificio.

El diputado general de Bizkaia -definido en su día como una especie de agresiva mutación bilbaína del virus de Unidad Alavesa- resultaría letal si su labor no topara una y otra vez con la férrea competencia de nuestros propios mandatarios locales. Cada vez que se presenta una disyuntiva entre Gipuzkoa y Bizkaia, surgen partidarios de la segunda entre los representantes institucionales de la primera. Donostia está hermanada con varias ciudades, aunque con ninguna tan estrechamente como con la Vetusta de ‘Clarín’.

Una comparativa entre las butacas del Euskalduna y el Kursaal serviría como metáfora y resumen de dos formas diferentes de entender nuestras respectivas formas de soñar. En cuanto a la triste realidad, bastaría con preguntar a los ciudadanos si preferirían poner un Metro o eliminar las pistas de atletismo para toparse de bruces con ella. Nada recuerda más a las disputas entre Gipuzkoa y Bizkaia que dos enmascarados de lucha libre mexicana en plena pantomima.

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